Comunicar: mucho a pocos o poco a muchos

Estaba escuchando el otro día un podcast cuando se dijo una frase que, en su simplicidad, me pareció brillante: «tienes que elegir si quieres comunicar mucho a pocos, o poco a muchos».

Comunicar mucho a pocos

Hace unos días participé en una cata de vinos. El que guiaba la cata era obviamente un experto. Y hablaba verdaderamente rápido. De su boca salieron montones y montones de conceptos. De forma divertida y agradable, sí, pero completamente excesiva para un neófito como yo (y, como imagino, muchos otros). Los taninos, los alcoholes, los aromas, el efecto de las barricas, o de los tapones, o cómo se almacena el vino, o cómo se hace un espumoso…

Quizás algunos pocos de los que estaban en la cata tenían un nivel de conocimientos suficiente como para apreciar todo lo que allí se dijo. Yo confieso que llegado un punto desconecté bastante, y me centré en picar jamón.

La cuestión es que éste es un ejemplo de comunicar mucho a pocos. Das muchas ideas, con muchos matices, mucha profundidad… pero el colectivo preparado para entenderte es pequeño. Esas personas saldrían seguramente encantadas. El resto… bueno, pues dos ideas y gracias (y jamón).

Lo que ocurre es que cuando uno es un experto, se le hace difícil luchar contra esa «maldición del conocimiento«; ponerse en el lugar del que sabe poco, y ceñirse a explicar no lo que uno sabe, sino lo que el otro puede llegar a entender.

Comunicar poco a muchos

Tomemos ahora el caso de alguien que es capaz de simplificar su mensaje hasta convertirlo en algo digerible por casi cualquiera. Es el trabajo de un buen divulgador, por ejemplo. Alguien que es capaz de ser un experto empático, ponerse en el lugar del otro, y darle solo aquello que está en condiciones de entender.

Se trata de moverse por la zona de desarrollo proximal, esa zona que está ligeramente por encima de lo que uno sabe… suficientemente cerca como para que puedas entenderlo pero no tan lejos como para que resulte incomprensible.

Por supuesto, esto implica que el mensaje pierde «calidad». Habrá muchas simplificaciones, muchas cosas que no se dirán, muchos matices que ni se contemplarán, metáforas imperfectas. Brocha gorda que hará que muchos se lleven las manos a la cabeza.

A cambio, habrá muchas personas que serán capaces de entenderlo y que, gracias a ello, darán un pasito más en su comprensión. Y así, poco a poco, podrán ir llegando cada vez más arriba.

¿A quién te diriges? ¿Qué quieres conseguir con tu comunicación?

Ésa es la cuestión. Que antes de ponerse a comunicar, hay que pararse a pensar un poquito. ¿A quién me dirijo? ¿Qué saben estas personas? ¿Cómo puedo simplificar mi mensaje para llegar hasta ellos? No es lo mismo realizar una conferencia en una convención científica donde todo el mundo está a gran nivel, que hacer una charla para niños de secundaria.

En el libro «Made to stick» que reseñé no hace mucho se hacía énfasis en varios de estos conceptos: cómo, para conseguir que un mensaje llegue, se recuerde y se transmita… muchas veces hay que simplificarlo. Porque si no, comunicarás mucho… pero habrá pocos al otro lado. Y la comunicación nunca es completa si la otra parte no la recibe…

Ventajas y desventajas de trabajar en oficinas abiertas

Si trabajas en un entorno de oficina, raro será que no trabajes en un espacio abierto. Ya sabes, oficinas diáfanas, con un montón de mesas corridas llenas de ordenadores. Mucha luz, mucha gente, mucho ruido. Hubo una época en la que se glosaban los efectos beneficiosos que esa disposición tendría para los trabajadores (¡más colaboración! ¡más trabajo en equipo! ¡más flujo de ideas!), pero en tiempos recientes cada vez son más las voces críticas con las oficinas abiertas.

A lo largo de los años he tenido la oportunidad de trabajar en distintos entornos. He conocido las oficinas abiertas (el «staff», o «la pradera» como se le solía llamar) en mis primeros años de consultoría, un despacho en una etapa posterior, trabajar desde casa, vuelta a una oficina abierta…

El haber conocido estas distintas opciones me ha permitido valorar, de primera mano (y siempre desde mi subjetividad) cuáles son las ventajas y desventajas de trabajar en un espacio abierto.

Desventajas de trabajar en oficinas abiertas

Empecemos con las desventajas que, si has experimentado este entorno de trabajo, seguro que reconoces rápidamente:

  • Potencial de distracción: gente hablando, conversaciones telefónicas, movimiento, compañeros que te vienen a contar algo, cafés… en un espacio abierto tienes menos defensa frente a todas esas «agresiones». Y si necesitas concentración, lo vas a tener difícil.
  • Falta de privacidad: ahí estás, a la vista de todo el mundo. Tus conversaciones se escuchan, lo que haces en el ordenador se ve… vale que tampoco vas a hacer nada raro (¿o sí?), pero es muy incómodo tener la sensación de que, como en Gran Hermano, muchos ojos te vigilan.
  • Fatal para según qué trabajos: si tu trabajo depende de tener un elevado nivel de concentración, o necesitas calma para pensar, o tienes que tener conversaciones mínimamente delicadas… un espacio abierto se convierte en un campo de minas para tu actividad.
  • El infierno de los introvertidos: si eres (como yo tiendo a ser) de los que necesitan cierta distancia con otros seres humanos… esa exposición permanente a la socialización acaba siendo angustiosa.

Ventajas de trabajar en oficinas abiertas

Con tantas desventajas, parece que no hubiese mucho lugar a la duda. Y sin embargo, cuando he trabajado en un despacho o desde casa, hay cosas que he echado mucho de menos:

  • Socialización: trabajar en un entorno abierto permite muchos momentos de interacción con tus compañeros, tanto «hablando de trabajo» como de cualquier otra cosa. Esa fina red social, ese intangible… es algo que luego tiene su impacto en el desarrollo del trabajo. Por ejemplo, cuando tienes un problema, necesitas ayuda, o echar una mano… es mucho más fácil si tienes creados esos vínculos.
  • Aprendizaje: tú estás a lo tuyo, pero quieras o no también te llegan ecos de lo que hacen los demás. Aprendes de lo que hacen, de cómo lo hacen, de sus éxitos y sus fracasos. Te vas formando, a través de ellos, una idea de cómo funcionan otros departamentos, de cómo son otras personas, etc., etc. Del mismo modo, puede que escuches una conversación a vuelapluma y puedas aportar a otros una solución que les ahorre muchos dolores de cabeza. Eso, si estás encerrado en un despacho, es mucho más difícil.
  • Colaboración: cuando realmente necesitas trabajar con alguien, es mucho más sencillo estar codo a codo, apoyándose uno a otro… si estás ocupando el mismo espacio físico. Sí, hay tecnología que permite coordinar… pero estaremos acuerdo en que no es lo mismo.

¿Cuál es la mejor forma de trabajar?

La respuesta, no por esperable, es menos cierta. Y es que… depende. Depende de las características de la persona, depende de las características de su trabajo. Depende del flujo de trabajo, depende hasta del momento del día. Por eso lo interesante es tener opciones. Trabajar en un entorno que permita ajustarse en función de todas esas características, y disfrutar de las ventajas que cada opción ofrece.

Habrá días (incluso ratos) en los que seas feliz en un entorno abierto, te sirva para conectar con tus compañeros, para aprender, para generar vínculos. Habrá otros días (o ratos) en los que necesites desesperadamente una puerta cerrada, silencio y concentración.

La clave es tener la consciencia de reconocer cuándo necesitas una cosa u otra, y disponer de los recursos para poder autogestionarte sin estar atado a una de las alternativas.

Fases de una conversación de desarrollo

Qué es una conversación de desarrollo

Quizás sea una buena idea empezar este artículo definiendo qué es una conversación de desarrollo. Porque no es una conversación normal, una charla informal entre dos personas, sino que tiene unas características especiales.

Una conversación de desarrollo tiene un objetivo: ayudar a una persona a «desarrollarse». Y con eso me refiero a aprender, a crecer, a transformarse, a cambiar cosas que no funcionan, a darse cuenta de cosas que antes no se daba, a encontrar soluciones a situaciones en las que encuentra algún bloqueo… Podemos visualizar el ejemplo de un jefe de equipo conversando con uno de sus colaboradores, o un padre conversando con un hijo.

Como consecuencia, una conversación de desarrollo no se produce entre dos iguales, sino que cada una de las dos partes asume un rol diferente: está la persona que se quiere desarrollar, y la persona que ayuda a la otra a desarrollarse. Pero, en contra de lo que pudiera pensarse, la voz cantante de la conversación la lleva «el que se quiere desarrollar». La otra persona pregunta, escucha, redirige… pero en términos cuantitativos, interviene mucho menos.

Como te puedes imaginar, una conversación de este tipo no es «casual», si no que se prepara y se lleva de acuerdo a unos criterios más concretos. Tampoco puede ser fruto de un «aquí te pillo, aquí te mato», porque ambas partes tienen que ser conscientes de a lo que van y tomárselas en serio, con dedicación y atención plena (nada de conversar mientras estás pensando en otra cosa, mirando el móvil o cualquier otra distracción). Normalmente son largas (nada de «en cinco minutitos nos quitamos esto de encima») y de hecho suelen formar parte de un proceso (rara vez se queda en una sola conversación).

Pero quizás la clave de las conversaciones de desarrollo es entender que son una herramienta al servicio del que se desarrolla. Es decir, uno no puede ir a un hijo o a un colaborador e «imponerle» una conversación de este tipo («ven, que he visto que necesitas desarrollarte y te voy arreglar»). Es la otra persona la que, en un momento dado, puede pedirla; o, como mucho, tú puedes ofrecerla. Pero no imponerla… porque entonces lo que vas a generar es una reacción a la defensiva (más o menos agresiva) pero en ningún caso vas a conseguir nada de lo que pretendieras.

Las 6 fases de una conversación de desarrollo

Una conversación de desarrollo debería atravesar distintas fases. Normalmente no son «fases estrictas», y la conversación fluye de una a otra con suavidad (incluso tocando un punto, volviendo atrás, continuando después… con plena libertad), pero a efectos explicativos las planteo como fases separadas:

  • Generar contexto: se trata de que las dos personas que participan en la conversación sean conscientes de que están, efectivamente, en una «conversación de desarrollo». Que perciban (en el tono, en el espacio, en la actitud, en la confidencialidad…) que ése es el objetivo que perciben, que asuma cada cual su rol, que se sientan con la confianza suficiente como para abordarlo.
  • Situación actual: el objetivo es abrir la reflexión sobre el punto de partida en el que se encuentra la persona. Qué situaciones está viviendo y cómo las está viviendo. Sin enredarse en demasiados detalles, ni en buscar «culpables», pero sí haciendo un reconocimiento de dónde está.
  • Situación futura: aquí se trata de visualizar dónde le gustaría estar a la persona. Qué le gustaría que estuviese pasando, cómo le gustaría sentirse. En general una conversación de desarrollo se orienta más al futuro que al pasado, y por eso esta fase es importante.
  • Aprendizaje/feedback: este es el punto en el que la contraparte, la persona que está sirviendo como herramienta en la conversación, puede poner encima de la mesa cosas de las que se está dando cuenta durante la conversación. Hacer preguntas que hagan cuestionarse cosas a la otra persona, expresar lo que le llame la atención… para que así la otra persona pueda profundizar en aspectos de los que, quizás, no era consciente.
  • Plan de acción: claramente, uno de los objetivos fundamentales de una conversación de desarrollo es generar acción. Que la persona asuma compromisos de hacer cosas diferentes, para que empiecen a pasar cosas diferentes. Aquí es la propia persona la que trata de generar sus propias lineas de acción (no se trata de decirle «lo que debe de hacer»). Lo ideal es que los compromisos sean reales y concretos, y limitar la exigencia: es mejor un compromiso sencillo que se cumple, que uno ambicioso que se incumple.
  • Seguimiento: antes mencionaba que las conversaciones de desarrollo son más un «proceso». Y es que parte de la gracia está en que el plan de acción pueda llevarse a cabo y, después, pueda revisarse qué sucedió, qué aprendizajes se derivaron, qué barreras se enfrentaron… para así iniciar un nuevo ciclo de reflexión y acción.

Hace unos días, mi compañero Alberto Mallo y yo grabamos un episodio del podcast «Diarios de un Knowmad» en el que repasábamos el concepto de «conversaciones de desarrollo» y repasábamos con detalle las distintas fases: te la dejo aquí para que puedas escucharla.

Las conversaciones de desarrollo son una herramienta que tienen mucho que ver con el coaching… así que si quieres profundizar, te sugiero que mires los artículos relacionados con el coaching que he ido escribiendo a lo largo del tiempo.

Simon Sinek y por qué somos del Atleti

Papá, ¿por qué somos del Atleti?

A principios de este siglo hizo fortuna un anuncio del Atlético de Madrid. En él, un niño iba en el coche con su padre y, mientras estaban parados en un semáforo, le pregunta: «Papa… ¿por qué somos del Atleti?»

¿Por qué somos del Atleti? (yo lo soy :D). «No es fácil de explicar», decía el propio anuncio. No es el equipo que más gane. No es el equipo que más títulos tiene. Y sin embargo, hay algo ahí… que a algunos nos hace conectar con ello.

Simon Sinek y su «why?»

Simon Sinek es un autor estadounidense que, en 2010, realizó una charla TED que alcanzó un éxito notable: «Cómo los grandes líderes inspiran a la acción«. También es el autor del libro libro «Start with why«, en el que reflexiona sobre el mismo concepto.

El otro día estuve revisando la charla, y extraje las ideas que más me llamaron la atención a unas notas visuales (que te comparto aquí, aunque ya sabes que la gracia de las notas visuales está más en hacerlas que en ver el resultado…):

El propósito, o el «por qué» haces las cosas

La tesis principal de Sinek es que el propósito, el «por qué», es la clave que permite conectar con los demás e inspirarles a actuar. Bien sea ayudándote, bien sea comprándote, bien sea impulsando tu proyecto o contribuyendo a darle visibilidad… Tener un propósito claro, y hacer que todo lo que haces esté vinculado, es lo que te va a permitir de verdad generar ese impacto.

Si te quedas en los «qués», en los «cómos»… te quedas en la superficie. Incluso a nivel neurológico, los qués y los cómos apelan a nuestra parte racional (que sí, los puede entender, valorar… ) mientras que el «por qué» apela a nuestra parte emocional. Que es, precisamente, la que en un momento dado impulsa al movimiento.

A partir de esta idea, Sinek enfatiza dos frases que a mí me llamaron especialmente la atención:

«La gente no compra lo que tú haces, sino el por qué lo haces»

«El objetivo es hacer negocios con personas que creen lo mismo que tú crees».

Volviendo al Atleti

Si el Atlético de Madrid buscase venderse a base de los «qués», lo tendría complicado. Si nos centramos en los «qués» es mucho más fácil vender al Barcelona («tenemos a Messi», «hemos ganado 8 de las 11 últimas ligas»), o al Madrid («cuatro Champions en cinco años), por ejemplo. Tampoco es el que hace un juego más espectacular, según dicen.

Y sin embargo, ahí está. Lo que vende el Atleti es otra serie de cosas. «El equipo del pueblo que hace frente a los grandes» (que se puede discutir, obviamente… pero ése es el posicionamiento), el esfuerzo y el espíritu de superación («el esfuerzo no se negocia», «derrochando coraje y corazón»…) Una serie de elementos que van más allá, que buscan conectar a nivel emocional por encima de los hechos.

Te invito a que pienses en tu propia experiencia. Piensa en alguna situación en tu vida en la que hayas sentido que «conectabas» con una persona, con un producto, con un proyecto, con una marca… Analiza qué había detrás de esa conexión. Los fans de Apple (que es un caso que detalla Sinek en su charla), los fans de Harley Davidson, los fans del Atleti, los fans de un grupo musical, los activistas de una ONG… ¿se dejan seducir por los qués? ¿por las especificaciones de los productos? ¿por las actividades concretas que realizan?

Normalmente no. Lo que solemos encontrar es una historia, un mensaje potente, un propósito que apela directamente a tus emociones. A muchos les dará igual, no se sentirán conectados con ello. Pero los que sí se sientan conectados tendrán un impulso a la acción realmente potente.

¿Dónde está nuestro propósito?

Lo curioso, cuando reflexionas sobre esta tesis, es darse cuenta de cuántas veces, en nuestra vida diaria (personal y profesional) operamos en el nivel de los qués y de los cómos. Y la poca «inspiración» que sentimos (y que provocamos) cuando lo hacemos así.

Hablar de propósito es difícil. Normalmente estamos tan centrados en el día a día que no tenemos tiempo ni ganas de meternos en tantas «profundidades». Nos cuesta mirar hacia dentro y ponerle palabras a nuestra «razón de ser y actuar», a nuestro «por qué». Bastante tenemos con lo que tenemos.

Hay organizaciones (y personas) que sí hacen ese ejercicio de pensar en su propósito. Pero luego llega el día a día y, ay… toca ser coherentes. Tomar decisiones. Elegir qué cosas haces y qué cosas no. Y aunque tus intenciones fuesen buenas… es fácil que entren otros elementos en consideración, y como consecuencia tu propósito se diluya y acabe siendo una bonita frase escrita en la pared que nadie se cree.

Te confieso que además, al menos a mí, hablar de propósito me da un poco de vergüenza. Parece que, cuando hablas de propósito… «te has flipado». Que te has ido al mundo de las ideas, que no tienes los pies en el suelo. Que te has puesto «intenso», grandilocuente… y que te van a mirar raro por ello.

También es fácil que se active cierto miedo al rechazo. Cuando vas con un propósito bien definido, vas a encontrarte mucha gente que no conecta con él. Incluso que se pone a la contra. Es incómodo. «Es que mucha gente me va a decir que no»… y es verdad. Hay que afrontarlo. Hay mucha gente que no va a ser tu amiga. Hay mucha gente que no va a ser tu cliente. Hay mucha gente que no te va a seguir.

La cuestión es que, con un propósito claro, da igual cuántos te miren raro. Da igual cuántos te digan que no. Porque los que te digan que sí va a ser con un SÍ profundo, lleno de emoción y de motivación para actuar.

Destilacción: transforma tus ideas en acciones

Decenas de ideas diarias

Soy un usuario activo de twitter, y todos los días me expongo a montones de tuits con ideas interesantes. Algunos de ellas con enlaces a artículos que, a su vez, contienen más ideas interesantes. Veo charlas en Youtube, escucho podcasts, leo libros, tengo conversaciones.

Yet few approaches to guide priority-setting are available..

Estimo que cada día pasan por mis ojos (y oídos) varias decenas de ideas que me llaman la atención. Que considero llamativas, interesantes. A veces las anoto. Muchas veces las redistribuyo.

La gran pregunta es… ¿cuántas de estas ideas que pasan por tu cabeza a lo largo del día se transforman en cambios reales y concretos en tu vida?

Frente a la infoxicación… destil-acción

Leí un concepto hace mucho tiempo que me resultó muy llamativo: la disfunción narcotizante. Consiste en que la sobredosis de información no solo no genera acción, sino más bien al contrario. Leer mucho sobre determinados temas nos hace tener la reconfortante sensación de que «estamos haciendo algo», cuando en realidad no estamos haciendo nada.

Con las ideas pasa algo parecido. Nos podemos pasar el día exponiéndonos a ideas interesantes a través de distintos medios. Leyendo, dando like, retuiteando. Y tendremos esa reconfortante sensación: «qué bien, qué estimulante». Pero a la hora de la verdad… no está pasando nada. Y el valor no está en las ideas, sino en lo que hacemos con ellas.

Por eso, frente a la infoxicación, necesitamos destil-acción:

  • Elegir una de esas ideas, la que te llame la atención. Fíjate que no te estoy diciendo «elegir una idea buena frente a un montón de ruido», sino escoger una idea buena y descartar otro montón de ideas igual de buenas.
  • Rumiarla. Dedicar un rato a pensar bien en qué significa, qué implicaciones tiene, cómo podrías trasladarla a tu vida (en lo personal, en lo profesional…), qué consecuencias podría tener…
  • Accionarla: ¿qué vas a hacer para llevar esa idea a la realidad? ¿qué acciones físicas vas a poner en marcha, qué hábitos vas a cambiar?

El impacto está en lo que haces

Rara vez tu problema es que te falte información, o que te falten ideas. No necesitas más contenidos. Tienes que hacer más cosas con los que ya tienes.

Como decía hace tiempo:

Una sola idea, si nos esforzamos en extraerle todo su jugo y en aplicarla en el día a día, puede tener un impacto mucho mayor en nuestra vida que pasar de puntillas por decenas de ellas

Quizás la cuestión sea saber si queremos cambiar cosas en nuestras vidas… o solo revolcarnos en la ilusión de que con darnos atracones de ideas ya es suficiente.

Fran Salomon lo dice con monos

Conocí a Fran Salomon a través de una búsqueda en internet. Creo que llegué a uno de los vídeos de su canal de Youtube, y me atrapó su estilo de comunicación, genuino y lleno de personalidad. Estuve revisando su trabajo, me suscribí a su newsletter… y desde muy temprano pensé que sería muy interesante tenerla en el podcast.

Fran es artista visual, y su proyecto Dilo con monos busca unir el mundo del arte y el mundo de los negocios. Fran enseña a comunicar a través del dibujo, a usar eso del «visual thinking» de una manera práctica. Pero además utiliza el dibujo como una metáfora de aprendizaje y superación personal que puede servir para muchas otras cosas.

En la entrevista, que puedes escuchar aquí mismo, hablamos de todo ello: de la capacidad del dibujo para comunicar ideas, de las reticencias que hay en el mundo de los negocios para aceptar esta forma tan natural de expresión, de las dificultades personales para desarrollar la habilidad de dibujar (y las peleas internas que eso genera)…

También me interesaba explorar la «marca personal» de Fran. Si dedicáis un rato a ver su perfil veréis que su estilo es realmente personal, y me parece que eso tiene un enorme potencial de llegar un público determinado y conectar. Y es que, frente a algunas tendencias «homogeneizadoras» que se ven por ahí (y cuyo resultado es un montón de «clones» indistinguibles unos de otros), apostar por tu estilo propio tiene la ventaja de que no tienes que fingir. Simplemente eres como eres. Habrá gente a quien no le gustes, pero a quien sí… le gustarás de verdad.

Por cierto, Fran acaba de editar un libro, «Mejor dilo con monos«, en el que relata su propio viaje dibujístico, y ofrece herramientas que nos puedan servir a los demás para hacer el nuestro.

Metodologías ágiles y SCRUM – Introducción

Cuando yo empecé a trabajar en consultoría, el enfoque que teníamos de los proyectos era bastante «cartesiano», al menos a priori. La propuesta debía recoger nuestra forma de trabajar, con una descripción de las fases de nuestros proyectos, las tareas a realizar, los entregables, los deadlines… Luego la realidad demostraba que, en 9 de cada 10 proyectos, todo aquello era papel mojado y que los proyectos iban tomando forma a medida que fuimos avanzando.

Con el tiempo fui abrazando cada vez más esa forma de trabajar, hasta el punto de plantearlo abiertamente casi desde el principio. «No me pidas que te diga lo que voy a hacer… déjame conocerte, déjame entender qué es lo que necesitas… y a partir de ahí pensamos en qué podemos hacer, y vamos adaptándonos a medida que avanzamos».

La cuestión es que, en el mundo corporativo, ese mensaje no siempre es bien recibido. La necesidad de «certidumbre» (o de apariencia de certidumbre), los mecanismos tradicionales de control, las jerarquías, la aversión al riesgo… son elementos que dificultan la puesta en marcha de proyectos con filosofías «ágiles».

Sin embargo, la realidad es tozuda y se empeña en demostrar que la visión tradicional de proyectos «atados y bien atados» tiene muchas lagunas. Por eso cada vez más son los que se atreven (muchas también por moda, sospecho) a probar eso de las metodologías ágiles.

Así que, pensando en todo esto, me decidí a hacer un breve video introductorio a las metodologías ágiles y a SCRUM

¿Qué son las metodologías ágiles?

Las metodologías ágiles son formas de trabajar que ponen el foco en:

  • aportar valor real a los clientes. Y para eso se les pide opinión constante sobre lo que necesitan, lo que quieren, lo que les resulta útil… No importa lo que yo creo que quieren, sino lo que ellos digan.
  • actuar y experimentar. Se trata de tener producto “real” cuanto antes, aunque no sea perfecto, y comprobar lo que funciona y lo que no para seguir adaptando a partir de ahí.
  • mejorar continuamente: se promueve la reflexión constante sobre lo que hacemos y sobre cómo lo hacemos, para irlo haciendo cada vez mejor.

SCRUM para aplicar la filosofía ágil

Dentro de las metodologías ágiles, SCRUM es un marco de trabajo que ayuda a incorporar esos principios ágiles al desarrollo de proyectos. Hace tiempo hice una recopilación de trece ideas de Scrum que puedes aplicar a tu gestión.

¿Cómo se aborda un proyecto con SCRUM?

  • El Product Owner es el dueño del producto, es decir, quien tiene en mente cuál es el resultado que se quiere conseguir, los distintos elementos del proyecto… y el responsable de decidir qué se hace en cada momento.
  • Pero esto no lo hace por sí mismo, sino que está en contacto permanente con usuarios, clientes y stakeholders en general para conocer sus inquietudes, sus necesidades, sus peticiones… Es quien centraliza esta relación, tanto al principio del proyecto como a medida que avanza.
  • Con todo eso, el product owner mantiene un listado (llamado “product backlog”) de requerimientos, funcionalidades… es una lista priorizada de “todo lo que nos gustaría que tuviese el producto final”, una especie de carta a los reyes magos.
  • Pero obviamente no se puede hacer todo de golpe. Por eso en SCRUM se utilizan periodos de tiempo prefijados, de unas 4-6 semanas, llamados Sprints. Durante cada sprint, el equipo de trabajo se encarga de ir realizando tareas para avanzar en el proyecto.
  • El sprint comienza con una reunión de planificación. En ella, el product owner y el equipo eligen aquellas funcionalidades del “product backlog” que van a abordar durante ese sprint. Con ellas, se forma el “sprint backlog”, y a partir de ahí el equipo sólo se va a a ocupar de eso.
  • Durante el sprint el equipo se organiza para ir avanzando tareas, con comunicación constante entre ellos, para llegar a tener un producto terminado. Esto es muy importante: el objetivo es tener un producto terminado y usable al final de cada sprint. No importa que no sea perfecto, lo que importa es que sea algo concreto que los usuarios puedan utilizar y así valorar (pero de verdad, no sobre el papel) lo que les resulta útil y lo que les sigue haciendo falta. Incluso si el proyecto se terminase aquí, los usuarios ya tendrían algo distinto a lo que tenían.
  • Al finalizar el sprint se celebran dos reuniones distintas. En una, llamada review, el equipo recoge el feedback de los usuarios respecto al producto que les han entregado. Esto es fundamental para saber por dónde seguir avanzando. 
  • Por otro lado, en la retrospectiva el equipo reflexiona sobre cómo han trabajado: qué han hecho bien, qué podrían hacer mejor… para así sacar aprendizajes que aplicar en el futuro.
  • De esta forma, con los resultados del sprint más el trabajo que haya seguido haciendo el product owner para mantener actualizado el product backlog, se puede iniciar un nuevo sprint y seguir así avanzando un sprint tras otro hasta que se considere que se han cumplido los objetivos del proyecto.
  • En SCRUM hay además una figura, llamada Scrum Master, que es una persona experta en la metodología y que ayuda al product owner y al equipo a seguirla, asegurándose que se siguen los pasos, facilitando las reuniones y, en general, dando fluidez a la forma de trabajar.

¿Por dónde seguir?

Esto ha sido una introducción muy rápida a las metodologías ágiles y a SCRUM. Si quieres profundizar, te recomiendo que eches un vistazo al manifiesto ágil y a la guía SCRUM, y que sigas explorando a partir de ahí. Lo importante es que te quedes con tres ideas fundamentales: que el objetivo es poner cosas en marcha cuanto antes, adaptadas a lo que los clientes necesitan, e ir aprendiendo y mejorando por el camino.

Recomendaciones de verano para desconectar, evadirse y reflexionar

Entramos de lleno en el verano y, al menos en España, lo vivimos con calor (con lo que a mí me gusta el fresquito…) y con la perspectiva generalizada de tomar unos días de descanso. Las vacaciones de verano son un clásico.

He de confesar que empiezo a escribir este post con notable ilusión. Hace unos días me planteé que podía estar bien tener una perspectiva de cómo aprovechan otras personas sus vacaciones para desconectar, para evadirse y/o para reflexionar un poco. Y para ello se me ocurrió pedir ayuda a los suscriptores del blog, y también a los seguidores de twitter.

Éste siempre es un movimiento un poco arriesgado, porque en tu cabeza siempre está el runrún de «¿y si no contesta nadie?» Pero por probar nada se pierde, ¿verdad? Y lo cierto es que la respuesta ha sido entrañable, por la variedad y por la calidez.

Así que quiero empezar dando las gracias a Lourdes López Bravo, Alberto Mallo, Jaime Buelta, Enrique Bullido, Enrique Gonzalo, Luis Alberto Santos, Mª Ángeles Juliá, Jorge Alastuey, Rodrigo Vasconcellos, Noemí Carro, Pablo Romanos, Thibaut Deleval, Mar Castelló, Bea Jiménez, Daniel «psicólogo de provincias», JJ Merelo, Antonio de Ancos, Juan Luis Hortelano, Patricia Millán… por sus respuestas, y por su generosidad en compartirlas. Entre todos nos ofrecen un mosaico muy variado de opciones con las que podemos sentirnos identificados, o que pueden estimular nuestra curiosidad y servirnos de ejemplo.

Por cierto, algunas de las contribuciones han sido en formato audio, y con ellas he montado un episodio del podcast «Diarios de un knowmad». ¡Nada mejor que oír a cada uno expresarse con sus propias palabras!

Y si estás leyendo esto, y te apetece contribuir… ¡los comentarios son todos tuyos!

¿Qué actividades realizas para desconectar?

Ésta era mi primera curiosidad. ¿Qué es lo que hacen los demás para tener sensación de «desconexión», para recargar pilas físicas y mentales?

  • Empezando por la propia importancia de desconectar, literalmente.
    • Como dice Maria Ángeles, procura «dejar el móvil, ordenador y televisión a un lado. Creo que estamos hiperconectados  y más cuando trabajamos, la tecnología forma parte de nuestro día a día, y nos consume mucha energía. Pasar de ella por unos días me ayuda a conectar mejor conmigo misma y con los demás».
    • Lourdes también incide en la importancia de poder disfrutar «teniendo el móvil lejos o en modo avión, planificando cuántas veces al día lo vas a mirar y en qué momentos, para así estar tranquila por tenerlo desconectado el resto del tiempo».
    • Noemí, cuando va a su casa del pueblo, también se desentiende del móvil «según entro, y no lo vuelvo a coger hasta que me voy».
    • Aunque, como apunta Juan Luis, la desconexión no tiene por qué ser total: «El mero hecho de estar en formato vacaciones, cambiar de hábitos, levantarte a otra hora, pasear por sitios distintos… ya me ayuda a desconectar bastante, y no es un problema seguir atento a las cosas de trabajo si hace falta».
    • Y de hecho, como dice Alberto, «para mí desconectar es la oportunidad de conectar».
  • Cambiar de entorno es otro factor clave de desconexión
    • Bea lo deja claro, necesita «alejarse del asfalto y entrar en contacto con la naturaleza».
    • A Enrique, por ejemplo, le atrapa el mar: «sentarme a mirar el mar, olerlo, notar la brisa, pasear cerca de él…»
    • A Lourdes le gusta complementarlo con las puestas de sol, «ya sea disfrutando del último baño del día o bien sentada en un chiringuito con una cerveza bien fría».
    • Noemí aprovecha la montaña de León para «ir al pantano al que puedo ir a pasear, tomar el sol…»
    • Lo mismo que Enrique, que se pirra por pasear «en un entorno diferente al habitual, ya sea la playa o la montaña» y eso hace que «el chip mental cambie y esté preparado para nuevas ideas».
    • La montaña es clave para Mar: «Subir a la montaña y contemplar un paisaje. Cuando hacemos excursiones o caminatas, lo más maravilloso del mundo es cuando estás arriba y ves lo pequeño que es todo. Lo inmenso que es el mundo. Me ayuda a poner las cosas en su sitio y a quitarle importancia  lo que no la tiene. Y… si has subido en bici… bajar y sentir el viento en la cara… y el olor a pinos… es total».
    • Y viajar, siempre viajar: «Ver otra gente, otras costumbres, otros tipos de vida, te ayuda a salir de tu mini mundo y querer dar más tiempo a lo que realmente importa».
    • Pero no hace falta irse lejos, sino simplemente cambiar la mirada. Patricia se propone «redescubrir la ciudad», a través de visitas guiadas, visitas a museos menos conocidos, recorrer barrios menos habituales… y así «sorprendernos de lo que tenemos en casa y ver la amplitud de nuestra ciudad».
  • Hay quien aprovecha este espacio «entre cursos» para dedicar tiempo a cosas que no son estrictamente ocio, pero para las que no hay tanto tiempo en el día a día:
    • Jaime, por ejemplo, se dedica a «experimentar» con cosas cercanas a su trabajo (es programador) como explorar un nuevo lenguaje, una herramienta distinta… «más en plan juguetear».
    • Luis Alberto aprovecha para «hacer balance anual, ya que en verano hay más tiempo y desconexión», y sobre todo plantearse «qué hacer de cara al nuevo curso».
  • Las relaciones sociales son otro elemento clave:
    • Mar indica que «estar con mi familia y mis amigos, sin hora, me encanta. Disfruto muchísimo de charlar, andar, ver cosas, viajar, lo que sea juntos. Es la felicidad por excelencia también».
    • Enrique, en sus paseos, disfruta de poder charlar «con personas con las que no tengo tanto trato de manera habitual» que le aportan «nuevos puntos de vista».
    • Lo mismo le pasa a Pablo, que aprovecha a «ver amigos a los que no veo en el resto del año»
    • Dentro de estas relaciones están, por supuesto, los niños: «pasar el tiempo con ellos en la piscina», como dice Alberto, o en en centro social donde acude Jorge. Es momento también para compartir juegos, como hace DRoss, aunque con un matiz: «Me encanta observar sus estrategias para aprender y ganarme. Soy psicólogo. Y aunque suene mal utilizo a mis hijos como conejos de cobaya. Ellos se divierten y yo aprendo esa manera fresca de mirar las experiencias»
  • La actividad física, más intensa o más moderada, también forma parte del menú de descanso:
    • Los paseos, como ya hemos visto, son práctica habitual para Enrique, para Noemí… y para Pablo, que se lleva a su perro de compañía.
    • Alberto se apunta al deporte («cualquier tipo»).
    • Mar disfruta nadando («Nadar a braza a ritmo medio… podría estar también horas. Me salgo del agua porque me empiezo a arrugar jajajaja. En fin, además de ayudarme a desconectar, es mi momento estrella de inspiración. Me ayuda a pensar, reflexionar y conectar conmigo misma.»), haciendo excursiones o incluso bailando («no sé quién comenzó esto del baile pero realmente hay sentimientos que solamente puedes expresar bailando»).
    • Thibaut se apunta a «jugar al golf».
  • La música, y la creatividad en general, también es un elemento importante para algunas personas
    • DRosso dedica tiempo a tocar la guitarra, y próximamente un ukelele «para hacer versiones y componer canciones nuevas (aunque quizás haya que llamar descomponer canciones porque cojo Satisfaction de los Stone y les cambio la letra por temas divertidos)»
    • Mar también conecta con la música, que «no solamente me hace desconectar, me transporta a otro mundo. Me encanta escucharla sola pero me encanta también compartirla.  Mi hijo a veces viene corriendo para compartir uno de sus cascos conmigo, porque ha encontrado una canción o pieza fantástica y es lo que más feliz me puede hacer del mundo»
    • Thibaut disfruta de la fotografía y sus «paseos de streetphotographer»
  • Por supuesto hay oportunidad para el ocio puro, como la lectura (como Antonio, que lee «todo lo que no puede leer durante el año», Lourdes y sus «siestas veraniegas en la hamaca con un buen libro cerca», JJ y sus «libros que se puedan mojar porque los libros gordos no se pueden llevar a la playa ni a la piscina» o Mar y su capacidad para estar «hora y media en la hamaca con los brazos estirados sosteniendo un libro sin cambiar de postura»), las series (aunque, como dice Rodrigo, «el tema de la conexión a internet en vacaciones suele ser complicado») o los relajantes documentales sobre naturaleza marina de Jorge.
  • Y luego, claro, es verano. Y es una oportunidad para el «dolce far niente». Como Daniel, que en un reciente viaje a Jaén compró un olivo bonsai y cuyo plan es «verlo creer en mi patio mientras duermo la siesta.»

Leer para evadirse

Siempre que llegan estas fechas yo mismo cargo mi ebook de libros «de evasión», que me permitan desconectar un poquito. Y siempre busco nuevas ideas que me inspiren. Así que eso fue otra de las cosas que pregunté; ya tengo ideas para los próximos 10 veranos :D.

  • D Rosso nos plantea un montón de ideas: filosofía de evasión, ensayo de evasión, «Ser y tiempo» de Heidegger, «Las palabras y las cosas» de Foucault, Derrida, las «Meditaciones» de Marco Aurelio (este es chulo porque lo puedes leer por cualquier página y encuentras algo), un poco de existencialismo… o libros infantiles (Los diarios de Greg, Robótica, Astrofísica para niños (lectura a dos manos con mi hijo el mayor, 10 años)
  • Mar: «me enganchan los libros que te hacen sentir cosas. No tienen porqué se grandes de la literatura. Por ejemplo, ahora estoy leyendo “El sanador de caballos”, para mí es un libro sencillo sin grandes pretensiones pero en el que se describen los sentimientos de las personas de una forma que me engancha y me hace desconectar totalmente. Otros como por ejemplo “Seda”, sencillo y delicioso también. Pero también me han enganchado los libros de moda en su día, como por ejemplo “La verdad sobre el caso de Harry Quebert”, también sin grandes pretensiones pero que te transporta que es lo que me gusta de los libros. Libros que tengo para leer este verano: Lluvia fina, Matadero cinco de Kurt Vonnegut, La ley del menor de Ian McEwan.
  • María Ángeles: «Como lectura de ocio recomendaría El Orfebre de Ramon Campos, fácil, rápida, sin pretensiones. Deja un buen sabor de boca, con ganas de más pero sin que te quite el sueño. «
  • Rodrigo: «Para desconectar lo mejor novela (bélica, policiaca, espías…), cualquiera de Frederick Forsyth, John le Carré, Ken Follett… las que te enganchan desde la primera página.»
  • Lourdes: «El maestro del Prado (Javier Sierra). Eat, pray, love (Elisabeth Gilbert). Yo, Julia de Santiago Posteguillo. Tú no matarás de Julia Navarro y Las hijas del Capitán de Maria Dueñas. Mirando mis registros estas son las ganadoras del año! «
  • Alberto: «10% happier (Dan Harris) como forma de acercarse a la meditación desde un sitio nada místico, y Open (Agassi) porque resulta muy interesante ver la parte de atrás de una historia de supuesto éxito donde se habla, sobre todo, de fracasos».
  • Jaime: «Vuelvo a leerme comics de humor que tengo por aquí perdidos en casa: Astérix, Mortadelo… me sigo riendo como el primer día, me siguen pareciendo maravillosos y sobre todo me olvido de todo cuando los leo».
  • Noemí: «Grandes Esperanzas, de Dickens; se justo se cumplen diez años desde que lo leí la primera vez y me apetece mucho recuperarla»
  • Enrique: «Cualquier libro de Henning Mankell, y en concreto alguno de la serie protagonizada por el inspector Wallander. Creo que el primero es «Asesinos sin rostro«, no es una simple novela policiaca, es algo más, y creo que es una buena lectura para el verano»
  • Enrique: «Me gustaría recomendar uno de mis libros favoritos, Alta Fidelidad de Nick Hornby, os hará terminar con una gran sonrisa y con la sensación de haber disfrutado un tiempo maravilloso».
  • Patricia: «Algo supuestamente divertido que nunca volveré a hacer, de David Foster Wallace; la revista Rolling Stone le mandó a cubrir un crucero de siete días a todo tren, y a él le pareció la experiencia más horrorosa de su vida»
  • Jorge: «Yes We Football, un libro con las reglas básicas, historia, anécdotas… sobre fútbol americano, un deporte que me interesa, que es muy complejo y muy desconocido en España, pero que es posiblemente el que más ingresos genera en el mundo».
  • Pablo: «La guerra interminable, de Joe Hadelman»
  • Thibaut: «The boys in the boat«, de Daniel James Brown
  • Juan Luis: «Novela de ficción, divertida, poco profunda… lo mismo me leo La Catedral del Mar, que algo de Ruiz Zafón o de Gómez Jurado, como por ejemplo Reina Roja«.
  • JJ: «Me gusta leer cosas de ciencia ficción y también novela negra, Connelly, tipo novela serie B, crimen, crimen escandinavo…»
  • Antonio: «me he enganchado a los libros de Juan Gómez Jurado, y los estoy leyendo de atrás hacia adelante: Reina Roja, Cicatriz, El Paciente… y todavía me queda alguno pendiente por ahí».
  • Bea: «novela negra; esos libros que te enganchan y que tienes que leer capítulo tras capítulo aunque sean las tantas y sepas que al día siguiente te va a costar horrores levantarte. Por ejemplo, la saga de Bevilacqua y Chamorro de Lorenzo Silva».

Leer para reflexionar

Porque no todo es evadirse. También éstas son fechas apropiadas para dar un paso atrás y leer cosas que te ayuden a reflexionar, a enfocar algunos aspectos de tu día a día de forma diferente, a desarrollar alguna habilidad… así que también he planteado esta cuestión, y éstas son las respuestas recibidas:

  • D Rosso: «Siempre recomiendo libros sobre «cómo contar historias». Por ejemplo: «Houston, we have a narrative«. Un libro sobre como contar historias para la difusión científica, cómo transformar el lenguaje atemporal típico de las ciencias positivas en una historia con personajes, tramas, desenlaces…»
  • Mar: «Me impactó mucho, “El viaje de Luis” de José Manuel Gil. En realidad libros que cuenten experiencias reales de personas admirables son los que me hacen reflexionar.»
  • María Ángeles: «Productividad Personal de José Miguel Bolívar (un tema pendiente), Optitud de Iosu Lazcoz (una buena visión sobre las ventas para el que le toque) e indudablemente Aprendiendo de los mejores, de Francisco Alcaide.»
  • Rodrigo: «Para reflexionar y tomar perspectiva cualquier biografía, incluso cualquier libro tipo autoayuda puede ayudar a sacar alguna idea o consejo.»
  • Lourdes: «Sapiens (Yuval Noah Harari), Un mundo feliz (Adolf Huxley), El hombre en busca de sentido (Víktor Frankl), Ichigo Ichie de Francisco Miralles. Tengo más pero estos 4 me han hecho evolucionar.»
  • Alberto: «Tao Te Ching» (del que hablamos ampliamente en un capítulo anterior del podcast)
  • Jaime: «Últimamente he estado mirando bastantes cosas de historia. Según vas mirando más cosas empiezas a conectar muchos más puntos».
  • Luis Alberto: «Mucha lectura de introspección, de desarrollo personal… y si decido involucrarme en nuevos proyectos alguna lectura relacionada con ellos».
  • Noemí: «Essentialism, de Greg Mckeown, en el que hace una reflexión sobre cómo buscar menos con más calidad de manera disciplinada, y tengo muchas ganas de ver cómo desarrolla el método en el que la idea fundamental es reflexionar para poder eliminar el ruido».
  • Enrique: «Me quedo con Martes con mi viejo profesor, de Mitch Albom. Es un libro bastante breve que descubrí hace tres años y que desde entonces releo al principio de verano en lo que se ha convertido en una pequeña tradición veraniega para mí».
  • Enrique: «Las Meditaciones de Marco Aurelio, porque explica de una manera concreta, muy directa y en un lenguaje cercano cuales fueron las ideas y principios de la filosofía estoica, que para mí fue un antes y un después en mi forma de ver la vida».
  • Patricia: «The art of working remotely, de Scott Dawson; es un interés personal en mejorar ese aspecto de trabajar desde casa, en el que ahora estoy metida al 100%, y en el que realmente cojeo mucho».
  • Jorge: «Small data, de Martin Lindstrom; en esta época en la que tanto se habla del big data, y los datos en bruto… se enfoca justo en lo contrario, en la importancia de ir a los sitios, hablar con la gente, investigar… y hace reflexionar bastante».
  • Pablo: «El hombre en busca de sentido, de Viktor Frankl»
  • Thibaut: «¿Qué sentido tiene ser cristiano?, de Timothy RadCliffe
  • Juan Luis: «llevo una etapa en la que no me llama leer tanto en este sentido como en épocas anteriores: aun así uno que me ha gustado recientemente es Never split the difference, de Chris Voss, un antiguo agente del FBI experto en negociaciones de secuestros y que te da pistas sobre cómo negociar aplicables a cualquier aspecto de tu vida».
  • JJ: «me gusta leer de vez en cuando cosas de matemáticas, porque soy una persona bastante inútil con las matemáticas y debería haber aprendido más. Me gusta leer sobre historia de las matemáticas, teorema de Fermat, historia de la criptografía, me he comprado el libro de Strogatz…»
  • Antonio: «tengo un libro que ha demostrado que funciona: es Procrastinación, de Piers Steels, que lleva dos años esperando a ser leído en mi mesilla de noche; y también me gustaría repasar Superpoderes del éxito para gente normal, del Mago More, que recoge una serie de ideas muy interesantes. Como mago y como humorista no me hacía demasiada gracia, pero como conferenciante me parece brillante».
  • Bea: «La meta, de Eli Goldratt ; es un libro de management pero en formato novela donde el protagonista se encuentra ante un reto profesional y te cuenta cómo se enfrenta a él, cómo lo resuelve y cómo toma perspectiva para poder afrontarlo. Me encanta porque me ayuda a en el día a día profesional».

Guau. Menudo montón de ideas…

De nuevo, gracias a todos y todas por vuestras contribuciones. Ha sido un gustazo hacer esta labor de recopilación, y leeros/escucharos hablar con pasión de vuestros hábitos, de vuestras lecturas, de vuestras inquietudes… Quien quiera inspiración, aquí va a poder encontrar una buena dosis.

¡Feliz verano a todos!

El poder de la reflexión en el día a día

El día a día nos come

Suena el despertador. Te pones en marcha. Tienes la agenda del día en la cabeza: las reuniones, las llamadas, los informes. No te olvides de esto, ni de aquello. Pones a los niños en funcionamiento, desayunas a toda prisa, te metes en el atasco, llegas a la oficina, te cruzas con Fulano y con Mengana. Tu pila de tareas pendientes no decrece, sino que crece.

Llega la tarde noche, llegas con poca energía a casa. Lo poco que te queda lo gastas en hacer sostener la relación familiar, en cenar… antes de derrumbarte en el sofá ante la tele o con el móvil, y anestesiarte un poco antes de irte a dormir.

Así se pasa un día y otro, y llegas al fin de semana y puedes atender la logística de la casa, hacer algo de vida social y, con suerte, descansar un poco. Y así se pasa una semana y otra. De vez en cuando te asalta la necesidad de parar, quizás en unas vacaciones, o asociadas a un cambio profesional o a un evento vital. Pero rápidamente te ves de nuevo de cabeza en la rutina, y vuelven a pasar días, semanas, meses y años.

¿Cuántos momentos tienes, dentro de esa inercia, para «parar y pensar»? La sensación que yo tengo, cuando miro a mi alrededor, es que en general tenemos muy pocos. No tenemos costumbre, y el día a día nos arrasa.

¿Para qué nos sirve reflexionar?

Encontrar momentos y herramientas que nos permitan reflexionar nos da un poco de «aire» dentro de esa dinámica tan perversa. Nos da la oportunidad de salirnos de la rutina, de observarnos, de analizarnos… y de plantearnos que, quizás, tengamos que hacer algo de manera distinta. Porque, sin esos momentos de reflexión, es muy difícil que tomemos las riendas de nuestra vida; simplemente vamos montados en ella, como un pasajero subido al vagón de una montaña rusa.

Esa capacidad de salirnos de la inercia, de los automatismos, es fundamental para poder hacer cosas de manera diferente. Como ya expuse en alguna ocasión, la consciencia es el primer paso para cualquier cambio que queramos hacer.

Espacios y herramientas para reflexionar

Hablaba el otro día con mi amigo Alberto sobre su rutina de reflexión y cómo, algunas mañanas, él hace por madrugar un poco más y dedicar un espacio de tiempo (antes de que el resto de la casa amanezca, y de que la maquinaria del día a día se ponga en marcha) para hacer un poco de meditación, escribir en un diario o leer y digerir un fragmento del Tao Te Ching.

Yo también le contaba como, durante un tiempo, tuve instalada en mi móvil una app que, a lo largo del día, hacía sonar un «cuenco tibetano» y que para mí era la señal para dejar lo que estuviera haciendo, parar un poco y tomar un poco de perspectiva.

Puede que te suene un poco «místico», o «hippie», o «friki». Da igual, la solución de Alberto no es la mía, y la mía no es la tuya. Meditación, journaling, lecturas inspiradoras, un podcast, libros de «autoayuda», vídeos de youtube, frases motivacionales, escribir un blog, un twittero que te llame la atención, el refranero castellano… cada uno puede encontrar la herramienta que más cómoda le resulte.

Al final eres como un botijo: lo que sale de ti es el resultado de lo que metes. Si no prestas atención a lo que usas para alimentar tu mente, si dejas que todo sea el resultado de tu rutina diaria… difícilmente vas a poder ofrecer al mundo nada diferente.

Lo importante, quizás, es crear el espacio para que eso suceda, y convertirlo en rutina. Que, como la grasa del jamón, sean vetas entrelazadas con ese día a día que de otra forma nos come.

Paladear, no engullir

Yet few approaches to guide priority-setting are available..

Quizás un riesgo, que yo sin duda he experimentado, es que queramos someter esos momentos de reflexión a la misma velocidad con la que afrontamos el día a día. «Productividad» aplicada a la reflexión. A ver cuántas frases motivacionales puedo ver en una hora haciendo scroll en Pinterest. A ver si me acabo este libro en tres días, y así puedo leer casi 100 en un año. Voy a ver todos los artículos interesantes que comparten todas las personas a las que sigo en redes sociales. El número de impactos que recibimos en el día a día no deja de crecer, y aun así nos esforzamos en intentar abarcarlo todo.

Esta forma de engullir contenidos hace que nos quedemos, la mayoría de las veces, en su superficie. Sí, lo leemos. Sí, lo entendemos. Pero como no le damos vueltas, no dejamos que nuestra mente haga conexiones, que divague, que rumie, que lo ligue a nuestra experiencia… lo olvidamos fácilmente y acaba siendo intrascendente.

Hace tiempo decía que normalmente no necesitamos «más contenidos», sino trabajar con mayor conciencia aquellos que ya caen en nuestras manos. Un buen libro puede dar para semanas de reflexión. Una sola idea, si nos esforzamos en extraerle todo su jugo y en aplicarla en el día a día, puede tener un impacto mucho mayor en nuestra vida que pasar de puntillas por decenas de ellas. Más vale pájaro en mano, que ciento volando.

Aunque sea vendiendo palos

Vender palos y el umbral de rentabilidad

Hablaba hace tiempo con un amigo, responsable de un grupo grande de consultoría. Le preguntaba que qué tal le iba, y entre otras muchas cosas me contaba sus objetivos. «Este año tengo que vender un millón de euros… aunque sea vendiendo palos».

«Vender palos» significa vender todo lo que se pueda. ¡Disparar a todo lo que se mueva! ¡Fuego a discreción!

Es normal. Si lo piensas, en unas circunstancias como las de mi amigo, los «costes fijos» son muy elevados: un equipo grande, con sus sueldo y demás costes asociados. Unas oficinas molonas en el centro. Una contribución significativa a las cuentas de resultados de la compañía. El «umbral de la rentabilidad» está muy arriba, y hay que vender mucho para, simplemente, no perder.

El riesgo de vender palos

Lo que pasa es que, con esa visión de «vender palos», es fácil perder el rumbo.

La presión por vender te puede hacer meterte en proyectos para los que no estás preparado. Temas en los que ni tú ni tu equipo tiene la experiencia y los conocimientos suficientes para salir con bien. Proyectos que acabarán siendo un suplicio para todos los implicados, y dejando un sabor de boca regular en el cliente. Pero oye, hay que facturar, así que… «consigamos el proyecto y luego ya veremos».

También corres el riesgo de empujar a los clientes más de lo necesario, buscando convencerles de que te compren proyectos que en realidad sabes que no están necesitando. Proyectos de los que no van a obtener un valor relevante, o que por sus circunstancias no van a funcionar. Ya, ya, a ti te da igual porque «yo hago el proyecto, facturo… y allá cada uno».

Y también puede suceder que ese ansia por vender te acabe juntando con clientes con los que la cosa «no fluye», con los que no hay una comunión de valores, o de formas de hacer. Organizaciones y personas con las que no trabajas a gusto pero que hay que aguantar porque «la pela es la pela»

La alternativa a vender palos

¿Qué otra forma distinta hay de hacer las cosas?

Lo primero es tener claro en qué tipo de proyectos puedes aportar valor, y en cuáles no. Y ceñirte a los primeros. Eso implica que habrá proyectos a los que no te vas a presentar. E incluso ocasiones donde a un cliente, cuando te pida algo, le tendrás que decir «eso yo no lo sé hacer».

También hay que ser extremadamente honestos con los clientes, y perseguir los proyectos solo en aquellos casos donde tenga sentido por sus necesidades, su situación… De nuevo, eso implica en un momento determinado decirle a los clientes «no lo veo, por este motivo y por este otro».

Y por último, también hay que saber cuándo decir que no a un cliente porque detectas «malas vibraciones». Puede que sea un proyecto en el que podrías aportar valor, que el cliente necesita… pero hay un feeling que no funciona. Es mejor dejar pasar esa oportunidad que verse metido en una relación difícil.

¿Estás perdiendo dinero?

Puedes pensar, leyendo esto, que así «estás perdiendo dinero». Supongo que es cierto.

Pero, al menos en mi forma de ver las cosas, hay veces en las que merece la pena ese dinero que dejas de ganar, si a cambio lo que tienes es una cartera de proyectos donde aportas verdadero valor a clientes que lo necesitan y con quienes generas una relación enriquecedora.

Creo que es bueno a corto plazo (porque la experiencia profesional es más satisfactoria), y también a largo plazo. Y es que la estrategia de «vender palos» pueden significar pan para hoy y hambre para mañana, si en el mercado se empieza a generar la sensación de que «disparas a todo lo que se mueve» sin demasiados escrúpulos.

No soy ingenuo. Por supuesto, todos tenemos una facturación mínima que tenemos que alcanzar, y llegado el momento haremos lo que haya que hacer. La cuestión es que, si tu estructura de costes es más ligera y tu ambición más moderada, tienes mucho más margen de maniobra para poder elegir