Qué significa reinvención profesional para tus emociones

Cuando el escenario cambia

Hace unos días recordaba un documental llamado «Del podio al olvido«. En él, varios deportistas de élite contaban su experiencia tras retirarse de la alta competición. Y salía un factor común: lo que cuesta adaptarse a la nueva situación. Tú imagínate que te pasas básicamente toda tu vida siguiendo unas rutinas y desarrollando unas habilidades que te dan el éxito. Y de un día para otro, paf, te cambia la situación. Y tus rutinas y tus habilidades dejan de ser útiles.

«Reinvéntate«. Por supuesto. El consejo está claro. Y cualquiera lo entiende. «Piensa en a qué te quieres dedicar, mira a ver qué habilidades te faltan, y desarróllalas». ¡Pues claro! ¿Cómo no se me había ocurrido antes?

El problema es que eso se dice muy fácil… pero hacerlo es más difícil.

El factor emocional de la reinvención profesional

Normalmente, cuando uno se encuentra en esta situación, no es por gusto. Es el deportista al que le llega el momento de retirarse. Es el profesional al que le afecta un cambio tecnológico que le hace obsoleto. Es un despido después de décadas en una misma empresa. El contexto que te gustaba, donde estabas agusto, donde te sentías eficaz… desaparece. Como Adán y Eva expulsados del paraíso.

El sentimiento de pérdida es enorme. Y, como ante cualquier pérdida, las personas necesitamos pasar un duelo. Un proceso por el cual atravesamos distintas sensaciones con mayor o menor intensidad. Mezcladas. De ida y vuelta. Negación, ira, desmotivación, incertidumbre, desconfianza, desesperanza…

Mientras atraviesas ese proceso, de poco te sirven las soluciones «de libro». Ya sé que tengo que identificar las habilidades que necesito. Ya sé que tengo que desarrollarlas. Pero me siento fatal, no tengo fuerzas, ¿no lo entiendes? ¡Dame tiempo! ¡No es fácil!

Igual que eso de desarrollar habilidades… ¡como si fuera tan sencillo! ¿Tú sabes lo difícil que es, a mi edad, ponerme a aprender cosas nuevas? ¿Lo desagradable que es sentirme torpe e inútil? ¿La frustración que genera no saber hacer las cosas, cuando llevo décadas acostumbrado a hacerlas bien? ¿Levantarme cada día sabiendo que voy a fallar?

Lamentablemente, en el mundo profesional muchas veces parece que no hay sitio para las emociones. Que hay que venir «llorado de casa». Que somos máquinas que respondemos perfectamente a las órdenes que nos damos. Y todavía nos sorprende cuando las cosas no suceden como esperábamos…

Atravesar el desierto

Si te encuentras en esta situación… ánimo. Paso a paso. Estás viviendo un proceso que es natural, y necesario. Acepta que vas a pasar por esas fases de desesperanza, de frustración, de pérdida. No es un sitio agradable en el que estar, pero es la forma en la que los seres humanos nos adaptamos a los cambios. Si todo sale bien, en algún momento saldrás de ahí y llegarás a una fase de aceptación en la que te encontrarás mejor.

No le añadas al malestar propio del duelo ese fustigarse porque «no debería sentirme así». No hagas caso a quien te diga que esto es solo cuestión de hacer A, B y C, y que si no lo haces es porque no quieres. Acepta tu propio proceso, y confía en que ya culminará.

Y mientras tanto, ve haciendo lo que puedas. Algunos ejercicios de reflexión pueden ayudarte a hacer esa digestión emocional más fácil. Hacer acciones pequeñitas puede ir construyendo tu autoconfianza, y así ir contribuyendo a tu reconstrucción. Paso a paso.

Entrevista a Antonio de Ancos

Conocí a Antonio de Ancos en una charla que di en Madrid sobre aprendizaje. En el turno de preguntas, me «atizó» con la pregunta que, a día de hoy, no se me ha olvidado.

«¿Y tú todo esto cómo lo haces?»

Luego hemos ido interactuando más, leyéndonos mutuamente, hemos comido y tomado algún café. Y hace un par de semanas pensé, «¿y por qué no le invito al podcast?».

Antonio se autodenomina «consultor en sentido común», aunque se disfraza de consultor SAP. Lleva 20 años por esos mundos de dios, conociendo todo tipo de organizaciones y proyectos, y acumulando historias. Tiene una visión muy clara de lo que es el mundo del trabajo, la consultoría, lo de ser freelance (o no), lo que tiene sentido y lo que no.

En nuestra conversación pasamos por muchos sitios relacionados con carrera profesional, con aprendizaje, con marca personal y redes sociales, con networking… y tantos otros.

¡Gracias, Antonio!

Página en blanco

Nos quejamos muchas veces de todas las cosas que «tenemos que hacer», de los compromisos adquiridos, de lo que nos mandan nuestros jefes, de las obligaciones del día a día que no te dejan tiempo para ti. ¡Quieres ser libre! ¡Quieres ser tú quien lleve las riendas!

Y un día te dan un cuaderno en blanco, y un lápiz. Y te dicen «venga, ¿no querías ser libre? ¿no querías ser tú quien llevara las riendas? ¿no querías escribir tu propia historia? Pues empieza».

Ten cuidado con lo que deseas, porque igual un día se hace realidad.

¿Cuánto vale lo que hago?

Intentando monetizar

Hace unos días leía un post en el que el autor contaba, con cierta frustración, su experiencia en el lanzamiento de un «infoproducto». Cómo después de años de generar contenidos gratis, de haber hecho un esfuerzo en la producción de su material, de haber notado el (presunto) interés de la gente… a la hora de la verdad las ventas no estaban respondiendo como hubiera deseado.
Coincidía en el tiempo con la noticia de una (presunta) «influencer» que, con miles y miles de seguidores, había intentado poner a la venta unas camisetas… sin ni siquiera ser capaz de vender el pedido mínimo que le exigía el fabricante para producirlas.

Hoy mismo he entrado en el Patreon (plataforma en la que distintas personas pueden hacerte de «micro-mecenas» con pagos mensuales para sufragar tu actividad) de alguien a quien sigo. Desde hace semanas lleva hablando de su patreon, y ha acumulado la friolera de… 1 mecenas.
Los proyectos en plataformas de crowdfunding tienen una tasa de éxito entre el 10% y el 30%. Es decir, que la inmensa mayoría de personas que abre un Kickstarter o similar con la esperanza de conseguir financiación para sus proyectos… se va con el rabo entre las piernas.
Pero vamos, que no tengo que irme tan lejos. Yo mismo he tenido experiencias (un curso abierto que intenté montar en su día, una web de venta online…) en las que he puesto en marcha iniciativas  que creía que iban a funcionar… y ni de casualidad.

La fantasía del valor

Hay un meme por ahí que refleja una dura realidad: «En su cabeza era espectacular».
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En nuestra cabeza, nuestras ideas son espectaculares. Nos parece que ese proyecto que queremos hacer nos lo quitan de las manos. Esas clases que queremos ofrecer, ese proyecto tan bueno que tenemos entre manos, ese libro que tanto nos ha costado crear. ¿Cómo va a salir mal? ¡Si es estupendo! No tenemos más que «enseñar la patita» y empezaremos a vender como rosquillas.
Esto se agrava más aún en este mundo de «redes sociales» donde tener visitas, followers y likes parece una medida del interés real que generamos. Sacamos pecho de nuestra relevancia, de nuestra llegada al público. Nos pasan un poquito la mano por el lomo, y pensamos: «la cantidad de valor que estoy aportando… lo influyente que soy… ¡en cuanto quiera, me hago rico!». Añádase un caso de éxito de esos que demuestran que «es posible» (sin contarte todos los que se quedaron en el camino)… y ya está, vía libre para nuestras fantasías.
Y entonces es cuando pedimos dinero a cambio de lo que aportamos, y nos damos cuenta de que… a ver, espera. Que un like es un like, pero lo de rascarse el bolsillo es otra cosa.

¿Realmente aportas valor?

El mercado es un mecanismo muy puñetero, y en muchas ocasiones una bofetada de realidad. Ya expliqué en alguna ocasión la relación entre coste, valor y precioUna transacción económica es lo que certifica el valor que se está aportando.
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Todo lo demás son brindis al sol, fantasías y cuentos de la lechera. Por supuesto, tú tienes derecho a creer que lo que aportas es muy interesante y valioso… pero salvo que encuentres una contraparte que esté de acuerdo, está todo en tu cabeza. Mientras no se demuestre lo contrario, el panadero de la esquina aporta más valor que tú.
Lo cual no quiere decir que no lo intentes. Pero sí que lo hagas desde una perspectiva muy humilde, en la que no esperas que los demás valoren lo que tú ofreces… sino que te dediques a investigar qué es lo que los demás valoran para ofrecérselo. ¿Ves el cambio de perspectiva?
¿Quién es tu público objetivo? ¿Qué es lo que necesita? ¿Por qué está dispuesto a pagar (sabiendo que una cosa es que te digan que «están dispuestos a pagar» y otra que lo acaben haciendo)? Y considera cualquier lanzamiento no como un punto de llegada, sino como un punto de partida: ¿cómo están reaccionando a lo que he lanzado? ¿qué les está resultando verdaderamente útil? ¿cómo podría ser más útil para más personas?
Si das respuesta a estas preguntas, y lo haces de manera efectiva, es posible que haya gente dispuesta a darte dinero a cambio.

Aferrados a un sueño egoísta

La gran trampa, en este caso, es el ego. Estamos muy apegados a nuestras ideas, a nuestra visión del mundo. Sabemos lo que para nosotros es importante, por lo que nosotros pagaríamos… y resulta difícil «bajarse del burro» para ponerse en la piel del otro, para aceptar su punto de vista y lo que considera valioso.
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Y añádase también que resulta difícil dejar atrás nuestras fantasías en las que «podemos vivir haciendo lo que nos gusta»… ¿quién no tiene apego por un plan que consiste en «que me compren camisetas», o «me compren un curso online», o «me compren un pdf», o «me compren mis fotos», o «me paguen por viajar y hacer vídeos de mis viajes», o «me paguen por jugar a videojuegos»? Lo de bajar a la mina, o echar 8 horas en una línea de montaje, o pasar tus días aguantando al público o a un jefe pesado o interminables reuniones inútiles… es para otros. No para ti, porque tú eres especial.
Pero ah, la vida es dura. Y resulta que la mayoría de las veces de la petanca no se puede vivir.

Tienes derecho a intentarlo

Por supuesto que sí. Tienes derecho a intentarlo. El grial del Ikigai, ese punto dulce donde lo que amas, lo que haces bien, lo que el mundo necesita y lo que alguien está dispuesto a pagar confluye. ¡Una aspiración completamente legítima!
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El diagrama del Ikigai es muy aparente, y te puede aportar reflexiones útiles. Tómalo como una referencia, como la estrella polar que te indica la dirección, y no como un objetivo en sí mismo. Porque no creas que va a ser fácil conseguirlo; de hecho, lo más probable es que no lo alcances nunca. Tendrás que asumir en tu camino una cuota importante de frustraciones y de compromisos.

¿Cuánto vale lo que hago?

Si quieres una respuesta a esa pregunta, no tienes más que salir al mercado y comprobarlo. Intenta vender eso que haces, a ver cuánta gente encuentras dispuesta a pagar por ello y cuánto dinero consigues.
¿Menos de lo que esperabas? Digiérelo cuanto antes, lame tus heridas, y pon el foco en aquello por lo que los demás están dispuestos a pagar.
 

Habilidades transversales esenciales para tu carrera profesional (y para tu vida)

Cuando acabé la Universidad pensaba que sabía bastantes cosas. No tardé tiempo en darme cuenta de mi error.
Y no hablo sólo de conocimientos técnicos (que también), sino de todas aquellas otras habilidades que son fundamentales para la carrera profesional (¡y para la vida!) y a las que no se les suele prestar atención en el proceso de desarrollo educativo.
Hay quien las llama “soft-skills”, aunque a mí me gusta más el concepto de “habilidades transversales”. Porque, al contrario de los conocimientos técnicos, son útiles para cualquiera, se dedique a lo que se dedique. Y con un gran impacto.
Por eso en los últimos años, en paralelo con mi trabajo como consultor, he ido prestando cada vez más atención a desarrollar esas habilidades. Es un camino que nunca termina, pero muy satisfactorio. Y me encanta compartir mis avances con los demás. No a modo de gurú, porque hay expertos en cada una de esas materias que saben mucho más que yo, sino como «explorador que va compartiendo su viaje». Es el espíritu que, cada vez más, ha ido animando este blog, o el lanzamiento de Skillopment, o el podcastdiarios de un knowmad, al fin y al cabo.

Fruto de esa reflexión, he intentado resumir cuáles son para mí algunas de esas habilidades transversales esenciales, que tanto impacto pueden tener en una carrera profesional (y en la vida en general). He creado un descargable (para suscriptores) en el que repaso cada una de esas habilidades, planteo 5 ideas fundamentales de cada una de ellas y sugiero una lectura que sirva como «vía de entrada» para quien tenga interés en profundizar.
¿Cuáles son esas habilidades?

  • Autogestión, para dominarte a ti mismo/a
  • Efectividad, para aprovechar el tiempo
  • Agilidad, para llevar proyectos a la práctica
  • Indagación y escucha, para entender lo que te rodea
  • Habilidades interpersonales, para gestionar tus relaciones con los demás
  • Comunicación, para transmitir tus ideas
  • Networking, para cultivar tus relaciones
  • Aprendizaje, para adquirir nuevas habilidades

Si quieres explorar el documento en más detalle, puedes suscribirte a mi lista de correo y te lo enviaré directo a tu bandeja de entrada.

Mis anclas de carrera

¿Qué son las anclas de carrera?

El modelo de anclas de carrera fue esbozado por Edgar Schein hace más de 40 años. Y lo que viene a decir es que cada uno tenemos una serie de inclinaciones naturales a la hora de tomar decisiones en nuestra carrera profesional.
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Schein define un «ancla de carrera» como «una combinación de áreas percibidas de competencia, motivaciones y valores relacionada con la toma de decisiones en la carrera profesional». Y lo que hace es identificar 8 anclas genéricas, con las que cada uno nos identificamos en mayor o menor grado.
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¿Sabes aquello de «la cabra tira al monte»? Pues las anclas de carrera son «el monte» al que cada uno de nosotros tiramos.

Decisiones profesionales

Seguro que, a estas alturas de la vida, ya has tenido que tomar alguna decisión relevante en tu carrera profesional. De hecho, desde que te planteaste «qué voy a estudiar» ya empezaste a tomar decisiones. Luego vienen más: qué tipo de trabajo me apetece, dónde voy a echar el curriculum, cómo me gustaría progresar en mi empresa, trabajo por cuenta ajena o por cuenta propia, cómo respondo a esta oferta que me han hecho, cuál quiero que sea mi próximo trabajo, qué estoy dispuesto a sacrificar por mi trabajo…
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Algunas de estas decisiones son buscadas, somos nosotros mismos quienes las impulsamos. Otras son sobrevenidas: se nos plantean sin esperarlas. Y en todo caso tenemos que elegir (incluso si la decisión es «no hacer nada al respecto»).
A la hora de decidir, podemos hacer un análisis más o menos racional. Buscamos datos, pensamos en ventajas o inconvenientes… Pero, al menos en mi experiencia, siempre hay una «vocecita interior» que de alguna manera te marca el camino. Te hace sentir que una opción puede ser para ti, y que otra ni de coña. ¿No te ha pasado a ti también?

Nadar a favor de la corriente

Esta «brújula interior», este compás, es lo que Schein define como «anclas de carrera». Y, aunque todos lo sintamos de alguna manera inconsciente, es interesante explorarlo de forma consciente. ¿Cuáles son mis anclas de carrera? Si lo sé, podré incorporar ese factor a mi toma de decisiones.
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¿Y por qué es importante? Porque, cuando estamos en una situación profesional que no está alineada con nuestras anclas… estamos incómodos. Es como nadar contra la corriente. Sí, se puede hacer, pero estás a disgusto y acabas agotado. Y es fácil engañarse a uno mismo, dejarse deslumbrar por determinadas promesas y tomar decisiones que, en el fondo, sabemos que no van con nosotros. A la larga lo acabamos pagando.
Por contra, cuando estamos en una situación profesional en línea con nuestras anclas… las cosas fluyen de otra manera. No quiere decir que todo vaya a ser fácil; pero al menos estaremos yendo a favor de nuestras inquietudes.

Conoce tus anclas

Para evaluar cuáles son tus anclas de carrera, existen cuestionarios (aquí en versión oficial, y aquí en versión «amateur»). Se trata de responder a una serie de preguntas, indicando si estás más o menos de acuerdo con las afirmaciones que te van planteando. «Para mí el éxito consiste en desarrollar mis capacidades técnicas o funcionales hasta convertirme en un experto» o «Me encuentro satisfecho con mi vida sólo cuando consigo alcanzar un equilibrio entre las exigencias de mi vida personal, familiar y profesional», por ejemplo.

No hay respuestas correctas o incorrectas. Se trata de responder «desde las tripas». Cuando yo he hecho el cuestionario, ha habido preguntas que «me han dejado frío», mientras que otras han resonado mucho (a favor o en contra). Y ésa es la cuestión: a través de esas respuestas sale a la luz lo que te mueve, lo que te motiva.
El resultado es un perfil de anclas de carrera, en el que se muestra por cuáles tienes más afinidad y por cuáles menos. Normalmente todos tenemos un poco de todo, pero también hay alguna que destaca. Y suele ser bastante revelador.

Éstas son mis anclas de carrera

Cuando hice la autoevaluación de anclas de carrera, las que me salieron más destacadas (y además con diferencia) fueron dos: autonomía/independencia y estilo de vida integrado.

  • La primera quiere decir que «tengo una necesidad primaria de trabajar bajo mis propias normas, que me cuesta ceñirme a las órdenes de otros y que prefiero trabajar solo». Salió porque he respondido de manera muy visceral a preguntas como: «Preferiría dejar mi empresa antes que aceptar un puesto que limite mi autonomía y libertad», «La oportunidad de realizar un trabajo según mis propios criterios, sin normas y limitaciones es más importante para mí que la seguridad» o «Alcanzo el éxito en mi carrera sólo si logro autonomía y libertad plena».
  • La segunda, que «veo la vida como un todo, y que más que equilibrar la vida personal y la profesional prefiero integrarlas. Y que puedo llegar a tomarme tiempo alejado del trabajo para dedicarlo a otras cosas». En este caso la visceralidad apareció ante frases como: «He buscado siempre oportunidades profesionales que no interfieran demasiado con mis preocupaciones personales y familiares» o «Preferiría dejar mi empresa antes que ocupar un puesto que comprometa mi atención a mi familia y vida personal».

Vamos, mi vivo retrato :D. Me resultó curioso ver «negro sobre blanco» algunas sensaciones internas que ya tenía de siempre. Y que, si miras las decisiones que he ido tomando a lo largo de los años, resultan bastante consistentes. Cualquiera que conozca mi trayectoria podrá leerla con facilidad en clave de esas dos anclas.
Nunca me han movido realmente otras motivaciones (como «ser un experto» o «ser directivo» o «la estabilidad/seguridad» o «el emprendimiento»…). A veces he podido creer que sí, y he tomado decisiones que me han llevado por caminos… donde más pronto que tarde he salido rebotado. Soy capaz de recordar situaciones, incluso conversaciones concretas, que estaban tan en contra de mis anclas que… buf, todavía me dan escalofríos.
Lo curioso, también, es darse cuenta de que estas anclas son las mías. Pero que otras personas tienen las suyas propias. Y que cada uno, enfrentado a la misma situación, elegirá de manera diferente. Lo importante no es elegir «lo correcto», sino elegir «lo correcto para mí».

[Entrevista] Proyectos en internet, con Óscar Feito

No puedo decir que le pase a todo el mundo. Pero sí tengo la sensación de que hay momentos, a lo largo de la carrera profesional donde mucha gente se plantea que le gustaría hacer «otras cosas». Especialmente si estás en el mundo corporativo. Te apetece tener algo propio, donde tú marques la pauta. Donde no dependas de nadie. Donde te puedas sentir realizado.
Internet ofrece un terreno estupendo para ello, y son (somos!) muchos los que lanzamos pequeños proyectos online. A veces, incluso, con vocación de negocio. Y si no dan para «ganarse la vida», al menos que te den la oportunidad de disfrutar.
Oscar Feito | Experto En Marketing Online
De todo ello hablo con Óscar Feito. Óscar lleva años generando contenidos valiosos para emprendedores online, tanto a través de su web como de su podcast (La Academia de Marketing Online), sus libros, sus formaciones y sus mentorías.
Durante la entrevista tratamos sobre:

  • las inquietudes que llevan a las personas a montar proyectos
  • las barreras que se lo impiden
  • la importancia del propósito para mantener la motivación
  • el daño que nos hacen las barreras mentales
  • los rasgos necesarios para afrontar un proyecto así
  • la dinámica de aprendizaje y adaptación continua en cualquier proyecto
  • el equilibrio entre teoría y práctica a la hora ir adquiriendo habilidades
  • el papel de burladero que a veces hace la formación
  • por qué nos cuesta seguir los métodos y hojas de ruta que se nos brindan (ya sabes, ¡sigue el camino de baldosas amarillas!)
  • la importancia de recordarse a uno mismo «por qué estoy haciendo esto» para superar los malos momentos
  • y unas cuantas cosas más…

Aquí tienes la entrevista completa:

Encontrarás este contenido en mi podcast sobre desarrollo personal y profesional en Ivoox, o también en mi podcast sobre desarrollo personal y profesional en iTunes). Y también suscribirte, comentar, compartir… ¡gracias!

Monetízate – Entrevista Andrés Pérez Ortega

¿Cuántas veces te toca pensar, a lo largo de tu carrera, «cómo me voy a ganar la vida»? Encontrar aquello en lo que puedes ofrecer a otros un valor que estén dispuestos a pagar es una de las claves de la vida profesional, y más en el caso del «knowmad«. De cómo hacerlo hablo con Andrés Pérez Ortega, amiguete, referente de «marca personal» y que además acaba de publicar un libro que se llama así: Monetízate.

Siempre me ha gustado el concepto de «ganarse la vida». Parto de la base de que «nadie nos debe nada«, y de que «tenemos que aportar valor» a otros para obtener algo a cambio. Y a partir de ahí tenemos que buscar nuestro sitio, uno en el que se alineen nuestras habilidades con «lo que otros están dispuestos a pagar».
No es un reto fácil. Durante mucho tiempo, la idea del «trabajo fijo» enmascaraba esa realidad. Especialmente en empresas grandes, se pierde la noción del valor (que si alguien te paga un sueldo y asume los costes derivados de tenerte contratado es porque aspira a ganar más dinero con tu trabajo de lo que cuestas…). Pero en el caso de empresas pequeñas, o de profesionales independientes, esa realidad es ineludible, te pongas como te pongas.
Pues sobre todo esto, sobre cómo afrontar esa realidad, y sobre cómo buscar maneras de «monetizar» nuestras habilidades y capturar el valor que aportamos a otros va esta entrevista. Y alguna cosa más…

PD.- Esta entrevista está recogida en mi podcast podcast Diarios de un knowmad. Si te gusta, puedes suscribirte en iVoox y en iTunes, comentar, recomendar, compartir…

Entrevistado en Kenso


Me hizo mucha ilusión que Jeroen y Enrique me propusiesen una entrevista para su podcast Kenso. Es un podcast que empecé a escuchar desde sus inicios, hace unos meses, y que me gusta por el tono, por el carácter variado de los invitados, y por los temas de los que trata. Me siento muy cercano a cómo enfocan la productividad, el desarrollo personal, la gestión de uno mismo…
Así que para mí fue un placer charlar durante un buen rato con ellos. Hablamos de consultoría artesana, de knowmads, de aprendizaje y de desarrollo de habilidades… Cuando acabó tuve la sensación de haber dejado un buen resumen de «mi forma de ver las cosas». ¡Mérito de los entrevistadores!
Puedes escuchar la entrevista en la web de Kenso, en cualquier aplicación de podcasts, o aquí mismo.

Tengo una oportunidad profesional: ¿qué hago?

Hoy publiqué un podcast un poco diferente a lo habitual. En vez de ser una reflexión genérica, más o menos inspirada en cosas del día a día, se trata de una «reflexión concreta». Resulta que ha aparecido en el horizonte una oportunidad profesional que, en los últimos días, me está haciendo rumiar de lo lindo. Baste decir que es la primera vez, en los últimos… ¿12 años?… que me estoy planteando en serio volver al redil corporativo
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Me pedía el cuerpo hacer la reflexión en voz alta, y eso he hecho.

¿Qué factores intervienen en la rumiación?

  • Lo económico (son unas condicionas majas, aunque luego te pones a quitar costes asociados y se limita un poco…)
  • El potencial de aportación de valor (al menos a priori la actividad encajaría en gran medida con cosas en las que yo puedo ser útil)
  • El impacto en el estilo de vida (básicamente volvería a gravitar de forma mucho más intensa en Madrid, base de operaciones incluida, con la familia en Aranda… con todo lo que eso supone)
  • Mi ambivalencia respecto al entorno corporativo (con una parte positiva, relacionada con lo social, con tener una organización que tira de ti… y otra negativa relacionada con la pérdida de grados de libertad, acrecentada por tantos años asilvestrado por mi cuenta)
  • El miedo (¿y si voy por ello, y sale mal? ¿y si no voy por ello y sale mal?)
  • El reconocimiento (está guay que haya quien te reconoce un valor)
  • Las posibles alternativas («si no hago esto… ¿qué? ¿lo que estoy haciendo me satisface? ¿es sostenible? ¿qué tengo que hacer para que lo sea? ¿tengo lo que hay que tener?»)
  • Cómo afecta a otras personas
  • Cómo afecta a la identidad que he ido construyendo todo este tiempo (¿es una renuncia? ¿una contradicción?), o a mis «proyectos alternativos» (o a la posibilidad de tenerlos)
  • Cuánto de lo que hago es inercia y cuánto decisión consciente
  • Si es (o no) una decisión hell yeah, si «hell yeah» es un criterio realista o una fantasía escapista

Decía en un tuit que «Hay decisiones evidentes para las que no hace falta usar ninguna herramienta de «toma de decisiones». Y hay otras complejas que ninguna herramienta te va a solucionar…» Y ésta es una de ellas.
Y aunque esto de rumiar puede ser (y lo es) agotador… también es una oportunidad de repensar cosas, una «piedra de toque» que debe servir para romper la inercia y tomar decisiones conscientes.
¡En esas estoy!