Una de las cosas que planteo con Digitalycia es ofrecer cursos de formación, tanto a empresas como «en abierto». Con la llegada del nuevo año, estoy organizando uno de estos cursos para el 26 de febrero en Madrid.
Mientras que para empresas ya he hecho alguno, ésta es la primera vez que monto uno «en abierto». Tengo el gusanillo en el estómago, más que nada porque es una iniciativa «a riesgo»: hay que conseguir involucrar a un número adecuado de personas (15-20 es mi objetivo, aunque seguiría adelante hasta con 10 personas) para que la iniciativa resulte medianamente rentable. ¡Así que a ver qué tal se da! Entrecomillaba el «riesgo» porque, en última instancia, me guardo la baza de cancelarlo si no se alcanza un quorum mínimo, pero qué duda cabe que sería un fracaso que no quiero que suceda…
Os dejo el enlace al folleto con más detalles. Por supuesto, si alguno de vosotros está interesado (aunque aviso de que es un curso bastante básico de introducción a estas cosas de la web 2.0, más pensado en gente que «ha oído campanas pero no sabe dónde» que en avezados dospuntoceristas) podéis poneros en contacto conmigo; estaré encantado de ofreceros un «precio especial». Y, más «por supuesto» aún, os agradeceré infinito toda la difusión que podáis darle al tema…
Lo dicho. A ver qué tal va la cosa.
dia-a-dia
Trabajo y aburrimiento

Traduzco (libremente y con mis recursos, que son los que son) de este fragmento (desconozco la fuente) que cita Tim Ferriss:
Trabajo a cambio de dinero. Es algo común a la mayoría de la gente hoy en día. Para ellos, el trabajo es un medio y no un fin en sí mismo. Por eso tampoco se preocupan de elegir demasiado sus trabajos, con tal de que paguen bien. Pero también hay, aunque sean pocas, personas que preferirían morir que trabajar sin satisfacción en el trabajo. Son quisquillosos, difíciles de satisfacer y no valoran demasiado las distintas formas de compensación si su actividad no es, por sí misma, la mejor de las compensaciones. Los artistas y los hombres dados a la reflexión pertenecen a este grupo, pero también aquellos hombres amantes del ocio que pasan su vida a la búsqueda de algo, viajando, inmersos en aventuras y amoríos. Todos estos aceptan el trabajo y las penurias, incluso el trabajo más difícil, sólo si lleva aparejado disfrute. Si no, prefieren darse a la pereza, incluso si eso trae consigo empobrecimiento, deshonor o peligro. No temen al aburrimiento tanto como a trabajar sin disfrutar; de hecho, necesitan grandes dosis de aburrimiento si quieren tener éxito. Para pensadores y espíritus sensibles, el aburrimiento es esa calma que precede a los buenos vientos y a un feliz viaje. Tienen que soportarlo y esperar a que haga su efecto. Precisamente esto es lo que los espíritus más vulgares no pueden conseguir de ninguna manera. Evitar el aburrimiento a toda costa es vulgar, tanto como trabajar sin disfrutar.
La Universidad de Deusto y la ría
Una de las alternativas «creativas» a la hora de hacer fotos es jugar con los reflejos: en el agua, en los cristales… tanto para hacer interesantes simetrías como para obtener puntos de vista diferentes. El otro día, paseando por Deusto, saqué esta foto. Se trata de la fachada de la Universidad de Deusto. O, mejor dicho, de su reflejo. Saqué la foto tradicional desde la orilla de enfrente, abarcando la fachada y su reflejo en la ría. Lo que he hecho después ha sido recortar para sólo dejar la parte del reflejo, y darle la vuelta. ¿El resultado? Pues para mí, cuanto menos, curioso. Y una forma diferente de fotografiar un motivo.
Video blogs y empresas
Como ya os comenté, la charla que dí en Asturias el pasado octubre sobre blogs y empresas se grabó. Y aquí está el resultado. Es una horita de intervención mía (más los 10 minutos que se tomó el presentador para su tarea…) hablando de «cositas 2.0». ¿Un poco largo, quizás? Bueno, era para lo que me habían «contratado» 🙂
En fin, aquí lo dejo para quien le apetezca echarle un vistazo
El Guggenheim es fotogénico
Hay edificios que parece que se hubieran construido para sacarles fotos. El Guggenheim en Bilbao es, para mí, uno de ellos. Su estructura tan irregular (y a la vez tan armoniosa), la textura de su superficie a base de planchas de titanio, su reacción a la luz, su ubicación privilegiada junto a la ría, la cantidad de espacio libre que tiene a su alrededor (y, en consecuancia, la cantidad de puntos de vista diferentes que permite)…
En fin, que uno no se cansa nunca. Aquí hay más fotos del Guggenheim
Fotografía: luces y sombras
Hace unos meses reflexionaba sobre las dificultades para hacer fotografías durante los viajes y la importancia de la luz en una buena fotografía. Al final, lo que subyace en todo esto es un concepto que hay que tener claro cuando uno se pone detrás de una cámara. Y es la diferente capacidad del ojo humano y de las cámaras fotográficas para captar las luces y las sombras.
El ojo humano puede percibir, con facilidad, escenas donde hay un elevado contraste entre zonas iluminadas y zonas oscuras. Podemos ver la escena y distinguir detalles entre las luces y entre las sombras. Pues bien, las cámaras fotográficas están mucho más limitadas, su «rango dinámico» es más pequeño. ¿Qué quiere decir esto? Que si ajustamos la cámara para captar detalles de las zonas en sombra, las zonas iluminadas tienden a quedar sobreexpuestas, «quemadas»: una zona en blanco, sin detalles. Y si ajustamos la cámara para captar los detalles de las zonas iluminadas, las zonas oscuras tienden a quedar subexpuestas, es decir, totalmente negras y sin detalles.
Aprender a conocer estos límites de las cámaras es fundamental para acabar sacando buenas fotos. Porque nuestra vista nos dirá «esta foto sí se puede hacer», pero la realidad técnica de las cámaras dice que no…
¿Se puede hacer algo al respecto? Veamos:
- Evitar situaciones de alto contraste: muerto el perro, se acabó la rabia. Si la escena que queremos fotografíar tiene demasiado contraste entre zonas oscuras y zonas iluminadas, busquemos un encuadre o una composición que elimine o minimice una de las dos de forma que la escena tenga una iluminación más homogénea. Así podremos ajustar la cámara para esas condiciones y toda la escena nos saldrá razonablemente bien.
- Iluminación adicional: normalmente imposible para fotografías de edificios o paisajes, pero útil cuando el protagonista es un elemento pequeño en primer plano. Con la ayuda del flash de relleno, podemos iluminar al sujeto (que si no quedaría en zona de sombra) y así homogeneizar sus condiciones de luz con las del fondo iluminado.
- Filtros: utilizar un filtro degradado para el objetivo puede, en determinadas situaciones, reducir la intensidad lumínica de las zonas más claras, homogeneizándose así las condiciones de toda la escena.
- Cámaras con más rango dinámico: algunas cámaras tienen, dentro de la limitación general, un rango dinámico mayor que otras, lo que les permite captar situaciones de más contraste lumínico sin perder información por la zona de las luces o de las sombras. Pero, como suele ser habitual, mayores prestaciones equivalen a mayor precio.
- Recuperar luces o sombras en el postproceso: con el software de postprocesado (photoshop, lightroom, etc.) es posible (si la foto no está totalmente estropeada y hay alguna información que rescatar) trabajar la foto para recuperar detalles en las zonas excesivamente oscuras o iluminadas. La contrapartida es que este proceso equivale a «inventarse» parte de la información que no hemos captado, lo que se traduce en la aparición del molesto «ruido».
- HDR: se trata de una técnica llamada High Dynamic Range, consistente en sacar varias tomas de una misma escena con distintos ajustes; en una ajustamos para tener los detalles de las zonas oscuras, y en otra para los detalles de las zonas iluminadas. A continuación, en el postprocesado, se fusionan ambas tomas de forma que nos quedemos con lo mejor de cada una de ellas. El resultado, si se exagera mucho, puede resultar un tanto irreal pero si se hace con «tiento» puede ayudar a darle más vida a fotos que, de otra forma, sería imposible mostrar.
En fin, esto es algo de lo que voy siendo cada vez más consciente. Pero aun así a veces no puedo evitar sacar fotos con demasiado contraste entre luces y sombras y, por lo tanto, inservibles en su mayoría.
Urgencias en festivos
El día de Navidad tuvimos que ir a urgencias. Nada grave, pero mi mujer llevaba ya dos días con dolores fuertes en la garganta y toses. Y basta que esté embarazada para que cualquier precaución sea poca, a ver si por un quítame allá una infección va a tener más problemas. Así que allí nos fuimos, a las urgencias del centro de salud de Aranda de Duero.
Evidentemente, no éramos los únicos (aunque tampoco era un desmadre de gente). Varios niños pequeños con toses de esas que parece que se les salen los pulmones y con carita de fiebre, algún adulto con pinta de cólico… pero lo cierto es que allí estaban: las enfermeras atendiendo las admisiones, los médicos atendiendo pacientes… Día de Navidad, y mientras otros disfrutamos de las celebraciones con familia y amigos, otros se ponen al pié del cañón para darnos servicio si lo necesitamos.
Y si te paras a pensar, hay muchos como ellos a los que les toca sacrificar la fiesta: policías, servicios de transporte, retenes de quitanieves, bomberos… E igual que a veces usamos los blogs para protestar cuando algo no nos parece bien, esta vez he creído que merecía la pena usarlo para reconocerles y agradecerles el sobresfuerzo que supone trabajar cuando los demás no lo hacen.
¡Felices fiestas!

Como no podía ser de otra manera en estas «fechas tan señaladas» (sí, reíros, pero a ver cómo esquiváis vosotros los tópicos :D), voy a aprovechar el blog para desearos a todos, y especialmente a «los habituales», que paséis las mejores fiestas posibles y que, a pesar de los nubarrones, os lancéis a 2009 con el mejor de los ánimos para sacarle todo su jugo.
¡Salud y suerte!
PD.- También he hecho una felicitación exclusiva y con toque «2.0» en Digitalycia, por si os pica la curiosidad 🙂
Que se retire la marea
En casa estamos viendo El Ala Oeste de la Casa Blanca (The West Wing). Para quien no la conozca, es una serie que cuenta el devenir del gabinete de un presidente de los Estados Unidos a lo largo de dos legislaturas y que, incluso con sus fallos (que los tiene) me parece extraordinaria y absolutamente recomendable. El hecho es que el capítulo de hoy (5×19 – Talking points) me ha resultado una lección magistral de economía moderna condensada en apenas 40 minutos.
Hablan de globalización, de libre comercio, y del efecto que eso tiene sobre los empleos en Estados Unidos, y cómo algunos intentan frenarlo.
El Presidente Bartlet cuenta la historia del rey Canuto y de cómo, para demostrar a sus vikingos sus propias limitaciones, los reunió a todos en la orilla del mar y le pidió a la marea que se retirase. La marea, como es lógico, no se retiró. Y es que el poder de los gobernantes es mucho más limitado de lo que se quiere creer.
Y no puedo por menos que pensar en todos los que siguen insistiéndole a la marea para que se retire, convencidos (o intentando convencer a los demás) de que la marea les hará caso.
¿Sabes usar el powerpoint?
«¿Sabes usar el powerpoint?«. Esta pregunta me la formularon en una entrevista dentro del proceso de selección que me llevó, allá por 1998 (el proceso fue a finales del 97) a mi flamante puesto de becario en una consultora. «Bueno, lo básico, no lo he dado mucho uso hasta ahora», respondí.
Mentira. No lo había usado nunca. Pero al menos sabía lo que era. El programita ése que venía junto con el Excel y el Word, que alguna vez había abierto para curiosear a ver de qué iba… y que había cerrado aburrido tras cinco minutos.
Pero eso, al parecer, ya era una ventaja competitiva. Una compañera que también estaba en el mismo proceso me dijo «¿a ti te han preguntado no sé qué de un pogüerpoin?» «Pues sí» «¿Y sabías lo que era?» «Sí, algo me sonaba» «Pues yo ni idea».
Aquella misma tarde, al volver a mi cuarto del Colegio Mayor, me puse a trastear un rato con el ordenador y el dichoso Powerpoint (sí, lo tenía instalado, merced a uno de esos discos piratas con el Office completo), a ver si me enteraba bien qué narices era aquello. Supongo que aquel día haría mi primera presentación, mis primeras transparencias. Y hasta ahora.
Todavía de vez en cuando alguien ve alguna de mis presentaciones más «tradicionales» y dice «vaya, cómo se nota que eres consultor». Pues sí, debe ser eso. Powerpoint y consultor, esa pareja.

