Hablar con el contestador

Contestador automáticoEs curioso cómo hay gente que detesta dejar mensajes en el contestador automático o buzón de voz. Quiero decir, a mí no me cuesta nada hacerlo, y me sorprende cómo hay gente que se frustra tanto cuando le sale el contestador. Yo tengo el mío conectado desde hace siglos, y me resulta tremendamente útil para gestionar las llamadas entrantes cuando no puedo atenderlas en el momento: ¿quién me ha llamado? ¿para qué? Disponer de la lista de llamadas me permite organizar mi tiempo, definir prioridades a la hora de las respuestas o incluso preparar la conversación (no es lo mismo charlar con alguien con datos en la mano que en un aqui te pillo, aqui te mato).
Sin embargo, tengo amigos/familiares que lo llevan fatal. O no dejan mensajes, o dejan uno del estilo de «estoy hasta las narices de hablar con tu contestador». Y luego, cuando estás en directo con ellos, te recriminan que lo tengas activado. Generalmente, como digo, son contactos «personales» quienes tienen estas reacciones; en el mundo profesional es más aceptado.
Cuando lo activé en el principio de los tiempos (casi al principio de tener mi primer móvil) grabé un mensaje personalizado. Cosas de la empatía: cuando yo llamo a un teléfono que no tiene mensaje personalizado, me entran las dudas de si será el teléfono correcto, si estaré dejando un mensaje a un desconocido… El mensaje era del tipo: «Hola, este es el [número de teléfono]. Soy Raúl y ahora no puedo atenderte. Deja tu mensaje y te llamaré después.». Vamos, un saludo, un «estás llamando aquí» y «este soy yo» y poco más. Pues no veáis el cachondeito que se traían algunos a cuenta del mensaje; que si parecía de una línea de contactos, que si patatín, que si patatán…
Pero bueno, allá ellos. Nunca desactivé el buzón de voz. Y nunca cambié el mensaje.

Jodo con el IVA

Impuesto sobre el Valor AñadidoAcaban de desvirgarme. Vengo de realizar el pago de mi primera declaración trimestral de IVA. ¡Y cómo duele!
Es curioso esto del efecto psicológico de los movimientos en efectivo. Racionalmente, sé que en cada factura que cobro, el 15,84% (*) de ese dinero no es mío, sino que me lo da mi pagador para que yo se lo dé a Hacienda. Racionalmente, sé que en algún momento se lo tengo que dar. Pero el contar con ese dinero en la cuenta corriente para luego tener que desprenderse de él, es un sufrimiento. Y genera «efecto pobreza»: ahora mismo, siento como si me hubiesen «robado» 2.000 euros.
Cuando uno es asalariado, también paga impuestos. ¡Vaya si los paga!. De tu sueldo bruto te quitan un porcentaje a cuenta del IRPF, y otra cuota adicional para la Seguridad Social. Sin embargo, psicológicamente, el efecto es distinto. Porque tú recibes una cantidad líquida, y ésa no te la toca nadie. Es más, si por efectos de la deducción por vivienda a la hora de declarar el impuesto sobre la renta te sale a devolver, lo percibes como un subidón, una especie de paga extra. Racionalmente, sabes que en realidad te están devolviendo el dinero que te han quitado de más a lo largo de todo un año (y que en vez de estar en tu cuenta, está en las arcas del Estado). Racionalmente, sabes que el Estado se está llevando una proporción importante de tu sueldo bruto. Pero el sentimiento es diferente.
Ains, qué dura es la vida del autónomo. Ahora entiendo por qué todos se afanan en meter como gasto cualquier factura que cae en sus manos. Tengo que espabilarme, está claro.
(*) Explico lo del 15,84% por si alguien se ha despistado… un autónomo, cuando factura, tiene que calcular el importe bruto de su factura (el precio de los servicios prestados). A ese bruto, tiene que añadirle un 16% en concepto de IVA. Y a esa cantidad tiene que detraerle un 15% (sobre el bruto inicial) en concepto de retención a cuenta del IRPF (que tiene que ingresar su pagador), de lo que resulta el importe líquido a percibir. Y sobre ese importe líquido a percibir, la cuota de IVA es el 15,84%, o sea, 16% entre (1+0,16-0,15)

WSL Blogs y Empresas, mi nuevo "fregao"

Blogs y Empresas

Éramos pocos… y parió la abuela. Pero bueno, tiene todo el sentido del mundo siendo los blogs mi principal ocupación. Y es que, como parte de mi labor de responsable de servicios a empresas en Weblogs SL, llevo unas cuantas semanas trabajando en un nuevo blog: WSL Blogs y Empresas. Aunque la idea es que no sea un blog mío «en exclusiva», sí es cierto que soy yo (e insisto, tiene todo el sentido del mundo, que para eso es mi «negociao») el que lleva el peso del mismo.
Lo que espero conseguir con este nuevo blog es reflexionar en voz alta sobre distintos aspectos de esta vertiente «corporativa» de los blogs, y de esta forma que me sirva de ayuda a mí y a cualquier otro que lo lea para aclarar conceptos, eliminar barreras, discutir posicionamientos…
Obviamente, si de paso vendemos algo, estupendo :).

Lo malo de estar malo

Hay varias cosas que me molestan de estar enfermo y, en concreto, de esta especie de virus invernal/infernal que de forma recurrente te acaba cogiendo (en la interpretación argentina o española, tanto da) un año sí y otro también.
Lo primero, el aplatanamiento. Que no tienes ganas de hacer ná, más que de dormitar y dejar pasar el tiempo. Cosa con la que no estoy en absoluto en desacuerdo… siempre que no tengas responsabilidades (laborales, familiares, etc.). Pero es frustrante saber que tienes cosas por hacer y simplemente ver que es que no te apetece hacer nada.
Lo segundo, que cuando consigues vencer un poco el aplatanamiento, lo haces con un cierto espíritu pesimista: todo lo ves más negro de lo que sueles, las cosas van a salir mal, no vales para nada, has tomado todas las decisiones equivocadas en tu vida, y las que estás tomando ahora también están mal… aquello de los estados de ánimo, vaya.
Y para colmo, cuando por fin consigues ponerte un poco las pilas y ver las cosas con cierto optimismo… ves que el cuerpo no te responde. Que quieres salir a la calle y te entra una flojera de piernas tremenda. Que te corre el sudor frío por la espalda. Que te mareas cuando te sientas delante del ordenador.
¿Y qué queda por hacer? Pues nada, volver al aplatanamiento. Total, cuando no se puede, no se puede.
PD.- Ya estoy mejor, gracias 🙂

Estar malito

MalitoSe veía venir. Este «veranito de San Martín» que ha durado hasta mediados de enero no podía traer nada bueno. Y el temporal de nieve y frío, menos. Y si le sumamos un bebé atrapaenfermedades… pues lo raro es que todavía no hubiésemos caído. Pero oiga, en plan ofertón, dos por el precio de uno. Y aquí estamos mi señora y yo hechos unos zorros. El niño, como una rosa, mira tú por donde.
Lo malo de estar «malito» es que uno no es capaz de centrarse. Esta noche habré dormido dos o tres horas, y el resto ha sido un duermevela desagradable: garganta irritadísima, clínex uno detrás de otro… ¿y ahora? Ponte a trabajar. Pues vamos listos… en fin, espero no meter demasiadas patas en nada de lo que haga. Tampoco creo que pueda hacer mucho, lo imprescindible. Porque estar p’a na… es tontería.

Síndrome de atención deficiente activado con la edad

Me he sentido totalmente identificado con este post
Ese «don» para ir entrelazando tareas sin finalizar ninguna es uno de los «asesinos natos» de la productividad. Y yo peco de contínuo… además, no sé por qué tengo la manía de intentar «aprovechar el tiempo»: es decir, que pienso «ya que estoy yendo para allá, hago esta otra cosa». Al final, muchas veces, ni hago una ni hago otra.
Y claro, el post habla sobre tareas físicas… si todo eso lo llevamos al escritorio de un portátil, la cosa alcanza tintes dramáticos: voy a ver las estadísticas de no sé qué… ah, no, espera, que tengo que contestar el correo de fulanito… esto me recuerda el post que escribió ayer menganito… le envié la presentación a zutanito?
En fin, qué cruz.

Cinco cosas que posiblemente no sabes de mí

Anda este meme rulando por ahí desde hace un tiempo, y a mí me lo han hecho llegar por un par de vías… pero no, no lo voy a contestar. Primero por «principios»: no me gustan los memes. Suena pretencioso, pero no me gusta que me marquen la agenda de lo que escribo en mi blog. Tampoco me gusta el alborozo con el que la «comunidad bloguera» acoge este tipo de iniciativas. En fin, no me gusta participar en esas cosas de «celebración colectiva» si no les veo el interés intrínseco.
Y luego hay una segunda motivación (eclipsada por la primera). Y es que tampoco se me ocurren «Cinco cosas que posiblemente no sabes de mí» y que, además (punto importante), me apetezca contarlas en el blog. Cuando quiero contar cosas sobre mí las voy contando, y cuando no quiero… pues no. Y tener que buscar cosas para contar sobre mí que cumplan esas condiciones (que no lo haya contado todavía y que me apetezca contar) pues me parece un tanto retorcido…
En fin, que le vamos a hacer. Entre que ya de normal soy un poco gruñón y que hoy me he levantado con el pié izquierdo, me ha salido un post la mar de desagradable 🙂
PD.- Así a lo tonto han salido varias cosas… que soy un pretencioso, que no me gustan los memes, que me gusta ir a mi bola, que soy un poco gruñón y que soy bastante reservado. Mira, ya están, cinco cosas. Aunque algunas de ellas seguro que ya se sabían 🙂

Wikificándome un poquito

Wiki Supongo que a estas alturas todo el mundo sabe por aquí lo que es un wiki… La verdad es que es un concepto que me genera una mezcla de atracción y de rechazo a partes iguales. Por un lado, eso de el conocimiento colaborativo me parece tan potente… pero por otro lado, eso de que las cosas crezcan sin orden ni concierto, al arbitrio de quien quiera aparecer por allí…
Claro, que quizás mi visión está muy mediatizada por la wikipedia, la archifamosa enciclopedia colaborativa online. Sin embargo, los wikis tienen muchas más utilidades: y si no, basta ver como Julen lo ha utilizado como base para «wikificar» su actividad profesional.
En WSL usamos wikis tanto a nivel de editores como a nivel del equipo de gestión. Pero me temo que de momento más como un repositorio de información que como una herramienta viva, cuando los wikis si hay algo que permiten es ese dinamismo en entornos colaborativos (como el que nos mueve a nosotros, tan geográficamente dispersos). Creo que el problema radica en que no nos hemos convencido del todo de que el wiki puede ser una excelente herramienta colaborativa, yo el primero. Y encontramos más fácil (a corto plazo) echar mano de un email a una lista de correo para discutir temas que editar una página en un wiki. O redundante el repasar una discusión (con un cliente, por ejemplo) y reflejar los elementos más importantes en el wiki. Sin embargo, a medio y largo plazo, el no hacerlo creo que nos empobrece: porque los emails están donde están, desperdigados por ahí. Y el wiki todo lo guarda.
Así que me voy a aplicar el cuento. Voy a vencer mis reticencias, voy a aprender el ABC de los wikis y voy a intentar «wikificarme» un poquito.

La primera impresión

ValidarAquello de «la primera impresión es la que cuenta» o «sólo tienes una oportunidad para causar una buena impresión» es, en mi caso, muy cierto. Soy mucho de «primeras impresiones». Cuando conozco a alguien, tiendo a colgarle etiquetas de forma bastante rápida: «este es un tipo majo», «este es un tonto de las narices», «este es un pringao» o «este es un genio».
Lo hago tanto en conocimientos «físicos» como virtuales: cómo habla, cómo escribe, cómo gesticula, cómo viste, de qué habla, cómo mira, cómo reacciona… todo eso va a una coctelera de la que sale un juicio cuyo resultado acompañará a esa persona para siempre y que marcará mi relación con ella. Ya se sabe, aquello del «efecto halo».
Por supuesto que tengo flexibilidad para envainármela si mi primera impresión es equivocada. Pero digamos que la carga de la prueba recae en el contrario: si de uno pienso que es un tontolaba, tendrá que demostrarme varias veces y de forma contundente que no lo es para que cambie mi percepción. Y si de alguien pienso que es majo, tendrá que cagarla varias veces antes de que cambie mi opinión.
Ya sé que con este medio de «etiquetaje» rápido posiblemente cometa errores: que descarte a personas interesantes debido a una mala impresión inicial, o que se me cuele algún gañán. Pero la sensación que tengo al cabo de los años (y el motivo por el que, supongo, sigo haciéndolo) es que en términos generales acierto, lo cual valida el sistema.
Aunque también habría que ver cuánto de profecía autocumplida hay en todo eso… si considero que alguien es gilipollas de primeras, posiblemente empiece a tratarle como tal, lo cual generará en él comportamientos aun más gilipollescos (que vendrán a reforzar mi tésis). Y si considero a alguien majete, empezaré a tratarle de majete lo cual redundará en que su reacción sea positiva y tienda a enajar en ese perfil.
Vaya, qué desvaríos mañaneros…