Aprender fotografía

Llega septiembre, mes de los fascículos y de los buenos propósitos (al igual que enero, por otra parte). Uno de mis propósitos para el curso entrante es desarrollar un poco una afición que ha estado latente hasta hace poco tiempo: la fotografía. La verdad es que nunca había demostrado un gran interés por ella, pero de un tiempo a esta parte (y por culpa sobre todo de flickr, que me ha ayudado a descubrir pequeñas grandes maravillas de fotos), me ha entrado el gusanillo. «Me too», yo también quiero hacer esas cosas.
Parto de cero. No tengo ni material ni técnica. Lo que sí creo que tengo es un cierto gusto estético, que me permite apreciar lo bello que hay en las fotografías ajenas (y, por consiguiente, lo lejos que están las mías de llegar a ser algo parecido). Creo que ese gusto estético también me puede ayudar a buscar composiciones interesantes, etc… que si se acompañan de una buena técnica pueden ayudar a sacar buenas fotos. En fin, en todo caso será cuestión de ir practicando…
De momento estoy en fase «esponja». Básicamente, buscando recursos (libros, webs, etc.) que me permitan ir adquiriendo las bases: que si profundidad de campo, que si tiempo de exposición, sensibilidad a la luz… También he dado un poco la lata a algunos conocidos con callo fotográfico pero lo he hecho de forma muy tímida: debe haber pocas cosas tan molestas para alguien que domina un arte como dar indicaciones a un novato.
Luego, cuando ya haya dado algunos pasitos básicos en la técnica, ya llegará el momento de comprar material: una réflex digital, objetivos y similares.
También quiero empezar a profundizar en el retoque digital: creo que, además de «arreglar» fotografías, el retoque digital abre una puerta a una mayor creatividad…
Habrá que ir viendo cómo voy evolucionando. De momento, categoría creada para ir archivando mis pasitos en la materia. Y, por supuesto, ¡cualquier consejo, recomendación, indicación, recurso… por parte de los expertos siempre será bienvenida!

Estudiar en la biblioteca

Por cosas como éstas (que veo en el blog de Rubén Calvo) nunca jamás (bueno, creo que una vez o dos) bajé a estudiar a una biblioteca. Y eso que en el video no salen los que cuchichean, las que cuchichean, los que se levantan para ir al baño, los que se levantan a echar un cigarro, los que entran riéndose, los que piden un libro, los que… Y menos mal que en la época no había móviles generalizados, ni portátiles para ver chorradillas.
Yo, en mi cuarto, con mi mesa y a mi bola. No puedo quejarme de los resultados.

La muerte mediática

Estos días estoy un poco alucinando con todo lo que se ha montado con la triste (¿no lo son todas?) muerte del jugador del Sevilla Antonio Puerta. La gente echada a la calle, los medios haciendo unas coberturas intensivas, elegías por doquier, el protagonismo en tertulias, blogs y similares…
La muerte de este chico es una lástima, por supuesto. Y hay elementos que hacen que el drama sea más «vendible» en los medios: el desmayo en directo ante las cámaras, lo joven que era, que era un canterano, la relevancia social del fútbol, el huérfano nonato que deja… todo ello detalles que contribuyen a vestir un hecho triste pero que, en mi opinión, no debería haberse convertido en un espectáculo mediático. Al fin y al cabo, es una persona que se murió y no creo que esta muerte sea más importante ni más relevante que decenas y centenares de muertes que se producen a diario y que merecerían tanta o más atención: hay gente más joven que muere víctima de enfermedades igualmente injustas o, lo que es peor, mal tratadas. Gente que muere en accidentes, o víctimas de violencia doméstica, o ateridos de frío en las calles en las que malviven, o ahogados en el alcohol y las drogas, o solos sin la compañía de ningún ser querido. Por no hablar de los que mueren en guerras injustas (¿hay alguna que sea justa?), o muertos de hambre en países olvidados, o víctimas de enfermedades desterradas en el primer mundo.
Por esos nadie pierde el tiempo, por esos nadie sale a la calle, esos no ocupan la portada de ningún informativo.
Soy consciente de que sueno demagógico, además de inoportuno. Que nadie me malinterprete: a mí también se me encoje el corazón cuando pienso en lo sucedido. Pero a veces creo que perdemos las referencias, y que invertimos las prioridades. Y que unos muertos importan más que otros.

Live and let live

Hay una tipología de gente que (al menos a mí) me resulta bastante molesta. Se trata de ese tipo de personas que no pierden oportunidad para tirar con bala (justificada o injustificadamente) contra otros. Digo lo de justificada o injustificadamente porque hay veces en las que estos tipos tienen razón, pero se regodean en el hecho y eligen cuidadosamente sus palabras para resultar desagradables con los destinatarios de sus razonamientos. Y otras en las que simplemente no tienen razón, pero aupados en la ignorancia y/o prepotencia sacan la lengua a paseo. Son los que inician escaramuzas sin venir a cuento, los que en una discusión se dedican a echar más leña al fuego en vez de a buscar entendimiento, los que rápidamente obvian los argumentos para pasar al ataque personal, los que meten cizaña en conversaciones ajenas, los que guardan rencores para las siguientes ocasiones, los del «o conmigo o contra mí», los que cuando pierden montan la bronca y cuando ganan se regodean del que ha perdido…
Supongo que es una forma de ser. Quizás un psicoanalista lo explicaría en términos de una sobrecompensación de una baja autoestima: se tiene a uno mismo en tan baja consideración que la única forma de afirmarse es atacando a otros y buscando el constante enfrentamiento. La clásica historia del maltratador que lo hace porque a él le maltrataron y tiene muchas carencias.
Aunque se dice que hay otros que lo hacen aposta. El otro día leí no sé dónde que alguien lo llamaba a esto «marketing de controversia»: meterse con alguien y generar bronca con el mero fin de tener visibilidad y/o reafirmarse ante los fieles. Una táctica eficaz, si se considera que el fin único del marketing es darse a conocer. Pero si no recuerdo mal, una de las virtudes de una marca era la de transmitir una serie de valores. Y no estoy muy seguro de que, bajo este prisma, el marketing de controversia sea muy útil. Porque sí, puede que logres una cierta notoriedad. Pero a esa notoriedad irán asociados valores de agresividad, de conflictividad, de «ser un bocazas», de… que no creo que sean los más agradables del mundo. Desde luego, yo no querría tener un amigo, ni un socio, ni un empleado, ni un nada… así. Aunque igual hay quien sí los quiere, que de todo hay en la viña del señor, y para triunfar entre ese público objetivo sí que viene bien ir de macarra.
El caso es que, definitivamente, ese no es mi perfil. No es ya por la aversión al conflicto, que también, sino que casi desde un punto de vista moral considero que ésa no es una forma sana de pasar por la vida. No pretendo ser amiguito de todo el mundo, ni caer bien a todo el mundo, ni que todo el mundo me caiga bien. A lo que sí aspiro es a ir a lo mío, molestando lo mínimo posible a los demás y, si se tercia, echando una mano al que pase por al lado. Quizás eso me lleve en algunas ocasiones al terreno de lo políticamente correcto; pues muy bien. Pero mientras ser incorrecto no me reporte nada… ¿para qué serlo?

¿Para cuántos blogs hay dinero?

Blogs dinero money

El otro día, en la charla en Marcianos.tv, Hombrelobo me hizo un apunte que me descolocó un poco. Venía a ser algo así como que si le estamos dedicando tiempo a nuestros blogs es en la confianza de que en un futuro puedan convertirse en una fuente de ingresos… cosa de la que yo discrepo. Más que nada, porque creo que sólo en una ínfima parte de los casos, los blogs personales pueden convertirse en una fuente de ingresos que merezca la pena por sí misma.
Partamos de la base de que los blogs son medios esencialmente fragmentados. Nanomedios, que dicen algunos. Audiencias de inicio limitadas, donde además hay 0 barreras de entrada que impidan a otro hacer y mejorar lo mismo que tú ya haces, y por lo tanto empezar a quitarte esa audiencia.
Para monetizar una web vía publicidad hace falta volumen (mucha gente «poco cualificada» que viene al sitio… tendrás poco CPM pero aplicado a mucho volumen dará un buen nivel de ingresos) o influencia (poca gente «muy cualificada» que viene al sitio… se pagará un CPM elevado que, aunque se aplique sobre una base escasa, generará buen nivel de ingresos). Mi punto es que creo que la concentración del volumen o de la influencia es altamente improbable. Quizás la consigan un puñado de personas/blogs, pero para el resto será una quimera.
En las jornadas de Granada en las que estuve en mayo, Wicho de Microsiervos (probablemente el blog más relevante en castellano) explicaba cómo estaban resultando sus experimentos con publicidad. Hasta el momento, habían llegado a un nivel donde, en el mejor de los casos, uno de los tres miembros del equipo podría plantearse tener el blog como fuente principal de ingresos. Es decir, la página más relevante, con centenares de miles de páginas vistas al mes, mantenida por tres personas, está en ese nivel.
Sí, una adecuada gestión publicitaria puede mejorar esos ratios. O una mejor optimización SEO. Y si la inversión publicitaria en internet crece en el futuro, habrá más para repartir. Aunque también crecerán (y más que proporcionalmente, imagino) los blogs que se pongan en marcha. Así que, en todo caso, estoy convencido de que ganar dinero, lo que se dice ganar dinero (y me refiero simplemente a que sea una actividad rentable, no a forrarse), está reservado al 0,5% de los blogs. Para el 99,5% restante… mejor centrarse en todas esas otras cosas que nos puede dar, porque dinero poco o nada.
PD.- Mención al margen merecen las estructuras de redes de blogs… ahí los blogs no son personales, sino colectivos, y se benefician de evidentes economías de escala y de efectos red que permiten (a algunos más y a otros menos) generar ingresos y que, derivado del reparto de esos ingresos, haya quien pueda permitirse ganar unos ingresos majos o incluso vivir de ello. Pero eso es otra cosa, creo yo, que los blogs individuales a los que nos referimos.