Para el 2010 quiero…

Llega el último día del año, y nos asomamos ya al 2010. ¿Qué le pedimos al nuevo año? Siempre salen buenos deseos y propósitos relacionados con la salud, con la vida profesional, con la vida personal… Pero la pregunta no es «qué le pides» al 2010, sino… ¿Qué vas a hacer TÚ en 2010 para conseguir lo que quieres?
Muchas veces dejamos nuestros deseos en eso, en meras declaraciones de intenciones. Luego nos dejamos llevar por la inercia, la rutina, los miedos, las inseguridades… y cuando termina el año nos damos cuenta que, de aquello que deseamos, poco se ha cumplido. Lo más curioso es la cantidad de gente que se lava las manos en tan triste resultado: «es que tengo mala suerte», «es que es muy difícil», «es que el mundo está contra mí».
No. Son muchas las cosas que podemos hacer, mucho lo que está dentro de nuestro «círculo de influencia». Tenemos por delante 365 días, de 1440 minutos cada uno. Tenemos un montón de capacidades y de recursos que podemos movilizar. ¿Por qué no hacerlo? ¿Por qué no empezar ya mismo?
Por supuesto, hay cosas en la vida que escapan a nuestro control. Qué le vamos a hacer, la vida es así. Pero incluso en esas circunstancias, podemos elegir cómo afrontarlas.
Así que al 2010 yo no lo le pido nada. Sólo espero de mí mismo ser capaz de poner toda la carne en el asador, de actuar sobre todo aquello que está a mi alcance para perseguir mis metas y mejorar mi vida y la de los que me rodean. Y la capacidad de ir aceptando lo que venga con la mejor de las disposiciones.
Si está todo inventado: «La serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar, el valor para cambiar aquellas que puedo y la sabiduría para conocer la diferencia.»

Gestionar contactos

Bah. A quién se le ocurre…
Resulta que hoy, después de ni se sabe la de tiempo, se me ha ocurrido echar un vistazo a la carpeta de «Contactos». Dos mil y pico dice Gmail, de los cuales más de cuatrocientos catalogados como «Mis contactos». Un galimatías de mucho cuidado.
Empecé hace ya años a intentar mantener una agenda de contactos más o menos ordenada. Por aquella época con el Outlook de Microsoft. En paralelo, tenía la Palm sincronizada. Bueno, más o menos bien. El procedimiento era sencillo: cada vez que alguien me daba una tarjeta, yo disciplinadamente la metía en la agenda con el máximo detalle. Si alguien me comunicaba un cambio en directo, o por mail… pues lo mismo. El problema es que, actuando así, acabas teniendo una agenda en la que se mezclan tus padres, tus amigos, clientes, contactos ocasionales (la típica reunión en la que aparecen y te entregan tarjeta 10 tíos, de los cuales nunca vuelves a saber nada nunca), el teléfono de la peluquería, el del veterinario, el de la parroquia a la que tienes que llamar para que te den el curso prematrimonial…
Así, al cabo del tiempo, te encuentras con una agenda demasiado grande, en la que hay muchas personas a las que apenas consigues recordar vagamente (a las que por supuesto nunca volviste a contactar para nada). Y si al menos los datos fueran correctos… pero encima hay que lidiar con la desactualización de los datos. Gente que cambia de trabajo, o de teléfono, de email, o de dirección… sin avisarte; lo cual es lógico en la inmensa mayoría de las ocasiones (¿quién eras tú, al fin y al cabo, para que te notificasen un cambio?), y una falta de detalle en otras.
Por otro lado el móvil; durante un tiempo lo tuve sincronizado, pero desde que empecé a usar Gmail decidí pasar (no tiene una sincronización fácil, precisamente). En el móvil tengo nada más que los teléfonos de los más cercanos. Pero claro, a veces haces cambios en el móvil que no reflejas en la agenda. O viceversa. O sea, que al final de nuevo datos desparejados.
Y encima sumas que Gmail te guarda todos y cada uno de los correos intercambiados a lo largo del tiempo. O sea, que tienes que revisarte los cientos y cientos de personas que alguna vez te han escrito o a las que has escrito, no siendo que haya alguien susceptible de ser interesante y que se te haya pasado recopilar.
Pues eso. Un guirigay al que no sabes cómo meterle mano. Y al que, de hecho, no sabes si merece la pena meterle mano. La verdad es que creo que en la era de las redes sociales, el esfuerzo de mantener una «agenda» por uno mismo es un absurdo. Cada uno debería cuidar de mantener actualizados sus propios datos en las distintas redes sociales, y facilitar a los demás que se unan a ellas. Y francamente, si alguien no muestra ni el más mínimo interés en aportar sus datos a estos sitios, te hace pensar que quizás no merezca la pena tratar de seguir en contacto con él. Total, si a él no le interesa, pues adios muy buenas.

Maratón de Fotodonaciones Cazurro.com + ACNUR

Acaba de ponerse en marcha la cuarta edición del Maratón de Fotodonaciones organizado por Carlos Cazurro a beneficio de Acnur. Ya tuve conocimiento de la idea el año pasado, y me pareció estupenda: Carlos pone a la venta copias de sus fotografías durante un mes, y los beneficios obtenidos se destinan íntegramente a un proyecto solidario (de la mano de ACNUR).
¿Y por qué me pareció tan buena idea? Pues porque va en la línea de algo que creo firmemente: que no hace falta ser una gran empresa para tener «responsabilidad social corporativa», que todos podemos en nuestro ámbito de actuación hacer algo para mejorar la vida de los demás, que se pueden tener ideas originales y poner en marcha proyectos a base de ilusión y ganas…
Así que este año, aprovechando el nacimiento de Triopic, he querido contribuir al proyecto como (humilde) patrocinador. Se trata de aportar algún tipo de premio (en este caso, tres Triopics) que se sortearán entre todas las personas que «fotodonen», o sea, que compren las fotos. Además, va un poco en línea con la idea que ya se esbozó con la campaña solidaria de Triopic.
Y además, en la medida de mis posibilidades, contribuiré a difundir esta idea y a animar la participación. Como siempre, hay muchas más causas que posibilidades de colaborar; pero eso no debe ser un impedimento para que cada uno elijamos las que más nos atraigan, y arrimemos un poquito el hombro. Normalmente, cuesta menos de lo que parece.

Un blog que se hace mayor

Pues sí, así es. Este blog va acumulando meses y años, y ya va por el quinto aniversario. Inevitablemente, a medida que pasa el tiempo, también atraviesa distintas etapas de su evolución. Como su dueño. En los últimos tiempos, la sensación que tengo con el blog es como la que tienes con los viejos amigos: ya no te ves tanto como antes, pero cuando lo necesitas sigue ahí y es como si nunca se hubiese ido.
Y supongo que así seguirá, a pesar de la amenaza de twitter (soy @rahego allí; cuántas cosas, enlaces, reflexiones… que antes iban al blog ahora se quedan en los 140 caracteres de twitter), y de la inevitable sensación de que a lo largo de cinco años ya has dicho muchas cosas y contado muchas historias que no viene a cuento repetir.
Pero, aunque sea con menos frecuencia que antes, seguro que aquí seguiremos. Al fin y al cabo, es mi casa.

Manifiestos, churras y merinas

A ver, la historia suena sencilla. El Gobierno presenta su anteproyecto de Ley de Economía Sostenible, y en él «cuela» (como quien no quiere la cosa) una serie de medidas que afectan a internet. Como (sobre)reacción, se monta un «manifiesto» reproducido en multitud de sitios.
He leído el anteproyecto de ley. He leído el manifiesto. Y cuanto más lo leo, menos me gusta. Algunas ideas:

  • Sí, me parece mal que el Gobierno intente colar, a la chita callando, una ley. Creo que en una democracia sana (aunque sería iluso, a estas alturas, pensar que la nuestra lo es) no deberían hacerse cosas como éstas.
  • No me gusta ese tono de «nosotros, el pueblo». Un manifiesto lo firma quien lo firma. No me gusta que nadie se autodefina como mi representante. No es verdad que «los bloggers, los profesionales, los periodistas…». En su caso, «algunos bloggers, algunos profesionales, algunos periodistas», etc.
  • Creo que se eleva el tono de forma demagógica. No creo que haya libertades fundamentales en riesgo, ni sectores enternos en peligro, ni blah, blah, blah.
  • Se atribuyen al Anteproyecto cosas que no son verdad: como lo de que los derechos fundamentales se subordinan a los derechos de autor, o que no habrá tutela judicial. Nada que una buena lectura de las leyes no hubiera evitado.
  • No entiendo el razonamiento según el cual estas modificaciones legistlativas suponen «inseguridad jurídica» o «entorpecen a los nuevos creadores». Los nuevos creadores podrán optar por el modelo de distribución que mejor les parezca (¿dominio público? ¿CC?), sin que esta ley les afecte. Y todos sabemos a qué atenernos: si no vulneramos derechos ajenos, no tendremos ningún problema.
  • Lo que subyace es la negación del derecho a la propiedad intelectual. Se les dice a los creadores que se siente, pero que no tienen ese derecho, que se busquen la vida de otra forma. Yo no estoy de acuerdo, creo que un creador debe tener el derecho a decidir cómo quiere distribuir su obra, y que las leyes y la justicia deben hacer todo lo posible para que se respete ese derecho. Otra cosa es que la dinámica tecnológica haga muy difícil, casi imposible, la tutela efectiva de ese derecho: pero no por eso hay que cargárselo de un plumazo como «hechos consumados».
  • Se les dice a las «industrias culturales» que se busquen otro modelo de negocio. Ya lo harán ellos, si el mercado les obliga. O migrarán esos recursos hacia otras industrias (es lo que yo haría, hoy por hoy; por eso no me parece descabellado cuando dicen que peligra la industria, que no la cultura, aunque a algunos les parezca de risa). Lo que no me parece razonable es que se pretenda obligarles, por ley, a renunciar a sus legítimos derechos.
  • Internet debe funcionar de forma libre. Sí. Siempre que no se vulneren derechos ajenos. Lo que pasa es que para los del manifiesto, esos derechos ajenos no son dignos de ser considerados.
  • Hay que apoyar la neutralidad de la red. Sí. Pero de nuevo, siempre respetando los derechos de todo el mundo. Neutralidad de la red y «ancha es Castilla» no es lo mismo.

En definitiva, no creo que el «derecho de acceso a la cultura» signifique barra libre. Por un lado, ese derecho de acceso no tiene por qué ser gratuito, y segundo se cataloga como «cultura» cualquier cosa que queremos consumir gratis. Por lo tanto, creo que es razonable que la ley y la justicia haga todo lo que esté en su mano para tutelar el derecho de los creadores a decidir cómo distribuir y explotar su obra. Creo que este Anteproyecto es lo que pretende, y creo que en el camino no vulnera todas esas libertades que el Manifiesto le supone. Otra cosa es que la tecnología haga esos esfuerzos básicamente estériles. Pero no por eso dejan de tener razón.
Y aquí lo dejo por el momento. Si hay que discutir más, se discute. Faltaría más.

Nace Ritacifuentes.com

Hoy se ha puesto «en el aire» un proyecto en el que he venido colaborando en los últimos meses. Se trata de Rita Cifuentes Magazine, una web sobre el mundo de la cocina protagonizada por la propia Rita Cifuentes. Rita es una persona con amplia experiencia en su sector, con una importante actividad como formadora y asesora de terceros (ella misma se presenta mucho mejor que yo). El objetivo era disponer de una presencia en internet basada, sobre todo, en los contenidos que puede ser capaz de aportar; no sólo en cuanto a meras recetas (que también), sino conocimientos variados relacionados con el mundillo.
Mi papel en este proyecto, diseñado por Pedro Puig y desarrollado por Onestic, ha sido más bien el de «inspirador» y «facilitador». Colaboré con Rita y Salvador Camarasaltas (que es el fotógrafo que ilustra toda la web) para ayudarles a encauzar la concepción del sitio, y serví de enlace con diseñador y desarrolladores para que la puesta en marcha fuese por los cauces correctos (haciendo de «traductor» en esa muchas veces complicada relación entre «los técnicos» y «el cliente»). No me he implicado con tanta profundidad como en otros proyectos anteriores (donde tocaba revisar hasta la última coma del contenido, o el mínimo detalle de funcionalidad o cuestión técnica), pero creo que el resultado final encaja bastante bien con la idea que en su día se puso sobre la mesa.
En fin, se trata de un proyecto que hoy ve la luz, pero que está llamado a ir creciendo y desarrollándose. Les deseo a Rita y a Salvador la mejor de las suertes con él; ya saben que el lanzamiento público no es ninguna «meta», sino más bien la «salida» de una carrera de fondo donde habrá esfuerzos pero también, confío, satisfacciones.

¿Qué has hecho hoy?

Me ha gustado este post que he rescatado del lector de feeds. Tres preguntas sencillas:

  • ¿Qué has hecho hoy para divertirte?
  • ¿Qué has hecho hoy para aprender algo?
  • ¿Qué has hecho hoy para que otros estén contentos?

Una buena forma de, cuando llegue la noche, poder hacer una valoración de cómo nos ha ido el día y si le hemos dado algún sentido a todo lo que hemos hecho.

Educar para la globalidad

El otro día, durante una agradable comida con gente muy interesante, surgió un tema de debate al que llevo dando vueltas desde entonces. Tiene que ver con la educación de los hijos. Se pusieron sobre la mesa dos modelos contrapuestos: por un lado, una persona (no te cito porque es un tema personal, si quieres manifiéstate en los comentarios 🙂 ) comentaba su experiencia como directivo internacional, habiendo vivido durante dos años en Estados Unidos con toda la familia incluyendo sus tres hijas pequeñas. Por otro lado, yo planteaba mi caso, trasladándome a un pueblo como Aranda.
Él defendía lo bueno que consideraba para sus hijas el exponerlas a esas experiencias vitales, a conocer otros mundos y otras culturas desde pequeñas, y lo bien que eso les iba a preparar de cara a un futuro en un entorno global. Yo por mi parte, reconociendo ese impacto positivo, ponía el foco en lo que yo considero un elemento muy importante para el desarrollo de un niño: la estabilidad, el crecer en un entorno tranquilo, sin estar sometido al contínuo ir y venir, al cambio de colegios, y de amigos y de… en definitiva, lo importante que sería para él tener unas «raíces», un lugar al que llamar «mi casa».
La cuestión es… ¿me estaré equivocando? ¿O no? Tengo la sensación de que hay un equilibrio difícil de conseguir. Que las dos cosas (exponerse a experiencias nuevas, y un cierto grado de estabilidad) son importantes, y que en cierto modo llegan a ser incompatibles. Que, en última instancia, tienes que apostar por una cosa o por otra. Y como siempre que eso ocurre, te queda la duda de saber si has apostado por la correcta.
PD.- Sí, ya sé, no todo es blanco o negro. Se puede vivir en Aranda y «conocer mundo», y se puede ser en cierta medida «nómada» sin por ello perder un foco de referencia (y más ahora que los transportes y las tecnologías de la comunicación han acortado las distancias). Pero creo que, aun con zonas grises, siguen siendo dos modelos claramente distintos.

A veces las cosas no salen bien

Ayer tuve problemas técnicos. Cuando me levanté por la mañana, vi que todos mis blogs y páginas estaban caídos. Y al mirar las estadísticas, comprobé que el problema llevaba sucediendo desde las dos de la mañana. Vaya por dios, un problema de hosting.
Honestamente, nunca he sido de los que ha perdido el sueño por eso. En fin, las cosas se suelen arreglar más pronto o más tarde. Tener los blogs caídos unas horas no me provoca más pérdida que, quizás, el café que me podría tomar con los ingresos de adsense (eso el día que se da bien). Con Triopic podría preocuparme más, pero para ser sinceros todavía no estamos en unos niveles en los que estar caídos unas horas suponga «perder decenas de pedidos».
Pero justo ayer… un par de horas antes de la caída habíamos puesto en marcha una campaña exclusiva en Fotomaf. Toda la gente que leyó su post, toda la gente a la que le llegó el feed… intentaría entrar… y un bonito error 404 para recibirles. La inmensa mayoría de los que sintieran curiosidad en un primer momento, y se encontraran con eso, no volverán. Joder, es como estar repartiendo invitaciones en la calle para entrar en un bar, y luego que resulte que el bar esté cerrado. Pues tiras la invitación y a otra cosa, mariposa.
La verdad, bastante frustrante. El tema no se solucionó hasta última hora de la tarde. Vamos, que «a buenas horas, mangas verdes». En fin, qué le vamos a hacer. A veces, estas cosas simplemente pasan.

Los matices de una foto

El otro día estuve haciendo unas fotos para Triopic, intentando sacar decentemente uno colgado en la pared a modo de «demostración». No me di cuenta en el momento de sacarla, pero luego revisándolas caí en que esta foto en concreto tiene muchos matices especiales para mí. En una misma foto está mi proyecto, están mis raíces, está mi herencia, y está mi futuro. Triopic es mi más reciente proyecto; está dando sus primeros pasos, poco a poco, pero confío mucho en sus posibilidades. Está mi futuro, mi hijo Pablo, que ya dejó atrás lo de los primeros pasos y crece cada día en todos los sentidos. Están mis raíces, Salamanca, mi ciudad de origen; por mucho que haga 15 años que no vivo allí, sigue siendo «mi ciudad». Y está mi herencia porque la foto que ilustra este Triopic la hizo mi padre.
En fin, ya veis que tontería, cómo una foto intrascendente se convierte en algo con significado.