El talento y la crisis

Siempre he creído que es verdad lo siguiente:

La gente con talento, esquiva los vaivenes de la industria. Les sobran recursos para seguir siendo ellos mismos o mejores.

Buenafuente

Lo dice Buenafuente a cuenta de Jorge Drexler, y con «la industria» se refiere a la industria musical. Pero creo que esta frase es absoluta y totalmente extrapolable a cualquier otro ámbito. El talento, la creatividad, la profesionalidad… son valores que predisponen al éxito. Obviamente, las crisis nos afectan a todos. Pero unos están en mejores condiciones que otros para superarlas.

Publicidad CPA

Anoche estuve trasteando un ratillo en el blog, insertando algunas posiciones publicitarias. En vez del omnipresente Adsense (que sigue por ahí, mostrándose esencialmente a visitantes ocasionales), esta vez estoy poniendo publicidad CPA. Es decir, de ésa que es más difícil todavía rentabilizar. Y es que, mientras que Adsense es CPC (es decir, te pagan cuando alguien hace click en los anuncios), la mayoría de estos anuncios son CPA (es decir, que sólo te pagan cuando alguien hace click y además hace alguna acción como comprar, registrarse, solicitar información…).
He puesto un par en el flujo de posts de la portada (entre el 1º y el 2º, y entre el 5º y el 6º), un par de ellos en el bloque de «patrocinadores» (que nunca he tenido, pero bueno 🙂 ) y uno más en los posts individuales (entre el contenido y los comentarios).
Tengo curiosidad por ver cómo funciona este formato que, así a priori, me ofrece muchas dudas. La primera y más grande es la de la «acción»; creo que si ya es difícil que los usuarios hagan click en un anuncio, que encima vayan a realizar la acción solicitada es mucho más difícil. Tengo la sensación de que este tipo de publicidad tiene que ser, por fuerza, muy poco rentable. Lo cual no deja de ser un poco injusto, porque al final tú estás poniendo el cromo del anunciante a tiempo completo, y ellos sólo te pagan bajo unas condiciones bastante restrictivas. Creo que es un equilibrio poco justo.
Y luego tengo mis dudas respecto a cómo se verifican este tipo de sistemas. Una impresión es una impresión, y se puede controlar facilmente (y aun así hay discrepancias). Un click es un click, y se puede contabilizar fácilmente (aunque te tienes que creer lo que digan sus sistemas). Pero lo de las ventas/registros/solicitudes de información… ¿cómo se sabe, cuando uno llama a una de estas empresas, si el origen de la solicitud está en el banner que vieron en mi blog? Hay ahí un nivel de incertidumbre notable. Imagino que al final te pagan lo que les da la gana.
En fin, lo dejaré unas semanas a ver qué tal funciona. Pero mis expectativas no son nada del otro mundo. Si veis que os resulta improcedente, agradezco que me lo digáis; también es un input a tener muy en cuenta.

Todos los proyectos son iguales

Caníbales

Impagable descripción de la merienda de negros en que se convierte un proyecto la que hace el amigo Luis:
Es que al final todos los proyectos son iguales:

  • unos que piden
  • otro que decide que hay que hacerlo y da el visto bueno
  • uno que paga (no siempre es el anterior) y para compensar otro que dice que hay que ahorrar y presiona para ello
  • por supuesto está al que le cae el marrón de que el proyecto salga (responsable de proyecto) y con él un conjunto de damnificados (también llamados Key Users) que tienen que dedicar una buena parte de su tiempo al proyecto, ademas de sacar adelante su día a día – que nadie les quita.
  • otros que, aunque ni les va ni le viene la mayor parte de las veces, siempre opinan (suelen formar parte de un ente llamado comité de dirección)
  • los que son contratados para hacerlo y que les miden por el tiempo que pasan, su tarifa horaria, si llevan corbata o no y a veces también por los resultados que obtienen. Si el proyecto va mal cargan seguro con las culpas por lo que en su precio siempre hay esa prima de riesgo
  • y a veces otros, un poco raros, que en medio de esta merienda de negros están organizando, poniendo orden y asegurando que todo tira p’alante y el proyecto salga adelante… éstos últimos son importantes y … somos nosotros.

Discusiones blogueriles

Es curioso. Ayer, después de acabar agotado a cuenta del dichoso post sobre los posts patrocinados (¡en buena hora se me ocurrió opinar!), los argumentos y contrargumentos aquí y en otros sitios… por no hablar de otros detalles de mucho peor gusto, caí en la cuenta de algo. En los últimos años, desde que tengo un blog, las discusiones en las que más he invertido tiempo y esfuerzo, las que más dolores de cabeza me han dado, las que más me han desgastado, con las que más «hostias» me he llevado (mayormente inmerecidas, desde luego desde mi punto de vista)… han sido las relacionadas con «el maravilloso mundo de los blogs». Posts patrocinados, el blog de un hotel, la remuneración de los bloggers, lo de notas de fútbol, la inversión de Varsavsky en Hipertextual, y otros tantos… cuando he dado una opinión sobre estos temas (en mi blog o en comentarios en otro sitio) la cosa se ha salido de madre. No porque se haya entrado en un intercambio dialéctico (que siempre me gustan), sino porque aparecen un cierto tipo de asperezas y argumentos (o directamente, sandeces) con un denominador común: «no, es que perteneces a Weblogs SL y solo lo dices para defender a tu empresa».
Me estoy dando cuenta de esto según lo escribo. ¡Es verdad!. No es la discusión sobre blogs lo enciende la mecha. Es sólo si WSL está por medio. «WSL tiene un plan coordinado para evitar que otras empresas accedan al pastel publicitario de los blogs y por eso criticas los posts patrocinados», «criticas la inversión en Hipertextual porque eres de WSL», «defiendes el modelo de remuneración de WSL porque te pagan», «atacas el blog de un hotel porque WSL gestiona los blogs de NH».
Creo que ahora entiendo por qué me encelo tanto en estas discusiones. Yo sé que WSL no tiene nada que ver con mis opiniones; ni me las dictan, ni me las pagan. No sé qué parecerá desde fuera, pero sé que no es así, y cualquiera que me conozca bien no debería tener ni la más mínima duda al respecto. Entra dentro de la lógica que, cuando hay una comunión de valores y formas de entender las cosas (que precisamente facilitan que trabajes agusto durante periodos largos de tiempo), tengas una tendencia a pensar de forma parecida en algunos asuntos. Pero me molesta sobremanera que nadie pueda infravalorarme tanto y pensar que soy tan servil y gilipollas como para «partirme la cara» por una empresa que no es mía (si fuera mía, las decisiones serían mías y por tanto sería lógica la identificación empresa-individuo), en la que ni tengo ni he tenido ni la más mínima participación accionarial (creo que ni aunque la tuviera cambiarían las cosas, ni anularía mi capacidad de pensamiento crítico, que es una de mis mayores virtudes; pero es que ni es el caso), que simplemente se trata de un cliente (estupendo, sí; pero no me va a dar de comer toda la vida: hoy presto servicios aquí y mañana en otro sitio).
Por eso, cuando sale el cliché de «es que eres de WSL» me llevan los demonios. E intento repetir una y otra vez mis argumentos (porque son míos, y me los creo, y serían los mismos aunque WSL nunca se hubiera cruzado en mi vida) en la esperanza de que, al leerlos, la gente los vea razonables (como yo los veo). Que estén de acuerdo, o que estén en desacuerdo, pero que me reconozcan que son míos, y no «dictados» por otros. Por eso insisto una y otra vez: no por la discusión en sí, sino por la frustración que me genera que los desprecien sin más «porque soy de WSL».
Pero es inútil. Cuando te han colgado un sambenito, da igual lo que digas o lo que argumentes. Da igual que sepas que no es verdad. Estás marcado. Eres una bruja.
«No, es que yo no soy socio de WSL»… «bueno, pero te pagan, así que es igual». Una bruja. Y cuando dejen de pagarme, «No, es que yo ya no trabajo para WSL»… «bueno, pero trabajaste en el pasado, así que es igual». Una bruja.
Así que lección aprendida (a ver si soy capaz de aplicármelo). Cuando prevea que un tema puede generar susceptibilidades por mi relación con WSL, mejor me callo. Da igual si mis argumentos son interesantes o no, si creo que puedo aportar un punto de vista o no. Autocensura. Será la mejor manera de ahorrarse tonterías.
Pero qué coño… ¿autocensura? ¿estamos tontos o qué? No. Lo que tengo que hacer es seguir diciendo lo que piense, pero controlar mi reacción al argumento de «es que eres de WSL». Simplemente, no entrar al trapo. Si alguien se encuentra más cómodo creyendo que mis opiniones no son mías, peor para él. Si alguien cree que hablo por boca de ganso, peor para él. Si en vez de pararse a analizar lo que digo por si le puede servir de algo prefiere despreciarlo, peor para él. Yo sé por qué digo las cosas, y eso debería bastarme.

La cultura de la visita

«Hagamos una reunión, pásate por nuestras oficinas y nos vemos». ¡Horror, pavor, terror! Altas probabilidades de perder el tiempo…
Es evidente que el contacto humano es importante. Verse las caras, estrecharse las manos. Incluso hay momentos y situaciones que son necesarios tratar «cara a cara», y más en el principio de una relación comercial. En esos casos las reuniones son no sólo necesarias, sino convenientes. Pero no siempre es así. Hay reuniones que podrían sustituirse perfectamente por un cruce de emails o por una llamada de teléfono. Y sin embargo, hay quienes son tan pro-reuniones que ni se les ocurre pensar en otras alternativas.
Ya sabéis, típica reunión a la que tienes que ir, en la que encima te hacen esperar, y que se soluciona en 20 minutos de cuatro preguntas y respuestas que, en realidad, ya están contenidas en un documento que enviaste la semana anterior.
A mí me resulta bastante frustrante acudir a este tipo de reuniones. Y más ahora, donde hacerlo implica 3-4 horas de desplazamiento. Mi planteamiento es que ese desplazamiento lo hago si merece la pena hacerlo, y me fastidia tener que hacerlo para nada. Sí, ya procuras arreglarte el día para aprovechar el desplazamiento para otras cosas (otras reuniones, hacer algún «recado», etc.), pero no siempre es posible.
Es cierto que mi situación ahora es un poco especial, pero tampoco tanto: ¿a nadie le ha pasado que le hagan tomar un avión para ir a una reunión de este tipo? ¿o cruzarse la ciudad de lado a lado, con sus atascos y demás, para lo mismo? Con el juego que dan las nuevas tecnologías, hombre, por dios… pero nada, hay quienes no lo asumen, y más cuando la relación es cliente-proveedor (y no digo nada si es potencial cliente – potencial proveedor).
Recuerdo un caso sangrante de hace ya tiempo. «Pasate por nuestras oficinas para que revisemos tu propuesta». Mmmm… vale. Llego y la primera en la frente: 20 minutos esperando. Al final sale el señor y dice «pasate a esta sala y espérame cinco minutos, que andamos con un problema que tenemos que resolver». Vale. Al cabo de otros 20 minutos vuelve, con mi propuesta (obviamente recién imprimida) en una mano y el PC en otra. Empiezo a contarle «mi rollo», mientras él mira atentamente la pantalla de su PC. Al principio pensaba que estaba siguiendo el documento que le había enviado. ¡Pero no! Estaba tan atento porque estaba resolviendo «sus cosas». Yo seguía hablando con la conciencia de que no me estaba escuchando. En un par de ocasiones fuí interrumpido por su teléfono móvil y otro par de ellas por un colaborador que le reclamaba. A todas esas interrupciones atendió.
Cuando acabé con «mi rollo», hizo el ademán de pasar un par de hojas de la propuesta y dijo «vale, pues visto, ya te llamo con los siguientes pasos». Por supuesto, nunca llamó. Mejor.
Uyyyy… qué rabia me está dando acordarme… la gente debería de tener un poco más de respeto por el tiempo de los demás. O un mínimo de educación.

Lo peor que te puede pasar

Traigo aquí este post que se ha pasado un buen tiempo en el congelador, para evitar que se asociase con situaciones concretas.
Hay días en los que vuelven a mi mente las palabras de uno de mis primeros jefes, a quien le tengo un enorme aprecio. Fue después de una pifia gorda, probablemente la primera de esas veces en que tienes esa sensación de bloqueo, de que el suelo se abre bajo tus pies, de que después de eso nunca jamás volverás a levantar cabeza, que te quedas blanco y la sangre golpea en tu cerebro. Vamos, lo que viene siendo una cagada.
«A ver, Raúl, respira y tranquilizate»
«¿Pero cómo me voy a tranquilizar? ¿No ves la que se ha liado por mi culpa?»
«Respira, y piensa. Piensa en qué es lo peor que te podría pasar. ¿Que yo me entere? ¿Que el cliente se entere? ¿Que el cliente se enfade, y cancele el proyecto? ¿Que el socio te llame a su despacho para echarte una bronca descomunal? ¿Que sea algo tan gordo como para que te despidan? De verdad, Raúl… ¿y eso te parece malo?»
Me recuerda un poco al Let it be de los Beatles… «when I find myself in times of trouble, mother Mary comes to me, speaking words of wisdom… let it be….». Solo que «mother Mary» es en realidad aquel jefe y «let it be» es «¿y eso te parece tan malo?» 🙂

Sobre posts patrocinados y la contaminación del contenido

De nuevo una entrada en el blog de Enrique Dans, esta vez sobre posts patrocinados, ha «despertado a la bestia». He dejado un par de comentarios allí, pero quería resumir aquí lo esencial de mi pensamiento al respecto. Mi opinión sobre posts patrocinados es algo que ya he dado en el pasado (en resumen: muy pobre), pero han surgido voces que achacan una posición así a una especie de remilgos propios de estrellonas. Vamos, que a los A-list bloggers ya les regalan un montón de cosas, y ganan mucho dinero con la publicidad, y que no se dan cuenta de que «los bloggers de a pié» están deseando también pillar algo (dinero, regalos). Que los «bloggers de a pié» (los de la larga cola) «no tienen dilemas morales o tabús, porque para ellos esto es un medio para expresarse, no es un fin por si mismo.. » y que por eso (interpreto yo) deben estar deseando abrir sus blogs a los intereses de las marcas. Y que las críticas de los A-list bloggers solo se entienden desde su posición de privilegiados o, incluso peor, desde oscuros intereses por evitar que la plebe les robe esos privilegios.
Pues bien, partiendo del axioma «cada uno en su blog hace lo que quiere», éste blogger de a pié que suscribe declara:

  • Que el contenido de este blog está marcado por mis experiencias, impresiones, vivencias y opiniones cotidianas, y no por ningún tipo de interés comercial.
  • Que el objetivo de este blog no ha sido nunca obtener dinero ni regalos. Si, como consecuencia colateral al desarrollo del blog, llegan el dinero y los regalos, bienvenidos sean. Pero nunca a costa de pervertir la agenda del blog, tal y como está expresada en el punto anterior.
  • Que los dos puntos anteriores no se sustentan en ningún tipo de «posicionamiento moral», sino en el profundo convencimiento de que forman parte de las más esenciales normas de respeto por quienes tienen a bien leerte.
  • Que, respetando que cada uno en su blog puede hacer lo que quiera, y sin pretender imponer los puntos anteriores a nadie (faltaría más), mis gustos como lector están muy en línea con lo anteriormente expresado: me gusta leer opiniones «de verdad», derivadas de la experiencia, sin sesgos comerciales (implícitos o explícitos), y tiendo a rehuir aquellos blogs que no responden a este perfil.
  • Que, como «público objetivo», mi percepción de las marcas que recurren a este tipo de prácticas para generar ruido es negativa: tienen que pagar para conseguir que se hable de ellas porque por sí mismas no conseguirían esas menciones. Quizás incrementen su visibilidad, pero (al menos para mí), están asociando valores negativos a dicha visibilidad.

En definitiva, que no. Que no es verdad que este blogger de a pié (ni creo que infinidad de otros) esté deseando alterar el contenido de su blog por cuatro perrillas o tres cacahuetes. Ni por muchas perrillas y muchos cacahuetes. Que estoy seguro de que no merece la pena, que este blog vale mucho más como canal de expresión e interación honesto y confiable (en cuyo contenido no hay «agenda oculta») que como mercado persa al servicio de intereses ajenos.