Sobre posts patrocinados y la contaminación del contenido

De nuevo una entrada en el blog de Enrique Dans, esta vez sobre posts patrocinados, ha «despertado a la bestia». He dejado un par de comentarios allí, pero quería resumir aquí lo esencial de mi pensamiento al respecto. Mi opinión sobre posts patrocinados es algo que ya he dado en el pasado (en resumen: muy pobre), pero han surgido voces que achacan una posición así a una especie de remilgos propios de estrellonas. Vamos, que a los A-list bloggers ya les regalan un montón de cosas, y ganan mucho dinero con la publicidad, y que no se dan cuenta de que «los bloggers de a pié» están deseando también pillar algo (dinero, regalos). Que los «bloggers de a pié» (los de la larga cola) «no tienen dilemas morales o tabús, porque para ellos esto es un medio para expresarse, no es un fin por si mismo.. » y que por eso (interpreto yo) deben estar deseando abrir sus blogs a los intereses de las marcas. Y que las críticas de los A-list bloggers solo se entienden desde su posición de privilegiados o, incluso peor, desde oscuros intereses por evitar que la plebe les robe esos privilegios.
Pues bien, partiendo del axioma «cada uno en su blog hace lo que quiere», éste blogger de a pié que suscribe declara:

  • Que el contenido de este blog está marcado por mis experiencias, impresiones, vivencias y opiniones cotidianas, y no por ningún tipo de interés comercial.
  • Que el objetivo de este blog no ha sido nunca obtener dinero ni regalos. Si, como consecuencia colateral al desarrollo del blog, llegan el dinero y los regalos, bienvenidos sean. Pero nunca a costa de pervertir la agenda del blog, tal y como está expresada en el punto anterior.
  • Que los dos puntos anteriores no se sustentan en ningún tipo de «posicionamiento moral», sino en el profundo convencimiento de que forman parte de las más esenciales normas de respeto por quienes tienen a bien leerte.
  • Que, respetando que cada uno en su blog puede hacer lo que quiera, y sin pretender imponer los puntos anteriores a nadie (faltaría más), mis gustos como lector están muy en línea con lo anteriormente expresado: me gusta leer opiniones «de verdad», derivadas de la experiencia, sin sesgos comerciales (implícitos o explícitos), y tiendo a rehuir aquellos blogs que no responden a este perfil.
  • Que, como «público objetivo», mi percepción de las marcas que recurren a este tipo de prácticas para generar ruido es negativa: tienen que pagar para conseguir que se hable de ellas porque por sí mismas no conseguirían esas menciones. Quizás incrementen su visibilidad, pero (al menos para mí), están asociando valores negativos a dicha visibilidad.

En definitiva, que no. Que no es verdad que este blogger de a pié (ni creo que infinidad de otros) esté deseando alterar el contenido de su blog por cuatro perrillas o tres cacahuetes. Ni por muchas perrillas y muchos cacahuetes. Que estoy seguro de que no merece la pena, que este blog vale mucho más como canal de expresión e interación honesto y confiable (en cuyo contenido no hay «agenda oculta») que como mercado persa al servicio de intereses ajenos.

¿Qué hacer con un twitter de empresa?

Microblogging y empresa. Difícil cuestión. Si ya cuesta encontrar un encaje para «blogs y empresas», hacerlo para «microblogs y empresas» se me hace bastante complicado.
Siempre he creído que la esencia de los blogs son las personas. Comunicación entre individuos. En ese contexto, siempre se me ha hecho difícil concebir aquéllo de «la empresa que bloguea». No, la empresa no bloguea, bloguean las personas. Sobre eso, sí es posible articular formas para que las empresas aprovechen tangencialmente los blogs: empleados y directivos que a través del blog transmiten los valores de la empresa, blogs temáticos que refuercen una marca, etc. Pero siempre van primero las personas y luego la empresa. La empresa, como tal, no bloguea igual que no piensa, no siente ni padece. De hecho, cuando es la empresa la que bloguea, siempre acaba recordándome a una serie de notas de prensa: el mismo perro con distinto collar, en el que el blog supone simplemente un sistema de gestión de contenidos, pero que carece de ningún matiz «emocional/social» que es, para mí, lo que realmente diferencia la tendencia del blogging.
Y con el microblogging, más aún. Todavía no he visto ninguna iniciativa de «microblogging corporativo» que me convenza. Detrás de cada twitter hay, tiene que haber, una persona. Y prefiero seguir a esa persona (si me interesa lo que tenga que decir) que a su «máscara corporativa».
En estas llega Actibva, y la «necesidad» de crear un twitter de Actibva. Bueno, pues creado está. Ahora… ¿cómo se le puede sacar partido? Una cosa que tengo muy clara es que no debería ser usado para hacer spam. Muchas iniciativas «empresariales» sobre twitter se dedican a agregar a decenas de personas. Creo que, la mayoría, en la ignorancia de pensar que, agregándolas, automáticamente convierten al «agregado» en follower (cuando una de las deliciosas virtudes de twitter es, precisamente, su asimetría: yo te sigo a tí, pero no es condición ni necesaria ni suficiente para que tú me sigas a mí). Otros, con la esperanza de conseguir, vía notificación, un mínimo de visibilidad. Ninguno de los dos me resulta apropiado y, en lo que de mí dependa, no va a usarse así.
Tampoco me gustan quienes utilizan el twitter como un «agregador de actividad», dedicándose a lanzar mensajes cada vez que escriben un post, sacan una foto o similar. No, no. Si quiero seguir tus posts o tus fotos, o tus videos, o lo que sea… ya iré a la fuente original (tu blog, tu flickr, tu youtube) y, si me apetece, me suscribiré a esos contenidos. No me gusta que inunden el twitter a base de eso.
Así que en esas ando. ¿Qué uso interesante, y a la vez respetuoso, le podemos dar al twitter de Actibva? De momento, el uso va a ser bastante moderado. Avisos breves sobre el funcionamiento de la web, alguna referencia importante, y poco más. Pero quizás más adelante se nos ocurran nuevas funcionalidades. De momento, ahí estamos, con ganas de experimentar cosas.

Las agresiones de los vigilantes

El tema lleva en el candelero unos días. Unos vigilantes de seguridad en el Metro de Madrid rodean y agreden a un usuario, y lo graban con el móvil. Me produce una repugnancia inmensa ver esas imágenes (quien no las haya visto, en youtube las encuentra).
No es nada nuevo. Son los mismos tipos que en el colegio abusan de un compañero o amenazan a un profesor, que en casa maltratan a su mujer, que le arrean unos guantazos de impresión a sus hijos, que en el fútbol dan una paliza al del equipo contrario, que se ríen de un deficiente disminuido, que hacen el gilipollas con el coche poniendo el riesgo a los demás. La tecnología únicamente nos permite poner en imágenes algo que siempre ha pasado. Para este tipo de gentuza, lo de grabar en el móvil es una forma de llevarse su «trofeo de guerra». Por supuesto que no les avergüenza. ¿Cómo les va a avergonzar, si se sienten orgullosos de lo que hacen?
Siempre abusando de alguien más débil, siempre buscando una posición de fuerza (atacar en grupo, meterse con quien no puede defenderse, abuso de autoridad, etc.). En este caso, lo más inquietante es pensar que a unos tipejos así alguien les ha dado un uniforme y les ha dicho «eh, venga, a vigilar que vosotros sois los buenos». Da pánico pensar que te puedas cruzar con alguien así. ¿Qué filtros de selección han pasado esa gente?
Y no, que nadie me venga con el rollo de que «el trabajo de vigilante es muy duro, se tienen que enfrentar a cosas muy desagradables, tienen que ser un poco destripaterrones». Eso no es una excusa. Lo que muestran estas imágenes no es a un aguerrido vigilante usando la fuerza en un enfrentamiento con una banda callejera. Es un grupo de vigilantes contra un individuo, posiblemente embriagado, al que atizan mientras está indefenso, que sueltan risotadas mientras lo graban en video. Habría que ver a estos valientes cuando aparecen los Ñetas o los Latin Kings.
No es una cuestión de valentía, de inteligencia, de fuerza o de dureza. Es una cuestión de valores. Y esos, o se tienen (porque te los han inculcado desde pequeño) o no se tienen. Quizás el problema sea que no hay tanta gente que reuna todos los requisitos como para cubrir todas las necesidades, y entonces se hace la vista gorda si faltan algunos. Y total, los valores… ¿de qué sirven?

Bloggers, notas de prensa y demás historias

Los blogs son un objetivo muy apetecido por las empresas de publicidad: «he oído que se puede hacer publicidad gratis en los blogs». Claro, un blog habla de tu producto… y obtienes una cierta repercusión (mucha o poca, depende del blog, pero existe; y además se supone que mucho más efectiva al ser alguien «de confianza» quien da su opinión). Mientras tanto, poner un anuncio en la tele o una cuña en la radio cuesta una pasta, cada vez tiene menos repercusión (los medios tradicionales pierden peso, los mensajes indiscriminados ceden espacio en la mente del consumidor a los mensajes filtrados por el «círculo de confianza»). Así que normal que estén como locos por meterse en el mundo de los blogs.
Pero claro, las empresas entran como elefante en cacharrería. Se piensan que esto de los blogs no son más que una extensión de los medios tradicionales, con su «toma y daca» en materia de publicación de noticias. Y emplean las mismas tácticas que con ellos: os enviamos nota de prensa, os invitamos a rueda de prensa… y ya publicáis algo. Pero donde antes había 5 periódicos, 5 radios y 5 teles (susceptibles de ser manejados razonablemente bien por un departamento de comunicación), ahora hay cientos, miles de «micromedios». Y un departamento de comunicación no va a atender a cada uno de ellos personalizadamente. Así que venga, recopilemos direcciones de email… y hagamos spam, a ver si alguien nos publica algo.
Viene esto a cuento de un artículo que escribe Antonio Delgado en Soitu, titulado «Querido blogger: ¿Tanto te molestan mis notas de prensa?«, con cuatro visiones muy razonables sobre la cuestión (aunque alguno en concreto debería aplicarse su propia teoría, porque es un spammer redomado; a mí me llegan notas de prensa firmadas por él cada poco tiempo, con temas absolutamente irrelevantes y absurdos; se van a la carpeta de spam, pero me fastidia que se las dé de experto).
Pues éste es mi mensaje para las agencias:
A ver, señores. Que mi blog es un espacio PERSONAL. Que entiendo que a ustedes les pueda interesar que yo hable gratis de sus productos para que los que me leen (muchos o pocos da igual; siendo gratis, todo suma) reciban un impacto publicitario sin que les cueste un duro. Incluso entiendo que crean que, por la temática habitual de mi blog, los lectores puedan estar segmentados y ser un perfil atractivo. Pero ése (publicidad gratuita) es el interés de USTEDES. A mí no me interesan lo más mínimo sus productos. No quiero hablar de ellos bajo ningún concepto. Yo hablo de mi día a día. Y si menciono algún producto o servicio en mi blog, es porque es algo que he usado en mi vida real, o que me ha llamado la atención en mi vida cotidiana. Pero NUNCA por el esfuerzo (o la brasa) de una agencia de comunicación. Si quieren publicidad, hay unos bonitos espacios publicitarios que les puedo dejar a muy buen precio. Pero no voy a contarle a la gente que confía en mí las bondades de sus clientes por su cara bonita. No tengo que rellenar x páginas o x minutos al día (y por lo tanto, meter contenidos «de relleno»), ni tengo ninguna estructura de costes para mantener mi blog (ni el contenido, ni el soporte). En definitiva, no hay ni un solo motivo para que hable de ustedes, de sus clientes y de sus productos y servicios.
Entiendo a las agencias. Les pagan para promocionar sus productos. Cuanta más repercusión, al menor coste, mejor. Pero deberían olvidarse de los blogs, los blogs no son el camino. Me atrevería a decir que ni siquiera los comerciales (donde puede tener algo más de sentido el envío de noticias relacionadas con su temática; pero aun así, lo habitual es que haya un equipo de editores que decida cómo tratar los temas en función de su interés y se ignoren las notas de prensa indiscriminadas), y desde luego ni de coña los personales.
Que no somos medios de comunicación, que sólo somos pelotudos con blog. ¿O es que a alguien se le ocurriría ponerse en medio de la plaza abordando a cuanto viandante la cruza para decirle «eh, ¿por qué no vas y les cuentas a tus amigos y conocidos lo maravilloso que es el producto de mi cliente? No importa que no lo conozcas, simplemente repitele este argumentario que te doy. Hazlo por mí…». Pues esto es exactamente lo mismo.
La única forma de que en un blog personal se hable de un producto, servicio o empresa es involucrándose mucho en el día a día del blogger en particular. Conociéndole, interactuando con él. Al final, si surge una sintonía, es posible que en algún momento te mencione. Pero no como «publicidad» de tu producto, sino casi como referencia a «mi amigo fulanito, que está embarcado en el proyecto X».
«Es que eso cuesta mucho tiempo y esfuerzo (y por lo tanto dinero)», dirán las agencias. Pues sí, ya imagino. Pero es lo que hay. Es la única forma de que funcione. El spam es muy barato y rápido, pero simplemente no funciona, e incluso genera un posicionamiento negativo. ¿Que es una situación difícil, una putada? Lo entiendo. Pero no es mi problema.
Ismael hace una lista de «no me envíes notas de prensa si…«, y que Eduardo amplía. Pues bien, a esa lista yo le quitaría el condicional. Simplemente, no me envíes notas de prensa. Ólvidate. Mis posts no son el vehículo para tu publicidad, ni pagada ni sin pagar. Punto pelota.

Twitter y otras herramientas de comunicación: enriqueciendo las relaciones personales

Estaba escribiendo un comentario en esta entrada de Enrique Dans, pero ha crecido hasta convertirse en entrada propia.
El caso es que un comentarista dice que «Resulta triste ver cómo en la era de las comunicaciones, la gente tiene cada vez menos amigos ‘corporales’ y más amigos ‘virtuales’.» Y me ha dado rabia. Porque parece que, con esta perspectiva, utilizar un canal de relación «virtual» (que no sé por qué lo llaman virtual, cuando es tan real como cualquier otro… ¿o es que el teléfono o a las cartas también son virtuales?) hace que las relaciones personales tengan menos valor. Que las únicas relaciones personales que valen la pena son las «físicas».
Y no creo que sea así en absoluto. Que no, que no hay diferencias, yo tengo amigos, o conocidos, o gente que siento afín. Y punto, no hay un «apellido». Con algunos de ellos interactúo más por unos canales (en persona, por teléfono), y con otros por otros. Pero no son más o menos amigos en función del canal, eso es ridículo.
El email, el blog, el messenger, el twitter, el flickr, el facebook y cualquier otra herramienta de este tipo son solo eso, herramientas. Herramientas que, en mi opinión, sirven para enriquecer y fortalecer las relaciones personales. Me permiten estar en contacto con personas con las que, por cuestiones de distancia o de agenda, no sería posible hacerlo de otra manera. Además, permiten hacerlo de una forma mucho más flexible, asíncrona y enriquecida.
Y en ningún caso sustituyen al contacto «físico». Pero si nos limitásemos al contacto «físico», nuestras relaciones sociales serían infinitamente más reducidas en cantidad y calidad. Sólo podríamos tener contacto con nuestro entorno más directo (la gente de nuestro barrio, nuestro pueblo…), salvo que tuviésemos disponibilidad para desplazarnos (tiempo y dinero). Sólo podríamos mantener el contacto cuando a la otra persona y a nosotros nos viniese bien hacerlo a la vez. Sería mucho más difícil conocer nuevas personas (sólo si nos las presentan «en vivo» alguna de las personas a las que conocemos). Sólo podríamos ver sus fotos cuando fuésemos a su casa a que nos enseñase los álbumes, o ver sus videos organizando una cena tras la cual nos apoltronamos en el sofá. Etc.
Por supuesto, todas esas cosas se pueden seguir haciendo, y de hecho se siguen haciendo. Pero ADEMÁS se pueden hacer muchas más que antes no se podía, dando como resultado muchas más relaciones, más intensas, más variadas, más interesantes.
Me pregunto si en el siglo XVII a los que gustaban de escribirse cartas con gente de otros países les mirarían mal por «tener amigos virtuales en vez de relacionarse como dios manda», o si a quien usaba el teléfono a mediados del siglo XX les abroncarían por «no tener amigos corpóreos». ¿Es tan difícil de ver que es exactamente lo mismo? Nuevos canales que nos permiten comunicarnos. Nada más.
De hecho, como ya he contado alguna vez, me encantaría poder utilizar estos canales con todos mis amigos. Siento que, sin poder utilizarlos, las relaciones son mucho menos ricas de lo que podrían ser.