Me he sentido totalmente identificado con este post…
Ese «don» para ir entrelazando tareas sin finalizar ninguna es uno de los «asesinos natos» de la productividad. Y yo peco de contínuo… además, no sé por qué tengo la manía de intentar «aprovechar el tiempo»: es decir, que pienso «ya que estoy yendo para allá, hago esta otra cosa». Al final, muchas veces, ni hago una ni hago otra.
Y claro, el post habla sobre tareas físicas… si todo eso lo llevamos al escritorio de un portátil, la cosa alcanza tintes dramáticos: voy a ver las estadísticas de no sé qué… ah, no, espera, que tengo que contestar el correo de fulanito… esto me recuerda el post que escribió ayer menganito… le envié la presentación a zutanito?
En fin, qué cruz.
dia-a-dia
Cinco cosas que posiblemente no sabes de mí
Anda este meme rulando por ahí desde hace un tiempo, y a mí me lo han hecho llegar por un par de vías… pero no, no lo voy a contestar. Primero por «principios»: no me gustan los memes. Suena pretencioso, pero no me gusta que me marquen la agenda de lo que escribo en mi blog. Tampoco me gusta el alborozo con el que la «comunidad bloguera» acoge este tipo de iniciativas. En fin, no me gusta participar en esas cosas de «celebración colectiva» si no les veo el interés intrínseco.
Y luego hay una segunda motivación (eclipsada por la primera). Y es que tampoco se me ocurren «Cinco cosas que posiblemente no sabes de mí» y que, además (punto importante), me apetezca contarlas en el blog. Cuando quiero contar cosas sobre mí las voy contando, y cuando no quiero… pues no. Y tener que buscar cosas para contar sobre mí que cumplan esas condiciones (que no lo haya contado todavía y que me apetezca contar) pues me parece un tanto retorcido…
En fin, que le vamos a hacer. Entre que ya de normal soy un poco gruñón y que hoy me he levantado con el pié izquierdo, me ha salido un post la mar de desagradable 🙂
PD.- Así a lo tonto han salido varias cosas… que soy un pretencioso, que no me gustan los memes, que me gusta ir a mi bola, que soy un poco gruñón y que soy bastante reservado. Mira, ya están, cinco cosas. Aunque algunas de ellas seguro que ya se sabían 🙂
Wikificándome un poquito
Supongo que a estas alturas todo el mundo sabe por aquí lo que es un wiki… La verdad es que es un concepto que me genera una mezcla de atracción y de rechazo a partes iguales. Por un lado, eso de el conocimiento colaborativo me parece tan potente… pero por otro lado, eso de que las cosas crezcan sin orden ni concierto, al arbitrio de quien quiera aparecer por allí…
Claro, que quizás mi visión está muy mediatizada por la wikipedia, la archifamosa enciclopedia colaborativa online. Sin embargo, los wikis tienen muchas más utilidades: y si no, basta ver como Julen lo ha utilizado como base para «wikificar» su actividad profesional.
En WSL usamos wikis tanto a nivel de editores como a nivel del equipo de gestión. Pero me temo que de momento más como un repositorio de información que como una herramienta viva, cuando los wikis si hay algo que permiten es ese dinamismo en entornos colaborativos (como el que nos mueve a nosotros, tan geográficamente dispersos). Creo que el problema radica en que no nos hemos convencido del todo de que el wiki puede ser una excelente herramienta colaborativa, yo el primero. Y encontramos más fácil (a corto plazo) echar mano de un email a una lista de correo para discutir temas que editar una página en un wiki. O redundante el repasar una discusión (con un cliente, por ejemplo) y reflejar los elementos más importantes en el wiki. Sin embargo, a medio y largo plazo, el no hacerlo creo que nos empobrece: porque los emails están donde están, desperdigados por ahí. Y el wiki todo lo guarda.
Así que me voy a aplicar el cuento. Voy a vencer mis reticencias, voy a aprender el ABC de los wikis y voy a intentar «wikificarme» un poquito.
La primera impresión
Aquello de «la primera impresión es la que cuenta» o «sólo tienes una oportunidad para causar una buena impresión» es, en mi caso, muy cierto. Soy mucho de «primeras impresiones». Cuando conozco a alguien, tiendo a colgarle etiquetas de forma bastante rápida: «este es un tipo majo», «este es un tonto de las narices», «este es un pringao» o «este es un genio».
Lo hago tanto en conocimientos «físicos» como virtuales: cómo habla, cómo escribe, cómo gesticula, cómo viste, de qué habla, cómo mira, cómo reacciona… todo eso va a una coctelera de la que sale un juicio cuyo resultado acompañará a esa persona para siempre y que marcará mi relación con ella. Ya se sabe, aquello del «efecto halo».
Por supuesto que tengo flexibilidad para envainármela si mi primera impresión es equivocada. Pero digamos que la carga de la prueba recae en el contrario: si de uno pienso que es un tontolaba, tendrá que demostrarme varias veces y de forma contundente que no lo es para que cambie mi percepción. Y si de alguien pienso que es majo, tendrá que cagarla varias veces antes de que cambie mi opinión.
Ya sé que con este medio de «etiquetaje» rápido posiblemente cometa errores: que descarte a personas interesantes debido a una mala impresión inicial, o que se me cuele algún gañán. Pero la sensación que tengo al cabo de los años (y el motivo por el que, supongo, sigo haciéndolo) es que en términos generales acierto, lo cual valida el sistema.
Aunque también habría que ver cuánto de profecía autocumplida hay en todo eso… si considero que alguien es gilipollas de primeras, posiblemente empiece a tratarle como tal, lo cual generará en él comportamientos aun más gilipollescos (que vendrán a reforzar mi tésis). Y si considero a alguien majete, empezaré a tratarle de majete lo cual redundará en que su reacción sea positiva y tienda a enajar en ese perfil.
Vaya, qué desvaríos mañaneros…
Coreografías
David Civera y compañía deberían prestar atención a sus competidores
PD.- Y yo preocupado por el pudor de hacer un videoblog…
Nuevo Vimoz
Bueno, aunque han pasado unas semanas desde mi primer experimento como videoblogger y la cosa se ha quedado un poco en stand-by, la comunidad de los videoblogs en castellano se sigue moviendo. Mañana 17 de enero se celebra una nueva edición de VIMOZ, el evento de videobloggers. Y esta vez, a lo grande: con sedes en Madrid, Barcelona, Getafe y Santiago de Chile, con muchas ideas y más gente participando.
Yo intentaré acercarme a la de Madrid, aunque no estoy seguro de que vaya a poder.
Faltan consultores
No es la primera vez que lo oigo. Ni la primera empresa, ni la segunda. Por lo que parece, se trata de un problema generalizado en las denominadas «firmas de servicios profesionales». Cada vez les resulta más difícil encontrar buenos candidatos a incorporarse como «juniors». Y esto tiene varios motivos:
- Pura demografía: el descenso de la natalidad ha ido causando estragos en distintas etapas. Primero se notó en las escuelas, luego la universidad y empieza a notarse en el mercado laboral. Es una bomba de relojería con efectos retardados, pero aquí está.
- Más oferta de empleo: tengo la sensación que, para el perfil profesional del que estamos hablando, se han multiplicado las oportunidades. Hay más empresas «similares» que ofrecen lo mismo. Y todas se pelean por los mismos candidatos…
- Cambio de mentalidad: quizás lo más importante. El modelo tradicional de la consultoría ya no «vende». Antes aquello de «machácate durante unos años y tendrás tu recompensa» vendía. Lo de ser un «yuppie» que vivía para trabajar y podía ganar mucho dinero atraía a los jóvenes. Ahora, eso «cuela» cada vez menos. La gente joven vive cada vez mejor, y entre sus planes no está el hipotecar x años de su vida en aras a conseguir ese presunto glamour que dan las carreras profesionales brillantes. El tiempo libre o la ausencia de presión son valores cada vez más apreciados, mientras que el dinero o el status lo son cada vez menos.
¿Y qué hacer ante esto? Pues algo tendrá que cambiar, porque lo que está claro es que cada vez hay menos «materia prima» que quiera seguir el modelo tradicional. Lo peor es que quienes tienen que implementar esos cambios (en el modelo de selección, en el modelo de carrera profesional, en el modelo de trabajo…) son personas de «la vieja escuela». Gente cuya respuesta instintiva ante esta situación es que «los jóvenes son unos flojos… en mi época sí que currábamos». Que no digo que no pueda ser verdad, pero apelar a ese «pasado glorioso» no les va a ayudar mucho. Las cartas con las que hay que jugar son éstas y no aquéllas.
Contactar por contactar
Recibo una notificación de una de las «redes sociales» en las que estoy dado de alta. Se trata de una persona que quiere ponerse en contacto conmigo:
«Estoy haciendo un master en RRHH y me exigen hacer tres contactos semanales con profesionales de los RRHH, sólo necesito numero de telefóno, email, y empresa en la que trabajas y que función llevas a cabo.
Te agradecería mucho tu ayuda.
No implica ningún compromiso.
Gracias por tu tiempo.
Que pases un buen día.»
No me parece mal que esta persona en cuestión me haya escrito, y de hecho he dado una respuesta («lo siento, ya no trabajo en ese sector»). Lo que me parece agotador es el planteamiento del master: «me tienes que traer tres nombres a la semana». Y no tres nombres, si no los datos concretos.
Esa «fiebre» por el networking es malsana… convertir al networking en un objetivo en sí mismo no creo que lleve a nada. Quizás todos los alumnos consigan esos contactos. Quizás se los copien entre ellos, o posiblemente acabe circulando una lista de «posibles contactos» (de los cuales muchos quedarán desactualizados enseguida) que sirvan para «dar el pego» (total, dudo mucho que nadie vaya a pasarse las horas comprobando que los contactos que les entregan son ciertos…)
En fin, que de defender que hacer y mantener contactos es bueno a fomentar el networking salvaje hay un trecho. Al menos, para mí.
No blogs
Pero cómo puede ser esto… ¿dedicándome al mundo de los blogs, y haciendo un alegato en su contra? Me he vuelto loco… pero no, no es para tanto. O al menos eso espero 🙂
Estas dos semanas que he estado fuera de casa he tenido una conectividad reducida. Los ratos en los que quería/podía disponer de un ordenador y una conexión a internet, los dedicaba a gestionar al menos mínimamente las tareas laborales que estaban pendientes. Trabacaciones, que dicen los que saben. Como consecuencia, he dejado de leer blogs durante estas dos semanas. Y como consecuencia de la consecuencia, mi bloglines estará hasta las cejas. Y digo «estará» porque en realidad todavía no lo he mirado. He vuelto sin esa necesidad compulsiva de leer todo lo que dicen los blogs…
En cambio, durante estas dos semanas he leído más el periódico. También he leído más los suplementos dominicales. En mi casa suelen leer El País (con su EPS) y en casa de mi señora El Correo (con su XLSemanal). Y he echado un vistazo a un buen puñado de ejemplares atrasados.
¡Qué gusto da, para variar, leer reportajes elaborados y «con chicha»! ¡Qué gusto leer entrevistas a personajes interesantes sobre campos tan distintos como la ciencia, la poesía, el deporte, la música, la política…! Y es que, aunque resulte una obviedad, los «medios tradicionales» disponen de una cantidad de recursos que hacen que tengan acceso a buenos personajes, a buenas fotos, a viajar a las zonas sobre las que hablan o a dedicar horas a elaborar los contenidos… y aunque muchas veces se les desprestigie, al final un periodista es un periodista y tiende a escribir mejor que uno que no lo es.
En fin, que resulta sano salirse de vez en cuando de la maraña de blogs en la que nos hemos metido (sin que nadie nos obligue, claro). Por supuesto que hay contenidos interesantes en «la blogosfera», que suelen aparecer cuando alguien inteligente escribe con gusto sobre un tema que conoce y por el que siente pasión. Pero también los hay fuera. Y un poco de equilibrio de vez en cuando no viene mal.
Regreso
Pues ya estamos aquí, dispuestos a recuperar el tono «laboral». Y es que por mucho que uno se lleve el portátil y se conecte a ratos sueltos, cuando uno está fuera del hábitat tradicional es difícil centrarse. En todo caso, gracias a esas conexiones esporádicas, he conseguido matizar la avalancha de emails pendientes de leer, lo cual no es poco.
Ahora, toca poner un poco en orden todas las ideas y los asuntos pendientes, y re-arrancar el año. Año que promete ser interesante a todos los niveles, y en el que espero estar a la altura. Así que nada, desde ya… «business as usual» (*)
(*) Esta coletilla tiene especial gracia para todos aquellos que asistimos a una reunión en la que, mientras las noticias sobre la Firma en la que trabajábamos eran cada vez más oscuras, los socios nos decían que no teníamos de qué preocuparnos… que teníamos que seguir trabajando como si no pasara nada, «business as usual». Claro, luego ellos salieron con la pasta en la mano y los demás nos quedamos colgados de la brocha….