Hay demasiadas cosas importantes que ni el Morsa, ni la Chusa ni el Engañabaldosas me enseñaron nunca. Por eso tengo una lista de correo, donde hablo de todas esas cosas que te ayudan a trabajar mejor y a vivir mejor


Tiempo de evaluaciones

Se acerca el mes de agosto, y es tiempo de evaluaciones. Tiempo de alegr�as y decepciones, de expectativas cumplidas y de frustraciones, de agravios comparativos, de cabreos, de clamar por las injusticias cometidas, de listas con nombramientos, de envidias soterradas, de subidas de sueldo y de congelaciones.
Creo que la evaluaci�n es un proceso dif�cil, pero necesario. A nadie nos gusta oir lo que otros tengan que decir de nuestro trabajo, y tendemos a no aceptar demasiado bien las cr�ticas. Tampoco es f�cil evaluar a tus colaboradores, y ponerte en el brete de decirles a la cara lo que en el fondo piensas de ellos. Pero para las organizaciones es bueno separar el grano de la paja. Aunque a veces se cometan errores, aunque los procesos dejen huecos para peque�as o grandes injusticias o arbitriariedades, obviar las evaluaciones es negativo en s� mismo. Lo que hay que hacer es mejorar al m�ximo los procesos para intentar que esas injusticias sean las menos.
En mi caso, este a�o, estoy viviendo el proceso de evaluaci�n con un l�gico desapasionamiento. Es como esos viajes astrales, donde dices que eres capaz de salirte de tu cuerpo y verte a t� mismo. Soy un «muerto viviente», ni eval�o ni me eval�an, no hay subida de sueldo para m�. Y todas las pasiones que se desatan a mi alrededor («a �ste le han nombrado y a m� no», «la subida de este a�o es una mierda», «pues a Fulanito le han dicho que mejor que se vaya») me resbalan.
Qu� cosas, tantos a�os viviendo las evaluaciones como algo consustancial a mi trabajo, y ahora ya no lo son.

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