Estafa vendiendo televisores de plasma muy baratos

Plasma«Te vendo un televisor» «¿Y para qué quiero un televisor vendado?»
Perdón por el chiste… bueno, a lo que iba. Resulta que alguien te dice que te vende un televisor de plasma. Pero que en vez de los 3.000 euros que cuesta en las tiendas, te lo deja por 1.000. ¿Tú que harías? Sospechar al menos un poquito, ¿no?
Pues resulta que han detenido un tipo después de estafar un millón de euros con este truco (lo he visto en prensa tradicional… pero sin enlaces en la web… malos chicos, malos). Eso hace unas 1.000 personas estafadas. 1.000 personas que creyeron que le iban a dar duros a cuatro pesetas.
¿Y cuál es el motivo por el que tanta gente cae en la trampa? Confianza. Y es que el tipo efectivamente vendía esas pantallas a ese precio. Al menos las primeras. De esta forma, incurría en unas pérdidas o mejor dicho invertía en confianza. Porque a partir de ahí, ya no era un sospechoso anuncio en un periódico o en una web. Era mi cuñao que me contaba que a un amigo suyo efectivamente le habían vendido la tele, o mi amigo que me enseñaba la tele en su salón, y que se ofrece a ponerme en contacto con el tipo que se la vendió.
«No hay problema en dar el dinero por adelantado, yo lo hice y aquí está la tele». Y para qué quieres más… un millón de euros.

Cambiando de contrato de móvil

Desde que dí de alta mi línea de móvil (hace ya 7 años), tenía un contrato para particulares de esos «de tarde» que durante un horario (en mi caso, desde las 17:00 h.) tienen unas tarifas muy aceptables pero que si llamas fuera del mismo te meten un sopapo indecente (del orden de 0,45 euros el minuto si llamas a otra operadora, nada menos. Impuestos indirectos no incluídos, claro).
Nunca me importó demasiado. Estando en la oficina, podía usar el teléfono de allí sin problemas y usar el móvil para llamadas por la tarde-noche. Si tenía que estar fuera por motivos de trabajo, podía pasar la cuenta como gasto (no, nunca llegué a tener móvil de empresa). En fin, que me arreglaba. Sin embargo, siempre tuve esa sensación en la cabeza («ojo, ahora no llames, que te clavan!!!).
Ahora, claro, las cosas han cambiado. No hay un «fijo de empresa» desde el que llamar. Vale, está Skype, pero para eso necesitas estar en casa. Y no siempre se oye bien. Y tampoco vas a esperar a hacer llamadas por la tarde, o a pensar «uy, un móvil, seguro que es de ‘los otros’ y que me cuesta una pasta».
Así que hace un par de días solicité un cambio de tarificación para que mi móvil pasase a ser «móvil de empresa» y tener una tarifa de autónomos. Ahora, todas mis llamadas valen lo mismo llame cuando llame y al destino que llame. Así que tendré que aprender a olvidarme de esa frontera temporal que marcaba el «no llames» del «llama sin problema».

En la Comida de Negocios Marqueze

Ayer estuve en la VII Comida de Negocios Marqueze. Un evento curioso.
Lo primero que me ha llamado la atención ha sido la organización. Tanto en la organización previa como en el desarrollo de la jornada, todo ha estado muy bien montado y con gran despliegue de medios; hotel de relumbrón, medios audiovisuales, la comida, el catering… en fin, todo muy bien, la verdad es que la gente de Emilio Márquez (y el propio Emilio) han hecho un buen trabajo.
Ahora bien, el evento en sí me dejó un tanto frío. Alguien lo calificó de «networking agresivo». Posiblemente sea así, pero tengo la sensación de que eso no está hecho para mí. Eso de juntar a gente y decir «hala, a presentaros unos a otros» no me resulta especialmente atractivo. Creo que hay un par de cosas que hubieran ayudado a que la cosa funcionase mejor (mejor para mi gusto, claro!):

  • Ser menos gente: un evento con 200 personas es inmanejable. No se puede presentar todo el mundo, y los que lo hacen tienen que ir rápido. Aunque se mostraba permanentemente en pantalla una presentación con los perfiles rotativos de todos los asistentes, era muy difícil «seleccionar» a aquellos con los que te apetecería hablar, y menos cuando muchos de ellos ni siquiera habían adjuntado una foto. Así que cuando tocaba el rato de «networking» decías «bueno, y ahora… ¿con quién coño hablo yo?». Porque tampoco me parece que tenga mucho sentido dirigirse al primero que pase y decirle «¿Y tú que haces? Te voy a contar cosas de los blogs». Es tirar muchas balas a ningún sitio, ¿no?
  • Ser algo más homogéneos: estamos de acuerdo en que en la diversidad está la riqueza. Pero mezclar a una actriz porno con un guardia civil, una cibervoluntaria con un webmaster de entretenimiento para adultos, un bloguero con un experto en hosting, un SEO con prestadores de servicios móviles… en fin, yo creo que las relaciones potencialmente útiles surgen cuando juntas a gente relativamente diferente pero con campos de interés común. Y a mí me dió la sensación de que allí el «interés común» era un tanto disperso.

En definitiva, que era mi primer evento de «networking» (definido como tal) y, la verdad, no me encantó.
Por lo demás, el día tuvo sus puntos interesantes: conocí en persona a Antonio (que ya era hora), tuve una agradable comida que compartí con Yolanda de la Fundación Cibervoluntarios, David de OjoBuscador, Daniel del Cuerpo Nacional de Policía (delitos informáticos, nada menos) y con Fernando de Ariadna Redes Sociales, un par de charletas agradables con desconocidos, un par de rencuentros con conocidos… pero en general, la sensación que tuve es de «bueno, ya que estamos aquí y somos gente maja, vamos a charlar un poco» más que de conversaciones especialmente productivas.
Aunque quizás se trate de eso, sin más. ¿No? No sé, esto del «networking agresivo» me ha dejado un poco descolocado. En todo caso, Emilio, ¡gracias por la invitación!. Si no fuera por ella, no habría tenido la oportunidad de experimentar la sensación por mí mismo.

Aldeas infantiles

Bueno, pues después de unos cuantos meses con Cruz Roja ocupando el espacio publicitario gratuito en el blog (ahí, en el sidebar izquierdo), le he dado la alternativa a Aldeas Infantiles, otra de las ONG con las que «la familia anónima» colabora. Hacen una labor estupenda, dando calor de hogar a muchos niños que no lo tienen. Y no en ese «tercer mundo» que nos llega de vez en cuando por la tele, sino en este «cuarto mundo» que tenemos delante de nuestras narices y que tan experimentados nos hemos vuelto en ignorar.
Y recordad, que unos euros menos al mes no os van a descalabrar el presupuesto, y suponen un granito de arena para ayudar a quienes más lo necesitan.

Ser otro

Es una sensación que ocurre de vez en cuando. Ves a otra persona y te gustaría ser como él: «mira qué tipo más simpático», «mira qué bien se defiende ante las cámaras», «mira con qué tranquilidad afronta las situaciones de crisis», «mira qué bien habla en público», etc…
Lo cual no está mal, como vía para detectar elementos de mejora. Pero creo que hay un error de base en la comparación, y es que cada uno tenemos nuestro propio estilo. ¿Es que para ser gracioso tengo que contar chistes como el de la tele? ¿Tengo que tener los nervios de Clint Eastwood para momentos de tensión? ¿Tengo que reaccionar como fulano o mengano?
Probablemente no. Cada uno tenemos nuestra forma de ser, nuestro estilo. Con sus cosas buenas, y sus cosas malas. Y, como ya he dicho en alguna ocasión, es mucho más rentable centrarse en hacer que las cosas buenas sean excelentes en vez de intentar que las cosas malas pasen a ser mediocres. Posiblemente eso nos descalifique para determinadas situaciones o rumbos vitales o profesionales (aquellos en los que se necesitan cosas en las que nosotros somos malos). Pero permitirá que destaquemos especialmente en otras (aquellas en las que se necesitan cosas en las que nosotros somos buenos).
No se puede ser «todo para todos». Seamos nosotros mismos. ¿Y tú, en qué eres bueno?
PD.- ¿Y esto a qué viene? Pues a una mezcla de inseguridades ante determinadas situaciones (en las que me gustaría poder/saber reaccionar como otros «modelos» que has podido ver por ahí) y de sueño acumulado (ayer, despierto a las 3:30 de la mañana. Hoy, 4:30). Cuando tengo sueño, divago…

Comida de Navidad: recuperando las horas

Llega la época de las cenas y comidas de Navidad… y ahí están las empresas, rumbosas como ninguna. Me llega un correo de alguien cercano en cuya empresa están montando una comida de Navidad. Textualmente, la convocatoria de la comida dice lo siguiente:
«Os comunico que la fecha final de la comida de Navidad será el día 21 de diciembre jueves por lo que por la tarde no se trabaja ya que en una hora y media no nos daría tiempo a comer pero el viernes que teníamos jornada de 6 horas se hará de 7 para recuperar por lo menos 1 hora»
¡¡¡Oooohhh, gran empresa!!! Gracias por montarnos una comida de navidad…. ¿No tenemos que quedarnos a fregar los platos? ¿En serio?
Las comidas de Navidad son, en muchos sitios, un compromiso. Algo a lo que la gente no quiere ir pero, como dice el anuncio de la lotería, «es lo que toca». Pero bueno, bien está que la empresa se estire de vez en cuando. Ahora… ¿no quedaría mucho mejor si simplemente dijese «el jueves por la tarde no se trabaja para poder disfrutar de la fiesta»? ¿No es simplemente miserable que el día 22, día en el que media España se traslada de un lado a otro del país para celebrar la nochebuena con su familia, te obliguen a hacer una hora más «para recuperar»?
De verdad, ya son ganas de quedar mal por una mísera hora.

Bigote, my friend

Supongo que esto no hace más que confirmar ni nefasto sentido del humor… ¡pero me ha hecho mucha gracia!. Lo cuelga Andrés y, como él mismo explica, se trata de una parodia de uno de los anuncios que más «vidilla» está teniendo últimamente, el que protagoniza Bruce Lee para BMW diciendo aquello de «water can flow, or it can crash…. be water, my friend».
Pues eso: bigote, my friend.
Qué gente más graciosa hay por el mundo…

El menú Gordopilo

Fué una época malísima, lo reconozco. Pero imaginemos la situación: grupo de universitarios en Colegio Mayor, noche de fiesta… y después de «dormirla» toda la mañana, llega la hora de comer. ¿Dónde vamos? Pues al centro comercial: ¿pizza o hamburguesa?
Y ya que estás… pues si es pizza, o una mediana para cada uno, o una grande para dos. Y si es hamburguesa… pues menú gordopilo, que añadiendo sólo unas pesetillas más te daban una whopper extra, y por sólo 50 pelas más te hacían supergigante la bebida y las patatas.
¡Toma bomba calórica! Y es que al parecer tomarse un menú de hamburguesa grande, patatas grandes y refresco grande equivale a «zamparse de una tacada el surrealista festín de tres platos de menestra de verdura, dos de macarrones con tomate, medio kilo de pechuga de pollo asada, dos huevos fritos y tres donuts
Claro, luego pasa lo que pasa. Menos mal que hace ya tiempo que no visito uno de esos antros de perdición. Pero estaban tan buenas… En fin, que el menú gordopilo quedó para la posteridad. Aunque todavía debo llevar unos cuantos a la altura del cinturón…