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Tu basura no miente

Esta mañana, mientras cerraba la bolsa amarilla de envases para bajarla al contenedor, miré de reojo su contenido.

«¿Qué conclusiones sacaría un arqueólogo que se pusiese a revisar mi basura?»

Puede parecer una pregunta peculiar, pero es que justo ese es el tema de un podcast que había estado escuchando la noche anterior (por recomendación de mi amigo Alberto, que de vez en cuando me sugiere cosas curiosas).

Por lo visto hay una rama de la arqueología que, en vez de explorar tumbas egipcias, se dedica a rebuscar en vertederos y a sacar conclusiones sobre la vida cotidiana de las personas.

Sobre la vida real, no sobre la vida inventada.

Porque ésa es una de las conclusiones que me pareció más interesantes: «la basura no miente», decía el arqueólogo Alfredo González-Ruibal.

Por ejemplo, contaba cómo en los estudios originales realizados en los años 70 y 80 en Estados Unidos, se concluyó que la gente consumía mucho más alcohol y mucha menos comida sana de la que afirmaban consumir.

Vamos, que una cosa es de lo que vamos presumiendo, y otra la cruda realidad.

Y tu basura no miente.

Lo que pasa es que normalmente no enseñamos nuestra basura. Es más, la ocultamos tanto como podemos.

Lo que hacemos en su lugar es cuidar mucho lo que enseñamos en el escaparate: nuestras fotitos en Instagram, nuestras sesudas publicaciones en LinkedIn, nuestros éxitos en las revistas sectoriales, nuestro salón convenientemente ordenado cuando vienen visitas. De la cara B, ni rastro.

Ni siquiera hace falta mentir (que también lo hacemos): basta con seleccionar lo que mostramos y lo que ocultamos.

Y no lo hacemos sólo de cara a los demás; también hacia nosotros mismos. Decía Richard Feynman que «tú eres la persona más fácil de engañar»… porque no hay peor ciego que el que no quiere ver. 

Ray Dalio, en su libro «Principios«, hace mucho énfasis en la importancia de conocer la verdad: sobre los demás, y sobre nosotros mismos. Porque solo a partir de la verdad es posible tomar buenas decisiones y conseguir buenos resultados.

Esa verdad no está en el escaparate que montas para que otros vean.

Está en la basura que ocultas.

¿Qué dice tu basura (la literal, y la metafórica) sobre ti?

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