Las limitaciones del equipo

Bueno, pues ahí ando dando mis primeros pasos con la fotografía. Como ya comenté, de momento voy con mi compacta digital comprada hace al menos tres años (Canon Ixus 430) y ya me estoy encontrando con la primera gran limitación: la óptica.
Con motivo de las fiestas de Aranda de Duero se ha organizado un Maratón Fotográfico. El objetivo, realizar una colección de 6 fotos de distintas temáticas relacionadas con las fiestas. Y allá que me he apuntado. Un modo, por cierto, muy atractivo de disfrutar de las mismas ya que te «obliga» a acudir a las distintas actividades, persiguiendo esas fotos atractivas para tu colección.
El caso es que voy por ahí con mi camarita, intentando captar momentos especiales… y me encuentro con que, a la hora de componer la foto, el exiguo zoom (3x – «es un Canon de 36-108 mm (en paso universal), con un enfoque macro de 5 centímetros y una luminosidad que se reduce a unos correctos f2,8-4,9» según la review) no me permite mucho margen de maniobra. Ni puedo hacer composiciones al estilo gran angular, ni puedo cerrar el enfoque para captar los detalles especiales. Lo comparo con lo que podría hacer con una réflex digital con dos objetivos de 18-55 y 55-200 y creo que las diferencias son obvias, tanto por arriba como por abajo.
Para los ángulos amplios no hay mucho remedio. Sin embargo, para los detalles habría uno, que sería recortar a posteriori las fotos. Eso haré para consumo interno. Pero para el propio maratón tengo un doble problema: por un lado, está prohibido el retoque digital bajo amenaza de descalificación (y entiendo que el recorte entra dentro de esa categoría) y por otro las fotos hay que entregarlas en resolución de 2MP. Partiendo de que la máxima de la cámara son 4MP (y eso consumiendo bastante espacio) tampoco tengo posibilidad de cortar demasiado… para «mis» fotos sí que recortaré, total son para colgar en flickr…
En fin, una excusa como otra cualquiera para justificar que las fotos no sean muy allá. A ver si terminamos y selecciono las más interesantes para ponerlas, a ver qué os parecen.

Un hombre, un blog

Llego vía Loogic a un post en el que se habla de la banalización de internet y en el que se dice que: «Hace algunos años era casi un lujo, una distinción, estar a la última. Ahora si no tienes uno casi serás la burla en tus reuniones de sociedad. ¡Todo el mundo tiene uno! Tener un blog ya no te distingue, es algo banal
Efectivamente, cada vez hay más gente con blog… pero… ¿eso es malo? ¿eso banaliza internet? ¡No, hombre, no! ¡Todo lo contrario! Que todo el mundo tenga un blog es la situación ideal, sería la culminación de eso que hemos dado en llamar la web 2.0. Que todo el mundo tuviese a su disposición una ventanita a través de la que comunicar al resto del mundo cuáles son sus experiencias, sus inquietudes, su visión del mundo. Gente normal que integra con facilidad los blogs en sus vidas sin ningún objetivo más grandilocuente que el de relacionarse y extender, de forma natural, su vida cotidiana. Ni más, ni menos.
Como he dicho en el comentario que le he dejado, otra cosa es que algún iluso pensase que era “alguien” por el hecho de tener un blog o que pensase que se iba a “forrar” con él… pero eso es un problema de sus expectativas, y una muestra de no haber entendido nada de nada de qué significa todo esto.

Iglesia de Mieza

Iglesia de Mieza

Ésta es la iglesia de Mieza,el pueblecito donde pasamos unos días durante las vacaciones de agosto. Estaba ya atardeciendo, y el sol caía muy frontal contra la fachada de la iglesia. Me pareció que el tono de la piedra dorada por el sol podría quedar bonito recortado contra el cielo azul.
PD.- Le he puesto un marquito a la foto, que dicen los buenos que queda mejor presentada… pues a ver.
PD2.- No he podido evitar trastear ipsofacto con las sugerencias de Seve. He saturado el cielo un poco, y he aplicado un filtro frío a la iglesia. Me siento mal por haber «profanado» la virginidad de la foto… ¿eso es lícito?

Iglesia de Mieza 2

La tiranía de los agregadores RSS

RSS Adoración

La tecnología RSS es fantástica. Los agregadores RSS una maravilla… bueno, sí, pero tienen sus inconvenientes.
Para los que no los conozcan, la tecnología RSS permite que una persona se pueda suscribir a unos contenidos determinados. Es decir, que cada vez que, por ejemplo, yo publico algo en este blog automáticamente se ve reflejado en mi RSS, lo que facilita que quien quiera estar al tanto de mis novedades no tenga que venir aquí al blog sino que pueda seguirme a través de ese feed RSS.
Complemento imprescindible de un feed RSS es un agregador de feeds. Los hay online (bloglines, google reader) u otros que necesitas instalar en el ordenador. Pero básicamente, todos son parecidos: te permiten leer las fuentes RSS de aquello a lo que estás suscrito. Y siempre está actualizado: cuando un medio al que tú estás suscrito publica alguna novedad, automáticamente aparece en tu agregador de feeds sin que tú hagas nada. Y ahí se van acumulando las informaciones hasta que las das por leídas. Por hacer un símil con la vida física, sería como un buzón de correo en el que, cada vez que alguien publica algo a lo que tú te has suscrito, se deja una copia. Así, cuando tú vas a abrir tu buzón, te lo encuentras lleno de las novedades que tú has solicitado.
Las ventajas son evidentes: es una forma de centralizar la información que consideras que te interesa. No tienes que ir buscando las nuevas actualizaciones de contenido, sino que éstas llegan a ti y te están esperando para cuando tú quieras… a priori, una forma muy atractiva de poder luchar contra la «infoxicación» propia de los tiempos que corren.
Sin embargo, el problema quizás no sea tan evidente, pero existe. Y es que con la profusión de fuentes a las que es posible suscribirse (cualquier blog, cualquier medio digital, fotos, videos…) no es difícil encontrarse con una auténtica avalancha de información. Toda ella potencialmente interesante (al fin y al cabo, por eso te has suscrito a ella), pero inmanejable. Aun cuando mediante las suscripciones estemos ya filtrando contenido interesante, seguiremos sumidos en la infoxicación más absoluta.
A diario veo a gente que se agobia porque «tiene muchas cosas por leer en su agregador» o que consideran una victoria «tener el agregador a cero». Al final, nos suscribimos a tantas cosas (porque hay muchas interesantes, y es tan sencillo hacerlo) que nos generamos una especie de obligación de leer todo aquello a lo que nos suscribimos. Y, simplemente, no hay tiempo.
Cuanto antes asumamos que hay una cantidad de información interesante infinitamente superior a la que nosotros podremos manejar nunca, antes perderemos la ansiedad por intentar abarcarla. Antes ya pasaba con los libros, o con los discos, o con las películas: hay más de las que podríamos ver en mil vidas seguidas. Pero estaban en librerías y bibliotecas, en filmotecas. Allí, lejos. Ahora, con la información en internet, el problema es que está toda al alcance de nuestra mano.
Hace tiempo que no abro mi agregador de feeds. Y desde luego, cuando lo abro ni se me ocurre pelear por «dejarlo a cero». Cuando tengo tiempo libre, me dedico a visitar los blogs que me apetece visitar: leo lo que han escrito últimamente, me entretengo un rato (que es de lo que se trata) y listo. Cuando necesito información para algo concreto, la busco: voy a las fuentes habituales, tiro de los hilos… y cuando he conseguido la información que buscaba dejo de buscar (nota: no lo hago pero creo que sería una buena idea hacerlo – crearse un buscador restringido a las fuentes habituales para mejorar las búsquedas). Cuando voy a charlar con alguien con blog, o cuando me apetece saber de él, me voy a su blog a ver cuáles son sus últimas andanzas.
Es decir, la información sirviendo a un propósito. Pero consumir información por el mero hecho de que «es potencialmente interesante», sin un objetivo definido, podría llevarnos siglos y siglos de tiempo. Así que liberémonos de la tiranía de los agregadores, busquemos la información cuando la necesitemos y no nos volvamos locos. Porque si no, seremos nosotros los que bailemos al ritmo de la información, y no la información la que se ajuste a nuestras necesidades.

La concreción de la incertidumbre

Acabo de recibir una noticia. La concreción en una fecha de algo esperado. Y a pesar de ser algo deseado, su plasmación sobre el calendario le da cuerpo, hace que pase del nebuloso mundo de las ideas al tangible mundo de la realidad. Ante todo, optimismo. Pero ya lo dice el refrán, «a dios rogando y con el mazo dando». Habrá que ir sacando el mazo.

Bailando para el desafío CPI 2.0

No sé si conoceréis a Matt Harding. Se trata de un tipo que se ha hecho famoso gracias a haberse grabado haciendo un bailecito idiota frente a distintos monumentos y paisajes de todo el mundo. Tanto, que se gana la vida (gracias al patrocinio de una marca de chicles) viajando de un país a otro y haciendo el dichoso bailecito. De hecho, hace poco estuvo en Madrid. El caso es que desde la web Curioso Pero Inútil son unos fans de Matt y, a modo de homenaje, organizaron un «Desafío CPI» en el que consiguieron recopilar a decenas de lectores de su blog haciendo «el bailecito» por todo el mundo.
Y no contentos con el éxito de la primera edición, quieren repetir con el Desafío CPI 2.0. Así que aprovechando el viaje por las Arribes de este verano, los bonitos paisajes y el hecho de estar «entre España y Portugal», grabé una pequeña intervención que les he enviado para que la incluyan en el montaje final:

No os creais, he dudado bastante en si poner el video o no… es de estas cosas que a mi amigo Ales le hacen frotarse los ojos de vergüenza. A mí un poco también. Pero ¡qué coño!. Hacer el idiota de vez en cuando no está de más, y que la gente lo vea, tampoco. Así que animaros a «hacer el bailecito» y a enviarlo para el desafío CPI 2.0 que todavía estáis a tiempo…

Recorriendo las Arribes del Duero

Estas vacaciones, aparte de gorronear casas familiares durante casi todo el mes, también estuvimos cuatro días de turismo rural por una zona que, pese a haberla tenido cerquita, no había explorado en profundidad. Las Arribes del Duero se llama a toda la zona marcada por un protagonista indiscutible, el río Duero, que desde que toma orientación sur en Salto de Castro hasta que retoma dirección oeste en La Fregeneda marca la frontera natural entre España y Portugal, discurriendo encajonado entre altos muros de piedra y salpicado de saltos hidráulicos.
Nuestra sede de operaciones era Mieza, donde estuvimos en una casa rural muy agradable llamada «El Mirador de la Code». El pueblo no tiene gran cosa (aunque aún impresiona eso de ver mujeres lavando en el lavadero…), un pueblo tranquilo sin duda. Lo mejor es que a su alrededor hay unos cuantos senderos que permiten acceder a miradores espectaculares sobre el río Duero, como el propio Mirador de la Code.

El Duero desde El Mirador de la Code

Desde allí recorrimos arriba y abajo la zona, subiendo al castillo de Vilvestre y bajando a su embarcadero, pasando por el salto de Saucelle hacia Portugal para ver Freixo de Espada à Cinta (también con su playa-embarcadero), Barca d’Alva, La Fregeneda… incluso llegamos a bajar a Ciudad Rodrigo (por una carretera infernal… mala y en obras). Otro día lo dedicamos a una pequeña y deliciosa excursión en barco (da gusto cuando el guía de algo es alguien que entiende y habla con pasión de lo que está viendo) por el Duero que nos llevó desde la Playa del Rostro (una bonita playa fluvial) a las mismas puertas de la presa de Aldeadávila.

El Corazón de las Arribes

Ese día aprovechamos también para ir hacia el norte vía Pereña, Villarino… para cruzar en Fermoselle de nuevo hacia Portugal y acercarnos hasta Miranda do Douro (sí, cayó un chándal… hay cosas que nunca cambian). También pasamos por la impresionante presa de La Almendra, es toda una experiencia estar en lo alto y mirar hacia un lado donde el agua embalsada del Tormes forma una bonita estampa, y mirar hacia el otro y ver decenas de metros de desnivel.

Presa de la Almendra

En definitiva, una zona muy recomendable para ver, con paisajes espectaculares, vistas preciosas, naturaleza, algunos pueblecitos pintorescos… y el río Duero de constante protagonista. Eso sí, no es una zona muy recomendada para propensos al mareo: cada vez que uno sube y baja a las orillas del Duero (para ver un embarcadero, para pasar al otro país…) tiene que salvar un curioso desnivel a base de curvas y contracurvas en carreteras estrechitas…

Río Duero