B�squeda dentro del blog

Dentro de la secci�n de «Almacenados», he habilitado una opci�n de b�squeda para poder encontrar posts antiguos. Anteriormente ten�a la herramienta de Technorati, pero sospecho que no funcionaba demasiado bien.
He optado por Yahoo! como herramienta para este servicio, ya que tiene indexadas todas mis p�ginas de forma individual al contrario que Google (que solo tiene algunas).
Espero que esta novedad resulte de utilidad.
Actualizaci�n 8 de septiembre de 2005:

Me he dado cuenta (usando las herramientas adecuadas) de que Google s� que indexa todas mis p�ginas. As� que teniendo en cuenta que Blogger es de Google, que mis cuentas son gmail, que quiero ver c�mo funciona el Adsense para b�squedas y dem�s (prometo que esto no tiene nada que ver), y que adem�s he conseguido poner la cajita como yo quer�a, pues he vuelto a Google.

Suscripciones

He a�adido, en la barra lateral del blog, un apartado dedicado a suscripciones para aquellos que quieran recibir puntualmente las novedades de «Vida de un consultor».
Por un lado, he a�adido sendos botones para suscribir este sitio en los agregadores de feeds m�s utilizados, Bloglines y Feedness. Los agregadores de feeds son p�ginas web en las que, registr�ndose como usuario (gratuitamente) uno puede a�adir tantas suscripciones como quiera. Desde el propio agregador se podr� realizar un seguimiento de la actualizaci�n de cada una, lo que la convierte en una herramienta sencilla y muy �til para leer las novedades en nuestros sitios favoritos sin tener que irlos recorriendo uno por uno.
Por otro lado, para aquellos que no son usuarios habituales de agregadores de feeds, he habilitado la posibilidad de suscribirse a una lista de correo que informar� en vuestros emails, de forma peri�dica, de las novedades de este sitio.
Espero que estas herramientas sean de utilidad para vuestro seguimiento del blog.

Usos y constumbres del email

No cabe duda de que el email es un gran invento y que ha dinamizado la comunicaci�n empresarial. Sin embargo, a veces genera comportamientos curiosos…

  • Un cliente, al entregar su tarjeta de presentaci�n, tachaba la direcci�n de email: «yo esas cosas es que no las uso».
  • A otro cliente le mandamos un informe. Al no recibir respuesta, le llamamos al cabo de unos d�as. «Ah, pues puede que lo hayais enviado. Es que recibo tantos mails que a veces cojo los �ltimos 100 y los borro sin mirarlos, si era algo importante ya llama la gente. �Me lo pod�is volver a mandar?»
  • La directora general de otra empresa nos ped�a que le envi�semos los documentos a su email en hotmail, en vez de a la direcci�n corporativa. «Es que la corporativa la maneja tambi�n la secretaria, y hay cosas que no debe ver».
  • El gerente de otro cliente tiene el sistema configurado para recibir copia de todos y cada uno de los mails entrantes en la empresa, a cualquier nivel. As� tiene control sobre todo… y una saturaci�n de informaci�n que transforma en invisibles los correos que le enviamos.
  • Durante una �poca de «pradera», nos convertimos en pulsadores compulsivos de F5 (la tecla para comprobar si hab�a nuevos correos). �Mi reino por un correo!

Y seguro que hay muchos m�s comportamientos enfermizos…

Porque a ti te gusta tu trabajo, �no?

Bonita pregunta, �eh?. Me la hizo ayer mi mujer. Ah�, metiendo el dedo en la llaga.
Todo comenz� porque, hablando en el messenger, le contaba que despu�s de un par de d�as de calma chicha, ya hab�a recibido la primera llamada de un cliente con un problema. Y le hablaba de la pereza que supon�a volver al d�a a d�a. Ella, en su af�n de pon�rmelo m�s bonito, me dec�a que no pasaba nada… «porque a ti te gusta tu trabajo, �no? El problema es que son muchas horas.»
�La verdad? Las horas no son el �nico problema, ni el m�s grave. En mi trabajo hay una parte que me gusta, y otra que no.
La parte que me gusta tiene que ver con conocer negocios nuevos, con investigar y recopilar informaci�n, con estructurar esa informaci�n de forma l�gica y con sentido, con presentarla de forma atractiva y comprensible. Me gusta hacer propuestas, elaborar informes, preparar presentaciones y conferencias, escribir art�culos. Supongo que por eso me est� gustanto tanto esto de los blogs…
La parte que no me gusta (y que creo que me genera el s�ndrome del que hablaba ayer) es la que tiene que ver con los tiras y aflojas con los clientes y con otros compa�eros, con tener que aparentar que sabes m�s que lo que sabes y que eres m�s simp�tico de lo que eres, con tener que aguantarle cosas al cliente sin poder decir lo que verdaderamente piensas, con tener que medir los movimientos que haces, con la proactividad mal entendida (te obligan a ser proactivo, lo cual lo convierte en reactivo), con la presi�n de los resultados, con los conflictos.
Resulta que, a medida que transcurre la carrera del consultor, el porcentaje de dedicaci�n a las segundas tareas crece, y a las primeras decrece. Como consecuencia, el trabajo cada vez va gustando menos… ojo, es mi caso personal. Habr� a quien le chifle eso del mamoneo, del «ahora llamo a fulanito, ahora a menganito», del «conseguir ese cliente me pone cachondo». Pero tengo que reconocer (a m� mismo, el primero) que yo no soy as�.
Evidentemente, si me pongo, lo hago. Creo que no tengo ninguna «incapacidad» que me impida hacerlo. Pero es que, simplemente, no me gusta. Puedo tom�rmelo como un reto personal, como «ya ver�s como puedes con esta situaci�n». Dicen que es en los retos cuando se forja el car�cter. Pero… �estamos aqui para sufrir? �durante cu�ntas horas al d�a?
Si a esto le a�adimos determinadas circunstancias personales (el hartazgo de los inconvenientes de una gran ciudad a la que no me une m�s que el trabajo, el deseo de no ser un «padre ausente»…), llegamos a la encrucijada en que me siento.
Leo en el blog de Gonzalo G. Cotorruelo las palabras de Steve Jobs que tan comentadas han sido en los �ltimos meses:
«Tu vida tiene un l�mite, no la malgastes viviendo la de otra persona. No atrapes a ti mismo por un dogma el cual implica vivir con los resultados de los pensamientos de terceros. No dejes que el ruido de las opiniones de otros ahoguen tu voz interna. Y lo m�s importante: ten el coraje de seguir tu coraz�n y tu intuici�n. Ellos de alguna manera saben lo que realmente quieres ser; el resto es secundario.»
A ver si me aplico el cuento.
PD.- Este post est� escrito con nocturnidad, despu�s de dormir poco y de cavilar mucho, a esas horas en las que muchos pensamientos parecen tener sentido aunque luego la luz del sol hagan que pareciese un sue�o. Por eso he querido escribirlo, para que no se me olvide durante el d�a.

Rasgo de D�ficit de Atenci�

Leo en Harvard Deusto Business Review un art�culo del psiquiatra Eward M. Halowell sobre el «rasgo de d�ficit de atenci�n», o ADT. El autor lo diferencia del transtorno de d�ficit de antenci�n o ADD (enfermedad vinculada a disfunci�n cerebral que requiere de tratamiento), aunque tienen caracter�sticas comunes. Y afirma que es nuestro modo de vida actual, lleno de est�mulos y de decisiones, de presi�n y de velocidad, el que lo causa.
Los s�ntomas m�s relevantes (a ver, hipocondriacos del mundo, preparados) ser�an cierta tendencia a la distracci�n, desasosiego interno e impaciencia. Alguien que padezca ADT suele presentar dificulatades para organizarse, establecer prioridades y administrar su tiempo… lo cual, enfrentado al volumen de tareas diario, degenera en un comportamiento autoritario, brusco, apresurado, falto de sentido del humor…
�Alguien se reconoce? Debo confesar que yo un poco, sobre todo en la parte de la distracci�n, el desasosiego, la impaciencia… bueno, si me pongo a mirar, en casi todo.
Por lo que parece, la explicaci�n fisiol�gica de este trastorno viene derivada de que el exceso de est�mulos externos y demandas laborales provocan «miedo» (como si nos enfrent�semos a un animal salvaje), y ese miedo hace que la parte del cerebro que regula las acciones de superviviencia y las emociones b�sicas tome el mando, anulando en gran medida la parte del cerebro que regula el «funcionamiento ejecutivo»: toma de decisiones, planificaci�n, organizaci�n y an�lisis de informaci�n, priorizaci�n, gesti�n del tiempo, etc. Este «modo de supervivencia» que da respuesta al miedo, de gran utilidad cuando existe una amenaza f�sica y real, se convierte en un obst�culo cuando la amenaza es m�s «virtual».
As�, cuando m�s lo necesitamos (cuando tenemos que responder a m�ltiples requerimientos), nuestro cerebro se bloquea e impide que funcione la parte que nos permitir�a hacer frente a ello. Nos convertimos as� en un tenista que ante la avalancha de golpes del contrario, lejos de poner sus mejores caracter�sticas para responder, se limita a devolver pelotas como buenamente puede. L�gicamente, as� es imposible ganar…
El art�culo menciona algunas estrategias para manejar el ADT desde este punto de vista fisiol�gico: fomentar las emociones y comportamientos positivos en el entorno de trabajo (una forma de reducir el miedo y por lo tanto alejar el peligro de que la parte «b�sica» del cerebro se ponga al mando), cuidar f�sicamente el cerebro (una buena dieta, un descanso adecuado, ejercicio que libere sustancias beneficiosas para �l) y una cierta disciplina en las costumbres laborales que eviten que los est�mulos y los requerimientos alcancen el nivel de «miedo».
Mira que lo pienso veces: al fin y al cabo, somos unos pobres animalitos que nos exigimos demasiado.

The corner room

O el despacho de la esquina. Ese al que todo el mundo quiere llegar, que representa el status de una posici�n…
Cuando uno es un recien entrado, es dif�cil (si no imposible) que tenga un despacho. Con suerte, y si se trata de una empresa de mucha relevancia, tendr� un lugar asignado (un «garito» le llam�bamos nosotros), pero lo m�s habitual es iniciarse en el «staff» o «pradera». Grandes superficies, generalmente en el centro de la planta y con poca o ninguna luz natural, con sitios sin asignar que cada uno se agencia de la mejor manera posible (dejando su ordenador de un d�a para otro, pidiendole al m�s madrugador que «le coja sitio», o directamente madrugando m�s que los de al lado: en �pocas de overbooking, hay verdaderas competiciones!!).
Con el avance de la carrera profesional, uno va mejorando y puede que le asignen un «garito». Suele ser igual que el «staff», pero separado del de la tropa. Adem�s de ser un sitio fijo, ya suelen ponerte tu nombre, asignarte un tel�fono… vamos, como un despacho pero sin paredes.
Lo siguiente es el despacho. Generalmente se empieza con un despacho muy peque�o (con ventana, o casi con tragaluz) o con un despacho m�s grande compartido con otro de tus iguales. Sin duda, se gana en intimidad. Y en status.
Y ya lo que queda es crecer. Que crezca el tama�o de tu despacho (igual ya puedes tener una mesa orientada en horizontal con dos sillas para minireuniones, en vez de una mesa pegada a la pared), que crezca el tama�o de tu ventana, y que la situaci�n del mismo se vaya acercando, poco a poco, hacia el lateral del edificio.
As�, el d�a menos pensado, te encuentras en el despacho de la esquina. El corner room. El tama�o ser� ya apreciable, y es posible que tengas una mesa redonda auxiliar para reuniones (o para acumular papeles, depende de cada uno). Y, en el colmo ya del status, un sof� o incluso un tresillo para reuniones de representaci�n. Cuando tienes sof�, ya puedes decir que eres alguien… y dormir alguna que otra siestecilla!

Actualizar el curriculum

El curriculum vitae, esa herramienta fundamental para la movilidad laboral.
Redactar el primer curriculum es como un parto, algo complicad�simo. Primero, no se suelen tener muchas cosas que contar, con lo cual siempre queda la sensaci�n de «qu� curriculum m�s pobre tengo». Y segundo, el mundo en general transmite la sensaci�n de que elaborar un curriculum es una especie de «ciencia», que hay cosas que deben hacerse y cosas que no deben hacerse, y que si no aciertas con la forma adecuada nadie te va a contratar. Ah� surgen un mont�n de cursos para redactar un curriculum, libros de autoayuda, «d�jame a ver el tuyo c�mo lo has hecho»…
Uno tarda un tiempo (uno o dos ciclos) en entender que el sentido com�n es la mejor arma a la hora de redactar un curriculum. Se trata, simplemente, de presentarse en versi�n resumida. Y de atraer la atenci�n de un posible seleccionador que revisa, adem�s de la tuya, otro mont�n de referencias. «ï¿½Qu� puedo ofrecerte yo que no te ofrezcan los otros?». Esa debe ser la pregunta inicial sobre la que construir.
Afortunadamente, a partir de ah�, todo va a mejor. La experiencia profesional se acumula, y al menos tienes cosas que poner. Lo cual no quiere decir que est� exento de dificultades: �c�mo explicas esta temporada en blanco? �c�mo justificas lo poco que duraste en aquella empresa? �c�mo encaja ese salto de sector en tu trayectoria?
Y hay una cosa que tambi�n es dif�cil: cuando quieres dar un giro a tu carrera profesional, redactas tu CV y te da la sensaci�n de que tu trayectoria anterior est� marcando una direcci�n de la que resultar� dif�cil escaparse. Que cualquiera que lo lea va a pensar «con esta experiencia, no cuadra con el puesto». Que tu curriculum te aboque a ir a sitios a donde no quieres ir.

Cr�tica: No he venido aqu� a hacer amigos , de Jaime Miranda

Hace unos meses hice mi primera referencia al libro de Jaime Miranda, editado por Lengua de Trapo , confesando no haberlo le�do a�n. Este verano he podido dedicarle tiempo, y me gustar�a hacer una peque�a cr�tica del mismo para aquellos que todav�a no os hab�is animado a leerlo…
Lo primero, decir que es un libro enormemente ameno, y tambi�n divertido. Es de lectura muy �gil (basta decir que me lo acab� en menos de 24 horas… a veces puedo ser un poco compulsivo con las lecturas), aunque eso no lleve aparejada la «ligereza» (Jaime dispara con bala).
Creo que es muy destacable que se habla de la consultor�a como s�lo alguien que la vive / ha vivido puede hacerlo. Para m� ha sido facil�simo reconocer situaciones, lugares, personas, comportamientos, im�genes, conversaciones… nada artificial, todo estupendamente hilado.
Adem�s, la consultor�a est� tratada como algo m�s que como un mero decorado para la acci�n de los personajes. Es m�s, dir�a que es un personaje en s� mismo, con un elevado grado de interacci�n sobre el resto de personas que aparecen en la trama. Lo cual le da una fuerza interesante, desde mi punto de vista.
En el lado negativo, dir�a que hay ciertos elementos de «realismo m�gico» (por llamarlo de alguna manera, no soy yo un cr�tico literario muy desarrollado) que para m� no pegan demasiado en el desarrollo de la historia. Podr�a haber estado bien si ese toque estuviese presente a lo largo de toda la novela, pero para m� aparece s�lo en momentos muy puntuales y de forma bastante abrupta. Y tampoco voy a decir m�s, que luego dicen que esto es un spoiler!
En cualquier caso, un libro muy recomendable para cualquier consultor que se precie.
Ah, una curiosidad (Jaime, si lees esto, �me lo estoy inventando?). Creo que el subt�tulo de la novela es distinto en algunas ediciones. Jurar�a que lo he visto como «Memorias de un Consultor IT» y como «Aventuras de un Consultor IT». Si me apuras, hasta dir�a que «Desventuras de un Consultor IT»!!!)

Poniendome el traje

Parafraseo el t�tulo del blog de Yabu para titular este post. Y es que, despu�s de 4 semanas sin cubrir mis rodillas ni mis codos, hoy ha tocado la vuelta a la realidad laboral y, por supuesto, al traje.
Los c�digos en el vestir var�an de empresa a empresa. Incluso recuerdo una, en plena efervescencia de las puntocom, que hac�an gala en su web de no llevar traje (con un signo de «prohibido corbatas»). Al final, en cada sitio hay un tipo de «uniforme», m�s o menos formal, que obliga a todos a llevar algo similar so pena de ser mirado de arriba abajo.
En mi caso, y en toda mi trayectoria, he estado vinculado a empresas en las que el c�digo de vestir era muy clarito: traje completo. Nada de «chaqueta-pantal�n», ni de «business casual» (salvo ocasiones autorizad�simas y contad�simas). Adem�s, dentro del traje completo, tirando a lo cl�sico: recuerdo dos ocasiones en las que compa�eros se atrevieron a vestir un traje digamos de dise�o atrevido, y fueron objeto de m�ltiples comentarios.
Las chicas tambi�n tienen lo suyo. Quiz�s es hasta m�s dif�cil, porque los l�mites de la formalidad o la informalidad est�n m�s difusos. Al menos, nosotros no tenemos m�s que abrir el armario, coger el traje (gris o azul), coger la camisa (blanca o azul) y una corbata sin estridencias. Para qu� pensar, a esas horas de la ma�ana!!
Pues eso, que hoy es el primer d�a de esta temporada.

Speaker's corner

Speaker’s Corner es un lugar en el Hyde Park de Londres donde, desde hace d�cadas, la gente puede ir y lanzar sus discursos sin importar su condici�n. Por all� han pasado desde personajes tan relevantes como Marx o Lenin hasta miles de oradores desconocidos.
«Speaker’s Corner ha tenido m�s influencia que ninguna «universidad» en el mundo, porque aqui no hay requisitos de entrada, ni formalismos intelectuales ni, sobre todo, restricciones por motivo de clase social.»

«En los lugares de ense�anza tradicionales, los asistentes no tienen la libertad para decidir a qui�n prestar atenci�n y a qui�n no, de entrar y salir cuando se les antoje o de participar en el debate y en la discusi�n. Son precisamente estas caracter�sticas las que hacen de Speaker’s Corner un lugar extra�o y atractivo, un lugar donde la humanidad se encuentra a s� misma en un ambiente generalmente agradable.»
El otro d�a me dio por pensar que la blogosfera no deja de ser un Speaker’s Corner metido en un ordenador. Cada cual puede levantarse y soltar su discurso. Si es interesante, la gente le escuchar�. Si no, nadie le har� caso. Y si procede, se iniciar� una discusi�n enriquecedora…
Le explicaba esta analog�a a un amigo el otro d�a sentado en una terraza. Tener un blog es como si ahora me levanto, y empiezo a contar cosas. A algunos no les interesar� y ser marchar�n, otros me prestar�n atenci�n, iniciaremos un debate…
El problema que se me planteaba es el que estoy barruntando para la blogosfera. �Qu� pasa si llega el d�a en que todos los que estamos en esa terraza nos levantamos y nos ponemos a soltar nuestro discurso? �Qui�n nos va a oir? �C�mo vamos a participar en discusiones o a escuchar a otros oradores, si solo pensamos en nuestro discurso y en que los dem�s nos oigan a nosotros?