Aprendiendo coaching: semanas 5 y 6

[Esta entrada corresponde a la serie «Aprendiendo coaching«, dentro de la iniciativa «Mis aprendizajes«]

Objetivo de la semana

El objetivo de la semana 5 era consolidar el conocimiento hasta el momento, terminar el libro de Withmore y, desde un punto de vista de proceso, ir llevando las actividades al día.

Qué he hecho

  • Terminé el libro Coaching de John Withmore, un poco con la idea con la que terminé la semana anterior: tras unas cuantas ideas interesantes, luego el libro se desinfla bastante y al final acaba uno con la sensación de estar leyendo bastante relleno.
  • He creado un documento «base» en el que ir consolidando el conocimiento. En él he identificado primero cuál es para mí el «proceso del coaching» con las ideas principales, y luego un segundo bloque con herramientas y reflexiones interesantes. Todavía es trabajo en curso.
  • Me contactó Ángel Zubillaga, viejo conocido de «los primeros tiempos del blog», proponiéndome una definición de coaching de Leonardo Ravier, que dice así «»El coaching es un proceso de ayuda no directiva o proceso de auto aprendizaje, en el que la persona aprende de dentro hacia afuera a potenciar y desarrollar ese conocimiento tácito implícito que todos tenemos dentro, para conseguir resultados extraordinarios o resolver problemas que hasta ahora no hemos podido resolver».
  • También me hablaba del «coaching sistémico«. Otro hilo adicional del que tirar… al final la sensación es que sobre la base del «coaching» entendido de forma general surgen distintos matices, distintas orientaciones… y la duda es saber cuánto de relevante son esas distinciones, cuánto de complementarias… y cuánto de «etiqueta que pongo para distinguirme» (me recuerda a las decenas de «liderazgos» distintos que hay).
  • Hablé con Alberto para otros temas, pero ya aprovechamos para intercambiar un par de ideas.

Aprendizajes

  • La teoría del feedback basado en coaching de Withmore me pareció interesante… la idea de que uno no debe dar feedback de la manera tradicional (con sus distintas variantes, desde las más «cazurras» a las más sensibles), si no hacer que la otra persona saque sus conclusiones a través de preguntas. Que sea ella quien descubra cosas, y lo haga con responsabilidad y sentido de que esas conclusiones le pertenecen (y no que es otro el que se las da).
  • También me gustó el concepto de feedforward: la idea de que el feedback tradicional está orientado a «reflexionar sobre lo que ha pasado», cuando lo interesante es utilizar eso para pensar en el futuro.
  • Igual que con el feedback, Withmore plantea una forma de hacer assessment (evaluación-análisis) tanto a nivel individual como colectivo basado en preguntas y en el método GROW: que sean las personas las que definan el objetivo, las que valoren qué rasgos son importantes, cuál es su status actual y a dónde creen que deberían llegar.
  • Hay una frase que me encantó, «Self-motivation dwells within the mind of each individual, out of the reach of even the chiefest of executives». Y es verdad, los métodos directivos tradicionales tienen un alcance limitado, pero el poder de la verdadera motivación nace de dentro.
  • Withmore plantea el ciclo de evolución de la incompetencia inconsciente (no sé, y ni siquiera sé que no sé) a la incompetencia consciente (¡no sé!), a la competencia consciente (¡ahora ya sé!) a la competencia inconsciente (lo he interiorizado y ya ni siquiera me doy cuenta).
  • En la parte final del libro, Withmore habla de los equipos y la posibilidad de hacer coaching a los equipos de forma similar a como se haría con un individuo, tanto en relación con su funcionamiento como en relación a su propio crecimiento como equipo (dentro de las distintas etapas del esquema inclusión–>afirmación–>cooperación)
  • Hablando con Alberto me hacía ver el valor de las «victorias incrementales«. El objetivo del coach es (y en esto Withmore también incide) construir autoconfianza, a base de ir logrando pequeños éxitos. Es mejor empezar poquito a poco, fortalecer la autoconfianza, y que sea el propio coachee el que vaya asumiendo nuevos pasos a medida que se sienta seguro. «No hay que empujar al burro, ni tirar de él».
  • La idea de que «el compromiso se mide en la acción«. Si alguien se compromete a algo, pero luego no lo cumple, es que no había un compromiso real. Es mejor renegociar el compromiso, hacerlo más asequible.
  • Intenté jugar al coach con Alberto, para un tema que teníamos a medias, y me paró: «Sin contrato, no hay coaching«. No se refería, obviamente, a que haya un «pago por el servicio», si no a que debe haber (desde un prisma de honestidad) un permiso (mejor explícito que tácito) por parte del coachee para poder avanzar en ese proceso; si no, le saltarán las alarmas más pronto que tarde.

Qué ha ido bien

  • Los días que he leído libro he sido consistente a la hora de plasmar los aprendizajes en mi hojita de avances.
  • He empezado a consolidar en un documento los aprendizajes. No es sencillo (porque el objetivo es ir dando coherencia a cosas que pueden estar un poco sueltas), pero vamos avanzando.

Qué podría ir mejor

  • Mi dedicación ha sido pobre en estos días. He estado investigando el por qué… tengo la sensación de que me resulta cómodo «aprender» cuando ese aprendizaje es basado en un libro, en leer conceptos, resumirlos, etc… Mientras he tenido libro para leer, me he sentido cómodo. Pero cuando me he quedado sin libro para leer, la sensación es de «bueno, ¿y ahora qué?». Sé que el siguiente paso (algo que ya me planteaba Homo Mínimus) es «ponerse manos a la obra» y empezar a practicar, pero tengo la sensación de que de forma más o menos inconsciente bloqueo ese paso. ¡Lo que yo quiero es más libros que leer y resumir en la comodidad de mi sofá sin exponerme a nada! Toreo de salón… :S
  • Incluso en esa vertiente más conceptual, tampoco he avanzado en sistematizar las acciones de recuerdo (flash cards).

Para la próxima semana

  • Seguir consolidando lo ya aprendido
  • Pasar a Flashcards las ideas principales para empezar a repasar
  • Buscar una forma de empezar a practicar procesos de coaching.

Aprendiendo coaching: semana 4

[Esta entrada corresponde a la serie «Aprendiendo coaching«, dentro de la iniciativa «Mis aprendizajes«]

Objetivo de la semana

Esta semana nació «sin objetivo». De hecho, el problema es que se solapó esta semana con la anterior, así que «me pilló el toro».

Qué he hecho

  • He seguido leyendo el libro Coaching de John Withmore. Si la semana anterior decía que el libro tenía un enfoque más «anglosajón» también se nota «para lo malo»: esa tendencia en los libros de management a meter un puñado de ideas interesantes, y luego dar vueltas y vueltas sobre lo mismo sin avanzar demasiado.
  • He intentado, en algunas de mis conversaciones cotidianas, empezar a «pensar en términos de coaching». Por ejemplo con mi hijo, hablando de cosas del colegio, etc… También estuve hablando con mi mujer sobre este enfoque, analizando cómo a veces tendemos a ser demasiado «directivos» y si podríamos ir cambiando la forma de hacer las cosas…

Aprendizajes

  • Withmore tiene un tema muy interesante relacionado con las «preguntas eficaces«. Su planteamiento es que, de cara a generar awareness + responsibility (su mantra de cabecera) las preguntas deben promover la observación (más que el análisis, donde podemos tender a buscar justificaciones o a sentirnos «examinados» y por lo tanto a resistirnos) y la ausencia de juicio. También remarca la idea de que el objetivo no es que tú «te enteres» de las cosas, si no de hacer preguntas que sirvan para que el coachee «descubra por sí mismo». Cuando te pones a pensar en ello parece un concepto muy claro, pero cuando intentas trasladarlo a tus propias preguntas te das cuenta de que no es sencillo.
  • En paralelo habla también de la importancia (lógica) de escuchar las contestaciones (en varios niveles: lo que se dice, lo que no se dice, cómo se dice, el lenguaje no verbal…), y de seguir el hilo de los pensamientos del coachee. La idea, al final, es que sea el coachee el que vaya decidiendo por dónde explorar sus ideas, el que decida hasta dónde quiere llevarlas, en qué momento quiere pasar a otra cosa… La idea de «dirigir la conversación» es contraproducente (aunque hay fórmulas para dar al coachee la oportunidad de hacerlo, pero siempre aceptando que es él quien lo hace)
  • Withmore plantea el enfoque GROW, definido como 4 etapas en una conversación de coaching.
    • G de Goals: una fase de establecimiento de objetivos, tanto para la sesión como para el proceso
    • R de Reality: una fase de describir cuál es la situación actual
    • O de Options: una fase para plantear, con la mayor libertad posible, un abanico de líneas de acción
    • W de What: una fase para concretar la inquietud en un plan, un compromiso que el coachee pueda definir como viable y con el que realmente se comprometa.
  • El enfoque GROW me parecía por un lado muy «lógico», pero por otro lado un tanto… «ortopédico». Especialmente en las partes de los objetivos y del compromiso, la sensación es que «la teoría» pareciera obligar a presionar al coachee para que concretase, y eso es algo a lo que de forma intuitiva yo me resistía, aunque con la sospecha de que es más un problema mío (la vinculación de un compromiso con una «obligación a hacer algo que no quiero hacer»). Comentándolo con Alberto, me hizo ver la utilidad de esas fases de cara a generar una cierta «incomodidad» en el coachee, no con el objetivo de «putearle», sino más bien de «hacerle pensar». Obviamente el coach es el que maneja esa presión, y tiene que buscar el punto en el que la resistencia empieza a ser un bloqueo y no ir más allá; ese mismo punto de resistencia ya le da información, y puede volverse sobre él más adelante.
  • El enfoque GROW, ya lo dice el propio Withmore, es un planteamiento «teórico» que luego, llevado a la práctica, es obviamente mucho más flexible: unas etapas se solapan con otras, se va y se vuelve entre las etapas, etc… pero puede ser un marco conceptual interesante al que agarrarse como «hoja de ruta».

Qué ha ido bien

  • Incluso en una semana «difusa», he seguido dedicando tiempo a avanzar, leyendo y tomando notas…
  • Aunque no ha sido tan «al día» como me gustaría, he trasladado los aprendizajes a mi «diario» y he hecho la reflexión semanal.
  • He intentado llevar algunas de las ideas a la práctica en conversaciones «del día a día».

Qué podría ir mejor

  • Creo que es importante hacer el «resumen diario» en el día. Ayuda a que las ideas se plasmen frescas. Es una cuestión de rutina.
  • Alberto me planteó hacer un ejercicio de visioning, y no he avanzado nada. Estoy intentando ser consciente de los «por qués». Tendré que renegociar mi compromiso.

Para la próxima semana

  • El foco debería ser llevar al día las herramientas, y terminar el libro de Withmore. Me preocupa que, cuando lo acabe, tendré que pensar en los «siguientes pasos».
  • Va siendo hora de consolidar.

Aprendiendo coaching: semana 3

[Esta entrada corresponde a la serie «Aprendiendo coaching«, dentro de la iniciativa «Mis aprendizajes«]

Objetivo de la semana

El objetivo de esta semana era consolidar las ideas del libro de «Ontología del lenguaje» de Rafael Echeverría, y plantear siguientes pasos.

Qué he hecho

  • Dediqué un par de sesiones de aprendizaje a repasar mis notas sobre el libro de Echeverría. Con una hoja en blanco, intenté ir conformando un esquema básico que fuese relacionando lo que para mí eran las ideas clave. La verdad es que vino bien dejar pasar unos días de «asentamiento» de ideas, porque al revisar las notas tuve la sensación de que los «conceptos importantes» afloraban con más facilidad.
  • Empecé a leer el libro Coaching de John Withmore. Desde luego el enfoque es distinto, más «anglosajón» en términos de ir directo al grano. Estoy haciendo un esfuerzo consciente por conectar ideas entre los dos libros.
  • Tuve una charla con Alberto, en la que hablamos de varias cosas interesantes, tanto de «el coaching» como proceso… como sobre mi enfoque de aprendizaje. Ahí, metiendo el dedo en la llaga.
  • En general fue una semana un tanto difusa. Por un lado tenía en el horizonte inmediato dos «bolos» (un curso y una conferencia) que me tenían inquieto (no sólo el trabajo de prepararlos, si no la incertidumbre de si saldrán bien, etc…). Y por otro tengo que reconocer que la actualidad «secuestró mi atención» más de lo que me hubiese gustado y, aunque hice intentos por redirigir mi foco, no lo conseguí y me vi arrastrado a una vorágine de leer cosas, rumiar, dar mi opinión, debatir… que no me aportó nada positivo. Afortunadamente creo que fue una válvula de escape que he conseguido acotar.

Aprendizajes

  • Creo que fue útil «dejar reposar» los contenidos del libro antes de apresurarse a ponerlos negro sobre blanco. La sensación es que hay un «punto dulce» donde el aprovechamiento del contenido es ideal. Si lo hacemos demasiado pronto, podemos tender a meter demasiados «detalles» que en realidad no son clave, o a encajar conceptos que no acabamos de entender del todo bien. Pero tampoco se puede aplazar el momento «sine die», porque entonces la curva del olvido hace su efecto.
  • Hablando con Alberto, usó conmigo (y luego me explicó) la idea de usar el «mundo interpretativo» del coachee para trabajar con él. Cuando una persona utiliza unas palabras, unas metáforas… está trasladando un sentido. Si tomamos esas metáforas y las reformulamos, conseguimos aportarle una serie de distinciones adicionales de forma muy directa. Me recordó al judo y otras artes orientales, donde se utiliza el impulso del contrario para ejecutar tus llaves.
  • Llegué a «acuñar» una imagen visual propia para el concepto de «distinciones», pensando en la resolución de las pantallas de los ordenadores antiguos. Si tenías una pantalla antigua, con una resolución de 320×200 de fósforo verde, lo que puedes ver en la pantalla y los detalles y matices que puedes apreciar son limitados. Pero a medida que la resolución de la pantalla crece, y la paleta de colores crece, tu capacidad para ver más cosas y apreciar más matices también lo hace.
  • Estuvimos hablando sobre la «asepsia» del coach, y hasta qué punto es un ideal factible o no. Me habló de la metáfora de «la radio», ese ruido de fondo que el coach puede detectar durante las conversaciones de coaching que proviene de sí mismo, y de qué hacer con ello (básicamente planteaba dos acciones: o «apagar la radio», es decir, identificar y eliminar ese ruido de fondo… o «poner la radio encima de la mesa», es decir, verbalizar esas interferencias con el coachee). En todo caso me sirvió para despejar una inquietud que yo tenía (la sensación de que es difícil, si no imposible, ser totalmente «transparente»). El coach siempre va a tener una cierta distorsión, y lo que tiene que aprender es a detectarla y a minimizarla.
  • Alberto no sólo me está ayudando a guiarme por los «contenidos» del coaching, sino también haciendo de coach conmigo. En este sentido, la sesión del otro día me hizo ver con claridad algo que sucede conmigo en términos de aprendizaje (y creo que extrapolable a más ámbitos). Al acabar el libro de Echeverría, mi mente pedía «bueno, y ahora dame otro libro que me pueda leer, del que pueda tomar notas, hacer esquemas…». Es ahí donde me siento cómodo, con un conocimiento «manejable» para mi mente, algo que pueda hacer «yo conmigo mismo». El problema es cuando Alberto me dijo «bueno, pues ahora lo que tendremos es que ir poniendo en práctica; por ejemplo, hacer de coach en una sesión con alguien que yo pueda observar para darte feedback». Noté mi cuerpo poniéndose en guardia: nudo en el estómago, tensión (esa conexión lenguaje-cuerpo-emoción)… mi mente buscando justificaciones para evitarlo… Fue interesante observar esa reacción, observar mis justificaciones. Estuvimos trabajando en ello durante un rato. Y eso me hizo experimentar el coaching «desde el otro lado». Porque claro, un proceso de coaching (si realmente entra donde tiene que entrar) va a llegar a esos puntos de conflicto, de resistencia; intuyo que es ahí donde está la ganancia, en el momento en el que el coachee toma conciencia de cosas que están ahí y se enfrenta a la tarea de tener que cambiarlas. Y ahí estoy, sumergiéndome en esa nueva «distinción» que he adquirido sobre mí mismo, acostumbrándome a ella, viendo sus implicaciones, viendo cómo me resisto, notando cómo reacciona mi cuerpo…
  • Estuvimos hablando de lo que es el «core» del coaching, y de la «herramientitis». De cómo hay una serie de herramientas (dinámicas, etc.) que suelen vincularse con los procesos de coaching. Y de que esas herramientas pueden ser útiles en algunos momentos, pero que hay riesgo y tendencia a poner demasiado foco en las herramientas cuando lo importante, lo básico, lo realmente relevante… es la conversación. Y de cómo es habitual que en el mundo del coaching la gente se esconda detrás de las herramientas para no afrontar la esencia.
  • Un tema que me llamó la atención fue el del «condicionamiento«. Cómo tendemos a reaccionar de forma siempre igual ante determinados estímulos, y cómo se trata de respuestas aprendidas (y reforzadas al cabo del tiempo) y cómo es posible cambiar ese condicionamiento (un proceso de «desensibilización») mediante la atención a las reacciones, la exposición progresiva en entornos controlados, etc… Estas reacciones, que pueden ser más evidentes con algunas fobias (el típico «miedo a las arañas» o el «miedo a volar») en realidad están presentes en muchos ámbitos de nuestras vidas…
  • Hubo un par de situaciones, a lo largo de la semana, en las que intenté ponerme el «gorro de coach» y me di cuenta de lo difícil que es. Quizás es que fui a escoger las situaciones más difíciles (p.j. con mis hijos), donde más complicado es dar un paso atrás, no involucrarse, no tener una agenda propia, respetar la autonomía del otro, dejar que cada uno tome sus propias decisiones… Pero sospecho que eso está presente en casi cualquier proceso de coaching.
  • En ese sentido, ya leyendo el libro de Withmore, uno de los temas que plantea es el «rol del experto», y cómo a veces ese «ser experto» en una determinada materia es un impedimento para ser un buen coach. Porque si tú «tienes la solución» (obviando ya el debate de si realmente existe «una solución», o simplemente es un juicio que haces sobre ti mismo que puede ser más o menos fundado), te resulta muy difícil tener la paciencia de dejar que la otra persona avance a su ritmo, explore y llegue a sus propias conclusiones (que pueden ser las «correctas» o no, según tu criterio de experto). Ese «morderse la lengua» es una habilidad clave, porque en el momento en el que entras y «tomas el control» o intentas dirigir a la otra persona hacia un sitio distinto, la probabilidad de que el otro se inhiba es muy elevada. Me recordó a Schein y su «humble inquiry».
  • Withmore plantea dos conceptos fundamentales: awareness + responsibility. El objetivo del coaching es que la persona «se dé cuenta» por sí misma de las cosas, ya que es desde ahí desde donde será capaz de tomar decisiones distintas a las que venía tomando. Y solo tiene sentido si esas decisiones son fruto de su elección y de su compromiso. Entonces sí se producen los cambios.
  • Withmore habla de un esquema básico de input-process-output, que relacioné rápido con Echeverría. Nosotros percibimos una realidad, y lo hacemos desde nuestra perspectiva y con nuestras distinciones. En base a eso, la procesamos (de acuerdo a un conjunto de juicios y creencias más o menos fundados), y respondemos en consecuencia. Si cambiamos los inputs (bien porque seamos capaces de mirar las cosas desde otras perspectivas, bien porque miremos con más atención, bien porque aprendamos a ver con un nivel mayor de detalle y matices), y prestamos más atención al proceso (los juicios que hacemos, si están más o menos fundados), el abanico de opciones del que escoger nuestra respuesta cambia.

Qué ha ido bien

  • Iniciar el libro de Withmore
  • La conversación con Alberto, que puso encima de la mesa algún tema relevante que tengo que trabajar para desbloquear el siguiente nivel.

Qué podría ir mejor

  • El foco ha estado disperso, y eso ha provocado que haya dedicado menos tiempo del que inicialmente me había planteado.
  • Sigo sin haber pasado las ideas clave a unas «flashcards» que me ayuden a mantenerlas frescas. No debería demorarlo más.

Para la próxima semana

  • Estoy haciendo esta revisión de la semana ya en el jueves de la semana siguiente… me temo que me quedo sin mucho margen. Seguiré leyendo el libro de Withmore.
  • Alberto me planteó hacer un ejercicio de visioning. Voy a ver (¡ja!) si le doy una vuelta.

Aprendiendo coaching: semana 2

[Esta entrada corresponde a la serie «Aprendiendo coaching«, dentro de la iniciativa «Mis aprendizajes«]

Objetivo de la semana

El objetivo de esta semana era terminar el libro de «Ontología del lenguaje» de Rafael Echeverría, y consolidar las ideas básicas.

Qué he hecho

  • Leer, cada día un poquito. Y así he conseguido el objetivo de terminar el libro. La verdad es que es denso, tiene un estilo que se me hace pesado, y en muchos pasajes se pierde en disquisiciones filosóficas que me parecen enrevesadas. Es como una selva que hay que ir atravesando con machete… pero también tiene una serie de «ideas clave» que me parecen muy interesantes.
  • Recibí durante la semana una comunicación del amigo Homo Minimus, que me daba su visión sobre el coaching, me recomendaba el libro Coaching de John Withmore y me advertía de que, en su opinión, la vía del «coaching ontológico» de Echeverría quizás no fuese la más recomendable. La verdad es que una vez que te sumerges en un terreno desconocido, te das cuenta de que hay distintas «escuelas» y forma de ver una misma temática; y que desde tu desconocimiento todavía careces de criterio para saber cuál es «la correcta» (si es que existe tal cosa). Pero bueno, ante esa realidad tampoco hay que volverse loco: como he dicho en alguna ocasión, «el mejor curso es el que haces«, y a partir de ahí ya puedes ir destilando e integrando más visiones.

Aprendizajes

  • El concepto de «juicios», y darse cuenta de hasta qué punto nuestra interpretación de la realidad (y por lo tanto nuestra disposición para la acción) está influída por ellos. Y cómo si, nos detenemos a analizar esos juicios (desde una perspectiva de fundamentación y de poder) podemos cuestionarlos o redefinirlos, abriéndonos la puerta a nuevas posibilidades.
  • El concepto de la ética del respeto: aceptación del otro como diferente a mí, legítimo en su forma de ser y autónomo en su capacidad de actuar. Para mí, que soy de natural egocéntrico y vehemente, es algo que tengo que grabarme a fuego.
  • La escucha activa, basada en esa ética del respeto y en la apertura para escuchar lo que el otro está diciendo. Y escuchar no es solo «poner la oreja»; también formulamos, a través de lo que escuchamos (y de nuestras preguntas) hipótesis de la «inquietud» (más que la «intención») de la que nace.
  • Los conceptos de «transparencia» y «quiebre».
  • La tipología de conversaciones que pueden nacer a partir de un determinado quiebre: desde la propia declaración de quiebre, a las de juicios personales (que básicamente rumian sobre lo sucedido, sin habilitar acciones), las de coordinación de acciones (cuyo objetivo es promover acciones que se hagan cargo de los quiebres), las de acciones posibles (cuyo objetivo es plantar posibles acciones antes de coordinarlas) o las de habilitar conversaciones (las que preparan el terreno para poder tener el resto de tipos de conversaciones).
  • Las emociones y los estados de ánimo como elementos que influyen en nuestras posibilidades de acción (y viceversa), posibles pautas para cambiar estados de ánimo, y los cuatro estados de ánimo esenciales (resentimiento, aceptación, resignación y ambición) que nacen de aceptar o negar la «facticidad» y la «posibilidad».
  • La relación entre emoción, cuerpo y lenguaje, y la tendencia a que exista coherencia entre ambos.
  • El «poder» como connotación positiva, como la capacidad que tenemos (en base a nuestras competencias, la percepción que los demás tengan de nosotros, nuestras emociones…) de generar posibilidades de futuro. El hombre como constructor de su futuro, ese poder como sentido vital.

Qué ha ido bien

  • Estoy contento con haber sido constante en la lectura, incluso cuando se me hacía pesado. Todos los días, un ratito. Y además no una lectura «pasiva», si no tomando notas.
  • Aplicación de parte de las herramientas de la guía de autoaprendizaje eficaz, especialmente la revisión semanal.
  • Haber recibido feedback/consejo. El aprendizaje social, que siempre ayuda 🙂

Qué podría ir mejor

  • Si bien he ido tomando notas cada día, luego no he «condensado» a diario esa información. Lo he hecho a posteriori, a semana vencida, y eso le quita fuerza.
  • Todavía no he hecho una «recopilación» de toda la información que he ido recopilando: extracción de las ideas principales, conexión de ellas entre sí… es un trabajo importante de cara a consolidar el conocimiento.
  • Tengo que activar el protocolo de «repetición espaciada» para ir repasando las cosas que voy leyendo, y que no se queden en «lo leí, lo entendí y se me olvidó». Esto ya me lo planteé la semana pasada, pero no lo he puesto todavía en marcha. Quizás es que antes toca la «recopilación», extraer lo verdaderamente importante y lo que quiero «incorporar».

Para la próxima semana

  • Hacer un documento-resumen de lo aprendido hasta ahora
  • Utilizar flashcards para trasladar los conceptos más relevantes
  • Conversación con Alberto para poner en común
  • Iniciar el libro que me recomienda Homo Mínimus.

Aprendiendo coaching: semana 1

[Esta entrada corresponde a la serie «Aprendiendo coaching«, dentro de la iniciativa «Mis aprendizajes«]

Objetivo de la semana

El objetivo de esta semana era tener una primera aproximación al concepto de coaching, y poner en marcha todo el proceso de aprendizaje.

Qué he hecho

  • Empecé por ponerme en manos de mi amigo Alberto Mallo. Él es psicólogo, coach y (como ya he dicho) amigo. El primer objetivo era plantearle una pregunta… ¿tú, que por un lado me conoces, y por otro sabes de coaching… me ves de coach? Porque ésa era la duda inicial. Tuvimos una charla muy interesante y productiva, donde me hizo cuestionarme cosas… y a partir de ahí decidimos emplazarnos a una segunda charla dentro de la semana, más orientada ya.
  • En esa segunda charla me estuvo abriendo los ojos un poco al concepto de coaching, ayudándome a clarificar una serie de conceptos que yo traía bastante confusos. Y estuvimos también viendo cómo podíamos orientar el proceso de trabajo conjunto. Me recomendó la lectura del libro «Ontología del lenguaje«, de Rafael Echeverría, como la «base conceptual» de su entendimiento del coaching.
  • A partir de ahí, busqué el libro y empecé a leerlo. Es densito (un sociólogo y filósofo chileno… no digo más), y a ratos se me hace bola. Pero voy avanzando por entre sus ideas, y tomando notas (siguiendo el esquema de las notas Cornell e intentando no cometer los errores que describí en su día) Todavía no lo he terminado, espero poder hacerlo en la semana siguiente.

Aprendizajes

  • Quizás el más importante, una visión más clara de lo que es el coaching. Que no consiste en «guiar» a nadie, ni en ayudarle a «encontrar las respuestas» (que era un poco mi visión previa), si no en acompañarle en su propio proceso de descubrimiento. La metáfora que usó Alberto se me quedó grabada: no se trata de tirar del burro, ni de empujar al burro, si no de ir al lado del burro mientras él avanza hacia donde él quiera avanzar.
  • Me gustó mucho el concepto de «distinciones». La idea de que uno sólo toma decisiones en base a las «distinciones» que hace, es decir, a lo que es capaz de percibir/entender (de nuevo una metáfora, la de la capacidad de los esquimales para ver decenas de matices del «blanco»). A medida que vas ganando «distinciones», se abren las puertas para actuar de formas diferentes. En ese sentido me surgió la relación con el libro de Carnegie y su visión de que «cada uno actúa como puede actuar, y si nosotros estuviésemos en esa situación posiblemente actuaríamos igual».
  • La capacidad del lenguaje de «construir realidades» (y no sólo describirlas). Y por ende, la capacidad que tenemos los humanos de «construirnos» a través del lenguaje. El hombre como diseñador de sí mismo.
  • La íntima relación entre el individuo y su contexto, y hasta qué punto ese contexto (la sociedad en la que vive, la historia y la cultura, su círculo de relaciones personales) le influye… pero también hasta qué punto esa relación puede llegar a ser inversa.
  • En general, la relación «de ida y vuelta» entre conceptos: entre el individuo y la sociedad, entre la acción y el pensamiento, entre el cuerpo, la emoción y el lenguaje… todo es mucho más maleable de lo que pudiera parecer. Y en cuanto maleable, podemos trabajar con ello.
  • Los matices que existen entre algunos conceptos como las afirmaciones, las declaraciones, las promesas, los juicios… y la importancia de «distinguir» (de nuevo las distinciones) entre ellos para poder entender sus implicaciones.

Qué ha ido bien

  • Estoy contento con haber puesto en marcha el proceso de aprendizaje, tanto por las charlas productivas con Alberto como por empezar a profundizar en el libro
  • Constancia en la dedicación (incluso aunque el libro se me haga «bola»)
  • Aplicación de las herramientas de la guía de autoaprendizaje eficaz

Qué podría ir mejor

  • El libro se me está haciendo bola, pero quiero terminarlo
  • Tengo que activar el protocolo de «repetición espaciada» para ir repasando las cosas que voy leyendo, y que no se queden en «lo leí, lo entendí y se me olvidó»
  • También quiero ir consolidando lo que aprendo en un «resumen», pero de momento no tengo una visión muy clara de por dónde empezar a consolidarlo. Quizás cuando acabe de leer el libro…

Para la próxima semana

  • Acabar el libro
    Utilizar flashcards para trasladar los conceptos más relevantes
    Hacer un documento-resumen de lo aprendido hasta ahora

Las lecciones ilustradas de Johnny Bunko

El otro día cayó en mis manos un libro curioso, «Las aventuras de Johnny Bunko» de Daniel Pink. Su curiosidad radica no tanto en su contenido, si no en su forma. Y me explico.
«Las aventuras de Johnny Bunko» es una reflexión orientada a todos aquellos que se sienten atrapados en una carrera profesional que no es lo que ellos esperaban. Contiene seis lecciones muy concretitas:

  • No hay plan: no es verdad que la vida tenga «caminos predefinidos» ni guía de instrucciones. No es cierto que «si hago esto y aquello, obtendré tales resultados». Así que no te dejes limitar por ello, busca tu propio camino.
  • Confía en tus fortalezas: identificar aquellas cosas que haces bien, y construir sobre ellas, es mejor que darse de cabezazos con lo que se nos da mal.
  • Contribuye al éxito de los demás para tener éxito tú: es más fácil que obtengas recompensas si aportas valor a otros (clientes, compañeros, jefes) que si estás permanentemente pensando en ti mismo.
  • La perseverancia vence al talento: insistir, insistir y volver a insistir es la mejor fórmula para lograr el éxito; el mundo está lleno de gente talentosa que tiró la toalla demasiado pronto.
  • El error es parte del proceso de aprendizaje: fallar, ser consciente de dónde están los errores, rescatar de ellos el aprendizaje necesario y aplicarlo en los siguientes intentos es consustancial a la mejora.
  • Deja huella: vincula tus esfuerzos a algo más grande que tú mismo, intenta aportar de forma significativa a algo que le dé sentido a tu contribución.

En fin, como decía antes, seis cosas bastante concretas y diría (sin restarles importancia o validez) que bastante «manidas».
Lo curioso es que he sido capaz de recitar los seis puntos de carrerilla; que se me han quedado grabados. Y todo ello gracias al formato del libro: una historia plasmada en un cómic (estilo manga japonés). Efectivamente, los seis puntos están hilados dentro de una historia (debe ser esto a lo que llaman storytelling) en la que Johnny Bunko es el protagonista junto con una especie de «hada madrina» bastante llamativa que aparece cuando rompe unos palillos de madera para darle consejos. Encima el formato desenfadado del dibujo lo hace de fácil digestión… y fácil recuerdo.
En definitiva, si nos ciñésemos a las «seis lecciones», el libro sería básicamente uno de tantos libros de «autoayuda profesional». Es su formato el que lo hace destacar en tu memoria… lo cual es una valiosa lección a tener en cuenta.

Te voy a hacer un coaching

Hace poco me hacían una reflexión que, a mí por lo menos, me chirriaba por todos los lados. «Vamos a llamar a Fulanito para hacerle un poco de coaching, porque está un poco perdido». El tono era «vamos a hablar con Fulanito para que se dé cuenta de cómo tiene que hacer las cosas, porque no está haciendo lo que nosotros queremos».
Vaya por delante que yo no sé mucho de coaching. Apenas nada. Pero tal y como yo lo entiendo, el coaching para profesionales es un proceso guidado de autodescubrimiento. Consiste en ayudar a que una persona explore en su interior en busca primero de preguntas y luego, con suerte, de respuestas. Que pueden (y aquí viene el matiz) coincidir o no con lo que nosotros creemos que debe ser. Con este enfoque, uno no «le hace coaching» a alguien para enderezarle, para llevarle por el buen camino. Eso y el coaching se parecen como un huevo a una castaña. Lo que uno hace en un proceso de coaching es abrir una caja (o mejor dicho, ayudar al otro a que la abra), y ver qué es lo que hay dentro… tanto si es lo que nosotros queremos que haya como si no.
Recordaba el libro de Schein sobre el proceso de «ayudar», y cómo éste solo funciona si se basa en una «búsqueda humilde», en explorar la realidad de los problemas (y no dar por válida nuestra percepción sobre ellos), y en involucrar a las personas en las soluciones (y no en darle nosotros las que consideramos correctas). En definitiva, en evitar adoptar el rol del «médico» o del «experto».
Al final, desde mi punto de vista el coaching tiene una parte de proceso, técnica, herramientas (que hay que conocer y aplicar muy bien; no cualquiera está capacitado para ello, especialmente porque en muchos casos es contra-intuitivo… ¡qué difícil es morderse la lengua!), y otra parte de «arte», de sensibilidad especial para saber tratar con las personas, para intuir en qué momento tocar cada tecla. Y eso implica conocimientos y práctica, mucha práctica. Y una voluntad real de explorar, de ayudar al otro a que encuentre su propio camino.
Y eso no tiene nada que ver con «hacerle un coaching» a alguien entendido como lo describía al principio. Llamémosle «echar una bulla», «llamar a capítulo», «marcar prioridades», «ponerle firme» o cualquier otra cosa… pero no le llamemos coaching.