Hay demasiadas cosas importantes que ni el Morsa, ni la Chusa ni el Engañabaldosas me enseñaron nunca. Por eso tengo una lista de correo, donde hablo de todas esas cosas que te ayudan a trabajar mejor y a vivir mejor


Avilés y su belleza

Calle Galiana 4

Aproveché la mañana del viernes, después de la charla sobre blogs y empresas, para dar un agradable paseo al sol por Avilés.
El caso de Avilés es curioso, es como un tesoro oculto tras su aspecto industrial. Para empezar, está en Asturias: uno de los lugares que más me gustan. Todo el norte en general, y Asturias en particular, me entusiasma por la combinación de verde y azul, de montaña y de mar. Sin embargo, en ese paisaje espectacular y natural encontramos en contraste muchísima industria. Y nada de pequeñas naves, no: industria pesada, grandes chimeneas y humo, instalaciones imponentes que, aunque también pueden encerrar una cierta belleza, «estropean» el paisaje.
Avilés da, desde fuera, esa impresión. Según uno se acerca lo que ve es la industria, los edificios de viviendas altos, feos, sin personalidad. Pero cuando te adentras en el corazón de la ciudad, aparece un lugar precioso, con sus casas tradicionales, sus zonas peatonales, sus soportales y sus empedrados, sus edificios singulares, palacios y villas, sus parques… una delicia para disfrutar de un paseo tranquilo y agradable, saboreando el rastro de la historia.
Para mí, además, Avilés tiene un punto nostálgico: allá por el 2000 estuve haciendo un proyecto por Asturias, y mi base de operaciones era precisamente Avilés. Recorrí entonces sus calles, y el paseo de este jueves me trajo a la memoria aquel proyecto ya lejano…
En fin, que si pasáis por Asturias, y aunque es evidente que la competencia es fiera (no sólo Gijón y Oviedo, u Oviedo y Gijón, sino las decenas de pueblos y lugares que merecen una visita por allí), es recomendable no dejarse asustar por el aspecto industrial de Avilés y entrar a hacer una visita. Merece la pena.

2 comentarios en “Avilés y su belleza”

  1. Totalmente de acuerdo contigo. Avilés resulta desconocida hasta para los propios asturianos.
    En un día soleado no hay nada mas encantador que tomarse un vinito o una sidra en las terrazas de la pequeña plazoleta de Sabugo, o darse un paseo por la calle Galiana, o bajar un poquito mas y acercarse a Casa Lin a degustar unos buenos pescados o mariscos.
    Concluyo por tanto, industrial e incluso fea por fuera, encantadoramente deliciosa por dentro.

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  2. Raúl, encantador en la ponencia en la ciudad y encantador tras ella. Celebro que te halla gustado la ciudad, es una de las grandes desconocidas… los avilesinos vamos haciendo patria allá por donde vamos.
    Muchas gracias por el cariño demostrado!
    Javier

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