Consultores en Protección Civil

Leo en El Mundo: «La direcci�n general de Protecci�n Civil y Emergencias ha avisado a todas las delegaciones y subdelegaciones del Gobierno, excepto Canarias, ante la previsi�n de vientos fuertes, nevadas y descenso acusado de las temperaturas que causar� la masa de aire polar que entrar� el d�a de Navidad. Ante esta situaci�n, Protecci�n Civil recomienda no viajar en coche si no es imprescindible

No he podido por menos que reirme… veamos, estamos hablando de una de las cumbres de las fechas navide�as. Fechas para las que, seg�n el mismo peri�dico, «La DGT pone en marcha un plan especial ante los 23 millones de desplazamientos previstos«.

De verdad, yo me pregunto: �a qu� lumbrera se le habr� ocurrido, ante la evidencia de los desplazamientos navide�os, dar como mejor de sus recomendaciones «no viajar en coche si no es imprescindible»?

Vamos, me ha sonado totalmente a informe de (mal) consultor, uno de esos en los que, pas�ndose por el forro todo el an�lisis de la empresa, sus circunstancias, sus necesidades… se acaba concluyendo que la soluci�n recomendada es la m�s peregrina e inaplicable.

El mundo est� lleno de consultores frustrados…

La batalla

La jornada laboral de un consultor suele ser larga. A veces por contrato, pero la mayor�a simplemente a base de horas extras no pagadas. Vamos, muy del gusto del Estatuto de los Trabajadores («ï¿½qu� es eso?» dir� alguno de los m�s ingenuos… s�, s�, hay una ley que en teor�a tambi�n nos deber�a proteger a nosotros!!!). Esas horas est�n ah�, muchas veces por necesidad y otras por mera (y triste) costumbre y/o apariencia social.

El hecho es que, por ostes o por mostes, la jornada laboral se alaaaaarga. Si a eso se le suma la «suerte» de vivir en una gran ciudad, con sus distancias y sus problemas de tr�fico, ocurre que cuando uno quiere darse cuenta se ha ido todo el d�a y no ha hecho nada diferente del trabajo. No ha podido dedicar tiempo a su familia, si es que ha tenido ocasi�n de formarla. No ha podido dedicar tiempo a sus hobbies, si es que alguna vez pudo tenerlos y no se vieron relegados a�os ha al ba�l de los recuerdos. No ha podido, en fin, abrir una ventana por la que entre algo de aire fresco a su vida.

La soluci�n f�cil es la de la bandera blanca. La rendici�n consistente en dejar que el trabajo invada todos los �mbitos de tu vida. Disfrutas (o dices disfrutar) de tu trabajo, tus hobbies est�n relacionados con tu trabajo, tus lecturas versan sobre tu actividad, tu c�rculo social con los que tomar una hipot�tica ca�a, jugar al (tan en boga) paddel o cenar un s�bado son tus compa�eros del trabajo, que al fin y al cabo comparten tus problemas y tus �inquietudes?. Finalmente, el que ondea esta bandera acaba haciendo a�n m�s horas en la oficina porque… �para qu� va a ir a casa? �para ver a una familia que no le entiende? �para darse cuenta de lo vac�a que es su vida fuera del periodo laboral?

La soluci�n dif�cil es, como casi siempre, la de la pelea. Trabajar hay que trabajar, el dinero no llueve del cielo (excepto para el 56.200 ese, y tampoco es tanto). Y este es un trabajo que, con sus cosas, est� bien, incluso muy bien en ocasiones. Pero hay que resistir al impulso de dejarse devorar por �l. Quiz�s robando un poco de tiempo en la oficina para «vagabundear» por otros mundos, aunque sea por internet. Aprovechando los huecos (las comidas, los viajes) para quedar con los viejos amigos, aquellos que te conocen desde antes de ser lo que ahora eres. Leyendo en el autob�s un libro que no tenga nada que ver con empresas, ni dinero ni management. Observando a la gente con la que te cruzas, aquellos que tienen una vida diferente. Fingiendo una reuni�n para ir a buscar a tus hijos al colegio y poder llevarlos al parque. Comprando de camino a casa, al se�or que est� recogiendo su puesto, una flor para tu mujer.

O robando minutos al sue�o para poder alargar la jornada, pero no la laboral, si no la otra, la importante.

Moda editorial

Leo en estos d�as el archiconocido «C�digo Da Vinci», de Dan Brown. De �l he o�do de todo, desde «c�mo engancha» hasta «no pierdas el tiempo con �l». Y como me pasa con la mayor�a de cosas, he decidido que antes de opinar tendr� que conocerlo…

Sin embargo, el «C�digo Da Vinci» es no solo un libro, sino un fen�meno editorial. La otra tarde, en la pausa de la comida, me acerqu� a una librer�a, o mejor dicho, a uno de los nuevos supermercados del libro/prensa/m�sica/videojuegos, poco que ver con la cl�sica librer�a. El caso es que me sorprendi� el mont�n de libros «sospechosamente» parecidos al ya mencionado. Desde «ï¿½ngeles y demonios» del mismo autor (y de pr�cticamente autoplagiada portada), a «El �ltimo Cat�n», pasando por «El �ltimo Merovingio», «La hermandad de la S�bana Santa», «La sombra del Templario», «El secreto de la Mona Lisa», «El Club Dante»… Todos ellos comparten una mezcla de misterio milenario, organizaciones secretas, claves ocultas en arte o arquitectura… todos ellos resultan tan parecidos…

Evidentemente, estamos ante una moda editorial. Una m�s, supongo. Lo que me lleva a comentarla es la clara relaci�n con una de las caracter�sticas m�s evidentes del mundo de la consultor�a: las modas.

Si avanzamos hacia atr�s en el tiempo, podemos recorrer los �ltimos a�os en t�rminos de modas de consultor�a: la movilidad, el CRM, el coaching, el ebusiness, los ERP, supply chain, el euro, la adaptaci�n al 2000, la reingenier�a de procesos… la consultor�a funciona a impulsos. En un momento determinado, parece que proveedores, clientes, acad�micos y prensa se ponen de acuerdo para encumbrar un nuevo concepto, una nueva metodolog�a, un nuevo enfoque… y se convierte as� en la nueva moda, en la que todo consultor que se precie se tiene que sumar para no estar «fuera de onda». Y no digamos las empresas, cualquier empresa que se precie de serlo tiene que implantar la nueva soluci�n, so pena de ser el hazmerreir de sus contrapartes, y eso a pesar del impacto presupuestario que suelen suponer.

Sin embargo, uno va observando como pasa el tiempo, y c�mo afecta la introducci�n de esas modas en las empresas. No llegar� a decir que el �xito es independiente de su adopci�n, algo se supone que ayudan. Pero he alcanzado el convencimiento de que todas estas cosas no son m�s que herramientas. Herramientas que una empresa puede necesitar… o no. Que una empresa puede utilizar bien… o no. Que, en definitiva, dependen del criterio y la capacidad de las personas para generar el rendimiento que se les supone. Lo que me lleva a concluir que lo definitivo para el devenir de las empresas no son las t�cnicas de gesti�n, o las herramientas tecnol�gicas… lo definitivo es otra cosa.

A pesar de todo, seguiremos provocando esta vor�gine. No en vano, es el pan de nuestras familias. �Qu� ser�a de los consultores si no tuvi�semos algo nuevo, cada cierto tiempo, para vender? �Y de la prensa especializada, si no pudiese exprimir esa novedad para rellenar sus revistas y art�culos?. Igual las empresas se dan cuenta de que no somos tan necesarios… y eso no vamos a permitirlo, �verdad?

ACTUALIZACI�N: movido por el acertado comentario de Eduardo, he decidido cambiar el t�tulo del post de «Moda literaria» a «Moda editorial». M�s adecuado, porque de literario parece que tiene poco…

Solidaridad en la Consultoría

Hoy es 21 de diciembre, y esta reflexi�n est� vinculada al Blogomarat�n Solidario, aunque no es ajena a nuestro mundo…

Los consultores solemos trabajar en empresas «chachipirulis». Vamos por ah� generalmente trajeados, algunos engominados (cada vez menos, �no?), con nuestros ordenadores «fashion», m�viles de �ltima generaci�n, todo el d�a del avi�n al taxi, del taxi al avi�n, visitando empresas, con nuestra jugosa (por mucho que protestemos) n�mina, siempre hablando de dinero, de eficiencia, de rentabilidad, de…

Nos relacionamos adem�s, en el 95% de los casos, con gente que son como nosotros, y en este c�rculo vicioso tendemos a perder la perspectiva. Nos olvidamos que formamos parte del, quiz�s, 10% de la poblaci�n afortunada dentro de un pa�s que forma parte del 10% de pa�ses afortunados del mundo. Es decir, que somos unos privilegiados, y lo m�s triste, no nos damos cuenta…

Ah�, fuera de «nuestro mundo», hay mucha gente que no es tan privilegiada. All� lejos, en �frica, en Asia, en … pero tambi�n aqui cerca, en las aceras al lado de nuestras oficinas, en los barrios de nuestras propias ciudades.

Si conseguimos de vez en cuando echar el freno, parar, mirar alrededor, y darnos cuenta de este hecho, seguro que podemos hacer algo por alguna de esas personas. Hay m�ltiples medios, desde la an�nima donaci�n hasta la implicaci�n personal. Pero siempre hay algo que se puede hacer…

Muchas empresas, tambi�n en Consultor�a, tienen en su seno Comit�s de Acci�n Social o similares, formados por empleados con inquietudes, que canalizan las iniciativas dentro de la empresa, y a veces la propia empresa colabora.

A t�tulo personal, colaboro con Cruz Roja, Interm�n y Plan, aunque hay montones de formas de colaborar. Y no lo olvidemos: somos unos privilegiados…

Homenaje a Garfield

Lo siento. Tengo una especial debilidad por Garfield, desde siempre. Por muchas cosas. Pero la que me lo trae a la mente hoy es su m�tica frase: «I hate mondays». Odio los lunes…

Supongo que comparto esa sensaci�n, por lo menos en las primeras horas de los lunes, con un mont�n de gente, tanto consultores como no. Sin embargo, es cierto que los consultores tenemos un factor diferencial que nos hace m�s complicado el inicio de semana, y me explico:

Sin �nimo de despreciar otros trabajos, ni mucho menos, lo cierto es que en muchos de ellos el componente de «rutina» est� m�s presente. Uno puede llegar el lunes, encender»el autom�tico» y, pese a la falta de esp�ritu, cumplir razonablemente los objetivos del d�a sin haber tenido que poner todos los sentidos en la tarea.

Un consultor, por contra, se suele ver abocado los lunes a una vor�gine que le obliga a ponerse las pilas de manera dolorosa, en contraste con la relajada vida del domingo. Para ejemplo, un bot�n: por la ma�ana, reuni�n con un Comit� de Empresa en una empresa industrial. Por la tarde, elaborar una propuesta para una empresa de servicios, y m�s tarde, preparar una reuni�n con un Comit� de Direcci�n para el martes por la ma�ana, en la que se juega el futuro del proyecto.

No hay autom�ticos que valgan… as� que uno se tiene que sacudir la morri�a del fin de semana con un en�rgico «ï¿½Odio los lunes!», ponerse el cuchillo entre los dientes y… �a jugarrrrr!.

El papel del Consultor

Bloggeando por ah� he encontrado esta interesante nota en el Blog de Estratega (muy recomendable en cualquier caso).

El papel de la consultor�a estrat�gica

En resumen, dice cosas con las que estoy muy de acuerdo: el consultor aporta valor porque dice lo que no sabes, pero tambi�n porque dice lo que otros no se atreven a decir. El consultor acaba siendo, en muchas ocasiones, una «marca» para apoyar decisiones o una «cabeza de turco» sobre el que delegar responsabilidades. Lo cual, aun siendo triste, es inherente a nuestra condici�n, por lo que cuanto antes lo asumamos, ��mejor!!

Blogomaratón Solidario

Recibimos un mail que nos informa de una iniciativa a la que queremos sumarnos. Se trata del Blogomarat�n Solidario , por el que el pr�ximo d�a 21 se intentar� que cuantos m�s blogs mejor reflejen en sus p�ginas informaciones, datos o reflexiones relacionadas con la solidaridad.

De momento, lo que hacemos es anunciarlo, y el pr�ximo d�a 21 pondremos de nuestra parte. Si tienes un Blog, o conoces a gente que los tenga… �hazles llegar esta informaci�n!

Comida de Navidad

Hoy a mediod�a se celebra la comida de navidad. �Estamos que lo tiramos! Y es que no solo celebramos una fiesta global para toda la empresa (que fue la semana pasada, a la que no fui) sino que adem�s hacemos una comida para el grupo de trabajo (llamemosl� «soluci�n», «industria» o como queramos).

El caso es ese, que hoy toca celebraci�n. As� como la de la semana pasada no me apetec�a (despu�s de unos a�os, el rollo «barra libre» pierde su atractivo, ya no tiene uno a todos los camaradas con los que sol�a compartir este tipo de eventos e ir para pasar el rato con conversaciones intrascendentes con semi-conocidos, pues para qu�: �si, soy un asocial!), la de hoy me apetece m�s. Es con los compa�eros de todos los d�as, con los que compartes proyectos, clientes, pasillo, cafeter�a, impresora y hasta ba�o. Con �stos, la relaci�n es m�s cercana, y una comida es una forma estupenda de cerrar el a�o.

Aun as�, tendr� cierto envaramiento. Cualquier «evento» en el que conviven jefes y no jefes es un tanto artificial… algunos jefes no se sienten c�modos y se les nota, y «la tropa» tambi�n se siente coartada. Y los que estamos en el medio… pues eso, entre dos fuegos.

Pero seguro que el vino (sidra en esta ocasi�n) y la copa hace que todo sea muuucho m�s relajado…

Si alguien se emborracha hasta la verg�enza, prometo contarlo el pr�ximo d�a… incluso si soy yo, �que para eso son An�nimo!

La eterna paradoja del consultor

En el primer comentario recibido en el Blog, Eduardo (�saludos y gracias!) ha introducido , sin querer, la eterna paradoja del consultor… «casi todos procuramos ser o hacernos pasar por otra cosa».

El consultor suele empezar en la profesi�n con una voluntad muy temporal: «Entro, estoy dos a�itos aprendiendo, el nombre viste mucho el curriculum, y ya luego busco otra cosa». Esos son los planes iniciales, sin embargo los «dos a�itos» se pasan enseguida, y no se suelen cumplir esos planes. Y uno sigue adelante…

De forma c�clica (y a veces, con ciclos realmente cortos) nos solemos plantear un «qu� hago yo aqui». Suelen mezclarse las razones de puro hartazgo («estoy hasta los huevos de clientes», «quiero ser yo el cliente que putee al consultor», «este horario no hay quien lo aguante», «hay gente que viviendo mucho m�s tranquila gana m�s que yo») con razones de inter�s profesional («yo soy economista… �qu� hago metido haciendo SAP?», «yo soy ingeniero, a mi me gustar�a estar a pie de f�brica») y con razones de vinculaci�n («yo quiero implicarme con un negocio de verdad, no llegar, hacer un proyecto y marcharme»).

Son razones todas ellas que nos hacen plantearnos, cada cierto tiempo, que queremos cambiar de aires, buscar otro trabajo (a ser posible «en cliente final») o montar nuestro propio negocio. Y sin embargo… pasan los a�os y no lo hacemos. Y no ser� por falta de oportunidades. Estoy seguro de que todos hemos tenido «gui�os» externos, clientes que han estado satisfechos con nosotros y que nos han dicho «qu�date con nosotros», amigos que nos ofrecen una salida m�s que digna… pero aqui seguimos.

Siempre encontramos una raz�n («mmm… s�… pero es que este negocio no es lo m�o…», «mmm… s�… pero es que esta empresa no me acaba de convencer…», «mmmm… s�… pero ahora que estoy a punto de ser gerente…») para seguir en lo que estamos.

�Ser� que, en el fondo, a pesar de todos los pesares, de los clientes, de los horarios, de la presi�n, de la exigencia, de la inseguridad… ser� que nos gusta ser consultores?

�Ser� que nos gusta el dinamismo, la flexibilidad, la oportunidad de conocer nuevos negocios, nuevas experiencias, formar equipos distintos en cada proyecto? �Ser� que nos va la marcha?

Pues algo as� debe ser, porque si no, no se explica…

La Primitiva

A pesar de la m�ltiples leyendas urbanas sobre los ingresos de los socios, hay una certeza a la que todo consultor llega pasando no mucho tiempo desde que entra en su oficio: no nos vamos a hacer ricos trabajando.

Cont�nuamente trabajamos para empresas que manejan millones. Si son las grandes-grandes, su propia dimensi�n abruma. Y si son las peque�itas, te das cuenta de cu�nto empresario ha levantado (con su sudor y el de los dem�s, sin duda) un peque�o pero apa�ado imperio. En cualquier caso, manejan pasta. Una parte peque�a, muy peque�a, va a parar al consultor (empresa). De esa parte, una muy muy muy peque�a va a pasar al consultor (�persona?). Conclusi�n: en orden de pasta, el que m�s tiene es el empresario, luego el due�o de la consultora y por �ltimo el consultor.

Total, que una vez llegados a la conclusi�n de que este trabajo, por muy supermegachuliguays que nos pongamos a veces, no nos va a sacar de pobres, quedan dos opciones siempre recurrentes en este mundo. Tres, si se me apura:

a) «Voy a ponerme de freelance y as� me quedo yo con los beneficios que ahora se est� quedando mi socio». Esta se suele descartar por falta de huevos (siempre es mejor el trabajo por cuenta ajena que por cuenta propia…)

b) «Voy a montar mi propio negocio con una idea buen�iiiiissssima que tengo». Esta se suele descartar por la misma falta de huevos, adem�s de por falta de pasta (claro, si tuvi�ramos pasta no querr�amos esta opci�n, �verdad?) y que, generalmente, las ideas buen�iiisssimas dejan de serlo al ponerlas en pr�ctica…

c) La Primitiva. Esta no es que se descarte, pero es el pu�etero azar, que no se deja… aun as�, esta es la que verdaderamente te puede sacar del agujero, esos euros fresquitos, yumm…

Total, que hoy es jueves. Hoy he echado la Primitiva. ���Voy a ser yo!!!