El fracaso en gestionar a los que trabajan bien

Leo esto en twitter:

¿¿¿Por qué cuándo alguien hace su trabajo «muy bien» van y se empeñan en darle otro puesto???

Probablemente se trate de uno de los más importantes temas por resolver en el ámbito del desarrollo profesional: la incapacidad de gestionar adecuadamente a los que hacen bien su trabajo. Porque normalmente, a quien está en esta situación, se le trata de recompensar, con dinero y prestigio. El problema suele venir derivado en que la forma más habitual de dar ese dinero y ese prestigio es «ascendiendo» a la persona a un puesto de más responsabilidad. Puesto que suele llevar aparejado un cambio en las tareas a realizar, y también en las capacidades y habilidades necesarias para desarrollarlo bien. El resultado en la mayoría de las ocasiones, como bien sabemos, es nefasto: un buen profesional deja de aportar lo que tan bien estaba aportando en su puesto anterior (eso que pierde la empresa) y a cambio gastamos más dinero para mantenerle en una posición en la que ni sus resultados son tan positivos para la empresa y en la que encima le provocamos un alto grado de ansiedad y de frustración. A nivel general, el ya consabido Principio de Peter, nefasto en la medida en que empeora el desempeño global de las personas. En vez de tener a las personas puestas en donde mejor se sienten y donde más aportan, nos empeñamos en ponerlas en sitios peores y encima gastando más dinero en el proceso.
¿Quién tiene la culpa? Posiblemente desde el mundo de la organización no se haya trabajado lo suficiente en la definición de alternativas más imaginativas (la consabida «doble carrera»). Pero creo que hay otro factor subyacente, que es más cultural, y que afecta también a los propios profesionales que se ven en esa tesitura. Y es que todos tenemos muy metido en la sesera eso de que si no asciendes es que no estás progresando profesionalmente. Nosotros mismos somos los que percibimos como un «fracaso» el no ascender, como una falta de reconocimiento a nuestro buen hacer. Puede que obtengamos dinero (pero no demasiado: la «gran pasta» va por otros lados), pero no percibimos el prestigio (que con demasiada frecuencia sólo se asocia al «ser jefe»). Tampoco convivimos demasiado bien con la idea de que otra persona más joven, o que no sabe tanto como nosotros, sea nuestro jefe (por mucho que para ser «jefe» quizás no necesite tener nuestros conocimientos, sino más bien una serie de habilidades distintas).
Hay aquí un enorme reto. ¿Cómo dar dinero y prestigio suficientes a quienes hacen bien su trabajo sin necesidad (si ellos no quieren y sobre todo si carecen del perfil adecuado) de «ascenderles»? ¿Cómo hacer convivir esta situación con la tradicional percepción de «el jefe tiene que ganar más que su equipo» o «el jefe tiene que ser mayor que su equipo», o la de «sólo si eres jefe es que estás triunfando»?

Mezcla

Hoy tengo una reunión que parece un cúmulo de casualidades. Iré con una mochila procedente de un trabajo anterior y un bolígrafo de otro trabajo anterior distinto del previo, a un cliente que está al lado de donde trabajé durante unos años (dos sitios a falta de uno), cliente que ya fue cliente en una etapa anterior, donde el interlocutor a su vez también fue interlocutor en otro cliente de una etapa anterior distinta de la antedicha.
Hoy se va a doblar el espacio-tiempo, provocando una anomalía en el contínuo temporal. Seguro.

Vacaciones blogueras

Hace casi tres años que empezó la aventura de El Blog Salmón. Desde entonces, puede decirse que soy «blogger profesional» o, por decirlo de otra manera (más correcta, creo), «blogger a sueldo». A El Blog Salmón se unión más tarde ¡VayaTele!, y luego El Blog Hipotecario, y El Blog de FOX, y en fechas más recientes Pymesyautonomos. Todos blogs con unos determinados compromisos que he ido cumpliendo mes tras mes, durante todo este tiempo… hasta ahora.
Porque me he saturado. A mediados de diciembre escribí mis últimos posts. Coincidió con el inicio del periodo navideño (que para mí implica viajes) y con el inicio del nuevo proyecto en el que me he embarcado. Ninguna de las dos cosas, en todo caso, eran suficientes para hacerme «dejar de bloguear» por sí mismas: en anteriores ocasiones también he tenido circunstancias similares. De hecho, en mis viajes me llevé toda la parafernalia necesaria para bloguear. Pero me daba una pereza terrible. Simplemente, no me apetecía bloguear.
En realidad, ya llevaba una época con esa sensación. La de que estaba blogueando más por obligación que por diversión. Que no escribía «porque tengo algo interesante que me apetece contar», sino que como «tengo que escribir x posts, a ver qué encuentro de lo que pueda hacer un post». ¿Resultado? La sensación de que en muchas ocasiones acababa haciendo posts «de relleno», totalmente prescindibles para mí y para quien pudiera leerlos. «¿He aportado algo escribiendo hoy? ¿He contribuído a que mejore la calidad de los contenidos en internet? ¿Me he divertido haciéndolo?». Si no hay respuestas positivas a esas preguntas… malo.
Lo cierto es que hace unos meses pensé, ante mi «periodo sabático», que dedicar unas horas al día a «ser blogger a sueldo» era una buena idea. Incrementé mi ritmo de contribución a los blogs en los que ya estaba, y me apunté a alguno más. Pero lo cierto es que no ha resultado como esperaba. Sí en la parte económica (donde no me puedo quejar del resultado), pero no en el grado de «diversión» que creía iba a suponer. En algunos casos, la temática del blog me venía grande (con lo que en vez de escribir de forma natural, me las veía y me las deseaba para hacer cuatro posts medianamente decentes). En otros, simplemente, ocurre que no tengo tantas cosas que decir (¿las hay, realmente?) como para generar x contenidos al mes. No al menos con el grado de profundidad y conocimiento que creo que son necesarios para que esto merezca la pena.
Porque creo que bloguear tiene sentido (para el blogger) si lo hace con pasión y diversión. Siempre he considerado que bloguear por dinero tiene sentido en la medida en que es un «hobby retribuido»: algo que harías igualmente gratis, porque te divierte y te apasiona. En ese caso, obtener un rendimiento económico a esa pasión y a esa diversión es la cuadratura del círculo. El problema viene cuando pones «el carro antes que los bueyes», y empiezas a obligarte a escribir más de lo que te realmente te apetece, o sobre temas que no te apasionan realmente, con un fin económico. Entonces, la gracia desaparece.
Creo que es lo que me ha sucedido a mí. Sobrepasé la línea. Y me cansé. Adicionalmente, se ha unido una reflexión de corte estratégico: «¿Para qué me sirve bloguear?» «¿A qué objetivo sirve?» «¿Me permite posicionarme de alguna forma?» «¿Me permite mejorar mis habilidades en alguna dirección?». Es una pregunta interesante, porque en algunos casos la respuesta es que bloguear sirve «para bloguear» (sin más; lo cual cuando es divertido per sé está bien, pero si no lo es…) o «para ganar unos euros» (sin más; no está mal, pero tampoco se justifica por el dinero). Que no contribuye a ningún objetivo de carácter superior, que no te hace avanzar en ningún orden.
Sobre esta base, he tomado algunas decisiones con el fin de devolver las aguas a su cauce y acabar con esta situación:

  • El Blog de Fox (un blog en el que me costaba bastante escribir, habida cuenta de la nula colaboración de la cadena en el flujo de contenidos y de que no sigo en realidad casi ninguna de las series que ofrecen) terminaba el pasado mes de diciembre. Un problema menos.
  • El Blog Hipotecario me venía definitivamente grande. Mis conocimientos sobre el mundo hipotecario son demasiado superficiales como para escribir de forma regular en un blog tan especializado. Y tampoco es un mundo en el que me apetezca ni interesa profundizar. Por lo tanto, he decidido simplemente abandonar el equipo de edición.
  • ¡VayaTele! ha sido divertido durante algunas épocas. Pero hace ya tiempo que prácticamente no veo la televisión. Apenas una horita al día, dedicada a alguna serie de la que probablemente ya esté todo dicho (nada de «ritmo americano»). Por lo tanto, se me hacía muy cuesta arriba escribir contenidos de primera mano, y acababa recurriendo a comentar «noticias» de forma un tanto rutinaria. Y teniendo en cuenta que tampoco es un mundillo en el que me interese lo más mínimo posicionarme, también he decidido dejar este blog.
  • En cuanto a El Blog Salmón, la situación es diferente. El Blog Salmón es «mi blog», estoy en él desde el primer día. Y normalmente he escrito a gusto en él, y es una temática que sí tiene más afinidad con mi perfil. Lo más normal es que siga adelante, aunque he decidido tomarme un descanso de unas semanas. Quiero despejarme, quitarme de encima la sensación de «bloguear por obligación», y dejar que las ganas de escribir vuelvan por sí mismas. Lo que tengo claro es que, si vuelven, será eso exactamente lo que escriba: lo que me apetezca y cuando me apetezca. No tengo que batir ningún record. No se trata de eso.
  • Por último, con Pymesyautonomos tengo más dudas. La idea a priori me atraía, como una extensión de mi actividad en El Blog Salmón. Pero no sé si es que ha llegado en mal momento (sintiéndome saturado por el resto de temas) o qué, pero no estoy muy seguro de ser capaz de aportar cosas «con miga». Mis conocimientos del mundo empresarial (a nivel «operativo») son los que son, y al final me veo escribiendo siempre sobre «espíritu emprendedor» y cosas similares… que bueno, están bien, pero no dejan de ser dar vueltas a los mismos temas una y otra vez… En fin, en este caso lo que vamos a hacer es dejar que las cosas vayan cayendo por su propio peso; si entro en una dinámica positiva estupendo, y si no encuentro el punto satisfactorio, lo dejaré tranquilamente.

En definitiva: le he dado un revolcón a mi relación con los blogs «profesionales». Quiero recuperar el espíritu de la pasión y la diversión al escribir. Quiero escribir en la medida en que contribuya a mi desarrollo, porque sólo entonces tendrá sentido para mí, y sólo entonces tendrá sentido compartirlo con otros. Puede que sin pasión y sin diversión escribiese cosas útiles para los lectores (¿por qué no?), pero si no disfruto del trayecto, entonces no merece la pena.

Que sigo aquí, eh…

Que no es que me haya pasado nada. Podría decir que he estado viajando (lo cual es verdad), pero si hubiera querido conectarme hubiera podido hacerlo, y no lo he hecho. Podría decir que un nuevo proyecto absorbe mi tiempo (lo cual también es verdad), pero tampoco lo hace de forma total y completa. Vamos, que si me hubiese apetecido postear, hubiera posteado. Pero no lo he hecho. Porque no me ha apetecido. Y tampoco ahora es que me apetezca demasiado.
No sé si se trata de un «bache» o de algo más. Quizás esté perdiendo la fe blogosférica…

La zona de confort

La «zona de confort» es un concepto que me resulta muy interesante desde la primera vez que tuve conocimiento de él.

La Zona de Confort es el conjunto de creencias y acciones a las que estamos acostumbrados, y que nos resultan cómodas. Aquello que está dentro de nuestra zona de confort lo podemos hacer muchas veces sin mayor problema y no nos produce una reacción emocional especial; en cambio, lo que está fuera de nuestra zona de confort nos incomoda, nos produce un cierto rechazo, nos provoca ansiedad o nerviosismo, nos da palo.

Yo soy muy de zona de confort. Vago y cobardica para atreverme con cosas que me incomodan. Lo de la osadía… es para otros. Me agobio y me ofusco cuando me veo sometido a situaciones fuera de mi zona de confort, y me siento enormemente aliviado cuando me alejo de ellas para volver a mi reducto.
Realmente se me hace difícil entender cómo pude un día aprender a nadar, a montar en bicicleta o a conducir. Por otra parte, el haber sido capaz de hacer estas cosas (y muchas otras en mi vida) debería hacerme pensar que puedo hacerlo con otras, ¿no?
Dicen que el aprendizaje y el crecimiento personal sólo se produce fuera de esa zona de confort. Y dicen que el crecimiento personal es una de las mayores fuentes de satisfacción personal. Por lo tanto, se produce la paradoja de que para alcanzar la satisfacción se tiene que exponer uno a la incomodidad, mientras que quedarse a resguardo y cómodo lleva a la frustración. El corto plazo y el largo plazo, una vez más.
Ya lo decían en este estupendo video que me pasó un día Emili con consejos para la vida: «haz todos los días algo que te dé miedo».
Voy a tener que mejorar mucho en eso. ¿La forma de hacerlo? «Simplemente hazlo»

VCDTV006 – Lotfi El-Ghandouri y el despido interior

Éste es un video que grabé hace unas cuantas semanas y que he tardado un poco más de lo deseable en procesar. Es una entrevista con Lotfi El-ghandouri, autor del libro «El Despido Interior» (podéis ver un dossier de la editorial -pdf-, o una entrevista radiofónica). Ya os he hablado del libro anteriormente, la idea con este video es que Lotfi nos cuente en sus propias palabras el concepto del despido interior.