
Chiste de consumo exclusivo para usuarios habituales de twitter, acostumbrados a ver «la ballenita de twitter» cada vez que la plataforma falla (que es muy a menudo, mucho más de lo que se lo toleraríamos a cualquier servicio).
Visto en Geek&Poke
Raúl Hernández González | @rahego
Ideas y acompañamiento para profesionales que buscan sencillez, equilibrio y sentido

Chiste de consumo exclusivo para usuarios habituales de twitter, acostumbrados a ver «la ballenita de twitter» cada vez que la plataforma falla (que es muy a menudo, mucho más de lo que se lo toleraríamos a cualquier servicio).
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Siento volver sobre el tema, pero es que se me han abierto las carnes (que ya son generosas de por sí). Después de todo el lío de la conblogatoria de Bankinter que contaba el otro día, hoy he estado leyendo cómo fue el evento de la mano de Antonio Domingo. Y, en paralelo, he leído una nota de prensa de Bankinter contando el mismo evento en elmundobursatil.es.
Conclusión; jemplo de libro de por qué no hay que creerse las notas de prensa elaboradas por las empresas, cuyo destino directo deberían ser las papeleras porque no informan, sino que manipulan.
En el relato de Antonio se dicen cosas como que «Su sorpresa es mayúscula por la reacción de la audiencia cuando se les hace ver que ese proyecto no sirve, que hay errores de concepto»; «han sido bastante críticos y bastante duros pero con la claridad de quien le debe decir que se han equivocado de parte a parte y lo que piensan que es una genialidad, no sirve para nada.»; «Esto ha hecho explotar a la audiencia y ha sido un clamor, que si piensan que pueden comprar ideas pagándolas con 15 minutos de teléfono, es que están muy muy pero que muy perdidos.»
Pero si uno se lee la nota de prensa, todo lo que dice es «Los responsables del área de Innovación de Bankinter aprovecharon el auditorio de blogueros expertos en tecnología para presentar y debatir sobre la última hora de los proyectos en los que el banco está inmerso en estos momentos, tomando buena nota de las ideas y sugerencias de mejora de los blogueros.» Eso, metido entre un publireportaje de todos los «geniales» proyectos en los que están trabajando, transmite una bonita sensación de «los mundos de Yupi» que en nada se parece a la «enmienda a la totalidad» que transmite Antonio. Es decir, «vale, habéis puesto mis ideas a caer de un burro… pero de todas formas yo voy a comunicar lo maravillosas que son, incluyendo mi operador móvil, una fantástica web de ideas en la que regalo unos premios alucinantes o mi extraordinaria Fundación».
¿Y por qué me creo lo que pone Antonio Domingo? Pues porque es un tipo al que conozco, y cuya opinión estimo razonable, ya que además no tiene mayor interés en el tema. ¿Y por qué no me creo la nota de prensa? Porque es un publireportaje lamentable y burdo, propio de las peores teletiendas, algo ya difícil de creer de por sí, y más cuando uno dispone de fuentes alternativas (que encima tienen la ventaja de la credibilidad personal) que narran la historia de otra forma.
Honestamente, si eso es lo mejor que se les ocurrió después de haber «escuchado y tomado nota» de lo que les contaron los allí presentes… es que no han entendido de qué va la cosa. Le pasa a Bankinter y le pasa a muchas empresas, a casi todas. Siguen atados a su comunicación unidireccional («yo, empresa, hablo… y vosotros os creéis todo lo que digo»), al «pensad lo que queráis, que yo controlo los medios y van a decir lo que yo quiera que digan, y eso será lo que llegue al gran público». Pero la realidad es muy tozuda; probablemente igual de tozuda que lo ha sido siempre, solo que ahora además hay canales de comunicación alternativos que dejan en absoluta evidencia este tipo de prácticas. Es cierto, todavía siguen controlando con sus departamentos de comunicación y sus notas de prensa muchos medios masivos y a la vez dóciles (y más si podemos negociar la publicidad que ponemos en tu medio, no vas a morder la mano que te da de comer, ¿verdad?). Pero cada vez menos. Porque cada vez más los usuarios se dan cuenta del engaño, y cada vez hay más alternativas.
«Iniciativas dospuntocero» es algo más que una bonita etiqueta que ponerle a tus proyectos para parecer modernos. Es una forma distinta de abordar la relación con los usuarios y los partícipes. Cuanto antes nos metamos esto en la cabeza, antes dejaremos de dar palos de ciego.
Ayer nos llegaba a casa un folleto de nuestra entidad financiera (La Caixa) con el catálogo del denominado «Nuevo Depósito Estrella«. Su lema es «Disfrute de sus ahorros, sin gastarlos» y consiste en un catálogo de productos que se pueden conseguir a cambio de meter dinero naen un plazo durante un periodo determinado. En fin, es una práctica habitual de muchas entidades («abra un plazo y le regalamos una vajilla», etc.)
Y una práctica un tanto confusa. Porque lo cierto es que de puede existir la confusión de considerar que son «regalos», cuando de regalos no tienen nada (si acaso, somos nosotros los que les «regalamos» dinero).
La idea que subyace es ésta: en condiciones normales metes el dinero en un plazo, a cambio de unos intereses. Con este sistema, lo que hacen es que en vez de pagarte esos intereses, te entregan el producto.
¿Merece la pena? Pues hombre, depende. Si realmente queremos ese producto, hay que valorar dos alternativas:
Por ejemplo, uno de los productos que ofrecen es la consola Wii de Nintendo, que vale 249 euros en el mercado. Nos la ofrecen a cambio de 8.500 euros a un año (TAE 3,71%), 4.780 a dos años (TAE 3,33%) o 3.400 a 3 años (TAE 3,17%). Hagamos el ejemplo con el plazo a un año:
La única variable que podría merecer la pena considerar sería la de la financiación: con este sistema nos estarían adelantando la Wii (que, en teoría, sólo podríamos comprar al finalizar el periodo que es cuando se han devengado todos los intereses). Pero aun así, las cuentas salen claras: por ejemplo, en el caso de los 8.500 euros a un año, merece la pena comprar la Wii (250 euros) e invertir los 8.250 euros en el plazo (que generarían unos intereses de 306 euros). Al final del año tendrías una Wii de un año y 8.556 euros, mientras que con su sistema tendrías una Wii y 8.500 euros: 56 euros menos.
En fin, de forma clara y sencilla: se están quedando con nosotros (con nuestro dinero, más bien). Tengamos en cuenta que en ambos casos habría que considerar el efecto fiscal (ya que bien recibiendo el dinero o bien recibiendo el producto se consideran ingresos sujetos a tributación en el IRPF, y por lo tanto nos tocará pagar por ellos), así que no habría diferencia en ese sentido.
Por lo tanto, mucho cuidado antes de lanzarse a meter dinero en plazos seducidos por estos productos. Hay que alizar bien, porque en muchos casos no es en absoluto rentable, es más, les estaremos regalando dinero.
Otro ejemplo: un iPod nano de 4 Gb a cambio de un plazo de 6.300 euros a un año al 3,72% TAE. Los intereses al cabo del año son 234 euros… cuando el iPod nano vale 179 euros. Es decir, nos «esconden» 55 euros (49 si consideramos la financiación).
Lo dicho, mucho ojo.
Hoy he recibido un email en el que una entidad financiera (Bankinter, en concreto) hacía una «conblogatoria«: una invitación a un evento para «conocer con carácter exclusivo la estrategia y los nuevos servicios en web 2.0». Pues muy bien. No diría que es «spam» (como sí me pareció en el caso de Nokia, que no tenía nada que ver conmigo) porque no deja de ser una temática en la que podría estar interesado (aunque lo cierto es que tampoco he dado nunca mi dirección de email a Bankinter con este objetivo; por lo que la probabilidad de que forme parte de una «lista de distribución» que han recopilado sin más es elevada).
Pero bueno, que dejando al margen ese detalle de la procedencia de mi dirección, hay una serie de cosas mejorables en la invitación; partiendo del hecho de que puede ser una temática interesante, hay algunos puntos que hubieran incrementado mucho las probabilidades de asistir al evento.
En definitiva, que si fuese algo que me interesase mucho, mucho, seguro que obviaría este tipo de cosas e iría. Es decir, que no voy porque no me interesa, no porque sea un integrista. Pero estoy convencido de que hay mucho que mejorar en la relación con los bloggers. No se trata de «poner un blogger en tu evento«, así sin más. Si se quiere una relación provechosa con los bloggers (que seguro que puede existir) es necesario enfocarla con una visión de largo plazo, cuidando la relación con ellos a lo largo del tiempo. Si se buscan resultados a corto plazo y de “bajo coste” (sin invertir el tiempo y el “cariño” necesario para fraguar una buena relación), es difícil conseguir nada demasiado interesante.
PD.- Me doy cuenta de que me estoy convirtiendo en un poco cascarrabias con este tema (no diría que llorón, sino quizás demasiado tiquismiquis) y que a este paso ninguna empresa va a querer invitarme nunca a nada… pero es que… no tengo interés en que departamentos corporativos de empresas con las que no tengo ninguna relación «me usen» para sus fines. Yo quiero tener relaciones con personas, no con «empresas». Si de esas relaciones personales deriva un componente empresarial, no tengo ningún problema. Pero son las personas lo principal, lo relevante.
Actualización: esta tarde me ha llamado Dioni Nespral, para contarme (sin haber leído este post) que él había sugerido mi nombre (imagino que el de otros cuantos más). Fíjate si no hubiera cambiado la película (aparte de lo de los dos días de antelación, que me parece poco prudente en todo caso) si en el mensaje te dicen «hola, soy fulanito de Bankinter, Dioni Nespral nos ha hablado de tí porque cree que podrías estar interesado en este tema»).
Bueno, no con el «señor Tuenti», sino con Ícaro Moyano, su responsable de comunicación. A raiz del post que escribí el otro día sobre Tuenti y mi condición de «treinti», se puso en contacto conmigo para invitarme a un café en sus oficinas… y el miércoles pasado me fui para allá.
De paso, conocí a Ícaro, de quien había oido hablar mucho pero con quien no había tratado personalmente aún. Un tipo muy cordial. No se me escapa que su rol en Tuenti es la comunicación, y que por lo tanto contar (y hacer que otros cuenten) las bondades del proyecto es parte de su trabajo. Pero ese trabajo se puede hacer de una forma o de otra, y sin duda Ícaro conmigo lo hizo bien.
He aprovechado para escribir mis conclusiones sobre la charla en Digitalycia (¿veis de qué forma tan fina y tan elegante os sugiero ir allí? 🙂 ) en un post titulado «Las lecciones de Tuenti«. Realmente estuvimos hablando durante casi hora y media, y de las cosas que me contó Ícaro (incluso descontando el sesgo de «te estoy vendiendo el proyecto porque es mi rol») creo que hay una serie de puntos destacables que hacen pensar que Tuenti está, como proyecto empresarial, en el buen camino. O al menos, en uno interesante de conocer de cerca.
Bueno, pues después de leer muy atentamente vuestros comentarios a mi duda sobre si lanzar o no un nuevo blog… al final he decidido seguir adelante y poner en marcha Digitalycia.
Definitivamente, y a pesar del riesgo de que se pierda el «contexto» sobre quién soy yo (al poner sólo posts «profesionales» allí), creo que a día de hoy este «Vida de un consultor» tiene ya demasiados tipos de contenidos conviviendo juntos, y además me gusta que sea así. Aquí, los posts profesionales quedan muy difusos.
La idea de dejar «Vida de un consultor» como blog profesional y crear uno de tipo personal tampoco me convencía, a pesar de las evidentes ventajas (sobre todo desde el punto de vista de la visibilidad y el posicionamiento ya ganado) que el movimiento podía tener. Digamos que el motivo, en este caso, es más «sentimental». «Vida de un consultor» es lo que es, ha ido generando su personalidad a lo largo de casi cuatro años. Y cambiarla de forma radical de un día para otro se me hace difícil. Llamadme idiota si queréis, pero le he cogido cariño a este blog tal y como es, y quiero que siga siendo así.
Por lo tanto, nace Digitalycia como «blog profesional» de Raúl Hernández González, consultor de empresas digitales. La idea es llevar allí los contenidos más «profesionales», aquéllas reflexiones que pudieran servir, en un momento determinado, como «escaparate» de mi actividad y mi utilidad como asesor para clientes potenciales.
Ahora es cuestión de ir cogiendo el tono, el ritmo… de que Digitalycia vaya generando su propia personalidad. En unos meses podremos ver qué tal ha funcionado la idea. De momento, estáis todos invitados :).
Al hilo de mi reflexión del otro día sobre la variedad temática de este blog, me preguntaba si no tendría sentido tener un blog diferenciado, plenamente especializado, a modo de «escaparate» de mi actividad como consultor de empresas digitales (el nombre con el que me bautizó Antonio en su entrevista parece que ha hecho fortuna). Un blog «vertical», sin otras temáticas distintas, nada más que posts potencialmente interesantes para potenciales clientes como una forma de «enseñar la patita» y generar negocio.
De hecho, en los últimos días estoy en ello. Tengo un dominio chulo, estoy configurando el blog… pero ahora me asaltan las dudas de última hora. ¿Merece la pena segregar la actividad del blog? ¿O es un error?
Ventajas de segregar:
Desventajas de segregar:
En fin, estoy un poco en duda. ¿Cómo lo veis vosotros?

No sé por qué, hoy me ha dado por recordar viejos tiempos.
En la época en que me dediqué a formación en habilidades directivas, utilizábamos una dinámica («jueguecito», que decían algunos) llamada «Los clanes escoceses». Consistía en un número (¿7? ¿8? Ya no me acuerdo) de equipos que estaban dotados de una serie de recursos iniciales (ganado, hierro y carbón, creo recordar) y que, a través del intercambio con otros equipos, debían lograr un conjunto de recursos finales distintos (p.j. el que partía sin ganado tenía que negociar para conseguirlo, a cambio de su hierro). La actividad tenía una complicación adicional, que era que, aunque todos los grupos eran clanes escoceses que luchaban contra el enemigo común (Inglaterra), entre ellos también había afinidades y desencuentros. Así, un determinado equipo sólo podía comerciar con equipos «amigos», y no con los «enemigos».
En definitiva, la moraleja de la actividad era hacer ver cómo es habitual que la dinámica de competencia, en lugar de colaboración, entre grupos que comparten un enemigo común, acababa por evitar que se consiguiesen los objetivos de todos. Sólo si se tenía en mente que todos eran «clanes escoceses» era posible superar las enemistades internas y ayudarse unos a otros para que todos consiguiesen sus objetivos. Trasladado a la empresa: dentro de una misma organización muchas veces hay «batallitas internas» que impiden concentrarse en el enemigo común: el mercado, la competencia.
La cuestión es que a mi jefe de por aquel entonces le gustaba «vestir» este tipo de actividades todo lo que pudiera. Para ello, en este caso, nos curramos unos estandartes de cada uno de los clanes escoceses; las instrucciones estaban impresas con un tipo de letra estilo medieval sobre papel de pergamino, incluso selladas con lacre; para representar los recursos, teníamos vaquitas (salidas de maquetas de trenes), canicas negras (para el hierro) y trozos de pirita (para el carbón)…
Claro, el problema era preparar todo este material… en pleno staff, rodeado de auditores y consultores que se dedicaban a cosas «más serias». Te miraban como si fueras un niño de párvulos en pleno recreo; por encima del hombro y entre sonrisillas. No es fácil la vida del «raro» en la oficina 🙂
Pero por otro lado la «tensión» derivada de esas actividades (desarrolladas siempre de cara al público, donde todo tenía que salir perfecto y encima luchando contra el escepticismo inicial de los asistentes) no la conocían ellos. A mí, sin duda, me dió unas cuantas tablas que agradezco mucho
Foto | Skubic
Hace un montón de tiempo os contaba mis problemas para pedir cita por teléfono con el médico de la Seguridad Social. Eso era en Madrid… pero cuando vine a Aranda la cosa no cambió demasiado. De hecho, en el propio centro de salud había un cartelito indicando que «para comodidad de todos, eviten llamar de 8 a 12 de la mañana»…
El caso es que antes de ayer llamé para pedir cita, y otra vez experiencia frustrante: comunicar, comunicar, y comunicar. Lo dejé para el día siguiente. Mi sorpresa vino (de hecho, pensé que me había equivocado al marcar) cuando ayer entra la llamada a la primera… y me atiende una maquinita: «Bienvenido al servicio automatizado de cita telefónica de su centro de salud».
«Coñe, ¿y esta novedad?» (efectivamente, hoy cuando he ido al centro de salud he visto que era una novedad: el sistema entró en funcionamiento precisamente ayer).
La experiencia fue muy agradable: primero te preguntan si quieres cita para el médico o la enfermera, luego te piden tu fecha de nacimiento para identificarte, y una vez que les confirmas que es correcta te preguntan si eres fulanito. Si se lo confirmas, entonces te ofrece una hora de consulta, que tú puedes aceptar o rechazar (pidiendo para más tarde o para otro día, pudiendo concretar el día exacto). Finalmente te proponen una cita, la aceptas… y ya está.
Hoy iba con cierto temor a que el sistema no hubiera registrado mi cita… pero ahí estaba, puntual, a las 11:45 (otra cosa es que luego, por el tradicional retraso acumulado, haya entrado a las 12:30… pero ése es otro problema distinto).
El sistema me ha parecido bastante bien montado, con especial atención a que en la mayoría de operaciones se podía responder con la voz o con el teclado del teléfono (dios maldiga a los reconocedores de voz). Quizás lo que peor resuelto me parece sea lo de identificarse por la fecha de nacimiento… ¿y si hay varias personas con la misma fecha? ¿Tienes que ir descartando uno detrás de otro? A mí al menos me pilló a la primera.
Pero bueno, muy bien. Ahora puedo llamar al centro de salud en horario 24×7 y tener mi cita sin esperas y sin frustraciones. ¡Bien por la Seguridad Social (en este caso, por el Sacyl).
PD.- Por supuesto, entiendo que para cierto segmento de la población (personas mayores, etc.) esto pueda ser un shock. Imagino que en cierto momento del proceso se podrá pedir «hablar con una persona humana» y de esta forma enlazar con el sistema anterior. Pero, por lo que a mí respecta, estoy encantado.