Baja de paternidad

El pasado viernes (o sea, ayer) vino al mundo mi primer hijo. As� que durante unos d�as (�qui�n sabe cu�ntos?) no voy a estar muy activo por este mundo virtual que nos hemos montado entre todos.
Afortunadamente, los convenios colectivos todav�a no alcanzan al mundo de los blogs, as� que volver� cuando pueda/quiera.
Es absolutamente indescriptible la sensaci�n de estos d�as. Quien sea padre (porque las madres intuyo que ser� otra cosa a�n m�s grande) sabr� de lo que hablo, y quien no… es imposible hacerse una idea.
Good night… and good luck.

La coalici�n artesana

Supongo que a estas alturas todo el mundo que por aqu� pasa conoce a Julen Iturbe, el consultor «artesano». Si no, est�is tardando en visitarle… La verdad es que Julen plantea una visi�n de la consultor�a muy personal, atrevida, retadora. Desde luego, alejada de mi experiencia actual y pasada (como sab�is, muy ligada a las empresas grandes – por tama�o – de consultor�a), pero creo que cercana a lo que me gustar�a del futuro.
Por cierto, que con nucleo en su blog se est� produciendo un torrente de ideas francamente interesante sobre la posibilidad de establecer una red de consultores independientes con mucho de P2P, networking, reputaci�n, colaboraci�n… y tambi�n mucho de personas. �Un mundo nuevo? No estoy seguro, pero desde luego un soplo de aire fresco.
La «coalici�n» toma forma ante nuestros ojos…

�Agua va!

Otro de esos detalles corporativos que tanto me «gustan»: aqui, cuando tienes un nivel de gerente o superior, el servicio de conserjer�a (s�, tenemos de eso: un equipo que prepara los caf�s y almuerzos y atiende las salas de reuniones y dem�s) se pasa todas las ma�anas por tu depacho y te pone una botellita fresca de agua (sin desprecintar) y una copa de cristal.
Estas botellas se suelen guardar en una nevera con candado.
El resto de los mortales, si quiere, tiene que ir a la cocina y coger una botella fresca de agua (rellenada del grifo) y un vaso de pl�stico. Estas botellas est�n en otra nevera distinta, sin candado.
Ah, el dichoso status…

La subcontrataci�n en el mundo de la consultor�

Rafa propone un interesante debate sobre la subcontrataci�n en el mundo de la consultor�a. No se refiere al hecho de que las empresas subcontraten parte de sus procesos a consultoras, sino a que las consultoras subcontraten parte de sus propios procesos a otras consultoras (el denominado bodyshopping).
Al margen de consideraciones morales sobre la degradaci�n del empleo y dem�s, lo que plantea es muy acertado: �Qu� sentido tiene pagar tarifas de «gran consultora» si luego el trabajo te lo hace gente de «peque�a consultora»? �Qu� valor diferencial aporta la gran consultora que justifique el sobreprecio? �Es un valor real o solo figurado?

Ponerse zancadillas a uno mismo

Estos d�as estoy asistiendo, en primera fila, a un ejemplo de gesti�n mal llevada.
Se trata de un gerente que, de siempre, est� acostumbrado al «yo me lo guiso, yo me lo como». Es muy v�lido t�cnicamente, pero un desastre como gestor de equipos. Resalto algunos elementos que me llevan a esta opini�n:

  • Asume que todos los dem�s son, de serie, tan buenos como �l mismo. Por lo tanto, no dedica tiempo a explicar las cosas «desde el principio», somete a una presi�n excesiva a sus equipos (espera de ellos que todo est� tan r�pido y tan bien como lo har�a �l) y, finalmente (y como no pod�a ser menos) acaba decepcionado por los resultados y rehaciendo las cosas �l mismo.
  • No permite asumir riesgos a su equipo. Supervisa todo lo que se hace hasta el m�nimo detalle, y no deja que salga a la luz hasta que todo est� «a su gusto» (a veces es un criterio t�cnico, pero a veces es simplemente cosa de formato o de estilo de redacci�n).
  • No planifica. Pide las cosas seg�n se acuerda/tiene tiempo. Va a impulsos. Por lo tanto, los equipos se vuelven locos: de repente hay que hacer algo de hoy para ma�ana, cuando con un poco de planificaci�n se podr�a haber hecho desde antes, m�s tranquilos y mejor.
  • No gestiona las demandas entrantes. Atiende todas las llamadas, todos los mails, todas las visitas… al momento. Eso genera, por ejemplo, que mientras est�s revisando un tema atienda una llamada telef�nica de media hora, mientras que t� pintas en un papel esperando a que termine.
  • No separa el tiempo personal del profesional. No desconecta. La Blackberry es su amiga. Lo peor es que no asume que el resto no comparta esa visi�n, y no est�n disponibles cuando �l quiere que lo est�n.
  • Est� demasiado tiempo fuera: vendiendo, dando charlas, llevando proyectos. Pero, a la vez, pretende que todo pase por sus manos. Como consecuencia, no tiene tiempo: solo a partir de las 19:00 h aparece por la oficina y entonces se pone a «despachar» con sus equipos. Durante el resto del d�a, ilocalizable.

He de decir que lo considero un t�o majo (es decir, no es el t�pico «cabr�n» que hace las cosas con mala uva). Pero no gestiona bien sus equipos. Y eso va a provocar, m�s pronto que tarde, problemas en dos niveles: en el suyo personal, es el t�pico candidato a enfermedad coronaria: intenta llegar a todo pero, simplemente, el tiempo no le da de s�. Y no s�lo a nivel de salud, sino que a nivel familiar no me extra�ar�a que la situaci�n se le complicase a medio plazo: no es posible mantener una familia (mujer y dos hijos) con ese ritmo de vida.
Y un segundo nivel, organizativo. Y es que con esta forma de trabajo los equipos, l�gicamente, se queman. Si se queman, se van. Si se van, no hay nadie en condiciones de ir asumiendo parte de su carga de trabajo. Si nadie asume parte de su carga, �l lo sigue llevando. Y, dado que su tiempo es finito, se convierte en un cuello de botella que perjudica al conjunto.
�Soluciones? Dif�ciles, dif�ciles…

7:35 de la ma�ana

Ayer fue un d�a bien liado. De esos en los que piensas «joer, si todos fueran as�, no duro ni una semana». Y eso que todo fu� saliendo m�s o menos bien. Pero tuve la sensaci�n, todo el d�a, de irme pisando los pies, de tropezar por querer ir demasiado deprisa y llegar a todo.
Empez� la cosa tonta, a las 7:35 de la ma�ana. Apurando mis �ltimos momentos de duermevela, de repente suena el tel�fono fijo. Entre el sopor y la enso�aci�n, el coraz�n se me puso en la garganta: relaciono (�qui�n no?) una llamada a horas intempestivas al tel�fono fijo con desgracia familiar…
«Buenos d�as, le llamo de Telef�nica, hab�a dado un aviso de aver�a, �no?».
�Vamos, no me jodas! El primer balbuceo, con voz de ultratumba y mezclando incredulidad con mosqueo que me sali� fue «S�, hombre, �pero son las siete y media de la ma�ana!»
Y el t�o, ni corto ni perezoso, me dice «vaya, cuando vamos lentos porque vamos lentos, y cuando nos damos prisa porque nos damos prisa».
No s� si ser�a la anestesia del despertar, o igual es que en el fondo el hombrito ten�a raz�n: si llaman en horario «de oficina», no me van a pillar nunca en casa, no se soluciona la incidencia y me mosqueo. Si llaman fuera de ese horario, me mosqueo tambi�n…
As� que le di detalles sobre la aver�a, y punto final. Hay que decir que la persona, al despedirse, dijo «Gracias… y perdone», gesto que le honra. Aun as�, fue una «bonita» forma de levantarse cardiaco. Normal que el d�a fuese como fu�

Es lo que tiene escribir una cr�tica

Empecemos por el principio. Hace ya unos tres meses escrib� una cr�tica sobre un libro que hab�a le�do; «El Gran Empuj�n», de Jos� F�lix P�rez-Orive. Ya entonces me pareci� una cr�tica dura («gurusito en estado puro», llegu� a decir), pero eran las sensaciones que me gener� el libro.
Al cabo de un par de meses, detecto en las estad�sticas a alguien que llega al blog con una «egob�squeda» de Jos� F�lix P�rez-Orive, y que se revisa 20 o 30 entradas. Y, ese mismo d�a, recibo un email. �Adivin�is qui�n era? El propio autor…
He de reconocer que me sorprendi� su email, y as� se lo dije. Ante una cr�tica como la m�a, muchos hubieran optado por ignorarla directamente, y otros la despreciar�an. Sin embargo, aun mostrando su disconformidad con ella, Jos� F�lix se interes� por profundizar en mi punto de vista con el �nimo, seg�n dec�a, de mejorar porque «tengo claro que ense�a m�s la critica adversa que la positiva«. Una postura que, como le dije, le honra por elegante y bien llevada ante una cr�tica «negativa».
El hecho es que me lanz� una invitaci�n para quedar un d�a a comer y charlar sobre este tema, y ese d�a ha sido hoy.
Antes de comer hemos estado conversando en sus oficinas sobre mi cr�tica. Al principio me ha descolocado un poco, ya que se ha esforzado en demostrarme lo bien que ha ido el libro en ventas y la de cr�ticas positivas que ha recibido, alabando cosas que yo hab�a criticado. Digo que me ha descolocado porque, como ya dije en su momento, mi cr�tica era absolutamente subjetiva, eran cosas que A M� no me hab�an gustado; eso no significa que no haya otros a quienes le pueda gustar.
Se ha sorprendido de que me hubiera terminado el libro; �c�mo, si no me gustaba? Ah� es donde me he dado cuenta de que mi cr�tica, quiz�s, hab�a sido poco ponderada. En efecto, me hab�a centrado en algunos aspectos negativos (que mantengo) pero hab�a pasado de soslayo sobre algunos positivos (como es el mensaje o las ideas que tiene detr�s). Que son los que me hab�an impulsado a leerlo hasta el final. Como le expliqu�, su libro era como un coche: con un buen motor que lo impulsaba, pero con algunas cuestiones «formales» que lo frenaban: al final el motor gana a la resistencia, pero si la resistencia hubiese sido menor… el libro se hubiera le�do m�s f�cil y mejor.
El caso es que me ha dejado un borrador de su pr�ximo libro para que lo lea y lo critique. Es de agradecer esta actitud: confiar en quienes te han criticado para seguir avanzando. Muchos otros (y m�s con su posici�n) se regodear�an en las cr�ticas positivas y se rodear�an de aduladores.
Luego ya hemos estado comiendo y charlando un poco de todo. Realmente se trata de un personaje interesante; una larga y fruct�fera trayectoria profesional, muchas experiencias, una visi�n de la vida atractiva… la comida no solo ha sido una invitaci�n (un cocido estupendo), sino una sesi�n de coaching gratu�ta que agradezco.
Respecto a mis cr�ticas, como no pod�a ser de otra forma, las mantengo. Conversando con �l tengo la sensaci�n de que no es del todo culpa suya; simplemente es su estilo. Creo que es una de esas personas que puede resultar presuntuosa sin quererlo: conoce a gente interesante (te habla de Consejeros Delegados del IBEX como quien habla de los colegas), se mueve en determinados ambientes, tiene inquietudes culturales… y todo eso hace que, al hablar, vaya trufando su «discurso» con referencias que pueden sonar a pura presunci�n, pero que creo honestamente que no es as�.
Creo tambi�n que le gusta bastante hablar. De hecho, tiene una conversaci�n muy amena, pero tengo la sensaci�n de que le gusta llevar el peso de la misma. De nuevo, no creo que sea esencialmente malo; es una forma de ser.
En fin, se ha tratado de una experiencia interesant�sima para m�. Un ejemplo, adem�s, de lo que un blog puede hacer: en condiciones normales, creo que hubiese sido dificil�simo que Jos� F�lix y yo hubi�semos compartido mesa y mantel, pero gracias al blog as� ha sido.
Por mi parte, prometo leerme su borrador y hacer una cr�tica todo lo objetiva que deba ser. «Con amor (buena f�) y ense�anza«, como �l dice.

La tele cae enteros

A veces pienso que no s� priorizar. Que, ante la avalancha de responsabilidades (trabajo, casa, etc.), me bloqueo. Pero no es verdad; la realidad es que s� priorizo. De forma inconsciente (es decir, no hago un an�lisis de pros y contras y en consecuencia decido), pero priorizo.
La tele es una de las cosas que m�s bajo est� cayendo en mi lista de prioridades. Nunca he sido demasiado teleadicto (alucino con esas estad�sticas que dicen que la gente ve 3-4 horas de tele al d�a; �para eso queremos tiempo libre?), pero algo s� sol�a ver: alguna serie «prime-time», alg�n late-night…
Pero, desde hace alg�n tiempo, veo que he restringido al m�ximo mi consumo televisivo. Respeto (porque me encanta) «Aqui no hay quien viva», la serie de Antena 3 sobre una comunidad de vecinos. A veces la puedo ver el mi�rcoles que la echan, y a veces la grabo y la veo el fin de semana. Si puedo y llego, me gusta ver «C�mera Caf�» durante la cena, me parece un producto divertido, razonablemente inteligente y de consumo r�pido. Y si pillo alg�n telediario, siempre estoy a tiempo.
Y creo, que en general, eso es todo. Bueno, si descontamos el rato de vegetar antes de dormir, que zappineo un rato haya lo que haya (�y mira que a veces no hay ninguna opci�n!). Me encantar�a ver Buenafuente con regularidad, pero es que empieza tan tarde que ni me lo planteo salvo que me pille en uno de esos momentos de zapping.
Del resto, hace siglos que no veo nada. No me engancho a ninguna serie, en realidad no me doy ni oportunidad. Pel�culas en la tele, ni hablar: entre que son archirepetidas y que en realidad ves trozos de pel�cula entre bloques de anuncios interminables. Los programas «est�ndar» me parecen lamentables en t�rminos generales.
Hace un par de semanas vi los primeros cap�tulos de «Vientos de agua», me encantaron, pero ya la siguiente semana me los perd�, la siguiente Tele5 la enterr� en su programaci�n… y total, ya he desistido.
Porque, en el fondo, es luchar contra lo inevitable: no tengo tiempo para verla.

Multitarea

Estos d�as estoy con varios proyectos en paralelo. Sucede m�s a medida que pasan los a�os, cuando tu implicaci�n no deber�a ser (en teor�a) tan completa en cada uno de ellos, sino que simplemente te dedicas a «supervisar». Pero claro, esa es la teor�a. En la pr�ctica, en muchas ocasiones esa labor de supervisi�n se transforma en una de supervisor-ejecutor, con lo cual te tienes que meter «de hoz y coz» en el tema.
Y, particularmente, aunque solo sea como supervisor yo necesito tener un conocimiento suficiente de las cosas. Me falta esa habilidad, que he visto en algunos (generalmente los m�s mayores), de meterse en una reuni�n sin tener ni pu�etera idea de qu� iba el tema ni de ning�n detalle, y salir m�s que airosos, triunfantes de ellas. A m� todav�a se me genera �lcera s�lo de pensarlo.
El hecho es que varios proyectos en paralelo suponen problemas:
* Cada uno de ellos tiende a demandarte tanto como si fuera el �nico. Si consigues jugar con los tiempos, perfecto, pero es imposible evitar colisiones en algunos momentos…
* El esfuerzo por salirte de un tema y pasar a otro es considerable. Llegas a automatizarlo, pero eso no quiere decir que no cueste: te pones a pensar en el tema A cuando est�s escribiendo el tema B, y as� no hay quien llegue a ning�n sitio.
* Tienes excusa para ir dejando alg�n tema que no te guste: total, puedes centrarte en los otros… lo malo es que si lo vas dejando, lo vas dejando, acabas pill�ndote los dedos.
* Nunca tienes la sensaci�n de «ya, he terminado con esto», porque tienes a los otros proyectos esper�ndote encima de la mesa…
Pero bueno, no me quejo. De trabajo, mejor que sobre que no que falte. Aunque a veces nos agobie un poco.

Kobe Bryant y el trabajo en equipo

��81 puntos!! Esa es la cifra que Kobe Bryant, el jugador estrella de Los �ngeles Lakers, consigui� en su partido de la NBA este fin de semana. No es que yo sea especialmente aficionado al baloncesto, pero s� lo suficiente como para saber que es una burrada. ��81 puntos!!.
Pero, y ah� viene mi reflexi�n «todo a 100» de hoy, 81 puntos de Bryant sobre los 122 que marcaron los Lakers… supone un 66% de los puntos que anot� todo el equipo. Es evidente que la marca de Bryant hizo vibrar a toda su afici�n, pero m�s que un motivo de alegr�a, a m� me parece un motivo de preocupaci�n.
Que en un equipo haya tanta dependencia de un solo individuo, dice bastante poco de dicho equipo. Las habilidades no est�n adecuadamente compensadas: uno anota, y el resto… �mira?. �Qu� pasa el d�a que Bryant no mete 81 o 50 o 35 puntos? Pues que los Lakers tienen un serio problema.
Y luego hay un segundo punto interesante: �c�mo se sienten el resto de componentes del equipo cuando ven que su contribuci�n, por mucho esfuerzo que hagan, est� siempre eclipsada por «la estrella»?. Quiz�s, si tienen esp�ritu de gregarios, puedan vivir con ello. Pero sospecho que nadie que llegue a la NBA puede tener ese esp�ritu: posiblemente han sido, durante toda su vida «el mejor» de su equipo. El mejor del instituto, el mejor de su universidad… y llegan a la NBA y tienen que soportar que un tipo, que convive con ellos, les deje a una distancia sideral.
Habr�a que ver c�mo es ese vestuario. Y es que no siempre la existencia de un outperformer es buena para el conjunto: soluci�n a corto plazo, pero problema a largo plazo.
Aunque, al parecer, era incluso peor cuando conviv�an dos gallos en el mismo corral: la coexistencia de Kobe Bryant y Shaquille O’Neal deb�a ser espantosa. A veces, lo que parece una bendici�n, puede convertirse en un verdadero quebradero de cabeza.