Parto 2.0

Mano abierta

Ésta de aquí arriba es Nerea. Bueno, su manita. Nerea nació el pasado jueves, con un poco de susto (bien dicen que no hay dos embarazos ni dos partos iguales): lo que iba a ser una monitorización externa rutinaria (estábamos ya en semana 39) derivó en que «no se le escucha bien el ritmo del corazón, vamos a hacer una monitorización interna» que se convirtió en «vamos a estimular el parto ya mismo, que al bebé no le late el corazón como debiera» y, cuando volví media hora más tarde de buscar la maletita que teníamos preparada en casa, en «estamos preparando a tu mujer para llevarla al quirófano: la niña tiene una arritmia y mejor tenerla fuera para poder hacerle pruebas».
Fue un rato (afortunadamente corto: a las 10’30 llegamos al hospital para la cita que teníamos, a las 12:45 la niña estaba en mis brazos) de mucha inquietud: sentado en la sala de espera, por mucho pensamiento positivo que quieras tener, lo pasas mal; al fin y al cabo, una cesárea no deja de ser una operación, y las palabras «problema cardiaco» unidas a tu bebé ponen un nudo en el estómago al más pintado.
Pronto salieron a decirme que la cesárea había ido bien y a enseñarme a mi bebé, un instante fugaz antes de llevarla a la incubadora. A partir de ahí, otro rato largo de soledad: mi mujer en reanimación, mi niña en la incubadora, y yo sentado en la habitación, impotente, sin poder estar con ninguna de ellas. Más tranquilo sabiendo que la cesárea había salido bien, pero intranquilo pensando en los posibles problemas de la niña, y en la angustia que estaría pasando la madre. Una sensación extraña: mientras que con mi primer hijo, una vez lo pusieron en mis brazos, me sentí exultante… aquí había unos nubarrones que me impedían disfrutar del momento.
Afortunadamente, la cosa fue evolucionando bien: las primeras pruebas resultaron tranquilizadoras, ya el mismo jueves nos llevaban a la niña para que hiciese sus primeras tomas, y el viernes por la mañana la «desincubaron» y pudo estar en la habitación. A partir de ahí, más pruebas también positivas, la madre en recuperación constante hasta que ayer lunes nos dieron el alta. La arritmia de la niña se ha ido difuminando y, aunque le harán un seguimiento por si acaso, parece que todo quedó en un susto. La felicidad tardó un poco más en llegar, pero llegó igualmente.
En todo este proceso encontré en facebook y sobre todo en twitter dos importantes vías de escape. En condiciones normales no tenía ninguna intención de usar estos canales (en fin, pensaba yo, un padre tiene que estar a lo que tiene que estar y olvidarse de la maquinita) más que para anunciar la buena nueva al final. Sin embargo, la mezcla de tensión y de soledad me hicieron escribir muchos más mensajes de los que hubiera imaginado. Verbalizar mis sensaciones me ayudó a no comerme demasiado la cabeza. Y qué decir de la respuesta obtenida… decenas de mensajes de felicitación, de ánimo, de comprensión, de experiencias similares… que me hicieron sentirme muy reconfortado y acompañado, aunque a mi alrededor no hubiese nadie.
Habrá quien piense que son cosas demasiado personales como para tuitearlas o para contarlas en un blog. Que tiene un punto de exhibicionismo enfermizo. Yo no lo veo así, no pretendía enseñar nada de cara a la galería, sino que lo usé y lo uso como lo hago siempre: para expresar mis pensamientos e inquietudes. Solo que esta vez, en unas circunstancias tan extraordinarias y tan vitales, todos mis pensamientos e inquietudes estaban centrados en una única cosa. Y la respuesta recibida me reafirma en algo: que todo esto del 2.0 va, sobre todo y casi exclusivamente, de personas que se relacionan y que comparten trocitos de sus vidas.
Enseguida volveremos a la «vida normal» (una nueva «normalidad», sin duda, con algunas rutinas diferentes). Mi vida 2.0 reflejará también esa normalidad, y volveré a mis temas habituales. Pero en estos días excepcionales, era inevitable que mi vida 2.0 también se transformase. Porque es algo ya muy integrado con mi «vida 1.0», no es algo que desconecte y deje en casa. Y estoy contento de que así sea.

Te entrevistamos… si nos pagas

Vaya por delante que imagino que habrá muchos, con más mundo que yo, que pensarán que parezco tonto, que parece que hubiera nacido ayer y que de qué guindo me he caído. Pero a mí no me había pasado nunca, ni sabía que algunas cosas funcionaban así.
Me llaman por teléfono (de un «número privado»; como no los cojo, mensaje al contestador). Que me quieren entrevistar de un medio por Digitalycia. ¡Hombre, qué guay! ¿Habrán llegado hasta ellos noticias de mis conocimientos? ¿Querrán saber mi opinión sobre este intrincado mundo de las redes sociales y el dospuntocerismo?. Total, que les devuelvo la llamada, a ver de qué va el tema.
Me dicen que están preparando un suplemento que va a tener mucha difusión, en un diario de tirada nacional y en una feria temática, que están preparando entrevistas con distintas empresas en varias categorías para reflejar la variedad del sector, que han seleccionado nuestra empresa porque les parece muy interesante lo que hacemos… que me entrevistará un periodista, y además podré poner una foto o el logo…
A mí a priori me suena raro porque oye, yo no dejo de ser un mindundi, y tampoco yo es que me dedique al sector de la «formación» pero bueno, quién sabe, se habrán fijado en mí, «que esto de las nuevas tecnologías está muy en boga» y que «a veces las empresas pequeñas son más innovadoras que las grandes» y que patatín, patatán… y que bueno lo único es que aunque ellos asumen todo el coste de producción del suplemento, pues que hay una parte («coste de inserción», le ha llamado) que no pueden asumir, así que para poder publicar mi entrevista tendría que pagar… nada, algo que está al alcance de cualquier bolsillo, 1.575 si la entrevista es de media página, o 2.520 por página completa, o 4.990 por doble página. Y si quiero contraportada, o página 2, pues un extra.
Acabáramos. O sea, que de entrevista por lo bien que lo hago, lo mucho que les he llamado la atención o lo interesante que pueda ser para los lectores, nada. Que si quiero ponerles un anuncio «que parezca una entrevista». Amigo, eso es otra cosa. Imagino que mi nombre y mi teléfono habrán aparecido en un listado que haya hecho alguien buscando en internet, soy uno más del listado de llamadas a ver si «pico». Y yo, iluso, pensando que lo que hago había llamado la atención de alguien.
Al final hay dos mentiras bastante feas aquí metidas. Lo primero es que si me dicen «es para un anuncio» yo pongo el «chip marketing» y calculo. ¿Es una acción de marketing que me merezca la pena? ¿Es una acción de marketing que me parezca ética (eso de hacer pasar un publireportaje pagado como si fuera una entrevista hecha por puro interés editorial)? ¿Tengo alternativas mejores? Valoro, y decido. Pero no, primero te comen la oreja con la entrevista, y lo interesante que es lo que dices, y tal y cual… y luego te sueltan lo de los «costes de inserción» tratando de que parezca otra cosa (cuando es un pago por anunciarse, sin más). Oiga, pero qué me está contando.
Y la segunda, y más grave, es el resultado: un suplemento con apariencia de contenido editorial pero que en realidad es un gran catálogo de anuncios pagados. Imagino que en ningún sitio se advertirá al lector que «cada una de las empresas que aparece aquí ha pagado entre 1.575 y 7.390 por aparecer, ha podido controlar hasta la última coma de lo que se dice de ella y no hemos usado ningún otro criterio, aparte de que aflojaran la pasta, para valorar si merecen la pena o no».
Lo dicho, que vale, que asumo que parezco nuevo. Pero qué penica, ¿no?

Tener estilo propio, ser imitable

La otra noche estaba yo zappineando (insomnio, me pasa a veces) y encontré uno de esos programas de zapping (de lo mejor que echan a esas horas, para que os hagáis una idea). Pillé un fragmento de una entrevista que le hacía Dani Mateo a Alaska que me hizo pensar.
Hablaban sobre «tener estilo propio». Alaska defendía que un criterio para decidir si alguien tenía estilo propio era ver si era «imitable». Es decir, que tuviera una serie de rasgos reconocibles hasta el punto de que, reproducidos esos rasgos por otra persona, no dudarías en decir a quién estaba imitando.
Ponía como ejemplo a Tamara (o Yurena, o Ámbar, o «la-artista?-antes-conocida-como-Tamara») y a Alejandro Sanz. Y decía, no sin razón, que Tamara tenía una serie de gestos, tics, forma de vestir, forma de hablar… perfectamente identificables y reconocibles, mientras que si tú pensabas en Alejandro Sanz… no eras capaz de pensar en un rasgo propio (y es verdad; ¿cómo imitas tú a Alejandro Sanz?). De ahí concluía que Tamara tiene un estilo propio, mientras que Alejandro Sanz (como personaje, no como cantante) no.
Luego ya podemos entrar en si ese estilo propio te gusta o no. Pero sin duda, de cara a comunicar, tener un estilo propio es importante, porque ayuda a destacar, a que te reconozcan y a transmitir, de forma inmediata, los valores asociados a ti…

Pensaba que eras más serio

«Pensaba que eras más serio». Esto me lo dijo una persona durante el fin de semana en Sevilla, y lo dijo (o al menos yo lo entendí) como un cumplido. Es decir, que al conocerme personalmente descubrió a alguien más cordial, cercano y campechano (como el Rey :P) que la idea que se había construido de mí.
Me dejó pensativo. Por un lado me alegra que en persona sea capaz de transmitir esa imagen, que es la que yo tengo de mí mismo: creo que ser un buen profesional (o intentarlo) no está reñido con ser «buena gente» ni te lleva obligatoriamente a tener que ser sombrío y cirunspecto. Pero por otro lado, me «preocupa» (hasta cierto punto) que alguien pudiese tener esa idea sobre mí. ¿Será que la foto que uso habitualmente para identificarme (algo que se mencionó expresamente) resulta un tanto «agresiva»? ¿Igual es que mi forma de escribir es poco «cálida»?
No sé. Siempre he pensado que la forma en que yo abordo mi presencia en internet reflejaba de una forma bastante transparente mi forma de ser. Pero al encontrarme con esta situación, tengo que pensar: ¿no es así? ¿o igual es que no soy como creo ser?
Ya, ya, menuda paja mental 🙂 . Pero es que este EBE, a parte de tener un buen puñado de pura «socialización», me ha devuelto a casa con algunas cuestiones «profundas»…

Mis nuevas tarjetas de visita

Hace unos días pedí a Vistaprint (siempre me han funcionado muy bien) nuevas tarjetas de visita. Tengo varias cajas de tarjetas antiguas (muchas de Weblogs SL, bastantes de las que me hice con el logo de mi blog…), pero quería «reorganizar» un poco este tema.
Así que he creados dos tarjetas distintas, las únicas que voy a usar a partir de ahora. En ambas he buscado seguir unos criterios:

  • Diseño consistente con el de las webs: si ya tienes unos colores, una tipografía, un logo… ¿para qué marear la perdiz?
  • Información: la justa, nada más. Email, teléfono y url. La experiencia me dice que poner demasiadas cosas (en la anterior tenía los datos de skype, del gtalk, del messenger… ) despista más que ayuda. El que necesite algo más, que lo pida.
  • Información permanente: incluir cosas como la dirección física (susceptible de cambiar con facilidad) o el cargo (aparte de que puede resultar risible autonombrarse Corporate Worldwide CEO, también cambia con el tiempo) es condenar las tarjetas a una muerte prematura.
  • URL y email «profesional»: en la anterior tarjeta tenía un enlace al blog de cuando estaba en blogspot, o el correo de gmail. Ahora lo he cambiado todo a su correspondiente dominio de primer nivel, y la dirección de correo asignada a dicho dominio. Luego todo lo gestionaré con gmail, pero de momento como que da mejor imagen…

Así que aquí están:
Ésta me la he hecho para usarla en mi faceta de «consultor» bajo la marca de Digitalycia. Sencilla, sin más, pero con la imagen y los datos necesarios.

Y ésta otra me la he hecho «para todo lo demás». Para llevar a saraos donde «vender digitalycia» no sea el objetivo, para amigos y familiares, para «otras actividades»…

tarjeta visita Raúl Hernández

Y con el resto… pues me plantearé si llevarlas directamente a reciclar, o a ver si se me ocurre un uso curioso para ellas.

La realidad y las notas de prensa: el caso de Bankinter

Siento volver sobre el tema, pero es que se me han abierto las carnes (que ya son generosas de por sí). Después de todo el lío de la conblogatoria de Bankinter que contaba el otro día, hoy he estado leyendo cómo fue el evento de la mano de Antonio Domingo. Y, en paralelo, he leído una nota de prensa de Bankinter contando el mismo evento en elmundobursatil.es.
Conclusión; jemplo de libro de por qué no hay que creerse las notas de prensa elaboradas por las empresas, cuyo destino directo deberían ser las papeleras porque no informan, sino que manipulan.
En el relato de Antonio se dicen cosas como que «Su sorpresa es mayúscula por la reacción de la audiencia cuando se les hace ver que ese proyecto no sirve, que hay errores de concepto»; «han sido bastante críticos y bastante duros pero con la claridad de quien le debe decir que se han equivocado de parte a parte y lo que piensan que es una genialidad, no sirve para nada.»; «Esto ha hecho explotar a la audiencia y ha sido un clamor, que si piensan que pueden comprar ideas pagándolas con 15 minutos de teléfono, es que están muy muy pero que muy perdidos.»
Pero si uno se lee la nota de prensa, todo lo que dice es «Los responsables del área de Innovación de Bankinter aprovecharon el auditorio de blogueros expertos en tecnología para presentar y debatir sobre la última hora de los proyectos en los que el banco está inmerso en estos momentos, tomando buena nota de las ideas y sugerencias de mejora de los blogueros.» Eso, metido entre un publireportaje de todos los «geniales» proyectos en los que están trabajando, transmite una bonita sensación de «los mundos de Yupi» que en nada se parece a la «enmienda a la totalidad» que transmite Antonio. Es decir, «vale, habéis puesto mis ideas a caer de un burro… pero de todas formas yo voy a comunicar lo maravillosas que son, incluyendo mi operador móvil, una fantástica web de ideas en la que regalo unos premios alucinantes o mi extraordinaria Fundación».
¿Y por qué me creo lo que pone Antonio Domingo? Pues porque es un tipo al que conozco, y cuya opinión estimo razonable, ya que además no tiene mayor interés en el tema. ¿Y por qué no me creo la nota de prensa? Porque es un publireportaje lamentable y burdo, propio de las peores teletiendas, algo ya difícil de creer de por sí, y más cuando uno dispone de fuentes alternativas (que encima tienen la ventaja de la credibilidad personal) que narran la historia de otra forma.
Honestamente, si eso es lo mejor que se les ocurrió después de haber «escuchado y tomado nota» de lo que les contaron los allí presentes… es que no han entendido de qué va la cosa. Le pasa a Bankinter y le pasa a muchas empresas, a casi todas. Siguen atados a su comunicación unidireccional («yo, empresa, hablo… y vosotros os creéis todo lo que digo»), al «pensad lo que queráis, que yo controlo los medios y van a decir lo que yo quiera que digan, y eso será lo que llegue al gran público». Pero la realidad es muy tozuda; probablemente igual de tozuda que lo ha sido siempre, solo que ahora además hay canales de comunicación alternativos que dejan en absoluta evidencia este tipo de prácticas. Es cierto, todavía siguen controlando con sus departamentos de comunicación y sus notas de prensa muchos medios masivos y a la vez dóciles (y más si podemos negociar la publicidad que ponemos en tu medio, no vas a morder la mano que te da de comer, ¿verdad?). Pero cada vez menos. Porque cada vez más los usuarios se dan cuenta del engaño, y cada vez hay más alternativas.
«Iniciativas dospuntocero» es algo más que una bonita etiqueta que ponerle a tus proyectos para parecer modernos. Es una forma distinta de abordar la relación con los usuarios y los partícipes. Cuanto antes nos metamos esto en la cabeza, antes dejaremos de dar palos de ciego.

¿Qué hacer con un twitter de empresa?

Microblogging y empresa. Difícil cuestión. Si ya cuesta encontrar un encaje para «blogs y empresas», hacerlo para «microblogs y empresas» se me hace bastante complicado.
Siempre he creído que la esencia de los blogs son las personas. Comunicación entre individuos. En ese contexto, siempre se me ha hecho difícil concebir aquéllo de «la empresa que bloguea». No, la empresa no bloguea, bloguean las personas. Sobre eso, sí es posible articular formas para que las empresas aprovechen tangencialmente los blogs: empleados y directivos que a través del blog transmiten los valores de la empresa, blogs temáticos que refuercen una marca, etc. Pero siempre van primero las personas y luego la empresa. La empresa, como tal, no bloguea igual que no piensa, no siente ni padece. De hecho, cuando es la empresa la que bloguea, siempre acaba recordándome a una serie de notas de prensa: el mismo perro con distinto collar, en el que el blog supone simplemente un sistema de gestión de contenidos, pero que carece de ningún matiz «emocional/social» que es, para mí, lo que realmente diferencia la tendencia del blogging.
Y con el microblogging, más aún. Todavía no he visto ninguna iniciativa de «microblogging corporativo» que me convenza. Detrás de cada twitter hay, tiene que haber, una persona. Y prefiero seguir a esa persona (si me interesa lo que tenga que decir) que a su «máscara corporativa».
En estas llega Actibva, y la «necesidad» de crear un twitter de Actibva. Bueno, pues creado está. Ahora… ¿cómo se le puede sacar partido? Una cosa que tengo muy clara es que no debería ser usado para hacer spam. Muchas iniciativas «empresariales» sobre twitter se dedican a agregar a decenas de personas. Creo que, la mayoría, en la ignorancia de pensar que, agregándolas, automáticamente convierten al «agregado» en follower (cuando una de las deliciosas virtudes de twitter es, precisamente, su asimetría: yo te sigo a tí, pero no es condición ni necesaria ni suficiente para que tú me sigas a mí). Otros, con la esperanza de conseguir, vía notificación, un mínimo de visibilidad. Ninguno de los dos me resulta apropiado y, en lo que de mí dependa, no va a usarse así.
Tampoco me gustan quienes utilizan el twitter como un «agregador de actividad», dedicándose a lanzar mensajes cada vez que escriben un post, sacan una foto o similar. No, no. Si quiero seguir tus posts o tus fotos, o tus videos, o lo que sea… ya iré a la fuente original (tu blog, tu flickr, tu youtube) y, si me apetece, me suscribiré a esos contenidos. No me gusta que inunden el twitter a base de eso.
Así que en esas ando. ¿Qué uso interesante, y a la vez respetuoso, le podemos dar al twitter de Actibva? De momento, el uso va a ser bastante moderado. Avisos breves sobre el funcionamiento de la web, alguna referencia importante, y poco más. Pero quizás más adelante se nos ocurran nuevas funcionalidades. De momento, ahí estamos, con ganas de experimentar cosas.

Bloggers, notas de prensa y demás historias

Los blogs son un objetivo muy apetecido por las empresas de publicidad: «he oído que se puede hacer publicidad gratis en los blogs». Claro, un blog habla de tu producto… y obtienes una cierta repercusión (mucha o poca, depende del blog, pero existe; y además se supone que mucho más efectiva al ser alguien «de confianza» quien da su opinión). Mientras tanto, poner un anuncio en la tele o una cuña en la radio cuesta una pasta, cada vez tiene menos repercusión (los medios tradicionales pierden peso, los mensajes indiscriminados ceden espacio en la mente del consumidor a los mensajes filtrados por el «círculo de confianza»). Así que normal que estén como locos por meterse en el mundo de los blogs.
Pero claro, las empresas entran como elefante en cacharrería. Se piensan que esto de los blogs no son más que una extensión de los medios tradicionales, con su «toma y daca» en materia de publicación de noticias. Y emplean las mismas tácticas que con ellos: os enviamos nota de prensa, os invitamos a rueda de prensa… y ya publicáis algo. Pero donde antes había 5 periódicos, 5 radios y 5 teles (susceptibles de ser manejados razonablemente bien por un departamento de comunicación), ahora hay cientos, miles de «micromedios». Y un departamento de comunicación no va a atender a cada uno de ellos personalizadamente. Así que venga, recopilemos direcciones de email… y hagamos spam, a ver si alguien nos publica algo.
Viene esto a cuento de un artículo que escribe Antonio Delgado en Soitu, titulado «Querido blogger: ¿Tanto te molestan mis notas de prensa?«, con cuatro visiones muy razonables sobre la cuestión (aunque alguno en concreto debería aplicarse su propia teoría, porque es un spammer redomado; a mí me llegan notas de prensa firmadas por él cada poco tiempo, con temas absolutamente irrelevantes y absurdos; se van a la carpeta de spam, pero me fastidia que se las dé de experto).
Pues éste es mi mensaje para las agencias:
A ver, señores. Que mi blog es un espacio PERSONAL. Que entiendo que a ustedes les pueda interesar que yo hable gratis de sus productos para que los que me leen (muchos o pocos da igual; siendo gratis, todo suma) reciban un impacto publicitario sin que les cueste un duro. Incluso entiendo que crean que, por la temática habitual de mi blog, los lectores puedan estar segmentados y ser un perfil atractivo. Pero ése (publicidad gratuita) es el interés de USTEDES. A mí no me interesan lo más mínimo sus productos. No quiero hablar de ellos bajo ningún concepto. Yo hablo de mi día a día. Y si menciono algún producto o servicio en mi blog, es porque es algo que he usado en mi vida real, o que me ha llamado la atención en mi vida cotidiana. Pero NUNCA por el esfuerzo (o la brasa) de una agencia de comunicación. Si quieren publicidad, hay unos bonitos espacios publicitarios que les puedo dejar a muy buen precio. Pero no voy a contarle a la gente que confía en mí las bondades de sus clientes por su cara bonita. No tengo que rellenar x páginas o x minutos al día (y por lo tanto, meter contenidos «de relleno»), ni tengo ninguna estructura de costes para mantener mi blog (ni el contenido, ni el soporte). En definitiva, no hay ni un solo motivo para que hable de ustedes, de sus clientes y de sus productos y servicios.
Entiendo a las agencias. Les pagan para promocionar sus productos. Cuanta más repercusión, al menor coste, mejor. Pero deberían olvidarse de los blogs, los blogs no son el camino. Me atrevería a decir que ni siquiera los comerciales (donde puede tener algo más de sentido el envío de noticias relacionadas con su temática; pero aun así, lo habitual es que haya un equipo de editores que decida cómo tratar los temas en función de su interés y se ignoren las notas de prensa indiscriminadas), y desde luego ni de coña los personales.
Que no somos medios de comunicación, que sólo somos pelotudos con blog. ¿O es que a alguien se le ocurriría ponerse en medio de la plaza abordando a cuanto viandante la cruza para decirle «eh, ¿por qué no vas y les cuentas a tus amigos y conocidos lo maravilloso que es el producto de mi cliente? No importa que no lo conozcas, simplemente repitele este argumentario que te doy. Hazlo por mí…». Pues esto es exactamente lo mismo.
La única forma de que en un blog personal se hable de un producto, servicio o empresa es involucrándose mucho en el día a día del blogger en particular. Conociéndole, interactuando con él. Al final, si surge una sintonía, es posible que en algún momento te mencione. Pero no como «publicidad» de tu producto, sino casi como referencia a «mi amigo fulanito, que está embarcado en el proyecto X».
«Es que eso cuesta mucho tiempo y esfuerzo (y por lo tanto dinero)», dirán las agencias. Pues sí, ya imagino. Pero es lo que hay. Es la única forma de que funcione. El spam es muy barato y rápido, pero simplemente no funciona, e incluso genera un posicionamiento negativo. ¿Que es una situación difícil, una putada? Lo entiendo. Pero no es mi problema.
Ismael hace una lista de «no me envíes notas de prensa si…«, y que Eduardo amplía. Pues bien, a esa lista yo le quitaría el condicional. Simplemente, no me envíes notas de prensa. Ólvidate. Mis posts no son el vehículo para tu publicidad, ni pagada ni sin pagar. Punto pelota.

Twitter y otras herramientas de comunicación: enriqueciendo las relaciones personales

Estaba escribiendo un comentario en esta entrada de Enrique Dans, pero ha crecido hasta convertirse en entrada propia.
El caso es que un comentarista dice que «Resulta triste ver cómo en la era de las comunicaciones, la gente tiene cada vez menos amigos ‘corporales’ y más amigos ‘virtuales’.» Y me ha dado rabia. Porque parece que, con esta perspectiva, utilizar un canal de relación «virtual» (que no sé por qué lo llaman virtual, cuando es tan real como cualquier otro… ¿o es que el teléfono o a las cartas también son virtuales?) hace que las relaciones personales tengan menos valor. Que las únicas relaciones personales que valen la pena son las «físicas».
Y no creo que sea así en absoluto. Que no, que no hay diferencias, yo tengo amigos, o conocidos, o gente que siento afín. Y punto, no hay un «apellido». Con algunos de ellos interactúo más por unos canales (en persona, por teléfono), y con otros por otros. Pero no son más o menos amigos en función del canal, eso es ridículo.
El email, el blog, el messenger, el twitter, el flickr, el facebook y cualquier otra herramienta de este tipo son solo eso, herramientas. Herramientas que, en mi opinión, sirven para enriquecer y fortalecer las relaciones personales. Me permiten estar en contacto con personas con las que, por cuestiones de distancia o de agenda, no sería posible hacerlo de otra manera. Además, permiten hacerlo de una forma mucho más flexible, asíncrona y enriquecida.
Y en ningún caso sustituyen al contacto «físico». Pero si nos limitásemos al contacto «físico», nuestras relaciones sociales serían infinitamente más reducidas en cantidad y calidad. Sólo podríamos tener contacto con nuestro entorno más directo (la gente de nuestro barrio, nuestro pueblo…), salvo que tuviésemos disponibilidad para desplazarnos (tiempo y dinero). Sólo podríamos mantener el contacto cuando a la otra persona y a nosotros nos viniese bien hacerlo a la vez. Sería mucho más difícil conocer nuevas personas (sólo si nos las presentan «en vivo» alguna de las personas a las que conocemos). Sólo podríamos ver sus fotos cuando fuésemos a su casa a que nos enseñase los álbumes, o ver sus videos organizando una cena tras la cual nos apoltronamos en el sofá. Etc.
Por supuesto, todas esas cosas se pueden seguir haciendo, y de hecho se siguen haciendo. Pero ADEMÁS se pueden hacer muchas más que antes no se podía, dando como resultado muchas más relaciones, más intensas, más variadas, más interesantes.
Me pregunto si en el siglo XVII a los que gustaban de escribirse cartas con gente de otros países les mirarían mal por «tener amigos virtuales en vez de relacionarse como dios manda», o si a quien usaba el teléfono a mediados del siglo XX les abroncarían por «no tener amigos corpóreos». ¿Es tan difícil de ver que es exactamente lo mismo? Nuevos canales que nos permiten comunicarnos. Nada más.
De hecho, como ya he contado alguna vez, me encantaría poder utilizar estos canales con todos mis amigos. Siento que, sin poder utilizarlos, las relaciones son mucho menos ricas de lo que podrían ser.

La tecnología y el pudor

Me ha gustado el razonamiento: es lo que siento que me pasa cuando grabo videos o me oigo la voz…

Lo más dificil no es usar la tecnología, sino algo mucho más ancestral y primario, superar las barreras del pudor y el miedo. Lo complicado no es colgar un vídeo en Youtube sino ponerse delante de un objetivo a decir lo que piensas. Por eso creo que en los cursos de web 2.0 debería haber un apartado para la psicología o algo parecido. ¿Como vas a utilizar medios que facilitan las relaciones si no sabes relacionarte con tu vecino de enfrente?

Andrés Pérez