Sí, sí, lo sé. Quienes hayáis leído el post anterior sobre el lanzamiento de Actibva y leyéseis hace unos seis meses y pico éste otro, pensaréis que os habéis perdido algo. ¿No dijiste que dejabas de ser el responsable de servicios a empresas de WSL? ¿Cómo es que ahora resulta que has estado liderando el proyecto más grande del área de servicios a empresas de WSL? Soy consciente de la inconsistencia.
Pero volvamos al pasado… antes de verano tomo la decisión de que, por distintos motivos, no quiero seguir siendo el responsable de servicios a empresas de WSL. Lo comento con Julio, todo ok, y decidimos continuar hasta que haya alguien que me releve. Eso sucede en septiembre, llega Esteban, hago traspaso de papeles, y me voy, como quien dice, «a mi casa».
La idea era disfrutar un poco el tiempo libre, ir tanteando posibilidades y replanteándome qué hacer en los próximos x años. Mientras tanto, ocupaba un poco mis días (y rellenaba en parte los bolsillos) blogueando más intensamente, en El Blog Salmón, Vaya Tele, el blog de Fox, el blog hipotecario, también me apunté al de Pymesyempresas… vamos, que con eso ocupaba medio día, sin presión ninguna, a modo de «periodo sabático» mientras esperaba a que en mi cabeza se acabase «apareciendo» mi futuro.
El caso es que un par de días antes de navidad me llamó Julio. Que había un proyecto (yo ya sabía que estaban «cocinándolo», aunque no había estado en la fase de «preventa») que había salido. Que teniendo en cuenta el volumen necesitaban un jefe de proyecto, y que habían pensado que igual (a pesar de los motivos que me llevaron a dejarlo meses antes) me encajaba. Conocía la casa, conocía al cliente (a la empresa y al interlocutor), conocía el rollo «2.0»… vamos, que a ellos también les venía bien, pese a mis «áreas de mejora» (que yo le expuse abiertamente tanto en el momento de marchar, igual que se las reiteré en este momento), contar conmigo porque ya tenían un trecho andado, en un proyecto con fechas bastante apretadas.
Le pedí un par de días para darle una respuesta. En ese contexto escribí mi post sobre la zona de confort. Por un lado, algo me decía que no era muy coherente aceptar hacer algo que era esencialmente lo mismo (gestionar la puesta en marcha de un proyecto con WSL) que era a lo que había renunciado (de forma bastante meditada) pocos meses antes. Por otro lado, también es cierto que se habían pasado esos meses sin que en mi cabeza se hubiese alumbrado, mágicamente, mi futuro. Y empecé a dudar, quizás había sido un «cobarde» o un «comodón» por haber renunciado a algo simplemente porque no me sentía del todo cómodo, quizás tenía que «salir de mi zona de confort» para aprender a dominar esas facetas en las que me sentía inseguro. Y bueno, también hay dinero de por medio, claro. Así que al final, entre unas cosas y otras, dije que sí.
Y en esas he andado estos casi cuatro últimos meses, gestionando el día a día de un proyecto bastante ambicioso para un gran cliente. Obviamente, siendo el ámbito en el que era y la necesidad de mantener una cierta discreción respecto al proyecto, no he sido muy explícito en cuanto a mi dedicación. Pero ahora que ya está en el aire, ya se puede contar. De momento, eso es en lo que he estado estos últimos meses, y en lo que probablemente siga durante otros cuantos más (hacemos una primera versión con unas funcionalidades, pero se van a desarrollar más en los próximos meses y aunque no está del todo cerrado lo lógico es que siga vinculado al proyecto).
¿Y después? Pues qué se yo. Volveré a donde estaba hace unos meses, a «buscarme a mí mismo». Valoraré estos meses en global y volveré a hacerme la pregunta de si esto es lo que quiero o si es esto lo que mejor me encaja.
En realidad, esto de colaborar durante x meses en un proyecto, o ser «asesor/consultor» de alguna iniciativa, o incluso desarrollar algún proyecto propio, es lo que me gusta. Picotear aquí y allá. Conocer cosas distintas, gente distinta, sectores distintos… y antes de que la rutina me venza, a otra cosa. Por eso escribí lo de que me gusta la consultoría; llegar, dar mi veredicto, y salir antes de verme envuelto en las «incomodidades» del día a día.
El problema es que eso, como «carrera profesional», es un poco etéreo. Suena bonito lo de enganchar proyectos, pero los proyectos no llegan solos. Y siendo un «llanero solitario», no tienes la cobertura de una empresa (al menos psicológica; porque todos sabemos que las empresas dan muy poquita cobertura hoy en día, y que te puedes ver en la calle tan fácilmente o más estando en una empresa). Pero creo que, por mi carácter, por mis habilidades y mis debilidades, es lo que más me pega.
Como veis, la vida no es un camino que avanza siguiendo una linea recta siguiendo un camino. Ya lo dijo Machado:
Caminante son tus huellas
el camino nada más;
caminante no hay camino
se hace camino al andar.
[…]
¿Para que llamar caminos
A los surcos del azar…?
Actibva.com
Bueno, pues por fin se abrió el telón. Hoy se ha puesto online Actibva.com, la web de finanzas que impulsa el BBVA y que ha desarrollado Weblogs SL, y que es el proyecto «secreto» (aunque más que secreto, siempre dije que era «discreto») que me ha tenido ocupado estos últimos meses.
Actibva es un espacio que pretende atraer a todos los interesados en el mundo del ahorro, la inversión y las finanzas. Además, intentando que sea «para todos los públicos». Hemos tratado de integrar bastantes funcionalidades (un blog, unas guías, los estudios del BBVA, un agregador de noticias de prensa, un «meneame» de noticias para que los usuarios suban sus noticias… y más cosas que irán cayendo en los próximos meses) para dar una visión lo más abierta y completa posible a este mundo de las finanzas.
Obviamente, gestionar un proyecto de estas características no es fácil. Ya en principio es un proyecto complejo, que va mucho más allá de «hacer un blog». Más funcionalidades a desarrollar, un diseño más difícil de encajar… A esto hay que añadirle un gran cliente como es BBVA, que también tiene sus condicionantes: la presión del tiempo, mucha gente aportando sus puntos de vista, las complejidades de tratar con varios departamentos y varios niveles organizativos que no siempre están alineados…
Pero bueno, llegó la fecha acordada y conseguimos ponerlo a andar. Ahora, claro, queda la parte más difícil; conseguir que guste y que «florezca» la comunidad entorno a Actibva, que es lo que hará que tenga gracia. Si no, mal negocio habremos hecho.
Turno de agradecimientos; a Julio por pensar en mí para llevar este proyecto, a José Antonio por ser un estupendo interlocutor, a Klaas, Javier, Inma y todo el equipo técnico por sus muchos esfuerzos para sacar adelante las cosas en tiempo y forma, a Veerle por haber conseguido encajar todo el diseño a pesar de las dificultades inherentes y añadidas, a Jesús y José por su contribución para dotar Actibva de contenidos interesantes… en fin, a todos los que han permitido que hayamos llegado hasta aquí… y lo que te rondaré morena.
PD .- «¿Cómo? ¿No habías dejado Weblogs SL? ¿Pero entonces, esto como se come….?» Sí, sí, lo sé, es una incoherencia «espacio-temporal» para quienes sigáis mi trayectoria en los últimos meses. Lo explico luego en otro post 🙂
La maldición de ser un cliente cautivo
Cliente cautivo. Algo tan apetecido para las empresas, y tan espantoso cuando estás en el otro lado. Las empresas, claro, desearían que todos sus clientes fueran cautivos: necesitan mi producto/servicio y no pueden acceder a proveedores alternativos, ergo puedo hacer con ellos lo que quiera (altos precios, mal servicio, ignorarlos completamente…) que seguirán viniendo.
Por supuesto, la perspectiva desde el otro lado es radicalmente distinta. La impotencia y la frustración crecen cuando ves que tienes las manos atadas, que no puedes prescindir de un determinado proveedor pese a sus perrerías, y que tienes que seguir sufriéndolo y encima pagándole.
Sí, ya, estamos en un mercado de libre competencia. En pura teoría, siempre podría haber un competidor que mejorase las prestaciones del anterior y que atrajese a los clientes. Sin embargo, no vivimos en la pura teoría, sino en la cruda realidad. Desde acuerdos entre empresas («yo no piso tu manguera, tú no pisas la mía») que se reparten un mercado, a barreras de entrada económicas o políticas que impiden la libre competencia, a imposiciones corporativas («tienes que tener este proveedor porque es el que se usa a nivel mundial», «tienes que tener este proveedor porque es parte del grupo de empresas», «tienes que usar el departamento interno aunque sean unos zotes»).
¿Y qué puedes hacer ante eso? Pues una de dos, o saltarte las restricciones (aun a costa de llevarte los correspondientes capones) o apechugar con el «proveedor cautivador», asumir que vas a tener peores condiciones que las que podrías tener en el mercado y trabajar de acuerdo a esas condiciones.
Lo peor es cuando los mismos que te imponen esas restricciones (p.j. «los documentos se imprimen y encuadernan en el departamento interno de reprografía, nada de llevarlo fuera», aunque en el departamento sean unos torpes y tarden cuatro días en tenerte las cosas) son los que luego te echan en cara que tú no respondas con agilidad «de mercado» («dónde está el documento que te pedí esta mañana», «la calidad de impresión de este documento es una mierda»).
Mi opinión sobre Flickr Video
Es el tema del día entre los «frikis» :). Flickr, el servicio de alojamiento de fotos, amplía su funcionalidad para alojar también videos. Una interfaz muy sencilla (exactamente igual de sencilla que la de subir fotos), y algunas limitaciones (la más importante, el tamaño/duración máximo de los videos).
A mí me parece que va a ser un pelotazo. Los usuarios «normales» (no hablo de videobloggers, ni de profesionales del video; si no a los que tienen una cámara compacta digital, o un móvil con cámara de fotos y vídeo) se están acostumbrando por igual a sacar una foto o a grabar unos segundos de video para inmortalizar sus momentos. Y ahora, en flickr pueden gestionar de forma completamente integrada tanto unos como otros. Estos videos son, como dicen en flickr, «fotos que se mueven».
Estos usuarios «normales» ni necesitan complejidades, ni necesitan chorrocientos segundos de video. Necesitan simplicidad, que todo sea transparente para ellos. Y, en ese sentido, creo que Flickr ha dado en el clavo.
Los que quieran un servicio más complejo, específico para video, etc… tienen un «puñao» de alternativas más interesantes que Flickr. Esto no es para ellos. Esto es para todos los demás, que son muchísimos más numerosos.
Prohibido fumar gas inflamable

Bueno, nunca está de más la prohibición, aunque no conozco a nadie que le haya dado por fumar gas inflamable…
Vale, vale, es una chorrada, lo sé. Pero al igual que una coma puesta en mal sitio puede alterar el sentido de una frase, en el diseño de un cartel también hay que poner en su sitio los fondos, ¿no?
La jaula de oro

En los comentarios de mi entrada anterior, Gonzalo saca a la luz un término que siempre me ha gustado mucho por lo descriptivo que resulta de una situación: «la jaula de oro»
Jaula y oro. Algo (el dinero) que se supone que debería poder proporcionarte toda la libertad del mundo, y que paradójicamente acaba restringiendo tus alternativas de actuación, convirtiéndose en una atadura.
Laboralmente, se habla de jaula de oro a la situación en la que uno, después de progresar profesionalmente, alcanza una posición (y una remuneración) muy elevada. Tanta que, cuando se plantea cambiar de trabajo, se encuentra con que la inmensa mayoría de las alternativas son peores (desde el punto de vista económico).
Y es muy difícil pasar a una situación peor en términos económicos. Primero, porque psicológicamente es complicado de asumir (es una especie de sensación de «fracaso», por mucho que lo queramos racionalizar). Y segundo, porque los humanos somos como somos, y tendemos a desarrollar un tren de vida acorde con nuestros ingresos; cuanto más ganamos, más gastamos. Alguien que ha llegado a su «jaula de oro» probablemente ha desarrollado una estructura de gastos a su alrededor (una buena casa, o varias; un buen coche, o varios; que si un club de no sé qué, los viajes, las comidas en restaurantes caros, los niños en colegios privados, las aficiones caras…) que hace desaparecer casi todos los ingresos, por muchos que estos sean. En estas circunstancias, reducir de forma importante los ingresos es algo difícilmente planteable (al menos de forma voluntaria) por cuanto supondría un cambio radical en el estilo de vida.
¿Y entonces? Nos encontramos con personas que ganan mucho dinero, pero que ven muy restringidas sus alternativas de elección de cara al futuro; quedan descartadas todas las opciones que signifiquen ganar menos. Pero, lo que es peor, quienes están en esta situación se ven altamente expuestos a que un cambio en las circunstancias (un despido, una enfermedad, un accidente) les deje «con el culo al aire», con una estructura de gastos muy cara de mantener, con capacidad para evaporar los ahorros sin darse cuenta.
Al final el concepto de la jaula de oro tiene mucho que ver con la carrera de la rata. Es una situación aparentemente atractiva (¡con lo que mola tener dinero!), pero con un reverso tenebroso. Creo que la mejor forma de evitar caer en ella es viajar siempre «ligero de equipaje», es decir, procurar mantener bajo control nuestra estructura de gastos y nivel de vida a pesar de que podamos ingresar mucho, de forma que ese nivel de ingresos no sea una necesidad (y por lo tanto una restricción) y podamos plantearnos otras alternativas de vida.
¿Y tú, cuánto ganas?
A raiz de mi post sobre cuánto ganan los bloggers (aunque más bien es sobre cuánto deberían esperar ganar), ha surgido una actitud que ya he visto en otras circunstancias; la de los que, independientemente de todo lo que se diga, sólo quieren leer cifras. «Ya, vale, lo que tú digas, pero… ¿de cuántos euros hablamos?»
Es curiosa la pregunta del «¿cuánto ganas?». Porque en realidad a todos nos da un cierto morbillo saber lo que ganan los demás. ¿Será más que yo? ¿O quizás menos? Creo que más que a un punto cotilla (que seguro que también influye), ese deseo viene más derivado de un afán comparativo; teniendo en cuenta lo que hago yo, y lo que hace el de enfrente (o lo que sé, o mis títulos, o mi trayectoria, o mi esfuerzo, o la calidad de mis resultados, o…), ¿está ajustado lo que ganamos a esa aportación diferencial? ¿o resulta que yo, que soy buenísimo y trabajo tanto, al final gano lo mismo e incluso menos que el que se pasa el día tocándose los huevos? No os quiero contar si estas comparaciones se establecen dentro de una misma empresa; ahí pueden saltar chispas.
Y sin embargo, cuando la pregunta nos la hacen a nosotros, nos ponemos a la defensiva. ¿Y a tí qué te importa lo que yo gane? Lo que ganamos o dejamos de ganar es casi un dato íntimo, que poco más y no lo decimos ni en casa. Tengo la sensación de que tiene que ver un poco de inseguridad: si creemos que ganamos más que nuestro interlocutor, en cierta forma nos da «cosa» el poder hacerle de menos o incluso generar algún resquemor (o lo que es peor, que derive en chismorreo a nuestras espaldas). Y si creemos que ganamos menos, nos dará cierta «vergüenza» que la gente lo sepa.
Estoy convencido de que la gente miente muchísimo cuando habla de lo que gana. Exagerando la más de las veces, o escamoteando parte de sus ingresos en otras ocasiones. O simplemente elude el tema. Pero pocos son los que lo abordan con naturalidad.
Y vosotros… ¿cuánto ganáis? 😛
Salamanca, desde el río
Salamanca. Mi caaaasaaaaa. Aunque ya hace un buen pico de años que no vivo allí (desde los 18 en los que me fui a estudiar a Bilbao), allí sigue mi familia y muchos de mis amigos. Y allí vamos regularmente, claro.
Esta situación de estar lejos pero a la vez estar cerca me genera una extraña sensación, ya que sintiéndola mía la veo a la vez con los ojos de un turista. Lo cual, creo, me deja lo mejor de los dos mundos: ni estoy tan acostumbrado a ella como para «darla por hecha», ni la veo con la superficialidad que puede verla un turista ocasional.
Pues claro que presumo, ¿no os parece buen motivo para presumir? Podéis ver más fotos de Salamanca en mi flickr.
¿Esto es vida?
Este de aquí es Tiger Woods. Con dos añitos. Y ya en la tele, como un animalito de feria, a demostrar lo bien que se le daban los palos. Desde entonces han pasado más de 30 años. Tiger Woods sigue dándole a los palos, es una estrella, lo lleva siendo desde hace años. Multimillonario y exitoso. Pero… ¿esto es vida? ¿Cuál es el precio de llegar a ser Tiger Woods? ¿No hacer otra cosa, en tu vida, que jugar al golf? ¿A cuántas cosas habrá renunciado para llegar a donde está?
Hablamos de Woods, podríamos hablar de Pedrosa, o de Nadal, o de Alonso, o de tantos y tantos. Al menos éstos lo han logrado, han llegado a ser los números uno. Quizás han pagado un alto precio por su dedicación casi exclusiva, pero han conseguido una buena recompensa. Pero… ¿qué hay de todos esos que inician el camino, igual que ellos, pero que no llegan a la meta? ¿Que sacrifican tanto como los otros, pero sin su misma recompensa?
No sé. Alguno dirá que, con la pasta que ganan, seguro que no tienen queja, que ya se cambiaban por ellos, que tienen buen dinero para gastarse en psicólogos si lo necesitan. Quizás. Pero a mí me da un poco de repelús. Y, como padre, creo que flaco favor le haría a mi hijo dándole unos palos de golf (o una raqueta, o un kart de juguete…) y llevándole a la tele a hacer monerías. Creo que esos padres son unos egoístas. Quieren convertir a sus hijos en algo que ellos no fueron, son sus intereses los que priman por encima de los de las criaturas. Quizás crean que les hacen un favor «convirtiéndoles» en estrellas. Yo creo que el favor se lo hacemos dejando que crezcan a ritmo, dejando que descubran la vida, proporcionándoles posibilidades… y no diseñándoles una carrera.
(Video visto en El Confidencial)
Si eres becario
A él no le fue mal:
Si uno es becario, yo creo que hay que dar ejemplo, trabajar duramente y dar la sensación de que uno quiere el trabajo
Por cierto, que por fin se resolvió mi duda de si era «Martín» (con acento en la i) o «Martin» (sin él). Es que nunca se lo había oído decir a él mismo 🙂
