No tengo nada que aportar

Si está todo inventado…

Hace unos días comentaba alguien en twitter su dilema respecto a la creación de contenidos (en este caso hablaba de un podcast, pero podríamos extenderlo a cualquier otro formato). Por un lado estaban sus ganas/apetencias de hacerlo. Y por otro una vocecita interior que decía: «¿Qué aportaría yo a ese tema? Nada, seguramente. Siempre concluyo que no tengo nada que aportar que no esté aportado.»
No es una reflexión que me resultara ajena. Hace algunos años, mi mujer me preguntó: «¿Qué buscas cuando haces una foto? ¿No la habrá hecho alguien antes que tú, y posiblemente mejor?«. Vaya, pues seguramente sí (y además hay gente que se encarga de demostrártelo). «Está todo inventado», «nada nuevo bajo el sol». Sumémosle internet y su capacidad de poner en nuestras pantallas lo mejor de todo el mundo… y es fácil tener esa sensación de futilidad.
Y sin embargo…

Tú lo haces especial

Quiero decir… a ver, no voy a caer en el cliché de que cada uno somos un copo de nieve especial e irrepetible. Que sí, que es verdad, pero al final todos somos copos de nieve, y somos varios miles de millones. O sea, que no nos flipemos. Pero aun así… cada uno tenemos nuestra personalidad, nuestras experiencias, nuestra forma de expresarnos… y todo ello constituye un filtro que le da un matiz diferente a todo lo que hacemos.
¿Hasta qué punto ese matiz es relevante? Pues depende de cómo lo quieras mirar. Si lo haces desde una perspectiva global… pues no, no va a ser diferente. El post que tú escribas no va a ser muy distinto del que escribe un fulano de Oklahoma o de Bangalore, o de tantos otros miles. Puestos uno al lado del otro las diferencias serán prácticamente inapreciables, y para alguien que no te conozca lo mismo le va a dar consumir uno que otro.

Tu red social

La cuestión es que hay otra forma de mirarlo. Y es que, salvo para los que hacen búsquedas genéricas en google (donde sí, eres una commodity), normalmente no se produce esa situación de «competencia perfecta». Cada uno tenemos nuestros círculos sociales tanto en el mundo analógico como en el digital. Amigos, y amigos de amigos. Es a ésos a los que nosotros llegamos, y ahí la competencia se reduce. Porque esos amigos te leen a ti, y no al tipo de Oklahoma ni al de Bangalore.
Sí, en el mundo global eres una commodity indistinguible, pero para tu círculo ya eres identificable. Cuando ven un contenido tuyo, el hecho de que sea tuyo les aporta un matiz relevante y reconocible. Porque hay por debajo una conexión personal (no hace falta que sea profunda ni que seáis amigos del alma) que consigue que, para ellos, sea diferente.
Piénsalo. El hecho de salir a tomar una cerveza con alguien… en realidad, ese «alguien» podría ser cualquiera. Total, la actividad en sí, las conversaciones que se tienen… hay miles de personas sólo en tu ciudad con las que podrías hacer lo mismo. Y sin embargo, no tiene nada que ver hacerlo con unos amigos que con un grupo de desconocidos, ¿verdad?

Las comparaciones son odiosas

Cuando uno se plantea crear un contenido, puede pensar… ¿habrá alguien en el mundo que lo haga mejor? La respuesta, en el 99,9999% de los casos, es que SÍ. Hay alguien mejor. Y además es fácil de encontrar, en un par de clics puedes hacerlo.
Pero, ¿sabes qué? También hay mucho contenido peor. Muchísimo más de lo que imaginas. Aunque tú te sientas un mediocre comparado con ese experto de talla mundial, es probable que lo que tú llamas «mediocridad» esté por encima del 80% del nivel de la población mundial. O del 90%. Lo malo es que tendemos a creer que lo que nosotros sabemos hacer… lo sabe hacer todo el mundo. Y no es así, y es algo de lo que te das cuenta en cuanto empiezas a rascar. Piensa en la gente que te rodea, y haz números.
Si a esto le unimos la visión de «red social» de la que hablábamos antes… es más que posible que aunque no seas un «experto a nivel global», sí que seas un «experto para tu círculo social». Son gente que ni ha dedicado el tiempo que tú has dedicado el tema (aunque a ti te parezca una chorrada), ni tiene referencias de quiénes son esos expertos mundiales que tú crees que todo el mundo conoce.
Aunque tengas la sensación de que tú no puedes aportar nada «al mundo»… sí que puedes aportar muchas cosas «a tu mundo».

La zona de desarrollo proximal

Porque esa es otra. Tendemos a creer que un «experto de talla mundial» es el que mejor puede explicar las cosas a cualquiera. Y no es verdad. Las personas somos capaces de entender y aprender cosas sólo en la medida en la que nos las explican «para nuestro nivel». Y muchas veces eso es más fácil de hacer para alguien que está en ese nivel (o uno ligeramente superior) que para el experto de talla mundial, al que se le hace muy difícil ponerse a esa altura (no necesariamente por ego, sino porque la empatía se hace más complicada).
Que no seas el que más sabe del mundo no te inhabilita para contar cosas relevantes a la gente que tienes cerca. Primero porque es posible que tú seas la única referencia que tengan a mano, y segundo porque es posible que tú seas capaz de contar las cosas de forma más asequible y conectada con su realidad concreta.

Hay quienes conectan contigo

Y aun así, ya he dicho alguna vez que hay que ser consciente de que lo que haces no le importa a (casi) nadie. Creo que es un error hacer cosas pensando que van a «impactar» en los demás, porque es una expectativa poco realista y que lleva a la decepción. Hay que hacer cosas porque a uno le gustan, sin esperar nada.
Y aunque parezca paradójico resulta que es posible que haya un puñado de personas con las que conectes incluso sin buscarlo. Gente a la que le gusta lo que haces, tu forma de expresarte, las cosas que cuentas…
Cuando eso sucede, cuando encuentras aunque sea una persona con la que conectas en base a lo que haces sin expectativa, a lo que te sale de dentro… la sensación es estupenda. Porque esa conexión es genuina, no forzada. Porque desvela una afinidad de esas que son difíciles de generar en un mundo lleno de postureo, y eso es algo gratificante en sí mismo. Algo que se puede producir o no, pero que seguro que si te quedas encerrado en casa sin hacer nunca nada no va a pasar.

Disfrutar del camino

En última instancia, tenemos que plantearnos si realmente tenemos que hacer las cosas «para algo». Si es necesario darle un matiz finalista/utilitarista. Si no podemos simplemente hacer las cosas porque nos apetecen, disfrutar del proceso, experimentar, jugar, aprender. Hacerlo por nosotros mismos, sin más.
Y si luego resulta que «aporta algo a alguien», miel sobre hojuelas. Pero que no sea ése el elemento de validación.

PD.- Como ves, he añadido un episodio del podcast Diarios de un knowmad dedicado a este tema. Si te gusta, puedes suscribirte en iVoox y en iTunes, comentar, recomendar, compartir…

Un ejemplo de microaprendizaje a demanda: audacity y el podcast


El otro día viví una experiencia de «microaprendizaje a demanda«. Pero mejor primero la cuento, y luego le ponemos la etiqueta.
Desde hace unos meses vengo experimentando en el mundo de los podcasts. Lancé primero el podcast Skillompent (con entrevistas y reflexiones sobre aprendizaje y desarrollo eficaz de habilidades), y más recientemente «Diarios de un knowmad» (sobre desarrollo personal y profesional para trabajadores del conocimiento). El caso es que cuando empecé a hacerlos, elegí la herramienta Audacity para grabar y mezclar el audio.
¿Por qué Audacity? Pues porque es software libre que de hecho tenía instalado desde hace siglos. Tampoco es que nunca lo hubiera usado mucho, un poco de trasteo de higos a brevas… en fin, lo suficiente como para conocer los rudimentos pero desde luego no como para considerarme un experto.
El caso es que durante estos meses he estado grabando y editando los podcasts con ese conocimiento básico. Salía con el empleo, pero con la sensación de que había cosas que tenían que ser más fáciles. Así que el otro día estaba trasteando en Youtube y llegué a un vídeo donde una persona mostraba cómo editaba un episodio de su podcast de principio a fin. Lo estuve viendo y «¡oh!». De repente vi cómo el tipo hacía de forma sencilla algo que yo llevaba rumiando un tiempo (en concreto; cómo ajustar el inicio de una pista con el final de otra… yo lo hacía metiendo silencio si quería llevarlo a la derecha, o cortando a ojo si quería llevarlo a la izquierda… en fin, pedalero total). «Anda, mira, lo que hace es cortar la pista con esta opción… y luego usa esta herramienta para arrastrarlo a derecha e izquierda». Y… «anda, mira, aplica un filtro que se llama compresión y que mejora el audio». Y… «anda, mira, para que no se le acumulen cosas en la pantalla se pueden minimizar las pistas». Y… «anda, mira, si se puede editar el mono en vez de en estéreo y no pasa nada».
En definitiva, cuatro cosas super concretas, directamente aplicables, que resuelven problemas concretos que yo tenía. No voy a tener que tomar apuntes, no voy a tener que repasar. No es un «curso experto en edición de audio», ni un «tutorial completo de Audacity». Simplemente son un conjunto de microhabilidades que he incorporado de forma natural e inmediata a mi repertorio.
Hablamos de «microaprendizaje», porque no he tenido que hacer un curso de x semanas para adquirirlo, ni leer un libro de no sé cuántas páginas. Ha sido algo que se ha resuelto de forma concreta y rápida.
Y hablamos de «a demanda«, porque la inquietud por explorar eso ha surgido de una necesidad mía, que ha sido la que me ha impulsado a buscar una respuesta (y de paso he encontrado un par de tips más).
El caso es que, si te paras a pensar, hay muchas cosas que aprendemos así. Tenemos un problema, buscamos la solución. Si es algo que hacemos de forma mínimamente recurrente, el aprendizaje se interioriza de forma natural, casi sin esfuerzo. Te invito a pensar en todo lo que sabes a día de hoy… y cuánto ha venido de esta forma. A lo mejor eso debería darnos alguna pista…

[Entrevista] Sandra González Simón y aprender a dibujar


Ya desde el hombre de las cavernas el ser humano ha sentido la inquietud de plasmar lo que le rodea, lo que siente… en paredes, en lienzos o en píxeles. Dibujar, pintar… es una habilidad que todos exploramos de niños, y que muchos siguen consolidando a lo largo de toda su vida.
Te traigo un nuevo episodio del podcast de Skillopment, en esta ocasión con Sandra González Simón. Sandra es pintora, y dibujante. Siempre tuvo esa inclinación, aunque no fue hasta más avanzada su trayectoria cuando decidió apostar por desarrollarla de forma más intencional. Además de su propia experiencia, Sandra también acompaña en su academia de dibujo a otros (niños, adolescentes y adultos) en sus propios procesos de aprendizaje y exploración de estas habilidades. Hablamos de todo ello, de cómo ve ella el aprendizaje desde esos dos prismas (aprendiz y maestra), y de cómo eso puede extrapolarse a cualquier otro ámbito.
Recuerda que puedes revisar todos los episodios del podcast, y suscribirte al mismo tanto en iVoox como en iTunes.

Éstos son los temas que han ido saliendo en la conversación:

  • 01:10 – Sandra nos cuenta su trayectoria de niña que creció en una época donde los niños «nos aburríamos», y cómo eso le permitió descubrir su inclinación por el dibujo y la pintura. Aún así la idea de «estudiar algo con futuro» la llevó por otros caminos, pero tras unos años de carrera profesional y de cuestionarse si quería eso para su vida, decidió apostar por perseguir una formación y un futuro como pintora.
  • 10:59 – Hablamos sobre cómo fue para ella pasar, tras muchos años de ser autodidacta, a someterse a una formación más dirigida, más reglada. Comentamos la importancia de conocer las propias preferencias, y de ir buscando maestros y recursos que se adapten a lo que tú quieres y a como tú eres. Recuerdo un fragmento de «The art of learning» donde Josh Waitzkin cuenta algo similar respecto a sus profesores de ajedrez.
  • 13:08 – La importancia de tener un maestro que te vaya orientando. En el caso del dibujo y la pintura hablamos del «cambio de paradigma» que existe entre la forma de dibujar que tenemos de niños (p.j. «dibujamos un coche») y la que realmente es útil para los dibujantes (dibujan líneas, formas, relaciones, valores… que al final acaban generando la ilusión óptica de un coche). Y cómo viene bien tener un maestro que te enseñe a «cambiar el chip».  Apuntamos el libro «Drawing on the right side of the brain«, que tan bien pone de manifiesto esa forma de dibujar.
  • 20:20 – Siguiendo con la idea de las preferencias individuales, concluimos que todo el aprendizaje es individual, y lo importante que es ser capaces de abrir espacios para que esa individualización ocurra. Me lleva a recordar alguna autocrítica que ya hice en su momento al respecto.
  • 22:57 – ¿De dónde nació la inquietud de Sandra por enseñar a otros? Nos cuenta sus dudas («¿soy lo suficientemente buena para ser maestra de alguien, con todo lo que me falta por aprender?» vs. «bueno, pero sé cosas y las puedo transmitir») y cómo decidió probar. Y cómo ha vivido experiencias con profesores que le hacían sentir que le estaban transmitiendo un regalo, y cómo se sentía en cierto modo obligada a continuar esa cadena de transmisión.
  • 27:10 – Hablamos sobre las diferencias en el aprendizaje de niños, adolescentes y adultos. Los niños tienen una capacidad limitada de mantener la atención y la concentración, y a medida que vamos creciendo vamos teniendo más capacidad… pero a cambio se van metiendo en el camino creencias limitantes cada vez más difíciles de romper y que marcan nuestro proceso de aprendizaje. Hablamos de la «mentalidad de crecimiento» vs. «mentalidad fija» como creencia nuclear que marca cómo aprendemos, y de la tendencia a compararnos con otros (para mal).
  • 36:56 – La importancia de la práctica para llegar a interiorizar las habilidades y así poder dar rienda suelta a lo que queremos transmitir. «Practicar, practicar, practicar… hasta fluir». Además, la práctica es necesaria no sólo para incrementar nuestras habilidades, si no también para el mero mantenimiento; si no vamos hacia adelante, vamos hacia atrás. Menciono el reciente comic de Sarah Andersen donde nos cuenta el secreto para dibujar bien… la práctica. Sandra usa la metáfora del jardín, que florece y está bonito sólo si le dedicamos muchas horas a lo largo del tiempo para prepararlo y cuidarlo.
  • 42:06 – El papel de la motivación para avanzar en el proceso de aprendizaje, cómo es importante cuidar esa motivación. Hablamos de las distintas motivaciones que encuentra la gente para dibujar: cómo de inicio es una motivación basada en el resultado, pero acaba siendo (en los casos donde realmente se conecta con el aprendizaje) una motivación basada en el proceso. De lo difícil (y frustrante, y poco eficiente) que es empeñarse en aprender algo que no está en nuestra naturaleza aprender, solo porque «se supone que debemos aprenderlo»… de lo triste que es (desde una perspectiva vital) no saber cuáles son nuestras preferencias, o no alimentarlas… y de la importancia de dedicar tiempo a explorar esas inquietudes.
  • 56:58 – Hablamos de las microhabilidades en que se descompone el proceso de dibujar, y de cómo en realidad «aprender a dibujar» es desarrollar todas esas microhabilidades para que luego de una forma orgánica acaben dando el resultado que perseguimos. Comentamos la importancia de deconstruir las habilidades para encontrar cuáles son esos componentes que se pueden trabajar.
  • 01:02:52 – El viaje emocional dentro de un proceso de aprendizaje. Hablamos de la frustración (y de la necesidad de acostumbrarnos a ella y de entender lo que nos aporta de positivo), de satisfacción a medida que vamos siendo capaces de conquistar nuevos territorios, y de conexión con uno mismo (autoconocimiento que puede trasladarse a otros ámbitos de nuestras vidas).
  • 01:08:02 – Sandra estudió psicología, y eso influye en su forma de entender el proceso de aprendizaje. Hablamos de Scott Adams y su visión de las «habilidades combinadas» que planteaba en su libro «How to fail at almost everything and still win big» , y cómo a medida que vamos mezclando las habilidades que metemos en nuestra mochila (aunque no tengan aparentemente nada que ver) el resultado es una intersección cada vez más personal e intransferible.
  • 01:10:43 – Cerramos repasando algunas claves de los procesos de aprendizaje que podamos extrapolar: la constancia para trabajar a diario, la gestión de las emociones, el autoconocimiento, la motivación, la flexibilidad para dirigir nuestro proceso y buscar nuestro propio camino, el explorar sin miedo a equivocarnos y asumiendo que el aprendizaje nunca es una línea recta ni exenta de problemas… pero que de todo se aprende.

El secreto para que las cosas salgan bien


Ayer escuchaba una entrevista que le hacía Gonzalo Álvarez Marañón en su podcast El Arte de Presentar al Mago More. No sé si sitúas al personaje… yo sí le tenía más o menos ubicado, de verle actuar en la tele de hace unos cuantos años. El Mago More es… bueno, mago. Con un punto cómico, y de hecho también hace monólogos, y es guionista del programa de José Mota, y sale en algunos sketches, y ha salido en Torrente… pero también tiene una vertiente corporativa, con charlas, y presentación de eventos, y ha escrito un libro…
El caso es que a lo largo de la charla Gonzalo trataba de sacarle al Mago More los secretos que podía compartir después de 25 años subido a los escenarios y más de 5.000 actuaciones. Y esto es lo que decía:

Pero es que si lo analizas, cualquiera que esté en una empresa tiene que hablar en público muchas veces en su vida. Entonces hay una falta de formación brutal, y por eso nos cuesta mucho, porque en el fondo lo que nos cuesta es prepararlo, ensayarlo, y luego salir a hacerlo. Entonces la gente se salta los dos primeros pasos, y sale directamente a hacerlo. El principal problema por el que la gente se pone nerviosa es porque no se prepara, ni más ni menos.

Preparación, preparación, y preparación.
Demasiadas veces queremos que las cosas nos salgan bien… no sé, como por arte de magia, por nuestra cara bonita. No dedicamos tiempo a preparar las cosas, y aun así pretendemos llegar y que salgan. ¿Cuál es la probabilidad de obtener un buen resultado? Te lo puedes imaginar. Lo curioso es ver cómo, a pesar de tenerlo una y mil veces comprobado, seguimos cayendo en lo mismo.
Recordaba, escuchando la entrevista, una frase que me gusta mucho y que viene del ámbito militar. «Cuanto más sudas en el entrenamiento, menos sangras en el combate». Cuanto más te preparas, más limitas el riesgo. Hace unos meses contaba mi experiencia dando una charla, y cómo todo salió según lo previsto.

¿Casualidad? No. Tampoco talento. Simple preparación, algo que está al alcance de cualquiera.

Hace tiempo escribía que los planes nacen muertos, pero tienen que nacer. No porque «hacer planes» sea una forma de hacer que las cosas pasen como tú quieres que pasen (como dice Mike Tyson, «todo el mundo tiene un plan hasta que te dan el primer puñetazo en la cara»), si no porque el propio proceso de planificación es pura preparación. Te familiarizas con la situación, y con los factores relevantes. Imaginas escenarios. Practicas respuestas. Piensas alternativas de acción. Ensayas, automatizas. Y lo repasas, y lo vuelves a repasar. Y así cuando llega la hora de la verdad tienes la mochila llena de recursos para actuar. Luego las cosas vienen como vienen, pero cuanto más te hayas preparado mejor podrás lidiar con ellas.
Nos gusta pensar que a la gente que le salen bien las cosas es porque tienen talento. O porque quizás han tenido acceso a una serie de «secretos ocultos» que a nosotros nos son desconocidos. Pero cuando nos dicen que es todo cuestión de práctica, que es algo que está en nuestra mano… ay, entonces sentimos el peso de la responsabilidad sobre nuestros hombros.
Olvídate de secretos, porque la clave es mucho más sencilla: prepararse, prepararse y prepararse.

PD.- Como ves, he añadido un episodio del podcast Diarios de un knowmad dedicado a este tema. Si te gusta, puedes suscribirte en iVoox y en iTunes, comentar, recomendar, compartir…

Aprendiendo coaching: actualización 11

[Esta entrada corresponde a la serie «Aprendiendo coaching«, dentro de la iniciativa «Mis aprendizajes«]

Objetivo de la semana

Revisar las conversaciones mantenidas hasta ahora, y abrir la posibilidad de nuevos procesos de coaching con otros «conejillos de indias». Por cierto, he renunciado al seguimiento semanal (el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra, y en mi caso ya iban más de dos…), y el objetivo es realizar actualizaciones con cierta frecuencia para ir anotando los avances sin la presión de la «semana a semana».

Qué he hecho

  • Tuve mi primera conversación de coaching. ¡Hito importante! Fue una experiencia interesante, sin duda. Sorprendentemente tranquilo (ahí la coachee ayudó mucho, claro), con una sensación agradable durante la conversación, sin estar demasiado agobiado pensando en si lo estaría haciendo mejor o peor, centrado en escuchar a la coachee…
  • Le pasé una hojita de feedback a la coachee, y fue fantástico… reconozco incluso cierta sensación de incomodidad (siempre me siento raro cuando la gente me «califica bien», y tiendo a quitarle importancia), y de incredulidad («cómo lo voy a hacer bien, ¡si estoy aprendiendo!)
  • Hice un resumen post-sesión, con los puntos clave que habían salido… la verdad es que es una reflexión interesante.
  • Revisé (obviamente con permiso de la coachee) la grabación de la charla con mi tutor Alberto. Me dijo que «muy bien, para ser la primera vez» :D.
  • En este periodo la coachee y yo hemos tenido una segunda conversación. En ella he intentado ser más consciente de mis intervenciones, procurando reducirlas. Fue una sesión muy satisfactoria por la sensación que me transmitía la coachee de «estar avanzando mucho». En ciertos momentos esa sensación me desbordaba («no puede ser verdad, ¿cómo va a ser así, con sólo una conversación? esto no es mérito mío…»).

Aprendizajes

  • En esta sesión me pilló con el pié cambiado que la coachee no tenía «un objetivo para la sesión», pero lo recondujimos a repasar las acciones que había puesto en práctica a lo largo de los días que no nos habíamos visto. En todo caso fui yo quien redirigió el tema, y quizás debería haberle devuelto la pelota con más énfasis («¿de qué quieres hablar?» «pues no sé» «pues tú dirás… ¿o prefieres que terminemos la conversación?» :D).
  • Apareció un tema llamativo en la segunda sesión: la coachee se sentía fenomenal, con sensación de estar avanzando, «gracias a mi intervención»… eso me generó una sensación extraña, de incomodidad, de incredulidad, de «no puede ser»… no por ella, claro, si no por mí, por sentir que no es posible que yo pueda tener ese impacto… en vez de aceptarlo e incluso agradecerlo, noté que no sabía cómo gestionarlo.
  • Hablando con Alberto, me comentaba mi tendencia a intervenir demasiado, a hacer las preguntas demasiado largas, incluso a «exponer». Me impuso una regla: que tus intervenciones no tengan más de 6 palabras. Al final, el objetivo es «devolver la pelota» al coachee cuanto antes, intervenir lo menos posible. Me recordó a esas veces donde juegas con un globo y lo golpeas, y pasa un rato en el aire… y cuando baja te limitas a darle otro golpe. Ahí tengo que luchar contra el «miedo al vacío» en las conversaciones, soportar mejor la presión del silencio, y dejar espacio.
  • También me alertaba respecto a las respuestas del coachee «demasiado rápidas, demasiado bien articuladas». Eso suele ser señal de que está mostrando un pensamiento ya previo (y por lo tanto que no refleja un cambio). Lo interesante sucede cuando al responder se queda pensando… cuando ves que «la máquina echa humo»… ahí puedes intuir que algo está haciendo clic en su cerebro.
  • Me sugería Alberto el uso de «role-play» dentro de las conversaciones, como forma de ensayar situaciones concretas de las que estemos hablando, y poner en práctica comportamientos alternativos. Interesante para añadir al juego.
  • Hablábamos también de la importancia de reforzar los nuevos comportamientos, de celebrarlos… incluso de asociar esos cambios de comportamiento a «tu anterior versión» vs. «tu nueva versión» para reforzar el cambio de mentalidad.
  • Teniendo en cuenta el grado de entusiasmo de la coachee, me surgía una duda que comentaba con Alberto… ¿cómo se sabe cuándo «dar por terminado» el proceso? Al final, volvemos a la idea habitual: el proceso es del coachee, y es él/ella quien define si se ha cumplido su objetivo o no («con respecto al objetivo que te marcaste, ¿qué te está faltando?»). Quizás sea una barrera mental mía el pensar que «no puede ser en una sesión», porque quizás sí. Estuvimos viendo cómo podría ser una «sesión de cierre», en la que se hiciese un recorrido de aprendizaje, se explorasen posibilidades de extrapolar a otros dominios, aprovechar para celebrar y reforzar los cambios, intercambiar feedback y buscar un plan de acción a futuro (acciones de refresco, sostenibilidad a largo plazo, buscar alguien a quien rendirle cuentas…)
  • Me comentaba Alberto una creencia nuclear de su visión del coaching: que el coachee tiene todas las soluciones y los recursos dentro de sí, y que está a solo un «clic» de ver la solución por sí mismo. Es ese «clic» el que buscamos, y puede producirse en cualquier momento.

Qué ha ido bien

  • Las conversaciones de coaching con la coachee… primera experiencia superpositiva, buenas sensaciones, refuerzo de las ganas de hacer cosas, quitarse el miedo…
  • La reflexión sobre las conversaciones, con aprendizajes relevantes

Qué podría ir mejor

  • Prestar cada vez más atención (en directo o «en grabado») a mis acciones y palabras durante la conversación.
  • Ser más proactivo en «ponerme en situaciones de aprendizaje». ¿Alguien más quiere coaching? 😀

Para la próxima actualización

  • Seguiré el proceso con la coachee
  • Buscaré nuevos coachees

Los proyectos paralelos y el aprendizaje


Hoy anda circulando por las redes un hilo de twitter en el que Carlos Sánchez (un diseñador de producto) cuenta la historia sobre su proyecto paralelo How BB-8 Works. Carlos tenía su trabajo, pero también curiosidad e inquietud por hacer otras cosas. Cuando salió el trailer de la primera película de la nueva trilogía de Star Wars, vio a un nuevo robot y empezó a preguntarse… ¿cómo será el mecanismo que lo mueve?
Y así empezó a darle vueltas, a hacer diseños compatibles, a modelarlos en 3D… los colgó en una web y (cosas del hype galáctico) el proyecto alcanzó una cierta repercusión. En todo caso, más allá de la repercusión, Carlos reflexiona sobre la importancia de esos «proyectos paralelos» a la hora de canalizar la inquietud y el aprendizaje.
Aquí algunas de sus reflexiones:

  • «Se aprende mucho más haciendo que leyendo. Está bien que leas artículos y vayas a charlas o conferencias, pero vas a aprender mucho más creando algo desde cero por ti mismo.»
  • «Los proyectos personales te obligan a salir de tu zona de confort y te ayudan a mantenerte al día en cosas que vas dejando de lado conforme tu perfil va evolucionando. Trabajamos en un campo que avanza a velocidad de vértigo y es muy fácil irse oxidando si no te actualizas.»
  • «Cuando trabajas en proyectos personales, tú eliges el tema. Aprovéchalo para aprender más sobre cosas que te apasionen. Cuando trabajas en algo que te gusta, la pereza disminuye.»
  • «Tus side projects te pueden ayudar a crecer profesionalmente. Si estás orgulloso ellos, no dudes en mencionarlos en tus entrevistas de trabajo. Seguramente digan más de ti y de tus habilidades que la mayoría de los proyectos grandes en los que hayas trabajado con más gente.»
  • «Publicar proyectos personales te da visibilidad y te ayuda a conocer a gente interesante.»

Siempre digo que plantearse un proyecto práctico vinculado a un proceso de aprendizaje es fundamental, por varios motivos:

  • Porque te obliga a poner en práctica los conceptos «teóricos» que vas aprendiendo.
  • Porque te ayuda a interiorizarlos de forma mucho más potente que cualquier enfoque pasivo.
  • Porque te permite darte cuenta de manera muy orgánica de qué es lo importante y qué es lo secundario.
  • Porque te enfrentan al error, fuente fundamental del aprendizaje.
  • Porque te plantea problemas concretos a los que tendrás que buscar soluciones.
  • Porque guía tus siguientes pasos, mostrándote por dónde avanzar en tu proceso de aprendizaje.

Claro, estos proyectos cuestan tiempo y esfuerzo. Y a veces también dinero. Y suponen «salir de la cueva» y enfrentarse a la incomodidad… pero sus resultados son incuestionables. Si hacemos el análisis de coste-beneficio, la balanza tiende a inclinarse al lado correcto…

Aprendiendo coaching: semana 10

[Esta entrada corresponde a la serie «Aprendiendo coaching«, dentro de la iniciativa «Mis aprendizajes«]

Objetivo de la semana

Retomar el hilo, y preparar mi primera conversación de coaching

Qué he hecho

  • Lo primero, «mentir». Esta semana que he llamado «semana 10» en realidad está enmascarando un periodo de mes y medio en el que mi proceso de aprendizaje se ha quedado estancado. Obviamente, por mi responsabilidad.
  • A raíz de mi anterior actualización, en la que decía que «cada vez tengo más claro que necesito un «instrumento de práctica», poder empezar a trabajar con alguien para «hacerle coaching», e ir practicando las cosas, asentando conceptos, equivocándome, etc…» una persona amable se ofreció a hacer de «conejillo de indias» conmigo. Obviamente estoy súper agradecido. Afrontar este reto es probablemente lo que me ha «estancado» en cierta medida, y lo que paradójicamente me va a dar un empujón brutal en mi aprendizaje.
  • Cuando digo que me «ha estancado» me refiero a que, ante la perspectiva de abordar ese primer proceso, de alguna manera se activaron mis miedos e inseguridades. En vez de ser tan proactivo como cabría esperar, empecé a demorar las cosas (un par de días para responder un mail por aquí, una pregunta dilatoria por allá, «espérate que ahora vienen las navidades»…). Comentando este tema con Alberto me ayudó a ver que no era más que el miedo echando el freno de mano. «¿Por qué no has empezado ya? ¿Por qué, de hecho, no has buscado tres o cuatro personas más para hacer lo mismo?». Buenas preguntas… En todo caso, ya tengo fijada la sesión :).
  • Estuve preparando un documento introductorio, de cara a explicar a un potencial coachee «en qué consiste el proceso de coaching», qué puede esperar de él, cuáles son las responsabilidades de cada uno… me sirvió también como elemento clarificador para mí.
  • Estoy preparando una pequeña «guía para la conversación«, una especie de «chuleta» para mí con algunos elementos útiles, preguntas que puede tener sentido sacar, recordatorios, «dos y don’ts»… es un instrumento que me está ayudando a reducir la ansiedad.
  • He empezado a revisar las flashcards que hice con conceptos de coaching. La verdad es que le veo una utilidad relativa… sobre todo porque muchos de esos conceptos no son tan claros y evidentes (error mío a la hora de conceptualizarlos, más bien).

Aprendizajes

  • Que el miedo y la inseguridad aparecen en un proceso de aprendizaje, especialmente cuando hay que ponerse manos a la obra. Y que actúan paralizándote, y encima dándote argumentos aparentemente muy sensatos para no hacer lo que en realidad sabes que tienes que hacer. Esto, que en teoría tengo muy claro, no me inmuniza a la hora de sufrirlo en la práctica.
  • La conversación con Alberto me ayudó primero a identificar esa situación, y segundo a recontextualizarla. Estoy aprendiendo. Es normal «no tener el control», es normal «fallar». Si a lo que aspiro es a llegar a una situación en la que «tenga el control» y «no falle», obligatoriamente tengo que pasar por este proceso. No hay vuelta de hoja. Pero si me comparo con una versión «perfecta» es normal que surja la ansiedad, la evitación… porque no estoy ahí.
  • La práctica, la práctica y la práctica. Nadie aprende a conducir sentado en un aula ni leyendo un libro, nadie aprende a nadar viendo vídeos de youtube. Nadie aprende coaching sin conversaciones.

Qué ha ido bien

  • Mi «conejillo de indias». Si no hubiera sido por ella, posiblemente ahora seguiría buscando excusas para seguir mareando la perdiz.
  • La perspectiva de una primera conversación me ha hecho «ponerme en situación», preparar materiales…
  • La recontextualización. I’m a work in progress.

Qué podría ir mejor

  • Ser más proactivo en «ponerme en situaciones de aprendizaje». ¿Alguien más quiere coaching? 😀

Para la próxima semana

  • Habré tenido mi primera conversación. Hacer un «post-mortem» completo.

Por qué tomar notas es bueno

El contenido que consumimos, y el que olvidamos

A lo largo de tu vida, o de los últimos meses… ¿cuántos libros has leído, cuántos artículos? ¿Cuántos cursos has hecho, a cuántas charlas has asistido, cuántas entrevistas has escuchado? Estoy seguro de que por tu mente ha pasado un montón de contenido interesante. Ideas que en el momento te resultan claras y relevantes, a las que encuentras conexiones evidentes, que te generan formas concretas de llevarlas a la práctica.
Pero pasadas unas semanas, o unas horas, incluso unos minutos… ¿qué pasó con todas esas ideas?
Exacto. Olvidamos la mayor parte de todo lo que pasa por nuestros ojos y nuestros oídos. Y por lo tanto, el tiempo que hemos dedicado habrá sido en vano…

Tomar notas para aprovechar mejor los contenidos

Tomar notas es una forma fácil, sencilla y al alcance de cualquiera para aprovechar mejor el tiempo que dedicas a consumir contenidos. Ya que has dedicado todos esos minutos a exponerte a ese conocimiento, ¿por qué no dar un paso más y así sacarle todo el jugo posible? Si desarrollas el hábito de tomar notas conseguirás entender mejor, relacionar mejor y recordar mejor.

Cómo tomar notas te ayuda a aprender

Hay al menos 3 maneras en las que tomar notas te ayuda

  • En primer lugar, es una forma estupenda de mantener tu atención concentrada en el contenido que estás consumiendo. Todos hemos tenido la experiencia de estar asistiendo a una charla y de repente darte cuenta de que tu mente lleva varios minutos divagando en historias que no tienen nada que ver… Cuando te planteas la misión de tomar notas, adoptas un rol más activo. Involucras más a tu mente. Y te resulta más fácil mantener el foco y no despistarte.
  • Tomar notas, además, es una forma de hacer una primera elaboración del contenido. No se trata de convertirse en un mero transcriptor de todas las palabras que lees o escuchas (para eso mejor pon una grabadora o haz fotocopias). Unas buenas notas implican hacer un ejercicio en tiempo real de priorizar ideas, de relacionarlas, de personalizarlos, de enriquecerlos, de detectar cabos sueltos… Ese trabajo de procesado es un paso fundamental para poder aprovechar el contenido, transformarlo en algo relevante y recordarlo en el futuro.
  • Finalmente, tus notas son una herramienta de trabajo. Tu memoria de trabajo es limitada. Te sirve para procesar información en el ahora, pero solo puede manejar una cantidad pequeña de elementos. Así que a medida que va recibiendo nuevos impactos, va dejando atrás los anteriores. ¿No te ha pasado que hay cosa que en un momento te parecen muy claras y muy obvias, tanto que parece absurdo que se te vayan a olvidar… y sin embargo al cabo de unos minutos, segundos incluso, se han evaporado? Por eso es importante tomar notas. Las notas son un registro físico de las cosas que tu cerebro procesa en el corto plazo. Y sobre ese registro puedes volver más tarde para trabajar sobre esas ideas, completarlas, repasarlas… y así conseguir que la información pase a tu memoria a largo plazo.

Déjame resumir: es una pena que no aprovechemos mejor el mucho o poco tiempo que dedicamos a consumir contenidos. Libros, artículos, charlas… este post… Tomar notas nos ayuda a fijar nuestra atención, a hacer un primer procesado en tiempo real de la información y a dejar un registro sobre el que poder trabajar más tarde.
Espero que hayas tomado buena nota…
PD1.- Y ya que te pones, procura no cometer ninguno de los errores habituales al tomar notas
PD2.- Si te interesan los contenidos sobre aprendizaje y desarrollo eficaz de habilidades, suscríbete a la lista de correo de Skillopment.
PD3.- He editado este contenido como un episodio para el podcast Skillopment. Recuerda que puedes revisar todos los episodios del podcast, y suscribirte al mismo tanto en iVoox como en iTunes.

No critiques, no reproches

Cuando te echan la bronca…

Haz memoria. Intenta recordar alguna situación en la que alguien te ha echado una bronca. De forma más agresiva, o de forma más sutil. Reproches, bullas, echarte en cara cosas, afearte la conducta, señalarte tus faltas, leerte la cartilla. En público, o en privado. Con más o menos veneno. ¿Cuál es la sensación que tuviste?
Lo más probable es que sintieses un cierto grado de humillación (aquello de «sacarte los colores»). Por tu mente pasaría la sensación de que están siendo injustos contigo. De que no era para tanto. De que se están pasando un huevo. De que no reconocen lo bueno que haces. De que «para un perro que maté, mataperros me llamaron». Dentro de esta actitud defensiva, tu cabeza articulará unos cuantos «peros» intentando reafirmarse en lo que hiciste. Incluso aunque llegues a aceptar que «tienen razón», pensarás que «no hacía falta ponerse así».
Dependiendo de las circunstancias podrás reaccionar de una u otra forma. Podrás revolverte de forma más o menos explícita, o envararte, poner cara de poker y decir que sí mientras por dentro piensas «que te den por el culo». O agachar las orejas, aguantar el chaparrón y marcharte mascullando por lo bajinis para reventar luego cuando estés a solas.
Lo que difícilmente va a pasar es que salgas de esa situación con el corazón henchido de gozo, plenamente consciente de todo lo que has hecho mal y lleno de motivación por cambiar. Incluso en el caso de racionalmente pudieras aceptar lo que te están diciendo, tu emoción va a ser reactiva y te va a hacer buscar razones para reafirmarte. Y tu resentimiento te va a quitar las ganas de hacer las cosas mejor.

¿Y si eres tú el que echa la bronca?

Si esto te pasa a ti cuando te «echan la bulla»… ¿qué crees que pasa a las otras personas cuando eres tú el que hace la crítica o el reproche?
Dale Carnegie dice, en su famoso «How to win friends and influence people», lo siguiente:

«Criticism is futile because it puts a person on the defensive and usually makes him strive to justify himself. Criticism is dangerous, because it wounds a person’s precious pride, hurts his sense of importance, and arouses resentment.»

Las críticas no sirven de nada, porque ponen a la otra persona a la defensiva y se enroca en justificarse por absurdos que nos puedan parecer sus razonamientos. Y son peligrosas, porque hieren el orgullo del otro y generan resentimiento. Si lo que querías era conseguir un cambio, la has fastidiado; no solo no lo vas a conseguir, sino que has puesto a la otra persona en peor disposición de lo que ya estaba. Lo que viene a ser que te salga el tiro por la culata, vamos.
Ni siquiera es necesario que la crítica sea agresiva. Incluso aunque sea bienintencionada, aunque sea con buen tono… genera resistencia.
¿Pero cómo es posible que una persona que ha cometido un error evidente (vamos a aceptar este punto de partida, aunque de sobra sabemos que lo que es evidente para ti no tiene por qué serlo para otros, y que eso de que tú tienes razón siempre habría que verlo…) se niegue a reconocerlo, y aún encima se moleste cuando se lo señalamos?

Cosas de humanos…

El cerebro humano es una máquina fascinante, pero con una forma de funcionar que lo hace mucho menos «racional» de lo que nos gustaría pensar. Robert Cialdini, en su libro «Influence«, describe el principio de consistencia como uno de los elementos claves a la hora de influir en otros. Una vez que nuestro cerebro se posiciona respecto a algo, le resulta muy difícil contradecirse a sí mismo. De hecho, el «sesgo de confirmación» precisamente funciona así: tendemos a aceptar casi sin cuestionar cualquier argumento que refuerce lo que creemos, y tendemos a despreciar cualquier argumento en contrario. Así que si hemos hecho algo de determinada manera, y viene alguien de fuera a decirnos que «lo hemos hecho mal»… nuestro cerebro se rebela y reacciona defendiendo e incluso reforzando su planteamiento previo, el que le hizo tomar la decisión en primer lugar.
No parece muy lógico, no… pero como el mismo Carnegie dice,

When dealing with people, let us remember we are not dealing with creatures of logic. We are dealing with creatures of emotion, creatures bristling with prejudices and motivated by pride and vanity

No somos «criaturas lógicas», sino «criaturas emocionales». No somos seres racionales, o por lo menos debemos admitir que nuestra racionalidad tiene sus límites.

Criticar no solo no suma, si no que resta

Así que, aunque te parezca mentira, criticar a alguien, reprocharle las cosas, incluso darle un feedback bienintencionado… no va a funcionar. Para lo único que sirve es para ventilar nuestra frustración. Si alguien ha hecho algo que creemos que está mal, o que no nos gusta, o que creemos que podría haber hecho mejor… si alguien nos ha decepcionado, si no ha actuado como esperábamos o incluso como le dijimos expresamente que actuara… se nos calienta la cabeza, nos sube la bilis y tendemos a soltar sapos por la boca. Con mejor o peor tono, le «ponemos en su sitio» y demostramos «quién manda» o «quién tiene la razón». Reacción emocional pura y dura, que no va a conseguir ningún resultado positivo y que encima genera malestar, desconfianza y perjudica la relación para el futuro.

¿Y qué podemos hacer, entonces?

Pues básicamente… mordernos la lengua. Cuando tengamos la tentación de decirle a alguien que ha hecho algo mal… callarnos. Cuando sintamos el impulso de «cantarle las cuarenta»… respirar, contar hasta diez, y dejarlo pasar. Cuando queramos darle a alguien nuestra opinión no solicitada… guardárnosla.
John Whitmore, en su libro «Coaching for performance» (que leí en el curso de mi proceso de aprender coaching), plantea que a la hora de dar feedback a alguien hay que olvidarse de lo que uno piensa. Decirle a la otra persona lo que tú opinas, cómo crees que debería haber hecho algo, cómo lo harías tú… no es eficaz. La forma más adecuada de dar feedback es acompañar a la otra persona en su proceso de descubrimiento, a través de preguntas. Que describa su proceso de toma de decisiones, que valore su grado de satisfacción, que piense qué podría haber hecho mejor… no se trata de que llegue a nuestras conclusiones (por muy acertadas que creamos que sean, que estaría por ver), si no de que llegue a conclusiones por sí mismo. Es de ahí de donde nace la motivación real, intrínseca, para hacer las cosas de otra manera: cuando eres tú el que se da cuenta de las cosas, no cuando llega otro desde fuera y te las dice. Y solo en el caso de que la otra persona te pida tu opinión tiene sentido darla, y siempre con humildad.
Esto, claro, es más fácil decirlo que hacerlo. Exige madurez. Exige consciencia y autocontrol, para identificar nuestras ansias (a veces muy emocionales) de «dejar las cosas claras». Exige un cambio de mentalidad, darse cuenta de que la solución aparentemente más sencilla («le digo lo que ha hecho mal y asunto arreglado») en realidad no funciona aunque la otra persona diga «sí, sí» y agache la cabeza. Exige una visión a medio y largo plazo, por encima de la resolución inmediata. Exige respeto por los demás, un cierto grado de compasión, empatía, humildad…
No es sencillo, pero es el camino. Como dice también Carnegie, no esperes recoger miel si vas dando patadas a la colmena.

PD.- Añado un episodio del podcast Diarios de un knowmad dedicado a este tema. Si te gusta, puedes suscribirte en iVoox y en iTunes, comentar, recomendar, compartir…

Tu presupuesto de formación para 2018


Comienza el año, y nos enfrentamos a 12 nuevos meses en los que «dar pedales» para que las cosas vayan como queremos que vayan. En el ámbito de la empresa este proceso de elaboración de presupuestos es habitual. ¿Qué vamos a hacer? ¿Cuánto nos va a costar? Cuentas y números que permitan hacerse una idea de por dónde van a ir los tiros de los próximos meses, coordinar la acción, buscar financiación si hace falta…
Luego ya viene la realidad y te desmonta todos los planes, pero ésa es otra historia. Los planes nacen muertos, pero hay que hacerlos. Y no por costumbre, o por obligación, si no porque son un ejercicio interesante de reflexión, de proyección, de visualización… un ejercicio interesante en sí mismo, más allá de que luego se vayan a cumplir en mayor o menor medida.

¿Y qué hay de tus presupuestos?

Porque claro, eso de «hacer presupuestos» suena mucho a empresa, a departamento financiero… pero es igualmente aplicable a ti como persona individual. Sí, ya, todo el mundo tiene «propósitos de año nuevo», pero… ¿cuántos dan el paso adicional de transformar ese propósito en un plan, y de presupuestar en consecuencia?
Esto, que es aplicable a cualquier ámbito de nuestra vida, también lo podemos aplicar al aprendizaje. Hace unas semanas, en la entrevista que le hice a Juanda Sobrado, hablábamos sobre la responsabilidad que cada uno de nosotros tenemos sobre el desarrollo de nuestras habilidades. Y de lo llamativo que el escaso porcentaje de personas que, antes de empezar el año, se sienta a pensar «qué quiero aprender durante el año que viene», «por qué y para qué» y «cuánto me va a costar».

Tres pasos para hacer tus presupuesto de formación

Veamos qué tres fases debes cubrir a la hora de definir tu presupuesto de formación para 2018:

  • Lo que quieres aprender: vale, más allá del clásico «este año aprendo inglés»… ¿qué es lo que de verdad quieres aprender a lo largo del año? ¿qué necesitas en tu vida, qué te serviría para resolver un problema, qué te abriría las puertas a nuevas oportunidades? Quizás no sea aprender algo totalmente nuevo, si no seguir profundizando en alguna de tus habilidades existentes. Ni necesariamente algo grandilocuente, si no pequeños microaprendizajes. Muchas veces nos resulta difícil concretar, porque no hemos hecho el ejercicio de «fijar el rumbo».
  • Cómo lo vas a aprender: ¿cuál ha sido tu experiencia de aprendizaje en el pasado? ¿qué te ha funcionado mejor? Hay múltiples maneras de aprender y de desarrollar tus habilidades. A veces es un curso, a veces necesitas un trabajo individualizado con un «maestro», a veces algo online, a veces algo presencial, a veces necesitas rodearte de gente afín, poner en marcha algún proyecto práctico… En todo caso, necesitas plantear una estrategia, la forma en la que vas a enfocar esa «conquista» del nuevo aprendizaje. Porque de nada valen los «qués» sin los «cómos». Y porque obviamente, los medios determinan el coste…
  • Cuánto te va a costar: estamos hablando de dinero, claro. ¿A qué curso te vas a apuntar, qué libros vas a comprar, qué materiales vas a necesitar…? Pero ojo, no es solo cuestión de dinero. Para aprender también hace falta tiempo, dedicación, esfuerzo, energía… ¿Cuántas horas vas a dedicar al mes, a la semana? ¿En qué momento lo vas a hacer? ¿A qué otras áreas de tu vida le vas a robar ese tiempo? A veces duele más este «gasto» que el del dinero… Contemplar todos los costes es una buena forma de concienciarse antes de empezar, y de no llevarse sorpresas más adelante.

Descarga la plantilla para hacer tu presupuesto de formación

He preparado una plantilla muy sencilla, pero que espero te ayude a hacer el ejercicio de presupuestos. Identifica cuáles son las áreas en las que quieres desarrollarte a lo largo del año, las acciones que vas a llevar a cabo para hacerlo, y cuál va a ser el coste (en dinero, tiempo y otros compromisos) que supone cada una de esas acciones.

 
Ahora ya sólo tienes que sentarte y pensar… fácil, ¿no? 🙂
Eso sí, una vez que lo hagas ahí tendrás, de un sólo vistazo, qué es lo que pretendes hacer en el año, y cuánto vas a tener que poner de tu parte… espero que con esta panorámica tengas una visión más completa de lo que quieres conseguir, y de lo que te va a costar hacerlo 🙂
(Este artículo fue enviado originalmente a los suscriptores de la lista de correo Skillopment. Si te ha gustado, te invito a darte de alta para seguir teniendo acceso prioritario a reflexiones, artículos y herramientas interesantes para que aprendas más y mejor).