Estremecimientos

Sip. Eso es lo que me genera ver estas imágenes. Así está el patio. ¿La culpa? Como siempre, «yo no he sido», «han sido ellos». Nadie está dispuesto a admitir su parte de culpa en la creación de este clima de crispación. No, no, que nadie me venga a decir que «los crispadores son ellos». Tanta culpa tienen los unos como los otros. Hay cosas en las que nunca deberían haber avanzado los dos partidos mayoritarios por separado. Hay cosas con las que no se debería azuzar a la población contra «los otros». Y aquí los dos «grandes» partidos (que de grandeza tienen poca o ninguna) han patinado mucho y en muchas ocasiones. Y seguirán haciéndolo, echando gasolina al fuego. Y luego, cuando las cosas estallen en la calle, dirán que «la culpa es del otro»
Por dios, ¿y en manos de éstos está nuestro futuro? Si no fueran adultos y además los responsables del destino del país, me darían ganas de mandarles a cada uno a un rincón, a que pensaran en lo que han hecho.

Lotería de Doña Manolita

Doña ManolitaGran Vía de Madrid, tres y pico de la tarde de un 15 de noviembre. Queda más de un mes para el sorteo de Navidad, pero la gente hace cola delante de la administración de Doña Manolita, clásica entre las clásicas. Y es que con esto de la lotería cada uno tiene sus manías, y comprarla «donde Doña Manolita» es una de las más arraigadas. Hay otros que compran el número PI, y otras (y no miro a nadie…) que la compran en administraciones con nombres de animalitos que le llaman la atención…
Todos soñamos (también es lo que nos venden) con la suerte, con el «te puede tocar a tí», con el «siempre hay alguien a quien le toca», y soñamos con protagonizar esas escenas de champán despendolado, de poder contestar un «tapar unos agujerillos» cuando nos pregunten qué haremos con el premio… y mientras tanto, el dinero se va de nuestro bolsillo para que se lo lleve el Estado.
En fin, es una tradición, y yo no escapo de ella. No fue en Doña Manolita pero será en otra Administración, compraremos unos décimos y lo repartiremos con la familia. Y el día antes del sorteo soñaremos con el «y si toca…» Y cuando comprobemos en el listado del periódico (bueno, va, ahora con el rollo moderno de las webs…) que no hemos sido nosotros, diremos lo de que «lo importante es la salud».
Para algo es Navidad, ¿no?

El desfile y yo

Desfile
Ayer (bueno, ya antes de ayer) fué el desfile del Día de la Hispanidad. Y reconozco que me gusta verlo… es curiosa la dualidad que me genera «lo militar».
Por un lado, disto muchísimo de ser un «militarista»: creo que la guerra es lo peor que le puede pasar a una sociedad, que es una situación que nos vuelve a convertir en esos animales que quizás nunca hemos dejado de ser. No llego a imaginar la brutalidad que se esconde detrás de una guerra, aunque las (pocas y dosificadas) informaciones que nos llegan de las guerras reales y las (a veces edulcoradas, aunque cada vez menos) recreaciones cinematográficas nos hacen pensar que tiene pocos límites. Y los militares existen porque existe la guerra: puedo entender desde un punto de vista racional su existencia (no soy un utópico de los que dirían que «sobran los ejércitos»… sí, sobran, pero a ver quién es el primer país que se dedica al flowerpower). Filosóficamente, desprecio la violencia como medio para ningún fin. Mi carácter tiene infinitamente más de conciliador y sosegado que de guerrero. No tengo ningún antecedente relacionado con lo militar: no es que yo no hiciese la mili, es que ni mi padre la hizo. Pero sin embargo… me gusta el desfile y, por extensión, muchas cosas vinculadas a él.
Me gustan los uniformes, las banderas, el porte de los soldados, las formaciones perfectas, el paso marcado, la presencia de los aviones y la artillería… me gustan las marchas militares, los himnos, la historia, la simbología, las curiosidades… me gusta la estrategia militar, hasta algunos valores vinculados (al menos en teoría, luego en la práctica ya habrá de todo) a lo militar: el valor, la lealtad, el orgullo, el compañerismo, el sacrificio…
Casi podría decir que de «lo militar» me gusta todo… menos el hecho de que todo está articulado con el fin de matar, que es inherente a ello.
Qué raro soy.
PD.- La foto de Esteban Trigos, que estuvo en el desfile e hizo unas cuantas.

Emilio Calatayud, los menores y el sentido común

Ahí van 20 minutos de sentido común en vena. Don Emilio Calatayud, juez de menores en Granada y conocido por imponer sentencias creativas en algunos de los juicios que lleva, hace un repaso lleno de ingenio y cordura a cómo se deben tratar las situaciones con menores, y las responsabilidades de la familia, la escuela, la sanidad, la justicia y la sociedad en su conjunto sobre su desarrollo.

¡Qué crack!
Vía | Fernando en Twitter

Nessun Dorma y Pavarotti

Al igual que me pasa con el arte, tampoco puede decirse que sea un gran conocedor de la música. Tengo buen oido, tengo sentido del ritmo y, sin mayores conocimientos, hay cosas que me gustan más y cosas que me gustan menos.
Y luego hay cosas como esta, que me ponen la piel de gallina y me dan escalofríos de arriba abajo.

Pavarotti es grande (chiste fácil). Grandioso. Fascinante. Qué voz. Y, lo que más gracia me hace, qué fácil canta. Yo, que he cantado durante una época (sí, estaba en un coro, qué pasa) y cantar cuesta un huevo. Sin embargo, Pavarotti saca un chorrazo de voz sin casi inmutarse… Sin duda tiene una extraordinaria técnica y muchos años de ensayo y de profesión, pero además es que tiene un don en su voz. Es de esos fenómenos de la naturaleza que uno no puede si no admirar y envidiar.
Leo que le han ingresado. Es un hombre que ya tiene una edad. Antes o después se nos irá. De hecho, el gran cantante posiblemente ya ha muerto, y sólo queda vivo el hombre. Pero gracias a dios, tenemos los discos y los videos.

A la SGAE no le gusta que le llamen ladrones

O eso parece a raiz de la demanda interpuesta contra Julio Alonso. Bueno, a estas horas (2 de la mañana) ya todo el mundo se habrá enterado del asunto. A Julio le demandan por un post que escribió hace tiempo sobre el google boombing que vinculaba la palabra SGAE con ladrones. Al margen del apoyo que obviamente pueda recibir Julio por mi parte, hay varias cosas que me han llamado la atención después de leer por encima la demanda (sí, soy así de friki, ventajas de haber estado rodeado de abogados durante unos años).
Creo que el post original de Julio tenía dos elementos «discutibles» en los que no las tendría todas conmigo en un juicio:

  • Cuando enlazaba la palabra ladrones a la SGAE (contribuyendo así al google bombing que pretendía ilustrar). Creo que si alguien se pone pegajoso con eso habría que darle la razón en que ese comportamiento puede afectar al honor. Y creo que Julio hizo muy bien en retirar ese enlace tras el primer burofax recibido de la SGAE.
  • El titular «SGAE=ladrones». Se puede argumentar (y creo que con cierta solidez) que es un titular que pretende ilustrar lo que es un «google bombing» y que no tiene, por sí mismo, un caracter afirmativo (del estilo «los de la SGAE son unos ladrones») y por tanto difamatorio. Pero si alguien quiere verlo de forma textual, podría decir «aquí pone que SGAE es igual a ladrones, eso es difamación». Y si un juez no quiere atender a la contextualización, y toma en consideración además que ese resultado lo muestra Google… lío que te crió. Personalmente, si hubiese sido yo, igual hubiese optado por otro titular, incluso por cambiarlo a posteriori. De esta forma, nadie podría argumentarme la textualidad del mismo.

Es decir, que de las dos cosas que yo veo realmente «dudosas», una está retirada y la otra se puede argumentar desde un punto de vista contextual (aunque insisto, yo veo un riesgo por ahí).
Pero es que luego la demanda se mete en unos vericuetos curiosos, que a mi modo de ver no tienen ningún sentido, pero que habrá que ver cómo lo valoran los jueces:

  • La demanda viene a afirmar que, por el hecho de enlazar a sitios donde se insulta a la SGAE, el responsable es Julio. Es decir, que si yo digo «fulanito dice que eres un sinvergüenza» es igual que «yo digo que tú eres un sinvergüenza». A mí es una postura que me parece que no tiene ni pies ni cabeza (a eso se le llama matar al mensajero, vamos) y que nadie en su sano juicio podría acusarme a mí de difamar por decir que otro te insulta…
  • La demanda viene a afirmar también que, por el hecho de que en comentarios se insulte a la SGAE, el responsable es Julio. Y ahí entramos en un terreno pantanoso, en el que una sentencia desfavorable pondría patas arriba todo el sistema articulado entorno a los blogs. Es decir, que si en comentarios a mi blog alguien dice «fulanito es un ladrón»… ¿soy yo el responsable, aunque no lo haya dicho yo? ¿Qué va a pasar entonces, tendremos que moderar todos los comentarios? ¿Tendremos que exigir fotocopia del DNI para comentar, de forma que quede claro que la opinión pertenece a Fulanito de Tal, con DNI X, y que él es el responsable? Para mí desde luego no tiene ningún sentido que me hagan a mí responsable de lo que opinan otros, pero tampoco tengo todas conmigo de que un juez lo vea igual que yo… al fin y al cabo, la página es mía… (y leyendo más en profundidad la demanda, y viendo la jurisprudencia al respecto… uffffff….)

En fin, que se presenta un caso más que interesante. Francamente, no lo veo del todo claro, de hecho lo veo un poco oscuro. A Julio le pueden «pillar» por un par de sitios. Seguro que Julio contará con el mejor asesoramiento posible (me encantará conocer los argumentos de la parte defendiente), además de con el apoyo de mucha gente. Pero para hacer honor a la verdad, la demanda parece bastante sólida si atendemos a criterios de derecho… en fin, a ver qué dicen los jueces.
De todas formas, y hablando en términos generales (y con esto quiero decir de forma expresa, potenciales abogados de la SGAE con ganas de demandarme, que no me refiero en concreto a la SGAE, es decir, que no tengo una intención difamatoria ni pretendo realizar una intromisión en el honor de la SGAE), creo que si no te gusta que te llamen algo, lo mejor es empezar por no hacer cosas que puedan merecer ese calificativo. Ya dice el refrán eso de «cuando el río suena… agua lleva».
En todo caso, esto viene a corroborar algo que comentaba esta tarde con unos cuantos bloggers: que muchas veces (en el mundo de los blogs y también fuera de ellos) actuamos con cierta despreocupación respecto a las leyes, confiando en la buena fe de todo el mundo… pero que si a alguien le da por gastar tiempo y dinero en hacer que se cumpla la ley de forma rigurosa vía demanda, en muchos casos veríamos que estamos incurriendo en muchos riesgos legales…

El futuro del planeta

Yo no creo que lo consigamos…

Está bien reciclar vidrio, utilizar biocombustibles y afiliarse a Greenpeace, pero no es suficiente. El futuro del planeta depende del consumo, de nuestra forma de vida, de qué entendemos por desarrollo. Mientras consideremos calidad de vida cambiar de coche cada dos años, comprar en grandes almacenes, poner el aire acondicionado a tope, vestir a la última y derrochar (en el sentido más amplio de la palabra), no habrá futuro. El futuro es gastar menos, disfrutar de una vida más sencilla, despreciar el poder y el exceso de posesiones, buscar el equilibrio personal por encima del estatus, apostar por la naturaleza, por la lentitud, por las pequeñas cosas, por los demás.

Javier Pérez de Albéniz

Que paren el mundo…

Llegaba vía Ti&Tac a esta presentación sobre el cambio

Este es otro de los recursos que usábamos en la época de consultoría: una presentación inicial de «impacto» que hiciese reflexionar a los asistentes y ponerles la mente a funcionar…
Pero reconozco que me agobia. Ver tantos datos, la magnitud de todo lo que tenemos alrededor, la cantidad de información que está a nuestro alcance, lo inabarcable de todo… me sobrepasa. Creo que todo tiene que ser más fácil. Sí, es verdad todo lo que se dice en la presentación. Pero también es verdad que al final, cuando disfrutamos de verdad, es con las cosas sencillas, las de toda la vida: una larga conversación con un amigo, un paseo junto al río, o el silencio junto a la persona amada. Y eso seguro que también les pasa a los chinos.
Que paren el mundo, que yo me apeo…