Invitaciones para Seesmic

Ya os hablé antes de Seesmic. Lo hice con un elevado grado de escepticismo, que para ser francos sigue sin despejarse: no sólo relacionado con el concepto en sí mismo, sino también con el ritmo de desarrollo del producto. Avanza muuuuy lento, y está todavía muuuuy verde. Quizás sea el problema de entrar en una «pre-alpha», y que yo no estoy hecho para ello…
El caso es que dispongo de unas cuantas invitaciones ( Seesmic invites ) para convertirse en usuario de Seesmic. ¿Qué sentido tiene promover una herramienta cuando uno no está convencido de ella? Bueno, varios puntos aquí. Por un lado, mis opiniones son mías y creo que lo lógico es que cada uno pueda sacar las suyas propias, y para eso hay que probarlo. Segundo, uno de los elementos que hacen aburrido Seesmic es el no encontrar gente conocida: escuchar y ver a desconocidos hablando de sus cosas es un rollo. Así que si mis «conocidos digitales» se suman a la iniciativa, quizás tenga más gracia…
Y bueno, luego está todo el rollo de «ser pionero» y tal :P; que soy probablemente el primer usuario en español de Seesmic, el tercero en usarlo desde España después de Varsavsky (inversor en Seesmic) y de Dennis Howlett (que vive en Alcaudete aunque de español… lo justo 🙂 ). Así que, por pueril que resulte… parece que eso también influye en que le haya cogido algo de cariño al chisme.
En fin, que si alguien quiere, que se numere en los comentarios.

Los políticos y los votos en internet: un futuro negro

Pasa cada vez que se acercan las elecciones. Vemos a políticos (perdón: a equipos de campaña de políticos) que diseñan acercamientos a internet: ahora un mitin en secondlife, ahora un beers&blogs, ahora un perfil en facebook, ahora una cuenta en flickr, ahora un blog… todo vendido con la fanfarria de «internautas, mirad qué modernos y cool somos, votadnos a nosotros».
Pero lo cierto es que la mayoría, por no decir el 100%, de estos intentos, son torpes y burdos. Son acercamientos con un enfoque tradicional, de «yo hablo y vosotros escucháis», un intento de conseguir un puñadito de votos exactamente igual que cuando se acercan a un mercado. Me dejo ver, estrecho un par de manos, y a otra cosa mariposa.
Pero internet es otro mundo. Normalmente hablamos de un perfil crítico de partida, que gusta de darle vueltas a las cosas, que necesita algo más que un slogan y un caramelo para decidir un voto. Un perfil inquieto que busca argumentos y justificaciones, que está acostumbrado a las relaciones «uno a uno», que discrimina los contenidos que quiere consumir, que exige ser escuchado y no sólo asistir a un «besamanos» digital.
«Trabajarse» al internauta requiere de un gran esfuerzo. Por contra, trabajarse a la «masa» cuya percepción del mundo se forma a base de titulares de periódicos y slogans repetidos en radios y televisiones no requiere tanto. Unos mensajes simples y hala, a repetirlos a diestro y siniestro. ¿Resultado? Millones de personas adoctrinadas y movilizadas (¿manipuladas? sí, manipuladas), con un coste limitado. En el otro lado, un puñado pequeño de votantes internautas que encima son un hueso duro de roer. Y como un hombre, un voto… pues está claro dónde está el caladero de votos interesante.
Por eso creo firmemente que nunca vamos a ver, sobre todo en la política nacional, políticos que se tomen en serio eso de ser «internautas» de verdad. En un análisis coste-beneficio, no les sale rentable. Seguirán «apareciendo» (guiados de la manita por algún iluminado de su equipo de comunicación) por distintos sitios de internet, a ver si pescan algo sin mucho esfuerzo y también a ver si consiguen que esas apariciones sean magnificadas por la prensa tradicional. Pero no nos engañemos: mientras haya millones de ciudadanos acríticos, que votan a toque de corneta («que os quitan las pensioneeeeeees» «que se rompe Españaaaaaa» «el del bigote es malooooo» «la derecha ultramontanaaaaa» «la izquierda radicaaaaaal»….), los políticos no tendrán ningún interés en un grupúsculo de ciudadanos críticos.

La crisis de las bolsas en perspectiva

Ayer nos desayunamos (y comimos, y cenamos) con el runrun de las caídas generalizadas en las bolsas europeas y asiáticas (y la norteamericana porque estaba de vacaciones, que si no…). Como sucede cuando se trata de acercar temas complejos al gran público, la simplificación y la magnificación fueron las notas dominantes, por encima del análisis y la perspectiva. «La mayor caída de la historia», «Desde el 11-S no se veía otra cosa así», «Lunes negro». Titulares que, sin faltar a la verdad, hacen énfasis en la superficie y no en el fondo. Como es habitual, hay que buscar un poco (lo cual supone un esfuerzo activo más allá de escuchar los titulares) para encontrar análisis más ponderados que, a su vez, exigen un esfuerzo adicional (inalcanzable para la mayoría) para su comprensión. Y es que en la economía y en las finanzas, como en casi todo en la vida, las cosas no son simples.
Una de las reflexiones que más me gustó ayer fue ésta de El Confidencial:

Estamos ante un acelerado y, aparentemente, incontrolable proceso de ajuste del injustificado sobredimensionamiento de la economía financiera sobre la economía real. Una economía real que le sirvió, originariamente, de origen y justificación. Liquidación por derribo de un universo artificial que ahora purga sus excesos.

Siendo importante el castañazo de ayer, lo relevante del asunto es en realidad lo inflados que han estado los mercados financieros en los últimos años. Y sin embargo nadie se ha llevado las manos a la cabeza durante los últimos cinco años en los que el IBEX se ha más que duplicado (incluyendo la bajada de las últimas semanas). No es una subida lógica. Está alejada de los parámetros de la economía real. Pero oye, como ahí se ganaba pasta… pues todo el mundo chitón y a mirar para otro lado, a silbar mirando al techo mientras se llenaban los bolsillos (intermediarios incluidos). Y ahora todo el mundo haciéndose de cruces… hombre, pues qué esperábais, ¿seguir inflando permanentemente el globo?
Ocurre que los mercados financieros hace tiempo que funcionan «por libre». Los activos subyacentes tienen una importancia cada vez menor, y la evolución de los valores responde más a cuestiones psicológicas y a movimientos interesados por parte de los operadores que a realidades económicas. Pero, por mucha cuerda que demos al asunto, y por mucho que nos hagamos los despistados mientras vemos como esa incoherencia crece, llega un momento en el que la cosa no da más de sí.
Por lo tanto, la vinculación entre caídas en los mercados financieros y crisis en la economía real, sin ser inexistente, no es tan directa como se pudiera pensar. Igual al contrario: la exhuberancia en los mercados financieros no debe ser vinculada unívocamente a la exhuberancia de la economía real.
Y, sobre todo, miremos las cosas con perspectiva.

Hablemos de twitter

Ah, twitter, twitter… quién me lo iba a decir a mí… con la chorrada tan grande que me pareció cuando salió, y ahora no sólo soy un adicto sino que encima me permito el lujo de hablar sobre el tema como si fuera un experto… cómo cambian los tiempos, Venancio, ¡qué te parece!
El caso es que esta tarde he repetido intervención en Enredados (ya participé allá por octubre). Esta vez en el papel, más grato, de «tertuliano». El que ha introducido el tema esta vez ha sido… ¿Juan Larzábal? ¿Javier Barrera? (algún día deberíamos hablar de quién eres en realidad, y quién es «el otro»…) con un post en su Periodismo al Pil Pil, y hemos sido Antonio Ortiz y yo los que hemos estado hablando un buen ratito (¡y se ha hecho corto!) sobre twitter, el microblogging y demás historias.
Ahí queda el audio:


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Los gastos de la fotografía

Me lo decía uno de mis fotógrafos de cabecera: que el mundo de la fotografía era un pozo sin fondo para el bolsillo. Que siempre estabas con objetivos, cuerpos, filtros, discos duros, mejores ordenadores para procesar fotos… yo, desde mi perspectiva de usuario de una compacta, me decía para mis adentros: «bah, para tanto no será».
El caso es que los Reyes me trajeron mi primera réflex digital. Y empiezas a bucear en este mundillo, a través de foros, blogs y demás. Y empiezan los cantos de sirena. Un trípode, claro, «para velocidades de obturación bajas». Ojo, no vayas a comprar uno «de plasticucho», que esos se mueven que da gusto. Los Manfrotto son buenos. Filtros, claro. «Para proteger el objetivo» unos UV, y un polarizador también te hará falta. Ojo, no vayas a comprar los baratuchos, que distorsionan. Los Hoya o los BW, por favor.
¿Y tus objetivos? Los que traen el kit no están mal, pero… son tan poco luminosos… con uno más luminoso podrías jugar con el desenfoque mucho mejor. Además, ni tienes un gran angular en condiciones, ni tampoco un teleobjetivo de mucho calado. Ah, y no son macro, con lo que te gusta a tí el macro. Eh, ojo, que hay objetivos marca Sigma, pero si quieres calidad… vas a tener que irte a los buenos, que menuda nitidez, y lo rápido que hacen el autofoco, y no viñetean ni tienen aberraciones cromáticas… y ya se sabe que la calidad depende mucho de la óptica.
Y vas viendo precios: que si un objetivo no sé cuántos cientos de euros, que si unos filtros decenas de euros, que si el Manfrotto otro talegazo (¡y eso que la rótula hay que comprarla aparte del trípode!). Se pone uno a mirar y, sin tener ni puñetera idea, se ve con un «wishlist» de miles de euros. Y si encima uno es dado a la compra compulsiva (yo lo soy, me ha pasado antes) y con cierta tendencia a dejarse comer el tarro (con las cosas esas de «no compres el malo, compra el bueno, que comprar barato es tirar el dinero»)… pues te encuentras en un mundo francamente peligroso!
Y aquí estoy yo, el que decía que no tenía ansias por una réflex y que con su compacta todavía tenía mucho camino por recorrer…
De momento ha caído una primera compra. Un trípode «gama media» (vamos, que no es un manfrotto y tampoco un hama), y unos filtros UV y polarizador para mis dos objetivos. Bueno, el «susto» no ha sido excesivo. Tengo en mente las siguientes compras, pero creo que me voy a forzar a no hacerlas: un tele más potente, un gran angular en condiciones y una focal fija luminosa y con macro. Aunque quizás antes debería aprender a sacar fotos…