La publicidad intrusiva de Nissan y El Mundo

Alucinado me quedé la otra noche cuando entré en El Mundo a dar un último vistazo a las noticias del día. Mientras bajaba el puntero desde la barra de direcciones al texto (para pinchar en algún enlace) pasé por encima del banner (al que, como es habitual, no había prestado la más mínima atención) y entonces… pasó lo que veis: una enorme bola de demolición aparece en medio de mi pantalla, y dos flamantes Nissan QashQai (que es una forma guay de poner «Cascai») ocupan completamente mi campo de visión…
Ay, Nissan, Nissan… ¿quién te habrá dicho que es una buena idea? Aunque igual es verdad, el banner normal ni lo miro y de esto sin embargo hasta hago un post valorándolo. ¡Bien, visibilidad y notoriedad! ¿Quieres mi feedback? Aquí están mis respuestas a las preguntas que le harás a tu gente de marketing y a los que han diseñado la campaña:
¿He visto tu anuncio? Sí. ¡Enhorabuena!
¿Voy a recordar tu anuncio? Sí. ¡Enhorabuena!
¿Voy a asociarlo con tu marca? Sí. ¡Enhorabuena!
¿Ha generado tu anuncio algún tipo de voluntad de compra o de identificación positiva con tu marca? No, no, y mil veces no. Al contrario. Tu marca se ha posicionado horriblemente mal conmigo, como una marca dispuesta a molestarme (¡estaba leyendo el periódico tranquilamente!) para enseñarme sus coches de mierda. No estoy, hoy por hoy, por la labor de comprarme un coche. Pero cuando lo esté, y busque en mi mente qué marcas me generan valores positivos, la tuya no estará. Estará en el contenedor de al lado, junto a la de tantas otras marcas que rechazo.
Buen trabajo, equipo de marketing y agencia de publicidad de Nissan. Excelente trabajo.
Mención adicional para El Mundo. No es el camino. Por mucho que puedan gustar tus contenidos, nuestra tolerancia cada vez es menor ante cosas de estas, cada vez hay más alternativas a un click de distancia y tenemos más canales para mostrar nuestra disconformidad . Entiendo que la crisis aprieta, que la inversión publicitaria cae, y que cada vez os llega publicidad de peor calidad. Pues mala suerte, tendréis que buscar alternativas para sustentar el modelo de negocio, pero no lo hagáis a costa de molestar a vuestros lectores. Porque si se van, ya me diréis a quién le vais a enseñar vuestra publicidad, a vender vuestros contenidos o cualquiera que sea el modelo de negocio que acabéis ideando.

Cuánto cuesta una cosa, cuánto vale y cuál es su precio

Tendemos a usarlos como sinónimos: ¿cuál es el precio? ¿cuánto vale? ¿cuánto cuesta? Pero no son lo mismo…
Recientemente han coincidido dos posts interesantes al respecto. Uno, éste de Andrés que se llama «el precio justo«. Otro, el video de LaComuna.tv donde desglosan su «presupuesto» por hacer un video.
Las cosas «cuestan», tienen un coste: si sumas el precio que tienes que pagar por todos los materiales, los servicios contratados, la mano de obra, la imputación de gastos indirectos e incluso la estimación del beneficio esperado obtienes el «coste», que se transforma en el «precio mínimo al que vas a vender». Por que si vendes por debajo de eso, estarás perdiendo dinero.
Por otro lado tenemos el valor, que es algo tremendamente subjetivo que depende del comprador o, más concretamente, de la «utilidad marginal» que recibe a cambio de lo que compra (y en lo que intervienen muchos factores). Es una medida de «lo máximo a lo que estoy dispuesto a renunciar por comprar el bien», y determinaría el «precio máximo al que voy a comprar». Porque si compras por encima de eso, estás renunciando a algo que valoras más que lo que vas a obtener a cambio (estarás perdiendo «utilidad»).
Finalmente, el precio es la cifra a la que se realiza el intercambio. Lo normal es que se sitúe entre el coste y el valor. Mientras eso suceda, las dos partes quedarán satisfechas: el vendedor cubre su coste y algo más (incluso mucho más), y el comprador se desprende de una utilidad menor de la que recibe a cambio.
El problema viene, claro, cuando el valor percibido por el potencial comprador no llega a cubrir el coste. ¿Y entonces? Pues entonces… no hay trato, no tiene sentido, es antieconómico. Pero es un problema relativo, no se hace la transacción y ya está.
Pero el problema es mayor cuando el valor percibido en un momento luego se descubre como falso y te das cuenta de que has hecho una transacción pagando un precio desorbitado por algo que no valía lo que costaba.
O cuando los costes (y por lo tanto los precios mínimos) están inflados por que se le ha dado valor a cosas que no lo tenían, y ahora hay que buscar a otro «tonto» y convencerle de que pague un valor inexistente.
¿Que a qué viene todo esto? Pues a nada en concreto, a reflexión «económica» sobre proyectos que ves, sobre la «economía de lo gratis», sobre si es sostenible plantear un negocio en el que nadie esté dispuesto a pagar lo que cuestan las cosas, sobre si nos estamos malacostumbrando a que sea así, sobre cuánto va a durar esa ficción, sobre quién paga lo que no queremos pagar los demás, sobre qué negocios tienen sentido y cuáles no, sobre hasta qué punto vivimos en una economía de mentira construida sobre valoraciones incorrectas…
En fin, paranoias 🙂

Ya no te sigo en twitter

En mi gestión de twitter siempre he tratado de ser coherente, añadiendo a personas que me interesaban por lo que decían. El interés puede ser profesional, personal o de mero entretenimiento; sea como sea son mis razones y con eso es suficiente, no las tengo que someter a ninguna aprobación externa, al igual que yo tampoco tengo por qué cuestionar las razones de otros para seguir o no a quien les parezca oportuno.
Estimo cuál es el número de followers que puedo seguir «de verdad» (porque seguirles para no leer lo que ponen me resulta un poco absurdo), y voy añadiendo gente que me encuentro y que me resulta interesante hasta que llego a un tope donde pienso «estoy siguiendo a demasiada gente». Y entonces llega el momento de eliminar algunos, siguiendo el criterio de «los que menos me aportan, relativamente, con sus twitts». Unfollow, y a correr.
Y esto debería ser así de sencillo, yo al menos lo tengo claro: si me sigues será porque por alguna razón (tú sabrás) te interesa lo que pongo, y si no me sigues será porque o no me has descubierto, o no te interesa lo que digo. Y si durante un tiempo me sigues y luego dejas de hacerlo, será porque encuentras otras cosas más interesantes a las que dedicar tu atención. Y no pasa nada; claro que a mi ego le encantaría interesar mucho a todo el mundo pero ya voy haciéndome a la idea de que el mundo no gira entorno a cada uno de nosotros.
Estos días estoy dejando de seguir a algunas personas en twitter. Una pequeña limpieza de contenidos que han dejado de interesarme. Una de ellas lo ha visto (gracias a qwitter, una herramienta que sirve precisamente cuando un follower deja de seguirte) y se ha puesto en contacto conmigo para saber si había algún problema…
¿Problema? No, ninguno. Simplemente, por el motivo que sea (que es MI motivo) lo que cuentas ha dejado de interesarme tanto como para dedicarle parte de mi atención y prefiero dedicársela a otras cosas.
Que alguien deje de seguirte no significa ni que le caigas mal, ni que tenga ninguna animadversión, ni que no le parezcas un buen tipo… Y perder un follower tampoco debería hacerte dudar sobre si lo que cuentas en tu twitter es interesante o no: cuenta lo que quieras que para eso es tuyo, habrá a quien le guste y habrá a quien no (no se puede gustar a todos), y ya está.
Pero nadie debería pedirme cuentas de lo que leo o dejo de leer, de a quién sigo o a quién no. Si lo hace, se arriesga a que le conteste lo que hay: leo lo que me interesa, sigo a quien me interesa, y lo que tú cuentas ya no entra en esa definición. ¿Puede resultar hiriente? Quiero creer que no, pero si alguien se lo puede llegar a tomar a mal… mejor que no pregunte.
Yo tengo muy claro que cada uno somos los dueños de nuestra atención, la empleamos como mejor nos parece y no tenemos que dar explicaciones a nadie por ello.
¿Veis como soy un antipático 2.0?

Toda la verdad

Estoy curioseando estos días por los portales inmobiliarios en busca de algún chollo en Aranda (no, de momento no hay muchos). Y me sorprende la cantidad de anuncios «incompletos» que te encuentras: anuncios sin fotos, o en los que te ponen fotos interiores pero no del exterior, o gente que oculta la dirección exacta… Lo mismo sucede con los carteles de «Se vende» que ves de vez en cuando: algunos no te dicen ni siquiera cuántas habitaciones tiene, sólo un número y a correr. Incluso me ha pasado de llamar a algún número, preguntar el precio y decirme que «el precio no te lo digo por teléfono» o «los metros no te puedo decir, mejor vienes a verlo».
¡Qué ganas de perder y hacer perder el tiempo! Ocultar esa información es una estupidez. Me obliga a hacer cosas (llamar a un número, hacer una visita) para descubrir detalles (que perfectamente podrían haberme dado en el primer contacto) que pueden hacerme perder el interés. Pues coño, dame los detalles desde el minuto 1 y así ni me haces perder el tiempo averiguándolos ni lo pierdes tú dándomelos. Cuanto antes y con menos molestias podamos descartar candidatos no válidos (tanto tú como vendedor, como yo como comprador) mejor, ¿no crees?
Es el equivalente «en la vida real» al «don’t make me click«.
Lo mismo se puede aplicar a un «proceso de selección«, y se puede ver desde los dos lados de la negociación: es absurdo no dar todos los detalles de un puesto de trabajo (cosas tan básicas como el nombre de la empresa, o el rango salarial por ejemplo) desde el principio, porque lo único que consigues es tener que dedicar tiempo a posteriori un montón de candidatos que han ido casi «a ciegas» y que en realidad no tienen interés en el puesto (algo que te acabarán diciendo en algún momento del proceso). O desde el lado del candidato, es absurdo tratar de fingir que tienes un perfil determinado (exagerando unos rasgos, ocultando otros) cuando más tarde o más temprano la verdad va a salir a la luz (a lo largo del proceso o incluso una vez contratado) y, si es un «deal breaker» (un «rompetratos», es decir, un punto imprescindible sin el cual no hay acuerdo) va a finalizar la negociación.
En definitiva, que en cualquier posible negociación creo que es bueno dejar claro, cuanto antes, aquéllos elementos esenciales que van a definir si hay o no hay acuerdo. No hacerlo no proporciona ninguna utilidad, sirve únicamente para demorarlo, perder el tiempo y hacérselo perder a otros.

Entrevista en Hábitos Vitales

Eric, autor del blog Hábitos Vitales (un blog sobre productividad personal) ha tenido a bien invitarme a contestar unas preguntas sobre el tema. Os dejo el enlace a la entrevista.
Curiosamente, contestar a sus preguntas me ha ayudado a verbalizar algunas cosas que rondaban en mi cabeza… no creo ser un ejemplo en términos de «productividad», pero por lo menos es algo que me hace reflexionar de vez en cuando.

Antipático 2.0

El otro día se produjo esta conversación en mi Facebook. Una persona me invita a ser su «amigo«:
Invitación:
«Hola Consultor poco Anónimo: hace ya algún tiempo que te sigo por blog y twitter, y gracias a éste último me acabo de enterar de que estás por aquí.»
Mi respuesta:
«yo es que soy «ubicuo», estoy en todas partes :D. Sin embargo, en Facebook procuro aceptar como «amigos» a gente que tengo bastante «controlada» (gente con la que me he encontrado físicamente, con la que he tenido algún tipo de relación profesional o personal…), ya que creo que es la forma en la que más sentido tiene para mí. Espero que no te moleste que «ignore» tu solicitud por el momento; a ver si en el futuro tenemos ocasión de tratarnos con más intensidad y así poder cambiar el «status».»
Contestación:
«OK Raúl, acepto tu política de amistades en FB. Con ésta me da la impresión que te será muy difícil establecer nuevas relaciones virtuales mediante herramientas 2.0. Pregunta quasi-retórica ¿Es adecuado el uso de las herramientas 2.0, sólo para el mantenimiento del mundo previo 1.0
Mi respuesta:
«Para mí el objetivo nunca ha sido «establecer nuevas relaciones». Utilizo las herramientas para seguir contenidos que me interesan: por motivos personales, profesionales o de puro entretenimiento. Si de ese seguimiento (y de la interactividad que permiten esas herramientas) surge un acercamiento que deriva en relación profesional o personal, pues fenomenal. Pero si no, pues tampoco pasa nada: una cosa no está condicionada a la otra.
Lo cual tampoco significa que use las herramientas 2.0 para «mantener el mundo previo 1.0». Pero el uso de herramientas que exige reciprocidad (como Facebook) para mí solo tiene sentido si reconoce una relación real y equilibrada. Relación que puede haber nacido fuera de internet o también dentro, pero que existe en las dos direcciones: gente a la que conozco y que me conoce (no necesariamente en persona), con la que he interactuado mínimamente…
Porque es que si no no le veo sentido (para mí) al uso de estas herramientas. No acabo de ver qué gracia tiene tener 5.000 contactos en Facebook de los cuales al 95% no conoces (simplemente los aceptaste porque aceptas todas las invitaciones). ¿Qué interés tienen las actualizaciones de esas 5.000 personas, sus fotos…? ¿Qué valor aporta a alguien que ve tus 5.000 contactos y te pide referencias de ellos, cuando no puedes decir nada sobre ellos?
Por eso, en este tipo de herramientas recíprocas, prefiero pecar de «antipático» y mantener un cierto criterio «estricto» (que luego no es tanto) a la hora de calificar a alguien como «contacto» antes que pecar de lo contrario. El que quiere interactuar conmigo sin conocerme (o sin que yo le conozca) tiene abiertos un montón de canales para hacerlo sin necesidad de «ser amigos» en estas herramientas
Y así es como yo veo el uso de las redes sociales.

Goteras en el techo

Tengo goteras en el techo. Qué coñazo. Con eso de que nevó la semana pasada, la nieve acumulada en el techo (vivo en un ático) se va filtrando a medida que se va deshaciendo. Por la noche hiela, la nieve no se deshace más. La humedad parece que se seca. Pero a media mañana, cuando el sol ha «calentado» un poco, vuelve el show.
Lo más curioso de todo es que estas goteras no existían antes. Teniamos otras más discretas, dimos el aviso a la constructora (el piso se supone que todavía está en garantía; nosotros estamos de alquiler) y se pasaron una semana dando el coñazo subiéndose por el tejado, enguarrándolo todo… pintaron las humedades… y se suponía que estaba todo listo. Pero la siguiente vez que llovío, zas. Eso sí, las humedades antiguas ya no están; lo único es que han aparecido estas cataratas.
Y todavía me dicen que si no será «condensación de la humedad». Sí, claro, condensación que sólo ocurre cuando llueven/nieva y que provoca que el agua caiga casi a chorro. Qué cachondos. El video lo he grabado como demostración, porque si no luego ellos vienen cuando está seca y se hacen los despistados.
Y yo que pensaba que estas cosas de poner los cazos para recoger el agua eran sólo de los dibujos animados…

Tener estilo propio, ser imitable

La otra noche estaba yo zappineando (insomnio, me pasa a veces) y encontré uno de esos programas de zapping (de lo mejor que echan a esas horas, para que os hagáis una idea). Pillé un fragmento de una entrevista que le hacía Dani Mateo a Alaska que me hizo pensar.
Hablaban sobre «tener estilo propio». Alaska defendía que un criterio para decidir si alguien tenía estilo propio era ver si era «imitable». Es decir, que tuviera una serie de rasgos reconocibles hasta el punto de que, reproducidos esos rasgos por otra persona, no dudarías en decir a quién estaba imitando.
Ponía como ejemplo a Tamara (o Yurena, o Ámbar, o «la-artista?-antes-conocida-como-Tamara») y a Alejandro Sanz. Y decía, no sin razón, que Tamara tenía una serie de gestos, tics, forma de vestir, forma de hablar… perfectamente identificables y reconocibles, mientras que si tú pensabas en Alejandro Sanz… no eras capaz de pensar en un rasgo propio (y es verdad; ¿cómo imitas tú a Alejandro Sanz?). De ahí concluía que Tamara tiene un estilo propio, mientras que Alejandro Sanz (como personaje, no como cantante) no.
Luego ya podemos entrar en si ese estilo propio te gusta o no. Pero sin duda, de cara a comunicar, tener un estilo propio es importante, porque ayuda a destacar, a que te reconozcan y a transmitir, de forma inmediata, los valores asociados a ti…

Comunidad VDC: Adrián García

[¿Quiéres saber qué es este post? Es una iniciativa para fortalecer la comunidad de lectores de Vida de un Consultor, la Comunidad VDC. A través de estos posts iremos presentando a los lectores habituales de Vida de un Consultor]
Cuéntanos quién eres
Adrián García Maganto (perfil en Facebook) , sin Alias, aunque en realidad tengo alguno por ahí suelto que uso frecuentemente y que enlaza con mis planes de futuro…
¿Cuál es tu proyecto? ¿A qué te dedicas?
Mi proyecto es escribir, un libro a ser posible, literatura, nada de ensayos ni nada por el estilo, soy joven e inexperto como para tratar de decir a la gente qué debe hacer o cómo debe actuar, de todos modos estoy trabajando por dar algo de contenido a dos blogs de reciente creación; el primero de ellos enlaza con la obra literaria que escribo desde hace mucho tiempo y que quizá algún día termine, mi idea es dar a los lectores una historia doble, mientras el libro se pueda leer y comprender de forma individual, el blog aportará historias de otro/s personajes para dar trasfondo y profundidad a la historia principal. Además, de ir bien el blog, serviría de palanca a la hora de sacar el libro.
El otro blog simplemente es una recopilación de noticias y cosas que me parecen interesantes y a las que trato de dar un poco de regusto propio, aunque no siempre lo conseguiré y a veces supongo que divagaré sobre nimiedades.
A parte de esto soy un consultor joven, pero con cierto bagaje en el mundo del Marketing y ventas, que es lo otro a lo que me quiero dedicar, segmentaciones, clientes, planes de marketing one-to-one…
¿Qué crees que puede hacer la comunidad VDC por ti?
Realmente la comunidad puede ofrecer tanto que pedir algo en particular sería desaprovechar sus oportunidades, yo quiero de la comunidad conocer cosas, gente, opiniones, gustos, necesidades y quizá ofrecer ayuda en los temas en los que mi conocimiento pueda ser interesante.
Ahora bien si queréis visitar mis blogs y aportar algo, por supuesto que mis puertas están abiertas.
¿Desde cuándo y por qué lees VDC?
Leo Vida de un Consultor desde que un día, no se muy bien por qué estaba haciendo una búsqueda en Google, sobre consultoría, supongo, y leí un post, me gustó y me quedé. De esto tiene que hacer como un año o así aunque no me he implicado hasta hasta hace unos pocos meses en los que trato de comentar dónde creo más relevante.

Nevada en Aranda de Duero

Discreta

(Ver más fotos de la nevada en Aranda)
¡Nevó! Por fin nevó. Ya tocaba. En Burgos nieva cada dos por tres, pero en Aranda, que está unos cuantos kilómetros más al sur, es más difícil. Luego vas más para abajo y en Somosierra vuelve a nevar. Pero lo de estos días ya era de clamar al cielo. ¡Si hasta nevó en la playa de San Sebastián! Y aquí nada… así que cuando esta mañana veía todos los problemas causados por la nieve en Madrid pensaba «¿y vamos a ser de los pocos que no veamos la nieve?».
Pero no, nada de eso. Empezaron a caer unos copos. «Bah, no cuajará, como las otras veces». Pero cuajó. ¡Vaya si cuajó! Más de un palmo de nieve en apenas un par de horas. Para muchos, un incordio. Pero para mí, una oportunidad de disfrutar. Al fin y al cabo, lo de la nieve para mí es de guindas a brevas. Así que después de comer, cámara al cuello (y metidita dentro del abrigo salvo en los momentos de hacer la foto) me he pasado un buen rato de «paseo fotográfico» por Aranda.
Y no he sido el único, mucha gente me he cruzado que con cámaras de fotos, y de video, y con móviles… inmortalizaban el espectáculo (algunas de ellas ya están en el grupo de Flickr de Aranda de Duero). Y también mucha gente (más mayores que pequeños) disfrutando de la nieve, con guerras de bolas, muñecos, trineos caseros y hasta tablas de snowboard.
Me lo he pasado estupendamente. Lástima de mujer embarazada y de niño tiquismiquis («ta susio», decía cuando le he ido a buscar a la guarde); nos lo hubiéramos pasado genial todos juntos.