La verdad es que, pensándolo bien, debería grabarme estas palabras a fuego.
Extracto de un post en ThinkWasabi vía CapitanCook:
«Sé Proactivo por encima de todo […] practícalo, y habrás multiplicado por 1.000 las posibilidades de tener éxito en tu proyecto. […] La Proactividad es sinónimo de acción, de ejecución, de tomar la iniciativa, de moverse y de mover al de al lado si es necesario. Es sinónimo de actitud positiva y constructiva, de enfoque didáctico, prefiere ir en lugar de esperar a que vengan, prefiere llamar en lugar de aguardar el “ring” del teléfono, es el opuesto a la pasividad, a la contemplación cansina, a la innecesaria crítica mordaz que no aporta nada, a la lamentación bobalicona o la queja infantil. La Proactividad no es ni siquiera parte de la solución, es la solución. La Pasividad es el problema. […] La Proactividad interpreta la acción en términos de beneficio real, visualiza el resultado, la ve como un peldaño para seguir creciendo personalmente y sumando en conjunto. La Pasividad ve la acción, o el tener que hacer algo, como una amenaza, una molestia, pone excusas, y espera a que el agua esté tibia para bañarse y dejarse flotar. El proactivo se zambulle aunque las aguas estén gélidas y rápidamente comienza a nadar.«
dia-a-dia
¿Eventos caros, o eventos austeros?
Esta semana han coincidido en el tiempo dos eventos (bueno, seguro que muchos más, pero estos dos son los que me sirven para la reflexión). Por un lado, La Red Innova. Por otro, Brands&Video.
Comentaba hace un rato Gonzalo Martín, impulsor del segundo, que «300 asistentes leo sobre RedInnova, @brandsandvideo tenía 210 inscritos, pasaron unos 150 y creo que no llegamos siquiera al 1% del ppto.» ; «Y, por supuesto, el dato del 1% es una estimación. Nos hemos gastado algo menos de 3.000 euros. Xo no cuentan las horas hombre.»; «No es ni mejor ni peor:solo pienso que eventos austeros y gastar de otra forma puede ser mejor para el tejido de emprendedores.»
Y es que, si atendemos a la imagen que han transmitido ambos eventos, tenemos por un lado un evento «a lo grande», con gran despliegue de medios, con un propósito generalista (y un tanto disperso, en mi opinión). Y por otro un evento «pequeñito», con medios limitados (he leído que lo han llegado a etiquetar como «espíritu de garaje»), con una temática muy definida y muy orientado a un perfil muy concreto.
Creo que a la hora de plantear un evento hay dos vectores a tener en cuenta. Uno tiene que ver con el interés intrínseco del evento: ¿tiene un propósito definido? ¿está dirigido a la audiencia adecuada? ¿se han seleccionado contenidos y ponentes de interés? ¿se ha planteado una dinámica que permita desarrollar esos contenidos de forma que, al final, resulte útil para los asistentes?
El otro vector es el externo: el de la localización, el escenario, el despliegue tecnológico, el catering, las actividades lúdicas anexas, las condiciones de viajes y alojamientos, el contar con gente «de relumbrón» para «darle caché», los esfuerzos de comunicación y marketing…
Le decía yo a Gonzalo, y es el punto al que quería llegar con el post, que para organizar un evento interesante lo fundamental está en el primer vector. El interés intrínseco es condición necesaria, y suficiente, para el éxito. La parte de la fachada no es necesaria (se puede hacer un evento muy interesante sin grandes alardes) ni desde luego suficiente (porque entonces se queda en un bonito fuego de artificio).
A lo que voy es que, si yo tuviera que organizar un evento, todas las prioridades irían a desarrollar el interés intrínseco del mismo (siempre, claro está, ofreciendo unos mínimos en el aspecto logístico). Si luego sobra presupuesto (¿sobra alguna vez?) ya iría a la parte del lucimiento externo. Siempre y cuando, lógicamente, el objetivo sea «organizar un evento útil para sus asistentes»; porque cabe la posibilidad de que haya otros objetivos en la agenda (más relacionados con la visibilidad, notoriedad, etc.) que pueden hacer cambiar las prioridades.
Por supuesto, huelga decir que cabe encontrar eventos con interés intrínseco y que, además, tengan una fachada espectacular. Una cosa no tiene por qué evitar la otra. Aunque yo, no sé por qué, tiendo a tener un cierto prejuicio respecto a las apariencias (en esto como en todo): como si pensase que el esfuerzo realizado en los aspectos externos y superficiales fuese una maniobra de distracción para disimular una cierta mediocridad en lo esencial. Y he de confesar que, por este prejuicio, he sido bastante escéptico con La Red Innova desde el principio, aunque como no he estado no sé hasta qué punto me equivoqué o no.
Escéptico 2.0

Hace unos meses, David me regaló esta imagen. No recuerdo exactamente a cuento de qué vino; imagino que hice algún comentario de esos que me salen de vez en cuando entre lo escéptico, lo desencantado y lo mordaz.
Practicar un sano escepticismo creo que es bueno en líneas generales. La duda metódica, que diría Descartes. Sin embargo, a veces es una lata, sobre todo si al escepticismo se le suma una cierta coherencia.
A veces envidio al que no es escéptico, al que se cree casi todo lo que le dicen, y casi todo lo que él dice, incluso cuando la tozuda realidad se empeña en decir lo contrario. Y a veces también envidio al que, siendo escéptico, es capaz de guardarse su escepticismo y volcarse al 100% en algo que no se cree «por exigencias del guión».
Pero yo no soy así, qué le vamos a hacer. Para algunas cosas es bueno, para otras regular, y para otras malo. Pero oye, cada uno es de su padre y de su madre, y éstas son las cartas que me toca jugar.
Un hombre sin móvil
El otro día, cenando con tuiteros de Salamanca, me enteré de que uno de ellos (se dice el pecado, no el pecador) no tiene móvil. Ni lo tiene, ni lo quiere. Estaremos de acuerdo que en un país con una tasa de penetración superior al 100% (o sea, que hay más móviles que personas) resulta cuanto menos curioso.
Él argumentaba, no sin razón, que quien quiera localizarle puede hacerlo sin problemas en el teléfono fijo, bien sea el de casa o el del trabajo. Pero el argumento que más me llamó la atención fue: «cuando alguien te quiere localizar sin poder esperar, suele ser porque le interesa a él más que a ti».
En fin, no sé. A mí no me acabó de convencer. Sin ser un «adicto al móvil», creo que su utilidad es mayor que los posibles perjuicios (aparte del económico, claro) que puedan derivarse de tenerlo. Yo hace mucho tiempo que no llamo a sitios, sino a personas. Y no dependo de estar en un sitio o en otro para poder hacerlo.
Pero no deja de ser verdad que, si no lo mantenemos un poco bajo control, el móvil puede convertirse en la máquina de interrupción y control perfecta. Eh, pero el móvil también se puede apagar, ¿lo sabíais? 😀
Flirck y más SEO accidental
Si hace un tiempo contaba un chascarrillo sobre SEO involuntario (¿o es SEM? Bah, lo que sea), el otro día di con otro caso que también me resultó curioso.
Resulta que mi madre, flickera empedernida, me dice «¿te puedes creer que tengo una foto que se ve unas 400-500 veces al día?». ¡Leches!, pensé yo. Vale que tiene mucha actividad, y bastantes contactos, y muchos grupos… pero 500 visitas diarias a una única foto (una composición con varios buhos que hay por casa)… ¡son muchas visitas!
Total, que me puse a hurgar en sus estadísticas. Efectivamente, ahí estaban las 400-500 visitas diarias. Y al mirar en los orígenes de las visitas, veo que la inmensa mayoría vienen de Google. Así que entro a ver las cadenas de búsqueda… y ahí se descubrió el pastel.
Mira tú. Debido a una confusión en el nombre (nada de extrañar teniendo en cuenta el trabalenguas del original), puso en el título de la foto «para mis amigos de Flirck» (erre-ce-ca) en vez de «para mis amigos de Flickr» (ce-ca-erre). Consecuencia: #1 en la búsqueda «Flirck» y 500 visitas diarias a la foto de marras.
Visitas que en su inmensa mayoría serán irrelevantes, de las de «llego y me voy porque no encuentro lo que buscaba» (¿acaso no son así muchísimas de las visitas que se reciben?; en mi caso desde luego sí… como todos los que vienen buscando cita previa seguridad social, que son un montón al cabo del día). Visitas intrascendentes. Pero bueno, mejor tenerlas que no tenerlas, ¿no?
Los 8 principios irresistibles de la diversión
Gracias a @Tferriss descubro esta web-presentación flash: los ocho principios irresistibles de la diversión (disponible también en inglés y francés). Bajo la tesis de que «falta más diversión en nuestras vidas» y que «no es absolutamente necesario divertirse, pero cuando uno se divierte la vida es mejor», la presentación desarrolla ocho puntos que, no por oídos anteriormente, dejan de merecer un punto de reflexión.
En fin, que me ha parecido que merece la pena dedicarle cinco minutos.
Nuestro español bosteza
Ayer conocí, gracias a DarcoTT, estas letras de los Proverbios y Cantares de Antonio Machado:
—Nuestro español bosteza.
¿Es hambre? ¿Sueño? ¿Hastío?
Doctor, ¿tendrá el estómago vacío?
—El vacío es más bien en la cabeza.
Me gustaron. Mucho.
Cuando te responde el eco
Es algo que me hace subirme por las paredes.
Alguien, normalmente desconocido, te escribe. Te hace una consulta, te pregunta tu opinión sobre algo. Dedicas un rato a contestarle lo mejor que sepas, le mandas tu respuesta… y después nada. Ni una contestación, ni un «lo he recibido», ni un «gracias» ni nada de nada.
No estoy hablando de «hoygans» que se descuelgan con peticiones absurdas, que no tienen nada que ver ni conmigo ni con lo que hago y que sabe dios por qué deciden mandarte un mail en un momento dado. Hablo de personas que se presentan muy educadamente, con su nombre y apellidos, contándote su vida y pidiéndote que les dediques tu atención y tu tiempo. Que les des tu opinión sobre un proyecto, que les des orientación sobre su carrera profesional, que te piden que les recomiendes alguna lectura…
Y lo haces, porque crees que está bien, y porque no hacerlo sería una bordería. No esperas nada a cambio… bueno, miento, algo sí: un mínimo de educación para contestarte, y un mínimo de agradecimiento, coño.
Y aunque no se puede generalizar, es sorprendente la cantidad de gente que una vez que ha conseguido lo que quería de ti no tiene a bien ni siquiera dar al botoncito de «Reply» y poner «Gracias por tu tiempo». Dan ganas de mandar todas esas peticiones al baúl del olvido. Pero claro, entonces estarías dejando de contestar a la gente educada y agradecida, que también la hay.
Venga, hombre, que la «netiquette» no es tan diferente de la buena educación en la vida real.
La realidad del paro en España
Me parece que este comentario, que leo en Joldi’s web (no hay permalink, pero es una anotación del 15 de abril de 2009) lo clava:
«Hay quién siguen sin enterarse que España nunca volverá a ser en lo económico la de hace tan sólo un par o tres de años. Que jamás el sector de la construcción y afines volverán a absorber tanto factor trabajo como años atrás, y que lamentablemente, se quiera o no reconocer, poca de esta mano de obra podrá ser recolocada en otros sectores productivos. No hay, ni habrá sector que coja el tan ansiado relevo a la construcción. Y olvídense de papanatas de crear de la nada sectores de valor añadido de I+D. Eso requiere, tiempo (que ya no hay) y dinero (que ya no tenemos). El desajuste entre oferta y demanda de mano obra, es, y seguirá siendo brutal. Sobra mucha mano de obra, con independencia que se precarice todo lo que se quiera el mercado de trabajo español. Aún y con estas, seguirá sobrando muchísima mano de obra. Y para mayor abundamiento necesitamos mejorar la productividad, eficiencia, de nuestro mercado de trabajo, lo que aún requerirá desprendernos aún de más mano de obra».
Mucho tiempo libre
Hace nada me espetaban en un comentario «me parece que tu tienes mucho tiempo libre ¿no?». Esto… pues todo el que puedo permitirme, ¿tú no?
Tiempo libre es algo de lo que nunca tienes demasiado. Tiempo libre considero que es aquel sobre el que puedes decidir cómo emplearlo, a qué dedicarlo. Ójala todo mi tiempo fuese libre, jamás se me ocurriría pensar en ello como algo negativo o algo de lo que avergonzarme. Lamentablemente no puede ser así, porque todos tenemos unas necesidades básicas que hay que cubrir (aunque lo «básico» es distinto para unos que para otros, y en muchos casos cometemos el error de considerar «básico» algo que no lo es ni de lejos) y que nos obligan a dedicar parte de nuestro tiempo a satisfacerlas directamente o a conseguir dinero para hacerlo indirectamente.
El objetivo debería ser maximizar nuestra satisfacción. Hay quien relaciona la satisfacción con gastar y acumular (una gran casa, un gran coche, grandes viajes, clubs sociales de prestigio, ropa cara, etc.). Como todo eso cuesta dinero, y salvo que lo tengas asegurado por cuestiones familiares o del azar, tendrás que emplear un porcentaje mayor de tu tiempo haciendo algo que no harías si pudieras sólo para poder financiarlo, y se produce la paradoja de que se reduce el tiempo disponible para disfrutarlo.
Otra alternativa es buscar satisfacción en las cosas sencillas de la vida, habitualmente mucho menos gravosas. Como no necesitas sufragarlas, puedes aumentar el porcentaje de tiempo que le dedicas a ellas.
¿Qué compensa más? Obviamente, es una cuestión muy personal de cada uno decidir en qué encuentra satisfacción y qué sacrifica a cambio, aunque mucho me temo que muchos ni siquiera se han parado a pensarlo nunca. Yo por mi parte cada día lo tengo más claro: tumbarme en mi barca y fumar en pipa. ¿Mucho tiempo libre? Todo el que puedo.