Habilidades transversales esenciales para tu carrera profesional (y para tu vida)

Cuando acabé la Universidad pensaba que sabía bastantes cosas. No tardé tiempo en darme cuenta de mi error.
Y no hablo sólo de conocimientos técnicos (que también), sino de todas aquellas otras habilidades que son fundamentales para la carrera profesional (¡y para la vida!) y a las que no se les suele prestar atención en el proceso de desarrollo educativo.
Hay quien las llama “soft-skills”, aunque a mí me gusta más el concepto de “habilidades transversales”. Porque, al contrario de los conocimientos técnicos, son útiles para cualquiera, se dedique a lo que se dedique. Y con un gran impacto.
Por eso en los últimos años, en paralelo con mi trabajo como consultor, he ido prestando cada vez más atención a desarrollar esas habilidades. Es un camino que nunca termina, pero muy satisfactorio. Y me encanta compartir mis avances con los demás. No a modo de gurú, porque hay expertos en cada una de esas materias que saben mucho más que yo, sino como «explorador que va compartiendo su viaje». Es el espíritu que, cada vez más, ha ido animando este blog, o el lanzamiento de Skillopment, o el podcastdiarios de un knowmad, al fin y al cabo.

Fruto de esa reflexión, he intentado resumir cuáles son para mí algunas de esas habilidades transversales esenciales, que tanto impacto pueden tener en una carrera profesional (y en la vida en general). He creado un descargable (para suscriptores) en el que repaso cada una de esas habilidades, planteo 5 ideas fundamentales de cada una de ellas y sugiero una lectura que sirva como «vía de entrada» para quien tenga interés en profundizar.
¿Cuáles son esas habilidades?

  • Autogestión, para dominarte a ti mismo/a
  • Efectividad, para aprovechar el tiempo
  • Agilidad, para llevar proyectos a la práctica
  • Indagación y escucha, para entender lo que te rodea
  • Habilidades interpersonales, para gestionar tus relaciones con los demás
  • Comunicación, para transmitir tus ideas
  • Networking, para cultivar tus relaciones
  • Aprendizaje, para adquirir nuevas habilidades

Si quieres explorar el documento en más detalle, puedes suscribirte a mi lista de correo y te lo enviaré directo a tu bandeja de entrada.

Cuando no hacemos lo que hacemos

¿Qué es lo que hacemos?

«Somos buenos cuando hacemos lo que hacemos por todo lo que hacemos cuando no hacemos lo que hacemos»

Espera, ¿qué es este trabalenguas?
Tiene sentido. Creo. A ver si soy capaz de explicarlo.
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Hablábamos el otro día mi amigo/compinche Alberto y yo. Hacíamos revisión de estos últimos meses de trabajo conjunto, y uno de los elementos que salían a la palestra era la «productividad», o mejor dicho, el volumen de horas «efectivamente trabajadas».
En consultoría, a la hora de hacer el reporte de horas, había un concepto que era el de «cargabilidad«. De todas las horas de tu jornada laboral… ¿cuántas son directamente imputables («cargables») al cliente? Obviamente, desde el punto de vista de la empresa, el ideal sería el 100%; ése sería un recurso aprovechado hasta el último segundo. Cuanto más alejado estés del 100%, más problemas… quiere decir que muchas de tus horas «no las está pagando el cliente». Y si eso se generalizaba, o duraba mucho tiempo… estabas en peligro.

Baja cargabilidad

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La cuestión es que, si tomásemos esa medida de «cargabilidad», la nuestra podríamos decir que es baja. O sea, que el tiempo dedicado a sesiones de trabajo con el cliente, a elaboración de documentos, a trabajo «tangible»… podría ser mayor. Hay tiempo dedicado a la lectura, a pasear, a estar con la familia, a rumiar, a explorar, a divagar… y ahí es donde vino la frase: «somos buenos cuando hacemos lo que hacemos por todo lo que hacemos cuando no hacemos lo que hacemos».
«Lo que hacemos» es el trabajo para los clientes. Lo «facturable».
«Lo que hacemos cuando no hacemos lo que hacemos» es todo lo demás. Y la tesis es que, para hacer bien «lo que hacemos», es importante dedicar tiempo a «lo que hacemos cuando no hacemos lo que hacemos».

¿Y qué hacemos cuando no hacemos lo que hacemos?

Si la cargabilidad es baja, si hay muchas horas que no dedicamos a «hacer lo que hacemos»… ¿A qué dedicamos el resto del tiempo?

  • Prepararnos: cada reunión, cada sesión de trabajo, cada documento… conlleva tiempo de darle vueltas, de plantear enfoques alternativos, de planificación. Por eso, cuando llega el momento, las cosas salen bien.
  • Reflexionar: después de cada interacción con el cliente hay un tiempo para pensar, para hacer una retrospectiva y ver qué fue bien, qué podríamos hacer diferente, cómo conseguimos que la siguiente vez sea mejor. Eso beneficia a este cliente en concreto (si hay más interacciones), y a los que vengan después.
  • Formarnos: porque la vida es un aprendizaje continuo, porque no te puedes quedar atrás. Hay que leer, hay que practicar, hay que seguir profundizando en tus conocimientos y habilidades, ampliando tu caja de herramientas… para estar en la mejor disposición posible cuando llegue el momento de ponerlas en acción.
  • Explorar: porque el mundo no deja de girar, y de generar novedades. Hay que estar con un ojo abierto en lo que sucede, para ver por dónde van las tendencias, qué cosas puedes incorporar a tu forma de ver el mundo, cómo afectan a lo que haces…
  • Experimentar: plantearte cosas nuevas, darles forma, ver qué tal salen… algunas cuajan, otras no. Pero si no dedicas tiempo a esto, luego no puedes esperar que las cosas aparezcan de la nada.
  • Diverger: dedicar tiempo a otras cosas que a priori no tienen nada que ver. Satisfacer nuestra curiosidad por otros sectores, otras actividades. Ficción. Música. Viajes. A veces el silencio. Nunca sabes dónde la serendipia te va a ofrecer conexiones; o, simplemente, oxigenas y dejas que el cerebro vaya trabajando en segundo plano.
  • Conectar: cuidar tus relaciones. Tu familia, tus amigos. Tiempo para estar con ellos, para escucharles, para ayudarles, para compartir. Tu red social (la de verdad, no la de las apps) es tu sostén, fuente de energía, y también (a veces) fuente de oportunidades.
  • Reconectar: con nosotros mismos. Con nuestro estado emocional, con nuestros valores, con nuestros objetivos, con nuestros hábitos. Parar, escuchar, y gestionar. Consciencia para dirigirnos a nosotros mismos.
  • Movernos: mens sana in corpore sano. Mover el cuerpo, sacarlo a la calle, ejercitarlo, exponerlo al sol y al aire fresco. Afilar los sentidos y el pensamiento.
  • Descansar: dormir, relajarse, recuperar. Alejarnos del mundanal ruido siguiendo, como decía Fray Luis de León, la escondida senda por donde han ido los pocos sabios que en el mundo han sido.

El delicado equilibrio

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Todas estas cosas contribuyen a que, cuando «hacemos lo que hacemos», salga bien. Estamos descansados, frescos. Equilibrados con nosotros, con nuestro entorno. Preparados, con nuestras herramientas afiladas, con atención plena. Con capacidad de incorporar aprendizajes, evolucionar, mejorar. Y cada vez mejor.
Claro, todo necesita de un adecuado término medio. Porque dedicar todo tu tiempo a «producir» hace que, más pronto que tarde, acabes fundido, obsoleto, desanimado. Pero dedicar todo tu tiempo a «todo lo demás» será muy estimulante, pero no te da de comer.
La cuestión es… ¿dónde está tu equilibrio?
 

Creatividad para knowmads


A veces tenemos el concepto de que la «creatividad» es algo reservado a algunos perfiles muy acotados: artistas, diseñadores, publicitarios… gente así como muy concreta (seguro que te ha venido la imagen de alguien con camisetas molonas, zapatillas y un peinado peculiar). Incluso podemos pensar que «ser creativo» es una especie de talento natural, que hay quien lo tiene y quien no. Y sin embargo…
¿Te has parado a pensar en cuántas ocasiones te vendría bien «ser creativo»? Quizás sea a la hora de plantear una estrategia, o de diseñar un producto, o de crear un contenido… enfocar un documento, plantear alternativas a un proceso, buscar argumentos para una conversación, hacer una presentación… Ya, ya sé que eso no parece «ser creativo», que no hay colorines (porque parece que «ser creativo» tiene que ver con eso, con los colorines).
El caso es que «ser creativo» tiene mucho de actitud, y de «oficio». Y que todos nos podemos beneficiar de tener en nuestra «bolsa de herramientas» algunas técnicas que nos permitan resolver problemas de forma diferente y, quizás, mejor.
De todo esto hablaba un día con mi amigo Ata Arróspide, a la sazón creativo publicitario, y pensé: ¿y si grabamos una de estas conversaciones para el podcast? Dicho y hecho, aquí echamos un rato hablando de creatividad, de qué es (y qué no), y de cómo podemos todos intentar ser un poco más creativos.
(Ya sabes, mi podcast Diarios de un knowmad está disponible en iVoox, iTunes y demás plataformas de podcasting… no digo nada :D)

Algunos de los temas que fueron saliendo:

  • 01:45.- ¿El creativo nace o se hace? Ata plantea que la creatividad es sobre todo una actitud, una voluntad de no transitar los caminos trillados a la hora de abordar un problema. La creatividad no es espontánea, sino que se puede trabajar.
  • 05:40.- Hablamos sobre cómo podemos introducir más creatividad a la hora de afrontar un problema. Partiendo de la voluntad de «tirar el manual» y buscar alternativas, exploramos algunas técnicas: preguntar a quien no sabe nada del tema, jugar con el absurdo, cambiar códigos, generar ideas por rutina (al estilo de James Altucher), la exageración, extrapolar una idea a otros agentes…
  • 17:35.- Enfocamos la creatividad desde un punto de vista utilitarista: nos sirve para buscar una mejor solución a un problema. Hablamos del briefing como herramienta para explorar el problema, y de cómo muchas veces el problema está enmascarado y hay que buscarlo, muchas veces dando un pasito para atrás y buscando «el proyecto detrás del proyecto». Mencionamos design thinking, o la visión de Edgar Schein sobre la «humble inquiry».
  • 30:47.- Hablamos sobre la probabilidad de que «la primera idea sea la buena», y cómo hay argumentos a favor (a partir de la frescura vs. el anquilosamiento que viene después) y en contra (la necesidad de explorar distintos caminos antes de decidir que uno es el correcto). No es tanto generar muchas ideas entre las que elegir (que puede generar cierta parálisis) sino buscar distintos enfoques.
  • 36:45.- Planteamos distintos ámbitos en los que la creatividad puede ser útil: incluso para diseñar un aburrido formulario o un triste proceso administrativo.
  • 40:18.- Comentamos las dos fases diferentes que participan en el proceso creativo: la generación vs. la posterior edición y refinamiento. Y la importancia de abordarlos cada uno desde su prisma.
  • 44:00.- Ata plantea, a modo de resumen, algunas recomendaciones para meter más creatividad en nuestros procesos mentales: hacerlo de forma consciente, renunciar al camino habitual, centrarse en el problema, no cortarse (silenciar la crítica, incluida la propia) y permitirse jugar y explorar.
  • 49:24.- Sobre la base de esta última idea, planteamos que la creatividad (como el aprendizaje, como el éxito) tiene mucho más de exploración que de camino recto y perfectamente definido. Hablamos de lo agotador que puede ser vivir en esa incertidumbre permanente, y de cómo determinadas situaciones habituales (las prisas autoimpuestas, el número de intermediarios validan las ideas…) no ayudan.
  • 59:00.- Cerramos retomando un tema clave a la hora de pensar en términos creativos: que «ser creativo» es sobre todo una actitud frente a los problemas, una voluntad de buscar soluciones eficaces que no son las convencionales.

Cuatro imprescindibles para tu mochila profesional

Esta semana participé en la «III Semana Empresa en el Aula» organizada por la Facultad de Ciencias Empresariales y del Trabajo de Soria. Mi objetivo era trasladar a los estudiantes universitarios algunas ideas sobre su futuro profesional con la esperanza de que les sirviese como llamada de atención.

Tras una vida de certidumbres…

La vida del estudiante no es fácil: clases, apuntes, trabajos, horas de estudio, exámenes… por supuesto, todo eso está ahí. También, no nos vamos a engañar, una nada desdeñable parte lúdica. Pero si algo caracteriza la vida del estudiante es la certidumbre. Desde que entras en el sistema educativo, todo está diseñado como un camino perfectamente delimitado. Empiezas en la educación infantil, luego va la primaria, luego va la secundaria, el bachillerato, la universidad… cada una de esas etapas con los pasos bien claros: primero, segundo, tercero… hay alguien que define «qué tienes que estudiar», «de qué te vas a examinar»… y quitando un par de decisiones puntuales el resto del tiempo sabes a qué atenerte.

Pero eso llega a su fin. Estás a punto de terminar la carrera… ¿y después qué? Algunos buscan en un master la prolongación de la vida del estudiante. Y funciona, sí. Durante unos meses. Pero al acabarlo, la pregunta es la misma. ¿Y ahora qué?
Hice un ejercicio con los asistentes a la charla, en el que les pedía que expresasen con palabras concretas las sensaciones que tenían respecto al futuro. Y éste es el resultado…

Miedo, incertidumbre. Normal…

Yo he estado allí

¡Cómo no empatizar con ellos! No hace tanto (bueno, el tiempo es relativo) yo era un jovencito universitario exactamente en la misma situación. Después de años con una visión bastante clara de lo que deparaba el futuro, me enfrentaba a lo desconocido, a un viaje con destino incierto.

Y ahora, veinte años después, estoy en condiciones de contarles qué es lo que hay al otro lado. Lo que no sé es si les gustará lo que tengo que decirles… porque son una serie de verdades incómodas.

Antes de hacer el equipaje…

Si vas a iniciar un viaje… ¿qué metes en tu maleta? Pues depende, claro. Depende del tiempo que vaya a hacer, porque no es lo mismo ir a un destino soleado, con 25 grados de temperatura, que ir a un escenario de viento, lluvia y frío.
¿Qué metemos en el equipaje para nuestro viaje profesional? Pues veamos qué dice la previsión del tiempo…

  • La incertidumbre no termina: podría existir la esperanza de que, pasados unos primeros momentos de adaptación al mundo laboral, la cosa se calma y puede uno volver a estar tranquilo. Vana esperanza. La incertidumbre es la norma, y cada vez más. La tecnología, la demografía, los cambios sociales… todo se acelera. Las normas cambian cada dos por tres. Tendremos muchos trabajos, en muchos ámbitos distintos. No hay forma de relajarse y dejarse llevar. Seremos como Sísifo, condenados una y otra vez a reinventarnos.
  • Nadie nos debe nada: no, da igual que tengas dos carreras y un master. Nadie te debe nada. Nadie tiene por qué asumir la responsabilidad de solucionarte la vida. ¿Es un desengaño para ti? Quizás alguien te prometió lo contrario. O quizás a ti te resultó más cómodo entenderlo así. El caso es que no sucede. Y si te quedas esperando a que te den «lo que te deben»… lo llevas crudo.
  • Hace falta valor: pero no del de «ser valiente», sino del de «ser valioso». «De la petanca no se puede vivir», parece claro. ¿Y qué te hace pensar que de «lo que haces tú» sí, así por decreto? No, las cosas no funcionan así. ¿Por qué alguien va a desprenderse de parte de su dinero? Sólo si lo que tú le aportas a cambio le compensa, si le aportas un beneficio mayor que aquello a lo que renuncia. Ése es el punto de partida. Y luego a ver cómo está la oferta y la demanda en ese campo… porque el que tiene más alternativas para elegir tendrá la sartén por el mango.

Al mal tiempo… paraguas

Ojalá la previsión del tiempo fuese diferente. Pero es la que es, y el viaje hay que hacerlo de todas maneras. Así que veamos, ¿qué metemos en nuestro equipaje? ¿Qué habilidades y herramientas nos pueden ser útiles para afrontar un futuro profesional incierto? Aquí van cuatro:


 
No están todas las que son, pero seguro que sí son todas las que están. Meter todas estas cosas en tu mochila no hará que el tiempo cambie, pero te ayudará a sobrellevarlo mejor. Y desde luego, éstos no son consejos que valgan sólo a «jóvenes universitarios». La previsión del tiempo es la misma para todos. Y en realidad todos estamos haciendo el mismo viaje.
Sigamos caminando.

Un ejemplo de microaprendizaje a demanda: audacity y el podcast


El otro día viví una experiencia de «microaprendizaje a demanda«. Pero mejor primero la cuento, y luego le ponemos la etiqueta.
Desde hace unos meses vengo experimentando en el mundo de los podcasts. Lancé primero el podcast Skillompent (con entrevistas y reflexiones sobre aprendizaje y desarrollo eficaz de habilidades), y más recientemente «Diarios de un knowmad» (sobre desarrollo personal y profesional para trabajadores del conocimiento). El caso es que cuando empecé a hacerlos, elegí la herramienta Audacity para grabar y mezclar el audio.
¿Por qué Audacity? Pues porque es software libre que de hecho tenía instalado desde hace siglos. Tampoco es que nunca lo hubiera usado mucho, un poco de trasteo de higos a brevas… en fin, lo suficiente como para conocer los rudimentos pero desde luego no como para considerarme un experto.
El caso es que durante estos meses he estado grabando y editando los podcasts con ese conocimiento básico. Salía con el empleo, pero con la sensación de que había cosas que tenían que ser más fáciles. Así que el otro día estaba trasteando en Youtube y llegué a un vídeo donde una persona mostraba cómo editaba un episodio de su podcast de principio a fin. Lo estuve viendo y «¡oh!». De repente vi cómo el tipo hacía de forma sencilla algo que yo llevaba rumiando un tiempo (en concreto; cómo ajustar el inicio de una pista con el final de otra… yo lo hacía metiendo silencio si quería llevarlo a la derecha, o cortando a ojo si quería llevarlo a la izquierda… en fin, pedalero total). «Anda, mira, lo que hace es cortar la pista con esta opción… y luego usa esta herramienta para arrastrarlo a derecha e izquierda». Y… «anda, mira, aplica un filtro que se llama compresión y que mejora el audio». Y… «anda, mira, para que no se le acumulen cosas en la pantalla se pueden minimizar las pistas». Y… «anda, mira, si se puede editar el mono en vez de en estéreo y no pasa nada».
En definitiva, cuatro cosas super concretas, directamente aplicables, que resuelven problemas concretos que yo tenía. No voy a tener que tomar apuntes, no voy a tener que repasar. No es un «curso experto en edición de audio», ni un «tutorial completo de Audacity». Simplemente son un conjunto de microhabilidades que he incorporado de forma natural e inmediata a mi repertorio.
Hablamos de «microaprendizaje», porque no he tenido que hacer un curso de x semanas para adquirirlo, ni leer un libro de no sé cuántas páginas. Ha sido algo que se ha resuelto de forma concreta y rápida.
Y hablamos de «a demanda«, porque la inquietud por explorar eso ha surgido de una necesidad mía, que ha sido la que me ha impulsado a buscar una respuesta (y de paso he encontrado un par de tips más).
El caso es que, si te paras a pensar, hay muchas cosas que aprendemos así. Tenemos un problema, buscamos la solución. Si es algo que hacemos de forma mínimamente recurrente, el aprendizaje se interioriza de forma natural, casi sin esfuerzo. Te invito a pensar en todo lo que sabes a día de hoy… y cuánto ha venido de esta forma. A lo mejor eso debería darnos alguna pista…

Da igual lo que quieras ser de mayor


Estuve en este evento sobre «el futuro del empleo» (está bastante interesante, especialmente la mesa redonda) y, en un momento dado, el divulgador Pere Estupinyà planteaba una reflexión interesante sobre esa pregunta tan clásica… «¿Qué quieres ser de mayor?»

¿Qué quieres ser de mayor?

Es la típica pregunta que se les hacía (y todavía se les hace, supongo) a los niños. Es gracioso ver como sus mentes infantiles van respondiendo según los estereotipos sociales. Quiero ser astronauta, o policía, o médico/a, o veterinario/a, o profesor/a, o artista, o cocinero/a, o escritor/a, o youtuber… Evidentemente en niños pequeños es totalmente intrascendente, su conocimiento del mundo es limitado y cualquier respuesta que den no va más allá de generar un momento «cuqui».
La cuestión es que, a medida que van creciendo, la pregunta se les va repitiendo. Y ya no tiene tanta gracia. «¿Ya tienes pensado a qué te quieres dedicar? ¿Qué vas a estudiar?». Su conocimiento del mundo sigue siendo limitado (aún me acuerdo de mí mismo diciéndome que querría ser «ingeniero», sin tener ni puñetera idea de lo que implicaba ser un ingeniero… no, al final no fui por ahí), pero la presión crece.
Y no desaparece. En realidad a medida que transcurre nuestra vida seguimos azotándonos con la pregunta… «¿Dónde te ves dentro de cinco años?» no deja de ser la traslación adulta del «qué quieres ser de mayor». Si en vez de «cinco años» pensamos en veinte, o en treinta… dan escalofríos.

De mayor vas a ser muchas cosas…

La cuestión es que, como planteaba Pere, se trata de una pregunta que si en algún momento tuvo sentido, desde luego ahora ya no lo tiene. «De mayor» vas a ser muchas cosas, porque no vas a tener una «profesión para toda la vida». Vas a ir desempeñando muchos roles a lo largo de los años, y seguramente sean muy dispares. Distinta ocupación, distinta responsabilidad, distinto sector, distinto lugar, distintas habilidades requeridas…
A veces, de hecho, esos roles se desarrollarán en paralelo: vas a participar en un proyecto ejerciendo de una cosa, mientras que eres voluntario en una asociación, das clases en un master, eres presidente de la comunidad, inversor en un negocio, entrenador del equipo de fútbol de los niños, cuidador de una persona mayor… todo a la vez, sin posibilidad de separar lo uno de lo otro.
Es más, de todas esas ocupaciones diversas que vas a tener a lo largo de tu vida, muchas de ellas ni siquiera eres capaz de conceptualizarlas, ni de saber que van a existir. Piensa en cómo ha cambiado el mundo en los últimos 30 años… ¿te imaginas cómo puede ser dentro de otros 30? Y si piensas en tus hijos… ¿cómo era la vida 50 años de que ellos nacieran, y cómo será cuando ellos tengan esos 50 años? ¿Cómo les vas a pedir que sean capaces de imaginar «qué van a ser de mayores»?

Una pregunta inútil

En este contexto de incertidumbre y de dispersión de opciones, parece claro que «qué quieres ser de mayor» no es una pregunta especialmente útil. Quizás haya que pensar en otras. Como por ejemplo, «qué herramientas vas a desarrollar para poder adaptarte a todos esos cambios».
Por eso lo que estoy haciendo con Skillopment me resulta estimulante; porque desde esa perspectiva de incertidumbre (o mejor aún, de certidumbre en la inestabilidad y en la variabilidad) es clave ser consciente de que tus habilidades son las que te van a permitir adaptarte a los escenarios que surjan. Y que cuanto más ágil seas a la hora de desarrollar esas habilidades, mejor.
En la vida te va a tocar tirar muchas veces los dados. Y ya sabes, cuantas más habilidades tienes y más desarrolladas están, más probable es que tengas suerte.

¿Merece la pena esforzarse en aprender?


Esta pasada semana tuve la oportunidad de compartir mis ideas sobre aprendizaje y desarrollo eficaz de habilidades en una de mis charlas. Y en el turno de preguntas surgieron varias interesantes, entre ellas la siguiente:

«Con toda la información que hoy tenemos disponibles, a distancia de un click… ¿hasta qué punto merece la pena hacer el esfuerzo de aprender?»

A lo largo de la charla yo había planteado, siguiendo mi discurso habitual, la importancia del desarrollo de habilidades de cara a mejorar nuestras opciones de futuro. Y la exigencia derivada de un verdadero proceso de aprendizaje eficaz, uno que lleve a la verdadera interiorización de esas habilidades.
La pregunta planteaba un dilema: ¿realmente es necesario recorrer ese exigente camino? ¿no nos vale con recurrir, en caso de necesidad, a la información que ya tenemos a mano?
Utilizaré un ejemplo personal para ilustrar mi opinión al respecto

La declaración de la renta

Yo tengo ciertos conocimientos fiscales. Durante la carrera tuvimos una asignatura que nos permitió tener una visión de la estructura del IRPF. Desde que empecé a trabajar me he encargado de hacer mis declaraciones y las de mi mujer.
¿Puedo decir que «sé» hacer declaraciones de la renta? Bueno, con bastantes limitaciones. Sé hacer lo básico, con cuidado y mirando bien las instrucciones. Cuando me he encontrado con alguna cosa especial (p.j. un año que tuve que hacer una complementaria para «deshacer» una aplicación de la exención por reinversión en vivienda habitual, u otro año que tuve que reflejar una venta de un producto financiero) he tenido que recurrir a leer los manuales, y he «sudado tinta» para llegar a hacer lo que tenía que hacer.
Desde luego, no estoy capacitado para dedicarme profesionalmente a hacer declaraciones de la renta, ni a asesorar a nadie en su elaboración. Soy lento, avanzo con inseguridad, y hay muchísimas casuísticas que no controlo.
Ahora bien, ¿me merece la pena esforzarme por aprender con un mayor nivel de profundidad? ¿Llegar al punto donde pueda hacer declaraciones «como churros», en el que esté perfectamente preparado para saber plasmar cualquier situación por peregrina que sea?
No lo parece. Hago una (o dos) declaraciones al año. El 95% de ellas es muy parecida de un año a otro, y sólo de forma muy ocasional surge un tema que me exige «romperme la cabeza»; incluso en esos casos tengo la opción de recurrir a un experto. En esas circunstancias, no parece que tenga mucho sentido dedicar tiempo, esfuerzo y recursos a interiorizar esa habilidad ni a desarrollarla a mayor nivel.

El usuario avanzado de Excel

Tomemos, por el contrario, una habilidad que a lo largo de los años me ha sido muy útil, como puede ser la de analizar, organizar y presentar información. Pensemos por ejemplo en la herramienta Excel, que he usado de forma extensiva en todo este tiempo. ¿Tendría sentido que, cada vez que me enfrento a la tarea de organizar información en una hoja Excel, tuviese que pararme a pensar «a ver cómo hago esto», «qué función es la que tengo que usar», «cómo era la sintaxis de esta función», «dónde estaba la opción que me permite hacer tal cosa»?. No. A diferencia de «hacer declaraciones de la renta», ésta es una habilidad que me viene bien tener interiorizada. Hasta el punto en que haga las cosas casi de forma automática, sin pensar. Hasta el punto en el que alguien, viéndome desde fuera, piense «es alucinante, ¿cómo puedes hacer esas cosas?»
No soy el mayor experto en Excel del mundo, ni mucho menos. Llego hasta donde llego, y hay situaciones en las que tengo que recurrir a buscar cosas que no sé hacer. Pero con lo que sí sé hacer me defiendo de forma muy solvente.

Habilidades nucleares y habilidades secundarias

Los ejemplos que he planteado nos llevan a una distinción entre dos tipos de habilidades: las habilidades «nucleares», y las habilidades «secundarias».
Las habilidades «nucleares» serían aquéllas que, por frecuencia de uso y por impacto, nos conviene tener interiorizadas. Esas habilidades por las que merece la pena someterse a un proceso de aprendizaje que será exigente, ésas a las que merece la pena dedicarles tiempo, esfuerzo y recursos. Ésas que, una vez adquiridas, nos permitirán ponerlas en uso casi sin pensar, con un nivel de solvencia muy elevado.
Y luego habrá una serie de habilidades «secundarias». Aquéllas que sólo necesitamos poner en práctica de vez en cuando, y sin un grado elevado de exigencia. Aquéllas en las que podemos permitirnos «salir del paso», aquéllas en las que no pasa nada si vamos lentos, o si no lo hacemos de forma excelente, o si tenemos que recurrir a buscar información o incluso a la ayuda de un externo.
No diría que ésta sea una categorización estricta, donde una habilidad es «nuclear» o «secundaria». Más bien hablaría de un continuo, desde el «no tengo ni puta idea (ni falta que me hace)» hasta el «soy un experto de talla mundial», en la que podríamos situar las habilidades según las necesitemos en nuestra vida. Y según lo necesaria que nos resulte esa habilidad merecerá la pena o no hacer el esfuerzo por aprender.

¿Cuáles son las habilidades «nucleares» que debes desarrollar?

Ya imaginarás la respuesta: depende.
Depende de ti, de tu actividad actual, y de cuál quieres que sea tu actividad en el futuro. «Cocinar» por ejemplo puede estar situada en ese continuo en el extremo más «secundario» (si vives en casa con tus padres y la comida te la ponen en la mesa, y como mucho tienes que calentar una pizza de higos a brevas en el microondas; y si un día te ves obligado a cocinar, sigues la receta y que sea lo que dios quiera) o en el más «nuclear» (si eres un chef en un restaurante de categoría, donde no sólo tienes que sacar los platos perfectos si no encima innovar y promover cambios a diarios).
Por tanto, de cara a plantearse cuáles son las habilidades que uno tiene que desarrollar, a cuáles merece la pena dedicar tiempo, esfuerzo y recursos para llevarlas al nivel «nuclear», hay que partir de un análisis de qué tenemos y qué necesitamos. Un análisis que merece la pena, porque nos permite enfocar nuestros proyectos de aprendizaje en aquello que más impacto puede tener y sacar el mayor provecho de nuestra capacidad limitada de aprender.

[Entrevista] AJ Masiá, aprendizaje y procrastinación


Ah, la procrastinación… esa bonita palabra que yo francamente, hasta no hace demasiado tiempo, pensaba que nos habíamos inventado… y que resulta que se remonta hasta los romanos. Procrastinar, o el arte de «dejar para mañana lo que podrías hacer hoy». Un comportamiento tan familiar, y tan frustrante, y que tanto daño hace a nuestra capacidad de conseguir objetivos de todo tipo, incluyendo los de aprendizaje.
Leí hace tiempo una serie de posts sobre la procrastinación. Me pareció un tema interesante, y dado que ya había puesto en marcha la idea del podcast… qué demonios, decidí proponerle a su autor, Antonio José Masiá, si le apetecía que tuviésemos un ratito de charla sobre el tema. Antonio José Masiá, es consultor artesano en efectividad centrada en las personas, autor del blog cambiandocreencias.com y uno de los miembros de la red Óptima Lab. Y no puedo por menos que agradecerle que haya tenido la amabilidad de compartir esos minutos conmigo. El resultado, una charla muy enriquecedora (que, como hemos convenido al final, es una de las maneras más agradables de aprender). Podéis escucharlo aquí mismo, y también se puede acceder a él en ivoox y en iTunes. Recuerda que puedes revisar todos los episodios del podcast, y suscribirte al mismo tanto en iVoox como en iTunes.

Estos son los temas que han ido saliendo en la conversación:

  • 1:35 – Antonio José cuenta su relación con el aprendizaje, y cómo (al igual que tantos otros) pasó muchos años dejándose llevar por el sistema de educación tradicional, como alguien le dijo que «la informática no tenía futuro», hasta que un día decidió tomar las riendas y convertirse en su propio «jefe de estudios». Hablamos de lo difícil que resulta, de lo poco que ayuda el entorno, y sin embargo de lo crucial que es.
  • 8:58 – Comentamos lo difícil que es, especialmente para los adultos, desembarazarnos de nuestra «mochila de experiencias» y adoptar una mentalidad de aprendiz que nos permita, primero, «desaprender» para luego poder adquirir nuevos conocimientos.
  • 11:22 – Las creencias son los cimientos sobre los que se sustentan nuestras acciones, y también nuestras limitaciones. Hablamos sobre el difícil camino para ser capaz de identificarlas, analizarlas y cambiarlas. Una pista: el blog de Antonio José se llama «Cambiando creencias».
  • 14:08 – Rutinas, hábitos, persistencia… como elementos imprescindibles a la hora de transitar el camino del aprendizaje.
  • 15:54 – Entramos en materia sobre la procrastinación y su funcionamiento. Hablamos de las ideas de Piers Steel (investigador sobre la procrastinación), y del funcionamiento dual (frío / caliente) de nuestro cerebro, y cómo en realidad estamos programados para procrastinar.
  • 21:40 -¿Cómo podemos reconducir la tendencia natural de nuestro cerebro a procrastinar? Hablamos de gestión de la atención, actuaciones sobre el entorno e implantación de hábitos.
  • 25:20 – La ecuación de la procrastinación, y su relación inversa con la motivación. Vemos cómo actúan algunos factores como la expectativa respecto al resultado que obtendremos, el significado/sentido que le otorgamos, nuestra tendencia a la impulsividad/cortoplacismo… y recuperamos las ideas de Daniel Pink sobre maestría, propósito y autonomía.
  • 28:05 – Coincidimos en la importancia de «la visión» como columna vertebral que sostiene todos los demás elementos tácticos del aprendizaje, y cómo la «falta de visión» es la raíz de muchos de los problemas del aprendizaje.
  • 32:15 – Recuperamos el hilo de los hábitos, y algunas tácticas para poder implantarlos con eficacia. La clave: reducir la fricción.
  • 36:30 – Reflexionamos sobre la «ingeniería del aprendizaje», cómo es necesario diseñar, planificar, adaptar… todas nuestras acciones si queremos ser capaces de sostenerlas a largo plazo.
  • 41:53 – Analizamos algunos paralelismos entre el «aprendizaje eficaz» y la «efectividad personal», especialmente los relacionados con la necesidad de articular una visión y las rutinas de planificación/revisión.
  • 48:57 – Le damos una vuelta a la «efectividad del aprendizaje», cómo muchas veces el aprovechamiento que hacemos del tiempo que dedicamos a aprender es muy escaso, y cómo puede mejorar aplicando una serie de técnicas.
  • 51:27 – Nos acercamos al cierre hablando de la «efectividad personal» como habilidad clave y de impacto transversal, de la capacidad que tenemos todos de poder desarrollarla, y de cómo abordar su enseñanza.
  • 55:00 – Reivindicamos la idea del compromiso como elemento clave para el aprendizaje eficaz.
  • 1:00:45 – Cerramos hablando de Rafa Nadal y del valor de los ejemplos, y de la importancia de centrarse no tanto en el resultado que consiguen, si no en los procesos que ponen en marcha para crecer.

 

[Entrevista] Gonzalo Álvarez Marañón y el Arte de Presentar

Entrevista Gonzalo Alvarez El Arte de PresentarHace unas semanas estaba comiendo con un buen amigo, y le contaba mi aventura de Skillopment. Y de repente me dijo: «te tengo que poner en contacto con una persona… estuve haciendo un proceso de coaching con él para temas de hablar en público y hacer presentaciones… y los ejercicios que hacíamos iban mucho en esa línea que me cuentas. Mira, se llama Gonzalo Álvarez, y su web es algo así como El Arte de Presentar»…
Lo que mi amigo no sabía es que yo a Gonzalo le tenía ubicado desde hace casi diez años. Por aquel entonces él empezaba su aventura con su blog «El Arte de Presentar«, y yo no hacía tanto que había dejado de ser el «consultor anónimo». Seguía interesado por los temas de «presentaciones eficaces», escribía sobre ello… y de hecho por ahí anda un comentario de Gonzalo en este mismo blog de aquella época :).
Lo cierto es que no habíamos tenido mayor contacto en estos años. Pero a raíz de la conversación con mi amigo, pensé que podía ser interesante tener una charla con él. Tenía curiosidad por ver cómo aplica él en concreto, cuando trabaja con sus clientes ayudándoles a desarrollar las habilidades de comunicación, los principios de los que yo hablo de forma más genérica en Skillopment. Se lo propuse, y aceptó muy amablemente.
El resultado es esta conversación, que quizás sea el inicio de una nueva aventura «podcastera». Lo cierto es que ha sido un rato muy agradable, Gonzalo es (como podréis escuchar, y como posiblemente no podría ser de otra manera) un excelente comunicador, ameno e interesante. Así, la verdad, da gusto estrenarse.
Os dejo aquí insertado el audio; también podéis encontrarlo en Ivoox y en iTunes. Recuerda que puedes revisar todos los episodios del podcast, y suscribirte al mismo tanto en iVoox como en iTunes.

Éstos son los temas de los que hemos estado hablando:

  • 1:20 – La historia de Gonzalo, o de cómo un Ingeniero de Telecomunicaciones experto en seguridad y criptografía acaba formando en habilidades de comunicación.
  • 5:10 – La importancia de la habilidad de comunicación para casi cualquier profesional, y el contraste con lo poco y mal que se cultiva tanto en el ámbito académico como en el empresarial.
  • 17:00 – El objetivo de la comunicación, y cómo las metáforas que utilizamos («enfrentarnos al público») revelan nuestro modelo mental. Deberíamos considerar la comunicación como «hacer un regalo» (me recordó a Tamariz en esto), en el espacio de intersección entre la pasión y la aportación de valor.
  • 24:22 – No hay aprendizaje sin esfuerzo y sin dedicación. No hay pastillas mágicas. De nuevo, aquello de las verdades incómodas y las mentiras reconfortantes.
  • 27:42 – No todo el tiempo que pasamos practicando es igual de eficaz. La práctica deliberada, de nuevo a escena.
  • 30:58 – Estamos rodeados de ejemplos, y a veces puede ganarnos la ansiedad de «no ser tan bueno como…». Pero no todos tenemos que ser el número uno; cada uno tenemos nuestros objetivos de aprendizaje, y podemos disfrutar igual a nuestro nivel.
  • 34:10 – El talento vs. el trabajo, y las distintas mentalidades con las que afrontamos este dilema. La mentalidad de crecimiento y la mentalidad fija a las que aludía Carol Dweck en su «Mindset«, y cómo para crecer, para diferenciarnos… hay que asumir riesgos y aceptar la posibilidad del error sin complejos. Pero siempre riesgos controlados, suficientes como para hacernos crecer pero no tan grandes como para garantizarnos el fracaso.
  • 45:35 – La importancia de tener referencias externas que nos sirvan para ir probando cosas, pero también de irnos llevando las cosas a nuestro terreno, destilando nuestra propia manera de hacer las cosas.
  • 48:48 – La figura del maestro, en dos roles diferentes: la figura que nos inspira, que nos impulsa a ser como él; y la que desde su conocimiento y su experiencia nos ayuda a corregir lo que hacemos mal.
  • 49:54 – La eficacia del aprendizaje, lo importante que es obtener el máximo rendimiento al tiempo y al esfuerzo que realizas, y hacerlo de forma que ese aprendizaje se consolide y sea real; porque si no sabes aplicarlo, en realidad no lo has aprendido.
  • 51:55 – Cómo se equilibran las acciones formativas puntuales (cursos) con la necesidad de persistir en el esfuerzo para un desarrollo real de las habilidades.
  • 54:58 – Cómo se plantea habitualmente la formación en las empresas, y cómo a veces se pone más énfasis en indicadores fácilmente controlables más que en lo que de verdad importa.
  • 58:04 – Consejos para mejorar tus habilidades de comunicación, con dos grandes protagonistas: cambiar el concepto de la comunicación tradicional (el del emisor y el receptor) por un enfoque mucho más centrado en la empatía, en ser capaz de ponerse en el lugar del otro y, desde ahí, entender qué mensajes necesita y cómo podemos hacérselos llegar. A nivel táctico, grabarse y verse en una cámara (superando el primer trago de «qué mal nos vemos») ayuda a observarnos desde una posición externa, y a mejorar desde ahí.
  • 1:05:45 – El aprendizaje como proceso en el que, más que ser «ingeniero», hay que ser constante y enfrentarse a una serie de miedos, y cómo en ese proceso el papel protagonista corresponde al aprendiz mucho más que al maestro (recupero mi «modelo curling de desarrollo«), y donde lo que puedes aportar al que aprende es gradualidad y acompañamiento.

He escrito un libro

Pues sí, he escrito un libro. Más información sobre él en la página de Skillopment, Aprendizaje y Desarrollo Eficaz de Habilidades, donde se puede descargar al suscribiros a la lista de correo que he creado al efecto.

skillopment_book

La idea de escribir el libro surgió casi de forma natural hilada a la charla que estrené en Sevilla. Durante su preparación estuve dándole muchas vueltas a las ideas y al argumentario, que creo que al final terminó teniendo mucho sentido. El libro es, al final, una forma de poner negro sobre blanco esas ideas y ampliarlas con un tono más práctico, más enfocado en «cosas que puedes hacer tú para desarrollar tus habilidades de forma eficaz».
En este sentido, el proceso fue muy orgánico. En otras ocasiones me había planteado escribir un libro, pero ponía el carro delante de los bueyes: «quiero escribir un libro, a ver ahora de qué, y qué sentido le doy». No fluía, y me atascaba rápido. En esta ocasión el orden estaba invertido: las ideas ya estaban, el orden ya estaba. Solo quedaba ponerse delante del teclado y dejarlas fluir. Y es lo que he hecho, dejar que algo que ya existía tomase una nueva forma. Poco a poco, aplicando aquello de primero crear y luego editar, el libro fue tomando cuerpo.
El estilo os resultará muy reconocible a los que me leáis por aquí. Mi forma natural de escribir es la que es, la misma que tengo en el blog. Ideas concretas, cortito y al pie, sin muchos rodeos. Supongo que, si me pongo, podría forzarme a escribir en otro estilo, pero tampoco es lo que me pedía el cuerpo. He intentado que quede ameno y útil, que me resultase fluido de escribir y no recargarlo innecesariamente.
Porque otra cosa que tampoco me ha preocupado lo más mínimo es la longitud del libro. Hay algo que me enerva profundamente cuando leo libros de management, y es la sensación de que se estiran y se estiran las ideas con el único objetivo de llegar a un número de páginas. Conceptos que se pueden explicar en un párrafo se les da vueltas y vueltas hasta que llenan páginas y capítulos enteros. Yo no quería eso. El libro dura lo que tiene que durar para transmitir las ideas que quería transmitir. Y ya está, no hay por qué perder el tiempo ni hacérselo perder a los demás por puro postureo.
He afrontado el proceso de escritura y publicación con mentalidad «ágil». Esto quiere decir que mi objetivo era lanzar una primera versión razonablemente armada, pero sin volverme loco en detalles, revisiones y recontrarevisiones, formatos… Se trata de poner la bola en juego, ver si el concepto del libro gusta, si la temática interesa, si tiene un mínimo de tracción… recopilar feedback y, si procede, hacer posteriores versiones corregidas y aumentadas. Porque realmente no sé si la idea tiene sentido o no; quiero decir, en mi cabeza lo tiene, pero las cosas hay que llevarlas al terreno de lo real para que sirva como piedra de toque. Así que he buscado que el ratio esfuerzo/resultado estuviese equilibrado, sin volverme loco.
Lo curioso es que, mientras escribía el libro, iba rumiando una inquietud: «bueno, ¿y luego qué voy a hacer con él?». Claro, en tus fantasías siempre está la idea de ponerlo a la venta, y que se vuelva viral, y que ganes mucho dinero con él. Pero soy lo suficientemente mayor como para tener acotadas ese tipo de fantasías (pero oye, que si sucede estaré encantado). Sospechaba que ponerlo a la venta iba a suponer vender uno o ninguno. Y en realidad me interesaba más el libro como vehículo de visibilidad y de posicionamiento, una manera de atraer miradas hacia el concepto de «aprendizaje y desarrollo eficaz de habilidades» y que me abriese las puertas a dar más charlas, impartir talleres, quizás abordar algún proceso de asesoramiento individualizado (me sigue costando llamarlo «coaching», aunque supongo que es eso) o de asesoramiento corporativo. Cosas que creo que pueden tener sentido, y donde puedo aportar valor. Como consecuencia, lo que he hecho es poner el libro en descarga gratuita (de momento), con la idea de que llegue a tantos sitios como sea posible. Sí que lo he puesto detrás de una «suscripción a una lista de correo», que al final espero utilizar como canal para crear una «comunidad» alrededor de todas estas ideas (pero sin dar la tabarra, conste). Creo que a esto lo llaman «lead magnet»…
Una cosa que me ha gustado del proceso de hacer el libro es que me ha permitido (y curiosamente, ésta es una de las ideas que elaboro en él) aprender y poner en práctica algunas habilidades. Desde diseñar la portada o los banners, a montar una pequeña campaña de email marketing con Mailchimp o a hacer un pequeño anuncio con Facebook Ads, al proceso de conversión del documento en .pdf, .epub y .mobi. Solo por eso ya ha sido una experiencia enriquecedora.
Y ahora queda ver qué pasa. Confieso que me da un poco de apuro la parte de «promocionarlo». Primero porque no me gusta ser pesado (y hay gente que se pone muy plasta cuando hace cualquier cosa), pero también tengo la sensación de que hace falta serlo un poco si quieres que las cosas sucedan; así que ahí ando, intentando ver dónde está el equilibrio. Y también tengo que luchar contra cierto «síndrome del impostor», la duda de si realmente estoy diciendo cosas con sentido, si realmente el enfoque que le estoy dando es útil, si no estaré diciendo un montón de obviedades y perogrulladas. Pero, para variar, esta vez prefiero «salir al ruedo» y dejar que sea la realidad, y no mis rumiaciones, las que me den feedback.
Y ya está. Que estaré muy agradecido si leéis el libro y me dais vuestras opiniones, y si me ayudáis a darle visibilidad.
Keep learning!