Ayer estábamos en la plaza con el crío. Han montado una «biblioteca de verano», en la que dejan cuentos y pinturas a los chavales para que pasen un rato. El caso es que estábamos allí, pintando… y se acerca un chaval, como de 10 años, con unos «tazos«.
«Hola, ¿queréis tazos?» «Pues no, la verdad es que no, gracias, que el niño es muy pequeño»
«¿Y no tiene un hermano mayor, o un primo?» «No, no, que va»
«Mira que si os los quedáis todos os hago descuento» «…»
Alucinante. Con qué desparpajo se presentó el chaval, con qué habilidad expuso su muestrario, con qué agilidad buscaba contraargumentos, cómo metió el tema de los descuentos…
Qué envidia. Yo nunca tuve esas habilidades; con el tiempo aprendes a desarrollar, mínimamente, alguna de ellas. Pero nunca se podrán comparar con las de quien, desde tan crío, es un vendedor nato.
dia-a-dia
La doctrina del shock
He visto este mini-documental (o anuncio promocional, en realidad) elaborado por Naomi Klein (autora de No Logo y que ahora está en promoción de su libro La doctrina del shock) en el blog de Julen. Resulta interesante su tésis: igual que se provocan estados de shock a nivel individual (se hacía con los enfermos mentales y se aplicó en el ámbito miltar para «ablandar» prisioneros), también es posible hacerlo a nivel general (bien sea aprovechando situaciones exógenas o bien provocándolas directamente); una sociedad en estado de shock admitirá la imposición de cambios y de normas mucho más facilmente de lo que lo haría en condiciones normales.
Naomi Klein me genera una cierta distancia. Creo que es una activista: no quiero decir que eso sea malo per sé, pero sí que sus libros y sus planteamientos hay que leerlos siendo conscientes de que no es ni pretende ser una «analista imparcial», sino que pretende movilizar las conciencias hacia sus tésis. Pero aun así, no está de más ver lo que cuenta.
Yo estoy en proceso de leer todavía No logo. Me cuesta un montón, no sé si es por el estilo narrativo del libro o por una pésima traducción (que transforma el libro en farragoso y cansino). Pero está bien leer de vez en cuando a los activistas, para ensanchar nuestra visión del mundo.
Cómo interpretar los resultados de las encuestas
¿Alguna vez te has preguntado hasta qué punto los resultados de las encuestas están reflejando a la gente como tú? Realmente… ¿a cuántas de estas encuestas has contestado?
Hernán Casciari reflexiona sobre ello en este estupendo post (como casi todos los que escribe, por otro lado):
Todo lo que sabemos sobre nuestras costumbres, fobias, manías y emergencias es el resultado de los hábitos de gente aburrida o que, justo esta tarde, estaba dispersa y con ganas de conversar […] ¿Pero qué pasa con los demás, con los que contestan siempre NO a la invitación de ser acribillados con preguntas? Son el 90% de la población mundial y poco o nada sabemos sobre sus quehaceres […] Hay, además, una segunda certeza brutal, que involucra a las minorías que SÍ responde siempre, una certeza que empaña incluso los resultados parciales del grupo. Es sabido que la gente aburrida y la gente que se droga a la tarde tiende a mentir; los primeros como escape a una realidad insípida, y los otros por dispersión y anacronismo. Con esto generamos una nueva evidencia: el 96% de los que responden a encuestas, miente; a veces queriendo y otras veces sin querer […] casi nunca reconocemos, ni en el hogar ni en la calle, que nos gobiernan unos parámetros que están dictados por el absurdo y la mala interpretación.
Créditos preconcedidos: piénsatelo dos veces
Recibo una llamada de la BBK, entidad con la que he trabajado intensamente pero que ahora es para mí residual. Me cuentan que hace unos días me enviaron información por correo sobre un crédito al consumo que tenía preconcedido hasta un límite de 6.000 euros, que si la he recibido. Se trata de que puedo pedir un préstamo por esa cantidad cuando quiera, sin más estudios ni aprobaciones adicionales.
Supongo que recibí la carta, y que tal y como la abrí, la tiré. No me interesa. Pero no es ya una cuestión coyuntural (de que ahora no tenga esa necesidad financiera) sino de que cualquiera debería plantearse si realmente necesita un crédito así; pagar cerca del 10% TAE de intereses (¿no nos quejamos de que la hipoteca nos ha subido al entorno del 6%?) para créditos orientados al puro consumo. Que si un viaje, que si comprarse una tele nueva, que si… Y esto tu «entidad financiera de confianza»: las condiciones de los préstamos al consumo que se anuncian en la tele son incluso peores.
Una recomendación financiera básica es no endeudarse para pagar caprichos. Si no tenemos dinero para esos caprichos, nos aguantamos. Pero meterse en un crédito personal y asumir la carga de intereses simplemente por ese capricho… es una muy mala decisión.
También reseñable la actitud de las entidades financieras: si entras ahora a pedirles un préstamo hipotecario, es probable que llamen a los de seguridad para que te echen con cajas destempladas de la oficina. Pero eso sí, para «colocarte» un préstamo al consumo (mucho más caro, es decir, con mejor margen para ellos; y de mucha menor cantidad, o sea, menos riesgo de impagos para ellos) te mandan carta, te llaman e incluso, cuando le dices que «es un producto que no me interesa», te dicen que si lo has pensado bien, que es un dinero que te viene muy bien ahora en el verano…
Otro consejo financiero, dos por uno: nunca confíes en el asesoramiento de quien tiene algo que ganar o que perder en función del consejo que te da.
Fotos que llaman la atención
El pasado viernes, los alumnos de distintos cursos que da Mario Pascucci en la zona de Aranda de Duero nos juntamos en su su sala En-Cuadra (que es la cuadra restaurada de su casa de Gumiel de Izán). El objetivo era hacer una fiesta de fin de curso, y ver una pequeña exposición en la que cada alumno teníamos una foto. También hicimos un concurso: cada uno de nosotros tenía que votar 10 fotos (al estilo eurovisión: 10 puntos a la que más gustase, 9 a la siguiente, etc.).
Mi foto, esta rosa que pongo aquí, quedó en una intrascendente vigésima posición (de unos cuarenta alumnos, más o menos).

Pero al margen del premio (que ni siquiera sé en qué consistía 🙂 ), resulta interesante ver el listado de fotos mejores valoradas en su conjunto.
La primera, es una foto macro de un insecto (parecido a una mariquita, también rojo con puntos negros) haciendo equilibrios sobre una flor. La segunda, una vaca fotografiada desde atrás en el momento justo en el que gira su cuello para lamerse… el culo (¿se puede decir culo en este blog? Ah, sí, que es mío 😀 ). La tercera, un libro abierto con un anillo. La cuarta, una madre empujando a su hija el los columpios…
¿Que a dónde quiero ir a parar? Pues que tengo la sensación (es la conclusión que saco) de que las fotos que más llaman la atención son las que cuentan o sugieren algo (al margen de que tengan una mejor o peor técnica: probablemente si el jurado hubiese sido más «técnico» hubiesen ponderado más otras cosas, aunque las ganadoras eran muy notables también en ese aspecto). Las que muestran un momento, las que evocan una historia o un sentimiento. El insecto y su equilibrio inmortalizados en pleno proceso natural, la vaca y su punto divertido, la risa de la niña en el columpio, el sugerente anillo en el libro…
En ese sentido, las fotos que tienden a la mera descripción (como mi rosa) pueden ser más o menos estéticas, estar más o menos bien hechas… pero resultan tibias, no despiertan ninguna pasión. Una foto gusta si transmite emoción, si comunica algo, si establece una conexión con quien la ve.
Un ejercicio interesante.
PD-. Lo que no puedo negar es que me alabo el gusto: creo que las cinco primeras son también las cinco (no sé si en el orden exacto, alguna puede bailar, aunque la primera y la segunda las tengo seguras) a las que yo dí la máxima puntuación.
Foto de la puesta de sol

Esta puesta de sol es la que se ve desde Haza, muy cerquita de Aranda de Duero. Su situación privilegiada en lo alto de una loma permite que, desde el balcón que permite asomarse al curso del río Riaza, se pueda tener una panorámica excelente del horizonte al atardecer.
Aunque hay por ahí consejos para fotografiar la puesta de sol, yo no los había leído antes de estas fotos. Simplemente ajusté la exposición para la luz del entorno del sol (centrar el fotómetro en el sol haría que todo lo demás saliese oscuro, y centrarlo en zonas muy alejadas provocaría que toda la zona alrededor del sol saliese quemada), y hala, a disparar: procurando que la línea del horizonte quedase bien horizontal (luego tuve que ajustarla un poquito), que el cielo ocupase más que la tierra (la regla de los tercios) y que el sol quedase en alguno de los puntos áureos (si queda centrado, pierde fuerza).
En fin, éste es el resultado. Es evidente que viendo otras fotos de puestas de sol hay mucho recorrido para seguir mejorando. Pero estamos en ello, y como dicen por ahí, hay que estar orgulloso de las propias fotos.
La foto está tomada a ISO 100, apertura f13, velocidad 1/250 y objetivo 150 mm.
¿Qué busco yo en un contenido escrito?
Enlazando con el post anterior, en el que decía que no suelo leer blogs comerciales, he estado tratando de poner negro sobre blanco qué es lo que sí me gusta leer
- Datos: obviamente, es la base de todo. La información pura y dura. Pero tienen que ser pulidos y enriquecidos, si no, no dicen gran cosa. Huyo de los contenidos que se quedan en el dato.
- Criterio: es lo que sirve para separar el grano de la paja, lo importante de lo intrascendente. Yo no necesito que alguien me cuente todo, sino que me filtre y me «mastique». Y para eso hace falta independencia y conocimientos.
- Contexto: los datos por sí mismo no dicen nada si no se introducen en un contexto. ¿Cuáles son las circunstancias que rodean a un dato? ¿Cuáles son los antecedentes?
- Relaciones: un contenido se enriquece cuando, además de contar las cosas, se enlazan y se comparan con otras. Eso permite establecer paralelismos, extrapolar, definir tendencias. ¿Qué pasó otra vez que se dieron circunstancias parecidas? ¿Qué sucedió en este otro sector, o en este otro momento? ¿Cuáles son los parecidos, o las diferencias, con otros casos? Me gustan especialmente los contenidos en los que los datos están al servicio de este análisis comparativo y no son el fin último.
- Opinión: ¿cuál es el punto que se quiere transmitir? La información por la información tiene un valor, pero éste crece de forma notable si el autor la interpreta y «se moja» sacando conclusiones, con las que se puede estar de acuerdo o no, pero que dejan traslucir un razonamiento que en sí mismo aporta valor.
- Personalidad: a mí particularmente me gusta que en todo el proceso se note la mano del autor. Conocer sus experiencias concretas, sus sesgos, sus filias y sus fobias. No sólo permite entender mucho mejor todo el proceso argumentativo, sino que aporta matices muy valiosos.
Creo que estos puntos definen bien el «retrato robot» de los contenidos que me gusta leer. ¿Los hay en blogs comerciales? Sí. Pero mezclados con otros muchos que no encajan en el perfil.
No leo blogs comerciales
Resulta paradójico, habida cuenta de que durante casi tres años he sido editor en distintos blogs comerciales, y de que durante más de tres años he estado vinculado a la mayor empresa de blogs comerciales del mundo en castellano.
Pero es un hecho. No es activismo, ni una declaración de intenciones, ni una postura fruto de una meditación, sino el resultado de una observación. Si miro los feeds a los que estoy suscrito, no hay blogs comerciales entre ellos (salvo XatakaFoto; y ha sido precisamente revisando ese feed cuando me ha surgido la reflexión).
¿Y por qué? Pues nunca me lo había planteado, voy a ver si consigo verbalizarlo.
Para empezar, los blogs comerciales tienen muchos contenidos, muchos más de los que son razonablemente seguibles por un usuario normal como yo (Nota: después del comentario de Antonio, creo que es adecuado cambiar el «normal» por «como yo»; así no entramos en el problema de definir la «normalidad»). Leerlos a diario supone dedicar un tiempo que no siempre tienes, y acumularlos hace que te encuentres con decenas de posts sin leer que, en el mejor de los casos, ojeas por encima (en el peor, directamente, haces el «marcar todos como leídos»). Y ésa para mí ya es una barrera: me da pereza entrar en esa dinámica porque ya la he probado, y acabo desuscribiéndome cuando me doy cuenta de que «no puedo» con ese ritmo de actualización.
La cuestión es que hay una lógica empresarial en el elevado número de contenidos: por un lado, más contenidos equivalen a más visitas (directas o procedentes de buscadores) y más enlaces, más páginas vistas, más ingresos. Es algo similar a lo que ocurre en los formatos en papel (hace tiempo me reconocían desde un grupo de medios, cuando les comentaba que no me daba tiempo durante la semana a leer todo su suplemento dominical, que metían tantos contenidos porque había que hacer hueco a la publicidad..). Y si además pretendes ser un blog inclusivo (en el que se traten todos los aspectos de una temática: todas las noticias, todos los productos, etc.), la avalancha de noticias hace que lo difícil sea «cerrar el grifo». Todo empuja a que haya más contenidos que menos.
Y por otro lado está el tema de la calidad. Mucho se ha hablado del debate entre «cantidad» y «calidad». Yo siempre he defendido que, dentro de la dinámica arriba comentada de que «la cantidad es buena» (para la empresa), había que buscar un cierto grado de calidad basado en la opinión y en la reflexión de gente con conocimientos. Y creo que, dentro de lo razonable, es algo que se intenta (en unos sitios más que en otros).
Pero partamos de la base de que «calidad» es un término subjetivo, y que cada uno busca en los blogs cosas distintas. Y lo que yo busco es muy difícil que surja en un blog comercial. Yo creo que la «excelencia» (llamando «excelentes» a los posts que a mí me gustan) surge cuando alguien que sabe escribe como quiere y cuando quiere, cuando puede tomarse tiempo para elaborar un contenido «de peso». No tengo interés en una «gaceta de avisos» con un chorreo de noticias, sino fundamentalmente análisis y reflexión; algo que lleva su tiempo. Y creo que la dinámica en los blogs comerciales (donde hay una determinada línea editorial y un «estilo», donde hay unos compromisos mínimos de participación, donde la retribución está ligada mucho más al «cuánto» que al «cómo») no facilita un ecosistema proclive a esa excelencia. La calidad acaba dependiendo del prurito profesional del editor, pero en cierto sentido (y hasta cierto punto) es «nadar contra corriente».
Y hay otro punto, ligado con lo que yo considero «excelencia», que es la personalidad. Me gustan los blogs en los que los contenidos están muy ligados a la experiencia personal del autor, a su forma particular de expresarse, a su forma de ser; aparte de los contenidos de «análisis y reflexión», me gustan los posts intrascendentes (que nunca tendrían cabida en un blog comercial) pero que sirven para conocer mejor a su autor. Los blogs comerciales, en cuanto a blogs colectivos (en los que además el equipo tiene un determinado nivel de rotación), tienden a difuminar esa personalidad. No sólo porque haya varios autores, sino porque la tendencia casi inconsciente de los editores es modular su personalidad individual en favor de un mínimo común (un estilo, unas normas editoriales, etc.); algo que muchas veces se comprueba comparando la contribución de un editor al blog colectivo con su blog personal. Es algo inherente a un grupo. El resultado es muchas veces correcto, sin estridencias… pero algo tibio para mi gusto, «sin alma».
Pero creo que lo que está al final detrás de todo esto es que el mercado no compra calidad (insisto, lo que yo entiendo por calidad). Los anunciantes (los únicos que pagan aquí) quieren sobre todo páginas vistas, si pueden ser a millones mejor que a cientos de miles, y si están bien segmentadas mejor. Les vale con una calidad «decente» (que no erosione su imagen), pero no necesitan «la excelencia». Y es que está demostrado, por mucho que nos pueda molestar, que la audiencia masiva no va donde los contenidos que podríamos denominar «de calidad» («calidad» para mí, sin prejuzgar lo que otros puedan considerar calidad): baste con revisarse, por ejemplo, las audiencias televisivas, o lo que se lee en los periódicos. Todos los editores de blogs tenemos la experiencia de habernos currado un día mucho un post creyendo que era buenísimo para después ver cómo pasaba absolutamente inadvertido mientras que otro post completamente intrascendente se llevaba enlaces, meneos, comentarios y páginas vistas. Y lo normal es que las empresas que gestionan blogs comerciales atiendan a los intereses de esa audiencia masiva, porque la rentabilidad está en ellos.
Me preguntaba Julio que qué era lo que necesitaba exactamente. Creo que no es una cuestión de filtros o categorización, ni de herramientas que un blog comercial pueda poner a mí disposición. Creo que hay algo intrínseco al modelo de blogs comerciales que hace muy difícil que yo sea un lector habitual de ellos. Y es que, aunque sin duda es posible encontrar algunos buenos contenidos en blogs comerciales, muchas veces están enterrados entre otro montón que ni me va ni me viene. Como en una campana de Gauss con un nivel medio de «suficiente» (o incluso de «bien»), la distribución presenta muchos posts «correctos» y pocos «excelentes».
Resumiendo, el modelo de blog comercial funciona si hay muchos contenidos de una calidad media «suficiente». Tienen que ser así. Un blog con contenidos de calidad media «excelente» tendría unos costes inasumibles, y si se reduce la frecuencia (para poder asumir el coste) difícilmente alcanzaría la masa crítica necesaria para monetizarlo; por lo tanto, difícilmente sería negocio. La única posibilidad sería convencer a los anunciantes de que hay algo más que el CPC, que merece la pena vincular su imagen a un determinado contenido por encima del tráfico que obtengan.
Mientras tanto, los contenidos que a mí me gustan es más fácil que florezcan en el entorno de blogs independientes sin vocación comercial, donde los autores se expresan como y cuando quieren, sin mayores pretensiones. Por supuesto que aquí los habrá buenos y malos (para eso está el criterio de cada uno) pero, por todo lo que he descrito arriba, creo que los mejores blogs independientes siempre van a ser mejores que cualquier blog comercial; al no existir la variable «negocio», se pueden permitir mantener la excelencia como norma y pueden tener tanta personalidad como quieran. Algo que, para mí como lector, les convierte en opción preferente.
Preocuparse por los demás
Siempre me ha parecido un tipo muy sensato. Y pensar que fue mi jefe… bueno, el jefe del jefe de mi jefe. Pero bueno, que yo le ví pasar un par de días por la recepción 🙂
En la vida uno tiene que ocuparse de lo suyo y de lo ajeno, porque si no te ocupas de lo ajeno, la convivencia se hace muy difícil.
La influencia de los bloggers
Casi coinciden en el tiempo dos comentarios en mi blog sobre el mismo tema. Tanto Hombre sin Personalidad (en éste) como Estoy Repe (en éste y en éste)se preguntan hasta qué punto la opinión de un «blogstar» puede ser realmente influyente o no.
No es mala pregunta. Mi visión es que hay dos teorías contrapuestas, y en las dos encuentro algo de sentido: por un lado, que no importa el «cuántos» sino el «quiénes». Y si a determinadas personas les lee un número (reducido si quieres) de periodistas y directivos, sus opiniones adquieren un cierto nivel de influencia; no les conoce el gran público, pero sí pueden influir en quienes luego influyen al gran público. Eso suponiendo que sea «el gran público» el objetivo, que no siempre lo es; el objetivo también pueden ser nichos más concretos.
Pero por otro lado, también estoy de acuerdo en estamos encerrados en un micromundo digital alejado del 99% de la población y que «es cierto que esto del ‘ombloguismo’ nos aleja, quizás demasiado, de la realidad…» (esta es una cita de un post mío de hace más de tres años). Que es una «sala de los espejos» en la que «nos creemos que somos algo cuando en realidad somos una parte minúscula, ínfima, no ya de la población mundial, sino de la población de los países presuntamente desarrollados e incluso de la población de nuestro perfil educacional o socioeconómico» (otra cita del 2005). O sea, que puede que de influencia, nada de nada.
De hecho, hace unos meses salió un estudio que decía que los presuntamente influyentes influyen menos que la opinión de nuestros conocidos cercanos. O sea, que al fin y a la postre, los «púlpitos 2.0» tampoco sirven para mucho, sólo en la medida en que sus lectores (habituales, que no son todas las visitas ni mucho menos) les concedan esa «fiabilidad».
En definitiva… que sí, que probablemente sea cierto, que al final esto es un divertimento como otro cualquiera y poco más. Pero… ¿y lo bien que lo «pasemos»?