Entrevista a Antonio de Ancos

Conocí a Antonio de Ancos en una charla que di en Madrid sobre aprendizaje. En el turno de preguntas, me «atizó» con la pregunta que, a día de hoy, no se me ha olvidado.

«¿Y tú todo esto cómo lo haces?»

Luego hemos ido interactuando más, leyéndonos mutuamente, hemos comido y tomado algún café. Y hace un par de semanas pensé, «¿y por qué no le invito al podcast?».

Antonio se autodenomina «consultor en sentido común», aunque se disfraza de consultor SAP. Lleva 20 años por esos mundos de dios, conociendo todo tipo de organizaciones y proyectos, y acumulando historias. Tiene una visión muy clara de lo que es el mundo del trabajo, la consultoría, lo de ser freelance (o no), lo que tiene sentido y lo que no.

En nuestra conversación pasamos por muchos sitios relacionados con carrera profesional, con aprendizaje, con marca personal y redes sociales, con networking… y tantos otros.

¡Gracias, Antonio!

Monetízate – Entrevista Andrés Pérez Ortega

¿Cuántas veces te toca pensar, a lo largo de tu carrera, «cómo me voy a ganar la vida»? Encontrar aquello en lo que puedes ofrecer a otros un valor que estén dispuestos a pagar es una de las claves de la vida profesional, y más en el caso del «knowmad«. De cómo hacerlo hablo con Andrés Pérez Ortega, amiguete, referente de «marca personal» y que además acaba de publicar un libro que se llama así: Monetízate.

Siempre me ha gustado el concepto de «ganarse la vida». Parto de la base de que «nadie nos debe nada«, y de que «tenemos que aportar valor» a otros para obtener algo a cambio. Y a partir de ahí tenemos que buscar nuestro sitio, uno en el que se alineen nuestras habilidades con «lo que otros están dispuestos a pagar».
No es un reto fácil. Durante mucho tiempo, la idea del «trabajo fijo» enmascaraba esa realidad. Especialmente en empresas grandes, se pierde la noción del valor (que si alguien te paga un sueldo y asume los costes derivados de tenerte contratado es porque aspira a ganar más dinero con tu trabajo de lo que cuestas…). Pero en el caso de empresas pequeñas, o de profesionales independientes, esa realidad es ineludible, te pongas como te pongas.
Pues sobre todo esto, sobre cómo afrontar esa realidad, y sobre cómo buscar maneras de «monetizar» nuestras habilidades y capturar el valor que aportamos a otros va esta entrevista. Y alguna cosa más…

PD.- Esta entrevista está recogida en mi podcast podcast Diarios de un knowmad. Si te gusta, puedes suscribirte en iVoox y en iTunes, comentar, recomendar, compartir…

Entrevistado en Kenso


Me hizo mucha ilusión que Jeroen y Enrique me propusiesen una entrevista para su podcast Kenso. Es un podcast que empecé a escuchar desde sus inicios, hace unos meses, y que me gusta por el tono, por el carácter variado de los invitados, y por los temas de los que trata. Me siento muy cercano a cómo enfocan la productividad, el desarrollo personal, la gestión de uno mismo…
Así que para mí fue un placer charlar durante un buen rato con ellos. Hablamos de consultoría artesana, de knowmads, de aprendizaje y de desarrollo de habilidades… Cuando acabó tuve la sensación de haber dejado un buen resumen de «mi forma de ver las cosas». ¡Mérito de los entrevistadores!
Puedes escuchar la entrevista en la web de Kenso, en cualquier aplicación de podcasts, o aquí mismo.

Tengo una oportunidad profesional: ¿qué hago?

Hoy publiqué un podcast un poco diferente a lo habitual. En vez de ser una reflexión genérica, más o menos inspirada en cosas del día a día, se trata de una «reflexión concreta». Resulta que ha aparecido en el horizonte una oportunidad profesional que, en los últimos días, me está haciendo rumiar de lo lindo. Baste decir que es la primera vez, en los últimos… ¿12 años?… que me estoy planteando en serio volver al redil corporativo
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Me pedía el cuerpo hacer la reflexión en voz alta, y eso he hecho.

¿Qué factores intervienen en la rumiación?

  • Lo económico (son unas condicionas majas, aunque luego te pones a quitar costes asociados y se limita un poco…)
  • El potencial de aportación de valor (al menos a priori la actividad encajaría en gran medida con cosas en las que yo puedo ser útil)
  • El impacto en el estilo de vida (básicamente volvería a gravitar de forma mucho más intensa en Madrid, base de operaciones incluida, con la familia en Aranda… con todo lo que eso supone)
  • Mi ambivalencia respecto al entorno corporativo (con una parte positiva, relacionada con lo social, con tener una organización que tira de ti… y otra negativa relacionada con la pérdida de grados de libertad, acrecentada por tantos años asilvestrado por mi cuenta)
  • El miedo (¿y si voy por ello, y sale mal? ¿y si no voy por ello y sale mal?)
  • El reconocimiento (está guay que haya quien te reconoce un valor)
  • Las posibles alternativas («si no hago esto… ¿qué? ¿lo que estoy haciendo me satisface? ¿es sostenible? ¿qué tengo que hacer para que lo sea? ¿tengo lo que hay que tener?»)
  • Cómo afecta a otras personas
  • Cómo afecta a la identidad que he ido construyendo todo este tiempo (¿es una renuncia? ¿una contradicción?), o a mis «proyectos alternativos» (o a la posibilidad de tenerlos)
  • Cuánto de lo que hago es inercia y cuánto decisión consciente
  • Si es (o no) una decisión hell yeah, si «hell yeah» es un criterio realista o una fantasía escapista

Decía en un tuit que «Hay decisiones evidentes para las que no hace falta usar ninguna herramienta de «toma de decisiones». Y hay otras complejas que ninguna herramienta te va a solucionar…» Y ésta es una de ellas.
Y aunque esto de rumiar puede ser (y lo es) agotador… también es una oportunidad de repensar cosas, una «piedra de toque» que debe servir para romper la inercia y tomar decisiones conscientes.
¡En esas estoy!

Cuando no hacemos lo que hacemos

¿Qué es lo que hacemos?

«Somos buenos cuando hacemos lo que hacemos por todo lo que hacemos cuando no hacemos lo que hacemos»

Espera, ¿qué es este trabalenguas?
Tiene sentido. Creo. A ver si soy capaz de explicarlo.
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Hablábamos el otro día mi amigo/compinche Alberto y yo. Hacíamos revisión de estos últimos meses de trabajo conjunto, y uno de los elementos que salían a la palestra era la «productividad», o mejor dicho, el volumen de horas «efectivamente trabajadas».
En consultoría, a la hora de hacer el reporte de horas, había un concepto que era el de «cargabilidad«. De todas las horas de tu jornada laboral… ¿cuántas son directamente imputables («cargables») al cliente? Obviamente, desde el punto de vista de la empresa, el ideal sería el 100%; ése sería un recurso aprovechado hasta el último segundo. Cuanto más alejado estés del 100%, más problemas… quiere decir que muchas de tus horas «no las está pagando el cliente». Y si eso se generalizaba, o duraba mucho tiempo… estabas en peligro.

Baja cargabilidad

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La cuestión es que, si tomásemos esa medida de «cargabilidad», la nuestra podríamos decir que es baja. O sea, que el tiempo dedicado a sesiones de trabajo con el cliente, a elaboración de documentos, a trabajo «tangible»… podría ser mayor. Hay tiempo dedicado a la lectura, a pasear, a estar con la familia, a rumiar, a explorar, a divagar… y ahí es donde vino la frase: «somos buenos cuando hacemos lo que hacemos por todo lo que hacemos cuando no hacemos lo que hacemos».
«Lo que hacemos» es el trabajo para los clientes. Lo «facturable».
«Lo que hacemos cuando no hacemos lo que hacemos» es todo lo demás. Y la tesis es que, para hacer bien «lo que hacemos», es importante dedicar tiempo a «lo que hacemos cuando no hacemos lo que hacemos».

¿Y qué hacemos cuando no hacemos lo que hacemos?

Si la cargabilidad es baja, si hay muchas horas que no dedicamos a «hacer lo que hacemos»… ¿A qué dedicamos el resto del tiempo?

  • Prepararnos: cada reunión, cada sesión de trabajo, cada documento… conlleva tiempo de darle vueltas, de plantear enfoques alternativos, de planificación. Por eso, cuando llega el momento, las cosas salen bien.
  • Reflexionar: después de cada interacción con el cliente hay un tiempo para pensar, para hacer una retrospectiva y ver qué fue bien, qué podríamos hacer diferente, cómo conseguimos que la siguiente vez sea mejor. Eso beneficia a este cliente en concreto (si hay más interacciones), y a los que vengan después.
  • Formarnos: porque la vida es un aprendizaje continuo, porque no te puedes quedar atrás. Hay que leer, hay que practicar, hay que seguir profundizando en tus conocimientos y habilidades, ampliando tu caja de herramientas… para estar en la mejor disposición posible cuando llegue el momento de ponerlas en acción.
  • Explorar: porque el mundo no deja de girar, y de generar novedades. Hay que estar con un ojo abierto en lo que sucede, para ver por dónde van las tendencias, qué cosas puedes incorporar a tu forma de ver el mundo, cómo afectan a lo que haces…
  • Experimentar: plantearte cosas nuevas, darles forma, ver qué tal salen… algunas cuajan, otras no. Pero si no dedicas tiempo a esto, luego no puedes esperar que las cosas aparezcan de la nada.
  • Diverger: dedicar tiempo a otras cosas que a priori no tienen nada que ver. Satisfacer nuestra curiosidad por otros sectores, otras actividades. Ficción. Música. Viajes. A veces el silencio. Nunca sabes dónde la serendipia te va a ofrecer conexiones; o, simplemente, oxigenas y dejas que el cerebro vaya trabajando en segundo plano.
  • Conectar: cuidar tus relaciones. Tu familia, tus amigos. Tiempo para estar con ellos, para escucharles, para ayudarles, para compartir. Tu red social (la de verdad, no la de las apps) es tu sostén, fuente de energía, y también (a veces) fuente de oportunidades.
  • Reconectar: con nosotros mismos. Con nuestro estado emocional, con nuestros valores, con nuestros objetivos, con nuestros hábitos. Parar, escuchar, y gestionar. Consciencia para dirigirnos a nosotros mismos.
  • Movernos: mens sana in corpore sano. Mover el cuerpo, sacarlo a la calle, ejercitarlo, exponerlo al sol y al aire fresco. Afilar los sentidos y el pensamiento.
  • Descansar: dormir, relajarse, recuperar. Alejarnos del mundanal ruido siguiendo, como decía Fray Luis de León, la escondida senda por donde han ido los pocos sabios que en el mundo han sido.

El delicado equilibrio

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Todas estas cosas contribuyen a que, cuando «hacemos lo que hacemos», salga bien. Estamos descansados, frescos. Equilibrados con nosotros, con nuestro entorno. Preparados, con nuestras herramientas afiladas, con atención plena. Con capacidad de incorporar aprendizajes, evolucionar, mejorar. Y cada vez mejor.
Claro, todo necesita de un adecuado término medio. Porque dedicar todo tu tiempo a «producir» hace que, más pronto que tarde, acabes fundido, obsoleto, desanimado. Pero dedicar todo tu tiempo a «todo lo demás» será muy estimulante, pero no te da de comer.
La cuestión es… ¿dónde está tu equilibrio?
 

El knowmad y las despedidas

Cabalgando hacia el ocaso

Hay una imagen muy del cine clásico. El cowboy, una vez arreglados sus asuntos en el pueblo de mala muerte al que el destino le llevó, se monta su caballo y se dirige hacia el ocaso, sin mirar hacia atrás…
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Es una imagen que me viene a la cabeza cada vez que termino un proyecto profesional. Pasas varias semanas, meses, a veces incluso años… vinculado a un proyecto, a un grupo de personas… y llega un día que el proyecto termina. Y tú ya no pintas nada allí, es el momento de subirte a tu caballo y marchar en busca de nuevas aventuras.
Estas despedidas nos suceden a todos, en la vida personal y en la profesional. Pero en la vida del knowmad son consustanciales a nuestra forma de trabajar. Nuevos clientes, nuevos proyectos, relaciones intensas por periodos definidos de tiempo… que luego se diluyen irremediablemente.

No es culpa de nadie

Hace unos días precisamente comía con una persona «del pasado», compañera de fatigas en uno de mis proyectos con la que sí he mantenido buena relación. Después de un rato me preguntó: «oye, y de aquí de la empresa, ¿con quién tienes contacto?». Y me puse a contar… y me sobraban dedos de una mano.
Durante mucho tiempo viví esa realidad con cierta frustración. ¿Por qué era incapaz de mantener esas relaciones a lo largo del tiempo? Si, alguna mantienes, pero la mayoría se van difuminando. ¿Será culpa mía, debería haber hecho más esfuerzo? ¿O son los demás, que también podían poner algo de su parte?
Tardé en darme cuenta de que no es culpa de nadie. Que simplemente las cosas son así. Cada uno tenemos nuestro camino. Ocasionalmente otros caminos se acercan al nuestro, y transcurren paralelos durante un tiempo. Y luego se separan. Pero no es uno el que se separa del otro, ni el otro del uno… es que cada uno sigue su trayectoria.

Cotidianidad

Hablaba Javier Marías en una columna de las amistades desaparecidas. Y cómo, si bien hay relaciones que sabes por qué desaparecen (un malentendido, una discrepancia…) hay otras que simplemente se diluyen como azucarillos en el agua.

«Pero demasiadas veces no sabemos por qué se desvanece una amistad […] No ha habido riña ni roce, ofensa ni decepción. Poco a poco desaparece de nuestra cotidianidad, o él nos hace desaparecer de la suya»

Quizás sea ése el concepto clave. La «cotidianidad». Las relaciones necesitan del sustrato de un tiempo y un espacio compartidos. Sin ellos, por mucha buena voluntad que pongamos, la relación se marchita. Y al final, nuestro tiempo y nuestro espacio son limitados, y cambian, y no dan para mantener en ellos a todas las personas que alguna vez los habitaron.
Así que, en vez de sentir frustración, resentimiento… quizás lo que toca es aceptarlo como una realidad inevitable, y sentirse afortunado por el tiempo compartido sin descartar, quién sabe, que los caminos se vuelvan a cruzar en el futuro…

Así me despedí yo…

En la despedida de uno de mis proyectos más intensos redacté unas líneas. El último párrafo decía así…

«Termino ya; ha llegado el momento de separar nuestros caminos. He hecho esto el número de suficiente de veces como para saber lo que va a pasar. Con suerte, el tiempo me permitirá mantener un puñado de amigos de toda esta etapa; pero con la mayoría, las ocasiones de vernos irán desapareciendo. En todo caso, me daré por satisfecho si pasados los años os queda un recuerdo agradable, personal y profesional, de mí. Por mi parte no tengo claro qué me deparará al futuro; lo que sí os puedo asegurar es que cuando recuerde estos días sentiré un pellizco de nostalgia, y pensaré en lo afortunado que he sido por compartir este tiempo con vosotros.»

Y así, con estas palabras, me subí a mi caballo y me dirigí al ocaso.

PD.- Como ves, he añadido un episodio del podcast Diarios de un knowmad dedicado a este tema. Si te gusta, puedes suscribirte en iVoox y en iTunes, comentar, recomendar, compartir…

El vértigo de estar por tu cuenta

Angustia
Hace unos días me confesaba un amigo, que daba sus primeros pasos como «profesional independiente», la montaña rusa emocional en la que se encontraba. Después de unas semanas de optimismo desbordante, afrontaba una etapa más oscura, de miedo y dudas paralizantes, de noches sin dormir.
Le entendí tan bien…
Salir a «campo abierto» tiene un primer efecto euforizante, «soy dueño de mi propio destino, las posibilidades son infinitas, todo está en mi mano». Pero hay fases de agorafobia profunda, «qué voy a hacer yo, ¿estoy yendo a algún sitio?, no tengo ni idea de por dónde ir, quién me manda, y si no funciona, yo no valgo para esto, los hay mucho mejores que yo». Pasa un día, pasa otro, lo que pensabas que iba a funcionar no funciona, te agobias. Es así, le pasaba a mi amigo, como me pasa a mí, y le pasa a todo el mundo… solo que esa parte la barremos bajo la alfombra y tendemos a comérnosla en solitario.
Cuando vienen esas etapas oscuras, empezamos a añorar la otra situación. La de trabajar por cuenta ajena, la de estar metidos en una rueda donde hay otros que marcan nuestro día a día (sin recordar lo hasta el gorro que estábamos de reuniones inútiles, de jefes que dan bandazos, de politiqueo asqueroso, de no ser dueños de nuestro tiempo…), la de la nómina calentita al final de mes. Empezamos a sentirnos como Ícaro, a reprocharnos a nosotros mismos que quisimos perseguir una quimera y acabamos volando demasiado cerca del sol. Debimos conformarnos con lo que teníamos, ¿quién nos creímos que éramos?.
Pero la realidad es que ese «mundo feliz» que añoramos no existe. Me lo contaba un antiguo jefe con el que charlaba de estas cosas: «No te pienses que trabajando por cuenta ajena la situación es muy distinta; si no vendes, si no eres rentable, las organizaciones prescinden de ti. Quizás tengas unos meses más de margen de maniobra, pero la realidad es la misma». Lo decía él, socio de consultoría, que era el responsable directo de generar negocio. Pero al final, todo el que trabaja por cuenta ajena está en la misma situación: dependes de que el negocio vaya bien, dependes de que tu trabajo sea rentable. Si no, cualquier día llega el recorte, el ERE, el finiquito… y estás en las mismas. Pensar que por «tener un empleo» eres inmune a la dinámica del mercado es querer ponerse una venda en los ojos, una ficción de cartón piedra para tranquilizar la conciencia. Pero el día menos pensado se cae la venda y te enfrentas a la cruda realidad.
Así que no queda otra que, partiendo de la aceptación de la realidad, y asumiendo la gestión de las emociones que de forma inevitable van a ir surgiendo, seguir adelante. La parálisis no es una opción, hay que seguir. Seguir andando nuestro camino, seguir probando cosas, seguir fallando, seguir corrigiendo. Seguir buscando, seguir aprendiendo.

El knowmad y el curriculum: herramientas antiguas para nuevas realidades

«¿Me mandas un curriculum para los de RRHH?». Me quedé pensando. ¿Un curriculum? ¿Cuánto hace que no hago mi curriculum? Debo tenerlo por ahí, por algún lado. Buf. ¿Y cómo consigo que refleje lo que soy?

Hacía ya varios años que había dejado de tener (y de buscar) «un puesto de trabajo». Mis actividades profesionales eran variadas, proyecto a proyecto. Cuando surgió la oportunidad de colaborar con una empresa, mi contacto me pidió ese curriculum porque los de RRHH querían participar en el proceso de «selección». Y en fin, hice lo que pude, pero con la misma sensación que tendría si me hubiesen pedido «enviar un fax»: usando una herramienta extrañamente obsoleta para mí.

La nueva realidad del mundo profesional

Bueno, digo «nueva» aunque realmente llevamos años adentrándonos en ella y algunos directamente viviéndola. Pero una cosa es la teoría y otra la práctica, una cosa somos los «raros» y otra como funcionan las organizaciones en general. Y los teóricos del management nos hablan de organizaciones líquidas, o de organizaciones abiertas o de la «gig economy«, pero mantenemos la tendencia a situar esas realidades en el «futuro del trabajo» o a referirnos a «la próxima generación de empleos«.
En realidad, estamos en esa etapa de transición entre «lo viejo» y «lo nuevo». Tenemos la sensación (o la constatación) de que «lo viejo» ya no funciona, pero nos cuesta abrazar «lo nuevo». Y ante esa incertidumbre, por mucho que sepamos recitar el discurso racional, pocos son los que lo afrontan con todas las consecuencias, y nuestros comportamientos tienden a refugiarse en lo conocido. Somos lo que hacemos, y no lo que decimos que hacemos.

El knowmad, el perfil profesional del ¿futuro?

Hace ya tiempo que decidí adoptar la bandera del knowmad como gran definición de los nuevos perfiles profesionales.

Soy un conjunto de habilidades que se van desarrollando y consolidando en el tiempo. Soy unos valores y una forma de ser que determina cómo me comporto. Soy un conjunto de intereses variados y eclécticos, que además no son estables en el tiempo si no que evolucionan. Soy también la gente a la que conozco y con la que me relaciono. Todo eso, y más, es una mezcla en constante ebullición que cristaliza de múltiples y variadas formas que hacen difícil reducirlas a una o dos etiquetas tradicionales.

Todos somos, en gran medida, knowmads. No somos «una profesión», no somos «un puesto de trabajo». Y está bien que así sea, porque los puestos de trabajo nacen, evolucionan y desaparecen. Las propias «profesiones» tienen cada vez una fecha de caducidad más corta. En realidad cada vez hay más trabajos, pero menos puestos de trabajo. A veces ese trabajo se plasma de una manera, a veces de otra. A veces se consolida durante más tiempo, a veces durante menos. A veces hay tres en paralelo, y a veces ninguno. A veces cristaliza en una relación formal (¿laboral? ¿mercantil? ¿empresarial?) y a veces es puramente informal. Todo fluye, y más nos vale estar en disposición de fluir nosotros también aunque sea incómodo.

Las limitaciones del curriculum

El curriculum tradicional es una herramienta adaptada a una realidad que es cosa del pasado. Un mundo donde estudiabas una carrera o te iniciabas en un oficio, abrazabas una «profesión», encontrabas «trabajo de lo tuyo» y dentro de esa profesión ibas encadenando «relaciones laborales» con distintos empleadores, ocupando distintos «puestos de trabajo» con su título bien establecido y una lista de funciones y responsabilidades perfectamente definidas. Una herramienta lineal, de la que se esperaba coherencia (empezar por un sitio e ir «creciendo» dentro de ese mismo ámbito) y continuidad (Dios nos libre de tener «un hueco en el curriculum»). Una herramienta que cada vez es más incapaz de reflejar la nueva realidad profesional:

  • Porque no deja sitio a los proyectos paralelos. Porque se supone que en cada momento tienes una única dedicación profesional. ¿Cómo que estás inmerso en dos, tres o cinco proyectos paralelos, en el que cada uno aplicas una combinación distinta de tus habilidades? No, no, aquí hay que poner lo que usted «es». ¿Cómo que es todo eso y más?
  • Porque le cuesta reflejar las relaciones abiertas. Una posición, un empleador, una fecha de inicio y una de fin. ¿Cómo que ha tenido una relación de intensidad variable con esta organización? ¿Cómo que esa relación no ha sido con una organización, si no con personas concretas con las que ha ido colaborando en distintos momentos? ¿Cómo que esa relación ha ido fluctuando como el Guadiana, a veces sí, y a veces no? No me vuelva loco.
  • Porque se lleva mal con el perfil polímata. Usted es una cosa, o es otra. Como mucho le permito decir que durante un periodo fue una cosa, y después cambió para ser otra (y ya me puede explicar bien clarito la lógica de ese cambio, que obviamente implica abandonar lo anterior para siempre).
  • Porque divide la realidad en tiempo «productivo» e «improductivo». Uf. Si no estaba empleado por alguien… estaba en el paro, ¿no? La idea de que no tienes un empleador pero estás haciendo algo de valor, o invirtiendo para generar valor futuro, o haciendo proyectos sin rentabilidad directa… Dígame al menos que está apuntado a un master, que ese hueco en su trayectoria es impensable. Y si tenía un puesto de trabajo, todo bien: poco importa que se tirase años adocenado, lo importante es que tenía una nómina.
  • Porque es determinista respecto al pasado: si has tenido una trayectoria, mucho cuidado con meter un giro de guión. Si usted estudió esto, y durante quince años ha trabajado de esto, sólo puede ser esto.
  • Porque se lleva mal con la exploración. Al fin y al cabo, hablamos de «trayectoria profesional». Trayectoria, camino recto o cuanto menos claramente definido. ¿Explorar, innovar, probar, equivocarse?. No, no, usted tiene que presentar el camino que ha seguido sin titubeos, que eso de titubear está mal visto.
  • Porque da un papel secundario a las habilidades. No es que se ignoren, pero sí están subordinadas al vector «puesto de trabajo». Me puede contar sus habilidades, sí, pero explicándome cómo se manifestaron mientras desempeñaba un puesto de trabajo concreto.

«Freelance», un mal parche

En algún momento, ante la presión por «encajar en el curriculum», te surge la idea de etiquetarte como «freelance». O de crear tu propia empresa/marca, que parece que le dé empaque a tu situación y sirva como aquellos adaptadores que permitían usar mp3 en reproductores de cassette. Soy un knowmad, sí, pero me disfrazo de «freelance» o de «marca» y así por lo menos puedo poner algo.

Pero no es suficiente. Porque al freelance y a la marca se les supone una cierta cohesión interna. Usted es freelance, vale… ¿pero a qué se dedica? ¿Cuáles son sus servicios? No me puede decir que «a veces una cosa y a veces otra». «Freelance» se refiere más a la «relación contractual», pero la expectativa es similar a la del «puesto de trabajo». Vale, usted es freelance, establece relaciones mercantiles… pero concretas y sobre un tema específico, no me venga con líos. Lo mismo se puede decir respecto a las marcas, que llevan peor si cabe la falta de foco y concreción, aparte de lo absurda que acaba siendo esa tendencia a aparentar ser más de lo que uno es («Nuestra empresa»… «nuestros servicios»… «nuestros profesionales»… ¡si eres tú contigo mismo!). Al freelance, y a la marca, no tardan en saltárseles las costuras.

Entonces, ¿cuál es la solución?

Personalmente llevo tiempo dándole vueltas y explorando formas de comunicar mi realidad profesional que se adapten mejor a lo que soy y a lo que creo que es la forma de trabajar «del futuro» . Utilizar una nube de tags que dé visibilidad a la vez a muchos de tus vectores (profesionales y personales), hacer un listado no lineal ni exhaustivo ni con intención de coherencia para explicar cosas que he hecho, preguntar y dar visibilidad a lo que la gente dice de mí, publicar cientos de artículos a lo largo de los años, visibilizar mi red de contactos
Lo bueno es que, con estas fórmulas alternativas de «mostrarse al mundo», pueden conocernos con un nivel de profundidad, detalle y matices que ningún curriculum podrá jamás acotar. «Para quién he trabajado», «en qué años» y «en qué posición» es una información mucho menos relevante que todo lo que podemos poner a disposición (cómo soy, qué pienso, cuáles son mis habilidades, a quién conozco, con quién me relaciono, cómo trabajo…) a través de estas vías. Eso sí, exige tomarse alguna molestia más que mirar por encima un folio de papel.

A veces pienso que, desde un punto de vista de las empresas y más concretamente de la función de selección, se cae en el «síndrome de la farola«. Son como aquel borracho que buscaba las llaves bajo una farola porque allí había luz, aunque fuese consciente de que las llaves se le habían caído en otro sitio. El curriculum se sigue utilizando porque es cómodo, porque es conveniente; es la luz de la farola. Y parece que poco importa que las llaves estén en otro sitio.
Desde fuera, diría que esto es un problema para las organizaciones; pero ellas sabrán. En lo que a mí respecta, cada día estoy más cerca de abandonar por completo la idea de «hacer un curriculum». Confieso que todavía hay dentro de mí cierta sensación de incomodidad, una reminiscencia de las «viejas formas de hacer»; si una empresa me pide un curriculum, aunque yo piense que  no sirve de nada y que no refleja bien lo que soy, se lo tendré que dar. Porque la empresa manda, y es una oportunidad que no puedes dejar pasar… ¿verdad? Pero francamente, cada día veo con mayor claridad que, a lo mejor, el mero hecho de que una empresa que quiera comenzar la relación por un curriculum es una señal de advertencia.

El carácter no lineal del trabajo del conocimiento

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«En una tarde provechosa, puedes hacer el trabajo de una semana. Y luego tardar una semana para hacer el trabajo de una tarde»
Leía el otro día un artículo en el que se hablaba de «diseñadores», pero en el que muchas de las reflexiones eran perfectamente extrapolables a otros ámbitos relacionados con los «trabajadores del conocimiento«.
Esta noción del trabajo «no lineal» resulta difícil de entender desde una perspectiva más industrial, de procesos. La «máquina de embutir carne» a la que se refiere la captura es un modelo que responde muy bien a determinados tipos de trabajo (*): recibes inputs, los procesas a un ritmo constante, y produces. Y si por lo que sea no eres capaz de trabajar a ese ritmo, ya encontraré a alguien suficientemente hábil (persona o robot) como para hacerlo. Recoger tomates, servir mesas, hacer cafés, empaquetar en una línea de producción, teclear en una máquina de escribir. Pim, pam, pim, pam.
Pero hay otras actividades donde este modelo simplemente no funciona. Y no es una cuestión de considerarse «mejor», o «más listo»; simplemente el cerebro tiene sus mecanismos, sus formas de actuar. Que se pueden optimizar, sí, pero que en última instancia tienen una naturaleza en la forma en la que somos capaces de procesar y relacionar la información que no está sujeta a «ratios de productividad».
Esta forma de producir no siempre es fácil de entender o de gestionar. La vida real tiene plazos, rentabilidades, compromisos varios, y es un dolor (para el «protagonista» el primero) dejar que el cerebro vaya trabajando a su ritmo con un margen de maniobra limitado para controlar su rendimiento. ¿Cuándo voy a tener esa idea brillante? ¿Cuándo van a encajar las piezas? ¿Cuándo voy a dar con la tecla? No lo sé. Espero que pronto, pero a lo mejor no. «Pues esto corre prisa». Pues vale. «Pero cómo te va a llevar tanto tiempo». Pues ya ves. «Lo que pasa es que estás ahí mirando las musarañas, tío vago». Acabáramos; crees que esto es cuestión de «dedicación», y en gran medida no lo es.
(*) Tengo mis reservas respecto a esta visión taylorista/deshumanizada del trabajo, en el sentido de que aunque «sea posible» no me parece «deseable»; pero ésa es otra historia.

Historias de profesionales independientes: Maider Gorostidi

(Esta entrevista pertenece a la serie de «Historias de profesionales independientes«, puedes ver más en este enlace)
Continúo con la serie de profesionales independientes. Esta vez la protagonista es Maider Gorostidi, y su proyecto Funts Project. Dentro de esta serie de entrevistas, el caso de Maider es importante para mí, porque es la primera vez que salgo de mi «círculo inmediato»; sí, hay conocidos comunes, y compartimos mundillo de «cambio organizativo» y «consultoría artesana», pero no dejaba de ser abordar a una persona sin la seguridad que te da el tener una relación previa. Así que estoy doblemente agradecido a Maider, por haberse dejado «asaltar» y permitirme explorar más allá del terreno conocido, y dejarme hurgar en su vivencia como profesional independiente.

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Cuéntanos un poco tu trayectoria profesional, ¿cómo has evolucionado? ¿cómo llegaste a ser un “profesional independiente”?
Llegué a ser profesional independiente hace un año y medio. Tengo 43 años. Creo que este era un paso más en mi desarrollo profesional. Hace unos años hice análisis de mi trayectoria profesional y me di cuenta de que tenía patrones que se repetían cada 3 años: empezaba un nuevo trabajo en una nueva organización o en otro departamento y al de 3 años sentía “un techo” al que había llegado. Tenía la sensación de que yo ya no iba a aportar más al lugar en el que estoy y de que ese lugar o trabajo tampoco me iba a aportar más. En esos ciclos se produce un “choque” y es este el que me hace avanzar hasta donde estoy hoy.
Confieso que estos ciclos han sido dolorosos porque, culturalmente, tampoco estamos acostumbrados a que sea algo natural la necesidad de cambio; vivimos más en un estado de semi-resignación y cultura de permanencia que de cambio. Y esto no me ha ayudado a que los procesos de transición hayan sido tranquilos. En ocasiones los he vivido con sentimiento de culpabilidad por sentir esa punzada de insatisfacción recurrente.
Pero lo positivo que acompañaba estos procesos siempre ha sido el impulso, la necesidad de hacer cosas diferentes, de aprender algo nuevo, de sentir la tensión del reto; a esta sensación se le une, en esta última etapa, la necesidad de hacer algo propio, algo que cree yo.

Culturalmente, no estamos acostumbrados a que sea algo natural la necesidad de cambio; vivimos más en un estado de semi-resignación y cultura de permanencia que de cambio.

 
¿Qué es FuntsProject, y qué buscabas con el proyecto?
Buscaba crear algo propio y crear algo en lo que creo.
En estos momentos, tras haber vivido varios «ciclos profesionales» de esos a los que te referías… ¿dirías que te has «acostumbrado» a esa sensación de cambio? ¿cuentas ya con la idea de que, dentro de X tiempo, volverás a estar en esa disyuntiva? ¿Te preparas para «asomarte al vértigo» de alguna manera; dirías incluso que lo buscas?
Paradójicamente, en el momento de mayor incertidumbre de mi vida profesional el futuro no me preocupa. Sé que se cerrarán fases y se abrirán otras nuevas, pero “me trabajo” para no reproducir patrones que no me ayudan. Creo que el vértigo está presente en mi opción profesional como autónoma, profesional independiente; pero también siento que el crecimiento es exponencial cuando soy capaz de afrontar ese vértigo. En ese sentido, y respondiendo a tu pregunta de si lo busco o no, te diré que conscientemente no lo busco, pero tengo conciencia y experiencia del poder del subconsciente y no me extrañaría que desde ahí fuese una situación buscada.
¿Qué es lo que más valoras de ser “profesional independiente”?
La diversidad. Trabajar con gente distinta, trabajar en proyectos diferentes, trabajar para organizaciones diversas y hacer distintos tipos de trabajos.
La libertad de la autogestión, con el peligro que eso supone por el “enganche” que produce trabajar en aquello que te gusta y de la manera que te gusta.
El contraste, la compañía. En mi caso, embarcarme con alguien en esta andadura. Tener contraste diario de lo que hacemos.
¿Cuáles son las mayores dificultades que ves en el camino de un «independiente»?
Como mujer, madre y compañera, la desconexión de mi trabajo. Disfruto con lo que hago y de lo que hago. Trabajo en mi casa y me resulta complicado dejar de trabajar y activarme en modo, por ejemplo “madre”. Esto me obliga a estructurar mejor los tiempos y las dedicaciones y a controlar la necesidad de seguir haciendo.
En mi caso particular, vender lo que hago. El acompañamiento en el cambio en las organizaciones no siempre se ve ni se prioriza. Necesitamos facturar para vivir y, como decía una amiga mía: “ahí fuera hace mucho frío”.
El aguante, la paciencia que se necesita para resistir momentos más bajos en los que las cosas no salen como una desea.
En ese proceso de venta, que planteas como «dificultoso»… ¿qué estrategias te planteas? ¿Cómo sería tu proceso de venta?
El proceso de venta es una conversación, un diálogo donde pretendo conocer “al otro” y ofrecerle una mirada desde mi lugar por si le pudiera servir. Las herramientas que tengo las pongo a disposición de la propuesta que trabajemos. Esta manera de hacer o vender no es sencilla pero es en la que creo. Planear sobre hipótesis para construir posibilidades conjuntas de abordarlas.

El proceso de venta es una conversación, un diálogo donde pretendo conocer “al otro” y ofrecerle una mirada desde mi lugar por si le pudiera servir

En esa necesidad de «facturar para vivir» muchas veces corremos el riesgo de perder el foco, de hacer «trabajos alimenticios» que no son lo que nos habíamos propuesto y así diluir nuestros esfuerzos. ¿Cómo gestionas tú ese equilibrio?
De momento no me he visto en la situación extrema de tener que aceptar “trabajos alimenticios” pero no porque haga cosas que según ojos ajenos puedan desviarse de nuestro propósito, seguro que hay gente que lo ve así. A todos los trabajos que hago, aunque no parezcan centrados en lo que en apariencia nos “atañe”, les encuentro un sentido y me parecen una oportunidad de aprender algo nuevo.
¿Qué estrategias sigues para intentar «separar» (o «combinar mejor», quizás) esas facetas profesionales/personales que tanto se nos suelen mezclar?
No puedo parcelar mi vida, soy un todo y ambas facetas se alimentan. Tengo la suerte de compartir proyecto de vida con alguien que también piensa y vive así.

No puedo parcelar mi vida, soy un todo y lo profesional y lo personal son facetas que se alimentan

¿Qué habilidades crees que son fundamentales cuando uno está por su cuenta?
Paciencia, como decía antes, para afrontar tormentas.
Tener una buena red de apoyo y contraste, de confianza, que te ayude a crecer.
Saberte siempre incompleta y actualizarte constantemente en habilidades o conocimientos propios de la profesión.
Tener un hobby o más de uno que te ayude a “salir” de tu monotema.
Disfrutar con la sensación de reto.
Compartir sin pensar en que compites con otras personas que hacen cosas similares.
Conversar mucho y bien.
Aprender de otras personas y enseñar a otras personas.
Asomarte al vértigo cada “x” tiempo para avanzar.
Hablas de la importancia de la «red de apoyo» y del contraste. ¿Cómo enfocas tú el desarrollo y cuidado de esa red?
Llamadas, cafés, comidas, skypes, que mensualmente se buscan, se provocan, se cuidan para que sucedan. En esos encuentros hablo de las cosas en las que estoy y pregunto a esas personas de la red en qué cosas están.
También confío en mi capacidad para conectar ideas aunque obedezca a la mera intuición. En ocasiones, mientras escucho a las personas con las que he quedado, no sé si llego a comprender del todo lo que me quieren decir pero lo que escucho me conecta a otras conversaciones u otras personas. Tener la libertad de expresarlo, de hablarlo con todas esas personas, de contrastarlo y de intentar hacer algo con esos hilos transparentes es cómo yo enfoco ese cuidado y desarrollo de la red. Hacer esto con frecuencia es un lujo porque hay mucha gente muy interesante alrededor.
¿Qué herramientas utilizas para facilitarte el trabajo?
Ordenador, libros, buenas bases de documentación y búsqueda de información para la investigación. Aplicaciones en red de archivo y gestión de documentación, accesible, sencilla y gratuita.
¿Qué reacciones sueles encontrar a tu alrededor (entorno familiar, amigos, conocidos, etc.) cuando conocen tu forma de trabajar?
De mis pares hubo un reconocimiento de “valentía” por dar el salto y establecerme mi cuenta. Algunas personas manifestaron sentir envidia y reconocían que no podían permitirse esa situación.
A medida que avanzo en mi trabajo, algunas personas no entienden a lo que me dedico al no ser una actividad fácil de encasillar en trabajos clásicos.
Hay quienes confiesan que les gustaría gozar de la libertad de la autogestión y el trabajo desde el domicilio propio.
¿Y en el ámbito profesional? ¿Qué reacciones sueles encontrar de posibles clientes, etc. cuando conocen tu forma de trabajar?
Ninguna extraña de quienes conocen esa manera de trabajar.
¿Cómo crees que evolucionará el mundo del trabajo? ¿Qué rol crees que jugarán los profesionales independientes en él?
El futuro del mundo del trabajo me lo imagino mixto, un espacio donde convivirán estructuras y trabajos de todo tipo, más clásicas, más modernas. Todo ello convivirá en el ecosistema laboral.
Los profesionales independientes son pequeños nodos que se juntan en función de las respuestas a armar para las necesidades que se tengan que hacer frente. Rápidas, variadas, complementarias, pueden llegar lejos. Son necesarios por su versatilidad, flexibilidad, adaptabilidad. Las empresas tienen en los profesionales independientes el recurso fácil a la hora de contratar para desarrollar proyectos distintos en sus propias organizaciones: más rapidez para crear productos o servicios distintos sin que la empresa arriesgue demasiado.
Cuando hablamos de las empresas que trabajan con profesionales independientes… ¿cómo crees que es el encaje actualmente? ¿qué crees que podría hacerse mejor, tanto desde el punto de vista de la empresa como de los profesionales, para que esas relaciones fuesen más fluidas?
Creo que el valor del profesional independiente en la empresa es positivo, no tanto por el profesional en sí o sus conocimientos como por el lugar que le otorga la empresa en la relación que establecen. Es ese “externo”, ese “ajeno”, ese con el que no existe una relación jerárquica. Y esto también sucede desde el lado del profesional: se siente libre para hablar, opinar, aflorar cuestiones que estando dentro del sistema tal vez no haría. Creo que el lugar en el que ambos interlocutores se sitúan es positivo para avanzar en los desafíos de las organizaciones para navegar estas nuevas aguas.
Pienso que estos modelos necesitan explorarse más, mejorarse, explotarse para que todas las partes sigan ganando y el sistema también.

Creo que el lugar en el que profesional independiente y empresa cliente se sitúan es positivo para avanzar en los desafíos de las organizaciones para navegar estas nuevas aguas