La vida y la gasolina

Lo leí en un tuit de Jeroen Sangers, que citaba a Tim O’Reilly:

El dinero es como la gasolina durante un viaje; no quieres quedarte sin ella en el camino, pero no planificas el recorrido buscando gasolineras.

Me gustó, me hizo pensar. Cuando uno planifica un viaje lo hace pensando qué quiere ver, dónde quiere ir, qué quiere hacer. Ésos son sus objetivos. Luego, claro, necesitará gasolina (mucha o poca) para llegar allí. Pero la gasolina es algo instrumental, al servicio de los objetivos, y no al revés.
En la vida también deberíamos hacer lo mismo. Plantearnos nuestros objetivos vitales, qué queremos hacer, qué experiencias queremos, qué estilo de vida buscamos. Y en función de eso, necesitaremos dinero para cumplir esa visión. Pero, de nuevo, el dinero es instrumental y al servicio de los objetivos. Sin embargo, en demasiadas ocasiones nos encontramos atrapados en una dinámica perversa en la que «conseguir dinero» es lo primordial, y organizamos nuestra vida entorno a ello aunque eso suponga «vivir mal» (en horarios, preocupaciones, ausencia de tiempo, dejar de lado lo que nos gusta, a nuestros amigos, a nuestra familia, nuestros hobbies…). Nosotros solos nos metemos en la «carrera de la rata» y al final acabamos preocupándonos más de las gasolineras que de ir a donde queríamos ir.
Foto: Svadilfari

Entrevista a Carlos Barrabés

Hace unos días, Iñaki Gabilondo entrevistaba a Carlos Barrabés en CNN+. Tenía curiosidad por ver la entrevista: Barrabés es alguien de quien he oído hablar mucho en estos últimos 10 años, pero al que nunca había escuchado directamente.
Me ha gustado mucho lo que dice. Posiblemente no sea uno de esos «grandes comunicadores» pero sin embargo su mensaje es más que interesante, y me identifico mucho con las cosas que dice.
Así que adjunto las cuatro partes de la entrevista. Da que pensar.



¿Qué puedes hacer tú?

El otro día, durante la animada discusión que siguió a mi post sobre la reforma laboral, surgieron varios temas colaterales. Y hay uno que a mí me parece clave: la importancia de la actitud personal ante las situaciones de dificultad.
Yo propugnaba, y propugno, que cada uno de nosotros somos los principales responsables de las decisiones que tomamos. Y que no debemos evadirnos de esa responsabilidad, descargándola en otros (sean los padres, la sociedad, el gobierno, la vida que es una puta mierda, etc.). Obviamente no todos recibimos las mismas cartas cuando nacemos; pero todos recibimos por igual la capacidad de jugar esa mano que nos ha tocado. Me sorprende ver gente que argumenta que no, que «eso no es cosa mía», «que se ocupen otros», no soy capaz de entender ese razonamiento. ¿Quién se va a ocupar de ti, sino tú mismo?
En este mismo sentido, hoy he tenido conocimiento de una iniciativa, «Esto sólo lo arreglamos entre todos«. Enmarcada en el contexto de la crisis, viene a decir que sólo saldremos de ella si cada uno nos ponemos a arrimar el hombro, a tirar del carro en la medida en que podamos. Y para ello pretende reunir ejemplos, historias que nos inspiren, buenas noticias que nos den confianza.
Me gusta el concepto. Incluso lo llevaría más lejos, fuera de la idea de la «crisis». Porque al final estamos hablando de una crisis macroeconómica (que si deuda, que si cifras del paro, que si déficit…), pero lo que importa de verdad son las crisis a nivel microeconómico, los tiempos de dificultad que a cada uno (por distintas circunstancias, e independientemente de cómo vayan las cosas a nivel general) nos toca afrontar a lo largo de nuestra vida.
Cierro con esta frase de un video de El Langui, que se puede encontrar en esta web:

“Te lo pueden estar diciendo contínuamente, pero tú eres el único que puede cambiar tu actitud. A mí me costó encaminarme, pero al final lo conseguí, y creo que si lo he conseguido yo por qué no va a poder conseguirlo más gente.”

Para el 2010 quiero…

Llega el último día del año, y nos asomamos ya al 2010. ¿Qué le pedimos al nuevo año? Siempre salen buenos deseos y propósitos relacionados con la salud, con la vida profesional, con la vida personal… Pero la pregunta no es «qué le pides» al 2010, sino… ¿Qué vas a hacer TÚ en 2010 para conseguir lo que quieres?
Muchas veces dejamos nuestros deseos en eso, en meras declaraciones de intenciones. Luego nos dejamos llevar por la inercia, la rutina, los miedos, las inseguridades… y cuando termina el año nos damos cuenta que, de aquello que deseamos, poco se ha cumplido. Lo más curioso es la cantidad de gente que se lava las manos en tan triste resultado: «es que tengo mala suerte», «es que es muy difícil», «es que el mundo está contra mí».
No. Son muchas las cosas que podemos hacer, mucho lo que está dentro de nuestro «círculo de influencia». Tenemos por delante 365 días, de 1440 minutos cada uno. Tenemos un montón de capacidades y de recursos que podemos movilizar. ¿Por qué no hacerlo? ¿Por qué no empezar ya mismo?
Por supuesto, hay cosas en la vida que escapan a nuestro control. Qué le vamos a hacer, la vida es así. Pero incluso en esas circunstancias, podemos elegir cómo afrontarlas.
Así que al 2010 yo no lo le pido nada. Sólo espero de mí mismo ser capaz de poner toda la carne en el asador, de actuar sobre todo aquello que está a mi alcance para perseguir mis metas y mejorar mi vida y la de los que me rodean. Y la capacidad de ir aceptando lo que venga con la mejor de las disposiciones.
Si está todo inventado: «La serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar, el valor para cambiar aquellas que puedo y la sabiduría para conocer la diferencia.»

¿Qué has hecho hoy?

Me ha gustado este post que he rescatado del lector de feeds. Tres preguntas sencillas:

  • ¿Qué has hecho hoy para divertirte?
  • ¿Qué has hecho hoy para aprender algo?
  • ¿Qué has hecho hoy para que otros estén contentos?

Una buena forma de, cuando llegue la noche, poder hacer una valoración de cómo nos ha ido el día y si le hemos dado algún sentido a todo lo que hemos hecho.

Medir tu éxito

Interesante reflexión sobre cómo medir el éxito. ¿Qué medida utilizamos, cada uno de nosotros, para valorar si estamos teniendo éxito (en términos generales) en nuestra vida? ¿Alguna vez os lo habéis planteado? En el artículo que cito plantean que cada uno tenemos una medida diferente: para algunos es cuánto dinero tienen, o cuántas cosas llevan su nombre, conocer a mucha gente, influir mucho en algunas personas, sitios diferentes que han visitado, número de veces que se ríe al día… y si encima nos vamos a los más de 200 comentarios, tendremos muchas más visiones del «éxito».
Lo que está claro es que cada uno lo definimos de nuestra forma personal. Y que, en realidad, muchas veces ni siquiera nos lo hemos llegado a plantear.

365 días

El otro día estuve viendo un episodio de «El Ala Oeste» (The West Wing), una de mis series favoritas. En concreto, el episodio 6×12 titulado «365 days». Ojo, a partir de aquí empiezo a hablar de la serie: aunque trataré de ser lo menos explícito posible, si no la has visto y te fastidia que te den pistas sobre lo que pasa, puede que prefieras dejar de leer. Por la misma regla de tres, si has visto más que yo, ten cuidado con tus comentarios porque te puedo arrancar los ojos si me haces un spoiler 😀
El caso es que la administración del Presidente Bartlet afronta el último año de su legislatura. Mientras todos los miembros del equipo presidencial están sumidos en el día a día, respondiendo a una y mil crisis, uno de los personajes (que por motivos que no vienen al caso ha estado apartado de ese día a día durante un tiempo) se dedica a repasar obsesivamente los discursos del estado de la nación y de investidura de todos los años precedentes. Y aprecia una notable diferencia respecto al del último año: han desaparecido los grandes retos, las grandes aspiraciones. El equipo presidencial está cansado, no tiene iniciativa, se limita a actuar de forma reactiva a las crisis que van surgiendo.
Entonces, les reune a todos para comentar este hecho, limitándose a escribir en su pizarra «365 días». Es el tiempo que les queda en la Casa Blanca. «En un día aquí podemos resolver más cosas de las que podremos resolver en el resto de nuestra vida una vez salgamos; ¿qué vamos a hacer en estos 365 días?«.
Una nueva llamada hacia la reflexión acerca de lo importante frente a lo urgente, la necesidad de plantearse hacia dónde vas, y qué quieres conseguir.

Superdotados

Anoche estuve viendo, durante un rato, el documental «Superdotados, al este de la campana de Gauss» que echaron en DocumentosTV. Muy interesante, en la medida en que se centraba en cómo el sistema educativo no está preparado para detectar y gestionar a este tipo de personas (que se estima en el 2% de la población), resultando en un desperdicio de potencial talento y en generar a esos niños unas situaciones difíciles, obligados a permanecer en un sistema que se les queda pequeño.
En realidad, al final la conclusión que sacabas es que el sistema sólo está preparado para gestionar «la normalidad» y que todo lo que se salga de ahí (tanto por arriba como por abajo) no tiene una atención específica y, por lo tanto, se ven obligados a transitar a un ritmo que no es el suyo. Claro, la educación personalizada es una utopía, pero aun así debería haber «caminos alternativos».
El caso es que uno acaba agradeciendo haber sido «normal». A mí siempre, desde muy pequeñito, me funcionó bien la cabeza. Lo suficientemente bien como para haber obtenido muy buenos resultados sin demasiado esfuerzo. Pero no tan bien como para haberme sentido un bicho raro, para odiar el colegio por aburrido, para sentirme ajeno a mis coetáneos por verles «demasiado simples», para desear ir a cursos de mayores o para enfrascarme en una vorágine de actividades extraescolares que saciasen mi apetito intelectual (experiencias todas ellas relatadas por los protagonistas del documental).
Es curioso, porque uno piensa siempre que cuanto más (hablamos aquí de inteligencia, pero podríamos poner cualquier otra cosa) mejor. Pero luego resulta que para casi todo hay un punto para el que, una vez superado, empiezan a surgir problemas crecientes que pueden llegar a diluir casi por completo los beneficios.

Proactividad

La verdad es que, pensándolo bien, debería grabarme estas palabras a fuego.
Extracto de un post en ThinkWasabi vía CapitanCook:
«Sé Proactivo por encima de todo […] practícalo, y habrás multiplicado por 1.000 las posibilidades de tener éxito en tu proyecto. […] La Proactividad es sinónimo de acción, de ejecución, de tomar la iniciativa, de moverse y de mover al de al lado si es necesario. Es sinónimo de actitud positiva y constructiva, de enfoque didáctico, prefiere ir en lugar de esperar a que vengan, prefiere llamar en lugar de aguardar el “ring” del teléfono, es el opuesto a la pasividad, a la contemplación cansina, a la innecesaria crítica mordaz que no aporta nada, a la lamentación bobalicona o la queja infantil. La Proactividad no es ni siquiera parte de la solución, es la solución. La Pasividad es el problema. […] La Proactividad interpreta la acción en términos de beneficio real, visualiza el resultado, la ve como un peldaño para seguir creciendo personalmente y sumando en conjunto. La Pasividad ve la acción, o el tener que hacer algo, como una amenaza, una molestia, pone excusas, y espera a que el agua esté tibia para bañarse y dejarse flotar. El proactivo se zambulle aunque las aguas estén gélidas y rápidamente comienza a nadar.«

Escéptico 2.0

Escepticismo

Hace unos meses, David me regaló esta imagen. No recuerdo exactamente a cuento de qué vino; imagino que hice algún comentario de esos que me salen de vez en cuando entre lo escéptico, lo desencantado y lo mordaz.
Practicar un sano escepticismo creo que es bueno en líneas generales. La duda metódica, que diría Descartes. Sin embargo, a veces es una lata, sobre todo si al escepticismo se le suma una cierta coherencia.
A veces envidio al que no es escéptico, al que se cree casi todo lo que le dicen, y casi todo lo que él dice, incluso cuando la tozuda realidad se empeña en decir lo contrario. Y a veces también envidio al que, siendo escéptico, es capaz de guardarse su escepticismo y volcarse al 100% en algo que no se cree «por exigencias del guión».
Pero yo no soy así, qué le vamos a hacer. Para algunas cosas es bueno, para otras regular, y para otras malo. Pero oye, cada uno es de su padre y de su madre, y éstas son las cartas que me toca jugar.