¿Patrocinarías este blog?

Ya veis, una pregunta clara, directa y plenamente interesada.
Hay blogs que están patrocinados (ojo, patrocinar blogs y patrocinar posts no creo que sea ni medio parecido). Es decir, mantienen publicidad de forma continuada en el blog por una cantidad fija.
Yo (aquí a la derecha) tengo unos recuadros de «patrocinio». Hasta hoy, no han sido patrocinios de verdad: los he usado para promocionar causas que me parecen interesantes per sé, como agradecimiento a alguien o por interés propio (como el enlace a mi página personal, el enlace a Actibva o a la comunidad de Vida de un Consultor en Facebook). Pero nunca nadie ha pagado nada por ocupar ese espacio.
¿Creéis, vosotros que os pasáis habitualmente por aquí, que es factible que este blog tenga un patrocinio real? ¿Creéis, desde vuestro punto de vista, que a un anunciante le puede interesar poner su «sello» en uno de esos recuadros? ¿Os parecería bien, mal, indiferente?
Lo que tengo muy claro es que, en el caso hipotético de que eso sucediese, los límites del acuerdo de patrocinio estarían claros: x dinero por poner un banner aquí a la derecha. Nada más. Ni posts alabando a nuestros patrocinadores, ni «te dejo que escribas como blogger invitado», ni ningún trato de favor (ni para incluir contenidos «con calzador» ni para evitar críticas) hacia tu marca.
¿Alguno tenéis experiencias como «patrocinado»? ¿Cómo os ha ido?
¿Alguno tenéis experiencia como «patrocinadores»? ¿Qué tal han funcionado vuestras iniciativas en este sentido? ¿Percibís un retorno interesante en estas iniciativas?

Dinero en metálico: el pozo sin fondo

No me gusta nada el dinero en metálico. No me gusta pagar en metálico, no me gusta llevar dinero encima. Alucino con esa gente que va por ahí con fajos de billetes, y de hecho tengo un caso bastante cercano que simplemente no tiene tarjetas de débito, ni de crédito, ni nada: cuando tiene que hacer alguna compra (no importa la cantidad) se baja a su entidad financiera, pide billetes fresquitos… y se va con ellos en el bolsillo a hacer la transacción.
No entiendo qué sentido tiene ese tipo de comportamiento. Es mucho más incómodo, más arriesgado… y encima es una fuente relevante de gasto. Y me explico.
Yo procuro pagar siempre con tarjeta. Así hay un registro claro de cuándo, dónde y cuándo me gasto el dinero, lo que me permite hacer un seguimiento de mis finanzas personales mucho más acotado. Aun así, por supuesto, llevo dinero en metálico: porque hay pequeños gastos que no tiene sentido hacerlos de otra forma, o porque a veces hay imprevistos (como en un restaurante hace poco, donde «se les había estropeado el datáfono»… aunque a mí me olió a «no queremos pagar la comisión, paga en metálico»).
De todas formas, procuro llevar un registro (mediante los tickets de compra, o apuntando los gastos en un papelito) de dónde se ha ido gastando ese dinero en metálico. Y el problema es que, a pesar de este intento de control, siempre tengo un desfase: si he sacado X del cajero, sólo puedo «justificar» con lo que tengo apuntado una parte (importante, pero no completa) de ello. Teniendo en cuenta que mi hijo todavía no tiene edad para sisarme… la conclusión es que inevitablemente, por mucho cuidado que ponga (obviamente, no soy un obseso del tema), hay unos cuantos euros al cabo del mes que «no sé dónde han ido».
Lo más probable es que se traten de «pequeños gastos» (un día compras el periódico, otro día le compras unos gusanitos al enano, etc.) que te olvidas de apuntar. Pero no deja de resultar frustrante, cuando estás intentando mantener un cierto orden en la economía doméstica, tener ese «agujero negro».

Tuenti no es Treinti

Estamos viviendo en la época del hype de Tuenti. Perdón, con «hype» me refiero a que «todo el mundo» habla de ello (diarios «serios» incluídos), y con Tuenti me refiero a una red social en español que está haciendo furor con tropecientasmil visitas y no sé qué más.
Hace unas semanas, con todo el mundo hablando del tema, decidí pedir una invitación de Tuenti (porque ésa es una de sus peculiaridades: no puedes simplemente «darte de alta», sino que te tiene que invitar alguien que ya está dentro… una estrategia extraña, pero que parece que da sus resultados) más que nada para ver de qué iba el tema.
Lo que me encontré, francamente, fue «nifúnifá». Una red social al uso, con nada especialmente destacable ni en el diseño, ni en las funcionalidades… en fin, nada que justifique tanto bombo, la verdad. Pero claro, el valor de Tuenti no está en la plataforma, sino en la red. Y no se sabe muy bien cómo, Tuenti ha conseguido calar muy hondo en un segmento de personas (inicialmente universitarios veinteañeros, de ahí lo del nombre; pero parece que se ha extendido hacia segmentos más jóvenes incluso).
Eso tuve ocasión de constatarlo de inmediato. Se me ocurrió hacer una búsqueda a ver si encontraba a algún conocido. Aparte de los «blogosféricos habituales» (gente que, como yo, se apunta a cualquier cosa solo para probar), nada. De hecho, haciendo una búsqueda segmentada por fechas de nacimiento… el número de usuarios totales en el entorno de mi edad era casi testimonial.
Supongo que es lo que tiene estar en los treinti más que en los tuenti. Luego está la cosa de preguntarse qué sentido tiene tener a la gente en distintas redes sociales en función de la edad (cuando no hay ni un solo elemento de diseño, de funcionalidades, de… que sea diferencial). Pero ésa es otra historia.

Mi gran problema SEO

Sigo dándole vueltas el tema SEO… y creo que he llegado a la primera conclusión: tengo un gran problema SEO de base.
Me decía Agustín Vivancos en su informe «No me meto en lo que escribas pero no mezcles muchas temáticas». Miguel Orense, otro al que le pedía un poco de asesoramiento, me preguntaba «¿para que palabras querrías aparecer?»
Empiezo a sospechar que el SEO es eficaz cuando uno tiene un nicho muy definido de mercado. Cuando uno tiene un contenido muy concreto, que puede «vender» en base a algunas palabras clave sobre las que realizar una actividad más intensiva. Se pueden obtener resultados SEO interesantes cuando concentras esfuerzos en algo muy acotado.
Pero mi problema es que… ¿de qué va este blog? ¿cómo podría reducirlo a tres o cuatro búsquedas en las que quisiera estar? En realidad… ¿tengo interés especial en aparecer en alguna búsqueda concreta? ¿Cuál es el objetivo de este blog? ¿Qué «vendo» en él? ¿A quién quiero atraer a él?
Y entonces me doy cuenta de que este blog, en concreto, no «vende» nada. Es mi blog personal. Como mucho, me «vendo» a mí mismo, mi forma de ver el mundo. Cuento cosas de lo más variopintas, siempre desde un enfoque personal, pero muy dispersas temáticamente. El único nexo de unión es mi persona.
Empiezo a pensar que, si quiero vender algo (por ejemplo a mí mismo como consultor de empresas digitales) tendré que hacerlo desde otro sitio. Un blog temático, en el que sólo hable de ese tema concreto, un tema que se pueda «etiquetar» con palabras clave de forma que genere atracción focalizada.
Porque quien venga hoy por hoy a este blog, me encuentra a mí con todas mis múltiples facetas, las personales y las profesionales, las serias y las triviales. Demasiada información inconexa, un blog banal. Lo cual no esta mal, mi blog es exactamente como quiero que sea… pero quizás no sea un buen target para acciones de marketing, SEO o SEM.

El cash-flow doméstico: la metáfora del grifo y el desagüe

Grifo, lavabo

Probablemente sea uno de los conceptos más relevantes dentro de las finanzas, y también por supuesto de las finanzas personales. El cash-flow, o flujo de caja, es la variable más importante que hay que tener bajo control en la evolución de nuestras finanzas.
El cash-flow es un concepto sencillo. Se trata de saber, al cabo de un periodo, la diferencia entre cobros y pagos. Es decir, la diferencia entre el dinero que entra y el dinero que sale. Si es positiva, es que ha entrado más dinero del que ha salido y por lo tanto hemos acumulado reservas. Y si es negativa, es que ha salido más dinero del que ha entrado y por lo tanto hemos perdido reservas.
Siempre me ha resultado muy útil para visualizar este tipo de indicadores de flujo la metáfora de la bañera, con un grifo y un desagüe. A través del grifo, va entrando una cierta cantidad de agua, mientras que a través del desagüe se va perdiendo otra cantidad. Si el grifo aporta agua a mayor ritmo de la que se va por el desagüe, entonces el nivel de la bañera va creciendo. Y si el desagüe traga agua a más ritmo del que sale por el grifo, entonces el nivel de la bañera va bajando.
Hacer un análisis del cash-flow doméstico no es difícil. Basta con sentarse un día y hacer una revisión (mejor si hemos ido haciendo un seguimiento de las finanzas personales previamente, para así asegurarnos de que estamos teniendo todo en cuenta) de cuánto dinero ha entrado en nuestras cuentas/bolsillos durante el último periodo (digamos un mes; la nómina, los intereses de los ahorros, un dinero que nos tocó en la lotería…) y cuánto dinero ha salido (las compras, el pago de la hipoteca, la luz, el viajecito que hicimos, etc.). Así podremos comprobar cuánta agua echa nuestro grifo, y cuánta agua traga nuestro desagüe.
Si tenemos un cash-flow negativo… tenemos un problema. Porque eso significa que cada periodo que pase, nuestras reservas (los ahorros) irán bajando…
Foto | snorri7

Vida de un Consultor en Facebook

Soy usuario de Facebook desde hace un tiempo. No muy intensivo, es cierto, pero frente a los que opinan que es un «invento del diablo», a mí me parece un muy buen servicio. ¿Por qué? Pues porque frente a lo que ha venido siendo habitual (creo un producto, como Flickr para fotos, youtube para videos, linkedin para contactos profesionales…etc, etc, etc y te obligo a reproducir tu «red social» en él) te permite crear tu «ecosistema social» (es decir, quiénes son tus amigos) y DESPUÉS añadir un montón de servicios sobre él. Es decir, primero la red social, luego el servicio. De esta forma, tienes hecha la red social una vez, y luego añades los servicios que quieras sin tener que reproducirla una y otra vez (probablemente, la barrera de entrada más importante para estos servicios).
El caso es que he pensado en usar una de sus funcionalidades como apoyo a este blog. Se trata de la posibilidad de crear páginas de un producto (en este caso, el protagonista es este blog) del que los usuarios de Facebook pueden hacerse «fans», y de esta forma interactuar sobre la base de este «hecho común».
El objetivo es doble. Por un lado, permitir a todos los que leéis habitualmente el blog (y que seáis usuarios de Facebook, y queráis haceros «fans», claro) tener un lugar común en el que poder interactuar. Hay una pequeña comunidad alrededor de este blog (lectores y comentaristas habituales), y creo que de esta forma será más fácil tener a todo el mundo ubicado, tanto para mí como para vosotros mismos. Un pequeño «quién es quién» dentro del blog.
Y por otro lado, solucionar un pequeño problema de «asincronía» que tengo en Facebook. En ésta, como en otras redes sociales, me gusta considerar como «amigos» solamente a aquéllas personas que conozco, con las que he interactuado, donde el conocimiento es mutuo. Sin embargo, me encuentro con frecuencia peticiones de contacto que me dicen «agrégame, que leo tu blog». Y aun a riesgo de pecar de «desagradable», tiendo a rechazar estos contactos porque en fin, puede que el lector por el mero hecho de seguir el blog considere que me «conozca», pero lo cierto es que en la mayoría de los casos yo no sé quién es él, más allá de «alguien que me lee en el blog»… lo cual no me permite decir nada bueno ni malo de él.
De esta forma, con la página en Facebook, hay espacio para los dos perfiles. Mis «amigos» (aquéllos en los que el conocimiento es mutuo) serán mis contactos. Pero aquéllos que quieran vincularse de alguna manera conmigo, sin existir ese conocimiento mutuo, podrán hacerse «seguidores» de la página y de esta forma iniciar un vínculo que, con el tiempo, puede dar lugar a una relación más equilibrada.
Así que nada, os animo ha haceros «seguidores» de la página en Facebook. Y los que no tengáis perfil en Facebook, os recomiendo que os lo hagáis. Creo que tiene mucho potencial, y que las «molestias» que otros usuarios reportan vienen más bien derivadas de un mal uso de la herramienta (dar de alta a cualquiera como contacto, hacer invitaciones a diestro y siniestro…) que de su esencia.

Robarle a un cojo

Para pensar… sobre lo posible, lo legal, y lo moral

Si el tendero es cojo… ¿se le pueden robar las manzanas a la carrera?

Pablo G., en un comentario en el blog de Enrique Dans

Me cansé hace ya tiempo de entrar en el cansino debate de la propiedad intelectual, la SGAE, el canon, las descargas, el P2P, la copia privada y demás. Es un debate complejo, en el que se tiende mucho a las simplificaciones y los extremismos, que hacen totalmente imposible un intercambio de opiniones mínimamente razonable.
Pero aunque la actuación de la SGAE y demás entidades de gestión de derechos no me gusta un pelo, y sea consciente de que los adelantos tecnológicos plantean un entorno diferente al que la sociedad, la industria y las leyes tendrán que adaptarse… tampoco me acaban de convencer los argumentos de «la otra parte».
Especialmente los relacionados con el planteamiento de «como se puede hacer, se hace y punto» (como el caso del tendero cojo), en el que no parecen importar leyes, derechos o conceptos morales de lo que está bien o está mal. Ni tampoco el planteamiento de «la cultura es libre» (algo con lo que estoy de acuerdo filosóficamente… el problema es cuando, para beneficiarse de esa libertad de consumo cultural, se le pone la etiqueta de «cultura» a lo que en realidad son meros productos de ocio).
Como digo, un debate con muchos matices que se tienden a obviar con demasiada facilidad por todas las partes. Y, como consecuencia, uno de esos debates en los que me siento realmente incómodo, porque tiendo a comprender argumentos esgrimidos desde los dos lados… lo cual, a los amantes del «conmigo o contra mí», les resulta incomprensible.