El trabajo de campo y la "verdad"

El otro día estuve en Bilbao prestando mi último servicio para mi anterior empresa (bueno, ya será el penúltimo…). Era un trabajo que había hecho yo y que había que presentar. Y aunque yo ya estaba oficialmente de baja, para allá que me fui con mi jefe (si llega a darse un guarrazo el avión, se meten en unos líos… pero claro, creo que eso no sería lo que más me importara en ese momento).
El hecho es que presentamos el informe con un análisis organizativo. Después de verlo (lo cierto es que el cliente se lo había «chapado» bastante bien y fué una discusión muy productiva), y ya cuando estábamos cerrando, nos hicieron un pequeño comentario/reproche: «habéis reflejado muy bien la realidad pero centrados mucho en la visión de los centros de trabajo, nos gustaría que también se hubiese reflejado la nuestra».
Mmmm… tampoco me iba a poner a discutir (en el minuto 93 de partido…). El caso es que a lo largo del trabajo de campo, uno consigue tener una visión muy enriquecida de una empresa, porque la ve desde distintos prismas. Y eso permite hacer un juicio razonablemente objetivo sobre la realidad. Es lo que plasmé en mi análisis. A ellos supongo que les habría encantado ver la realidad que ellos mismos creen «la única verdad». Pero flaco favor les habría hecho si me hubiese limitado a contar lo que ellos me contaron en la primera reunión. Para eso, no me paso tres semanas de lado a lado intentando entender todas las caras de la misma realidad, ¿no?

Sobre Notas de Fútbol


Supongo que a estas alturas quien más y quien menos está al tanto de la situación en Notas de Fútbol. En resumen, gran parte del equipo de editores decidió salir en bloque de la empresa y montar su propio blog de fútbol. Hoy, en un post, explican sus motivos que, personalmente (y voy a insistir: PERSONALMENTE. Este post refleja mi visión personal de la jugada y en ningún caso una posición de empresa. Está claro, ¿no?), me dejan tanto en el fondo como en la forma un regusto agridulce por varias cosas.
Pero fundamentalmente porque la cosa, a pesar de haber tenido su «miga» interna, parecía reconducida y «zanjada» en términos de que cada uno había defendido sus intereses y había buscado su camino. No sé si era necesario (creo que no) tanto detalle y tanta explicación.
Soy de los que piensa que cuando las relaciones profesionales se terminan hay que procurar que lo hagan de la forma más fluida posible y minimizando el ruido. Lo contrario me parece (incluso desde un punto de vista puramente egoista) poco prudente. Pero bueno, supongo que es una opinión personal que no tiene por qué ser compartida.
PD.- Sí. He acortado sensiblemente el post, como podrán comprobar las 20 visitas directas y los suscriptores del feed a quienes les habrá llegado la versión completa. Cuando lo escribí (la madrugada anterior) le dí muchas vueltas tratando de defender mi punto de vista sin resultar ni ofensivo con el equipo de DdF (a quienes respeto por su trabajo y también a nivel personal a los que conozco) ni de generar ruido extra (que, como digo, creo que no beneficia a nadie). Pensaba que lo había conseguido, pero esta mañana un par de personas me han comentado que quizás había estado un tanto duro/vehemente (uno de mis defectos). Como dice el proverbio árabe, «si una persona te dice que pareces un camello, no le hagas caso. Si te lo dicen dos, mírate a un espejo». Así que, pensando que mi post podía en vez de arrojar más luz, servir para echar más leña al fuego, lo he dejado en lo esencial.

Consejos para los nuevos universitarios

Leo en Presión Blogosférica (un blog que, vaya usted por dios, he descubierto gracias a mi denostado Blog Day) un muy interesante post sobre recomendaciones para los que en estos días se preparan para iniciar su andadura en la universidad o para aquellos que todavía están en ello. Ángel recoge sus recomendaciones en los siguientes epígrafes, y yo hago memoria para ver qué hice en su momento:

  • Aprende inglés (pero bien): el tema del inglés lo tenía bien atado desde antes de la Universidad, pero lo cierto es que debería haber hecho más por practicarlo y por profundizar en un inglés más «de negocios».
  • Acostúmbrate a hablar en público: tampoco lo trabajé demasiado. Bien es verdad que me sale razonablemente bien de forma natural :).
  • Aprende sobre la comunicación no verbal: bueno, no sé si me hubiese apuntado a un taller de esas cosas. Dicen que soy bastante expresivo (o gesticulante) pero creo que eso no basta.
  • Conviértete en un profesional del Office: me parece imprescindible. Con el Word y con la Excel me manejaba con cierta soltura. El Powerpoint tardó en llegar a mi vida… pero bueno, siempre me he llevado bien con estas máquinas infernales, así que se me daba bien el tema.
  • Si no eres financiero, aprende finanzas: la interdisciplinariedad es algo que considero muy importante. Precisamente este verano mi mujer (ingeniero informático) y yo (licenciado en administración y dirección de empresas) dedicamos una velada a discutir sobre este tema. Yo pienso que para un técnico es importante tener nociones de empresa que le permitan poner la técnica al servicio del negocio, y que un generalista tiene que tener al menos unas ideas de las áreas técnicas para tomar decisiones solventes.
  • Trabaja: desde luego, poco. Tuve prácticas a tiempo completo como parte de la carrera (vamos, que computaba como un semestre). Estuvieron bien, pero no fuí de los que se mataba por conseguir prácticas de verano. El año para estudiar, el verano para descansar. El jefe que tuve en esas prácticas me llegó a llamar «vividor» cuando le hice ese planteamiento…
  • Aprende a escribir: fui un lector precoz y, hasta los 18 años, también habitual. Tenía y tengo mis lagunas, pero en general pienso que me expreso razonablemente bien.
  • Conoce tu mercado: de esto tampoco me preocupé demasiado. No era fan (tampoco lo soy ahora) de los periódicos salmón, y ponerme a «estudiar» empresas y líos entre ellas no me resultaba muy apetecible. Creo que fué un error que no tuvo demasiada trascendencia para mí, pero lo podría haber tenido.
  • Aprende a convivir y a trabajar en equipo: a convivir aprendí más o menos bien a fuerza de Colegio Mayor, aunque sigo siendo bastante maniático y celoso de mi espacio. En cuanto a trabajar en equipo, siempre digo lo mismo: yo con un equipo de gente buena trabajo de puta madre. Si no, francamente, prefiero trabajar solo. Como se puede ver, no aprendí mucho de esto :).
  • Aprende sobre lo que quieres en la vida: agua. Nada de nada, no creo que le dedicase demasiado tiempo de reflexión a esto. La carrera era algo que empezaba en primero, seguía en segundo… así hasta quinto de donde, con suerte, salías colocado para empezar tu trabajo. Todo inercia. La inercia no me fué mal, pero siempre tuve la sensación de que me llevaba la corriente…

La verdad es que son todos buenos consejos, cosas que la Universidad de por sí no te va a enseñar pero a lo que merece la pena dedicar algún esfuerzo porque tienen un gran impacto (me atrevería a decir que bastante más que las asignaturas que vayas estudiando – aprobando – olvidando). Como se suele decir, «consejos vendo que para mí no tengo» o «haz lo que digo y no lo que hago» 🙂

Amstrad sigue por ahí

El otro día fui al Media Markt y al entrar vi en uno de los expositores una marca que se me clavó. AMSTRAD. ¡Siguen vendiendo cosas!. Amstrad (cuyo nombre está formado a partir de las iniciales de su fundador, Alan Michael Sugar, y de un apócope de Trading) fué la empresa de cuya mano me acerqué a los ordenadores. Unos CPC eran los que tenían en el aula de informática donde empecé con los rudimentos del Basic:
10 Print «Hola»
20 Goto 10
Un Amstrad CPC 6128 (con disquetera, nada menos!!!) fue mi primer ordenador que me regalaron para la Comunión. Con él disfruté jugando y aprendiendo a programar. Luego vendría otro Amstrad PC2086 (era un 8086, pero no me acuerdo de la marca) con el que ya empecé a hacer alguna cosilla de bases de datos (Dbase) pero con el que sobre todo seguía jugando (ese Kick Off 2, por ejemplo…). Amstrad era una de las «gordas», compitiendo con Spectrum, Commodore, MSX… y a mí me entretenía. Tenía revistas oficiales de Amstrad, luego las MicroManía…
Luego Amstrad desapareció de mi radar, y empecé a vivir de los PC’s sin marca. De hecho, pensé que se habría evaporado. Pero mira por donde, ahí sigue haciendo sus cositas. Nada que ver con el esplendor del pasado, supongo. Pero sin duda Amstrad es una marca que está muy ligada a mí.

Calidad vs. rentabilidad

La calidad es un valor muy en boga. Calidad total, EFQM, Six Sigma y no sé cuantas cosas más. La idea de fondo es que, cuanta mayor sea tu calidad, mejor será tu posicionamiento como empresa.
Pero yo tengo mis dudas. Obviamente, ceteris paribus (que gran expresión, por cierto), prefiero algo de más calidad a otra de menos calidad. Pero generalmente para conseguir una mayor calidad tienes que invertir más: mejores materiales, mejores equipos, más y mejores personas, etc. Y esa inversión adicional (y la calidad generada) sólo será rentable en caso de que tu mercado lo valore y esté dispuesto a pagar por ello un sobreprecio mayor que el que a tí te supone ponerlo en marcha.
Por lo tanto, presuponer que la calidad va a llevar a la rentabilidad se me hace precipitado. Ejemplos se me ocurren unos cuantos: todo el mundo dice que La 2 es el canal de televisión de más calidad… pero es el que menos ingresos genera. Pienso también en los vendedores de refrescos de la playa (esos que gritan sudorosos «hay fanta, cocacola, lemon, biaaaaaarrr»): ¿conseguirían una mayor rentabilidad con patatas Lays en vez de patatas del Día?. O en los cerrajeros que decía Andrés el otro día: ¿realmente la «calidad» es tan importante en un producto/servicio que sólo vas a utilizar una vez en tu vida y que difícilmente tendrás oportunidad de recomendar a nadie más? Vas a pagarle un buen puñado de euros al tío que venga, sea un gañán o un fanático de la «calidad total».
En fin, no sé, tengo la sensación de que antes de lanzarse a la carrera de la calidad, hay que plantearse si eso se va a traducir en el bottom-line. Y, como casi todo en esta vida, creo que depende.

Paso del Blogday

El 3108 es el BlogDay (uno de tantos, no sé por qué me da la sensación de que es «blogday» varias veces al año…) porque se supone que el 3 es como una B, el 1 como una l, el 0 como una o y el 8 como una g. Bueno, más o menos y según como lo pintes… puede valer.
El caso es que se supone que durante ese día había que buscarse blogs «raritos» (que no se encuentren en tu circuito habitual y que, a ser posible, sean bien diferentes de ti) y recomendarlos.
Yo he pasado. Por pereza, fundamentalmente. Pero también por algo más profundo. Lo sé de sobra. Somos finitos. Hay un porrón de blogs por ahí, blogs que nunca podré ni siquiera conocer ni mucho menos leer y mucho menos seguir. Hay millones de libros que jamás podré leer. Miles de películas que no podré disfrutar. Miles de lugares que no podré visitar y de los que nunca oiré hablar, millones de personas interesantes con las que nunca podré hablar.
Así que, para evitar semejante pensamiento desasosegante, prefiero pensar que la blogosfera son mis decenas de blogs que sigo en Bloglines y, como mucho, hacer descubrimientos pero poquito a poco, nada de en masa.

Trabajar desde casa

Leo en el blog de Calacanis (a la sazón creador de Weblogs Inc. y ahora intentando sacar adelante una nueva Netscape dentro de AOL) un post en el que solicitan un par de personas de desarrollo. Indica que pueden realizar su trabajo tanto en casa como en oficinas, y lo vende así de bien:
«So, if you are some amazing developer and you left SF, NY, WA, etc. and you’re doing consulting work this might be a great gig for you. All the benefit of living outside the big city, but you get the benefits, salary, and perks of being a f/t staffer. Of course, you have to be willing to travel to our CodeJams and staff meetings, but those are monthly/quarterly typically.»
Vamos, que si abandonaste los agobios de la gran ciudad para irte a vivir a algún lugar más tranquilo, esta puede ser una oportunidad para tí porque tendrás los beneficios de vivir fuera de la gran ciudad pero también los beneficios derivados de trabajar para una gran compañía. Y sí, quizás tengas que viajar a alguna reunión… pero de guindas a brevas.
Hoy precisamente mi mujer me hablaba de una persona (de Asturias, para más señas) que le decía que allí en su tierra no había trabajo para tantos informáticos. Eso generaba que los pocos puestos que había tuviesen unas condiciones lamentables (exceso de oferta… ya se sabe) y que la mayoría de la gente tuviese que acabar viniendo (como tantos y tantos otros) al sumidero (porque todos acabamos aquí) en el que se ha convertido Madrid.
Muchas veces me he preguntado cuántos de los trabajos que se realizan en Madrid exigen realmente (pero de verdad de la buena) presencia física constante aquí. Y si uno lo piensa bien… no son tantos. Muchos de ellos podrían realizarse tranquilamente a distancia, las TIC lo permiten. PERO… creo que ni los jefes ni los propios empleados lo asumen como una posibilidad real. Es un cambio tan drástico… ¿quién vigilará que se hacen las cosas correctamente? ¿quién me ayudará si algo falla?. Y así, muchos prefieren seguir alimentando al Gargantúa capitalino, soportando todos sus inconvenientes.
Creo que una organización «virtual», teniendo inconvenientes y exigiendo determinadas cosas, es factible y que puede contribuir tanto a la eficiencia en el trabajo como al bienestar personal. Estoy en trance de conocerlo. Sólo me falta lo de buscar un rinconcito agradable en el que vivir…

Según Google, yo soy un…

A través de mi amigo Alejandro (quien por fin se ha animado a abrir un blog y, lo que es peor, encima va y le gusta) encuentro un entretenimiento totalmente improductivo pero a la vez curioso que implica, una vez más, a Google. Ya he contado alguna vez mi afición a buscarme en Google (egobúsquedas, que le dicen), a buscar a personas conocidas… en este caso, la idea es preguntarle a Google qué es uno, poniendo en la caja de búsqueda «Raúl es un»… y a ver qué opina.
En mi caso, los resultados han estado lastrados por dos Raules muy afamados: el futbolista del Real Madrid (y pensar que hubo una época en la que yo lamentaba que no hubiese ningún jugador de fútbol famoso con mi nombre… pues toma, ahí lo tienes, máximo goleador de la selección española y multiganador de copas de Europa, por bocas) y el hermanísimo Raúl Castro (pobre hombre, qué cruz debe de ser tener un hermano como Fidel…). Aun así queda una lista curiosilla. Esto es lo que Google dice de «Raúl»:

  • es un ejemplo para todos
  • es un chico humilde
  • es un militar
  • es un capitán con una personalidad fantástica
  • es un jugador imprescindible
  • es un gitano más en el tablao
  • es un político muy singular, apto y hábil
  • es un traidor, pagado por los dólares del imperialismo norteamericano
  • es un guajiro de humor espontáneo y cálido con la familia
  • es un paquetorro que vive del cuento de la prensa
  • es un monje cisterciense de origen inglés
  • es un espectáculo por sí solo
  • es un borde lógico
  • es un nostálgico del comunismo soviético
  • es un académico sin saberlo
  • es un tipo que da esa garra, esas ganas
  • es un DJ de tehcno y house, productor de música y un graduado del programa de arte de Georgian College
  • es un atípico estudiante de Derecho que hade más de dos años habita la blogosfera
  • es un líder tan bueno en la comunidad la tina en el estado de Texas que tuvo el gran honor de que se le diera su nombre a una escuela
  • es un fiel exponente de la juventud de los 60 que aspira a mucho más que lo presente
  • es un miembro de extraordinario valor
  • es un pobre orador, apagado y desprovisto del carisma de su hermano
  • es un buen intérprete
  • es un hombre de paz
  • es un limpia-parabrisas en la Revolución
  • es un ser humano sin ningún atributo excepcional
  • es un hombre con opiniones estéticas y por tanto muy peligroso para la línea oficial en materia de artes plásticas
  • es un empresario lúcido
  • es un poco borrachín
  • es un hombre con un hígado castigado por el alcohol
  • es un poeta, un artista de la palabra, un soñador
  • es un joven mecánico, común y corriente como cualquier otro
  • es un chico normal, sincero, tímido, muy humilde, de mirada dulce, súper sensible, tranquilo y muy hogareño al que también le gustan los animales

Y más cosas, pero no son horas 🙂

Visiones del mundo

A raiz de un estudio elaborado por Caixa Catalunya y al que se le está dando cierta «vidilla» desde los medios (situación sin duda favorecida por todo el debate acerca de la inmigración que estamos viviendo), elaboré una nota en El Blog Salmón en la que se ha suscitado un enconado debate.
La idea no es reproducir aquí dicho debate (el que quiera aportar alguna luz sobre los efectos económicos de la inmigración, que se pase por allí), sino reflexionar sobre algo que, al final, nos afecta a todos en nuestras vidas personales y en las profesionales. Y es que, por debajo de los argumentos racionales, al final hay otras cosas: llamémoslo modelos mentales, o visiones del mundo, o cosmovisiones, o como sea. Pero cada uno tenemos nuestra forma de entender el mundo y eso condiciona nuestros razonamientos y nuestras acciones.
Y llega un momento, en algunas discusiones, en la que lo que te encuentras es que no hay argumentos posibles para «convencer» al contrario. Porque lo que hay de fondo es una diferencia estructural sobre cómo cada uno entiende que deben ser las cosas. Y sobre eso hay poco que discutir, al margen de que luego puedas tener una opinión respecto a la moralidad o inmoralidad de dichas visiones del mundo.

Melones árabes

A ver si nadie me malinterpreta, que con esto de lo políticamente correcto está el patio de un susceptible…
El caso es que ayer veníamos por la A4 – Carretera de Andalucía atravesando esos interminables parajes de La Mancha («camino Puerto Lápice»). Es tradicional (yo lo llevo viendo toda la vida) que en los bordes de la carretera se vean pequeños tenderetes de venta de melones y alguna sandía (por cierto, qué calor pasará esta pobre gente…). Unas decenas de metros antes, suelen poner un cartel indicativo (que viene a ser un cartón con letras pintadas que pone con mayúsculas desiguales «MELONES»).
El caso es que me hizo gracia comprobar cómo estos carteles, tan cutres como siempre, ahora incorporan con el mismo estilo una grafía árabe (que intuyo que quiere decir «MELONES» también), para aprovechar el tirón con los miles y miles de conductores de ese origen que cruzan España de arriba abajo y viceversa cada verano.
Me encantan esos ejemplos de «marketing de la calle». Y es que al final, las «ciencias de la empresa» no dejan de ser, en el 95% de los casos, puro sentido común.