Vuelta a casa

Ni oficina portátil, ni movilidad, ni trabacaciones ni otras mandangas. 10 días de desconexión total. ¡Qué bien! Sé que mi vida digital no se para, que continúa, aunque yo no haya estado delante de una pantalla. Pero a veces conviene poner distancia para poder dejar que los pensamientos sigan su cauce con menos interferencias e infoxicaciones de las habituales.
Así que aquí estamos de nuevo, dispuestos a enfrentar un nuevo curso que promete ser intenso.

Nessun Dorma y Pavarotti

Al igual que me pasa con el arte, tampoco puede decirse que sea un gran conocedor de la música. Tengo buen oido, tengo sentido del ritmo y, sin mayores conocimientos, hay cosas que me gustan más y cosas que me gustan menos.
Y luego hay cosas como esta, que me ponen la piel de gallina y me dan escalofríos de arriba abajo.

Pavarotti es grande (chiste fácil). Grandioso. Fascinante. Qué voz. Y, lo que más gracia me hace, qué fácil canta. Yo, que he cantado durante una época (sí, estaba en un coro, qué pasa) y cantar cuesta un huevo. Sin embargo, Pavarotti saca un chorrazo de voz sin casi inmutarse… Sin duda tiene una extraordinaria técnica y muchos años de ensayo y de profesión, pero además es que tiene un don en su voz. Es de esos fenómenos de la naturaleza que uno no puede si no admirar y envidiar.
Leo que le han ingresado. Es un hombre que ya tiene una edad. Antes o después se nos irá. De hecho, el gran cantante posiblemente ya ha muerto, y sólo queda vivo el hombre. Pero gracias a dios, tenemos los discos y los videos.

¿Fetichismo de qué?

Fetichismo de mierda

En fin, no seré yo quien se escandalice a estas alturas de la vida… pero la verdad es que me ha sorprendido este titular de El País que hoy aparecía en su portada. Vale que uno luego lee la noticia y podría encajar la idea, pero está claro que la búsqueda de la atención del lector obliga a forzar cada día más los titulares para hacerlos más llamativos y generar el click, y… no sé, no sé, llamadme anticuado si quereis, pero me ha chocado.

El adios de Gomaespuma

Me lo avisaba Pepito en un comentario. También un amigo me mandó un SMS. Yo lo tenía en mente. Gomaespuma ponía fin a su etapa de las tardes en Onda Cero y abría un interrogante sobre su futuro en la radio después de 25 años.
Este es el video de los últimos minutos del último programa (espero que «de momento») de Gomaespuma. Los he tomado de su web (no es que faciliten mucho lo de compartir contenidos… espero que no les moleste que haya hecho esta captura!).

He de reconocer que se me ha escapado una lagrimita. Son muchos años teniéndoles como referencia. Hace siglos les escuchaba, en las madrugadas de Antena 3 cuando repetían su programa justo antes de la repetición de Supergarcía. Luego tuve una época gloriosa de despertarme con ellos en la Universidad cuando estaban en M80 por las mañanas, aunque también les repetían por la noche. En esta última etapa de Onda Cero, por cosas del trabajo, me resultó más difícil seguirles aunque siempre que me pillaban en el coche les sintonizaba. Queda pendiente mi idea de haberles ido a ver en directo en el estudio o en los programas que hacían por distintos sitios.
Cuando más me han enganchado no ha sido cuando han hecho humor puro (que también) sino cuando han aplicado su filtro a los comentarios de la actualidad. Porque ese filtro no estaba solamente hecho de humor, sino también de valores e ideales, de coherencia, de independencia. 25 años son muchos como para fingir, y a mí lo que me han transmitido a lo largo de estos años no es solo que sean buenos humoristas, sino que también son buena gente.
No creo que ni puedan ni que quieran retirarse. Seguirán con sus proyectos individuales y conjuntos (incluida la tienda de encurtidos y frutos secos… y de chuches!). De momento, estarán en Televisión Española. Espero que por mucho tiempo. Porque Gomaespuma es toda una marca, una institución, una forma de ver el mundo.
Gracias por estos 25 años.

Sindicato de bloggers

Se lo veo a Eduardo en el twitter, y voy al origen de todo en el blog de Enrique. Y la idea que se comenta me asombra. Está tan lejos de mi concepción del mundo profesional…
Partamos de una base: no me gustan los sindicatos. Siempre los he visto (y los he visto bastante de cerca en algunos proyectos en los que he trabajado) como pequeñas mafias que juegan al chantaje y al conchabeo con la empresa, que buscan su propio interés disfrazándolo del bien común, que de lo único que se preocupan es de sus cuotas de poder y de los beneficios que pueden obtener de ellas.
Seguro que tuvieron un papel relevante en una época de la historia. Quizás en algunos sectores todavía sigan siendo necesarios. ¿Pero en el mundo de internet? No se me ocurre nada más anacrónico…
Yo siempre he visto el mundo de las relaciones laborales como algo mucho más equilibrado. Reniego de la imagen del empresario explotador y el obrero oprimido. Yo soy un profesional que aporta cosas de valor a su empresa, y usted es un empresario interesado en contratarme. Veamos en qué condiciones podemos colaborar. Si estamos de acuerdo, habrá colaboración. Si no, cada uno por su lado: yo no voy a trabajar para usted si no recibo lo que considero que es justo. No soy un pobrecito que viene a mendigar un puesto de trabajo y que no tiene otro sitio donde ir.
Creo en las leyes del mercado. Creo que dentro de unas leyes razonablemente protectoras como las que tenemos, debemos dejar actuar a la oferta y la demanda. Si yo consigo mejores condiciones laborales, que sea porque lo que yo ofrezco es un bien escaso que los empresarios quieren. Y si lo que yo ofrezco no tiene valor porque hay mucha más gente que lo ofrece, ningún sindicato debería alterar artificialmente esa situación.

Arte moderno y otras pamplinas

Partamos de una base: no soy un gran conocedor del arte moderno. Ni del arte en general. Tengo un cierto criterio estético por el que las cosas «me gustan» o «no me gustan», pero no paso de ahí. Ahora bien, y aun corriendo el riesgo de ser considerado un inculto, creo que dentro del «arte moderno» se esconden muchas boñigas…
Lo que más me repatea es cuando, al lado de una obra, te ponen la «explicación» (siempre profunda, siempre… ¿todos los artistas son unos atormentados?) del autor. Y uno mira a izquierda y derecha buscando la cámara oculta… «¿me quieren tomar el pelo o qué? ¿Cómo que esta mancha roja sobre fondo negro representa la angustia del autor por la pérdida de la infancia en una sociedad consumista?»
Para muestra, dos botones. Son dos fotos tomadas en una muestra llamada «Idilio» (supongo que será ésta, por las fechas…) que entramos a ver en el Patio de Escuelas en Salamanca.
El primero, una muñeca hinchable atada a un arbol. Era un paisaje fotorealista, bonito… pero chico, yo lo de la muñeca hinchable no lo entiendo.

Muñeca hinchable atada a un árbol

El segundo, una composición de flores de cartón… y los pies de una niña asomando por debajo. «No se sabe si está escondida o yace muerta», decía el cartel. Curiosa forma de esconderse… en fin, ¿qué quiere decir una niña muerta debajo de flores de cartón?

Niña muerta bajo flores de cartón

Ah, y había otro, un video llamado «Los cowboys», que era una imagen de un prado con una vaca pasando… y el texto decía «los cowboys que dan nombre a la obra, y que en realidad no aparecen por ningún lado…». :O
Lo dicho, aun a riesgo de resultar un inculto, cada vez que veo una cosa de éstas y alguien me intenta decir que «representa no sé qué…» pienso «pues porque tú lo dices, majete». Y como decía antes, eso no quita para que algunas de estas obras me puedan gustar estéticamente. Pero con lo otro… no sé, debo ser demasiado obtuso. Aunque me alivia saber que no soy el único.

La droga es la auténtica salud


Madre mía del amor hermoso… si es que no se puede curiosear por internet (en este caso, teletubes) porque se llega a encontrar uno con unas cosas…

La droga es la auténtica salud, el bienestar, la alegría…

Hay cinco derechos universales que son innegables al hombre, a la raza humana; uno es la vivienda, otro es la ropa, otro la dignidad… y los otros dos se me han olvidao

En fin, está mal reirse de las desgracias ajenas… pero es que te tienes que reir.

Pantallazo en alta resolución

El otro día recibí una llamada un tanto surrealista… un cliente me pedía a ver si podíamos enviarle «un pantallazo en alta resolución» porque el que conseguían con «Imprimir pantalla» no les resultaba suficiente… tic… tac…
Dejando al margen de no entender demasiado bien para qué lo querrían ni por qué me llaman a mí para eso (por poner un ejemplo raro, es como si yo llamo al que me instaló la cocina para ver por qué no me queda bien el arroz de la paella), la verdad es que no supe muy bien cómo responder. Igual estoy equivocado (se agradecerá si me corregís), pero si una pantalla está a 1024×768, no hay forma de sacarla a más resolución… no se pueden crear píxeles donde no los hay, ¿no?
En fin, eso fue lo que les dije.