Mi individualidad

Soy individualista. Lo sabe cualquiera que me conozca. También egocéntrico, autosuficiente, un punto prepotente… supongo que van en el lote. Pero a lo que iba. Que me gusta ser considerado como individuo, por mí mismo, por mis propias acciones, mis propias palabras, mis propios pensamientos. No me gusta que me asignen los de otros.
En general, no me gustan los colectivos. Para formar parte de cualquier colectivo, tienes que pagar un peaje en forma de renuncia a tus propias ideas. Obviamente, con algunos colectivos el nivel de solape es mayor (y es más fácil encajar) y con otros es directamente imposible. Pero por mucho solape que haya, siempre tienes que renunciar en parte a tu individualidad para integrarte en el colectivo. Y no me gusta.
Por eso no me gustaría estar en un partido político, por ejemplo, por mucho que ideológicamente pudiera estar cercano a mi forma de pensar. Porque al final, seguro que habría cosas que no me gustan, que no coinciden con como yo pienso. Y cuando eso sucede, primero me siento a disgusto y segundo lo tengo que decir. Me ha pasado siempre, en las empresas en las que he estado, en todos los sitios: lo de ser un miembro calladito y sumiso del colectivo nunca se me ha dado bien. Defender causas a ciegas tampoco.
Por eso me gusta esta «sociedad en red» que se está formando: puedo mantener mi individualidad sin perderla en favor de ningún colectivo, y a la vez ir creando lazos con otros individuos con los que encuentro afinidad. Relaciones más estrechas o más casuales, pero siempre siendo uno el que lleva el timón y el que decide en cada momento con qué individuos (y no con qué «colectivos») se vincula.
Y sin embargo… al ser humano le gusta etiquetar. Etiquetar es fácil, y así es más sencillo interactuar con el entorno. En vez de conocer a los individuos y tratarles como tales, preferimos asignarles etiquetas y tratarles de acuerdo a «lo que se supone que deben de ser». Aquél es un pijo, el otro es un facha, el de más allá es del Atleti…
Esa es una tendencia que puede conmigo. Porque, como ya he dicho, me resulta difícil adscribirme al 100% con ningún colectivo. Y por lo tanto, las etiquetas no me representan. Habrá algunas que se acerquen más, otras que ni de coña… pero ninguna al 100%. Por eso me frustra cuando la gente me trata de acuerdo a una etiqueta. Porque no tienen en cuenta únicamente lo que yo digo, lo que yo pienso, lo que yo hago, lo que yo creo… sino que además le añaden «lo que se supone» que digo, pienso, hago y creo de acuerdo a dicha etiqueta. Aunque tú nunca lo hayas dicho, pensado, hecho o creído.
Si al menos te dan la oportunidad, puedes llegar a romper esa etiqueta a base de mucho esfuerzo y mucha conversación. Y entonces llega el «ah, no eres como pensaba». Pero en muchas ocasiones, directamente no te dan la oportunidad y no atienden a lo que dices o haces. Simplemente, eres un tal o un cual, porque esa es tu etiqueta, y punto.

A los que pretenden decirme qué hacer con mi blog

Esto lo escribía Herny Kamen (no, lo siento, ni idea de quién era antes de leer su artículo, y después… lo que diga la wikipedia; no se puede saber de todo) en la denominada «columna de Umbral» en El Mundo del pasado viernes.

… Es por esto que la tecnología moderna permite a algunos gastar energía escribiendo blogs, en los cuales hablan consigo mismo, con palabras que flotan por el ciberespacio y que las leen sobre todo aquéllos que tienen poco contacto con la palabra escrita.

¿Son encomiables los blogs? Es posible que no, ya que una buena proporción de ellos son poco más que un popurrí de palabras que sirven para expresar opiniones pero que no fomentan la causa de la literatura o de la información

Ouch. Otro más. Otro que viene a decirme para qué «debería» existir mi blog, a insinuar que no soy digno de tener uno si no lo uso para lo que él cree que debería. En este caso, para fomentar la causa de la literatura o de la información. Hay otros que aseguran que sólo los periodistas deberían hacer cosas de éstas. Otros dicen que debería reflexionar sobre el estado de la blogosfera. Otros que deberían preocuparme las visitas y los ingresos de adsense. Otros dicen que debería cambiar el mundo y subvertir el orden social…
Pues miren ustedes: mi blog está para lo que a mí me da la real gana. Igual que nadie me viene a decir qué tengo que pensar, ni a dónde tengo que ir, ni con quién tengo que hablar… tampoco nadie viene a decirme cómo, cuándo o para qué uso mi blog. Cada uno que lo use para lo que quiera, por que al fin y al cabo no es más que una herramienta de comunicación, una extensión de uno mismo. Pero dejen a los demás tranquilos, no nos juzguen por utilizarlos de formas distintas a lo que «ustedes creen que deberíamos». Estoy un poco harto de sermones.
Y me da igual que sea una gran corporación, un escritor, un periodista, un académico, un activista o alguien que ha estado en muchos sitios y allí no me vió: cualquiera que se cree mejor que yo, que pretende que yo use esta herramienta para unos fines que son los suyos (no los míos) y que aún encima se atreve a abroncarme por no hacerlo… ha pinchado en hueso. Den sus opiniones, denme informaciones… pero respeten mi libertad de adherirme a ellas o no, de considerarlas relevantes o irrelevantes. Es mi vida, no la suya. Yo decido, no ustedes.
Y es que hay demasiados que, si no piensas como ellos, te desprecian. Eres un borrego cuando no piensas como ellos, eres un inculto cuando no piensas como ellos, eres un ciudadano pasivo cuando no piensas como ellos, eres un intelectualoide cuando no piensas como ellos, eres un autocomplaciente cuando no piensas como ellos.
El mundo es muy grande. Si no te gusta como pienso… vale, ven a contarme cómo piensas tú. Pero si después de eso sigo sin pensar como tú… no es que no te he escuchado, ni que sea tonto; simplemente, no me has convencido. Respeta mi independencia y mi capacidad de decisión como individuo.
Para acabar, una cita de Fernando que me gustó:

Evangelizar no es sermonear. La diferencia es ENORME. Uno: predicar una buena nueva. Dos: si no piensas como yo, te quemas en el infierno

Pobre Andreu

Es una sensación que me dio el otro día en el evento. Hablo de Andreu Buenafuente. Y digo Andreu, y no Buenafuente, porque me refiero más a la persona que al personaje, al individuo más que al icono televisivo. El hombre vino al Evento Blog a hablar sobre su experiencia y proyectos en internet. Creo que el que se subió al escenario era en un 80% Andreu y en un 20% Buenafuente, lo cual es bastante más de lo que yo habría llegado a esperar.
Y sin embargo… la gente se olvida de que Buenafuente es Andreu. Que no es sólo un personaje, también es una persona. Me dió un poco de pena cuando después de su intervención, en la que fue persona más que personaje (y en la que entre otras cosas había hablado de lo que podía llegar a molestar la gente pidiendo fotos o no dejándole tranquilo, diciendo que él cuando va por ahí no paga las copas con dinero pero las paga en fotos, o contando lo que le sucedió en un aeropuerto…) se abalanzaron sobre él un montón de personas cámara en ristre para pedirle una foto. Lo que dijo le entró a la gente por un oído y le salió por el otro.
Por la noche, en la discoteca, tres cuartas de lo mismo. Venga fotos, y más fotos. Y el tío aceptándolas con cara de circunstancias, hasta que en un momento rechaza una diciendo «estoy saturado de fotos»… y todavía le increpan.
A veces intento ponerme en el lugar de esta gente tan conocida. De imaginar cómo sería la vida si cada vez que saliese de casa para cualquier cosa la gente se me quedara mirando. Si estando en cualquier sitio y en cualquier circunstancia la gente se me acercara a decirme «eh, tú eres Raúl, el consultor de no sé dónde, ¿una foto?». Qué infierno.
Por eso, yo cuando veo a alguien conocido procuro ni mirarle. «Vale, sí, es conocido pero ahora está paseando con su familia» o «Vale, sí, es conocido pero ahora está tomándose unas cañas». O simplemente «vale, sí, es conocido… ¿y qué?». Ni miradas, ni codazos a los acompañantes, ni mucho menos acercarme a pedir una foto, un autógrafo o similar. Intento ver a la persona, no al personaje.
¿Sabéis lo peor? Que en esta ocasión yo también me acerqué a él. Pero no con intención de sacarle una foto, sino simplemente para decirles (a él y a Mia) que su intervención me había gustado mucho y a comentar un par de puntos sobre el tema. Igual que lo hice con otras personas que habían hablado, con gente que había hecho preguntas… quizás no fuese el momento ni el lugar, pero probablemente no habrá otro momento u otro lugar. Estuve a punto de no hacerlo, y en realidad todavía la duda me corroe… ¿valorará esta gente un acercamiento de este tipo, en el que solo quieres ir a comentar una serie de ideas, o lo vincularán igual a «los pesaos de las fotos»?
Siempre he dicho que mi forma ideal de conocer a un «famoso» sería la existencia de amigos comunes que un día, con la mayor naturalidad del mundo, nos presentase mientras tomamos unas cañas o en una comida común, y charlamos de fútbol, de música, de la tele o de lo que sea. Como con una persona cualquiera.

¿No te acuerdas de mí?

En el post anterior sobre el EBE decía que «No voy a mencionar personas. No por nada, es que no quiero dejarme a nadie, y realmente creo que no he tenido en todo el fin de semana ninguna conversación prescindible».
La verdad es que alguna vez me ha pasado que hablas con alguien en algún «sarao», lees la crónica de ese «alguien» y cómo menciona a fulanito, menganito, zutanito… como personas interesantes con las que ha hablado… y no ves tu nombre entre ellas. Y te hace sentir un poco insignificante. Es obvio que no podemos resultar interesantes para todo el mundo, y que mucha gente nos considerará «irrelevantes» o «no suficientemente dignos de mención», y está bien y probablemente sea con razón. Pero a todos nos gusta sentirnos protagonistas (venga, va, no mintáis, ¿o es que voy a ser yo solo el egocéntrico?) y creer que hemos generado al menos un mínimo impacto en nuestro interlocutor. Y leer estas cosas y darse cuenta de que no es así es una sensación feucha.
Es como cuando te presentan a alguien y al cabo del tiempo te lo vuelven a presentar y no tiene ni puñetera idea de quién eres, a pesar de ya haber coincidido antes. Es una sensación de ¿para qué sirvió aquello?
No diré que no haya yo generado sensaciones así, porque seguro que también lo he hecho. Pero al menos voy a intentar que no sea conscientemente.

Mi extraordinario EBE: lo social

Y es que el Evento Blog no es solo evento; es, sobre todo, social. Una orgía de socialización que, he de reconocer, en algún momento me desbordó. Tuve que «retirarme» el sábado por la tarde, buscar un sofá alejado del ruido y permanecer callado y aislado del mundo. Porque todo lo demás no fue más que hablar, y hablar, y hablar…
Hablar con gente a la que ya conozco físicamente, pero con la que encuentras quizás más momentos y durante más rato para profundizar en temas de conversación y reforzar la relación. Con gente que nos relacionamos virtualmente, pero que todavía no habíamos tenido oportunidad de vernos en persona y con las que das continuidad sin ninguna dificultad a la relación social. Con gente a la que conozco virtualmente pero que ella no me conocía a mí. Con gente que me conocía a mí pero a la que yo no conocía. Hablar, hablar y hablar…
No voy a mencionar personas. No por nada, es que no quiero dejarme a nadie, y realmente creo que no he tenido en todo el fin de semana ninguna conversación prescindible. Todas, absolutamente todas, las más largas, las más cortas, las más «profesionales», las más «personales», las mantenidas con los conocidos y con los desconocidos… han aportado algo.
Todo empezó en el AVE. Ya en la cola detecté a un par de personas, pero de esas que «yo sé quiénes son pero no creo que me conozcan» (una sensación extraña que da este mundo). Luego en el AVE ya se formó un grupillo (con conocidos y desconocidos a la vez) que hicimos más de medio viaje en la cafetería. Luego en el hotel ya «adoptamos» a alguno más, y yendo hacia el Evento nos encontramos a un gran grupo. Entrar en la sala fue una sensación un poco agobiante: ¡hay mucha gente! ¿Y con quién me junto?. Sin embargo la cosa evolucionó con sorprendente fluidez a partir de ahí: pasa un conocido, te saludas, sales a tomar un café, te juntas con otros, te presentan a fulanito, ves venir a menganito, apretón de mano por aquí, dos besos por allá, «hola, ¿tú eres Raúl? Yo soy…» Y así, como un tarzán yendo de liana en liana, llega el domingo por la tarde con la sensación de que no has hecho otra cosa que ir enganchando conversaciones.
El «programa social» del Evento salió además fenomenal. El viernes, cena con algunos (más de treinta) autores del Blogbook. Un lugar muy agradable, toneladas de rica comida, charleta… el sábado, la comida con la gente de WSL y mismo resumen: lugar muy agradable, toneladas (bueno, quizás no tanto pero más que suficiente, es que lo del viernes fue excesivo) de comida, charleta… Y el sábado por la noche, «fiestón» en una sala sevillana. A la comida (que también hubo) se le sumaron las cervezas, las copas y la música. Pero la dinámica fué exactamente igual: ir a cada rato charlando con personas diferentes, algunas ya conocidas, otras desconocidas…
¿El resumen? Mucha gente muy interesante, mucha gente muy agradable, toneladas de buen rollo, nuevos descubrimientos, ni un momento desagradable… y la más que satisfactoria sensación de haber construído en unos casos, y reforzado en otros, vínculos con muchas personas. Que es, como decíamos en una de las conversaciones desarrolladas por allí, lo verdaderamente esencial de todo esto y para lo que sirven los blogs.

Mi extraordinario EBE: el evento

Porque no, hoy existe «el» EBE. Sino que existen tantos EBE’s como personas estuvimos allí. Cada uno lo vivimos de una forma, convirtiéndolo en nuestro EBE particular. Y el mío fue extraordinario. Todavía estoy en proceso de asimilación.
Pero empecemos por el principio. Luis Rull, Benito Castro y José Luis Antúnez, los impulsores del EBE, hicieron un trabajo extraordinario. Sus caras denotaban el cansancio de meses de preparación, y la tensión por que todo saliera bien. Tenían el rostro desencajado de un corredor de maratón en el último kilómetro. Al finalizar el Evento, sus palabras no eran exultantes, ni sus miradas de felicidad. Como ese corredor que acaba de cruzar la meta, sólo pensaban en irse a descansar a casa, diciéndose que «quién les habría mandado» y que «en su puñetera vida se vuelven a meter en otro fregao así». No sé qué pasará en el futuro, si realmente el hastío les podrá o si el paso de las semanas les hará olvidar las fatigas y sacrificios y les permitirá ver lo extraordinario de lo que han conseguido. En todo caso, y sin dar nada por descontado, simplemente unas GRACIAS enormes por lo ya hecho.
El Evento creo que resultó bastante completo. Tiendo a creer que, al final, las charlas son básicamente la excusa para «lo otro» y que poco pueden aportar a lo que todos ya hemos leído en decenas de blogs u oído en otras conferencias similares. Y sin embargo, creo que tanto la organización como los propios ponentes y moderadores (y también el público con su participación) consiguieron que la mayoría de las intervenciones tuvieran interés intrínseco. Haré un breve repaso de las mismas, y empezamos con el viernes por la tarde:

  • Shel Israel: llegamos ya una vez comenzada la conferencia. Realmente, no me gustó demasiado. Una serie de generalidades sin mucha miga sobre el mundo de los blogs, sin mucho «hilo argumental» y contadas con cierta «rutina» y frialdad. Psss…
  • Mesa Redonda sobre Televisión y video online: interesante confrontación, bien llevada por Susana, entre la visión de «la industria» (representada por el directivo de laSexta) y la de los usuarios (representada por Hernan Casciari). Una realidad que se impone, las bases de una industria que se tambalean y la necesidad de, entre todos, encontrar un modelo sostenible a futuro. El chico de Youtube… como si no hubiera estado, poca cosa aportó.
  • Andreu Buenafuente: temía que viniese en plan «showman» pero no lo hizo. Acompañado de Mia Font, contaron sus experiencias y proyectos en internet, cosas de su blog, cosas de Captura.org…. Por supuesto, no pudo evitar hacer gracia (es un tío que parece gracioso de forma natural, y además el humor debe ser una forma de defensa como otra cualquiera cuando estás delante de cientos de personas), pero dijo cosas con bastante miga y que me hicieron pensar que es un tío con la cabeza bien puesta. Interesante.

El sábado por la mañana, después de haber dormido tirando a poco, empezamos allí a las 9’30.

  • Mesa de emprendedores: pfff… la verdad, creo que no es el lugar. Creo que puede tener sentido, ante esa audiencia, invitar a gente que hable de «proyectos exitosos», o de «negocios en la red». Pero no sobre una base de «vengo a explicar mi proyecto con mi powerpoint» sino para debatir posibilidades, tendencias… la dinámica de «este es mi proyecto» es bastante sosa. Aun así estuve atento a lo que contaban. Cuando ya me salí de la sala fue cuando empezaron los «espacios promocionales cedidos a nuestros patrocinadores»: no me gusta la publicidad en la tele, y en los eventos tampoco. Entiendo que pagan las facturas, pero no me aportan mucho. Me cuentan que Ismael estuvo «en crack», pero no le vi. Lo cual me lleva a pensar que Ismael se merece un «slot» por sí mismo para hablar de lo que quiera, no para el slot promocional de Microsoft.
  • Biz Stone: la intervención del fundador de Twitter me pareció fantástica. Primero, porque el tío vino a hablar de su proyecto, no a «vender» su proyecto. Se mojó en todas las cuestiones que se le hicieron, planteó algunas ideas más que interesantes sobre la forma de desarrollar un proyectoEnrique Dans ejerció estupendamente de «entrevistador», ayudado con las preguntas que vía twitter se hacían desde el público. Por cierto, que el uso del twitter durante la conferencia me pareció de lo más interesante…
  • Blogs y gente conocida: no estuvo mal, aunque un poco deslabazada. En realidad, fueron tres experiencias contadas de forma casi independiente más que una reflexión conjunta sobre el tema. Capitán brillante, Gisela un poco fuera de sitio pese a los esfuerzos de Fernando por adaptar la dinámica (tiene 13 años la chica, aunque soltó dos o tres perlitas de «sentido común» de esas que solo dicen los niños y los borrachos), y Juanma Ortega me resultó un tipo peculiar que mezcló la publicidad de su empresa con momentos «sorpresa, sorpresa» de mucho cuidado…
  • Videoblogs y podcasts: lo siento, Sonia y Eduardo. Pero no estuve. No es que «ya me lo sepa» (aunque quizás un poco de pereza sí me daba), sino que me salí a charlar un ratito, y a desconectar otro ratito que la tarde ya iba pesando.
  • El Estado de la Blogosfera: yo no sé si es que yo estaba espeso (que lo estaba), que era tarde (que lo era), el carácter de los participantes o la temática, pero el caso es que hubo momentos durante la charla que yo decía… «¿pero de qué carajo están hablando?». Disquisiciones filosóficas, el rankismo y la realidad, el sexo de los ángeles, blogosfera es una o trina… la pobre Tiscar se las vió y se las deseó para darle algo de coherencia a las intervenciones de David de Ugarte, Adolfo Estalella y JJ Merelo. En definitiva, me pareció una tertulia de académicos que la llevaron a niveles bastante alejados del común de los blogueros, además pecando en exceso de cierto tono de «superioridad moral». No digo que no sea interesante en sí mismo, pero no es para desarrollar en ese escenario.

Y ya llegamos al domingo. Sorprendentemente, llegamos puntuales aunque no en plenitud de facultades. Cosas que pasan.


  • Mesa Second Life
    : la verdad es que una de las sorpresas de la jornada. Esperaba una confrontación entre «secondlife mola» por parte de Antonio y Wilhelm y «secondlife apesta» por parte de Juan Luis. Y sin embargo, habilmente dirigida por Wilhelm, la conversación fue extremadamente interesante, abordando la situación real de SecondLife y analizando tanto sus puntos discutibles como su potencial. Una charla muy bien planteada, con muchas reflexiones interesantes y coherentes hechas desde un conocimiento profundo y nada «militante» del tema. Vamos, si hasta hubo momentos que el que parecía más pro-SecondLife era Juan Luis… 🙂
  • Mesa Optimización de Blogs: bueno, más que una mesa era una conferencia de Minid. No le conocía en persona (impresiona lo delgado que está :)). La verdad es que no esperaba demasiado de la charla. Y en realidad en términos de contenido no hubo demasiadas novedades. Pero sí fué un análisis muy completo, didáctico, bien ordenado y bien explicado de algunas cosas esenciales para mejorar el blog desde el punto de vista técnico, de uso para el blogger y de lectura para los visitantes.
  • El cierre con David Bravo: no conocía a David Bravo. Su imagen de tipo pequeñito y con gafas no parece muy dada al chiste. De hecho, en el inicio de su intervención empezó en rollo abogado: que si ley patatín, ley patatán… y de repente… PLAF. Empezaron a deslizarse en el discurso ironías, sarcasmos y anécdotas que, aparte de ilustrar sus argumentos, consiguen un magnetismo brutal de la audiencia. Adios resaca, hola fascinación. Acaba la sesión y el auditorio aplaude puesto en pie. ¡Qué crack!

Y con esto acaba el evento, y todos para casa. La verdad es que con casi todo luces y alguna sombrilla, un contenido más que digno y que supera mis expectativas de «mera excusa».
Por otra parte, y aunque sea de forma muy secundaria, al igual que con los «slots» para los patrocinadores también me quedan mis dudas respecto a los stands. No sé si alguien les habrá prestado alguna atención, yo desde luego no. En cuanto a los obsequios: la bolsa inicial, la verdad, tal y como me la dieron la «subcontraté»; no había nada en ella que me interesase lo suficiente como para cargar con ello. Otra cosa es la mochila de Windows Live!, que aunque también hay que cargar con ella, la verdad es que es un muy buen obsequio, un backpack de calidad. Se han estirado, vaya. Ah, y las tortas y cortadillos que había de vez en cuando… yummm… estaban de vicio!
La organización estupenda, lo cual para mover a cientos de personas es un gran reto superado. La logística y las instalaciones también magníficas, las actividades sugeridas y la noche de Beers(&Copas&Picoteo&…)&Blogs estupendas… en fin, que en lo que respecta al evento en sí, francamente muy completo y muy bien montado. Luego ya cuento «la otra parte», la social, que también tuvo lo suyo…

Curiosa forma de pedir ayuda

Me llega al email un mensaje escrito en portugués, que con cierta dificultad consigo leer. Se trata de una psicóloga brasileña, una tal… (bueno, mejor no pongo el nombre, que tampoco se trata de hacer «sangre» con ella sino de extrapolar el ejemplo), que dice que ha leído mi artículo sobre la jubilación en El Blog Salmón (aunque a tenor de lo que sucede después, no parece que demasiado bien 🙂 ). El caso es que me cuenta que es terapeuta de pareja y de familia, que no tiene mucho tiempo libre, que le han invitado a dar una conferencia sobre «nuevas relaciones en la jubilación» y que si puedo proporcionarle material para preparar su intervención: textos, materiales o actividades para desarrollar con 15 parejas que están a punto de jubilarse.
En fin, una curiosa petición a la que, con cierto esfuerzo y ayudado por el diccionario, intento contestar en portugués: «Gracias por el email. No hablo portugués pero entendí lo que decías. Lo siento, no te puedo ayudar».
Hoy me encuentro con una respuesta que me deja francamente sorprendido. De nuevo en portugués (no sé muy bien qué parte de «no hablo portugués» no ha entendido), me dice lo siguiente:
«Me sorprende su email porque alguien que se atreve a escribir en internet sobre jubilación o sobre cualquier otra cosa me dice que no me puede ayudar, no tiene nada con lo que contribuir o intercambiar conmigo. De ahí pensé: una de dos, o es egoista y cree que el mercado de la consultoría es suyo, se siente amenazado y no quiere perder el tiempo con alguien de tan lejos que ni siquiera conoce; o es alguien que nunca ha oído hablar de la ley del retorno, y también puede ser que sea alguien muy limitado que no debe tener mucho margen para desarrollarse».
Alucinado, le he contestado. Esta vez en inglés, que no deja de ser «lingua franca». No voy a perder el tiempo en intentar malexpresarme en portugués, ni a asumir arrogantemente que entiende el español (que, visto lo visto, lo entiende poco).
«‘Como ya he dicho antes, no hablo portugués. Sin embargo, hice el esfuerzo de tratar de leer tu mensaje, e incluso un esfuerzo superior en intentar escribir una pequeña respuesta. No tengo ninguna información sobre relaciones en la tercera edad. Hablo de la jubilación desde una perspectiva económica, que no tiene nada que ver con «relaciones», y ese es el motivo por el que te digo que no te puedo ayudar.
Dicho esto, he encontrado francamente desagradable tu respuesta, en la que en vez de agradecer y tener en cuenta mi esfuerzo en darte una respuesta medianamente amable, eres tan brusca llamándome «egoista» o «limitado». Lo cual no deja de ser una forma bastante curiosa de pedir ayuda. No parece que hayas oído hablar mucho de esa «ley del retorno» que mencionas, porque si no no entiendo cómo pretendes que la gente te ayude comportándote así.
Si me permites un consejo, intenta no insultar a la gente a la que pides ayuda. Así se incrementarán las probabilidades de conseguir esa ayuda.
Mucha suerte con tu conferencia.»

En fin, el motivo por el que traigo esto aquí es por un lado desahogarme un poco (realmente me ha tocado la moral) y por otro poner sobre la mesa el comportamiento de determinados perfiles, que más que pedirte te exigen que les ayudes a hacer su trabajo permitiéndose el lujo de ser desagradables en el camino. Seguro que a todos nos ha pasado alguna vez. Que yo sepa, así no funcionan las cosas… si quieres que te ayuden, es más fácil si antes has ayudado tú. Dar antes que recibir. Sembrar antes que recoger. Y lo de la amabilidad y la cortesía, qué os voy a contar…
PD.- Había una tercera motivación, que era poner el nombre de esta «psicóloga» (con psicólogos así, los pacientes tienen que estar de un tranquilo…) para que entendiese bien, vía posicionamiento de su nombre en Google, eso de la «ley del retorno». Afortunadamente mi nivel de rebote ha bajado a límites controlables antes de hacerlo.