Excursión a Segovia

Aprovechando el puente decidimos irnos el sábado a «ver mundo» y elegimos Segovia, que está a poco más de 100 kilómetros de aquí. Claro, que uno se acostumbra a viajar en autovía y se olvida de las carreteras autonómicas, atravesar pueblos… así que se hizo más largo de lo previsto. Entre eso y que no habíamos salido demasiado pronto… nos vimos entrando en Segovia casi a la hora de comer. ¡Grave error! Los parkings rebosaban, no había dónde dejar el coche. Estuvimos tentados de irnos, pero al final acabamos aparcando en un barrio de las afueras, con lo que nos tocó caminar. Y llegar casi a las 2 al centro… y busca un sitio para comer, con miles de personas pensando en lo mismo a la vez. Al final decidimos quedarnos a esperar turno en un mesón céntrico… una hora casi de espera. Y todo para acabar comiendo un cochinillo más tieso que la mojama… en fin, la parte culinaria deberíamos haberla previsto mejor.
El caso es que eran pasadas las cuatro cuando empezamos nuestra visita turística, lo cual para un «día» de excursión no está mal. Pero luego fué una tarde de lo más agradable. El tiempo acompañó, una tarde otoñal espectacular. El acueducto imponente (lo que más me sorprendió fué ver que, aparte de la estructura central más conocida, el acueducto se prolonga hacia el este y que es posible recorrer su base hasta donde los arcos desaparecen porque ya no hay desnivel que cubrir). La ciudad estaba de bote en bote, dándole «vidilla». La calle Cervantes y la calle Juan Bravo nos llevaron a la Plaza Mayor y a los pies de la gran Catedral. Seguimos camino de bajada hacia el Alcázar, también enorme, suspendido en el abismo (muy recomendable la visita panorámica que nosotros hicimos de pasada en coche por las afueras de la ciudad, que permiten ver el Alcázar en su esplendor, las murallas y la Catedral). Las murallas al atardecer recogen toda la luz del sol, muy bonitas también. Y ya iniciamos el camino de vuelta por la Judería para volver a la Plaza, donde estuvimos tomando un café y dejando que el peque se desfogase un poco… y finalmente camino de vuelta hacia el acueducto y luego hasta el coche, que había que volver a casa.
Un día largo y cansado, que empezó regulín por lo saturado que estaba todo para circular, aparcar y comer, pero que luego nos dejó una tarde muy disfrutada.
El video lo hicimos nosotros, y se ha ido de cabeza a ilustrar un post de Videoviajero (es el primero que es mío, pero habrá más, me gustó la experiencia de grabar la visita). La música que acompaña las imágenes, de Divertimento Folk (ver concierto en Sala Galileo)