Dale otra pensada, el feedback y el mastermind

Mastermind

¡Que levante la mano el que nunca se ha visto en esta situación! Preparas un trabajo; un informe, una presentación, un artículo… y se lo presentas a tu gerente o tu socio. Le echa un vistazo (posiblemente después de haberlo tenido varios días en su mesa), arruga el morro y te lo devuelve con un «no, no lo veo; dale una pensada» («dale una pensada» puede ser sustituído por «dale otra vuelta», «mira a ver si le das otro enfoque», etc.). Y ya está. Te vuelves a tu sitio y piensas… «vale, ¿y ahora qué?»
Porque partimos de la base de que nuestro primer tiro lo hemos hecho con la mejor de las voluntades, poniendo todo de nuestra parte hasta conseguir algo que consideramos adecuado. Si la respuesta es simplemente un «no, dale otra vuelta»… es como si no nos dijeran nada. No tenemos pistas sobre qué es lo que está mal, qué sobra, qué falta, qué enfoque sería el más adecuado. En realidad, es peor que si no nos dijeran nada, porque encima vemos como lo que hemos hecho con nuestro mejor esfuerzo no vale, y nos encontramos sin referencias para volver a hacerlo. Llegamos a una situación en la que no podemos aplicar ningún recurso lógico a mejorar nuestro trabajo, lo que nos lleva a probar cosas al azar a ver si hay suerte.
Esta situación me recuerda al clásico juego del Mastermind. Ése en el que uno de los jugadores hace una combinación (de colores, de números, de letras…) secreta, y el otro tiene que acertarla a base de proponer combinaciones. La gracia del juego es que cuando se propone una combinación, hay un feedback constructivo por parte de la otra persona: has acertado con una en su posición correcta, con dos descolocadas, y con otras dos no has acertado. De esta forma, la siguiente propuesta tiene algunas guías para intentar acercarse a la solución correcta y, tras unas cuantas iteraciones y aplicando la lógica, es posible llegar a «adivinar» la combinación secreta.
La situación de «dale otra pensada» equivaldría a que, cuando el jugador propone una combinación, el otro le dijese simplemente «no, no es ésa». Así, la siguiente combinación sería otra propuesta casi al azar, cambiando cosas por si suena la flauta. Si no hay respuestas más allá del «no, no es ésa», acertar la combinación secreta se convierte en una mera cuestión de casualidad, además de perder en el camino infinidad de tiempo en intentos baldíos.
Un buen feedback es necesario para ayudar a quien trabaja «a ciegas» a conseguir el resultado que se espera de él. Afortunadamente, yo he tenido la suerte de haber trabajado con algunos jefes especialmente espectaculares en este sentido. No sólo te daban, de inicio, bastantes indicaciones de qué es lo que esperaban de tí. También, en cada iteración, dedicaban tiempo (y paciencia) a contarte qué cosas les parecían adecuadas, cuáles no, por dónde profundizar, por dónde matizar, qué recursos podías utilizar… Como resultado, el trabajo resultaba más eficiente (era capaz de llegar al resultado esperado en menos tiempo / iteraciones), en un proceso mucho menos frustrante, y yo podía aprender y consolidar mis criterios y por extensión, estar más afinado la siguiente vez. Lo único que se requería era una cierta dedicación por parte del jefe, dedicación que revertía con creces en términos de eficiencia posterior y de satisfacción personal.
Así que, jefes del mundo… borrad el «dale una pensada» o el «dale otra vuelta» de vuestros vocabularios. Cambiadlo por una crítica constructiva, por indicaciones lo más claras posibles que ayuden a visualizar lo que vosotros tenéis en mente. De verdad que no es una pérdida de tiempo, sino una inversión con un retorno muy notable.

VDCTV007 – El downshifting de Alvy

Bueno, pues aquí una nueva entrega del videoblog de Vida de un Consultor. En esta ocasión, el protagonista es una persona muy reconocida en este mundillo de los blogs. Se trata de Álvaro Ibañez, más conocido como Alvy, uno de los autores de Microsiervos que es probablemente el blog más relevante del mundo en castellano. Sin embargo, en esta ocasión no era Microsiervos ni el blogging ni los geeks (temas que suelen ser habituales en otras intervenciones públicas de las que tienen con frecuencia) los que quería comentar con él, sino otro aspecto de su vida que, sin ser nada secreto, suele pasar bastante desapercibido.
Y es que Alvy tiene una carrera profesional más que interesante. Después de haber vivido una época en el mundo corporativo formando parte de algunos de los proyectos más relevantes de la época puntocom, decidió tomar «la pastilla roja» y renfocar su trayectoria por otros derroteros más alejados de las servidumbres del mundo corporativo, dando prioridad a otros aspectos en su desarrollo profesional y personal y formando junto con Nacho Palou la empresa Internality, de la que hacían una declaración de intenciones bastante clarificadora:

En Internality tenemos los horarios que queremos. Somos nuestros propios jefes, decidimos cómo y cuándo hacer cada trabajo… en definitiva, hacemos lo que nos apetece, nos pasamos el día buceando en Internet, aprendiendo y nos divertimos trabajando. Tanto que hemos recuperado esa extraña sensación de poder decir «qué bien, ¡por fin es lunes!» e incluso la de querer llegar más temprano a la oficina para ponernos a trabajar cuanto antes. Lo cual yo diría que es algo muy bueno y por lo que nos consideramos muy afortunados.

Quienes seguís mi trayectoria en los últimos meses entenderéis el por qué un planteamiento de este estilo llamaba mi atención. Mi idea era charlar con Alvy sobre qué fue lo que les llevó por estos derroteros, qué esperaban encontrar y de qué querían huir, cómo fue el proceso… y también qué valoración hacen, con el paso del tiempo, de su apuesta: si era oro todo lo que relucía, si echan de menos cosas del mundo más corporativo…
Y ése es el contenido de la charla que he intentado extractar en el video. Soy consciente de que ni el sonido ni la iluminación son perfectos (desde aquí gracias especialmente a los jardineros que podaban el seto a base de sierra mecánica), pero creo que son suficientes como para permitir centrarse en el fondo de la conversación. Desde aquí, nada más que agradecer a Alvy su tiempo y su disposición para hablar de todo esto.

La importancia de lo local

Ya sabemos aquello del «Think global, act local»; piensa en global, actúa en local. Porque al final, por mucha gran visión que se pueda tener, es en nuestro entorno más inmediato donde lo que nosotros hacemos tiene un impacto más real.
Soy socio de Cruz Roja desde hace unos años. Cada cierto tiempo me venían mandando la revista para socios, en la que cuentan los proyectos en los que se involucran. Pero claro, de una forma muy global: la misma revista para todos sólo puede dar para hacer un repaso muy genérico a todas las actividades. Lo cual lo aleja del entorno cercano, y como que difumina un tanto el impacto.
Hoy me ha llegado una carta de Cruz Roja. Enviada por el comité local de Aranda de Duero. Donde en una hojita hacen un repaso de los proyectos locales. Qué se hace, cuántos beneficiarios, cuántos voluntarios… y esta pequeña hoja me ha ayudado mucho más a visualizar el trabajo real, a pensar que cuando hablan de beneficiarios se refieren a los abuelitos que veo en el centro de mayores, a que cuando hablan de trabajo con inmigrantes se refieren a esas personas con las que me he cruzado al ir al super, que cuando hablan de ambulancias se refieren a la que ayer pasó por delante de casa.
Esa comunicación, más local, es necesaria.
PD.- En su momento me asocié a Cruz Roja porque me parece una organización muy sólida y que además tiene, para mí, un equilibrio muy bueno entre las necesidades del «tercer mundo» y las necesidades más próximas. Muchas veces (y muchas ONG’s hacen el énfasis en ello) nos centramos en ayudar a los que están lejos (que sin duda lo necesitán también, faltaría más) pero ignoramos la realidad de la gente que vive al lado de nosotros… y también lo necesitan.

UPyD … ¿y por qué no?

Hoy en el Beers&Blogs ha estado Rosa Díez. Curioso, por cierto, que su presencia me haya generado infinitamente menos rechazo (vamos, nulo en realidad) que el que me generó la visita de Miguel Sebastián hace unos meses (y Rosa Díez no deja de ser una periodista política en campaña… aunque con menos gorilas y menos cohorte de periodistas). No sé, será que he asumido la normalidad de estas situaciones. O que Rosa Díez tiene su blog «de verdad» (y no uno de pinypon como el del candidato Sebastián). O que Rosa Díez me parece de largo mucho más honesta y menos dada a meramente «salir en la foto» (sensación que me ha confirmado en el rato que ha estado por allí). O pura incoherencia por mi parte, qué le vamos a hacer. Pero bueno, éste no es el tema, si no su partido, Unión, Progreso y Democracia (UPyD)
Se acercan las elecciones… y mi voto por decidir. Yo soy uno de ésos que, teniendo unas ciertas nociones políticas, no se casan con nadie a priori: PP o PSOE, he votado a los dos en el pasado. Y para ser honestos… no tengo ganas de votar a ninguno de ellos en esta ocasión. A unos porque me han dejado la amarga sensación de que no merecían la confianza que les dí, y a los otros porque no han hecho nada por recuperar la confianza que dejé de tener en ellos.
La abstención no es una opción. Y no por aquello de «si no votas, luego no te quejes» (que me parece un argumento ridículo), sino porque ya ha quedado demostrado que la abstención (a pesar de alcanzar unas cifras escandalosas, y cada vez peores) es algo que los políticos ni sienten ni padecen: aunque vote el 10% del electorado y el 90% se quede en casa, con ese 10% se hace el reparto de poder y a llenar el parlamento como si tal cosa, sin cuestionarse qué legitimidad pueden tener con esas cifras.
Creo firmemente que en España hace falta un tercer gran partido nacional. Un partido equilibrado ideológicamente, que rompa el binomio formado por unos PP y PSOE empeñados cada día más en convertir la política en una lucha «contra el otro» en vez de una pelea «a favor del ciudadano». Un partido con una cierta representatividad que haga el papel de árbitro en la lucha de poder y se lo quite a partidos de corte nacionalista que no se preocupan en absoluto del bien de todos los españoles, sino única y exclusivamente del de su región, y que sesgan de forma desproporcionada la acción de unos Gobiernos que se ven obligados, pactos mediante, a gobernar más a favor de unos españoles que de los demás.
Es evidente que la consolidación de una opción de estas características es difícil. Es una cuestión de historia (los grandes partidos tienen una masa de votantes ya hecha, un nuevo partido nace de cero), de recursos económicos (los partidos grandes parten con mucho dinero y una gran infraestructura para promocionarse, los pequeños no), de apoyo mediático (los medios apoyan a los partidos con posibilidad de gobernar: son los que luego les dan las noticias, y el dinero a través de innumerables campañas institucionales) y de una ley electoral que castiga a quien obtiene «muchos poquitos» frente a quien obtiene «pocos muchos» (ganar un diputado para un partido de corte nacional requiere muchos más votos porque quedan repartidos entre todas las provincias resultando insuficientes para ganar el diputado en esa provincia, aunque en conjunto sean muchos más votos que los que, concentrados en una única provincia y por lo tanto dando acceso a la plaza, puede recibir un partido de corte nacionalista).
Visto así, podría pensarse que el voto para UPyD es un voto «inútil». Pero quizás, por encima de conseguir representación parlamentaria o no, lo que está en juego es transmitir un mensaje. Mensaje de que hace falta alguien que ocupe ese espacio político. De que sobra crispación y falta equilibrio. Quizás si se juntan unos cuantos miles de votos alguien empiece a pensar que otra política es no sólo posible, sino también demandada por parte de la sociedad. Quizás con esos miles de votos se consiga poner el foco de atención sobre este germen de alternativa, se atraigan más recursos, más personas… y se le dé aire a la iniciativa para que dentro de otros cuatro años tenga más cuerpo y esté más cerca de jugar un papel más importante.
Así que… ¿por qué no?
PD.- Obviamente, no llego a estas conclusiones porque Rosa Díez haya ido al B&B. La alternativa de un partido nacional «distinto» es algo que siempre he manejado como idea atractiva, y me interesé por UPyD hace ya unos meses (incluso valorando, pero muy superficialmente, una posible afiliación). No cabe duda de que es un partido todavía por hacer, con muchos posicionamientos ideológicos por definir, en el que surgirán inevitablemente vicios propios de este tipo de organizaciones (luchas por el poder, ambiciones, tejemanejes, etc.)… pero hoy por hoy es, al menos, una alternativa distinta. A este PP ya lo conozco, y no me gusta. Y a este PSOE también, y tampoco me gusta.

Cómo hacer el seguimiento de tus finanzas personales

Calculadora

Lo comentaba ayer: para poder hacer una gestión de las finanzas personales (en vez de simplemente «dejarse llevar» y «a ver qué pasa»), es necesario tener un control muy completo sobre nuestra situación y evolución. Cuánto tenemos, cuánto debemos, cuánto nos deben, cuánto ganamos, cuánto gastamos… sólo si tenemos claro esto podremos empezar a hacer análisis en condiciones y tomar decisiones que nos permitan mejorar nuestra situación presente y futura. ¿Y cómo hacer este seguimiento? Con datos.
Tras unos primeros años de vida laboral en los que no presté mucha atención a este asunto (básicamente entraba más dinero del que salía, así que no me preocupaba), en 2002 se sucedieron un conjunto de circunstancias (empezar a hacer cuentas en común con mi mujer, valoración y compra de un coche, valoración y compra de un piso) que me llevaron a seguir un cierto control, para lo cual empecé (como muchos) con una hoja de cálculo.
El problema de la hoja de cálculo (aparte de haberla ido construyendo «sobre la marcha» y por lo tanto sin método) es que en realidad consistía en un resumen mes a mes de mi situación. Es decir, no era capaz de hacer un seguimiento de detalle, lo cual a posteriori es un incordio sobre todo cuando quieres profundizar. Así que empecé a utilizar un software específico. En mi caso fue el MS Money, aunque ahora hay cada vez más alternativas.
MS Money es un programa muy potente, pero a la vez un tanto intimidador al principio: tiene muchas opciones, un funcionamiento «contable» que es interesante conocer a priori… en definitiva, con una curva de aprendizaje lenta, conviene cacharrear bastante con él antes de poder extraerle todo el jugo. Y por otro lado es bastante exigente después: se basa en un sistema de registro transacción a transacción. Es decir, en ir anotando y categorizando todos y cada uno de los moviemientos financieros que vayamos teniendo. Esto nos permitirá después alcanzar niveles de análisis fabulosos, pero nos exige rigor y constancia para mantenerlo correctamente actualizado…
La cuestión es que si superamos esas dos barreras (el aprendizaje inicial y la exigencia de actualización posterior), este tipo de software es una herramienta fantástica tanto para hacer el seguimiento de nuestras finanzas, analizarlas y ayudarnos a tomar decisiones. Ahí van algunos consejos para extraerle el máximo rendimiento a este tipo de programas:

  • Antes de empezar, emplea tiempo en familiarizarte con el sistema de cuentas, la estructura de categorías y el funcionamiento general del programa. Lee los tutoriales, crea algunas cuentas y transacciones de prueba… todo esto ayudará a que cuando empieces con tus cuentas «de verdad» todo sea más sencillo y menos frustrante.
  • Adapta a priori el sistema a tus necesidades: crea las cuentas que vayas a necesitar, renombra y reorganiza las categorías para que se adapten a tus transacciones, ten en cuenta las posibles necesidades de adaptación a tu país (este tipo de software suele venir muy centrado en el mundo anglosajón)… todo esto facilitará que luego los análisis tengan más sentido. Siempre podrás ir haciendo ajustes sobre la marcha, pero cuanto más sólido sea el esquema al principio, mejor.
  • Siempre que puedas, realiza tus transacciones de forma que quede constancia de ellas: tarjetas de débito y crédito, banca electrónica… dejan un rastro que te facilitará luego el volcar las transacciones al sistema. Ya que lamentablemente no contamos con muchas entidades que permitan alimentar directamente al programa mediante conexión directa, al menos podremos introducir manualmente los extractos.
  • Actualiza con cierta frecuencia. La frecuencia es necesaria para llevar un control real sobre tus finanzas; de poco vale darte cuenta de algo al cabo de los meses, si requería una actuación más ágil. Si no lo haces con frecuencia, tendrás un bonito repositorio de información, pero de utilidad limitada.
  • Sé disciplinado en la actualización. Se trata de un trabajo esencialmente manual (aunque puedes automatizarlo en cierta medida a partir de la información que te dé tu banca electrónica) y da una cierta pereza; pero si lo dejas, el trabajo se acumula con lo cual la pereza es mayor y acabarás dejándolo.
  • Procura introducir inmediatamente (si es posible al día, mejor) las operaciones que hagas en metálico. Porque si lo dejas, acabas olvidando el detalle de las mismas, y al final simplemente acabas sabiendo que sacaste 40 euros y no sabes en qué te los has gastado. Y al final es mucho dinero sin controlar; haz las cuentas y lo verás.
  • Añade el máximo nivel de información a las transacciones. Asigna categorías con la mayor precisión posible, ya que eso te permitirá hacer un análisis mucho más granular a posteriori, e introduce notas de texto que ayuden a identificar la transacción; lo que hoy está fresco en tu memoria, dentro de dos años no recordarás de qué se trata.
  • Refleja las transacciones de la forma más fiel posible: desglosa la nómina para reflejar retenciones y contribuciones, desglosa las facturas con IVA si luego te lo puedes deducir, etc… de esta forma, los análisis posteriores serán más reales
  • Cada vez que detectes una operación recurrente (aunque no sea exacta), incorpórala a la lista de operaciones recurrentes. Te ayudará a planificar mejor, y a simplificar en parte el sistema de introducción de datos; éstas se introducen solas.
  • A la hora de planificar, procura disponer de una visión retrospectiva amplia para identificar elementos que por su estacionalidad puedan no estar presentes en el día a día. Y hacer una distinción clara entre operaciones corrientes y operaciones extraordinarias, que pueden distorsionar los análisis.

En fin, este tipo de herramientas es muy potente pero exige dedicación. Eso sí, una vez que se empieza a manejar con soltura nos permite hacer de todo. Personalmente he caido en la mayoría de los errores, pero poco a poco he ido mejorando en su uso; ¡y todavía me queda por extraerle todo el jugo!
Foto | Afroswede

Los invitados a los latenights

(Esta es la típica entrada que escribiría en ¡VayaTele! – Pero como lo he dejado… qué le vamos a hacer, de vez en cuando me siguen surgiendo temas para escribir, pero a un ritmo insuficiente como para permanecer vinculado a una actividad de grupo).
El caso es que estaba leyendo el blog de Buenafuente. Un blog, por cierto, interesante en el contenido pero desastroso en su concepción: no ya por el tema de los comentarios (que puedo llegar a entender, aunque siempre he pensado que la interactividad es una gran parte de la miga de todo esto), sino por cosas como la ausencia de una estructura de enlaces permanentes, o la existencia de archivos «por año». Lo cual convierte en tarea imposible referenciar un contenido concreto, o localizarlo (a no ser que te quieras recorrer todos los posts de 2007… por si lo encuentras).
En fin, a lo que iba. Me refiero a un post llamado «Lección de veteranos» que escribía el pasado 25 de enero. En él habla sobre lo difícil que está el mundo del espectáculo, y de cómo eso repercute en su programa. Básicamente, que como la cosa está mal la industria cada vez invierte menos en promoción, y eso implica que muchos músicos, actores, escritores… dejan de «hacer la ronda» de programas televisivos o lo hacen cada vez con menor entusiasmo. Total, «salir en la tele» no se traduce automáticamente en más ventas, ni en más beneficios. Así que «ir pa’ na…»
«Porque somos lo que se dice un escaparate de dicho mundo, en clave de entretenimiento. Invitamos a los que hacen cosas de calidad y quieren contarlas, adaptándose al tono del programa. Cada vez cuesta más, podemos asegurarlo. […] A pesar del desencanto y la desorientación del sector, seguiremos apostando por los buenos contenidos y los buenos invitados. Los que quieran venir. Los que no quieran venir, ya no son buenos invitados. […] No buscamos una gran audiencia. Buscamos una BUENA audiencia. Gente con sensibilidad y sentido común. Ahí estamos y ahí seguiremos.»
Pues personalmente creo que hay algo que falla en este razonamiento. Y es que, por encima de todo, Buenafuente y demás programas televisivos son parte de esa misma industria «desorientada». Porque lo cierto es que contenidos buenos los hay, diría que cada vez más, gracias a la democratización en el acceso a los medios de producción artística. Ya no hace falta que la industria te conceda el honor de grabar un disco y distribuírtelo: puedes hacerlo tu mismo. No pierde la música, o la cultura: pierde la industria. Hay más cantidad y variedad de arte, de música, de literatura. El problema es que está más disgregado porque la industria está perdiendo la capacidad de dirigir al rebaño hacia quien ellos quieren.
Y el problema de Buenafuente no es que haya «poco» donde elegir. Es que lo que ellos siempre han querido es ayudar a promocionar a aquéllos que venían de la manita de la industria. Porque eso significaba interés del público, audiencia, ingresos por publicidad. Era un binomio perfecto, los unos se promocionan (contribuyendo a la concentración del interés del público en unos pocos) y los otros atraen a la audiencia. Como la industria va perdiendo poder, el interés del público se va disgregando (que no desapareciendo). Cada vez hay menos «estrellas» que generen movimientos de masas, porque cada vez hay menos dinero para fabricarlas. Y como consecuencia, cada vez hay menos personajes cuya presencia en televisión arrastre audicencias.
El problema, Buenafuente, no es que no haya contenidos interesantes. El problema es que el rebaño ya no responde a los estímulos de antes, la industria ya no consigue movilizar a las audiencias como antes. Y eso era, en realidad, lo que queríais. Gente que «haga cosas de calidad y quiera contarlas» me atrevería a decir que cada vez hay más. Gente que con su mera presencia (y no con el interés intrínseco de lo que hace) sea capaz de atraer la atención de cientos de miles de personas, cada vez menos.
Entiendo que la progresiva desaparición del «star system» es una putada para la industria, incluyendo a las cadenas de televisión y a los programas como Buenafuente, buena parte de cuyos contenidos (y de su capacidad para atraer a la audiencia) consisten en traer «artistas en promoción». Pero no lo disfracemos de «cada vez hay menos cosas interesantes que contar», que cosas que contar hay muchas y muy variadas. Eso sí, con menos audiencia de por medio. Ergo con menos dinero.

Destino: la independencia financiera

El concepto de independencia financiera lo utiliza Robert Kiyosaky en su Padre Rico, Padre Pobre, un libro que resulta interesante leer en la medida en que permite reflexionar sobre nuestra forma de comportarnos respecto al dinero. Llama independencia financiera al estado en el que nuestros ingresos pasivos (es decir, los obtenidos sin una intervención intensiva por nuestra parte; rendimiento de inversiones, beneficios de negocios, etc.) superan a nuestros gastos corrientes. Si lográsemos alcanzar ese estado, nos encontraríamos en una situación en la que se podría (si queremos) vivir sin tener que trabajar. Lo cual, teniendo en cuenta las servidumbres habituales del trabajo, no suena mal…
Con una ecuación tan sencilla, parece claro alcanzar la independencia financiera pasa por dos caminos: reducir nuestros gastos e incrementar nuestros ingresos pasivos. Sencillo, ¿verdad? 😛
El caso es que sí, lo sé, eso de la «independencia financiera» suena a palabrería barata, a utopía inalcanzable para la mayoría de nosotros. Y sin embargo… creo que no es nada mala como declaración de intenciones. Probablemente sea algo difícil de alcanzar en términos absolutos, pero lo que está claro es que cuanto más nos acerquemos a ella, mejor será nuestra situación financiera.
(De hecho, ahora que lo leo, se me asemeja mucho al concepto del «móvil perpetuo«: el artilugio mecánico que genera por sí mismo la suficiente energía como para funcionar sin necesidad de ningún aporte adicional. Posiblemente sea un concepto utópico, pero cualquier actuación orientada a conseguirlo, aunque no llegue a hacerlo, redundará en una mejora de la eficiencia energética… pues eso)

Finanzas personales y economía doméstica

De un tiempo a esta parte (quizás desde que los ingresos dejaron de fluir «como por arte de magia») vengo siendo más consciente de mis finanzas personales (y, por extensión, de las de la unidad familiar). Creo que es algo relevante sobre lo que merece la pena pararse a pensar de vez en cuando, y no simplemente dejarse llevar; al fin y al cabo, las decisiones económico-financieras tienen un impacto muy real en nuestro día a día.
Poca gente se para a realizar unos estados financieros en su ámbito personal: cuenta de resultados, balance de situación. Conceptos que suenan a «rollo de empresas», pero que en realidad no vienen si no a responder a preguntas tan básicas como ¿Cuánto gano? ¿Cuánto gasto? ¿Cuánto ahorro? ¿Cuánto tengo? ¿Cuánto debo?
Y sobre la base de estas preguntas, viene lo más relevante: el análisis que nos permite modificar las cosas. ¿Podría ganar más? ¿Podría gastar menos? ¿Tendré suficiente en el futuro? ¿Qué tengo que hacer de forma diferentente para cambiar las cosas?
Como ya digo que últimamente es un tema recurrente en mis pensamientos, creo que voy a abrir una categoría en el blog para ir recopilando las reflexiones al respecto.