Aprendiendo coaching: semana 1

[Esta entrada corresponde a la serie «Aprendiendo coaching«, dentro de la iniciativa «Mis aprendizajes«]

Objetivo de la semana

El objetivo de esta semana era tener una primera aproximación al concepto de coaching, y poner en marcha todo el proceso de aprendizaje.

Qué he hecho

  • Empecé por ponerme en manos de mi amigo Alberto Mallo. Él es psicólogo, coach y (como ya he dicho) amigo. El primer objetivo era plantearle una pregunta… ¿tú, que por un lado me conoces, y por otro sabes de coaching… me ves de coach? Porque ésa era la duda inicial. Tuvimos una charla muy interesante y productiva, donde me hizo cuestionarme cosas… y a partir de ahí decidimos emplazarnos a una segunda charla dentro de la semana, más orientada ya.
  • En esa segunda charla me estuvo abriendo los ojos un poco al concepto de coaching, ayudándome a clarificar una serie de conceptos que yo traía bastante confusos. Y estuvimos también viendo cómo podíamos orientar el proceso de trabajo conjunto. Me recomendó la lectura del libro «Ontología del lenguaje«, de Rafael Echeverría, como la «base conceptual» de su entendimiento del coaching.
  • A partir de ahí, busqué el libro y empecé a leerlo. Es densito (un sociólogo y filósofo chileno… no digo más), y a ratos se me hace bola. Pero voy avanzando por entre sus ideas, y tomando notas (siguiendo el esquema de las notas Cornell e intentando no cometer los errores que describí en su día) Todavía no lo he terminado, espero poder hacerlo en la semana siguiente.

Aprendizajes

  • Quizás el más importante, una visión más clara de lo que es el coaching. Que no consiste en «guiar» a nadie, ni en ayudarle a «encontrar las respuestas» (que era un poco mi visión previa), si no en acompañarle en su propio proceso de descubrimiento. La metáfora que usó Alberto se me quedó grabada: no se trata de tirar del burro, ni de empujar al burro, si no de ir al lado del burro mientras él avanza hacia donde él quiera avanzar.
  • Me gustó mucho el concepto de «distinciones». La idea de que uno sólo toma decisiones en base a las «distinciones» que hace, es decir, a lo que es capaz de percibir/entender (de nuevo una metáfora, la de la capacidad de los esquimales para ver decenas de matices del «blanco»). A medida que vas ganando «distinciones», se abren las puertas para actuar de formas diferentes. En ese sentido me surgió la relación con el libro de Carnegie y su visión de que «cada uno actúa como puede actuar, y si nosotros estuviésemos en esa situación posiblemente actuaríamos igual».
  • La capacidad del lenguaje de «construir realidades» (y no sólo describirlas). Y por ende, la capacidad que tenemos los humanos de «construirnos» a través del lenguaje. El hombre como diseñador de sí mismo.
  • La íntima relación entre el individuo y su contexto, y hasta qué punto ese contexto (la sociedad en la que vive, la historia y la cultura, su círculo de relaciones personales) le influye… pero también hasta qué punto esa relación puede llegar a ser inversa.
  • En general, la relación «de ida y vuelta» entre conceptos: entre el individuo y la sociedad, entre la acción y el pensamiento, entre el cuerpo, la emoción y el lenguaje… todo es mucho más maleable de lo que pudiera parecer. Y en cuanto maleable, podemos trabajar con ello.
  • Los matices que existen entre algunos conceptos como las afirmaciones, las declaraciones, las promesas, los juicios… y la importancia de «distinguir» (de nuevo las distinciones) entre ellos para poder entender sus implicaciones.

Qué ha ido bien

  • Estoy contento con haber puesto en marcha el proceso de aprendizaje, tanto por las charlas productivas con Alberto como por empezar a profundizar en el libro
  • Constancia en la dedicación (incluso aunque el libro se me haga «bola»)
  • Aplicación de las herramientas de la guía de autoaprendizaje eficaz

Qué podría ir mejor

  • El libro se me está haciendo bola, pero quiero terminarlo
  • Tengo que activar el protocolo de «repetición espaciada» para ir repasando las cosas que voy leyendo, y que no se queden en «lo leí, lo entendí y se me olvidó»
  • También quiero ir consolidando lo que aprendo en un «resumen», pero de momento no tengo una visión muy clara de por dónde empezar a consolidarlo. Quizás cuando acabe de leer el libro…

Para la próxima semana

  • Acabar el libro
    Utilizar flashcards para trasladar los conceptos más relevantes
    Hacer un documento-resumen de lo aprendido hasta ahora

Aprendiendo Coaching


[Ésta es la página principal de mi diario de aprendizaje sobre Coaching. Pertenece a la iniciativa «Mis aprendizajes», en la que quiero compartir la evolución de mis propios procesos de aprendizaje y mi experiencia aplicándome mis consejos sobre aprendizaje y desarrollo eficaz de habilidades]

Por qué coaching

Cuando comparto reflexiones sobre mi trayectoria profesional, hay personas que me lanzan una idea: que me ven en el rol de «coach». Es algo a lo que intuitivamente le tengo cierto recelo, pero cuando no son una ni dos ni tres las personas las que te lo dicen, empiezas a darle alguna vuelta más. Lo cierto es que siempre me ha gustado ejercer una cierta labor de «referente». Me gusta que otras personas se acerquen a mí porque sientan que les puedo aportar algo.
Pero siempre he abordado esas relaciones de una manera más intuitiva que otra cosa, sin ningún tipo de metodología. Y eso me genera mucha inseguridad, que se traduce en inacción. Creo que transformar esa «intuición» en algo más sólido puede ayudarme a hacer cosas que hasta ahora rehuyo por falta de seguridad.
También me he dado cuenta, reflexionando sobre esto del coaching, que mi visión está condicionada por una serie de prejuicios en los que nunca he profundizado. Tengo una visión muy desinformada de lo que son los procesos de coaching y de lo que significa «ser coach». Y por eso creo que es interesante hacer una aproximación un poco más estructurada al tema, para saber de qué estoy hablando y tener más criterio a la hora de juzgar.
Ya en esas primeras aproximaciones, la sensación es que desarrollar mis habilidades como «coach» puede ser muy útil a nivel personal y profesional. Y no estoy pensando necesariamente en «trabajar de coach», si no más bien en aplicar esas habilidades en cualquier circunstancia.

Para qué coaching

¿Cuál es mi visión de futuro, una vez haya gestionado este proceso de aprendizaje?

  • Me visualizo con un arsenal de herramientas conscientes, que me permiten tener conversaciones productivas no solo desde la «intuición» si no como resultado de ir aplicando esas herramientas a voluntad. Como consecuencia me siento mucho más seguro en mis interacciones con otros, tanto en el ámbito personal como en el profesional.
  • Aprendo a ser más empático, menos egocéntrico y vehemente, a respetar a los demás en sus circunstancias, sus objetivos, sus razonamientos, sus decisiones y sus tiempos… aprendo que mi misión no es «llevarles por donde yo creo que deben ir», si no acompañarles en el camino que ellos vayan descubriendo.
  • Como consecuencia, tengo más capacidad de impacto y transformación en los demás. No una transformación «dirigida» (y por lo tanto ficticia), si no de la que se deriva del «despertar» del otro. Más impacto positivo en las vidas de los demás.
  • Aplico esa capacidad en todos los ámbitos: el personal (con los niños, con mi mujer, con la familia…) y el profesional. No necesariamente como «coach oficial». Pero al final todo el trabajo (incluyendo los temas del blog, por ejemplo; o los proyectos de consultoría) se ve beneficiado por esa capacidad.
  • También aspiro a tener un efecto directo en mí mismo: por un lado explorándome a mí mismo, comprendiéndome mejor. Y también siendo capaz (no sé si eso es posible o no) de «autocoachearme», de irme a esa posición del «observador» y desde allí tener conversaciones productivas conmigo mismo que me permitan avanzar y mejorar.

Cómo

Para ayudarme en este proceso he buscado la ayuda de mi amigo Alberto Mallo. Alberto es psicólogo y coach certificado. Y además es un buen amigo, que me conoce desde hace más de quince años, y sabe también de qué pie cojeo. Confío en él, y sé que sabrá llevarme como procede.
Por recomendación de Alberto he abordado el libro «Ontología del lenguaje«, de Rafael Echeverría.

Proyectos prácticos

En el momento de iniciar este proceso me cuesta todavía visualizar de qué manera hacer una aplicación práctica de mis avances. Mi idea es ir aplicando el aprendizaje en mis conversaciones diarias (p.j. con los niños), y también ver la manera de volcarlos en la generación de contenidos relacionados en el blog, podcast, vídeos…

Compromisos

  • Voy a aplicar la guía para diseñar un plan de autoaprendizaje eficaz.
  • Voy a compartir el seguimiento del proceso en el blog.
  • Voy a dedicar un hueco al día (después de comer), de forma consistente, para avanzar.
  • Voy a realizar sesiones de seguimiento con Alberto.

Seguimiento

  • Semana 1: primera aproximación al coaching y «Ontología del lenguaje»
  • Semana 2: he acabado con «Ontología del lenguaje»
  • Semana 3: una semana un poco difusa, pero he empezado con «Coaching» de John Withmore y he añadido unas cuantas reflexiones.
  • Semana 4: continúo con John Withmore. Preguntas eficaces, método GROW…
  • Semanas 5 y 6: acabo con Withmore, y al acabar me doy cuenta de que «no tener libros que leer» me incomoda…
  • Semanas 7,8 y 9: alguna pequeña práctica supervisada, y la conclusión de que una de las cosas más importantes es «gestionarse a uno mismo» (las ganas de intervenir, de dar opinión, de marcar agenda…). Necesito poner en práctica, pero esa perspectiva me bloquea.
  • Semana 10: una persona se ofreció a hacerme de «conejillo de indias». La perspectiva de esa conversación me genera inseguridades. Trabajo en reformular las inseguridades y en preparar esa primera conversación.
  • Actualización 11: abandono el seguimiento semanal… ¡Pero he tenido mis primeras conversaciones de coaching!

[Guía] "Cómo diseñar un plan de autoaprendizaje eficaz"

Hoy he publicado la guía «Cómo diseñar un plan de autoaprendizaje eficaz».

El origen de la guía de autoaprendizaje

Cuando puse en marcha el proyecto Skillopment, lo hice desde un interés «de alto nivel» por el aprendizaje y el desarrollo eficaz de habilidades. En su día, ese interés se plasmó primero en una charla y luego en un ebook. A medida que profundizaba, me quedaba el regusto agridulce de estar tratando un tema interesante, pero a la vez de estar haciéndolo de una forma demasiado abstracta. Tenía el gusanillo de trasladar esas ideas a algo más accionable, más práctico.
El detonante final para dar forma a esta guía fue una reflexión sobre mi lista de correo, y el «lead magnet» que estaba utilizando para incentivar el alta en ella. En un principio fue el ebook Skillopment, y más adelante un curso por email con las claves del aprendizaje eficaz a través del modelo Skillopment. En ambos casos podría pensarse que eran buenos «anzuelos», pero escuchando leyendo el libro «Revolución Knowmada» de Franck Scipion se me iluminó la bombilla: la clave de un buen «lead magnet» es que sea algo concreto, fácil de digerir, y que aporte un valor concentrado y tangible (aquí el razonamiento en un podcast).
Eso fue lo que me motivó para buscar la forma de construir ese «lead magnet», y ése es el origen de esta guía. Para mí es un paso importante de cara a «concretar» lo que hago y de bajarlo del terreno de la reflexión al del uso diario.

A quién va dirigida

Esta guía te será útil sí…:

  • eres una persona inquieta, consciente de la importancia de desarrollar tus habilidades.
  • crees que la responsabilidad sobre tu desarrollo es sobre todo tuya, y quieres llevar las riendas.
  • tu objetivo no es «pasar el rato» o «ir aprobando», sino incorporar habilidades y conocimientos a tu “caja de herramientas”, de forma que puedas usarlas en el largo plazo para aprovechar las oportunidades y hacer frente a los retos que vayan apareciendo en tu camino.
  • eres consciente de que el aprendizaje es un camino largo y exigente. Que requiere esfuerzo, tiempo, dedicación y recursos. Y que no siempre es fácil sacar tiempo y energía.
  • en el pasado te has encontrado con dificultades para llevar adelante tus proyectos de aprendizaje.
  • a pesar de las dificultades, quieres insistir porque sabes lo importante que es. Y lo gratificante que resulta cuando te das cuenta de que, gracias a tu esfuerzo, has conseguido incorporar una nueva habilidad a tu repertorio.

Qué contiene

En este documento encontrarás herramientas que te ayudarán a plantear y ejecutar tus proyectos de aprendizaje bajo un prisma de aprendizaje eficaz. Se trata de que, con su ayuda, puedas sacar el máximo rendimiento al tiempo y al esfuerzo que dedicas a aprender.

  • Una plantilla de que te ayudará a definir tu proyecto de aprendizaje, concretando qué quieres aprender, por qué, para qué, cómo, y cuáles son los compromisos que asumes.
  • Una plantilla que te servirá para planificar y hacer seguimiento de tu progreso semanal, estableciendo objetivos, acciones, resultados y reflexiones para la mejora.
  • 20 estrategias que te servirán para enfocar tu aprendizaje.

He querido darle a estas herramientas un enfoque totalmente práctico. El objetivo que las uses y las hagas tuyas, que las apliques a tus proyectos de aprendizaje concretos. No te quedes en echarles un vistazo por encima. Imprímelas, trabaja con ellas.

Descarga la guía de autoaprendizaje eficaz
Para descargar la guía de autoaprendizaje eficaz, solo tienes que suscribirte a la Comunidad Skillopment. Además de descargarte la guía, recibirás (¡mientras quieras!) comunicaciones periódicas sobre aprendizaje y desarrollo eficaz de habilidades, con reflexiones, enlaces interesantes y herramientas que te ayuden a conseguir tus objetivos.

Las 4 etapas en tu camino al nirvana del aprendizaje

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Photo by Holly Mandarich on Unsplash

El nirvana del aprendizaje

«Tienes claro lo que quieres aprender, el por qué y el para qué. Eres capaz de concentrar tus esfuerzos, y de aplicar técnicas y herramientas que te permiten sacarles el máximo partido. Desarrollas tus habilidades a voluntad, y así construyes tu perfil ideal; ése que te coloca en la mejor posición posible para aprovechar las oportunidades y a enfrentarte a los retos.»

Suena bien, ¿verdad? Yo leo esa descripción y pienso “sí, yo quiero ser así”. Quiero ser esa “máquina de aprender”. Máxima concentración, máximo rendimiento. Pero quiero ser capaz no sólo de aprender de forma eficaz, si no de hacerlo con un sentido, un propósito. Saber dónde quiero ir, y recorrer el camino que me lleva hasta allí. Es el nirvana del aprendizaje.
Pero como sucede en el budismo, el nirvana no se alcanza con un chasquear de los dedos. El nirvana es el resultado de recorrer un camino, un camino que puede ser largo y exigente, y que requiere atravesar distintos niveles de conciencia.

La bendita ignorancia


Quizás seas una persona todavía joven, metida en un sistema educativo que funciona como un tren en el que tú solo tienes que ir subido. Vas pasando curso a curso. Son otros los que te dicen lo que tienes que hacer, y tú lo haces. En realidad no importa mucho aprender, sólo “aprobar” e ir avanzando por el camino que te han marcado. Cuando termines de estudiar crees que encontrarás una “colocación”, que te dará dinero para que puedas hacer tu vida. En todo caso, eso ya llegará. Hoy no te preocupa.
O quizás seas un adulto con un puesto de trabajo fijo, que te da seguridad. Tienes tu contrato indefinido, y cuanto más tiempo pasas más te protege la indemnización. Y esta empresa es una roca, va fenomenal. Tu objetivo es llegar sin sobresaltos a la jubilación, y crees que si no haces nada raro lo tienes hecho.
En este estadio no hay inquietud por el futuro, ni necesidad de tomar las riendas del mismo. No quiere decir que no te esfuerces, o que no trabajes. Pero puedes dejarte llevar, confías en que las cosas irán bien mientras tú hagas lo que otros te dicen, y que por lo demás puedes vivir la vida tranquilamente. Aprender es una opción, si te apetece lo haces y si no tampoco pasa nada.

La inquietud


Algo te ha sacado de tu bendita inconsciencia, y empiezas a verle las orejas al lobo.
Quizás estés acabando tu ciclo de estudios, y empieces a pensar en “cómo me voy a ganar la vida”. Oyes noticias sobre la tasa de paro juvenil, o sobre los contratos basura, o sobre la dificultad de tener una cierta estabilidad. Las vías del tren en el que venías montado llegan a su fin. Intentas retrasar lo inevitable, prolongar la vía un poquito más (¿un máster, quizás?), pero inevitablemente despiertas de repente a una realidad en la que ya no hay camino señalizado que seguir.
O quizás empieces a oír rumores en tu empresa, sobre reducciones de personal, EREs, o una fusión que amenaza puestos de trabajo. Quizás te des cuenta de que los jóvenes que se incorporan están mejor preparados que tú, y que cobran menos. O que hay una nueva tecnología que permite hacer lo que haces tú de forma más eficaz y por menos dinero. Y echas cuentas, y te das cuenta de que igual al empresario le sale rentable pagarte tu indemnización. O simplemente caigas en la cuenta de que tu empresa, sometida a la dura competencia del mercado, es incapaz de dar beneficios y se verá abocada al cierre más pronto o más tarde. Tus sueños de llegar tranquilamente a la jubilación saltan en pedazos.
O simplemente ya eres uno de tantos profesionales y empresarios plenamente conscientes de que la vida es difícil, que salir adelante en un panorama de competencia, de globalización, de aceleración tecnológica… pone un montón de presión sobre tu día a día y sobre tu futuro. Llevas tiempo en el paro, o encadenando contratos temporales y de prácticas, o luchando mes tras mes por sacar adelante tu pequeño negocio.
Sea cual sea tu caso, sientes la inquietud. Sufres pensando en “cómo voy a salir adelante”. Intentas no pensarlo demasiado, pero está ahí. Te frustra esa sensación, te parece injusta, no es lo que te prometieron. Quizás busques un culpable: la globalización que hace que la competencia sea más dura, los robots que hacen lo mismo que nosotros más barato, los inmigrantes que vienen a quitarnos nuestros trabajos, los políticos que no nos dan soluciones, los empresarios que no nos dan trabajo. El sistema, que no funciona.
Es posible que estés esperando una solución: un Estado que dé trabajo público para todos, o mejor aún, una renta básica que nos permita olvidarnos de los problemas. O un sistema proteccionista que al menos nos guarde nuestros trabajos para nosotros: unos aranceles, unos límites a la inmigración. O leyes que obliguen a los empresarios a montar empresas y a contratarnos. Que alguien haga algo, por favor.

La responsabilidad individual


Has llegado a una conclusión. Las cosas son como son, y no como te gustaría que fueran. Es un entorno difícil, pero hay que pelear. Y el primero que tiene que coger el toro por los cuernos eres tú. Lo que no hagas tú por ti mismo no lo va a hacer nadie.
Has llegado a aceptar que nadie te debe nada. Que no puedes esperar que nadie te asegure un trabajo, o una forma de vida. Que eres tú el que tiene que conseguirlo, y que la forma de hacerlo es proporcionar valor a otros. Que hay una correlación positiva (no perfecta, porque en la vida no hay nada perfecto) entre lo que tú puedes ofrecer a los demás y lo que los demás te dan a cambio. Y que por mucho que tú valores lo que haces, son los demás los que deben hacerlo.
Te das cuenta de que en esa lucha no estás indefenso. Tienes una serie de armas, que son tus habilidades. No tus títulos, no los cursos a los que has ido, si no lo que eres capaz de hacer de verdad, de forma consistente. Esa combinación de habilidades es la que te permite dar valor a los demás, y mejorar tus posibilidades de futuro. La suerte sigue existiendo, claro, pero cuantas más habilidades tienes, y más desarrolladas están, más probabilidades tienes de que la suerte te favorezca.
Así que decides formarte. Te apuntas a cursos, lees libros, dedicas tiempo, esfuerzos, y recursos. Pero sientes que no avanzas lo rápido que te gustaría. Tienes tendencia a dispersarte, te interesan muchas cosas, y el tiempo y la energía son limitados. Te cuesta mantener la tensión el tiempo suficiente como para ver una mejora real en tus habilidades y tienes la sensación de que tanto esfuerzo no está siendo útil.

La máquina de aprender


Te ha costado, porque cuesta. Pero has sido capaz de analizar lo que eres, y lo que quieres ser. Tienes muy claro en tu mente cuáles son las habilidades que necesitas desarrollar para alcanzar ese futuro deseado. Tienes claro lo que quieres aprender, el por qué y el para qué. Ya no hay sitio para la dispersión, porque has definido un camino muy bien señalado que te dice cuáles deben ser tus siguientes pasos. Ni tampoco para la falta de motivación, porque ese camino te lleva a un sitio al que quieres ir, al que necesitas ir.
Y además has aprendido e incorporado un conjunto de técnicas y herramientas que te permiten sacar el máximo partido a tu esfuerzo. No importa si tienes mucho tiempo o poco, el que tienes lo aprovechas. Conoces las claves del aprendizaje eficaz, y las aplicas para que tus habilidades mejoren de verdad. No siempre es rápido, ni fácil, ni divertido. Pero funciona, y eso te permite tener las habilidades que necesitas.
Así, día a día, aprendizaje tras aprendizaje, construyes tu perfil ideal; ése que te coloca en la mejor posición posible para aprovechar las oportunidades y a enfrentarte a los retos. Ése que aumenta tus posibilidades de tener suerte.

¿Dónde estás tú?

El camino para convertirse en una máquina de aprendizaje implica ir atravesando cada una de estas etapas. Una detrás de la otra. Y en realidad nunca termina, porque siempre puedes refinar tu sistema para aprender cada vez mejor, con mayor claridad respecto a tus objetivos y tus técnicas.
La cuestión es… ¿en qué punto de ese viaje estás? ¿qué necesitas para ir al siguiente nivel?
[Skillopment es una iniciativa para promover el aprendizaje y el desarrollo eficaz de habilidades. La lista de correo es el canal donde compartir periódicamente reflexiones, herramientas, enlaces interesantes… todas con el mismo objetivo: ayudarnos a convertirnos en máquinas de aprendizaje.. Puedes suscribirte aquí, y te unirás a más de 400 personas inquietas y comprometidas con su desarrollo profesional. Además podrás descargar gratis la guía «Cómo diseñar un plan de autoaprendizaje eficaz».

20 estrategias para aprender mejor

  1. Ten clara tu motivación. Describe qué es lo que quieres aprender, por qué, para qué. Visualízate con esa habilidad desarrollada, y asegúrate de que te gusta lo que ves. Si no lo tienes claro, no sigas.
  2. Destruye tus pensamientos limitantes. Cada vez que te descubras poniéndote zancadillas detente a analizar ese pensamiento, y busca evidencias en contrario.
  3. Decide qué quieres aprender, y céntrate en ello. Olvídate, durante el periodo que tú definas, de todas las otras cosas que podrías aprender. Y mantén el foco.
  4. No te compares con otros. Empieza desde donde estás, y avanza un paso cada vez.
  5. Ármate de paciencia. El camino es largo, y en muchos momentos será exigente y aburrido. No tengas otras expectativas, porque no serán realistas y sólo conseguirás frustrarte.
  6. Sigue los métodos que ya existen. Puede que no sean perfectos, pero son más que suficientes y te llevarán muy lejos. No reinventes la rueda.
  7. Aprende bien lo fácil antes de ponerte con lo difícil. Y consolidalo, no seas impaciente.
  8. Paso a paso, pero sin parar. Conseguirás mejorar mucho más con el trabajo diario que con grandes arrebatos ocasionales.
  9. Toma notas de lo que vayas aprendiendo. Si no, gran parte se acabará diluyendo.
  10. Relaciona. Incorpora, con mucha frecuencia, lo que vas aprendiendo a tu “árbol del conocimiento”: el esquema que relaciona todo lo que sabes de una materia.
  11. Repite, repite y repite. Se trata de interiorizar, de llevar la habilidad al punto del reflejo automático. Y eso pasa por la repetición.
  12. Abraza el error. El error es el indicador de dónde tienes que enfocar tus esfuerzos. Siéntete cómodo en el error, porque si no tenderás a evitarlo, y si lo evitas no serás capaz de crecer.
  13. Dedica tiempo a recordar lo que has aprendido. De nada sirve dedicar tanto esfuerzo a aprender si no retenemos.
  14. Céntrate en donde tienes problemas, y trabaja hasta que dejen de serlo. Será el tiempo mejor empleado.
  15. Lleva un diario. Será la piedra de toque que te ayude a ser exigente contigo mismo.
  16. Planifica y revisa. No dejes que tus esfuerzos dependan de los impulsos y saca conclusiones para mejorar el proceso.
  17. Busca un proyecto práctico que te sirva para dirigir tu aprendizaje. Aprender “en abstracto” es más difícil, y menos productivo.
  18. Descansa. Deja que tu cerebro trabaje en la sombra. Lo necesita.
  19. Cuídate. Realiza actividad física. Aliméntate bien. Un cerebro bien tratado es un cerebro eficaz.
  20. Y disfruta. Porque, a pesar de la exigencia (o quizás precisamente por ella) pocas cosas hay más satisfactorias que aprender y desarrollar tus habilidades.

Este listado fue publicado originalmente en el ebook «Skillopment«, que puedes descargar íntegro y de forma gratuita desde aquí. Si quieres, puedes ver más contenidos sobre aprendizaje eficaz publicados en este mismo blog.

Aprendizaje y educación (una charla con Homo Mínimus)


Hace unos días tuve la oportunidad de participar en el podcast de Homo Mínimus. El resultado fue una charla de casi 2 horas en las que hablamos sobre todo de aprendizaje y de educación, pero también de un buen montón de temas relacionados.

Conocí a Homo Mínimus hace ya un puñado de años, a partir de una cierta afinidad en los temas que tratábamos cada uno en nuestro respectivo blog. Tras una época de intercambio de comentarios, llegó la oportunidad de «desvirtualizarnos» gracias a su proyecto de «52 comidas». Su objetivo era plantearse comer una vez a la semana, a lo largo de un año, con una persona nueva («poco conocida o directamente desconocida por mí»). Una forma de ampliar su círculo social, de romper su zona de confort… en fin, una iniciativa interesante y curiosa. Aquella comida salió bien, y desde entonces nos hemos mantenido en el radar.
Una de sus áreas de interés es el aprendizaje, y de hecho durante un tiempo tuvo un proyecto de blog/podcast llamado «Hiperaprendizaje», así que la afinidad respecto a Skillopment surgió de forma natural. Y ésa fue la excusa que utilizamos para abordar esa conversación aunque, como podréis escuchar, en la misma surgieron un buen montón de ramificaciones.
En fin, por mi parte agradecerle a Homo Mínimus la charla. En sí misma fue muy enriquecedora. Como él dice, la conversación es una de las herramientas fundamentales del aprendizaje.

El océano infinito del conocimiento

En medio del océano

Imagínate que estás en un barco, en medio del océano. Mires hacia donde mires, no ves nada más que agua. En la línea del horizonte no se adivina ni un trozo de tierra. Da igual hacia donde avances, la perspectiva es la misma: una cantidad inmensa de agua rodeándote por todas partes.
Esta metáfora del océano la utilizo dentro del modelo Skillopment para referirme a «todo lo que podríamos aprender, si quisiéramos». Imagina que esa gran masa de agua, inacabable, inabarcable… son todos los conocimientos y habilidades que el ser humano ha desarrollado a lo largo de miles de años. Ahí está todo: la filosofía, la historia, las matemáticas, la química, la física, la biología, la tecnología, la narrativa, la poesía, la oratoria, la pintura, la música, la danza, la caza, la agricultura, la ganadería, etc, etc, etc… Mires en la dirección que mires, no ves el final. Ahí está todo. Y todo a tu disposición.
Y no es sólo la amplitud, sino también la profundidad. Si en algún punto de ese océano decides sumergirte, e iniciar el descenso, comprobarás que te resulta casi imposible tocar fondo. A cada metro que desciendas, cuanto más sepas de una materia, más niveles de profundidad se abrirán ante ti, más detalles, más matices, más sutilezas.
Y encima cada día que pasa, ese océano se hace más grande. La humanidad sigue ampliando sus horizontes, sigue profundizando en cada materia, y como resultado el volumen de conocimientos a nuestra disposición no deja de crecer de forma exponencial.
¡Es maravilloso! Ese océano está ahí, a nuestra disposición, para que alimentemos nuestros procesos de aprendizaje. Y más a día de hoy, cuando con la tecnología nuestro acceso a ese océano es más fácil y barato que nunca en la Historia.

No puedes tenerlo todo

Pero en su infinitud radica también uno de los grandes problemas de este océano: no podemos abarcarlo todo. Es absoluta y totalmente imposible. Por mucho esfuerzo que hagamos, la inmensa mayoría de ese océano quedará inexplorado para nosotros.
Si eres como yo, inquieto y curioso, ese pensamiento te generará una cierta melancolía. Saber que hay tantas cosas de las que nunca llegaré a saber nada, ni siquiera de forma superficial. Tanta riqueza, y tan poco tiempo… Pero no sirve de nada dejarse arrastrar por la melancolía. Lo que es, es. Y una de las claves del aprendizaje eficaz es aceptarlo, y abordar nuestra relación con ese océano infinito del conocimiento de forma productiva.

Cuatro pasos para aprovechar el océano del conocimiento

Tengamos en cuenta que, si nos estamos acercando a este océano no es para “pasar el rato” (si ése es el caso… !simplemente relájate y disfruta del baño!), si no para obtener de él lo que necesitamos (ni más, ni menos) para alimentar nuestro proceso de aprendizaje. ¿En qué se traduce esto? En olvidarnos de lo amplio y profundo que es el océano, y centrarnos en aprovecharlo. Esto implica:

  • Acotar lo que queremos explorar en él, y por lo tanto olvidarnos de todo lo demás.
  • Seleccionar las fuentes de las que vamos a alimentarnos, y hacerlo de manera eficiente.
  • Incorporar lo nuevo a lo que ya sabemos, filtrando aquello que resulta relevante y descartando lo que no.
  • Seguir las pistas que vayamos descubriendo en nuestro proceso para determinar cuáles son los siguientes pasos.

Esta actitud de “proactividad focalizada” (“proactividad” porque nosotros dirigimos nuestra atención, en vez de dejar que sea dirigida por estímulos externos; y “focalizada” porque nos centramos en aquello que queremos obtener y obviamos todo lo demás), apoyada en una serie de técnicas y herramientas, es la base del aprendizaje eficaz, ya que sin ella nos encontraremos chapoteando sin fin en ese océano del conocimiento, saltando de interés en interés, de fuente en fuente… diluyendo nuestros esfuerzos mientras perseguimos un imposible.
Porque recuerda: podemos aprender cualquier cosa, pero no podemos aprenderlo todo.
También puedes ver el vídeo que hice sobre este tema en mi canal de Youtube

O escuchar la píldora que grabé para el podcast Skillopment

PD.- Si te interesa todo esto del aprendizaje y el desarrollo de habilidades, apúntate a la newsletter de Skillopment y recibirás gratis la guía «Cómo diseñar un plan de autoaprendizaje eficaz».

¿Qué harás cuando tengas tiempo libre?

¿Qué harás cuando no tengas que trabajar?

El otro día leía un artículo interesante, y provocador, titulado «¿Qué haremos con el tiempo libre que nos dejarán los robots?». En él se plantea una hipótesis nada descartable: ¿qué pasaría en un futuro en el que los robots hicieran la mayor parte del trabajo, y nosotros no tuviésemos que dedicar la mayor parte del día a trabajar (y a los desplazamientos asociados)? ¿A qué dedicaríamos nuestro tiempo?
Menuda pregunta más tonta. Es evidente. ¡Disfrutar! ¡Vivir la vida!
Está claro que para quien vive en la rutina del trabajo diario, la idea de «tiempo libre» hace que la boca se le haga agua. Da igual que sea un día libre, el fin de semana, o las vacaciones de verano. Ese espacio de libertad se vive como un respiro antes de volver a sumergirse en lo cotidiano.
El «dolce far niente» es una fantasía escapista recurrente. Pero aquí no estamos hablando de «un día libre», ni de «unas vacaciones». Hablamos de la perspectiva de no tener que trabajar, y de tener que buscar actividades con las que rellenar todas las horas del día, un día tras otro, una semana tras otra, un año tras otro. Ojo, que a lo mejor no es una situación tan deseable…

La tarde de domingo infinita

Hace un tiempo charlaba con un antiguo compañero, meses después de su jubilación. Se trata de una persona que había alcanzado una posición profesional, y por lo tanto social y económica, muy notable. Una persona cultivada, con inquietudes, con relaciones. Pero cuando hablábamos de cómo llenaba sus días, confesaba que se le hacía difícil. «Me gusta la ópera, puedo verme una ópera cuando quiera… pero eso me ocupa un par de horas. Y tampoco todos los días, llega un momento en que te saturas. Me gusta leer, pero puedo leer otro par de horas. Puedo salir a dar un paseo, otro par de horas. O tomar un café con alguien. Pero al final paso 16-20 horas despierto todos los días, y llega un momento en el que ya no sabes qué hacer».
Quizás estés pensando «buah, a mí no me pasaría». Quizás. Pero… ¿nunca has tenido una de esas tardes de domingo donde te subes por las paredes? ¿O ese día en medio de las vacaciones donde ya has hecho de todo, y no sabes qué más hacer? Ahí tienes tu tiempo libre, ¿por qué no lo disfrutas? ¿por qué no «vives la vida»? Todos esos libros que quieres leer, todas esas series que quieres ver, todos esos hobbies que quieres cultivar, toda esa gente con la que quieres pasar el rato… y ahí estás, muerto del asco.

El edén de la renta básica universal

Hay un argumento habitual entre los defensores de la Renta Básica Universal. Y es que si consiguiésemos liberarnos de la tiranía de tener que «ganarnos la vida», las personas podríamos dedicar nuestro tiempo a ser «nosotros mismos», a dejar florecer nuestras pasiones y a perseguir todo aquello que verdaderamente deseamos. Una perspectiva ideal e ilusionante.
Pero a veces pienso en colectivos que están en una situación que podríamos considerar comparable, en cuanto a disponibilidad de tiempo. Pienso en los jubilados, en los parados de larga duración, en los veranos infinitos de los estudiantes, en los «ninis». Sí, es verdad, te encuentras gente activa y animosa. Pero también te encuentras mucha gente a la que se le caen las paredes encima, que dejan pasar el tiempo mirando al infinito o distrayendo su mente en actividades de cero crecimiento personal.
Podría argumentarse, sí, que no son situaciones exactamente comparables, ya que todas éstas pueden tener un componente de «presión psicológica». Vale. Pero aun así, tengo la sospecha de que esa situación con una mayoría social «sin nada que hacer» no acabaría en el edén que a veces se intenta dibujar.

El vértigo de llenar el tiempo

Escribía hace unos años que «ser productivo da vértigo«. Que cuando uno consigue identificar «lo que tiene que hacer», y lo hace con eficiencia, puede encontrarse con la pregunta de «qué hago con el tiempo que me sobra». Si ademas nos encontrásemos en un escenario en el que ni siquiera tenemos que hacer nada obligados por un trabajo… el vértigo se haría aún mayor.
En todo caso, la pregunta sigue siendo pertinente. Porque cada vez es más imaginable ese escenario en el que queriendo o sin querer, con una renta o sin ella, nos veamos abocados a un mundo sin trabajo.

Mi plan 2017-2018

Antes de empezar…

Aviso, éste es un post largo. Me ha costado un montón escribirlo, y no sólo por la longitud. Probablemente sea el post más personal que he escrito en todos estos años. De hecho, una vez terminado, me da cierto apuro ponerlo en público. Pero ése ha sido parte de mi problema durante mucho tiempo: la tendencia a guardarme para mí determinadas cosas, y rumiarlas en solitario (o simplemente evitarlas, según la ocasión). Habla sobre mi situación profesional, cómo he llegado hasta aquí, y qué quiero del futuro.

Un nuevo curso

Termina agosto, y en breve volverán las rutinas. Aunque hace ya 18 años que terminó mi vida de estudiante, los “cursos escolares” no han dejado de tener para mí su relevancia tanto en el ámbito profesional como en el personal. Diría que más incluso que el cambio de año natural. Todo empieza de nuevo, hay que preparar las mochilas, los lápices y los cuadernos, con esa mezcla de ilusión e incertidumbre por lo que nos traerá el nuevo curso. Es el momento de pararse, reflexionar, mirar al futuro y planificar (si quieres, tú puedes hacer un ejercicio parecido con la rueda de la vida)

Un poco de contexto

Tengo 41 años, camino a los 42. Y nunca he tenido claro qué hacer en la vida.

Es una confesión dura, que me ha costado poner negro sobre blanco. Pero es así. Ya desde bien joven envidiaba a quienes tenían algo parecido a una “vocación”. Más adelante también he envidiado a quienes guiaban sus pasos profesionales con cierto sentido de “carrera”, tomando decisiones que les hacían avanzar hacia algo.
Yo nunca fui así. Se me daban bien los estudios. Estudié Administración y Dirección de Empresas, pero igual podría haber estudiado Ingeniería (estuvo encima de la mesa hasta que pude ver un listado de asignaturas y me di cuenta de que ni entendía de qué iban la mayoría de ellas, ni sabía a qué se dedicaba en realidad un ingeniero… solo sabía que “los que tienen buenas notas pueden ir allí”). Cuando acabé la carrera, empecé a trabajar en una firma de servicios profesionales como podía haber empezado en un banco de inversión: eran el tipo de empresa que iban a mi Universidad a hacer procesos de selección, y fui allí donde me cogieron (junto con otro buen puñado de compañeros de promoción). Era uno más de los “consultores junior”, y si acabé haciendo proyectos de consultoría de RRHH y formación fue por puro azar (podrían haberme asignado a implantar SAP, o a hacer proyectos de normativa financiera, y la historia hubiese sido distinta). Cuando me pasé al “blogging profesional” fue porque un día se me ocurrió ir a un evento de “blogs y empresas”, y porque coincidió que Julio estaba poniendo en marcha su proyecto. Mi proyecto más significativo de los últimos años, que se convirtió en toda una etapa profesional, surgió por una llamada de un conocido que “buscaba a alguien que supiese de Excel”. Y así tantas otras situaciones que me han llevado hasta aquí; una hoja movida por el viento.
Y conste que sé que no puedo quejarme. La vida me ha tratado bien. He trabajado en sitios interesantes, con gente interesante. Me han pagado bien. Pero cuando leo a Covey, o a Allen, o a Robbins… no puedo evitar una punzada de angustia. Todos hablan de la importancia de la visión, de “empezar con un fin en mente”, de “saber cuáles son tus objetivos a largo plazo”. Y yo, cada vez que he intentado mirar ahí y definir ese “futuro deseado”, me he encontrado mirando a un pozo negro. Como consecuencia, siempre he tenido la sensación de carecer de esa guía, esa fuerza motivadora, que te da el saber a dónde vas y lo que quieres conseguir. Lo cual en determinados momentos puede no importar demasiado (por ejemplo si estás en la rutina de un trabajo en el que simplemente son otros los que tiran de ti), pero que en otros (como cuando todo depende de tu impulso) puede ser devastador.

El punto de partida

Desde que acabó mi última etapa profesional digna de llamarse así (con recurrencia, estabilidad en los ingresos y un cierto “sé a lo que me estoy dedicando”) han pasado dos años y medio. En este tiempo no he hecho nada relevante. Es así de crudo.

Los primeros meses fueron de “reposo”, de lamerse un poco las heridas profesionales (no me di cuenta en el momento, pero aquella etapa me dejó más cicatrices de las que pensaba) y sobre todo de recomponer muchas cosas a nivel personal (fueron cuatro años de disociación entre el yo que trabajaba en Madrid y el yo que tenía una familia en Aranda; y aunque parecía que “lo llevaba bien” fue necesario un periodo de reajuste). No me urgía trabajar, necesitaba dejar que las cosas se asentasen y se fuesen encajando por sí solas. En estas surgió a través de un amigo un proyectito de consultoría para una pequeña empresa, que podría haber estado bien pero que acabó de forma abrupta tras un par de meses (no estaba la situación financiera de la empresa para consultorías de ningún tipo… de hecho quebró).
Mientras tanto, yo conceptualizaba Kuraĝigi, una marca para hacer consultoría. ¿Habéis oído hablar de ella? Seguro que no, porque después del impulso creativo inicial, no puse ningún interés en promoverla. Me di cuenta de que aquello no fluía. Podía tener sentido conceptualmente, pero era yo intentando encajar en un rol que se suponía que me iba bien (al fin y al cabo eso es lo que mi trayectoria dicta que soy, ¿no?), pero que no me encajaba, no me inspiraba, no me ponía en marcha. No tenía alma. Y eso, cuando eres tú el que tiene que tirar del carro, no funciona.
Pasados unos meses, surgió la oportunidad a través de un antiguo compañero de volver a explorar la “gran consultoría”. De vuelta a las Big Four. De vuelta a intentar encajarme en el molde de “lo que se supone que soy”… Pero la realidad es tozuda. El choque de culturas fue brutal… si ya diez años antes había salido por patas de aquel mundo, regresar a estas alturas de la vida produjo unos chirridos escalofriantes. Afortunadamente lo habíamos planteado con toda la honestidad y todas las precauciones del mundo como una colaboración “para ver qué tal encajamos”, así visto lo visto tras un par de meses y un proyecto lo dimos por cerrado. No, mi futuro tampoco iba por ahí.
Ha sido (está siendo) un periodo extraño. Aunque en realidad siempre ha sido más o menos igual, en cuanto a no saber qué estaba haciendo; solo que durante la mayor parte de mi carrera hacía un trabajo por el que me pagaban a fin de mes (aunque no me convenciera), y ahora no. Al principio, como digo, lo viví con calma. Una especie de “sabático”. Había colchón, podía permitírmelo, y necesitaba que las cosas volviesen a su cauce. Sabía que debía hacer una reflexión sobre el futuro profesional, pero siempre encontraba la excusa para posponerla. “No corre prisa”, me decía, “un día lo verás con claridad”.

Pasaban los meses, y la inquietud iba creciendo de forma sorda. Esa inquietud me llevó a mover algunos hilos, pero de nuevo sin haber hecho la reflexión de calado, sin haber resuelto el problema de base. De nuevo sin visión. Mientras tanto, las conversaciones con amigos y conocidos se hacían cada vez más incómodas. “En qué estás, qué estás haciendo, ¿tienes ya trabajo?”. Al principio no me costaba defender mi “periodo de reposo” (lo hacía incluso con orgullo), pero con el paso de los meses las miradas se tornaban más escépticas, y yo me revolvía más en mi asiento. Empecé a “torear” las preguntas con respuestas del tipo “bien, con mis proyectos, ya sabes”. O a evitar directamente situaciones donde pudiese darse esa conversación. Don’t ask, don’t tell. Mejor no hablar de eso, porque hablar de esto supone enfrentarme a pensamientos que dan miedo. “¿Cuanto tiempo vas a estar así? Tendrás que hacer algo con tu vida, ¿no? Porque el dinero se acabará en algún momento. Pero realmente… ¿para qué vales? ¿de qué vas a vivir? ¿y si te has equivocado? ¿y si te has metido en un lío del que no puedes salir?”.
He gestionado esa inquietud creciente como he podido. Afortunadamente no he caído en la rumiación excesiva (aunque ha habido su buena ración de días grises), pero para ello me temo que sí he abusado de la evitación. “No pasa nada, dejemos que la vida siga su curso”. Pero al final, la realidad es la que es; y si quiero que cambie, tengo que hacer algo al respecto. Y lo primero es abordar el problema de fondo.

La visión

Antes me he definido como algo parecido “una hoja movida por el viento”. Como que he llegado hasta aquí fruto de las circunstancias. Pero eso no es exactamente así. La realidad es que he tomado decisiones de bastante calado a lo largo de mi vida. Decidí abandonar la carrera de consultor, porque aquello no iba conmigo. Decidí dejar de vivir en Madrid, porque aquello no iba conmigo. Dejé de escribir en blogs comerciales, primero, y de promover blogs para empresas después, porque aquello no iba conmigo. Cerré mi última etapa profesional cuando vi que aquello había dejado de tener sentido. Durante mucho tiempo he pensado en mí como alguien “sin una visión que le motive a hacer cosas”, pero lo cierto es que he hecho muchas cosas y he tomado muchas decisiones en mi vida, siempre a la búsqueda de “algo más”. Quizás algo etéreo, algo que nunca he sido capaz de conceptualizar, pero que desde luego me ha dicho “por aquí sí” y, sobre todo, “por aquí no”.
En el relato de esta última época me he saltado algo importante: Skillopment. Lo que empezó como un par de reflexiones en el blog se consolidó en una charla, que luego pasó a ebook, que dio lugar a una reordenación de los contenidos del blog, y a lanzar una newsletter, y un podcast, a plantear hacer cursos… A diferencia de otras cosas que he intentado poner en marcha, siento que esto fluye. Es una iniciativa con la que me siento cómodo, en la que creo, y que (casi sin darme cuenta) me impulsa a hacer cosas, a probar, a salir de mi zona de confort. En definitiva, me ilusiona. Quiero ver en ella la demostración de que “la hoja mecida por el viento” no está tal, de que esa visión sí existe, y que el reto está en ser capaz de acotarla primero, y de actuar en sintonía con ella después.

En los últimos tiempos he venido haciendo un esfuerzo para intentar trasladar a palabras esa visión. No está siendo fácil, y creo que sigue siendo un trabajo en curso, aunque me siento cerca de una versión satisfactoria (un “mínimo producto viable” de visión, si queréis). Curiosamente, 12 años de blog me han ayudado bastante porque, cuando uno mira atrás, se da cuenta de que hay una serie de “obsesiones” que aparecen de forma recurrente. Estaban ahí todo este tiempo, esperando a ser condensadas.
Así pues, ¿cómo aspiro a que sea mi vida?

  • Consciente: siempre me ha dado pánico el meterme en esa rueda en la que desconectas el pensamiento, y vas de casa al trabajo, y del trabajo a casa, y de ahí a hacer zapping o a mirar Facebook o a evadirte en fines de semanas y vacaciones para volver a empezar, cualquier amago de reflexión ahogado rápidamente por la rutina. Quiero darme cuenta de las cosas, quiero fijarme en lo que está bien, y en lo que está mal. Es verdad que la consciencia a veces trae dolores de cabeza, o te pone frente a frente a realidades desagradables o decisiones difíciles. Pero también es la que te permite disfrutar de las cosas y avanzar.
  • Dirigida: vinculada a la consciencia, es en realidad el paso siguiente. De nada vale ser consciente de lo que pasa si luego no actúas. Si no trasladas todo lo que hay en tu cabeza a la realidad, a acciones, a hábitos… que te lleven al destino al que aspiras, para tener en tu vida más de lo que quieres, y menos de lo que no quieres.
  • Equilibrada: el ocio y el trabajo, lo creativo y lo productivo, lo físico y lo intelectual, lo solitario y lo social, la familia y los amigos, lo divertido y lo serio, la calma y la aventura, lo material y lo “no material”, el campo y la ciudad… la vida está hecha de dualidades, o más bien, de relaciones múltiples complejas unidas a una limitación (de tiempo, de energía) que hace difícil mantenerse en un punto en el que todo conviva en armonía. Pero pese a la dificultad, incluso asumiendo que ese equilibrio será dinámico y necesariamente flexible, se trata de evitar que pase demasiado tiempo prescindiendo de algo importante.
  • Autónoma: nunca me he sentido bien en entornos gregarios, aceptar cosas por el mero hecho de que otros las dicen. Necesito poder mantener mi independencia, mi libertad. Ser el dueño de mis palabras, de mis compromisos, de mis decisiones. Hacer las cosas a mi manera. Escuchar a los demás, claro, pero reservándome la última palabra. Hacer las cosas convencido es la única manera que conozco de hacer las cosas.
  • Acompañada: tiendo a la soledad, a la independencia y a la introversión. No me interesa “la gente” en términos generales, y me cuesta “ser sociable” así porque sí. Y sin embargo, de vez en cuando aparecen personas con las que me siento bien. Personas con las que tengo feeling, con la que hay una afinidad más profunda. Quiero rodearme de personas así, compartir más momentos, más cafés, más conversaciones, más proyectos…
  • Variada: y aquí es algo llamativo, porque vivo con una dualidad curiosa. Porque para algunas cosas soy totalmente un “animal de costumbres”, poco dado a las sorpresas y con cierta aversión al cambio (nunca he necesitado de experiencias novedosas, viajes a sitios exóticos, hacer cada fin de semana un plan distinto…) pero, sin embargo, a nivel intelectual (tanto en lo profesional como en las aficiones) me aburro con facilidad y enseguida busco nuevos estímulos. La idea de tener un trabajo repetitivo, o de hacer varias veces un proyecto que ya he hecho… me da escalofríos. Me interesa explorar, entender nuevas realidades, darle vueltas a cosas diferentes, aire fresco.
  • Con impacto: tanto a nivel personal (que las personas que se relacionen conmigo consideren que su vida es aunque sea un poquito mejor por ello), como a nivel profesional. He tenido mi dosis de proyectos y trabajos en los que pensaba “y todo esto… ¿para qué vale?”. La consciencia de que todo aquel tiempo, esfuerzo y dinero empleados no servía para absolutamente nada me machacaba. Sí, me pagaban por ello… pero aspiro a otra cosa.
  • Honesta: nunca me ha gustado guardas las apariencias, decir una cosa en un sitio y otra en otro, el postureo… entiendo que hay que vivir en sociedad, y a veces hay que hacer concesiones. Pero quiero que lo que digo, lo que pienso y lo que hago estén lo más cerca lo uno de lo otro.
  • Sostenible: la pieza clave. Porque a veces parece que no sea posible, que para “poder comer” hay que renunciar en mayor o menor medida a muchas de las cosas a las que aspiro. Pero la sostenibilidad es el objetivo. Nunca he querido “hacerme rico”, ni todo el status que parece que viene con el dinero; me vale con poder vivir con un mínimo de bienestar.

La buena noticia es que creo que, en bastantes aspectos, no estoy tan lejos. De una manera quizás no explícita, esa “visión” ha motivado muchas de las decisiones que he ido tomando a lo largo de los años y que me han traído hasta aquí. E incluso cuando veo las cosas más grises, miro alrededor y me encuentro muchas cosas buenas y pienso que “algo habré hecho yo”.
Pero por supuesto, faltan cosas. Nunca me he considerado ambicioso en el sentido habitual del término (el dinero, el poder, el éxito, la posición social…) y sin embargo, cuando pienso en mi visión, me doy cuenta de que es verdaderamente ambiciosa. Un auténtico desafío. ¡Habrá que ponerse manos a la obra!
Fruto de toda esta reflexión, estos son los cinco vectores principales que quiero que guíen mi actividad en este nuevo curso

Skillopment…


Quiero seguir construyendo Skillopment, dándole visibilidad y creando reflexiones y herramientas valiosas para que los individuos y las organizaciones fomenten el aprendizaje y el desarrollo eficaz de habilidades.
Lo he dicho más arriba: Skillopment llegó de una forma discreta y poco a poco, de manera muy orgánica, ha ido creciendo y tomando protagonismo. Me gusta la pinta que va teniendo. Me gusta el discurso, me lo creo, me parece interesante, positivo, útil y que merece la pena; no solo por la parte de la “eficiencia” (aprovechar mejor el tiempo que pasamos aprendiendo) si no también por la finalidad (cuantas más habilidades tienes, y más desarrolladas están, más probable es que tengas suerte). Un mensaje que en este mundo complejo en el que vivimos creo que es importante difundir. Exageraría si dijese que se va a convertir en mi “cruzada personal”, pero casi.
Puedo visualizarme haciendo de Skillopment mi dedicación principal, y me gusta lo que veo. Haciendo charlas por ahí, creando contenidos, ayudando a individuos y a organizaciones a mejorar la forma en la que se aprende… Hay algunas cosas en las que ya he ido avanzando: alguna charla, el ebook, la lista de correo, el podcast… Alguna más está en desarrollo, como cursos (presenciales y online). Como “deberes” me tengo que plantear darle visibilidad de forma más decidida (especialmente la idea de buscar más oportunidades de hacer charlas, artículos en otros sitios, estrechar lazos con iniciativas afines, etc…) y de buscar un equilibrio entre la “difusión gratuita” y la sostenibilidad económica. En este sentido la idea de cursos y talleres puede tener sentido (pero está por demostrar que haya alguien al otro lado que quiera pagar por ello; también tengo que aprender mucho sobre la distribución de este tipo de iniciativas), al igual que determinados servicios a empresas.

… y otros terrenos relacionados con mi visión


Realmente, cuando pienso en Skillopment, no lo veo como una iniciativa aislada. Forma parte de una gran constelación de ideas que orbitan todas alrededor de los elementos que planteaba en mi visión. Antes mencionaba las “obsesiones” que a lo largo de los años he ido plasmando en el blog, y es a esto a lo que me refiero. Skillopment quizás es la primera que ha tomado una forma más concreta, más “accionable”, pero hay otras que siguen en forma menos definida pero que me atraen igual, en las que creo y que creo que merece la pena difundir. Algunas más personales, otras más profesionales. La consultoría artesana, las metodologías ágiles, los profesionales independientes y las nuevas formas de organizar el trabajo, la carrera profesional, la “conciliación” de vida personal y profesional, los hábitos, la autoconsciencia, la efectividad, el minimalismo, el pensamiento crítico, las organizaciones centradas en las personas, la gestión humanista, los ecosistemas económicos de las ciudades pequeñas, la paternidad… en fin, los que me leéis de forma habitual ya sabéis que hay una serie de cosas sobre las que vuelvo de forma recurrente. Son esas cosas en las que piensas cuando nadie te obliga.
La idea es seguir “rumiando” sobre todas esas ideas. En el blog, en el canal de Youtube… No solo por reflexionar en voz alta, si no también intentando difundir esas ideas que creo positivas y atraer a más personas hacia ellas.
Habrá quien diga que eso es diluir el foco, pero yo no lo veo así. Creo que, dentro de su aparente dispersión, son temas que tienen relación entre sí, que forman parte de una forma determinada de ver el mundo. Explorarlas es, en primer lugar, un ejercicio de autoafirmación y de consolidación. Creo que refuerzan y dan consistencia, más que diluyen, mi “marca personal”. Además, hacerlo en público creo que me permitirá conectar con personas afines, construir relaciones enriquecedoras (como ya ha venido sucediendo a lo largo de estos años) y abrir las puertas a oportunidades que vayan en sintonía con lo que quiero.
El objetivo es dejar que todas estas ideas vayan fluyendo, sin expectativas a priori, pero abierto a que surjan oportunidades de darles forma más concreta/productiva. Quizás un día me apetezca escribir un texto un poco más largo sobre alguna de esas cosas, o preparar una charla, o participar en un proyecto, o idear un curso… y ver qué sale de todo ello.
Dentro de este punto, hace poco un amigo me decía que me veía en el rol de “coach”. Me hizo pensar, porque cuando alguna vez me lo he planteado… me cuesta verlo. Es verdad que, a lo largo de los años, me he dado cuenta de que hay personas a las que les genero confianza, que me utilizan como “frontón” de sus ideas y que encuentran en lo que les digo (a veces por cosas que escribo en el blog; a veces por intercambios individuales tanto en el ámbito personal como en el profesional) elementos interesantes de reflexión. Y me resulta muy satisfactorio, la verdad; lo que quizás me cuesta más es la idea de transformar esos intercambios en algo más formalizado, estructurado y “con precio”. En decir que “ofrezco ese servicio”. Pero quién sabe…

El consultor siempre estuvo allí


A lo largo de los años he reflexionado mucho sobre la consultoría. Sobre lo que es realmente, y sobre muchas cosas que se llaman “consultoría” pero que no lo son. La consultoría de verdad tiene mucho de exploración, de generación de complicidades, de confrontación de ideas, de intervención a muchos niveles en la organización, de acompañamiento a lo largo del tiempo; no de diseño e implantación de proyectos prefabricados, ni de externalización de tareas o decisiones que son propias de la organización. Durante mucho tiempo me he sentido muy ajeno a la etiqueta de “consultor”, porque la industria como tal me resulta decepcionante.
Y sin embargo, la consultoría de verdad me sigue resultando atractiva. Mucho. Llegar a una organización, empezar a explorarla y a entenderla, a establecer conexiones, a proponer cosas y ver cómo resultan… Es apasionante, y además creo que tengo la experiencia y los recursos necesarios para hacerlo bien. Desde luego, sí me veo en el futuro haciendo ese tipo de colaboraciones con empresas. El problema es que es un tipo de consultoría muy específica, muy “alternativa” (en términos de lo que se ve en la industria y de lo que los clientes están acostumbrados a comprar), difícil de poner en el mercado, que requiere que se den una serie de condiciones de confianza difíciles de encontrar, que tiene sus tiempos…
En todo caso, sí quiero promover ese tipo de proyectos. Todavía no sé muy bien cómo, pero quiero que estén en mi “menú” de futuro profesional.

La compañía de los afines


Lo decía en la visión. Quiero una vida “acompañada”, quiero rodearme de gente afín, con la que tenga ese feeling que no es tan fácil de tener. Quiero compartir charlas, lecturas, momentos, alegrías y zozobras… Quiero conocer sus proyectos, ofrecerles mi ayuda y aceptar la suya, quiero ponerlos en contacto entre ellos, quiero ayudarles a pensar y que ellos me ayuden a mí, quiero abrirme a colaborar…
Como he dicho más arriba, en general tiendo a la soledad y a la introversión. No soy un ser “sociable” por naturaleza. Gracias a las redes sociales he ido construyendo un entorno de “personas con las que tengo feeling”, pero a veces tengo la sensación de que me ha faltado un poco más de resolución a la hora de fortalecer esas relaciones, de dar un paso más y hacerlas más sólidas. Con algunos he dado más pasos, pero aun así creo que puedo hacerlo mejor; proponer vernos a menudo, conversaciones por skype, exploración de posibles colaboraciones, etc…
Desde hace mucho tiempo tengo una especie de “mantra”, que es “mover el árbol”. Creo que muchas veces hacemos cosas sin la seguridad de que obtendremos resultados directos, pero convencidos de que es algo positivo y que tarde o temprano, de una forma directa o indirecta, acabará volviendo a nosotros. Hacer cosas, y ver qué sale. Pues se trata de eso mismo pero aplicado a las personas; cultivar esas relaciones de forma positiva, desprendida… y ver qué sale. Y disfrutar en el camino, que ya en sí mismo es una recompensa.
Por otro lado, creo que es importante abrir el abanico de esas relaciones. Se da una paradoja, y es que soy quisquilloso con la gente con la que quiero relacionarme. Es decir, no me vale cualquiera… lo cual, por estadística, me obliga a salir mucho y conocer a mucha gente nueva (dado que a la gran mayoría las voy a acabar “descartando”), lo cual va en contra de mi naturaleza introvertida. Es algo a lo que le he dado muchas vueltas, y sin duda me he dejado llevar demasiado por esa naturaleza “introvertida”. Si quiero ampliar mi círculo de “gente con la que tengo feeling”, tengo que exponerme mucho más, dejarme ver mucho más, ir a más sitios… No será fácil ir contra natura, pero quien algo quiere, algo le cuesta.

Pero hay que comer…


Y llegamos a la madre del cordero. Por que todo lo que he planteado más arriba es estimulante, apetecible, lo que quiero seguir construyendo. Y creo que tiene potencial de ser “rentable”, de ofrecer una vía de ingresos recurrente y sostenible… con el tiempo. El objetivo es que sea así, que cada vez vengan más ingresos por esas vías, y que esa evolución se produzca lo más rápido posible. Pero la realidad es la que es, y las facturas hay que pagarlas hoy. No es urgente, todavía tengo colchón, pero el colchón mengua, y hay que seguir abasteciéndolo. Toca ponerse el mono de trabajo y, mientras sigo construyendo ese futuro, hacer algunos trabajos alimenticios.
Afortunadamente, me encuentro muy cómodo con la idea de la “gig economy”, es decir, la posibilidad de establecer colaboraciones puntuales sin necesidad de un compromiso mayor. No necesito integrarme en tu estructura, no tengo intención de “hacer carrera”, no compito por un puesto. De hecho, no quiero dedicarme a esto en el futuro. Simplemente vengo, hago un trabajo, lo cobro y tan amigos. Creo que hay muchas situaciones en las que pueden ponerse en valor mis habilidades, conocimientos y experiencia de estos 18 años, y creo que hay espacio para hacerlo en una relación “no exclusiva”, que me ocupe x días al mes, o quizás periodos más intensos pero intermitentes.
¿Qué tipo de cosas tengo en mente? Por ejemplo, formación (presencial u online) en temas variados (habilidades directivas, RRHH, internet…). También proyectos de consultoría más “típica”, tanto en materia de organización y gestión de personas como en temas más de procesos, estrategia, tecnología… Gestión de proyectos. Coordinación de equipos editoriales. Apoyo a la gestión general. Etc. En definitiva, cualquier cosa que haya hecho ya o en la que entienda que mi experiencia, conocimiento y recursos pueden ser útiles y ponerse en valor.
Aquí el reto es doble. Por un lado, generar los contactos necesarios para procurarme ese tipo de colaboraciones; y hacerlo de una manera honesta, planteando claramente lo que yo puedo ofrecer y también los términos en los que lo ofrezco. Y por otro lado gestionar mis propias sensaciones: ya sé que estas cosas no son “lo que quiero hacer”, pero si he llegado a la conclusión de que es “lo que tengo que hacer”, toca hacerlo y punto. Es algo que en el pasado no he gestionado bien, y tengo que partir de la aceptación de esa realidad para poder mejorarlo.
¿Descarto entonces la posibilidad de tener un trabajo más… “estable”? No necesariamente. Dentro de mi esquema mental, la idea de las “colaboraciones puntuales” tiene más sentido en la medida en que me permitirían (a priori) equilibrar mejor el tiempo que dedico a “mis cosas”, y también creo que tiene más sentido para las organizaciones con las que colabore (siempre he pensado que asumen menos riesgo). Pero quizás surja la posibilidad (o la necesidad) de tener que darle un carácter más “formal” a la relación, bien sea a tiempo parcial o a tiempo completo, por un periodo determinado de tiempo. Y si eso surge, aunque no es mi prioridad, no estoy cerrado en banda ni mucho menos. De hecho, incluso me planteo la posibilidad de ponerme a “hacer entrevistas” de forma proactiva, como mecanismo para “mover el árbol” que decía antes. Al fin y al cabo, si se trata de pagar las facturas, habrá que mover el árbol de todas las maneras posibles porque nunca se sabe por dónde va a saltar la liebre.

Preparados, listos… ¡ya!

La reflexión queda hecha, y es el momento de actuar. Del dicho al hecho hay mucho trecho, y lo complicado es gestionarse a uno mismo, pero tengo la esperanza de que con las ideas más claras sea más sencillo.
«Vamos a hacer el camino, con decisión y coraje».
PD.- No sé qué impresión dará esto leído desde fuera. Pero realmente para mí poner todas estas ideas negro sobre blanco ha sido (está siendo) un proceso introspectivo bastante intenso. Enfrentarme a la realidad, a mis debilidades, a mis dudas, a mis autoengaños… Muchas veces siento que me muevo en la bipolaridad del iluminado, con días donde siento que estoy yendo por donde merece la pena ir aunque sea a contracorriente, y otros donde siento que soy un loco al que se le ha ido la olla, un inconsciente que busca lo que no existe y que se está despeñando. Aparte de servirme para ordenar mis pensamientos, compartir estas reflexiones en público le añade un componente de catarsis que espero que cumpla su función. Quizás además dé lugar a conversaciones interesantes que me sirvan para profundizar. A los amigos que habéis leído hasta el final… gracias :_). ¡Cuento con vosotros!

[Entrevista] Felipe García Gaitero y los aprendiadictos


Un nuevo episodio del podcast de Skillopment, y en este caso me hace especial ilusión. Felipe García Gaitero fue compañero de aventuras durante una de mis etapas profesionales, y a lo largo de esos años que compartimos juntos, en esas conversaciones entre trabajo y comidas varias, fui descubriendo a una persona muy interesante, inquieta y de múltiples intereses. Siempre era fascinante charlar con él, y descubrir en qué nueva historia estaba metido. Y siempre le decía: «no sé cómo lo haces». Así que cuando me planteé lanzar esta serie de entrevistas, le tenía «enfilado» porque me parecía que profundizar en su experiencia podía merecer mucho la pena. Afortunadamente aceptó cuando se lo propuse, y aquí estamos :D.
En la conversación con Felipe destaca su visión del aprendizaje guiado por la curiosidad, y el placer que obtiene del propio proceso del aprendizaje, lo que le convierte en lo que él denomina un «aprendiadicto«. Sobre este tema principal, y muchos otros accesorios, charlamos en este episodio que podéis escuchar aquí mismo, en Ivoox o en iTunes. Recuerda que puedes revisar todos los episodios del podcast, y suscribirte al mismo tanto en iVoox como en iTunes.

Éstos son los temas que han ido saliendo en la conversación:

  • 2:45 Comentamos su amplia gama de intereses, y llegamos a la idea de la curiosidad como motor del aprendizaje, y al disfrute inherente a ese tipo de aprendizaje. Esto nos alumbra el concepto de «aprendiadicto«, persona que disfrute del «chute» de placer relacionado con abordar cualquier disciplina especialmente en las primeras fases de la curva de aprendizaje.
  • 8:59 Abordamos los riesgos de que ese guiarse por la curiosidad y el disfrute acabe llevándonos a un aprendizaje desordenado, caótico, no eficaz. El riesgo de acabar siendo aprendiz de mucho y maestro de nada. Pero también hablamos del poder acumulativo y sinérgico de todo lo que aprendemos (una idea que describe muy bien Scott Adams en su libro How to Fail at Almost Everything and Still Win Big y que es una de las claves detrás de la génesis de Skillopment: «cuantas más habilidades tienes, y más desarrolladas están, más probable es que tengas suerte»), y de cómo muchas veces esa acumulación de saberes que parece no tener sentido acaba resultando, cuando unimos los puntos, significativa y valiosa.
  • 14:08 Hablamos sobre el autoaprendizaje, y la enorme cantidad de recursos que tenemos a nuestra disposición. Pero también de la necesaria habilidad para gestionar ese exceso de información, separando el grano de la paja. Y de mantener el foco para evitar caer en esa «ilusión de aprendizaje» que no es más que mero consumo de información que, tal como viene, se va. Porque al final, aprender es aprehender, y sobre todo aplicar.
  • 23:12 También mencionamos la importancia del aprendizaje social, de rodearnos de personas más experimentadas (tanto en un entorno más formal, tipo «maestro», como de relación interpares) que nos permitan muchas veces aprender por ósmosis.
  • 25:50 Comentamos el papel de los proyectos prácticos en el proceso del aprendizaje, y cómo arremangarnos, ponernos manos a la obra y cacharrear nos ofrece una oportunidad de descubrir nuevas ideas, guiar nuestro aprendizaje, desmontar ideas preconcebidas… Y también reflexionamos sobre el papel del error, y cómo debemos perder el miedo a equivocarnos porque equivocarse es lo normal cuando uno aprende.
  • 31:18 Hablamos de cuándo se produce el momento óptimo para dejar de lado un aprendizaje y pasar a otro, cuándo el esfuerzo empieza a tener un rendimiento decreciente. Mencionamos las visiones complementarias de las 10.000 horas de Gladwell  y las 20 horas de Kaufman, y cómo podemos vivir en la «mediocridad», sin necesidad de ser un «experto» en todas las materias que abordemos. Al fin y al cabo, todo depende de con quién te compares.
  • 37:52 Le pregunto a Felipe por cuáles cree que son las claves del aprendizaje eficaz, y menciona la importancia de la motivación (especialmente cuando es intrínseca), el involucrarse con atención plena (que nos lleva a hablar de la práctica deliberada) y con los cinco sentidos (relacionándolo con el concepto de multisensorialidad que comentábamos en otro episodio del podcast)
  • 43:50 Hablamos sobre uno de los grandes problemas del aprendizaje: el «no tengo tiempo». Y cómo la gestión del tiempo es en realidad una gestión de prioridades, y que incluso teniendo en cuenta las restricciones que pueda marcarnos nuestro estilo de vida (trabajo, familia, etc.) siempre tenemos un margen de maniobra que podemos gestionar. Pero para eso es importante tomar conciencia de nuestras rutinas e inercias, y actuar sobre ellas. Y comentamos el valor de la constancia.
  • 55:25 Volvemos, para cerrar, sobre el tema inicial: la curiosidad como motor del aprendizaje, su carácter innato o aprendido, y qué podemos hacer para incentivarla y cultivarla.