Qué significa reinvención profesional para tus emociones

Cuando el escenario cambia

Hace unos días recordaba un documental llamado «Del podio al olvido«. En él, varios deportistas de élite contaban su experiencia tras retirarse de la alta competición. Y salía un factor común: lo que cuesta adaptarse a la nueva situación. Tú imagínate que te pasas básicamente toda tu vida siguiendo unas rutinas y desarrollando unas habilidades que te dan el éxito. Y de un día para otro, paf, te cambia la situación. Y tus rutinas y tus habilidades dejan de ser útiles.

«Reinvéntate«. Por supuesto. El consejo está claro. Y cualquiera lo entiende. «Piensa en a qué te quieres dedicar, mira a ver qué habilidades te faltan, y desarróllalas». ¡Pues claro! ¿Cómo no se me había ocurrido antes?

El problema es que eso se dice muy fácil… pero hacerlo es más difícil.

El factor emocional de la reinvención profesional

Normalmente, cuando uno se encuentra en esta situación, no es por gusto. Es el deportista al que le llega el momento de retirarse. Es el profesional al que le afecta un cambio tecnológico que le hace obsoleto. Es un despido después de décadas en una misma empresa. El contexto que te gustaba, donde estabas agusto, donde te sentías eficaz… desaparece. Como Adán y Eva expulsados del paraíso.

El sentimiento de pérdida es enorme. Y, como ante cualquier pérdida, las personas necesitamos pasar un duelo. Un proceso por el cual atravesamos distintas sensaciones con mayor o menor intensidad. Mezcladas. De ida y vuelta. Negación, ira, desmotivación, incertidumbre, desconfianza, desesperanza…

Mientras atraviesas ese proceso, de poco te sirven las soluciones «de libro». Ya sé que tengo que identificar las habilidades que necesito. Ya sé que tengo que desarrollarlas. Pero me siento fatal, no tengo fuerzas, ¿no lo entiendes? ¡Dame tiempo! ¡No es fácil!

Igual que eso de desarrollar habilidades… ¡como si fuera tan sencillo! ¿Tú sabes lo difícil que es, a mi edad, ponerme a aprender cosas nuevas? ¿Lo desagradable que es sentirme torpe e inútil? ¿La frustración que genera no saber hacer las cosas, cuando llevo décadas acostumbrado a hacerlas bien? ¿Levantarme cada día sabiendo que voy a fallar?

Lamentablemente, en el mundo profesional muchas veces parece que no hay sitio para las emociones. Que hay que venir «llorado de casa». Que somos máquinas que respondemos perfectamente a las órdenes que nos damos. Y todavía nos sorprende cuando las cosas no suceden como esperábamos…

Atravesar el desierto

Si te encuentras en esta situación… ánimo. Paso a paso. Estás viviendo un proceso que es natural, y necesario. Acepta que vas a pasar por esas fases de desesperanza, de frustración, de pérdida. No es un sitio agradable en el que estar, pero es la forma en la que los seres humanos nos adaptamos a los cambios. Si todo sale bien, en algún momento saldrás de ahí y llegarás a una fase de aceptación en la que te encontrarás mejor.

No le añadas al malestar propio del duelo ese fustigarse porque «no debería sentirme así». No hagas caso a quien te diga que esto es solo cuestión de hacer A, B y C, y que si no lo haces es porque no quieres. Acepta tu propio proceso, y confía en que ya culminará.

Y mientras tanto, ve haciendo lo que puedas. Algunos ejercicios de reflexión pueden ayudarte a hacer esa digestión emocional más fácil. Hacer acciones pequeñitas puede ir construyendo tu autoconfianza, y así ir contribuyendo a tu reconstrucción. Paso a paso.