Invertir en tiempos de incertidumbre

Éste es el título de una charla-debate-coloquio que estamos organizando desde Actibva. Se celebrará el próximo jueves 19 de junio por la terde en el edificio de la Bolsa de Madrid, y es un evento gratuito (pero requiere inscripción previa, por temas de aforo y seguridad).
Creo que el planteamiento de la charla es adecuado para los tiempos que corren. Recuerdo que en el 98-99 no hubiera hecho falta esta charla. Con «compra Terra» estaba todo arreglado. Dicen los aficionados al mar que con malas condiciones es cuando se conoce al buen navegante, y sin duda ahora estamos viviendo una mala época económica en la que no viene mal tratar de buscar resquicios para encontrar la rentabilidad (o, cuanto menos, no perderla)
Pues eso, que si os apetece el tema, por allí nos vemos.

Pepu, el baloncesto, el vil metal y la gestión de la crisis

Pepu Hernández, seleccionador nacional de baloncesto, ha sido destituído hoy. El hombre que ganó el oro mundial y la plata europea es apartado del cargo dos meses antes de los Juegos Olímpicos en un ejemplo de crisis mal gestionada.
Si las desavenencias entre seleccionador y presidente de la Federación eran tan grandes, había dos opciones. Las dos hubieran sido propias de caballeros, de personas que ponen el bien común por encima del bien personal.

  • A principios de temporada, tras el Europeo, se llega a un acuerdo para interrumpir la relación: «hemos cerrado un ciclo exitoso, los dos creemos que es bueno dar entrada a otro seleccionador» y santas pascuas. El nuevo seleccionador tiene un año entero para preparar los Juegos, en caso de desavenencias hay un año entero para que se vayan disolviendo…
  • Se llega al acuerdo de que, una vez acabados los Juegos, habrá relevo. Mientras tanto, «lo importante es la selección, concentrarse en la preparación», etc. Se terminan los Juegos, y cada uno para su casa. Y si se tienen que echar los trastos a la cabeza, pues a posteriori

Y sin embargo la opción elegida es interrumpir la relación a dos meses de los Juegos, sin tiempo para que un nuevo seleccionador pueda hacer nada parecido a un trabajo bien planificado, cogiendo a contrapié a una selección que lleva un ciclo de años de estabilidad, y encima para colmo con toda la fanfarria de los medios de comunicación.
No haré de adivino (porque luego resultará que llegan los chavales y ganan el oro), pero no se me ocurre peor forma de resolver la situación. Que encima viene provocada, según cuentan, por lo de casi siempre: el dinero y el ego. Que si Pepu estaba haciendo «bolos» patrocinado por una Caja, que si al Presidente le parece mal que lo haga (porque se está aprovechando del trabajo de la Federación, que encima tiene patrocinio de otra Caja), que si «yo tengo la razón», que si «te vas a enterar tú»… y al final, llegamos a esto.
No sé quién podía tener más o menos razón. Lo que es seguro es que había otras formas de resolver las discrepancias.

Concierto Bon Jovi




Espectacular el concierto en Barcelona


Actualización del día después
Bueno, cuando todavía no se han cumplido 24 horas del inicio del concierto, y nosotros ya nos hemos hecho los 575 kilómetros de vuelta a casa, me dispongo a hacer crónica del concierto de Bon Jovi en Barcelona, en el estadio olímpico, del 1 de junio.
Antes que nada, dos apreciaciones. No soy un asiduo a los conciertos, de hecho diría que éste es el primer «gran» concierto al que voy (una vez vi a Mike Olfield en el Helmántico de Salamanca… es lo más grande en lo que recuerdo haber estado). Así que mis apreciaciones no son las de un hombre curtido en mil batallas, quizás me dejo deslumbrar por la novedad.
Pero también vaya por delante que no soy para nada un «fan alocado» de Bon Jovi (de hecho, no he sido nunca muy «fan» de nada). Me gustan, y no dejan de ser unos «clásicos de nuestro tiempo» que están en el imaginario colectivo. Pero vamos, que no iba dispuesto a dejarme seducir por cualquier detalle de ellos (mi mujer igual sí, que son su grupo favorito de todos los tiempos, y Jon su ídolo de post-adolescente).
Ya por la mañana subimos a dejar el coche en Montjuic (para luego «escapar» rápidamente). Nos acercamos a curiosear por el Estadio (y a localizar nuestra entrada y demás)… y ya había gente haciendo cola. Yo lo flipo, hay que tener ganas (y más con el clima que hacía) de irse a pasar 10-12 horas en la puerta del estadio. Aunque claro, luego viendo lo que costó entrar al público de «general» (pese a llevar las puertas abiertas dos horas antes, empezó el concierto y todavía seguía entrando gente), no me extraña que los que quieran coger buen sitio (sea eso lo que sea; a mí lo de estar 5 horas de pié en el mismo sitio, apretujado, no me seduce) quisieran madrugar.
El caso es que cuando volvimos a eso de las seis y media de la tarde (el concierto empezaba a las 9), la cola era inmensa. Nosotros accedimos tranquilamente por nuestra puerta de tribuna (para las entradas de «sentados» había menos problema; menos gente, entradas numeradas, etc.), y estuvimos un par de horas aguantando pacientemente mientras tocaban un par de teloneros (Savia y No way out; no lo hicieron mal, aunque obviamente es como comparar a dios con un gitano).
A las 9 menos cuatro minutos, entraron en escena. Y de ahí en adelante, dos horas y media prácticamente ininterrumpidas (los dos minutos que se «hicieron de rogar» antes del bis). Que se dice pronto. Dos horas y media de música para unos tíos que deben estar rondando la cincuentena.
El repertorio, creo que no se puede pedir más. Se llama «Lost Highway Tour» en honor de su último disco. Yo pensaba que ése iba a ser el cuerpo central del concierto, pero no; apenas entraron cuatro canciones de este disco. El resto (hasta completar las dos horas y media), llena de grandes éxitos de ayer, de hoy y de siempre incluyendo Bad Medicine, Runaway, You give love a badname, Blaze of glory, It’s my life, Keep the faith, Always, Bed of roses… en fin, innumerables, coronados por el Living on a prayer que volvió loco al estadio. Una detrás de otra, encadenando éxito tras éxito en un escenario sobrio pero efectivo.

Y no se escondieron ni un poquito. Jon Bon Jovi estuvo al 100% de voz, sin reservarse ni un poquito (y eso que tiene una tesitura complicada). Descansó sólo una canción, en la que Richie Sambora tomó el micro. El resto del concierto no paró. Se movió, gesticuló, hizo sus sonrisitas y sus poses mil veces escenificadas pero igual de efectivas que el primer día. Richie Sambora también estuvo impecable a la guitarra, con su sonido tan característico. Tico Torres no paró de aporrear la batería ni un solo segundo (si quitamos la versión del I can’t help falling in love que hicieron a duo Richie y Jon), y David Brian… bueno, su trabajo pasa más desapercibido, pero estuvo igual de bien a los teclados y a los coros.
En fin, dos horas y media que se pasaron volando, puro empane. En el apartado del «debe», quizás lo único que quepa reseñar es una cierta falta de diálogo con el público. Muy poquito «hablar» con el público, pocos gestos espontáneos (aunque qué espontaneidad se le puede pedir a esta gente después de 30 años), poco hacer cantar al público a capella o dirigir sus movimientos… ese tipo de cosas que ayudan a caldear (más si cabe) el ambiente.
Lo dicho, no soy un habitual de los conciertos. Pero en éste me lo pasé teta.

No seas bocazas

En la época en que empecé a dedicar parte de mi tiempo a la formación, me dieron un buen consejo. Gran parte del éxito de un formador radica en ser capaz de generar un ambiente cordial y agradable en el grupo con el que tiene que trabajar durante una o varias jornadas. Eso implica que, además de «dar la charla», hay que interactuar con el grupo (al llegar, en los descansos, en la comida). Y el consejo que me dieron era «nunca hables de política, fútbol o religión». Que podría extenderse a un «sé prudente y discreto, y procura no encrespar a nadie». O sea, «no seas bocazas».
¡Cuánta verdad! Y es que la prudencia y la discreción son dos grandes virtudes.
Recuerdo un caso de no hace demasiado tiempo. En un «sarao», se nos presentó una chica de una agencia de comunicación. Empezamos a hablar. En un momento dado (hablo de 10 minutos, no de una larga conversación en la que se arregla el mundo), no sé muy bien cómo, la conversación derivó hacia la actualidad política. Su frase vino a ser como «y esos del PP, qué me dices, ahí llevando a los viejos ésos que traen de media España en autobuses a manifestarse por la familia, seguro que van por el bocadillo, puagh», y acto seguido se llevó los dedos a la boca simulando provocarse un vómito.
Una maldad cruzó por mi mente. «Si ahora le digo que se corte un poco, que mis padres vinieron a esa manifestación, la dejo muerta». Mis padres no habían ido a la manifestación… pero dado que fueron cientos de miles de personas, la probabilidad tampoco era despreciable. Pero bueno, decidí no ser malo y ofrecerle una escapatoria… algo del estilo de «bueno, imagino que al final siempre hay gente con ideas que no son las nuestras, ¿no?». Ella reculó un poquito («bueno, sí, claro, pero…»), cambiamos de tema y al poco dimos por terminada la conversación.
Pero todavía a día de hoy me pregunto: ¿cómo se puede, sin venir a cuento, ser tan imprudente y tan bocazas? ¿a quién se le ocurre soltar semejante cosa, habiendo tantas posibilidades de ofender a un interlocutor del que no sabes nada, y a quien corres el riesgo de causar una nefasta primera impresión? Sin duda, soy partidario de que hasta que no se conoce bien a una persona (y el límite es diferente para cada uno) es mejor mantener las conversaciones en el terreno de lo prudente. No se trata de renunciar a las propias opiniones, al estilo de cada cual ni apostar por un discurso anodino. Pero siempre hay múltiples formas de decir una misma cosa, y hay que procurar elegir (y más cuando uno no tiene nada que ganar y está simplemente de cháchara) alguna que no sea inconveniente.

Libro sobre consultoría: primer globo sonda

VDC LibroÉste es un proyecto que tengo en mente desde hace un tiempo. Extender la marca «vida de un consultor» al mundo editorial, y escribir un libro sobre consultoría. Con este post, la idea es comentar «en público» algunas ideas, a ver qué os parecen.
Enfoque
El enfoque lo tengo claro. El subtítulo vendría a ser algo así como «Guía básica para aspirantes a consultores», y sería un libro de fácil lectura destinado a jóvenes que se plantean iniciar una carrera en el mundo de la consultoría. Se trataría de ser un contrapunto «desde la experiencia» y contado en primera persona frente a los mensajes corporativos de las empresas consultoras, algo así como un «qué te vas a encontrar si te metes en este mundo».
Estilo
En cuanto al estilo, se trataría de una versión «extendida» del formato blog. Es decir, artículos cortos, cada uno de ellos destinado a un tema (qué es la consultoría, la carrera del consultor, ¿y después de la consultoría qué?, las habilidades esenciales del consultor… etc.), en el que se plantee una reflexión general a partir de experiencias particulares, intentando siempre dentro de lo posible concretar en una serie de «puntos clave» o «recomendaciones».
Objetivo
El objetivo es doble. Por un lado, visibilidad-notoriedad-reforzamiento de marca. Y por otro, también un objetivo lucrativo. O la esperanza de tenerlo. No creo que fuese a ser un «pelotazo» editorial, pero si a través de ello se pueden generar «ingresos pasivos», pues fenomenal.
Edición/distribución
Me preocupa poco. Si consiguiese encontrar una editorial tradicional que quisiera editar el libro, fenomenal. Pero si no, hoy por hoy es posible la autopublicación. Así que el libro podría ver la luz independientemente del apoyo editorial.
¿Sólo o con amigos?
Éste es un tema al que le vengo dando vueltas de forma insistente. Creo que al libro le aportaría valor el hecho de incorporar distintas visiones derivadas de distintas experiencias. La idea de que cada capítulo sea abordado por un autor diferente es atractiva, pero también pone encima de la mesa algunos retos a gestionar: si se hace una convocatoria abierta o si se invita a personas concretas (y, en ese caso, conseguir que todos los que quieres que participen lo hagan sin que otros se puedan sentir molestos), dotar de cierta homogeneidad al libro, gestionar las expectativas de protagonismo (las mías sobre todo), gestionar las expectativas de ingresos de los autores, etc… En todo caso, sí tengo claro que no me gustaría que se transformase en un proyecto «asambleario», sino que en todo caso habría un liderazgo claro (también en la asunción de responsabilidades) por mi parte: las ideas siempre serían bienvenidas, pero en última instancia la visión y las decisiones serían mías. ¿Suena brusco y «poco colaborativo»? Mmmm… quizás sea así.
En fin, esto es lo que de momento tengo en mente. ¿Qué os parece la idea? ¿Tiene sentido? ¿Tendría un «mercado» o es remar para nada? ¿Cómo veis la idea de la participación de otros autores?