¿Qué hacer con un twitter de empresa?

Microblogging y empresa. Difícil cuestión. Si ya cuesta encontrar un encaje para «blogs y empresas», hacerlo para «microblogs y empresas» se me hace bastante complicado.
Siempre he creído que la esencia de los blogs son las personas. Comunicación entre individuos. En ese contexto, siempre se me ha hecho difícil concebir aquéllo de «la empresa que bloguea». No, la empresa no bloguea, bloguean las personas. Sobre eso, sí es posible articular formas para que las empresas aprovechen tangencialmente los blogs: empleados y directivos que a través del blog transmiten los valores de la empresa, blogs temáticos que refuercen una marca, etc. Pero siempre van primero las personas y luego la empresa. La empresa, como tal, no bloguea igual que no piensa, no siente ni padece. De hecho, cuando es la empresa la que bloguea, siempre acaba recordándome a una serie de notas de prensa: el mismo perro con distinto collar, en el que el blog supone simplemente un sistema de gestión de contenidos, pero que carece de ningún matiz «emocional/social» que es, para mí, lo que realmente diferencia la tendencia del blogging.
Y con el microblogging, más aún. Todavía no he visto ninguna iniciativa de «microblogging corporativo» que me convenza. Detrás de cada twitter hay, tiene que haber, una persona. Y prefiero seguir a esa persona (si me interesa lo que tenga que decir) que a su «máscara corporativa».
En estas llega Actibva, y la «necesidad» de crear un twitter de Actibva. Bueno, pues creado está. Ahora… ¿cómo se le puede sacar partido? Una cosa que tengo muy clara es que no debería ser usado para hacer spam. Muchas iniciativas «empresariales» sobre twitter se dedican a agregar a decenas de personas. Creo que, la mayoría, en la ignorancia de pensar que, agregándolas, automáticamente convierten al «agregado» en follower (cuando una de las deliciosas virtudes de twitter es, precisamente, su asimetría: yo te sigo a tí, pero no es condición ni necesaria ni suficiente para que tú me sigas a mí). Otros, con la esperanza de conseguir, vía notificación, un mínimo de visibilidad. Ninguno de los dos me resulta apropiado y, en lo que de mí dependa, no va a usarse así.
Tampoco me gustan quienes utilizan el twitter como un «agregador de actividad», dedicándose a lanzar mensajes cada vez que escriben un post, sacan una foto o similar. No, no. Si quiero seguir tus posts o tus fotos, o tus videos, o lo que sea… ya iré a la fuente original (tu blog, tu flickr, tu youtube) y, si me apetece, me suscribiré a esos contenidos. No me gusta que inunden el twitter a base de eso.
Así que en esas ando. ¿Qué uso interesante, y a la vez respetuoso, le podemos dar al twitter de Actibva? De momento, el uso va a ser bastante moderado. Avisos breves sobre el funcionamiento de la web, alguna referencia importante, y poco más. Pero quizás más adelante se nos ocurran nuevas funcionalidades. De momento, ahí estamos, con ganas de experimentar cosas.

Las agresiones de los vigilantes

El tema lleva en el candelero unos días. Unos vigilantes de seguridad en el Metro de Madrid rodean y agreden a un usuario, y lo graban con el móvil. Me produce una repugnancia inmensa ver esas imágenes (quien no las haya visto, en youtube las encuentra).
No es nada nuevo. Son los mismos tipos que en el colegio abusan de un compañero o amenazan a un profesor, que en casa maltratan a su mujer, que le arrean unos guantazos de impresión a sus hijos, que en el fútbol dan una paliza al del equipo contrario, que se ríen de un deficiente disminuido, que hacen el gilipollas con el coche poniendo el riesgo a los demás. La tecnología únicamente nos permite poner en imágenes algo que siempre ha pasado. Para este tipo de gentuza, lo de grabar en el móvil es una forma de llevarse su «trofeo de guerra». Por supuesto que no les avergüenza. ¿Cómo les va a avergonzar, si se sienten orgullosos de lo que hacen?
Siempre abusando de alguien más débil, siempre buscando una posición de fuerza (atacar en grupo, meterse con quien no puede defenderse, abuso de autoridad, etc.). En este caso, lo más inquietante es pensar que a unos tipejos así alguien les ha dado un uniforme y les ha dicho «eh, venga, a vigilar que vosotros sois los buenos». Da pánico pensar que te puedas cruzar con alguien así. ¿Qué filtros de selección han pasado esa gente?
Y no, que nadie me venga con el rollo de que «el trabajo de vigilante es muy duro, se tienen que enfrentar a cosas muy desagradables, tienen que ser un poco destripaterrones». Eso no es una excusa. Lo que muestran estas imágenes no es a un aguerrido vigilante usando la fuerza en un enfrentamiento con una banda callejera. Es un grupo de vigilantes contra un individuo, posiblemente embriagado, al que atizan mientras está indefenso, que sueltan risotadas mientras lo graban en video. Habría que ver a estos valientes cuando aparecen los Ñetas o los Latin Kings.
No es una cuestión de valentía, de inteligencia, de fuerza o de dureza. Es una cuestión de valores. Y esos, o se tienen (porque te los han inculcado desde pequeño) o no se tienen. Quizás el problema sea que no hay tanta gente que reuna todos los requisitos como para cubrir todas las necesidades, y entonces se hace la vista gorda si faltan algunos. Y total, los valores… ¿de qué sirven?

Guía para agencias de comunicación en su trato con bloggers

Me he calentado con el post anterior, y hago un «bis» :). Resulta que leo en un comentario a otro artículo de Antonio en Soitu lo siguiente: «Al final, siempre escucho las mismas quejas de las mismas personas. Ahora bien, no he sacado una sola conclusión de como tiene que dirigirse una agencia de comunicación a un blogger para no molestarlo.»
Amigo, cuando lo ves desde el otro lado es muy fácil, puro sentido común. Pero si lo quieres mascadito, pues ahí va una guía en diez pasos para facilitar la vida de las agencias en su relación con los bloggers.
1. Aprende a distinguir un blog comercial de un blog personal. No tiene que ver con su volumen de visitas, sino con su «espíritu fundacional»: los primeros son una especie de revista temática (con un cierto nivel de «industrialización»), los segundos simplemente son la expresión de los intereses de un individuo o un grupo.
2. Olvidate de los blogs personales. Habitualmente no son en absoluto permeables a tus esfuerzos. Les da igual lo que tengas que contarles. Ellos hablan de sus cosas, no de las tuyas. La posibilidad de que un contacto de una agencia de comunicación se transforme en una mención es muy pequeña. Así que no pierdas el tiempo.
3. Si, y solo si, percibes una afinidad (pero afinidad real, no cogida por alfileres para cumplir tus objetivos) entre los intereses del blogger personal y los productos y servicios que estás comunicando, prueba a contactar con él. Pero hazlo de forma personal e individualizada, estas cosas llevan su tiempo. Es una relación entre personas, interesaté por él, no pretendas simplemente que él se interese por ti de buenas a primeras. Construye una relación sólida, que vaya más allá de tu interés en comunicar algo. Sólo así puede que, quizás, llegue a hablar de tí. ¿Mucho tiempo y esfuerzo? Pues entonces, quédate con el punto 2.
4. Los blogs comerciales se parecen algo más a los medios tradicionales. Les interesan las noticias, tienen habitualmente un ritmo de publicación elevado, necesitan ideas para nuevos contenidos. Son, a priori, más receptivos a tus esfuerzos de comunicación. Céntrate en ellos.
5. Aunque en el punto 4 hablamos de ciertas semejanzas entre blogs comerciales y medios tradicionales, no son lo mismo. Hay matices que marcan la diferencia. Los bloggers no suelen ser profesionales, sino amateurs; ser blogger no es su dedicación principal, así que cuenta con ello. Su nivel de independencia es mucho mayor; ni tienen que rellenar un número x de contenidos, ni le deben nada a ninguna marca, así que solo hablarán de tí si lo que les das es realmente interesante. Suele haber un número muy pequeño de personas implicadas en la elaboración de un blog comercial; las relaciones personales (trato individualizado, etc.) son especialmente valoradas.
5. Los blogs comerciales suelen estar altamente segmentados por temáticas. Busca aquéllos que coincidan con el producto que estés promocionando, y cíñete a ellos. No pretendas meter a todos los blogs en el mismo saco, resulta molesto recibir comunicaciones que no tienen nada que ver con tu temática.
6. Los blogs comerciales suelen estar escritos por bloggers hiperespecializados que están muy actualizados. No les vayas con comunicaciones que ellos ya conocen, por otras vías, hace semanas o meses. Si no tienes nada verdaderamente nuevo que ofrecerles, no les molestes.
7. Los blogs comerciales suelen estar escritos por bloggers hiperespecializados que conocen muy bien su sector, los productos, etc. No quieren las generalidades que valen para un medio genérico, quieren detalles cuanto más específicos mejor. Y si lees el punto 6, entenderás que quieren detalles exclusivos, que no hayan conocido por otros medios antes. Si no tienes nada verdaderamente especial que ofrecerles… no les molestes.
8. Tómate la molestia de conocer el blog al que te estás dirigiendo. Utilizar las sencillas herramientas de búsqueda que ofrecen los blogs comerciales para saber qué se ha publicado de tu producto o servicio previamente. Entiende bien cuál ha sido la línea que ha mantenido el blog en sus anotaciones anteriores, y haz referencia a ellas en tu comunicación para así darle continuidad. Procura adaptarte a su tono. Y no te olvides de los puntos 6 y 7; para decirles algo que ya saben, mejor no lo hagas.
9. Facilita la vida a los blogs comerciales. Proporcionales enlaces relevantes, material gráfico (fotos, videos… pero ajustados a la resolución que se necesita para la comunicación web, y a ser posible sin adjuntarlos en la comunicación).
10. Los bloggers están acostumbrados a la bidireccionalidad. No se trata de mandarles el mensaje y olvidarte. Ponte a su disposición para cualquier cosa que puedan necesitar, y asume que en muchos casos ellos van a recurrir a ti para que profundices, les proporciones más detalles, etc. No lo veas como una molestia, sino como una oportunidad de fortalecer una relación personal.
A modo de corolario: ten muy presente que tú necesitas a los blogs muchísimo más de lo que ellos te necesitan a tí. Así que si quieres que te hagan caso, tendrás que centrarte en seguir tú sus reglas, y no pretender que ellos sigan las tuyas.

Bloggers, notas de prensa y demás historias

Los blogs son un objetivo muy apetecido por las empresas de publicidad: «he oído que se puede hacer publicidad gratis en los blogs». Claro, un blog habla de tu producto… y obtienes una cierta repercusión (mucha o poca, depende del blog, pero existe; y además se supone que mucho más efectiva al ser alguien «de confianza» quien da su opinión). Mientras tanto, poner un anuncio en la tele o una cuña en la radio cuesta una pasta, cada vez tiene menos repercusión (los medios tradicionales pierden peso, los mensajes indiscriminados ceden espacio en la mente del consumidor a los mensajes filtrados por el «círculo de confianza»). Así que normal que estén como locos por meterse en el mundo de los blogs.
Pero claro, las empresas entran como elefante en cacharrería. Se piensan que esto de los blogs no son más que una extensión de los medios tradicionales, con su «toma y daca» en materia de publicación de noticias. Y emplean las mismas tácticas que con ellos: os enviamos nota de prensa, os invitamos a rueda de prensa… y ya publicáis algo. Pero donde antes había 5 periódicos, 5 radios y 5 teles (susceptibles de ser manejados razonablemente bien por un departamento de comunicación), ahora hay cientos, miles de «micromedios». Y un departamento de comunicación no va a atender a cada uno de ellos personalizadamente. Así que venga, recopilemos direcciones de email… y hagamos spam, a ver si alguien nos publica algo.
Viene esto a cuento de un artículo que escribe Antonio Delgado en Soitu, titulado «Querido blogger: ¿Tanto te molestan mis notas de prensa?«, con cuatro visiones muy razonables sobre la cuestión (aunque alguno en concreto debería aplicarse su propia teoría, porque es un spammer redomado; a mí me llegan notas de prensa firmadas por él cada poco tiempo, con temas absolutamente irrelevantes y absurdos; se van a la carpeta de spam, pero me fastidia que se las dé de experto).
Pues éste es mi mensaje para las agencias:
A ver, señores. Que mi blog es un espacio PERSONAL. Que entiendo que a ustedes les pueda interesar que yo hable gratis de sus productos para que los que me leen (muchos o pocos da igual; siendo gratis, todo suma) reciban un impacto publicitario sin que les cueste un duro. Incluso entiendo que crean que, por la temática habitual de mi blog, los lectores puedan estar segmentados y ser un perfil atractivo. Pero ése (publicidad gratuita) es el interés de USTEDES. A mí no me interesan lo más mínimo sus productos. No quiero hablar de ellos bajo ningún concepto. Yo hablo de mi día a día. Y si menciono algún producto o servicio en mi blog, es porque es algo que he usado en mi vida real, o que me ha llamado la atención en mi vida cotidiana. Pero NUNCA por el esfuerzo (o la brasa) de una agencia de comunicación. Si quieren publicidad, hay unos bonitos espacios publicitarios que les puedo dejar a muy buen precio. Pero no voy a contarle a la gente que confía en mí las bondades de sus clientes por su cara bonita. No tengo que rellenar x páginas o x minutos al día (y por lo tanto, meter contenidos «de relleno»), ni tengo ninguna estructura de costes para mantener mi blog (ni el contenido, ni el soporte). En definitiva, no hay ni un solo motivo para que hable de ustedes, de sus clientes y de sus productos y servicios.
Entiendo a las agencias. Les pagan para promocionar sus productos. Cuanta más repercusión, al menor coste, mejor. Pero deberían olvidarse de los blogs, los blogs no son el camino. Me atrevería a decir que ni siquiera los comerciales (donde puede tener algo más de sentido el envío de noticias relacionadas con su temática; pero aun así, lo habitual es que haya un equipo de editores que decida cómo tratar los temas en función de su interés y se ignoren las notas de prensa indiscriminadas), y desde luego ni de coña los personales.
Que no somos medios de comunicación, que sólo somos pelotudos con blog. ¿O es que a alguien se le ocurriría ponerse en medio de la plaza abordando a cuanto viandante la cruza para decirle «eh, ¿por qué no vas y les cuentas a tus amigos y conocidos lo maravilloso que es el producto de mi cliente? No importa que no lo conozcas, simplemente repitele este argumentario que te doy. Hazlo por mí…». Pues esto es exactamente lo mismo.
La única forma de que en un blog personal se hable de un producto, servicio o empresa es involucrándose mucho en el día a día del blogger en particular. Conociéndole, interactuando con él. Al final, si surge una sintonía, es posible que en algún momento te mencione. Pero no como «publicidad» de tu producto, sino casi como referencia a «mi amigo fulanito, que está embarcado en el proyecto X».
«Es que eso cuesta mucho tiempo y esfuerzo (y por lo tanto dinero)», dirán las agencias. Pues sí, ya imagino. Pero es lo que hay. Es la única forma de que funcione. El spam es muy barato y rápido, pero simplemente no funciona, e incluso genera un posicionamiento negativo. ¿Que es una situación difícil, una putada? Lo entiendo. Pero no es mi problema.
Ismael hace una lista de «no me envíes notas de prensa si…«, y que Eduardo amplía. Pues bien, a esa lista yo le quitaría el condicional. Simplemente, no me envíes notas de prensa. Ólvidate. Mis posts no son el vehículo para tu publicidad, ni pagada ni sin pagar. Punto pelota.

80 horas a la semana

Es el recuerdo que tengo de una presentación de empresas en mi universidad. Allá por quinto de carrera, se acercaban a la facultad, coordinados por la Asociación de Licenciados, una serie de empresas a presentarse como empleadores y a recoger curricula. Un claro ejemplo de «win-win»: la universidad da apariencia de «sitio molón con capacidad de atraer empresas buenas y con interés en colocar a sus alumnos»; los alumnos pueden conocer de primera mano algunas empresas interesantes y tener un «atajo» en el proceso de selección; y las empresas pueden pescar candidatos en un «caladero» a priori interesante para ellos.
Si no recuerdo mal, la empresa era Goldman Sachs. Empezaron con una presentación a la que llamaban «Eyes wide open». Y luego, un empleado y a la vez antiguo alumno contaba su experiencia en la empresa. «Es un trabajo apasionante, muy bien pagado, pero tendréis que trabajar muy duro», decía, «las jornadas pueden ser de 80-90 horas a la semana».
80-90 horas a la semana. Yo hice mis cálculos. Eso vienen a ser unas 14 horas al día, trabajando de lunes a sábado. Y 14 horas al día supone entrar a las 9 y salir a las 23. Súmale desplazamientos. Apenas da para dormir unas 6-7 horas. De ocio o vida social, por supuesto… ni hablamos.
Por supuesto, dí mi curriculum a esta empresa, y a otras del mismo pelo que se presentaron allí. Banca de inversión, grandes consultoras estratégicas. A pesar de todo, trabajar en ellas era el summum del prestigio; sólo cogían a los mejores, y a mí, qué demonios, siempre me ha gustado saberme de los mejores. Lo cierto es que en todas me rechazaron, pese a tener un expediente más que notable (mejor que algunas de las personas que sí que cogieron). En su momento lo viví con una cierta frustración; «¿esto quiere decir que no soy de los mejores?». Pero con el tiempo me dí cuenta de que había sido lo mejor que me podía haber pasado. Cuando algunos amigos que sí que fueron seleccionados me contaban su experiencia allí, no me daban envidia. Sí, su trabajo era muy interesante. Sí, se movían a niveles organizativos altísimos. Por supuesto, la pasta que ganaban era indecorosa. Pero su vida era todo trabajo, excepto por breves lapsos de tiempo en los que relacionarse a toda velocidad con otros como ellos.
Y para ser honestos, eso de «entréganos tu vida y te haremos de oro» no va conmigo. Supongo que, de alguna manera, es algo que detectaron en los procesos de selección. Yo no era un buen candidato, porque no hubiera soportado el intercambio. Podría haber ido allí, intentar hacer ese trabajo… pero me hubiera rendido enseguida.
Por supuesto, en mi experiencia laboral he trabajado lo suyo. En ocasiones puntuales, las jornadas se han alargado bastante. Pero siempre ha estado dentro de los límites de lo razonable. No he ganado tanto dinero, ni he tenido unas experiencias tan apasionantes. Pero creo que encontré un equilibrio más adaptado a mi personalidad, en el que trabajo y no-trabajo encontraban su espacio.
Aunque quizás sólo sea una racionalización de mi frustración… 🙂

Twitter y otras herramientas de comunicación: enriqueciendo las relaciones personales

Estaba escribiendo un comentario en esta entrada de Enrique Dans, pero ha crecido hasta convertirse en entrada propia.
El caso es que un comentarista dice que «Resulta triste ver cómo en la era de las comunicaciones, la gente tiene cada vez menos amigos ‘corporales’ y más amigos ‘virtuales’.» Y me ha dado rabia. Porque parece que, con esta perspectiva, utilizar un canal de relación «virtual» (que no sé por qué lo llaman virtual, cuando es tan real como cualquier otro… ¿o es que el teléfono o a las cartas también son virtuales?) hace que las relaciones personales tengan menos valor. Que las únicas relaciones personales que valen la pena son las «físicas».
Y no creo que sea así en absoluto. Que no, que no hay diferencias, yo tengo amigos, o conocidos, o gente que siento afín. Y punto, no hay un «apellido». Con algunos de ellos interactúo más por unos canales (en persona, por teléfono), y con otros por otros. Pero no son más o menos amigos en función del canal, eso es ridículo.
El email, el blog, el messenger, el twitter, el flickr, el facebook y cualquier otra herramienta de este tipo son solo eso, herramientas. Herramientas que, en mi opinión, sirven para enriquecer y fortalecer las relaciones personales. Me permiten estar en contacto con personas con las que, por cuestiones de distancia o de agenda, no sería posible hacerlo de otra manera. Además, permiten hacerlo de una forma mucho más flexible, asíncrona y enriquecida.
Y en ningún caso sustituyen al contacto «físico». Pero si nos limitásemos al contacto «físico», nuestras relaciones sociales serían infinitamente más reducidas en cantidad y calidad. Sólo podríamos tener contacto con nuestro entorno más directo (la gente de nuestro barrio, nuestro pueblo…), salvo que tuviésemos disponibilidad para desplazarnos (tiempo y dinero). Sólo podríamos mantener el contacto cuando a la otra persona y a nosotros nos viniese bien hacerlo a la vez. Sería mucho más difícil conocer nuevas personas (sólo si nos las presentan «en vivo» alguna de las personas a las que conocemos). Sólo podríamos ver sus fotos cuando fuésemos a su casa a que nos enseñase los álbumes, o ver sus videos organizando una cena tras la cual nos apoltronamos en el sofá. Etc.
Por supuesto, todas esas cosas se pueden seguir haciendo, y de hecho se siguen haciendo. Pero ADEMÁS se pueden hacer muchas más que antes no se podía, dando como resultado muchas más relaciones, más intensas, más variadas, más interesantes.
Me pregunto si en el siglo XVII a los que gustaban de escribirse cartas con gente de otros países les mirarían mal por «tener amigos virtuales en vez de relacionarse como dios manda», o si a quien usaba el teléfono a mediados del siglo XX les abroncarían por «no tener amigos corpóreos». ¿Es tan difícil de ver que es exactamente lo mismo? Nuevos canales que nos permiten comunicarnos. Nada más.
De hecho, como ya he contado alguna vez, me encantaría poder utilizar estos canales con todos mis amigos. Siento que, sin poder utilizarlos, las relaciones son mucho menos ricas de lo que podrían ser.

¿Es posible una comunidad independiente alrededor de una marca?

Planteaba esta interesante cuestión ayer Juan Luis en los comentarios sobre el lanzamiento de Actibva: «Creo que justamente el valor de una comunidad lo da la libertad y la imparcialidad. Y dudo que en un sitio de estas caracteristicas esto se pueda dar, por razones obvias.»
Entonces… ¿no es posible libertad e imparcialidad con una marca de por medio? Mi sensación es que sí, que sí es posible. No hablo de Actibva (aunque creo que hay buenos «mimbres», pero el movimiento se demuestra andando), sino en genérico. ¿Por qué no va a ser posible? Lo que sí estoy de acuerdo es en que será más difícil, principalmente, por dos motivos.
El primero son los prejuicios. «Como hay marca, hay parcialidad, no hay independencia». Hay mucha gente que tiene esta concepción previa, y entonces harán que la carga de la prueba recaiga sobre la propia marca. «Mientras no se demuestre lo contrario, es parcial». Y quien tiene este prejuicio, tiende a ver signos de parcialidad por cualquier sitio: el propio Juan Luis lo manifestaba cuando decía que «los banners publicitarios son de la marca». ¿Eso es un signo de parcialidad? A mí no me lo parece (si esos banners estuvieran en cualquier otra web… ¿sospecharíamos? ¿cualquier sitio con publicidad es sospechoso de manipular su contenido? Bueno, en realidad sí hay un sector que opina así…), pero para el que ya está convencido de ello es una prueba irrefutable. Y así con más cosas (p.j. si aparece una noticia relacionada con la marca… ¿no puede estar ahí por méritos propios? ¿está ahí únicamente por el oscuro deseo de manipular a los lectores?); quien está predispuesto a ver pruebas manifiestas de manipulación, las encuentra en cualquier detalle.
Y el segundo, obviamente, es la propia marca/empresa. Es muy difícil construir y financiar un sitio, y asumir la pérdida del control sobre él. No es la forma en la que tradicionalmente se han comportado las empresas, habituadas al «ordeno y mando» en sus procesos de relación con el usuario. ¿Cómo voy a estar pagando por un sitio en el que no aparece mi marca? ¿Cómo voy a estar pagando por un sitio en el que me critican? ¿Cómo voy a dejar que hablen bien de mis competidores en mi casa? Todas éstas, y alguna más, son preguntas que se hace alguien, más pronto o más tarde, dentro de la empresa; incluso cuando el proyecto se pone en marcha con la mejor de las voluntades y el espíritu más «deportivo» del mundo, cuando estas situaciones se dan en realidad es cuando hay que demostrar efectivamente que la apuesta por la independencia y la imparcialidad es seria.
Así que, volviendo a la pregunta original, ¿es posible crear una comunidad independiente alrededor de una marca? Mi respuesta sería que sí, si la empresa es capaz de dominar sus impulsos «primarios» (y creo que cada vez hay más gente en empresas que entiende que las cosas deben ser así, aunque eso no quita para que siga habiendo quienes lo vivan con mucho nerviosismo o simplemente no lo asuman). Por eso creo que debemos dejar a un lado los prejuicios y hacer las valoraciones sobre lo que vemos, sin adoptar un plus de susceptibilidad por el hecho de que haya una empresa detrás. De hecho, personalmente tiendo a confiar más en una iniciativa en la que claramente hay una empresa detrás (incluso descontándole un cierto sesgo corporativista) que en otras iniciativas «con apariencia de imparcialidad» en las que luego resulta que hay intereses ocultos. Me siento más engañado en el segundo caso que en el primero; al primero se le ve venir, al segundo… regular.