Cómo hacer el seguimiento de tus finanzas personales

Calculadora

Lo comentaba ayer: para poder hacer una gestión de las finanzas personales (en vez de simplemente «dejarse llevar» y «a ver qué pasa»), es necesario tener un control muy completo sobre nuestra situación y evolución. Cuánto tenemos, cuánto debemos, cuánto nos deben, cuánto ganamos, cuánto gastamos… sólo si tenemos claro esto podremos empezar a hacer análisis en condiciones y tomar decisiones que nos permitan mejorar nuestra situación presente y futura. ¿Y cómo hacer este seguimiento? Con datos.
Tras unos primeros años de vida laboral en los que no presté mucha atención a este asunto (básicamente entraba más dinero del que salía, así que no me preocupaba), en 2002 se sucedieron un conjunto de circunstancias (empezar a hacer cuentas en común con mi mujer, valoración y compra de un coche, valoración y compra de un piso) que me llevaron a seguir un cierto control, para lo cual empecé (como muchos) con una hoja de cálculo.
El problema de la hoja de cálculo (aparte de haberla ido construyendo «sobre la marcha» y por lo tanto sin método) es que en realidad consistía en un resumen mes a mes de mi situación. Es decir, no era capaz de hacer un seguimiento de detalle, lo cual a posteriori es un incordio sobre todo cuando quieres profundizar. Así que empecé a utilizar un software específico. En mi caso fue el MS Money, aunque ahora hay cada vez más alternativas.
MS Money es un programa muy potente, pero a la vez un tanto intimidador al principio: tiene muchas opciones, un funcionamiento «contable» que es interesante conocer a priori… en definitiva, con una curva de aprendizaje lenta, conviene cacharrear bastante con él antes de poder extraerle todo el jugo. Y por otro lado es bastante exigente después: se basa en un sistema de registro transacción a transacción. Es decir, en ir anotando y categorizando todos y cada uno de los moviemientos financieros que vayamos teniendo. Esto nos permitirá después alcanzar niveles de análisis fabulosos, pero nos exige rigor y constancia para mantenerlo correctamente actualizado…
La cuestión es que si superamos esas dos barreras (el aprendizaje inicial y la exigencia de actualización posterior), este tipo de software es una herramienta fantástica tanto para hacer el seguimiento de nuestras finanzas, analizarlas y ayudarnos a tomar decisiones. Ahí van algunos consejos para extraerle el máximo rendimiento a este tipo de programas:

  • Antes de empezar, emplea tiempo en familiarizarte con el sistema de cuentas, la estructura de categorías y el funcionamiento general del programa. Lee los tutoriales, crea algunas cuentas y transacciones de prueba… todo esto ayudará a que cuando empieces con tus cuentas «de verdad» todo sea más sencillo y menos frustrante.
  • Adapta a priori el sistema a tus necesidades: crea las cuentas que vayas a necesitar, renombra y reorganiza las categorías para que se adapten a tus transacciones, ten en cuenta las posibles necesidades de adaptación a tu país (este tipo de software suele venir muy centrado en el mundo anglosajón)… todo esto facilitará que luego los análisis tengan más sentido. Siempre podrás ir haciendo ajustes sobre la marcha, pero cuanto más sólido sea el esquema al principio, mejor.
  • Siempre que puedas, realiza tus transacciones de forma que quede constancia de ellas: tarjetas de débito y crédito, banca electrónica… dejan un rastro que te facilitará luego el volcar las transacciones al sistema. Ya que lamentablemente no contamos con muchas entidades que permitan alimentar directamente al programa mediante conexión directa, al menos podremos introducir manualmente los extractos.
  • Actualiza con cierta frecuencia. La frecuencia es necesaria para llevar un control real sobre tus finanzas; de poco vale darte cuenta de algo al cabo de los meses, si requería una actuación más ágil. Si no lo haces con frecuencia, tendrás un bonito repositorio de información, pero de utilidad limitada.
  • Sé disciplinado en la actualización. Se trata de un trabajo esencialmente manual (aunque puedes automatizarlo en cierta medida a partir de la información que te dé tu banca electrónica) y da una cierta pereza; pero si lo dejas, el trabajo se acumula con lo cual la pereza es mayor y acabarás dejándolo.
  • Procura introducir inmediatamente (si es posible al día, mejor) las operaciones que hagas en metálico. Porque si lo dejas, acabas olvidando el detalle de las mismas, y al final simplemente acabas sabiendo que sacaste 40 euros y no sabes en qué te los has gastado. Y al final es mucho dinero sin controlar; haz las cuentas y lo verás.
  • Añade el máximo nivel de información a las transacciones. Asigna categorías con la mayor precisión posible, ya que eso te permitirá hacer un análisis mucho más granular a posteriori, e introduce notas de texto que ayuden a identificar la transacción; lo que hoy está fresco en tu memoria, dentro de dos años no recordarás de qué se trata.
  • Refleja las transacciones de la forma más fiel posible: desglosa la nómina para reflejar retenciones y contribuciones, desglosa las facturas con IVA si luego te lo puedes deducir, etc… de esta forma, los análisis posteriores serán más reales
  • Cada vez que detectes una operación recurrente (aunque no sea exacta), incorpórala a la lista de operaciones recurrentes. Te ayudará a planificar mejor, y a simplificar en parte el sistema de introducción de datos; éstas se introducen solas.
  • A la hora de planificar, procura disponer de una visión retrospectiva amplia para identificar elementos que por su estacionalidad puedan no estar presentes en el día a día. Y hacer una distinción clara entre operaciones corrientes y operaciones extraordinarias, que pueden distorsionar los análisis.

En fin, este tipo de herramientas es muy potente pero exige dedicación. Eso sí, una vez que se empieza a manejar con soltura nos permite hacer de todo. Personalmente he caido en la mayoría de los errores, pero poco a poco he ido mejorando en su uso; ¡y todavía me queda por extraerle todo el jugo!
Foto | Afroswede

Los invitados a los latenights

(Esta es la típica entrada que escribiría en ¡VayaTele! – Pero como lo he dejado… qué le vamos a hacer, de vez en cuando me siguen surgiendo temas para escribir, pero a un ritmo insuficiente como para permanecer vinculado a una actividad de grupo).
El caso es que estaba leyendo el blog de Buenafuente. Un blog, por cierto, interesante en el contenido pero desastroso en su concepción: no ya por el tema de los comentarios (que puedo llegar a entender, aunque siempre he pensado que la interactividad es una gran parte de la miga de todo esto), sino por cosas como la ausencia de una estructura de enlaces permanentes, o la existencia de archivos «por año». Lo cual convierte en tarea imposible referenciar un contenido concreto, o localizarlo (a no ser que te quieras recorrer todos los posts de 2007… por si lo encuentras).
En fin, a lo que iba. Me refiero a un post llamado «Lección de veteranos» que escribía el pasado 25 de enero. En él habla sobre lo difícil que está el mundo del espectáculo, y de cómo eso repercute en su programa. Básicamente, que como la cosa está mal la industria cada vez invierte menos en promoción, y eso implica que muchos músicos, actores, escritores… dejan de «hacer la ronda» de programas televisivos o lo hacen cada vez con menor entusiasmo. Total, «salir en la tele» no se traduce automáticamente en más ventas, ni en más beneficios. Así que «ir pa’ na…»
«Porque somos lo que se dice un escaparate de dicho mundo, en clave de entretenimiento. Invitamos a los que hacen cosas de calidad y quieren contarlas, adaptándose al tono del programa. Cada vez cuesta más, podemos asegurarlo. […] A pesar del desencanto y la desorientación del sector, seguiremos apostando por los buenos contenidos y los buenos invitados. Los que quieran venir. Los que no quieran venir, ya no son buenos invitados. […] No buscamos una gran audiencia. Buscamos una BUENA audiencia. Gente con sensibilidad y sentido común. Ahí estamos y ahí seguiremos.»
Pues personalmente creo que hay algo que falla en este razonamiento. Y es que, por encima de todo, Buenafuente y demás programas televisivos son parte de esa misma industria «desorientada». Porque lo cierto es que contenidos buenos los hay, diría que cada vez más, gracias a la democratización en el acceso a los medios de producción artística. Ya no hace falta que la industria te conceda el honor de grabar un disco y distribuírtelo: puedes hacerlo tu mismo. No pierde la música, o la cultura: pierde la industria. Hay más cantidad y variedad de arte, de música, de literatura. El problema es que está más disgregado porque la industria está perdiendo la capacidad de dirigir al rebaño hacia quien ellos quieren.
Y el problema de Buenafuente no es que haya «poco» donde elegir. Es que lo que ellos siempre han querido es ayudar a promocionar a aquéllos que venían de la manita de la industria. Porque eso significaba interés del público, audiencia, ingresos por publicidad. Era un binomio perfecto, los unos se promocionan (contribuyendo a la concentración del interés del público en unos pocos) y los otros atraen a la audiencia. Como la industria va perdiendo poder, el interés del público se va disgregando (que no desapareciendo). Cada vez hay menos «estrellas» que generen movimientos de masas, porque cada vez hay menos dinero para fabricarlas. Y como consecuencia, cada vez hay menos personajes cuya presencia en televisión arrastre audicencias.
El problema, Buenafuente, no es que no haya contenidos interesantes. El problema es que el rebaño ya no responde a los estímulos de antes, la industria ya no consigue movilizar a las audiencias como antes. Y eso era, en realidad, lo que queríais. Gente que «haga cosas de calidad y quiera contarlas» me atrevería a decir que cada vez hay más. Gente que con su mera presencia (y no con el interés intrínseco de lo que hace) sea capaz de atraer la atención de cientos de miles de personas, cada vez menos.
Entiendo que la progresiva desaparición del «star system» es una putada para la industria, incluyendo a las cadenas de televisión y a los programas como Buenafuente, buena parte de cuyos contenidos (y de su capacidad para atraer a la audiencia) consisten en traer «artistas en promoción». Pero no lo disfracemos de «cada vez hay menos cosas interesantes que contar», que cosas que contar hay muchas y muy variadas. Eso sí, con menos audiencia de por medio. Ergo con menos dinero.

Destino: la independencia financiera

El concepto de independencia financiera lo utiliza Robert Kiyosaky en su Padre Rico, Padre Pobre, un libro que resulta interesante leer en la medida en que permite reflexionar sobre nuestra forma de comportarnos respecto al dinero. Llama independencia financiera al estado en el que nuestros ingresos pasivos (es decir, los obtenidos sin una intervención intensiva por nuestra parte; rendimiento de inversiones, beneficios de negocios, etc.) superan a nuestros gastos corrientes. Si lográsemos alcanzar ese estado, nos encontraríamos en una situación en la que se podría (si queremos) vivir sin tener que trabajar. Lo cual, teniendo en cuenta las servidumbres habituales del trabajo, no suena mal…
Con una ecuación tan sencilla, parece claro alcanzar la independencia financiera pasa por dos caminos: reducir nuestros gastos e incrementar nuestros ingresos pasivos. Sencillo, ¿verdad? 😛
El caso es que sí, lo sé, eso de la «independencia financiera» suena a palabrería barata, a utopía inalcanzable para la mayoría de nosotros. Y sin embargo… creo que no es nada mala como declaración de intenciones. Probablemente sea algo difícil de alcanzar en términos absolutos, pero lo que está claro es que cuanto más nos acerquemos a ella, mejor será nuestra situación financiera.
(De hecho, ahora que lo leo, se me asemeja mucho al concepto del «móvil perpetuo«: el artilugio mecánico que genera por sí mismo la suficiente energía como para funcionar sin necesidad de ningún aporte adicional. Posiblemente sea un concepto utópico, pero cualquier actuación orientada a conseguirlo, aunque no llegue a hacerlo, redundará en una mejora de la eficiencia energética… pues eso)

Finanzas personales y economía doméstica

De un tiempo a esta parte (quizás desde que los ingresos dejaron de fluir «como por arte de magia») vengo siendo más consciente de mis finanzas personales (y, por extensión, de las de la unidad familiar). Creo que es algo relevante sobre lo que merece la pena pararse a pensar de vez en cuando, y no simplemente dejarse llevar; al fin y al cabo, las decisiones económico-financieras tienen un impacto muy real en nuestro día a día.
Poca gente se para a realizar unos estados financieros en su ámbito personal: cuenta de resultados, balance de situación. Conceptos que suenan a «rollo de empresas», pero que en realidad no vienen si no a responder a preguntas tan básicas como ¿Cuánto gano? ¿Cuánto gasto? ¿Cuánto ahorro? ¿Cuánto tengo? ¿Cuánto debo?
Y sobre la base de estas preguntas, viene lo más relevante: el análisis que nos permite modificar las cosas. ¿Podría ganar más? ¿Podría gastar menos? ¿Tendré suficiente en el futuro? ¿Qué tengo que hacer de forma diferentente para cambiar las cosas?
Como ya digo que últimamente es un tema recurrente en mis pensamientos, creo que voy a abrir una categoría en el blog para ir recopilando las reflexiones al respecto.

Invitaciones para Seesmic

Ya os hablé antes de Seesmic. Lo hice con un elevado grado de escepticismo, que para ser francos sigue sin despejarse: no sólo relacionado con el concepto en sí mismo, sino también con el ritmo de desarrollo del producto. Avanza muuuuy lento, y está todavía muuuuy verde. Quizás sea el problema de entrar en una «pre-alpha», y que yo no estoy hecho para ello…
El caso es que dispongo de unas cuantas invitaciones ( Seesmic invites ) para convertirse en usuario de Seesmic. ¿Qué sentido tiene promover una herramienta cuando uno no está convencido de ella? Bueno, varios puntos aquí. Por un lado, mis opiniones son mías y creo que lo lógico es que cada uno pueda sacar las suyas propias, y para eso hay que probarlo. Segundo, uno de los elementos que hacen aburrido Seesmic es el no encontrar gente conocida: escuchar y ver a desconocidos hablando de sus cosas es un rollo. Así que si mis «conocidos digitales» se suman a la iniciativa, quizás tenga más gracia…
Y bueno, luego está todo el rollo de «ser pionero» y tal :P; que soy probablemente el primer usuario en español de Seesmic, el tercero en usarlo desde España después de Varsavsky (inversor en Seesmic) y de Dennis Howlett (que vive en Alcaudete aunque de español… lo justo 🙂 ). Así que, por pueril que resulte… parece que eso también influye en que le haya cogido algo de cariño al chisme.
En fin, que si alguien quiere, que se numere en los comentarios.

Los políticos y los votos en internet: un futuro negro

Pasa cada vez que se acercan las elecciones. Vemos a políticos (perdón: a equipos de campaña de políticos) que diseñan acercamientos a internet: ahora un mitin en secondlife, ahora un beers&blogs, ahora un perfil en facebook, ahora una cuenta en flickr, ahora un blog… todo vendido con la fanfarria de «internautas, mirad qué modernos y cool somos, votadnos a nosotros».
Pero lo cierto es que la mayoría, por no decir el 100%, de estos intentos, son torpes y burdos. Son acercamientos con un enfoque tradicional, de «yo hablo y vosotros escucháis», un intento de conseguir un puñadito de votos exactamente igual que cuando se acercan a un mercado. Me dejo ver, estrecho un par de manos, y a otra cosa mariposa.
Pero internet es otro mundo. Normalmente hablamos de un perfil crítico de partida, que gusta de darle vueltas a las cosas, que necesita algo más que un slogan y un caramelo para decidir un voto. Un perfil inquieto que busca argumentos y justificaciones, que está acostumbrado a las relaciones «uno a uno», que discrimina los contenidos que quiere consumir, que exige ser escuchado y no sólo asistir a un «besamanos» digital.
«Trabajarse» al internauta requiere de un gran esfuerzo. Por contra, trabajarse a la «masa» cuya percepción del mundo se forma a base de titulares de periódicos y slogans repetidos en radios y televisiones no requiere tanto. Unos mensajes simples y hala, a repetirlos a diestro y siniestro. ¿Resultado? Millones de personas adoctrinadas y movilizadas (¿manipuladas? sí, manipuladas), con un coste limitado. En el otro lado, un puñado pequeño de votantes internautas que encima son un hueso duro de roer. Y como un hombre, un voto… pues está claro dónde está el caladero de votos interesante.
Por eso creo firmemente que nunca vamos a ver, sobre todo en la política nacional, políticos que se tomen en serio eso de ser «internautas» de verdad. En un análisis coste-beneficio, no les sale rentable. Seguirán «apareciendo» (guiados de la manita por algún iluminado de su equipo de comunicación) por distintos sitios de internet, a ver si pescan algo sin mucho esfuerzo y también a ver si consiguen que esas apariciones sean magnificadas por la prensa tradicional. Pero no nos engañemos: mientras haya millones de ciudadanos acríticos, que votan a toque de corneta («que os quitan las pensioneeeeeees» «que se rompe Españaaaaaa» «el del bigote es malooooo» «la derecha ultramontanaaaaa» «la izquierda radicaaaaaal»….), los políticos no tendrán ningún interés en un grupúsculo de ciudadanos críticos.

La crisis de las bolsas en perspectiva

Ayer nos desayunamos (y comimos, y cenamos) con el runrun de las caídas generalizadas en las bolsas europeas y asiáticas (y la norteamericana porque estaba de vacaciones, que si no…). Como sucede cuando se trata de acercar temas complejos al gran público, la simplificación y la magnificación fueron las notas dominantes, por encima del análisis y la perspectiva. «La mayor caída de la historia», «Desde el 11-S no se veía otra cosa así», «Lunes negro». Titulares que, sin faltar a la verdad, hacen énfasis en la superficie y no en el fondo. Como es habitual, hay que buscar un poco (lo cual supone un esfuerzo activo más allá de escuchar los titulares) para encontrar análisis más ponderados que, a su vez, exigen un esfuerzo adicional (inalcanzable para la mayoría) para su comprensión. Y es que en la economía y en las finanzas, como en casi todo en la vida, las cosas no son simples.
Una de las reflexiones que más me gustó ayer fue ésta de El Confidencial:

Estamos ante un acelerado y, aparentemente, incontrolable proceso de ajuste del injustificado sobredimensionamiento de la economía financiera sobre la economía real. Una economía real que le sirvió, originariamente, de origen y justificación. Liquidación por derribo de un universo artificial que ahora purga sus excesos.

Siendo importante el castañazo de ayer, lo relevante del asunto es en realidad lo inflados que han estado los mercados financieros en los últimos años. Y sin embargo nadie se ha llevado las manos a la cabeza durante los últimos cinco años en los que el IBEX se ha más que duplicado (incluyendo la bajada de las últimas semanas). No es una subida lógica. Está alejada de los parámetros de la economía real. Pero oye, como ahí se ganaba pasta… pues todo el mundo chitón y a mirar para otro lado, a silbar mirando al techo mientras se llenaban los bolsillos (intermediarios incluidos). Y ahora todo el mundo haciéndose de cruces… hombre, pues qué esperábais, ¿seguir inflando permanentemente el globo?
Ocurre que los mercados financieros hace tiempo que funcionan «por libre». Los activos subyacentes tienen una importancia cada vez menor, y la evolución de los valores responde más a cuestiones psicológicas y a movimientos interesados por parte de los operadores que a realidades económicas. Pero, por mucha cuerda que demos al asunto, y por mucho que nos hagamos los despistados mientras vemos como esa incoherencia crece, llega un momento en el que la cosa no da más de sí.
Por lo tanto, la vinculación entre caídas en los mercados financieros y crisis en la economía real, sin ser inexistente, no es tan directa como se pudiera pensar. Igual al contrario: la exhuberancia en los mercados financieros no debe ser vinculada unívocamente a la exhuberancia de la economía real.
Y, sobre todo, miremos las cosas con perspectiva.

Hablemos de twitter

Ah, twitter, twitter… quién me lo iba a decir a mí… con la chorrada tan grande que me pareció cuando salió, y ahora no sólo soy un adicto sino que encima me permito el lujo de hablar sobre el tema como si fuera un experto… cómo cambian los tiempos, Venancio, ¡qué te parece!
El caso es que esta tarde he repetido intervención en Enredados (ya participé allá por octubre). Esta vez en el papel, más grato, de «tertuliano». El que ha introducido el tema esta vez ha sido… ¿Juan Larzábal? ¿Javier Barrera? (algún día deberíamos hablar de quién eres en realidad, y quién es «el otro»…) con un post en su Periodismo al Pil Pil, y hemos sido Antonio Ortiz y yo los que hemos estado hablando un buen ratito (¡y se ha hecho corto!) sobre twitter, el microblogging y demás historias.
Ahí queda el audio:


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