Dicen de mí…

Hace unos días me decidí a llevar a cabo un experimento al que llevaba un tiempo dándole vueltas: preguntar en twitter cómo me ven desde fuera.
¿Por qué? El origen de la idea venía de una reciente reflexión que me hacía sobre «qué poner en la bío de twitter» (el párrafo introductorio con el que se supone que te «defines a ti mismo»). Es un ejercicio que siempre me ha costado trabajo; ¿qué destacar de uno mismo? ¿Uno es como se percibe, o como le perciben los demás? Y teniendo en cuenta que esa «bio» sirve como banderín de enganche para los que llegan a uno por primera vez sepan qué se van a encontrar… ¿por qué no darles directamente la información de lo que otros como ellos ven?
Así que pregunté.
Ojo, soy plenamente consciente del sesgo que tiene esta encuesta. Para empezar, está respondida por los que me siguen en twitter, es decir, aquéllos que voluntariamente le dieron un día al botón de «seguir» y que, pasados los meses o los años, siguen ahí. Los que alguna vez llegaron a leerme y pensaron que era aburrido, irrelevante, cargante o directamente un imbécil (que seguro que los ha habido) no estaban ahí para dar esa opinión. De hecho, recibí unas 50 respuestas (¡gracias!), que viene a ser un 2% de mis followers… que probablemente serán los más afines, los que más cercanía sientan conmigo (al menos, yo es a quien me molestaría en responder una pregunta así). O sea, que las respuestas tienen, irremediablemente, cierto sesgo «amable». Aun así, es curiosa la sensación de ver qué rasgos de uno mismo llaman la atención de los demás, cómo te etiquetan, qué cosas destacan por encima de las demás.
A continuación, la lista de resultados:

  • sensato
  • Estratega
  • cercano
  • coherente
  • Anticorriente
  • vehemente
  • Mordaz
  • interesante
  • Es joven en inquietud pero viejo y cascarrabias en algunas actitudes. Interesante y desconcertante a la vez, un mix raruno pero buena persona. 😉
  • coherente
  • Depueblo
  • Sobrio
  • Buscando
  • Sentido común
  • Ecléctico
  • Formal
  • constante
  • suficiente
  • Multidisciplinar, directo y eficiente
  • prudente
  • prudente
  • buena persona, campechano y con sentido común
  • interesante
  • Instructivo
  • honesto
  • análisis
  • Cabal
  • Acido
  • Sincero
  • buscador de respuestas
  • Siempre con una segunda mirada. Una antítesis muchas veces, que siempre merece leer.
  • Franqueza.
  • Reposado.
  • sincero
  • Management humanista
  • Una persona de principios sólidos, y muy reflexiva
  • Profesional
  • ideas claras
  • analítico
  • No se corta.
  • Central
  • Brutalmente honesto
  • Tolerante
  • directo
  • responsable
  • confiable
  • Un hombre tranquilo
  • Intenta ser siempre objetivo
  • malabarista
  • Scrooge

La verdad es que me gusta el resultado. Me gusta que la persona que otros ven se parezca bastante a la persona que creo ser; que, a través de lo que digo (en este caso en twitter, pero también en el blog) soy capaz de «dejarme ver».
Y me gusta también haber sido capaz de dar el salto de «preguntar a otros»; incluso con la «red de seguridad» que supone el sesgo que antes mencionaba, hay un punto de «incomodidad» en dar el micrófono a otros para que te digan (anónimamante, como es el caso) cómo te ven, de «tensión» por saber qué piensan de ti, incluso de miedo a cómo les parecerá el mero hecho de preguntarles.
En definitiva, un ejercicio muy satisfactorio. Gracias de nuevo a los que habéis participado, de verdad.

El francotirador

Hace un tiempo, lancé una crítica en twitter (por cierto, soy @rahego para quien no me tenga ubicado). No recuerdo bien hasta qué punto sería una crítica más o menos velada (imagino más lo primero que lo segundo, teniendo en cuenta mi natural aversión al conflicto), pero sí la recuerdo como certera, de meter el dedo en la llaga. El caso es que al rato una persona, también a través de twitter, dijo algo así como «qué fácil es hacer de francotirador». No sé hasta qué punto lo dijo por mi comentario anterior, o fue pura casualidad. Pero el caso es que me hizo pensar.
Una crítica al estilo «francotirador» es como ver los toros desde la barrera. En ese sentido, es una crítica ventajista. Que además, en muchos casos, no tiene en cuenta el contexto sino que va directo a donde duele. Y al ignorar el contexto se arriesga a resultar injusta, ya que juzgar algo en términos absolutos suele serlo.
Sin embargo, creo que no por ello debe uno jugar al avestruz cuando recibe este tipo de críticas. Con su punto de ventajismo, o de injusticia, la crítica del francotirador (si está fundamentada) pone el foco en cosas que uno puede mejorar. Y por lo tanto, son un activo que tenemos que hacer jugar a nuestro favor.
Recibir una crítica (hacia uno mismo, hacia un proyecto en el que está involucrado, etc.) nunca es fácil. Por mucha «piel de elefante» que quieras tener, duele (desde luego, duele mucho más que las palmaditas en la espalda). Y más cuando uno se ha dejado los cuernos, ha luchado contra cientos de elementos en contra o se ha visto limitado por condicionantes externos… y llega el «listo» de turno a sacarnos faltas. Pero lo malo de estar expuesto a la opinión de terceros es que no puedes controlar esas críticas, y siempre van a existir. Así que las opciones son ponernos las anteojeras para no ver esas críticas, tomárnoslas como una afrenta personal, o tratar de valorarlas de la forma más aséptica posible, gestionando el factor emocional y extrayendo las lecciones que nos puedan ser útiles para el futuro.
Foto: Brian Bennett

Pedir feedback: el camino para mejorar

Hace unas semanas di una charla y encontré por ahí algo de feedback positivo y espontáneo. Lo cual siempre es muy agradecido (¿a quién no le gusta que le digan cosas buenas de sí mismo?), pero tiene el inconveniente de que no ayuda a mejorar. Y siempre se puede mejorar. Oí contar una vez que los indios navajos identifican la perfección con la muerte, porque una vez alcanzada la perfección no hay estímulo para mejorar (o algo así).
Así que, sin duda, la crítica constructiva es mucho más enriquecedora que los parabienes, aunque más incómoda de escuchar. Lo que pasa es que no siempre la encuentras de forma espontánea. Así que, aprovechando la presencia entre el público de aquella charla de una persona a la que respeto mucho y cuyas opiniones valoro, le pedí que hiciera exactamente eso, una crítica constructiva, un repaso de cosas que desde su punto de vista se podían mejorar en mi intervención.
Cuando hacía formación en habilidades directivas, uno de los recursos que usábamos era la ventana de Johari, uno de cuyos cuadrantes es la denominada área ciega. Consiste en aquéllas cosas que ignoramos de nosotros mismos, pero que los demás sí conocen. Y la única forma de reducir ese área ciega (que, en la medida en que no disponemos todos de la misma información es una fuente de problemas de comunicación y de relación) es, precisamente, que los otros nos cuenten todas esas cosas para que así todos tengamos el mismo conocimiento. O sea, el feedback.
Pero recuerdo que uno de los detalles que mencionábamos era la importancia de que el feedback sea solicitado. Es decir, que tampoco es esencialmente positivo ir haciendo crítica a diestro y siniestro sin que nadie nos lo pida, a riesgo de que la persona aludida pueda tomárselo como una afrenta. Sin embargo, cuando somos capaces de pedir a los demás su opinión sobre nosotros y somos capaces de asumir lo que nos dicen (que probablemente nos cueste un poco), el feedback se convierte en una potente herramienta de crecimiento personal y profesional.

Dale otra pensada, el feedback y el mastermind

Mastermind

¡Que levante la mano el que nunca se ha visto en esta situación! Preparas un trabajo; un informe, una presentación, un artículo… y se lo presentas a tu gerente o tu socio. Le echa un vistazo (posiblemente después de haberlo tenido varios días en su mesa), arruga el morro y te lo devuelve con un «no, no lo veo; dale una pensada» («dale una pensada» puede ser sustituído por «dale otra vuelta», «mira a ver si le das otro enfoque», etc.). Y ya está. Te vuelves a tu sitio y piensas… «vale, ¿y ahora qué?»
Porque partimos de la base de que nuestro primer tiro lo hemos hecho con la mejor de las voluntades, poniendo todo de nuestra parte hasta conseguir algo que consideramos adecuado. Si la respuesta es simplemente un «no, dale otra vuelta»… es como si no nos dijeran nada. No tenemos pistas sobre qué es lo que está mal, qué sobra, qué falta, qué enfoque sería el más adecuado. En realidad, es peor que si no nos dijeran nada, porque encima vemos como lo que hemos hecho con nuestro mejor esfuerzo no vale, y nos encontramos sin referencias para volver a hacerlo. Llegamos a una situación en la que no podemos aplicar ningún recurso lógico a mejorar nuestro trabajo, lo que nos lleva a probar cosas al azar a ver si hay suerte.
Esta situación me recuerda al clásico juego del Mastermind. Ése en el que uno de los jugadores hace una combinación (de colores, de números, de letras…) secreta, y el otro tiene que acertarla a base de proponer combinaciones. La gracia del juego es que cuando se propone una combinación, hay un feedback constructivo por parte de la otra persona: has acertado con una en su posición correcta, con dos descolocadas, y con otras dos no has acertado. De esta forma, la siguiente propuesta tiene algunas guías para intentar acercarse a la solución correcta y, tras unas cuantas iteraciones y aplicando la lógica, es posible llegar a «adivinar» la combinación secreta.
La situación de «dale otra pensada» equivaldría a que, cuando el jugador propone una combinación, el otro le dijese simplemente «no, no es ésa». Así, la siguiente combinación sería otra propuesta casi al azar, cambiando cosas por si suena la flauta. Si no hay respuestas más allá del «no, no es ésa», acertar la combinación secreta se convierte en una mera cuestión de casualidad, además de perder en el camino infinidad de tiempo en intentos baldíos.
Un buen feedback es necesario para ayudar a quien trabaja «a ciegas» a conseguir el resultado que se espera de él. Afortunadamente, yo he tenido la suerte de haber trabajado con algunos jefes especialmente espectaculares en este sentido. No sólo te daban, de inicio, bastantes indicaciones de qué es lo que esperaban de tí. También, en cada iteración, dedicaban tiempo (y paciencia) a contarte qué cosas les parecían adecuadas, cuáles no, por dónde profundizar, por dónde matizar, qué recursos podías utilizar… Como resultado, el trabajo resultaba más eficiente (era capaz de llegar al resultado esperado en menos tiempo / iteraciones), en un proceso mucho menos frustrante, y yo podía aprender y consolidar mis criterios y por extensión, estar más afinado la siguiente vez. Lo único que se requería era una cierta dedicación por parte del jefe, dedicación que revertía con creces en términos de eficiencia posterior y de satisfacción personal.
Así que, jefes del mundo… borrad el «dale una pensada» o el «dale otra vuelta» de vuestros vocabularios. Cambiadlo por una crítica constructiva, por indicaciones lo más claras posibles que ayuden a visualizar lo que vosotros tenéis en mente. De verdad que no es una pérdida de tiempo, sino una inversión con un retorno muy notable.