Hay demasiadas cosas importantes que ni el Morsa, ni la Chusa ni el Engañabaldosas me enseñaron nunca. Por eso tengo una lista de correo, donde hablo de todas esas cosas que te ayudan a trabajar mejor y a vivir mejor


El valor de una recomendación

Nuestro prestigio y reputación están en juego, obviamente, con lo que hacemos y con lo que decimos de forma directa. Pero también se ven afectados de forma indirecta con lo que hacen y dicen aquellos a los que, de alguna manera, damos nuestro apoyo expreso. Si recomendamos a alguien que contrate con una empresa, y esa empresa hace un mal trabajo, no es sólo su prestigio el que cae, sino también el nuestro. Si «enchufamos» a alguien en algún sitio y no da la talla, también nosotros quedamos mal.
A mí me gusta, en términos generales, ser bastante precavido con mis recomendaciones. Sólo recomiendo con fuerza aquellas cosas y personas en las que creo de verdad.
Tengo la sensación de que hay gente que recomienda «por recomendar». Por ejemplo, gente que acepta en su perfil de red social a cualquiera sin conocerlo (yo sólo acepto a personas a las que conozca mínimamente, de las que sepa decir algo – bueno o malo – en caso de que me pregunten). El caso es que a veces se me genera una cierta «disonancia cognoscitiva»: ¿cómo es posible que esta persona, a la que yo valoro y respeto, recomiende semejante «bazura»?. Y es una sensación extraña, porque te hace dudar de tu propio criterio: quizás la «bazura» no lo es tanto. O quizás el valor y el respeto que le tienes a esa persona no es tan merecido…

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