Los clanes escoceses

Castillo de Eilean Donan

No sé por qué, hoy me ha dado por recordar viejos tiempos.
En la época en que me dediqué a formación en habilidades directivas, utilizábamos una dinámica («jueguecito», que decían algunos) llamada «Los clanes escoceses». Consistía en un número (¿7? ¿8? Ya no me acuerdo) de equipos que estaban dotados de una serie de recursos iniciales (ganado, hierro y carbón, creo recordar) y que, a través del intercambio con otros equipos, debían lograr un conjunto de recursos finales distintos (p.j. el que partía sin ganado tenía que negociar para conseguirlo, a cambio de su hierro). La actividad tenía una complicación adicional, que era que, aunque todos los grupos eran clanes escoceses que luchaban contra el enemigo común (Inglaterra), entre ellos también había afinidades y desencuentros. Así, un determinado equipo sólo podía comerciar con equipos «amigos», y no con los «enemigos».
En definitiva, la moraleja de la actividad era hacer ver cómo es habitual que la dinámica de competencia, en lugar de colaboración, entre grupos que comparten un enemigo común, acababa por evitar que se consiguiesen los objetivos de todos. Sólo si se tenía en mente que todos eran «clanes escoceses» era posible superar las enemistades internas y ayudarse unos a otros para que todos consiguiesen sus objetivos. Trasladado a la empresa: dentro de una misma organización muchas veces hay «batallitas internas» que impiden concentrarse en el enemigo común: el mercado, la competencia.
La cuestión es que a mi jefe de por aquel entonces le gustaba «vestir» este tipo de actividades todo lo que pudiera. Para ello, en este caso, nos curramos unos estandartes de cada uno de los clanes escoceses; las instrucciones estaban impresas con un tipo de letra estilo medieval sobre papel de pergamino, incluso selladas con lacre; para representar los recursos, teníamos vaquitas (salidas de maquetas de trenes), canicas negras (para el hierro) y trozos de pirita (para el carbón)…
Claro, el problema era preparar todo este material… en pleno staff, rodeado de auditores y consultores que se dedicaban a cosas «más serias». Te miraban como si fueras un niño de párvulos en pleno recreo; por encima del hombro y entre sonrisillas. No es fácil la vida del «raro» en la oficina 🙂
Pero por otro lado la «tensión» derivada de esas actividades (desarrolladas siempre de cara al público, donde todo tenía que salir perfecto y encima luchando contra el escepticismo inicial de los asistentes) no la conocían ellos. A mí, sin duda, me dió unas cuantas tablas que agradezco mucho
Foto | Skubic

Sistema automático de citas en la Seguridad Social

Hace un montón de tiempo os contaba mis problemas para pedir cita por teléfono con el médico de la Seguridad Social. Eso era en Madrid… pero cuando vine a Aranda la cosa no cambió demasiado. De hecho, en el propio centro de salud había un cartelito indicando que «para comodidad de todos, eviten llamar de 8 a 12 de la mañana»…
El caso es que antes de ayer llamé para pedir cita, y otra vez experiencia frustrante: comunicar, comunicar, y comunicar. Lo dejé para el día siguiente. Mi sorpresa vino (de hecho, pensé que me había equivocado al marcar) cuando ayer entra la llamada a la primera… y me atiende una maquinita: «Bienvenido al servicio automatizado de cita telefónica de su centro de salud».
«Coñe, ¿y esta novedad?» (efectivamente, hoy cuando he ido al centro de salud he visto que era una novedad: el sistema entró en funcionamiento precisamente ayer).
La experiencia fue muy agradable: primero te preguntan si quieres cita para el médico o la enfermera, luego te piden tu fecha de nacimiento para identificarte, y una vez que les confirmas que es correcta te preguntan si eres fulanito. Si se lo confirmas, entonces te ofrece una hora de consulta, que tú puedes aceptar o rechazar (pidiendo para más tarde o para otro día, pudiendo concretar el día exacto). Finalmente te proponen una cita, la aceptas… y ya está.
Hoy iba con cierto temor a que el sistema no hubiera registrado mi cita… pero ahí estaba, puntual, a las 11:45 (otra cosa es que luego, por el tradicional retraso acumulado, haya entrado a las 12:30… pero ése es otro problema distinto).
El sistema me ha parecido bastante bien montado, con especial atención a que en la mayoría de operaciones se podía responder con la voz o con el teclado del teléfono (dios maldiga a los reconocedores de voz). Quizás lo que peor resuelto me parece sea lo de identificarse por la fecha de nacimiento… ¿y si hay varias personas con la misma fecha? ¿Tienes que ir descartando uno detrás de otro? A mí al menos me pilló a la primera.
Pero bueno, muy bien. Ahora puedo llamar al centro de salud en horario 24×7 y tener mi cita sin esperas y sin frustraciones. ¡Bien por la Seguridad Social (en este caso, por el Sacyl).
PD.- Por supuesto, entiendo que para cierto segmento de la población (personas mayores, etc.) esto pueda ser un shock. Imagino que en cierto momento del proceso se podrá pedir «hablar con una persona humana» y de esta forma enlazar con el sistema anterior. Pero, por lo que a mí respecta, estoy encantado.

¿Patrocinarías este blog?

Ya veis, una pregunta clara, directa y plenamente interesada.
Hay blogs que están patrocinados (ojo, patrocinar blogs y patrocinar posts no creo que sea ni medio parecido). Es decir, mantienen publicidad de forma continuada en el blog por una cantidad fija.
Yo (aquí a la derecha) tengo unos recuadros de «patrocinio». Hasta hoy, no han sido patrocinios de verdad: los he usado para promocionar causas que me parecen interesantes per sé, como agradecimiento a alguien o por interés propio (como el enlace a mi página personal, el enlace a Actibva o a la comunidad de Vida de un Consultor en Facebook). Pero nunca nadie ha pagado nada por ocupar ese espacio.
¿Creéis, vosotros que os pasáis habitualmente por aquí, que es factible que este blog tenga un patrocinio real? ¿Creéis, desde vuestro punto de vista, que a un anunciante le puede interesar poner su «sello» en uno de esos recuadros? ¿Os parecería bien, mal, indiferente?
Lo que tengo muy claro es que, en el caso hipotético de que eso sucediese, los límites del acuerdo de patrocinio estarían claros: x dinero por poner un banner aquí a la derecha. Nada más. Ni posts alabando a nuestros patrocinadores, ni «te dejo que escribas como blogger invitado», ni ningún trato de favor (ni para incluir contenidos «con calzador» ni para evitar críticas) hacia tu marca.
¿Alguno tenéis experiencias como «patrocinado»? ¿Cómo os ha ido?
¿Alguno tenéis experiencia como «patrocinadores»? ¿Qué tal han funcionado vuestras iniciativas en este sentido? ¿Percibís un retorno interesante en estas iniciativas?

Dinero en metálico: el pozo sin fondo

No me gusta nada el dinero en metálico. No me gusta pagar en metálico, no me gusta llevar dinero encima. Alucino con esa gente que va por ahí con fajos de billetes, y de hecho tengo un caso bastante cercano que simplemente no tiene tarjetas de débito, ni de crédito, ni nada: cuando tiene que hacer alguna compra (no importa la cantidad) se baja a su entidad financiera, pide billetes fresquitos… y se va con ellos en el bolsillo a hacer la transacción.
No entiendo qué sentido tiene ese tipo de comportamiento. Es mucho más incómodo, más arriesgado… y encima es una fuente relevante de gasto. Y me explico.
Yo procuro pagar siempre con tarjeta. Así hay un registro claro de cuándo, dónde y cuándo me gasto el dinero, lo que me permite hacer un seguimiento de mis finanzas personales mucho más acotado. Aun así, por supuesto, llevo dinero en metálico: porque hay pequeños gastos que no tiene sentido hacerlos de otra forma, o porque a veces hay imprevistos (como en un restaurante hace poco, donde «se les había estropeado el datáfono»… aunque a mí me olió a «no queremos pagar la comisión, paga en metálico»).
De todas formas, procuro llevar un registro (mediante los tickets de compra, o apuntando los gastos en un papelito) de dónde se ha ido gastando ese dinero en metálico. Y el problema es que, a pesar de este intento de control, siempre tengo un desfase: si he sacado X del cajero, sólo puedo «justificar» con lo que tengo apuntado una parte (importante, pero no completa) de ello. Teniendo en cuenta que mi hijo todavía no tiene edad para sisarme… la conclusión es que inevitablemente, por mucho cuidado que ponga (obviamente, no soy un obseso del tema), hay unos cuantos euros al cabo del mes que «no sé dónde han ido».
Lo más probable es que se traten de «pequeños gastos» (un día compras el periódico, otro día le compras unos gusanitos al enano, etc.) que te olvidas de apuntar. Pero no deja de resultar frustrante, cuando estás intentando mantener un cierto orden en la economía doméstica, tener ese «agujero negro».

Tuenti no es Treinti

Estamos viviendo en la época del hype de Tuenti. Perdón, con «hype» me refiero a que «todo el mundo» habla de ello (diarios «serios» incluídos), y con Tuenti me refiero a una red social en español que está haciendo furor con tropecientasmil visitas y no sé qué más.
Hace unas semanas, con todo el mundo hablando del tema, decidí pedir una invitación de Tuenti (porque ésa es una de sus peculiaridades: no puedes simplemente «darte de alta», sino que te tiene que invitar alguien que ya está dentro… una estrategia extraña, pero que parece que da sus resultados) más que nada para ver de qué iba el tema.
Lo que me encontré, francamente, fue «nifúnifá». Una red social al uso, con nada especialmente destacable ni en el diseño, ni en las funcionalidades… en fin, nada que justifique tanto bombo, la verdad. Pero claro, el valor de Tuenti no está en la plataforma, sino en la red. Y no se sabe muy bien cómo, Tuenti ha conseguido calar muy hondo en un segmento de personas (inicialmente universitarios veinteañeros, de ahí lo del nombre; pero parece que se ha extendido hacia segmentos más jóvenes incluso).
Eso tuve ocasión de constatarlo de inmediato. Se me ocurrió hacer una búsqueda a ver si encontraba a algún conocido. Aparte de los «blogosféricos habituales» (gente que, como yo, se apunta a cualquier cosa solo para probar), nada. De hecho, haciendo una búsqueda segmentada por fechas de nacimiento… el número de usuarios totales en el entorno de mi edad era casi testimonial.
Supongo que es lo que tiene estar en los treinti más que en los tuenti. Luego está la cosa de preguntarse qué sentido tiene tener a la gente en distintas redes sociales en función de la edad (cuando no hay ni un solo elemento de diseño, de funcionalidades, de… que sea diferencial). Pero ésa es otra historia.

Mi gran problema SEO

Sigo dándole vueltas el tema SEO… y creo que he llegado a la primera conclusión: tengo un gran problema SEO de base.
Me decía Agustín Vivancos en su informe «No me meto en lo que escribas pero no mezcles muchas temáticas». Miguel Orense, otro al que le pedía un poco de asesoramiento, me preguntaba «¿para que palabras querrías aparecer?»
Empiezo a sospechar que el SEO es eficaz cuando uno tiene un nicho muy definido de mercado. Cuando uno tiene un contenido muy concreto, que puede «vender» en base a algunas palabras clave sobre las que realizar una actividad más intensiva. Se pueden obtener resultados SEO interesantes cuando concentras esfuerzos en algo muy acotado.
Pero mi problema es que… ¿de qué va este blog? ¿cómo podría reducirlo a tres o cuatro búsquedas en las que quisiera estar? En realidad… ¿tengo interés especial en aparecer en alguna búsqueda concreta? ¿Cuál es el objetivo de este blog? ¿Qué «vendo» en él? ¿A quién quiero atraer a él?
Y entonces me doy cuenta de que este blog, en concreto, no «vende» nada. Es mi blog personal. Como mucho, me «vendo» a mí mismo, mi forma de ver el mundo. Cuento cosas de lo más variopintas, siempre desde un enfoque personal, pero muy dispersas temáticamente. El único nexo de unión es mi persona.
Empiezo a pensar que, si quiero vender algo (por ejemplo a mí mismo como consultor de empresas digitales) tendré que hacerlo desde otro sitio. Un blog temático, en el que sólo hable de ese tema concreto, un tema que se pueda «etiquetar» con palabras clave de forma que genere atracción focalizada.
Porque quien venga hoy por hoy a este blog, me encuentra a mí con todas mis múltiples facetas, las personales y las profesionales, las serias y las triviales. Demasiada información inconexa, un blog banal. Lo cual no esta mal, mi blog es exactamente como quiero que sea… pero quizás no sea un buen target para acciones de marketing, SEO o SEM.

El cash-flow doméstico: la metáfora del grifo y el desagüe

Grifo, lavabo

Probablemente sea uno de los conceptos más relevantes dentro de las finanzas, y también por supuesto de las finanzas personales. El cash-flow, o flujo de caja, es la variable más importante que hay que tener bajo control en la evolución de nuestras finanzas.
El cash-flow es un concepto sencillo. Se trata de saber, al cabo de un periodo, la diferencia entre cobros y pagos. Es decir, la diferencia entre el dinero que entra y el dinero que sale. Si es positiva, es que ha entrado más dinero del que ha salido y por lo tanto hemos acumulado reservas. Y si es negativa, es que ha salido más dinero del que ha entrado y por lo tanto hemos perdido reservas.
Siempre me ha resultado muy útil para visualizar este tipo de indicadores de flujo la metáfora de la bañera, con un grifo y un desagüe. A través del grifo, va entrando una cierta cantidad de agua, mientras que a través del desagüe se va perdiendo otra cantidad. Si el grifo aporta agua a mayor ritmo de la que se va por el desagüe, entonces el nivel de la bañera va creciendo. Y si el desagüe traga agua a más ritmo del que sale por el grifo, entonces el nivel de la bañera va bajando.
Hacer un análisis del cash-flow doméstico no es difícil. Basta con sentarse un día y hacer una revisión (mejor si hemos ido haciendo un seguimiento de las finanzas personales previamente, para así asegurarnos de que estamos teniendo todo en cuenta) de cuánto dinero ha entrado en nuestras cuentas/bolsillos durante el último periodo (digamos un mes; la nómina, los intereses de los ahorros, un dinero que nos tocó en la lotería…) y cuánto dinero ha salido (las compras, el pago de la hipoteca, la luz, el viajecito que hicimos, etc.). Así podremos comprobar cuánta agua echa nuestro grifo, y cuánta agua traga nuestro desagüe.
Si tenemos un cash-flow negativo… tenemos un problema. Porque eso significa que cada periodo que pase, nuestras reservas (los ahorros) irán bajando…
Foto | snorri7