Los A-list no existen

Blogstars

Eso es lo que creo. Que los A-list bloggers, o los blogstars, no existen. Pero empecemos por el principio.
Dentro del mundo de los blogs, hay un lugar común consistente en ponerle la etiqueta de «blogstar» o «A-list blogger» a un determinado grupo de bloggers. ¿Quiénes son? Depende a quienes le preguntes, pero nombres como Enrique Dans, Julio Alonso, Microsiervos, Eduardo Arcos, Antonio Ortiz, Martín Varsavsky… saldrían en muchas de las quinielas. Y unida a esa etiqueta, se les asignan una serie de características: que si están endiosados, que si se creen en posesión de la verdad, que pretenden controlar la blogosfera y decir lo que está bien y está mal, que deciden vetar a unos y pelotean a otros… Pareciera, oyendo estas teorías, que el círculo de los blogstars es una especie de sociedad secreta que maquina su plan de dominación mundial en oscuros sótanos al abrigo de la mirada de «los bloggers de a pié».
Y, honestamente, creo que no es así. Todos los que reciben el nombre de «blogstars» son tan «bloggers de a pié» como cualquiera. Con un pequeño detalle: les lee mucha gente más que a la media. Pero nótese el matiz: son otros los que les leen, es un factor exógeno a ellos. Dudo mucho que ninguno de ellos haya querido ser «blogstar», que haya sido algo elegido y perseguido. En el mejor de los casos, es sólo una consecuencia de la gente que decide leerles, pero no una decisión suya.
¿Y por qué han llegado a tener tantos lectores? Pues mi visión está muy clara: el factor principal es que ya estaban aquí antes que la inmensa mayoría. Sí, claro, también importa el «no hacerlo mal» o el tener determinado estilo (no me atrevo a llamarlo talento). Pero lo relevante es que cuando los bloggers eran pocos, era más fácil llamar la atención inicialmente. Era más fácil tener una relación cercana entre todos ellos. Hablaban unos de otros, se enlazaban, quedaban a tomar cañas. A medida que otros fuimos incorporándonos a la blogosfera, ellos eran lo que nos encontrábamos, ellos eran lo que nos acostumbrábamos a leer, ellos eran lo que nos acostumbrábamos a enlazar. Y ese proceso se ha ido repitiendo, contribuyendo a hacer crecer la bola de nieve. Pero insisto, somos nosotros (lectores, comentaristas, enlazadores) los que les hemos dado ese rango. No ellos quienes se lo han asignado a sí mismos.
A raiz de ese número de lectores (que, insisto, es algo exógeno), a esos bloggers «les cae encima» una repercusión y una notoriedad que otros no tienen. Cualquier cosa que digan tiene más impacto, genera más comentarios, más enlaces y más posts que si ese mismo artículo lo firma otro. Es de cajón: asumiendo un determinado porcentaje de comentarios por cada mil visitas, si se aplica sobre una base mil veces mayor, se generan mil veces más comentarios. Me recuerda un poco la historia del Gran Héroe Americano: un tipo normal al que, de un día para otro, se le conceden una serie de poderes que ni ha pedido, ni sabe usar. Simplemente, los tiene.
A partir de aquí, cada uno ha gestionado ese «poder» lo mejor que ha sabido o podido, dependiendo de su forma de ser. Vuelvo a la analogía del Gran Héroe Americano: ¿qué hubiéramos hecho, cada uno de nosotros, si nos hubieran dado esos poderes? Alguno habrá tratado de seguir blogueando como si nada, alguno se habrá dado cuenta del potencial que tiene y habrá buscado aprovecharlo, alguno se habrá «emborrachado de poder» y se le habrá subido a la cabeza… pero dudo mucho que exista una reacción común, ni tampoco una voluntad común de erigirse en portavoz de nada, o de manipular a nadie o de pontificar. En última instancia, es algo con lo que se han encontrado.
Y en ese grupo, como en cualquier sitio, habrá de todo. Habrá quien nos caiga mejor o peor, con quien estemos más de acuerdo o con quien estemos menos. Pero estoy convencido de que eso no deriva de ser «blogstar» o no; nos caerían igual de bien o de mal si tuviesen un blog minoritario (o no tuvieran blog) y nos los presentasen en un bar. A lo que voy es que no existe un rasgo común que les identifique como «blogstars», más allá de compartir un elevado número de lectores. Algo que, por cierto, en un momento dado puede generar comportamientos que refuercen una cierta imagen de lejanía: unos cierran los comentarios, de otros se dice que no contestan los emails o que no participan en los comentarios de la conversación, o que son unos «estiraos» que no devuelven el saludo cuando les dicen algo por la calle… la cuestión es que siempre juzgamos esos comportamientos con nuestra vara de medir: «yo no cierro comentarios, yo respondo siempre los emails». Pero… ¿qué haríamos si tuviésemos un volumen de 1000 veces los comentarios que tenemos, o recibiésemos 1000 veces más emails de los que recibimos, o hubiera desconocidos que nos saludan por la calle o quieren sacarse fotos con nosotros? ¿Nos hacemos una idea de lo que eso supone? ¿Podríamos seguir tan pichis, o acabaríamos comportándonos igual que hacen ellos? A mí la respuesta me parece obvia. Es muy fácil criticar cuando uno no se pone en el lugar del otro.
¿Y por qué son siempre los mismos? ¿Por qué es un círculo que no se amplía? Por mera fragmentación de audiencias. Cuando había pocos blogs, aunque también había pocos lectores, tocaban a un buen puñado de lectores por blog. Y aunque es verdad que el número de lectores ha crecido, el número de bloggers lo ha hecho mucho más que proporcionalmente. La audiencia media que le toca a un nuevo blog es un puñado de lectores, y gracias. Cada vez es más difícil que te lean, cada vez es más difícil que te enlacen, cada vez es más difícil que otros te conozcan. En definitiva, cada vez es más difícil conseguir una audiencia masiva que haga que tus palabras tengan esa repercusión.
Conozco a algunos de ellos. No son una raza aparte. Son gente normal con un blog que, casualidades de la vida, a mucha gente le da por leer. Ni más ni menos.

Mi Palm Tungsten T3: no es por tí, es por mí

Hace casi 5 años (¡no tenía ni blog! :P), cuando salí de BearingPoint, decidí darme un homenaje con el finiquito. Me compré un móvil (SonyEricsson T610) y una PDA (Palm Tungsten T3). Entre uno y otro me dejé un buen dinero (600-700 euros), por aquel entonces eran «de lo último». Quería tener un «set de movilidad» molón. Y ahí estaba yo, con capacidad para conectarme a internet con el móvil, para navegar y ver correos en la PDA conectada vía bluetooth al teléfono. La PDA además daba la posibilidad de gestionar ficheros (hojas de cálculo, presentaciones, textos), y además tenía jueguecitos molones, y lo de la agenda de contactos y el calendario, y lector de ebooks, y chorrocientas funcionalidades más…
Al móvil he de decir que sí le di buen uso, lo sustituí el año pasado (tres años y medio para un móvil no está mal). Pero la PDA… ay, la PDA.
Juro que me molaba, y que el aparatito estaba bien (obviamente, no vale compararlo con lo que hay ahora: estamos hablando de cinco años atrás). Se podían hacer muchas cosas. Pero es uno de los aparatos más infrautilizados que he tenido nunca. Abusando del cliché de las relaciones, podría decirle que «no es por tí, es por mí». Nunca conseguí integrar la PDA en mi día a día.
Y mira que lo intenté. Cuando caía en lo poco que lo estaba usando, me forzaba (sí, suena ridículo; de hecho, lo era) a llevarla encima, a usarla. A apuntar las citas en la PDA, a cargarme un ebook y leerlo, a sincronizar el correo y gestionarlo según volvía en el autobús, a cargar algúna hojita de cálculo para «poder verla en casa»… pero todo era falso, fruto del esfuerzo… nada natural.
Lo cierto es que la Palm hacía de todo… pero nada imprescindible. Te permitía gestionar el correo «en caso de necesidad», o revisar una presentación «en caso de necesidad», o leer «en caso de necesidad», o llevar tus contactos encima «en caso de necesidad». Pero yo no tenía esa necesidad. Raro era el momento en el que estuviese lejos de un ordenador: o en la oficina o en casa, disponía de posibilidades mucho mejores para hacer cualquier cosa de las que permitía la Palm.
El pobre aparatejo ha estado cuatro años languideciendo. Nunca la he tenido muy lejos, pero nunca la he usado con consistencia. Hace un par de meses, decidí que ya estaba bien de verla agonizar, y procedí a la eutanasia. Guardé el cable de sincronización (que ocupaba espacio en la mesa y en el USB sin que lo hubiera usado en meses), y también la propia PDA. No la he echado de menos ni un sólo segundo, lo cual demuestra lo poco útil que llegó a ser.
Me he planteado venderla, pero imagino que un producto tecnológico de hace cinco años (por mucho que nos queramos creer aquello de que «la basura de un hombre es el tesoro de otro») tiene mala salida .
Mi historia con la PDA es la historia de un impulso consumista, de gastarse demasiado dinero en algo que no necesitas simplemente porque te parece guay, y de la culpabilidad que sobreviene cuando te das cuenta de lo absurdo de su compra. No digo eso de «no lo volveré a hacer», porque soy muy de impulsos periódicos. Aunque creo que, con el paso de los años, se me va pasando. Pero no viene mal acordarme de mi Tungsten de vez en cuando, para alejarme de tentaciones similares.
No, no me voy a comprar un iPhone.

Cerrando la etapa de Actibva

Desde diciembre pasado he estado involucrado en el proyecto de Actibva. Hoy hemos puesto en producción una nueva funcionalidad, un «juego de bolsa» (ya sabéis: comprar acciones, vender acciones, y ver quién obtiene mejores rentabilidades), y con esto se completa (al margen de que haya que estabilizar la plataforma, ver si nos hemos dejado algo y corregir algún bug que se puedan haber escapado) el plan inicial de desarrollos previstos para este proyecto.
Y con ello, termina también mi involucración en el proyecto. Cuando hablé con Julio la idea inicial era impulsar esta primera fase de desarrollos y, después, plantearnos mi continuidad (con otras condiciones) en los meses posteriores (llamémosle fase de «mantenimiento»). Lo cierto es que ni siquiera hemos llegado a hablar de «condiciones»; hace unas semanas le comenté a Julio que no veía mi continuidad en el proyecto, y pusimos en marcha el proceso para hacer que mi salida tuviese el menor impacto posible; a partir de ahora, será Martín Fernández el que tome mi relevo.
El motivo principal es el mismo que me llevó a renunciar a mis labores de «responsable de servicios a empresas» en WSL hace unos meses. Una vez que los proyectos pasan la fase de definición (donde fundamentalmente se aportan las ideas, donde se conceptualiza) y entran en una fase de estabilidad (incluso antes, en la fase de desarrollo donde eres un malabarista), la labor del responsable del proyecto es menos estimulante: hay mucho de control, de rutina, de «peleítas»… Creo que por mis características, lo que puedo aportar en esta fase es mucho menos que en la primera. Algo que también ocurre a la inversa; lo que me puede aportar a mí el proyecto en esta fase también cambia. Así que mejor dejarlo aquí que prolongar la colaboración; parafraseándome, «antes de que la rutina me venza, a otra cosa».
Creo que Actibva tiene un buen futuro por delante. Hemos trabajado duro para, en pocos meses, poner en marcha el barco. Sin duda, hay espacio para mejorar y para incorporar cosas nuevas; y sobre todo, para conseguir formar a su alrededor una comunidad sólida y estable. Estoy seguro de que sus responsables, tanto en BBVA como en WSL, conseguirán llevar este barco a buen puerto.
Yo, a partir de ahora, paso a «usuario raso».

Me vendo por una comida

Eso es lo que parece insinuar Victor, con gusto discutible (¿»bloggers bien alimentados»?) en Una comida te cuenta. Que soy un falso del copón, porque después de decir que no me gustaban los posts patrocinados, voy y hablo del producto de BBVA después de que me inviten a una comida.
La verdad, no sé cómo se verá desde afuera, pero yo tengo mi conciencia muy tranquila. Y tampoco tengo ningún interés en convencer a nadie de nada, especialmente a los que ya tienen su juicio hecho y que, independientemente de lo que yo diga, ya consideran que «soy una bruja». Aun así, no puedo dejar de decir un par de cosas.
Valiente «post patrocinado» he hecho yo: no sólo no me pagan sino que encima tengo que pagar yo 20 euros de parking y unos 30 euros de gasolina por el desplazamiento. Si se tratara de comer «por la patilla», me hubiera pegado un homenaje del copón en mi pueblo, y todavía me sobraba dinero. Debo ser el primer tonto que hace un post patrocinado y encima le cuesta dinero… Imagino que, para quien el mundo se reduce a «sólo hago las cosas si me pagan», esto es inaudito. Pero no todo el mundo es así, qué le vamos a hacer.
¿Si no hubiera ido a esta comida habría hablado del tema? Probablemente no, igual que si no hubiera ido de vacaciones a las Arribes del Duero no hubiera contado ese viaje, si no hubiera leído Funky Business no habría escrito qué me parece
Para que yo escriba de algo, tienen que darse dos condiciones: una, que lo experimente y dos, que me llame la atención. La mera «experimentación» (tanto sufragada por mí como sufragada por otros) no es suficiente. Hay muchos sitios a los que he ido y sobre los que no escribo, muchos libros que he leído y sobre los que no cuento nada, muchos eventos y reuniones a las que voy sobre los que no digo ni mú. El criterio no es «que me paguen» o «que no me paguen» (nunca nadie me ha pagado por escribir nada en mi blog), tampoco que «me inviten» o «no me inviten» (a otros sitios sí me han invitado y no he contado nada si no me ha llamado la atención; también me han cedido libros sobre los que no he escrito porque no me han generado ningún comentario; etcétera) sino que lo encuentre interesante o no.
Me fastidia tener que justificarme. Es mi blog, hablo de lo que quiero, como quiero y cuando quiero. Y creo que lo hago con coherencia, procuro hacerlo así y me tengo por alguien coherente. Pero si alguien piensa que no es así… ¡hay millones y millones de blogs en el mundo!. No perdáis el tiempo conmigo, y ya está.
Finalmente, he de reconocer que me frustra muchísimo el rollo ese de «el blogger de a pie» vs. «el Alist» (un concepto que creo que no existe y que, si existiera, no me incluiría – todos somos «bloggers de a pie»). Entiendo que da sus réditos (siempre lo ha hecho el alentar una presunta «lucha de clases» y generar polémica gratuita), pero también creo que hay muchas cosas mucho más interesantes a las que dedicarse.

¿Por qué hay doping en el ciclismo?

Lo del ciclismo y el doping es ya muy triste. Pero claro, el deporte no es deporte, sino negocio. Y ahí está el quid de la cuestión. Aun así, resulta sorprendente que sabiendo la presión antidoping que hay en algunos deportes y en algunos lugares, todavía haya quien decida arriesgarse a que le pillen (cuando es tan probable).
Javier Ares, un periodista que me ha encantado siempre, apuntaba el otro día una explicación llena de sentido común. Nos parece que un ciclista «se arriesga», pero no es así. Muchos no tienen nada que perder. Si no consiguen destacar, se ven condenados a un equipo de tercera o, directamente, a colgar la bicicleta e integrarse en la «sociedad civil» sin nada. Su alternativa, si no se dopan, es el fracaso. Por lo tanto, a muchos les parece que merece la pena correr el riesgo: si no les pillan, pueden destacar y conseguir ese contrato profesional jugoso que les permita ganarse la vida. Y si les pillan… tampoco estarán mucho peor de lo que estarían sin doparse.
Triste y duro, pero cierto. Me recuerda a lo que me contaba un amigo sargento que estuvo en Senegal con las crisis de inmigrantes ilegales que salían de allí hace unos meses. Me contaba que las personas que se embarcaban en esos viajes sabían perfectamente los riesgos que corrían. Sabían de las probabilidades de morir en el viaje. Pero aun así, subían en los cayucos; la alternativa cierta de quedarse en tierra era tan mala, o incluso peor, que asumir los riesgos inherentes a llegar a Europa.

Vuelta a las discusiones blogueriles

Hace unas semanas reflexionaba sobre la pesadilla de las discusiones blogueriles. Ha vuelto a pasar. En este caso, el protagonista es Cink, una empresa recién creada. ¿Cuál es el problema con Cink? Pues que no me gusta el enfoque, así de sencillo. Pero no voy a insistir en el tema; pensaba haber escrito un post, pero ya me he liado a hacer comentarios en otros sitios (Cink, una empresa que vende meneos en Alt1040; Cink estrena web en Netoratón; Cink en lodudomucho.com) y creo no gano nada repitiéndome.
Lo que me ha llamado la atención del tema es que, de nuevo, han salido los argumentos típicos: si criticas algo es por «envidia», porque «no se apoya a los emprendedores», por el «pánico a una empresa nueva» o porque «defiendes tu forma de ganarse la vida». Joooder, de verdad, no se me ocurre argumento más tristón. Cuando hago una crítica, si no estás de acuerdo… ¿por qué no aportas tus puntos de vista? ¿por qué no me explicas en qué estoy equivocado? Cuando uno lee semejante argumento, la sensación que percibe es que, simplemente, no hay más…
En fin, como dije en su momento, yo voy a seguir dando mi opinión. Cuando el valor de uno (if any) está en sus opiniones y en su criterio, no puede simplemente «quedarse callado» cuando ve algo con lo que no comulga para evitarse la «pelea» (que a veces se vuelve un poco fea). Porque cuando uno critica lo que no le gusta, está indirectamente explicitando lo que sí le gusta.

Cortar los posts, ¿sí o no?

Ésta es una pregunta a la que me gustaría que me contestáseis. Ayer estuve tomando una copa con Antonio Toca, y me preguntaba que «por qué no cortaba los posts». Para los que no sepáis a lo que me refiero, se trata de poner (a mitad de un artículo) una marca que, cuando se visualiza en la portada, hace que el post se corte ahí y que en su lugar aparezca un enlace de «Leer más» que lleve a la página individual del artículo, donde ya se puede ver íntegro con comentarios.
Cuando editaba para los blogs de WSL, la recomendación era hacerlo así: por un lado para tener una portada más «limpita» (enseñas sólo los dos primeros párrafos de cada artículo, y así la portada queda menos «recargada») y por otro (todo suma) para provocar alguna página vista más…
Pero en mis blogs nunca me he preocupado demasiado de eso. Pongo el post entero, y a correr. El resultado es que la portada puede ser muy laaaaarga, y que si alguien quiere simplemente «echar un vistazo» tiene que hacer demasiado scroll. La contrapartida es que quien quiera puede leerse los artículos enteros desde la portada, sin tener que hacer click y entrar a ningún sitio.
La alternativa sería empezar a usar esa etiqueta para cortar los artículos. Así la portada sería mucho más corta, quien la viese podría hacerse una idea global de los últimos contenidos publicados… pero si quieren leer un artículo determinado tienen que hacer click.
¿Vosotros qué preferís? ¿Qué os hace sentir más cómodos? ¿Una portada «light», o la posibilidad de leer los contenidos íntegros desde la portada?

Comida-presentación de BBVATuCuentas

Comida BBVA

Este miércoles tuve la oportunidad de asistir a una reunión-comida en la sede del BBVA a la que nos convocaron a unos cuantos bloggers y en la que estuvieron presentes las planas mayores tanto de Strands como de BBVA (incluyendo a su Consejero Delegado, José Ignacio Goirigolzarri…. ¿cómo es posible que este tío no tenga página en la Wikipedia? En fin…). El motivo era «comentar la jugada» sobre la presentación de BBVATuCuentas (por la mañana habían hecho rueda de prensa a medios tradicionales), el nuevo servicio ofrecido por BBVA a sus clientes elaborado por Strands.
Dejo mi opinión sobre BBVATuCuentas en Digitalycia. Aquí simplemente cuento mis sensaciones en la reunión. He de decir que la charla ha sido muy entretenida y distendida, hemos podido exponer nuestros puntos con total franqueza (incluso los «menos buenos») y espero que les haya resultado a ellos también interesante. Desde luego, tomaron unas cuantas notas y entraron en la discusión todo lo que hizo falta.
La verdad es que es estimulante ver a todo un Consejero Delegado del nivel de Goirigolzarri entrando «a saco» en la conversación sobre algo tan concreto. En fin, quizás me deje deslumbrar un poco (encima es, como yo, licenciado en la Comercial de Deusto…), pero qué queréis que os diga, no todos los días se tiene una comida en petit comité (seríamos 20 personas en total, y quizás la mitad eran del banco y de Strands) y una charla de dos horas con un personaje de este nivel (aunque yo os parezca fan, he de decir que no fui yo quien le pidió una foto según se marchaba :P).
Tampoco deja de asombrarme cómo funciona todo lo que tiene que ver con el protocolo en este tipo de empresas, y más cuando andan «los capos» involucrados. Qué despliegue, qué nivel de servicio (el personal que atiende la comida es realmente acojonante; ni te das cuenta de que están, qué perfección en el servicio, qué discrección, qué educación…). En fin, andar por las «plantas nobles» de este tipo de empresas es «otro mundo».
Y nada, la verdad es que muy satisfecho con la reunión. En lo personal la verdad es que me encontré muy a gusto, para qué nos vamos a engañar.

Cuéntaselo a internet

Si no me equivoco, ayer miércoles 16 debería haber salido publicado este artículo mío en La Tribuna de Guadalajara. Un artículo corto, dirigido a un público que apenas sabe nada de internet (por lo que es posible que a los que lo leáis aquí os resulte muy básico) y hablando de forma muy sencilla de las posibilidades de la «internet 2.0». El cómo ha llegado mi artículo hasta ese diario es una larga historia…
Aquí va el artículo:
Una afición, un deporte, una manualidad… todos tenemos una actividad, una pasión de la que disfrutamos. Normalmente lo compartimos con nuestros amigos, con nuestra familia, con los más cercanos. A veces, ni siquiera eso; son nuestros placeres solitarios, algo que no nos atrevemos a compartir con los demás por pudor, o porque no encontramos gente que nos entienda.
Pero hay una posibilidad más. ¿Por qué no contárselo a Internet?

Read moreCuéntaselo a internet

Usabilidad e interacción: don't make me click

Dont make me click

He estado viendo esta charla, titulada «Don’t make me click«, de Aza Raskin en las GoogleTechTalks (charlas para empleados de Google que son grabadas y difundidas de forma gratuita… ¡un tremendo recurso en el que bucear!). No soy diseñador, pero me gusta «gazpachear» un poco en cada tema (algo que creo que es fundamental para poder tener una visión clara y global). Y la verdad es que me han resultado interesantes estos conceptos sobre usabilidad, diseño e interacción.
Hay una frase que me ha gustado especialmente: «para el usuario, el interfaz es el producto». Es decir, no importa cómo sean las «tripas» del producto, que si la forma de usarlo no está bien diseñada, el resultado será nefasto. Y afirma que «el mejor interfaz es el que no se nota»; aquél que nos permite hacer lo que queremos hacer sin tener que pensar «cómo se hará ésto, a qué menú tengo que ir, dónde tengo que pinchar…».
Raskin parte del planteamiento de que cualquier web se sitúa en algún punto entre los extremos de «aburrida» (por tener pocas cosas) y «molesta» (por tener demasiadas cosas). Hay que encontrar el equilibrio justo que permita mostrar cosas útiles e interesantes pero sin sobrecargar.
Habla de algo que resulta ser cierto: «la seducción por la interacción». La gente (los clientes, los usuarios) tienden a pensar que, para evitar ser «aburridos», hay que poner muchas cosas: muchos botoncitos, muchos links, mucha interacción (hace un ejemplo bastante clarificador «complicando» la web de Google con ajax, iconos, etc.). Pero tanta interacción es un error. A mayor interacción, menos información, ergo menos contenido y menos usuarios.
Por lo tanto, hay que reducir la interacción (de ahí el título de la charla: «don’t make me click»). El lo llama ZIA («Zen Internet Application»). A partir de ahí, expone algunos ejemplos de por dónde pueden ir los tiros (mostrar mucha información accesible a través de un simple zoom, formas de mostrar contenido a medida que se hace scrolling, introducción de datos prescindiendo de los típicos formularios, interfaces basados en el «lenguaje natural»…).
En fin, como digo, no soy para nada un experto en diseño. Supongo que Aza Raskin representará una cierta corriente en el diseño y la usabilidad (algo «minimalista»), y que habrá quién piense diferente. Pero la charla es amena, y a mí me ha hecho pensar.