¿Qué has hecho hoy?

Me ha gustado este post que he rescatado del lector de feeds. Tres preguntas sencillas:

  • ¿Qué has hecho hoy para divertirte?
  • ¿Qué has hecho hoy para aprender algo?
  • ¿Qué has hecho hoy para que otros estén contentos?

Una buena forma de, cuando llegue la noche, poder hacer una valoración de cómo nos ha ido el día y si le hemos dado algún sentido a todo lo que hemos hecho.

Educar para la globalidad

El otro día, durante una agradable comida con gente muy interesante, surgió un tema de debate al que llevo dando vueltas desde entonces. Tiene que ver con la educación de los hijos. Se pusieron sobre la mesa dos modelos contrapuestos: por un lado, una persona (no te cito porque es un tema personal, si quieres manifiéstate en los comentarios 🙂 ) comentaba su experiencia como directivo internacional, habiendo vivido durante dos años en Estados Unidos con toda la familia incluyendo sus tres hijas pequeñas. Por otro lado, yo planteaba mi caso, trasladándome a un pueblo como Aranda.
Él defendía lo bueno que consideraba para sus hijas el exponerlas a esas experiencias vitales, a conocer otros mundos y otras culturas desde pequeñas, y lo bien que eso les iba a preparar de cara a un futuro en un entorno global. Yo por mi parte, reconociendo ese impacto positivo, ponía el foco en lo que yo considero un elemento muy importante para el desarrollo de un niño: la estabilidad, el crecer en un entorno tranquilo, sin estar sometido al contínuo ir y venir, al cambio de colegios, y de amigos y de… en definitiva, lo importante que sería para él tener unas «raíces», un lugar al que llamar «mi casa».
La cuestión es… ¿me estaré equivocando? ¿O no? Tengo la sensación de que hay un equilibrio difícil de conseguir. Que las dos cosas (exponerse a experiencias nuevas, y un cierto grado de estabilidad) son importantes, y que en cierto modo llegan a ser incompatibles. Que, en última instancia, tienes que apostar por una cosa o por otra. Y como siempre que eso ocurre, te queda la duda de saber si has apostado por la correcta.
PD.- Sí, ya sé, no todo es blanco o negro. Se puede vivir en Aranda y «conocer mundo», y se puede ser en cierta medida «nómada» sin por ello perder un foco de referencia (y más ahora que los transportes y las tecnologías de la comunicación han acortado las distancias). Pero creo que, aun con zonas grises, siguen siendo dos modelos claramente distintos.

A veces las cosas no salen bien

Ayer tuve problemas técnicos. Cuando me levanté por la mañana, vi que todos mis blogs y páginas estaban caídos. Y al mirar las estadísticas, comprobé que el problema llevaba sucediendo desde las dos de la mañana. Vaya por dios, un problema de hosting.
Honestamente, nunca he sido de los que ha perdido el sueño por eso. En fin, las cosas se suelen arreglar más pronto o más tarde. Tener los blogs caídos unas horas no me provoca más pérdida que, quizás, el café que me podría tomar con los ingresos de adsense (eso el día que se da bien). Con Triopic podría preocuparme más, pero para ser sinceros todavía no estamos en unos niveles en los que estar caídos unas horas suponga «perder decenas de pedidos».
Pero justo ayer… un par de horas antes de la caída habíamos puesto en marcha una campaña exclusiva en Fotomaf. Toda la gente que leyó su post, toda la gente a la que le llegó el feed… intentaría entrar… y un bonito error 404 para recibirles. La inmensa mayoría de los que sintieran curiosidad en un primer momento, y se encontraran con eso, no volverán. Joder, es como estar repartiendo invitaciones en la calle para entrar en un bar, y luego que resulte que el bar esté cerrado. Pues tiras la invitación y a otra cosa, mariposa.
La verdad, bastante frustrante. El tema no se solucionó hasta última hora de la tarde. Vamos, que «a buenas horas, mangas verdes». En fin, qué le vamos a hacer. A veces, estas cosas simplemente pasan.

Los matices de una foto

El otro día estuve haciendo unas fotos para Triopic, intentando sacar decentemente uno colgado en la pared a modo de «demostración». No me di cuenta en el momento de sacarla, pero luego revisándolas caí en que esta foto en concreto tiene muchos matices especiales para mí. En una misma foto está mi proyecto, están mis raíces, está mi herencia, y está mi futuro. Triopic es mi más reciente proyecto; está dando sus primeros pasos, poco a poco, pero confío mucho en sus posibilidades. Está mi futuro, mi hijo Pablo, que ya dejó atrás lo de los primeros pasos y crece cada día en todos los sentidos. Están mis raíces, Salamanca, mi ciudad de origen; por mucho que haga 15 años que no vivo allí, sigue siendo «mi ciudad». Y está mi herencia porque la foto que ilustra este Triopic la hizo mi padre.
En fin, ya veis que tontería, cómo una foto intrascendente se convierte en algo con significado.

Un ratito para leer

Desde muy pequeño, al niño le contamos un cuento antes de irse a dormir. Forma parte de su rutina, y no lo perdona por nada del mundo. Pero de un tiempo a esta parte, cuando ya toca apagar la luz, nos pide «un ratito más para leer». Quiere quedarse él solo, con su cuento en la cama. Y según te vas por el pasillo, le oyes cómo va contándose, en voz alta, lo que sea (leer no sabe todavía, así que con las imágenes, y lo que se acuerda de lo que nosotros le contamos).
Más majo… y uno no puede por menos que sentir cierto orgullo de padre. Cuántas noches habré estado yo apurando el rato para leer. Siempre, desde que recuerdo, con una lamparita. Primero tebeos, luego los libros de Los Cinco, luego cosas más complicadas. Mi padre pasándose cada rato diciendo que «de día da Dios la luz de balde», mi madre diciendo «apaga ya, que luego no hay quien te despierte». Llegué incluso a tener una de esas mini-lamparitas que con una pinza se enganchaban al libro, y así podía leer debajo de las sábanas sin que, desde fuera de la habitación, nadie se diese cuenta y no vinieran a darme la tabarra. Más de una noche recuerdo haberla pasado prácticamente en vela, muerto de sueño pero incapaz de parar, devorando el libro que tenía entre manos.
En algún momento, eso cambió. No sé qué fue; probablemente este chisme diabólico que ahora tengo delante, llamado ordenador, tenga algo que ver. Ahora me cuesta mucho dedicar un ratito a leer, desde luego nada parecido a una rutina. Quizás sea algo que merezca la pena recuperar.

La falacia de la excepción

Hay argumentos que me hacen subirme por las paredes. Lamentablemente, están a la orden del día en demasiados ámbitos. En esta ocasión, me refiero a cuando se toma un caso absolutamente excepcional, y se presenta como ejemplo para un colectivo, trasladando una imagen absolutamente distorsionada de la realidad. Podemos pensar en las modelos de las revistas, en los «casos de estudio» que se «analizan» en muchos ámbitos de negocio, en los deportistas de élite, el grupo que «se dió a conocer en internet y ahora vende millones de copias» y otros argumentos dospuntoceristas…
La última que recuerdo fue cuando alguien hablaba de la película Paranormal Activity y decía «veis, gente del cine, cómo se pueden hacer películas por 7.000 dólares y ganar mucho dinero; poneos las pilas». Por supuesto, no dijo cuántas películas de 7.000 dólares no llegan ni a estrenarse, o son un auténtico fracaso, y que este caso estaba en el extremo más lejano de la curva de distribución normal. Cuando le dije que ese argumento era falaz… no respondió. Suele pasar.
Ahora estaba leyendo un artículo de un fotógrafo que «triunfa» en internet, que ganó 40.000 dólares vendiendo una foto a través de twitter… y el mensaje es «tú, si quieres, también puedes». No, mentira. Aunque pongas todo de tu parte, hay muchas probabilidades de que no llegues a emular a la excepción.
Por eso es tan importante el análisis riguroso de datos globales, tendencias, etc... por encima de la anécdota. Del mismo modo que en su momento decía que los dramas humanos no deben hacernos perder la perspectiva, tampoco las «historias de éxito» deben cegarnos, especialmente cuando hay tanta gente interesada en manipularnos con ellas.

Vida de un consultor: el libro (próximamente)

Pues sí, me he decidido a saltar a la arena «editorial». Pero no será con el proyecto de libro sobre consultoría que alguna vez rondó mi mente (una tarea demasiado compleja, creo, y que me no me acababa de seducir del todo), sino con algo distinto. Este blog está a punto de cumplir 5 años (¡¡5 años!!), y qué mejor ocasión para hacer una recopilación de «los mejores momentos», cosa que algunas personas me han sugerido que sería una buena idea.
Hace unos días empecé con el trabajo. ¡No penséis que revisarse cinco años de contenidos es sencillo! La exportación «en bruto» de la base de datos arroja más de 2.000 páginas de documento… que lógicamente hay que cortar. Mi idea es centrarme en los contenidos relacionados con la consultoría y el mundo de la empresa, dejando fuera las cosas más cotidianas, los hobbys, las «cosas de internet»… pero aun así creo que tendré que hacer una buena poda adicional.
Encima, para mi desgracia y debido a mi torpeza en alguna de las migraciones que he sufrido a lo largo del tiempo, no puedo aprovechar el texto «tal y como está» y tengo que corregir muchos textos por culpa de una mala codificación…
Pero más allá de eso, mi idea es dejar los textos tal y como salieron al mundo en su momento, sin retoques ni correcciones. Luego vendrá la cosa de darle formato, subirlo a una plataforma de autopublicación… espero poder completar todo el proceso más pronto que tarde, ¡a ver si para la fecha del aniversario está todo listo! Sería una bonita forma de celebrar la ocasión…
El libro estará disponible para su descarga gratuita en .pdf, y también habrá una versión física de pago.
Pero para llegar a ello, tengo todavía mucha faena por delante 🙂

Esperar en las colas

Hoy el amigo Alberto se quejaba «en directo» de un mal muy extendido: las colas en general, y en las entidades financieras en particular. «Increíble servicio al ciente: 4 personas en cola, 4 empleados mirando fijamente su pantalla.». A eso le respondía yo que «para ser justos, es más que probable que en la pantalla estén atendiendo asuntos de otros clientes (no físicos) que también importan», a lo que Alberto contestaba que «Y auque así fuera, creo que la urgencia de la cola debe tratarse antes que una lista de tareas.»
Vaya por delante que yo soy el primero que detesta hacer cola; me resulta una pérdida de tiempo, intento evitarlas casi de forma obsesiva, y me mosqueo cuando por una razón o por otra no me queda más remedio que aguantar una. Pero… no estoy de acuerdo con Alberto.
¿Por qué ha de ser prioritario atender «la cola» física, desatendiendo de esa forma la cola «no física»? ¿Es menos respetable el tiempo de quien está esperando que le soluciones un tema en su oficina, o en su despacho, o en su casa… que quien está esperando en la cola? Imaginemos que te están atendiendo, y suena el teléfono… ¿debe cogerse? ¿por qué hay que dejar de hacer otras cosas para atenderte a ti que estás en la cola, pero luego nos parecería una falta de respeto que dejasen de atendernos a nosotros para recibir una llamada?
Y luego hay una cuestión de importante vs. urgente… ¿es más importante solucionar el papeleo de una hipoteca que te va a reportar un buen montón de dinero a tu cuenta de resultados, o atender en la cola a quien viene a pagar un recibo, o a sacar 20 euros de su cuenta? Sí, está claro, todos son clientes, y todos pueden transformarse en «buenos clientes» algún día… pero si tengo que elegir, mejor hago esperar al que menos beneficio me va a reportar.
Probablemente el problema esté, en este caso, en la configuración de las redes comerciales de las entidades bancarias. Hubo un tiempo en que en las oficinas todo estaba compartimentado: aquí la caja, allí los comerciales, allí el departamento de créditos… eso no era eficiente, ni para el cliente (que si quería hacer varias cosas tenía que ir por varias «ventanillas»), ni para la entidad (imposible mantener una «capacidad instalada» en cada departamento «por si acaso» viene un cliente a pedir algo… ¿y si no vienen, qué?). Así que se pasó al «todos hacemos de todo». La cuestión es que el cliente que está en la oficina tiene que entender que los que no están atendiendo la cola no están «tocándose las narices» (siempre puede haberlos, claro), sino atendiendo otras colas menos visibles.
«Pues que pongan más personal», suelen decir los clientes cabreados. Claro. Pero ante una demanda oscilante es muy difícil ajustar el número de personas de una sucursal: si pones una más porque hay «picos» pero luego el resto del tiempo no hay tanta actividad… te juegas el margen. Es como la gente que protesta cuando se forman atascos; qué hacemos, ¿invertir una millonada en poner un carril adicional que sólo va a ser utilizado dos o tres días al año? ¿es eso una inversión racional? Como clientes lo queremos todo: tener una sucursal cada 100 metros «por si la necesitamos», que nos atiendan nada más entrar sí o sí… pero eso tendría un coste que, seguramente, no estaríamos dispuestos a pagar (nosotros, que protestamos si se atreven a cobrarnos cualquier comisión).
Me temo que, en definitiva, la cuestión no tiene una solución mágica. El ajuste a una demanda fluctuante e imprevisible no es perfecto, y las colas son al final las «juntas de dilatación» que permiten que el sistema funcione de una forma más o menos razonable.

Campaña solidaria de Triopic

Hoy he puesto en marcha una iniciativa relacionada con Triopic, que tiene las letras gordas: por cada pedido que se realice hasta el 31 de diciembre, donaremos 5 euros a un proyecto de cooperación a través de Intermón Oxfam. Vamos, más claro no puede ser.
Aunque como digo en el blog de Triopic hablar de «responsabilidad social corporativa» cuando eres apenas un bosquejo de negocio pueda sonar a chufla, realmente creo que no es tan descabellado. Lo de la RSC, o te lo crees desde el inicio, o no tiene sentido. No veo por qué hay que esperar a facturar millones de euros para dedicar parte de esos ingresos a tener algún impacto (por pequeño que sea) en el mundo que nos rodea.
No creo que sea mucho lo que se logre juntar en estas semanas (¡ójala me equivoque!); pero por poco que sea, es más que nada. Así que ya sabéis, si os animáis a comprar un Triopic en estas fechas estaréis, de paso, contribuyendo a una buena causa.

Efecto tiltshift con photoshop

Tractor de juguete

Hoy he estado jugando un rato con el photoshop, y haciendo un «efecto tiltshift«. En teoría, este efecto se puede conseguir «de verdad» con objetivos descentrables (no me he parado a entender la lógica del asunto, la verdad). El caso es que también se puede simular con photoshop.
La idea es tomar una foto de una escena real, y darle un aspecto como de «maqueta». La escena real, tomada a una cierta distancia, hace que la profundidad de campo sea muy grande (o sea, todo está enfocado). Si la foto fuese de una maqueta se habría tomado desde una distancia muy pequeña y, por lo tanto, la profundidad de campo sería menor; es decir, que sólo una parte de la foto estaría enfocada, existiendo un desenfoque progresivo por delante y por detrás.
Pues bien, el truco está en simular ese desenfoque. Se trata de aplicar un filtro «desenfoque de lente» o «lens blur» utilizando además una máscara de degradado (que es lo que nos va a permitir tener una zona enfocada y aplicar el desenfoque progresivamente). En mi caso, además, había que hacer un ajuste, salvando del desenfoque la parte alta del tractor (que, al estar en el mismo plano que la base, tenía que estar igualmente enfocado). La técnica sale mejor si se aplica a una foto tomada desde una perspectiva elevada; permite aplicar mejor el degradado, y además «simula» mejor la perspectiva que tendríamos si, efectivamente, estuviésemos viendo una maqueta.
En fin, un rato divertido para un resultado curioso.