Cuando las cosas no salen como uno quiere, hay tres cosas que puedes hacer.

No nos vamos a engañar, que ya somos todos mayorcitos. 

En la vida hay muchas veces en que las cosas no salen como uno quiere. Yo no soy ningún gurú con soluciones maravillosas, y te puedes imaginar que a mis 44 años he tenido mi propia ración de situaciones en la vida donde las cosas no salieron como yo quería. 

Y es muy frustrante.

Sobre todo cuando llegas a un punto en el que no sabes qué hacer, cómo salir de esa situación.

Sientes que te has bloqueado.

  • Como cuando estás en un trabajo que no te satisface. Y vas cada día, y sientes que «algo debería cambiar». Pero nada cambia.
  • O como cuando alguna de tus relaciones personales no fluye, pero ahí sigues día tras día viendo cómo se erosiona.
  • O como cuando tienes hábitos que no te hacen bien, pero no ves la forma de cambiarlos.

Y tienes ahí ese zumbido de incomodidad de fondo que te acompaña durante días, semanas, meses. 

Y que a veces te pega con tanta fuerza que no te deja dormir.

Te decía que, en esas situaciones, hay tres cosas que puedes hacer:

  • Seguir con la inercia, esperando a ver si la situación se resuelve sola, y pasándolo mal en el camino.
  • Aceptar las cosas como son, y dejar de torturarte.
  • Hacer cosas diferentes para hacer que la situación cambie.

Para las dos últimas, quizás pueda ayudarte (para la primera no necesitas ayuda).

¿Cómo? Acompañándote en un proceso de coaching.

«Coaching es el arte de hacer preguntas para ayudar a otras personas a lograr sus objetivos a través del aprendizaje y la exploración»

A ver, lo de «arte» igual es un poco pretencioso.

Pero déjame decirte algo: de todas las cosas que escucho decir a las personas que trabajan conmigo en procesos de acompañamiento, hay una frase que me es la que más me gusta

Más incluso que «ya te he hecho la transferencia»…

Perdido en el laberinto

Cuando llegué al centro del laberinto, había una persona estaba sentada en un banco. A sus pies, una mochila. Tenía los codos apoyados en las rodillas, y las manos sujetándole la cara. No parecía feliz.
 
«¿Te encuentras bien? ¿Qué te sucede?», pregunté.
 
«Llevo horas en este laberinto. He probado todos los caminos, varias veces, y siempre regreso a este punto. Empiezo a creer que nunca encontraré la salida»
 
«¿Te importa si te acompaño?»
 
Se encogió de hombros. Se levantó con pereza, y se dirigió al primer hueco. Le seguí.
 
Recorrimos varias bifurcaciones. Nos dimos de bruces con caminos cerrados. Avanzamos y retrocedimos. Y finalmente aparecimos, de nuevo, en el centro del laberinto.
 
«¿Lo ves?», me dijo.
 
«Probemos ese otro camino», señalé.
 
Volvió a encogerse de hombros. Arrastrando los pies, inició el camino y, de nuevo, le seguí.
 
También aquí exploramos distintas bifurcaciones y llegamos a callejones sin salida. Avanzamos. Retrocedimos. Y volvimos al centro del laberinto.
 
«Ya te lo he dicho, no hay salida».
 
«¿Y si probamos ese otro camino?», señalé.
 
Me miró con cara rara. «¿Cuál camino? Ahí no hay ningún camino».
 
Me acerqué a donde estaba. Y, efectivamente, desde su posición el camino estaba oculto por unos arbustos. No podía verlo.
 
«Ven», le dije. Nos aproximamos al arbusto, lo rodeamos… y allí estaba.
 
Me miró con los ojos abiertos. «¿Este camino ha estado siempre aquí? ¡Hasta ahora no lo había visto!». Había una mezcla de frustración, de incredulidad y de ilusión en su cara.  ¡Un nuevo camino por explorar!
 
«¿Crees que este camino me llevará a la salida?», me preguntó
 
«No lo sé», le respondí. «Pero habrá que explorarlo por si acaso, ¿no?»
 
Agarró su mochila y, con paso decidido, emprendió la marcha.

«¡Hasta ahora no lo había visto!».

Ésta es la frase que más me gusta escuchar. 

En serio, me dan escalofríos. 

Es en ese momento cuando la otra persona descubre ese «nuevo camino» que hasta ahora le había quedado oculto. 

Ahí es cuando se da cuenta de que quizás haya una forma distinta de encarar su situación. Ahí es cuando noto que su mente empezar a maquinar nuevas posibilidades. 

Ahí es cuando recupera la ilusión.

Si nuestras conversaciones te llevan a ver las cosas de una forma distinta, y de ahí te surge hacer cosas distintas, quizás consigas resultados distintos. 

Y todo habrá merecido la pena.

Eso es el coaching.

¿Oyes hablar de un «coach» y te imaginas a un señor con silbato y chándal? Olvídate de las pelis americanas, y descubre qué es el coaching y cómo te puede ayudar. Verás que no tiene demasiado que ver con mensajes buenrollistas escritos en tazas de desayuno (y la verdad, a mí nunca me quedó bien el chándal).

¿Cuándo fue la última vez que dedicaste tiempo a pensar en ti y en tus inquietudes, sin interrupciones y sin distracciones? Aquí tendrás HORAS para hacerlo. Yo te brindo el espacio, y tú decides cómo usarlo.

Todo el mundo hace buenos propósitos a principio de año. Lo malo es que después se olvidan. Y una de las causas es que no hay nadie a quien rendirle cuentas, alguien que te persiga para ver si has cumplido lo que has prometido.

Una advertencia: si lo que esperas es una solución mágica a tus problemas, aquí no es. Vas a tener que trabajar y hacer un esfuerzo.

Y te voy a decir una cosa: de la situación en la que estás solo te vas a sacar tú. Un coach te puede acompañar. Pero en última instancia tú decides qué es lo que quieres, y qué vas a hacer para conseguirlo. ¿Realmente quieres cambiar tu situación?

Cuando trabajemos juntos, te voy a proponer que hagas cosas diferentes de las que has venido haciendo. Y es posible que haya momentos donde te vaya a resultar incómodo. Pero solo haciendo cosas diferentes vas conseguir resultados diferentes.

«Cuando hago cosas que antes no hacía, pasan cosas que antes no pasaban»

«¿Pero esto no lo puedo hacer yo mismo, y gratis?» ¡Por supuesto! Puedes dedicar tiempo a reflexionar sobre tu situación, marcarte compromisos y seguirlos. Cuanto más puedas hacer esto, menos ayuda externa necesitarás. Pero si ves que te atascas… igual te viene bien una ayuda.

También, claro, tienes amigos. Lo bueno de los amigos es que te quieren y te apoyan. Lo malo es que, por quererte y apoyarte, igual no te ayudan a ver las cosas con claridad. Un coach no es un amigo.

¿Y sabes lo bueno de hablar de tus cosas con un extraño? Que no tiene ninguna idea preconcebida sobre tu vida. Y que no te lo vas a encontrar al día siguiente en el trabajo, o en una comida familiar. Que puedes abrirte al 100% con él… sin consecuencias.

Bueno, una consecuencia si tiene: que te cobrará por sus servicios. En mi caso, 800 € (+IVA) por acompañarte en tu proceso de aprendizaje y exploración.

Si tienes dudas, te lo voy a poner muy fácil. Por solo 20€, disfruta de dos sesiones para valorar si esto es para ti. Y si yo soy para ti. Y si no te convence, tan amigos.

Preguntas frecuentes

La verdad, eso del coaching me suena a cosa de charlatanes y vendehumos

Ay, sí.
 
Lamentablemente el público en general tiene una imagen del coaching un poco distorsionada. Mensajes buenrollistas («sal de tu zona de confort» y otros grandes éxitos) escritos en tazas de desayuno y soltadas de cualquier manera en charlas motivacionales.
 
En realidad el coaching es algo mucho más personal, basado en conversaciones uno a uno y centrado en reflexionar sobre temas y situaciones concretas.
 
Si me pillas diciéndote que «salgas de tu zona de confort», puedes darme una colleja.
 

¿Eso del coaching no es para altos directivos, deportistas de élite y gente así?

No.
 
Es verdad que son ámbitos donde se oye mucho hablar del «coaching».
 
Pero cualquiera puede beneficiarse de un proceso de coaching, ya sea para el trabajo o para la vida personal.
 

¿Cómo funciona un proceso de coaching?

La herramienta principal del coaching son las conversaciones.
 
Nos juntaremos en sesiones de 60-90 minutos (en presencial si es posible, o si no por videoconferencia), e iremos hablando sobre tu situación. Yo te haré preguntas, quizás te sugiera algún ejercicio… y tú me irás contando.
 
El objetivo, desde la primera conversación, es que empieces a hacer cosas diferentes… y así, en la siguiente conversación, podremos ir viendo qué tal te ha ido y qué has ido aprendiendo.

 

¿Cómo son esas conversaciones?

En una buena conversación, tú vas a hablar muchísimo más que yo.
 
Te voy a pedir que me cuentes, te voy a hacer preguntas… y sobre todo te voy a escuchar. En algún momento puede que te plantee algún ejercicio (nada raro, solo cosas que te ayuden a pensar), o que ponga encima de la mesa alguna cosa que esté llamando mi atención.
 
Pero, como digo, yo estoy sobre todo para acompañarte en tu reflexión.
 
Eso no quiere decir que vaya a ser cómodo: te voy a meter el dedo en la llaga, te voy a señalar incoherencias, te voy a apretar para que asumas compromisos.
 
Siempre desde el cariño y el respeto, por supuesto. 
 

¿Entonces no me vas a dar soluciones?

Exacto.
 
No esperes que yo te dé soluciones, o te diga lo que deberías hacer.
 
Lo que vayas a hacer, cómo lo vayas a hacer… es algo que siempre saldrá de ti, fruto de tu reflexión. Yo estoy ahí para acompañarte.
 

Pues si no me vas a dar soluciones, entonces no le veo la gracia

Piensa un poco: ¿qué sentido tendría que un extraño te diga lo que tienes que hacer en tu vida? Es más, si viene alguien y te da una receta con la que tú no estás de acuerdo… ¿crees que la vas a aplicar?
 
En tu vida solo vas a hacer aquellas cosas de las que tengas convencimiento 100%. Y ese convencimiento solo puede venir de dentro de ti.
 
Lo que yo hago es acompañarte en tu reflexión para que veas algunas cosas de forma distinta y, a partir de ahí, decidas actuar de forma distinta… si tú quieres.
 

Me da apuro contarle mis cosas a un extraño

Es normal.
 
Parte de mi trabajo es hacerte sentir a gusto, porque solo así podrás reflexionar con total transparencia.
 
La ventaja de ser un «extraño» es que no tengo nada que ver con tu vida… me puedes contar lo que quieras que no tengo ideas preconcebidas, ni lo que me cuentes va a tener ningún impacto en tu día a día. Con amigos, familia, personas del trabajo… cuesta más abrirse.
 
De todas formas, como así en frío puede ser complicado, te sugiero que (si no lo has hecho todavía) eches un vistazo a mi blog, o me escuches en mi podcast, o veas alguno de mis vídeos en Youtube, o te suscribas durante un tiempo a mi lista de correo… con eso te puedes ir haciendo una idea de quién soy yo, de qué palo voy e ir cogiendo confianza.  
 

¿Cuánto dura un proceso de coaching?

Cada persona y situación tiene su ritmo.
 
Normalmente un proceso de coaching dura entre 4 y 8 sesiones.
 
Las primeras las tendremos con una frecuencia semanal, y luego con una frecuencia menor (cada 2 o 4 semanas). Así que estaremos entre 1 y 4 meses trabajando juntos.
 
Terminaremos tan pronto como sientas que has resuelto la inquietud que te trajo en primer lugar.
 
Lo bueno, si breve, dos veces bueno.
 

¿Y si necesito más tiempo?

Si llegamos a la 8ª sesión y sientes que necesitas seguir trabajando, hablaremos.
 
No suele ser el caso, y no suele ser una buena señal. En 8 sesiones hay tiempo para hacer muchas cosas.
 

¿Cuánto cuesta un proceso de coaching?

El proceso completo cuesta 800 € (+IVA).
 
Da igual si trabajamos 4 sesiones, 6, u 8; el precio va a ser el mismo. Lo importante es que puedas resolver tu inquietud, no tanto las horas que dediquemos a trabajar en ella. 
 

El precio me parece caro

Ahí no te puedo ayudar. Yo no te puedo decir si es caro o barato. Solo tú sabes cuál es tu inquietud, cuánto te pesa y qué valor tendría poder avanzar en ese área de tu vida. 
 

¿Me das alguna garantía?

No.
 
Los resultados del proceso de coaching dependen, en un 95% de ti y de tu compromiso.
 
Lo que sí podrás hacer es probar antes de decidirte. Para eso, la siguiente pregunta.

 

¿Hay alguna forma de probarlo antes de decidirme?

Sí.
 
De hecho, mi forma de trabajar es la siguiente: las dos primeras conversaciones las tenemos antes de que tengas que hacer el pago completo (solo te pediré un adelanto de 20€ para reservar estas sesiones). Así nos conocemos, empezamos a trabajar… y puedes valorar si te resulta útil o no por muy poquito dinero.
 
Si después de esas dos primeras sesiones no lo ves claro, lo dejamos ahí y tan amigos, no me debes nada.
 
Si en cambio quieres que continuemos, completas lo que falta del pago y para adelante.
 
Tú decides.
 

¿Y si me va tan bien que con 2 sesiones es suficiente?

Pues oye, mejor para ti. Solo espero que hables bien de mí 🙂
 
 
"Sin frases bonitas ni estrategias vendehumos, Raúl pone a disposición de sus coachees toda su experiencia como profesional, integrando sus capacidades y enriqueciendo el proceso en cada paso."
Noemí Carro
Filosofía, comunicación y marketing digital
"Las sesiones con Raúl me han permitido poner un poco de orden en el caos, enfocarme, aclarar mis objetivos profesionales y plantearme un camino de mejora a medio plazo"
"Raúl me ha ayudado, mediante sus preguntas y sus consejos, a mejorar como profesional, que era en lo que yo le pedí ayuda"
Bea Jiménez
Ingeniera y Directora de Operaciones