¿Quién paga en la economía de lo gratis?

La verdad es que con esto de las Freeconomics o economía de lo gratis me muevo en un terreno ambivalente. Por un lado, entiendo la lógica que está llevando, en un entorno como en el que nos movemos, a que «lo gratis» sea prácticamente la única opción en determinados sectores: hay muchas cosas por las que, si intentas cobrar, te surgen otros competidores que lo ofrecen gratis y te dejan fuera del mercado.
Pero por otro, aparte de las cautelas sobre lo gratis que expresaba Julen el otro día, hay algo de fondo que Varsavsky expresó hace poco a cuenta del desempaquetado del Kindle:

El problema de la cultura de «nadie quiere pagar por nada» es que después nadie tiene trabajo, nadie puede dar de comer, nadie puede… porque en fin, todos necesitamos que nos paguen por las cosas que hacemos.

A mí la casa me cuesta dinero, la comida me cuesta dinero, el coche me cuesta dinero… igual que a nivel empresarial los empleados cuestan dinero, las oficinas cuestan dinero… pero por el lado de los ingresos, hay una cierta presión para ir hacia lo gratis. Y no hace falta saber mucho de economía ni de contabilidad para ver que las cuentas no salen.
Complejo este mundo de la economía de la gratuidad: bueno como consumidor, pero jorobado como productor porque te obliga a «estrujarte las meninges» para hacer que cuadren las cuentas.

Lo vuestro es de todos; lo mío no se toca

Curioso como en pocos días coinciden en el tiempo distintas circunstancias que te llevan a elaborar una idea. La última de ellas ha sido este post en el blog de Enrique Dans en el que experimenta un plugin para importar los comentarios de Meneame al blog en el que se encuentra la noticia original [Nota: si no has entendido demasiado de la frase, no te preocupes: cosas de frikis]. La paradoja es que el primer comentario importado es: «Quiero decir… si yo estoy comentando una entrada en menéame no quiere decir que quiera aperecer en los comentarios del blog que ha generado dicha entrada/noticia. He decidido aparecer en meneame, no en ese otro sitio»
O sea, que nos parece bien que Meneame recoja la información procedente del blog original para nutrirse. Pero luego nos parece mal que los comentarios que se hacen en menéame los coja a su vez dicho blog. Está bien tomar el contenido de otros, pero el mío no lo toques.
Otro ejemplo (veréis que bien voy a hilar esto) lo tenemos en las televisiones, como bien apunta la Chica de la Tele en este twitter referido al primer caso: cuando los llama «vasilitos» se refiere a Paolo Vasile, máximo directivo de Telecinco. Esta cadena ha denunciado tanto a Youtube como a La Sexta por usar sus contenidos… y mientras tanto, emite programas como «El coleccionista de imágenes» basados precisamente… en los contenidos de otros. O sea, yo puedo jugar con los contenidos de los demás, pero si los demás juegan, denuncio.
En este mismo blog vimos el otro día argumentos que defendían los feeds incompletos porque «mis contenidos no los doy gratis» o para evitar «agregadores que se dedican a copiar contenidos desde los feeds». Mientras tanto (y aquí mi argumento da un giro un tanto demagógico, lo sé), nos parece lo más normal del mundo que las canciones de cualquier artista o cualquier película o cualquier software se puedan bajar cómodamente desde redes P2P («la cultura es libre», o «que se busquen otro modelo de negocio», decimos), y nos soliviantamos cuando la industria intenta poner algún tipo de traba.
Al final da la sensación de que todos estamos muy cómodos con la idea de que el contenido de los demás sea accesible al 100%, con la cultura del «todo gratis»… pero que nos «escuece» un poco más cuando es lo nuestro lo que está en juego.

Modelos, metodologías y otras paparruchas

Hace ya algún tiempo (mucho… es de los primeros posts del blog) hice una reflexión sobre las metodologías usadas, habitualmente, por los consultores. Hoy, casi cuatro años después, vuelvo sobre el tema.
Y es que los consultores somos muy dados a crear «modelos» y «metodologías», que se resumen en unos gráficos con unos cuantos bloques, unas cuantas flechas, unos cuantos colores y unas cuantas palabrejas extrañas. En teoría, nos decimos, sirve para transmitir de forma gráfica un concepto complejo… pero yo creo que lo cierto es que la mayoría de las veces sirve para enrollarse durante mucho tiempo para contar alguna perogrullada que no costaría contar más de medio minuto acodados en la barra del bar.
Pero claro, un modelo mola mucho más. Demuestra lo listos que somos, lo mucho que discurrimos. Demuestra que realmente sabemos, y que merece la pena pagar por nuestros servicios («¡eh, que tenemos ‘el modelo’!»). Y más cuando tenemos un modelo exclusivo, hasta patentado en muchas ocasiones. Citándome a mí mismo, «los consultores utilizan sus ‘inventos’ como un presunto elemento de diferenciación, la demostración más palpable de que su trabajo va a ser mejor que el de otros».
No tengo problema en que se utilice un modelo para explicar un concepto. Lo que me molesta es cuando se eleva el modelo a categoría de tótem. No. Lo importante es el concepto, no el modelo. Y si podemos explicar el concepto sin más parafernalias, lo demás sobra.

Mimos en Aranda de Duero

Dentro de las fiestas de Aranda de Duero se organiza un concurso de mimos (o estatuas vivientes, en realidad). Así que allí que nos fuimos a verlos y a ver si sacaba alguna foto.
Desde mi punto de vista, son dos los inconvenientes que se me presentaban, los dos vinculados a la colocación de estas personas. Claro, ellos se ponen les corresponde (en la calle principal, en los sitios definidos por la comisión, imagino), que no necesariamente son los mejores para las fotos por dos razones: el fondo, y la iluminación.
Porque pueden tener una caracterización fantástica, sacarles un buen ángulo… pero resulta que el fondo es un escaparate, o la puerta de un comercio, o un portal. Así que las fotos más bonitas son las que han salido con un encuadre cerrado, porque en cuanto se abría un poco salían cosas que distraían la atención del protagonista principal.
Y luego la luz, claro. Ellos se ponen donde se ponen sin tener en cuenta por dónde les da el sol, o si están en una zona de sombra. La solución es disparar con el flash; aunque el que viene integrado en la cámara tiene poca potencia (y tampoco yo me metía encima de ellos para hacerles la foto), al menos conseguía equilibrar un poco situaciones de luz escasa.
En cualquier caso, se trata de un motivo muy agradecido para fotografiar: los disfraces y los gestos dan fotos divertidas, coloridas… diferentes. Aquí podéis ver las fotos de mimos.

Contra los feeds cortados e incompletos

Desde hace un tiempo (he recuperado mi hábito de leer feeds después de una época de abominarlos) me vengo encontrando gente que ofrece, para sus contenidos, feeds cortados, incompletos.
Vale, inciso explicativo: para el que no lo sepa, un feed es una suscripción a los contenidos de un sitio. Si tú te suscribes al feed de un sitio, el contenido que se va publicando en ese sitio llega a tu email o a tu lector de feeds (como Google Reader o bloglines) de forma automática, y te permite leerlo sin necesidad de ir a la página original, redundando en una mayor comodidad para ti (tienes todas tus lecturas centralizadas y organizadas, puedes hacer búsquedas entre los sitios que te gustan, marcar algunos artículos como favoritos, estar enterado de cuándo hay un nuevo contenido…).
Bien, pues el caso es que hay gente que manipula sus feeds para cortarlos. Es decir, en vez de mandarte el contenido completo, te mandan sólo una parte (normalmente el título y una mini introducción) y, si quieres leer el contenido completo, te obligan a ir a su web.
¡¡Mala idea!!. Para el usuario/lector (que encima es un habitual de la página: es el que ha mostrado interés por suscribirse a tus contenidos) es sumamente molesto (recuerda lo que decía Aza Raskin: «Don’t make me click«, no me hagas dar más clicks de los necesarios para llegar a lo que quiero), e invalida parte de las ventajas inherentes a la suscripción: ni puedes leer todos los contenidos tranquilamente en tu lector, ni puedes realizar búsquedas entre tus fuentes…
¿Y todo a cambio de qué? ¿De una triste y miserable página vista en tus estadísticas? Por favor. Si vas a ofrecer tu contenido gratuitamente, hazlo de la forma más sencilla posible, aquélla que facilite más que efectivamente te lean, que te citen, que comenten en tus contenidos.
¿Cuál es la prioridad? ¿Que te lean y conozcan tus opiniones, o tener páginas vistas? Resulta que tienes una base de suscriptores, de fieles, que en esta economía de la atención donde conseguir una fracción del tiempo de otros es tan difícil se han fijado en tí… ¿y tú lo que haces es ponerles dificultades?
Yo desde luego lo tengo muy claro: para mí, un contenido tiene muchas más posibilidades de ser leído, comentado y referenciado (y por ende, tener mayor repercusión y finalmente incluso devenir en más páginas vistas) cuanto más fácil me pongan el acceder a él. Si te empeñas en ponérmelo difícil… no te preocupes, que hay cientos de otros iguales y mejores que tú que no lo hacen; ellos se quedarán con mi atención, y tú con tus feeds incompletos.

Referal bonus… fuera de la empresa

Interesante el planteamiento que hace Jason Calacanis en su blog (ahora reducido a mero tablón de anuncios): extender los referral bonus fuera de la empresa.
Los referral bonus son una herramienta utilizada por los departamentos de RRHH en sus procesos de reclutamiento y selección. Se trata de recompensar a los empleados de la compañía si proporcionan candidatos a los procesos de selección y finalmente éstos acaban incorporándose a la plantilla. La idea es sencilla: vosotros, empleados, conocéis bien la empresa y en conjunto tenéis una red de contactos interesante; es muy probable que «vendáis» la empresa a esos contactos mejor de lo que lo haría una consultora de selección, con mayor probabilidad de éxito (sólo avisaréis a quienes creéis que encajan en el puesto y la compañía) y con un coste (incluyendo el bonus) menor.
Pero la verdad es que es la primera vez que veo hacer este planteamiento sobrepasando los límites de la propia empresa: cualquier lector del blog puede sugerir contactos a Calacanis y, si éstos finalmente fructifican y se produce una incorporación satisfactoria, será recompensado (3.000 dólares, nada menos). La lógica es la misma… pero el ámbito de actuación es mucho mayor. Teniendo en cuenta los miles de personas que siguen a Calacanis, muchos de los cuales están en la industria de la tecnología, el número de potenciales candidatos valiosos que se alcanza por esta vía está muy por encima del reclutamiento que pueda hacer una consultora al uso.