Detalles de los Dominicos

El monje y el barril

Una de las cosas que más me gustan de esto de la fotografía es la posibilidad que te da de mirar la realidad con otros ojos. Especialmente la realidad que ya conoces, por la que has pasado cientos de veces sin fijarte. Los teleobjetivos ayudan a eso, porque permiten aislar detalles del conjunto y ver con mucha más profundidad.
La semana pasada coincidió que estaba por Salamanca cuando se había organizado un paseo fotográfico. Estuvimos dando una vuelta por la Plaza Mayor, calle San Pablo, Dominicos y Plaza de Anaya. En la fachada de la iglesia de San Esteban (los Dominicos) me entretuve, con la casi perfecta luz que incide a esas horas, en sacar algunos detalles.
Lo que digo, otra forma de ver las cosas.
Me queda complementar esta visión con algún recurso bibliográfico que me dé más pistas respecto al origen y significado de todos esos detalles. Probablemente, haya que buscarlo en una biblioteca «de las de antes».

Reactores en el cielo

En formación 7

Aprovechando que hoy es el desfile del Día de la Hispanidad, pongo esta foto: es la versión modesta de la patrulla Águila (que es la que se pasea por encima del eje Prado-Recoletos-Castellana el día de hoy; y los días previos, con la consiguiente inquietud para los despistados).
Se trata del una exhibición de acrobacia aérea de una Escuadrilla de Reactores C-101 de la Base Aérea de Matacán durante las fiestas de Aranda de Duero 2008. Tenía ganas de ir a ver si era capaz de sacar alguna foto maja… pero es complicado.
Por un lado, el «sujeto» son aviones que se mueven a gran velocidad. Encuadrar y enfocar en esas condiciones no es sencillo. Y para colmo, tienes sólo 10-12 oportunidades (las pasadas que hacen) para hacer la foto. Por otro, mi equipo tampoco es el más adecuado para estas cosas (mi focal más larga son 150 mm que, con el sistema Olympus, se transforman en un 300 mm efectivo). Es decir, que el nivel de detalle que puedo obtener tampoco es gran cosa.
Así que en el postprocesado tuve que aplicar algunas correcciones: recortes a la foto para dar mayor protagonismo a los aviones y componer mejor las fotos; un poco de máscara de enfoque (para dar un poco más de nitidez «simulada» a los aviones); y un filtro de ruido (ya que estuve disparando a ISO 400 para intentar evitar que quedaran movidas).
De todas formas, si queréis probar alguna vez, en Microsiervos publicaron hace no mucho una guía para fotografiar aviones (basada en la propia experiencia sobre todo de Wicho, un reconocido «aerotrastornado») con recomendaciones muy interesantes. La principal: practicar.
Como siempre, más fotos de aviones en Flickr.

Mimos en Aranda de Duero

Dentro de las fiestas de Aranda de Duero se organiza un concurso de mimos (o estatuas vivientes, en realidad). Así que allí que nos fuimos a verlos y a ver si sacaba alguna foto.
Desde mi punto de vista, son dos los inconvenientes que se me presentaban, los dos vinculados a la colocación de estas personas. Claro, ellos se ponen les corresponde (en la calle principal, en los sitios definidos por la comisión, imagino), que no necesariamente son los mejores para las fotos por dos razones: el fondo, y la iluminación.
Porque pueden tener una caracterización fantástica, sacarles un buen ángulo… pero resulta que el fondo es un escaparate, o la puerta de un comercio, o un portal. Así que las fotos más bonitas son las que han salido con un encuadre cerrado, porque en cuanto se abría un poco salían cosas que distraían la atención del protagonista principal.
Y luego la luz, claro. Ellos se ponen donde se ponen sin tener en cuenta por dónde les da el sol, o si están en una zona de sombra. La solución es disparar con el flash; aunque el que viene integrado en la cámara tiene poca potencia (y tampoco yo me metía encima de ellos para hacerles la foto), al menos conseguía equilibrar un poco situaciones de luz escasa.
En cualquier caso, se trata de un motivo muy agradecido para fotografiar: los disfraces y los gestos dan fotos divertidas, coloridas… diferentes. Aquí podéis ver las fotos de mimos.

La cripta de Leyre

Cripta 8

El monasterio de Leyre, en Navarra, tiene una historia compleja a lo largo de los siglos. Con referencias a construcciones monásticas previas desde al menos el siglo IX, lo que empezó con la cripta y la cabecera de la actual iglesia en el siglo XI fue evolucionando a lo largo de los siglos, con luchas entre órdenes monásticas incluidas, hasta llegar al abandono durante el siglo XIX (en la desamortización de Mendizabal nadie quiso quedárselo). Pero desde principios del siglo XX se inicia un movimiento orientado a su recuperación, que culmina con los trabajos realizados a mediados de siglo, y como resultado está el monastario que hoy conocemos: una mezcla de historia «maquillada» por los trabajos realizados en la última época.
De entre todo el monasterio, la cripta es una de sus joyas. Dicen los que saben que es uno de los vestigios más importantes del románico, y merece la pena la visita.
Lo malo (para las fotos) es que lógicamente es una zona oscura. A pesar de la iluminación artificial, la luz no es mucha. Y si a eso añadimos la prohibición de usar el flash… pues la cosa se complica. Para hacer mis fotos, puse el mayor ISO que permite mi cámara (1600): esto permite sacar fotos con menos luz, pero a costa de que la foto resultante tenga mucho más ruido (píxeles defectuosos). En el procesamiento previo he aplicado un filtro reductor del ruido, pero aun así es notable.
A pesar de la ISO, el tiempo de exposición requerido para tomar la foto era bastante prolongado (incluso con el diafragma abierto: bien es verdad que no tengo un objetivo muy luminoso, quizás más adelante…), y mi pulso es lamentable. No tenía el trípode, así que tuve que hacerlas a pulso… pero parece que con el estabilizador de imagen que tiene mi cámara conseguí que no se notara demasiado el «tembleque». Alguna foto, por otro lado, la hice situando la cámara sobre uno de los capiteles y disparando con el retardo de 2 segundos; no es un trípode, pero casi.
Aquí os dejo otras fotografías del Monasterio de Leyre.

De vacaciones por Navarra

Bueno, pues punto final a las largas y variadas (¿y merecidas? qué más da…) vacaciones de este año. La primera semana de septiembre hemos estado en una casa rural en Navarra, haciendo excursiones por los alrededores… todo estupendo. Ayer me di cuenta de que, curiosamente, Navarra era la única comunidad autónoma en la que no había estado nunca: en todas las demás he estado (de visita, por trabajo, de pasada…) pero hasta aquí nunca había llegado. Ahora, ya puedo decir que sólo me faltan las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla :).
Nuestro centro de operaciones era Casa Maricruz, un alojamiento rural en Villanueva de Arce (la foto del post es precisamente la vista del pueblo). Una casa muy agradable (ver reseña en 11870), con su huerto y sus animalitos, en una zona de por sí muy bonita, y a tiro de piedra de bastantes lugares interesantes… por lo que hemos pasado la semana muy entretenidos.
Hemos visitado el mítico lugar de Roncesvalles (donde el Cantar de Roldán y su olifante; tiene el aroma de la historia), incluido el monolito en la cima del collado de Ibañeta (que está todo pintarrajeteado por unos vándalos de aspiraciones nacionalistas… vaya forma de cuidar su tierra). También aprovechamos para cruzar la frontera (tras una bajada mareante por el lado norte del puerto) y visitar el bonito y recomendable pueblo de Saint-Jean-Pied-de-Port (lugar amurallado con reminiscencias medievales, a los pies de los Pirineos, era el punto de confluencia de las distintas rutas del Camino de Santiago desde Europa antes de entrar en España).
También tuvimos la ocasión de hacer un poco de senderismo por la Selva de Irati (aunque un desafortunado y lamentable error nos hizo equivocarnos de sendero y nos alteró los planes previstos; pero dentro de lo que cabe la alternativa no fue mala… eso sí, me pegué una paliza imprevista porque tuve que desandar el camino a recoger el coche, y dejamos constancia de que valientes montañeros estamos hechos).
Otro día lo aprovechamos para visitar Pamplona y pasear por su casco antiguo, incluyendo el recorrido de los encierros (me sorprendió que es más cuesta arriba de lo que me había imaginado) y una comida en el Café Iruña (muy bonito, pero una comida y un servicio que dejan bastante que desear; imagino que les basta con vivir de la fama de Hemingway). También pasamos un rato en la Ciudadela, muy tranquila y agradable.
Y otra de las jornadas estuvimos viendo las Foces de Lumbier (un paseo muy agradable, en el que se puede ir con la sillita del niño y todo), el monasterio de Leyre y el castillo de Javier (muy bonitos ambos… aunque me dejaron una sensación de estar «demasiado» restaurados, lo cual le resta un poco de autenticidad…).
En fin, que mucha actividad, mucho coche arriba y abajo, un entorno natural estupendo… ¿qué más se puede pedir? Ahora lo que tengo es unas cuantas fotos que tendré que ir procesando poco a poco…

Quien hace un cesto, hace cientos

Cesto 6

Eso dice el refranero. Así que (si me dan mimbres y tiempo, que dice la segunda parte del refrán) yo ya puedo hacer todos los que quiera. Y es que una de las actividades que me ha servido de entretenimiento estos días ha sido precisamente hacer un cesto de mimbre. Mi madre, que siempre ha tenido muy buena mano para estas cosas (y lo mismo restaura muebles que pinta cuadros, cose que encuaderna libros, pinta figuritas o hace composiciones de flores secas… etc.) estaba probando a hacer cestos de mimbre, y ahí que nos pusimos la familia al completo a hacer nuestro cestito.
Para mí, que siempre he sido bastante peor para hacer cosas con las manos que con la cabeza, me producen mucha satisfacción estos pequeños logros, lo mismo que colgar una estantería, o arreglar un enchufe. El mundo moderno (y más para los «trabajadores del conocimiento») nos ha alejado de las actividades manuales probablemente más de lo recomendable. Así que no está de más, de vez en cuando, intentar hacer alguna cosa así, que nos conecte de nuevo con nuestra capacidad transformadora. Es más sencillo de lo que parece, basta con que alguien te dé unas indicaciones, y distrae enormemente la cabeza.
Yo, de momento, tengo un cesto :). Por cierto, se pueden ver más fotos del cesto de mimbre en mi página de flickr. Están tomadas a última hora del día, con el sol casi poniéndose, y con el cesto en una mesa de cristal (a la que podía haber quitado el polvo, también es verdad) que genera unos interesantes reflejos.

Atardecer en Salamanca

Atardecer en Salamanca

Unos días en el hogar familiar en Salamanca fueron la segunda etapa de nuestras vacaciones.
No es porque sea mi ciudad, hay que reconocer que Salamanca es una ciudad realmente fotogénica. El sol del atardecer realza los colores de la piedra de Villamayor y provoca ese dorado tan especial, y tan reconocible.
Aunque también es el momento ideal para sacar la silueta de las catedrales, la nueva y la vieja, que son el símbolo de la ciudad. El truco para fotografiar siluetas, como en el caso de las puestas de sol, hacer la medición de la luz en la zona del cielo, para que todo lo demás quede subexpuesto (o sea, oscuro). En este caso, además, he alterado un poco el balance de blancos (para darle un color más cálido al atardecer), y he toqueteado un poco con la herramienta «filtro degradado» del Lightroom 2.

Fotos que llaman la atención

El pasado viernes, los alumnos de distintos cursos que da Mario Pascucci en la zona de Aranda de Duero nos juntamos en su su sala En-Cuadra (que es la cuadra restaurada de su casa de Gumiel de Izán). El objetivo era hacer una fiesta de fin de curso, y ver una pequeña exposición en la que cada alumno teníamos una foto. También hicimos un concurso: cada uno de nosotros tenía que votar 10 fotos (al estilo eurovisión: 10 puntos a la que más gustase, 9 a la siguiente, etc.).
Mi foto, esta rosa que pongo aquí, quedó en una intrascendente vigésima posición (de unos cuarenta alumnos, más o menos).

Gotas de amarillo

Pero al margen del premio (que ni siquiera sé en qué consistía 🙂 ), resulta interesante ver el listado de fotos mejores valoradas en su conjunto.
La primera, es una foto macro de un insecto (parecido a una mariquita, también rojo con puntos negros) haciendo equilibrios sobre una flor. La segunda, una vaca fotografiada desde atrás en el momento justo en el que gira su cuello para lamerse… el culo (¿se puede decir culo en este blog? Ah, sí, que es mío 😀 ). La tercera, un libro abierto con un anillo. La cuarta, una madre empujando a su hija el los columpios…
¿Que a dónde quiero ir a parar? Pues que tengo la sensación (es la conclusión que saco) de que las fotos que más llaman la atención son las que cuentan o sugieren algo (al margen de que tengan una mejor o peor técnica: probablemente si el jurado hubiese sido más «técnico» hubiesen ponderado más otras cosas, aunque las ganadoras eran muy notables también en ese aspecto). Las que muestran un momento, las que evocan una historia o un sentimiento. El insecto y su equilibrio inmortalizados en pleno proceso natural, la vaca y su punto divertido, la risa de la niña en el columpio, el sugerente anillo en el libro…
En ese sentido, las fotos que tienden a la mera descripción (como mi rosa) pueden ser más o menos estéticas, estar más o menos bien hechas… pero resultan tibias, no despiertan ninguna pasión. Una foto gusta si transmite emoción, si comunica algo, si establece una conexión con quien la ve.
Un ejercicio interesante.
PD-. Lo que no puedo negar es que me alabo el gusto: creo que las cinco primeras son también las cinco (no sé si en el orden exacto, alguna puede bailar, aunque la primera y la segunda las tengo seguras) a las que yo dí la máxima puntuación.

Foto de la puesta de sol

Puesta de Sol

Esta puesta de sol es la que se ve desde Haza, muy cerquita de Aranda de Duero. Su situación privilegiada en lo alto de una loma permite que, desde el balcón que permite asomarse al curso del río Riaza, se pueda tener una panorámica excelente del horizonte al atardecer.
Aunque hay por ahí consejos para fotografiar la puesta de sol, yo no los había leído antes de estas fotos. Simplemente ajusté la exposición para la luz del entorno del sol (centrar el fotómetro en el sol haría que todo lo demás saliese oscuro, y centrarlo en zonas muy alejadas provocaría que toda la zona alrededor del sol saliese quemada), y hala, a disparar: procurando que la línea del horizonte quedase bien horizontal (luego tuve que ajustarla un poquito), que el cielo ocupase más que la tierra (la regla de los tercios) y que el sol quedase en alguno de los puntos áureos (si queda centrado, pierde fuerza).
En fin, éste es el resultado. Es evidente que viendo otras fotos de puestas de sol hay mucho recorrido para seguir mejorando. Pero estamos en ello, y como dicen por ahí, hay que estar orgulloso de las propias fotos.
La foto está tomada a ISO 100, apertura f13, velocidad 1/250 y objetivo 150 mm.